Diario de cuarentena: Valores

Sábado. Que es lo mismo que lunes, martes o miércoles, porque aquellos que aunque contra nuestra voluntad, cumplimos el confinamiento, y cada vez somos menos, hemos perdido el sabor del fin de semana. En un testar sin cesar de días iguales, casi sin tiempo. Sin embargo hay otros que perdieron más que las referencias temporales, o tal vez nunca los tuvieron, hablo de los valores. Los humanos, los sociales, los que hacen posible un convivencia amorosa y productiva en la sociedad. Hay algunos, unos siete, bastante necesarios para la vida democrática, que se supone que es la intentamos llevar. Te los enumero para que puedas vos también analizar tu entorno, y si querés me contás como lo ves.

Primero, convengamos que elegimos y luchamos por vivir en democracia y la democracia es una forma de vivir en sociedad, que solo es viable si se fundamenta en un conjunto de valores, como la libertad, la igualdad, la justicia, el respeto, la tolerancia, el pluralismo y la participación.

La libertad es fundamental , porque nos garantiza la posibilidad de autogobernarnos. Esto significa que una persona no está obligada a asumir o acatar aquellas obligaciones o vínculos que no acepte como válidos. Y los que nos representan deben responder a nuestra voz. La libertad nos garantiza como individuos participar voluntariamente en las acciones y decisiones políticas que nos atañen. Sin embargo, nuestra libertad no puede ser ilimitada; acaba donde comienza la de los otros. En una democracia, la libertad, como forma de participación política y social, se traduce en libertad de expresión, de pensamiento, de reunión, de asociación, de manifestación, de sufragio, y seguiría pero tenemos tantas libertades que me harías callar, el tema es ejercerlas.

La igualdad es un principio según el cual el Estado nos garantiza a todos los ciudadanos los mismos derechos y obligaciones, sin favorecer o menospreciar a uno u otro individuo o grupo. ¿Cuesta eso no? vemos a diario personas que desprecian el pensamiento de otros. En la vida política y social de una democracia, se debe respetar el derecho de todos sin importar el color de piel, el sexo, la religión, el origen, la ideología o el poder adquisitivo. En la igualdad no hay, para el Estado, ricos o pobres, mejores o peores, empresarios u obreros, sino solo una clase de individuo: el ciudadano. Y eso hace que todos, seamos iguales ante la ley. En nuestro país hace mucho tiempo que los organismos del estado han olvidado lo que significa, por eso el caos y la impunidad.

La justicia, el Estado de derecho, la legalidad y su institucionalidad, permanencia y estabilidad son fundamentales para la existencia de una democracia, ya que esta no puede existir si no hay respeto a los derechos y las libertades de los ciudadanos. Vivimos en una democracia, en ella las relaciones a nivel social e interpersonal deben encontrarnos en un marco de respeto mutuo. El respeto no solo es fundamental para la convivencia armoniosa, sino también para que haya justicia, libertad, igualdad, tolerancia y pluralismo. Acá me detengo ¿vos respetás al otro? ¿realmente? Te cuento que yo siento, que, a veces, estamos tratando de convencernos de pensar iguales, y forzarnos unos a otros, en vez de enriquecernos en el disenso. Me tomo un mate y sigo, se me seca la boca con estos temas.

La participación es un elemento clave del sistema democrático, porque por ella el poder reside en el voto, que es la manifestación de nuestra soberanía popular. Todos tenemos derecho a participar con propuestas e ideas y a someterlas a consulta para elegir, bajo el principio de la mayoría y el respeto a su voluntad, qué rumbo tomar como colectivo. Claro que no es un colectivo de un solo color, sino sería una dictadura, la oposición en las cámaras y la imparcialidad en la justicia, aseguran la verdadera representación. ¿No te parece que los que asumen se olvidan fácil de ésto? ¿y nosotros, como pueblo, nos ocupamos del control de aquellos que nos representan? ¿o esperamos que hagan todo y nos sentamos a ver?

El pluralismo supone el reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad y la complejidad de los individuos y los grupos que forman parte de nuestra sociedad. Me da gracia la definición en una sociedad que destruye al que piensa diferente, creo que la revolución de ésta época es decir nuestra verdad, aunque seamos castigados socialmente. Cuando alguien no respeta el pluralismo, está hablando de sí mismo. y se olvida que si bien ciertamente, ante la ley y ante el Estado, todos somos iguales, sin embargo, en la realidad todos tenemos intereses, necesidades, puntos de vista, creencias o ideologías diferentes. Ser plura es abrazar esa realidad, comprendiendo que no puede haber una sola concepción del mundo, y que la realidad social es múltiple, como los individuos que en ella coexisten.

Por último, la tolerancia, que es un valor esencial en una sociedad democrática, porque nos permite vivir y coexistir con la pluralidad de manera respetuosa. En la tolerancia, el otro es un igual cuyas particularidades y diferencias respetamos y valoramos. Valores, pilares que venimos olvidando y que nos aseguran calidad institucional y social. Matías Martin te diría, ¿y vos, de que lado estás?

Diario de cuarentena: El castillo

Otro día con pocos alicientes. Amanecí, tomé unos mates y me llamaron de la radio para recomendar libros. Pero hablamos de otras cuestiones, como el hambre de los escritores y de las editoriales. La suspensión de todas las tareas que nos abarcan y la virtualidad como opción. En un mundo donde la cultura es desperdicio, no existe nada que la vuelva relevante. Yo alzo mi voz, aún cuando eso signifique soportar asedio, porque creo que sin un cambio cultural relevante nada es posible. Los escritores o los actores de la cultura apenas logramos pagar un monotributo, y trabajamos en extensión facturando a universidades o direcciones de cultura.

Cuando logramos publicar, la mayor parte de las regalías no son nuestras, entonces escribimos columnas, damos conferencias y charlas y la mar en coche para sobrevivir. Por eso cuando hablan, desde un espacio perfectamente decorado y un colchón de dólares de calma en el bolsillo algunos dirigentes sobre la posibilidad de reflexión de este tiempo, no sé si es una hijaputez o una ignorancia de la otredad.

La vida está hecha de cuestiones básicas, una de las más básicas es la cultura y la educación, y no están resueltas, y no se resuelven minimizando las calificaciones, o creyendo que el esfuerzo y el mérito son mala palabra. Así estamos, llenos de cabezas huecas desde hace mínimo treinta años, ostentando el poder.

Volviendo a la radio, uno de los medios más interesantes, y que creo que va a sobrevivir este cambio paradigmático en lo ha que hace a massmedia y tecnología, siempre agradezco la posibilidad de expresarme. Pero cuando corté, sentí que eso solo no alcanzaba, es hora de dejar de hablar y ponerse manos a la obra. Después de escribir el diario, voy a ponerme una ley de jubilación para escritores al hombro, voy a tratar de que seamos legalmente respetados. Por que hasta ahora la educación, la cultura y dentro de ella la escritura, han sido sólo palabras, que paradoja. ¡Basta de cháchara!Como muestra la ilustración, es hora de construir nuestro castillo.

Diario de cuarentena: Paciencia

Hoy me dejaron encerrada en casa. Sí. Encerrada, se llevaron las llaves, yo estaba encerrada en mi cuarto cursando mi posgrado en gestión y comunicación online, y cuando sonó el portero, que en estos momentos de pandemia, seguro es un cobrador, porque parece que para ellos no hay cuarentena, noté que no podía salir de casa. Claro que siempre está la opción de subirme al sillón, abrir el ventanal, salir toda arañada, treparme a las rejas y quebrarme algo. Pero elegí gritar desde la puerta que me estaba encerrada. La mujer cobradora me miraba sin creerme, como diciendo, vieja, sabés la cantidad de bolazos que me como. Y yo subí mis hombros diciendo, si querés creeme y sino no.

Tras esta escena llamo a mi amor de muchos años y le digo, me dejaste encerrada, y el me dice que hable con mi hijo que jugó en la play hasta la madrugada y duerme en su búnker privado delante de casa, otrora estudio de su madre. Dicho esto, me corta.

Y me siento en pijamas de corazones en el cuarto de estar tras pegar un portazo y encerrarme en él, tratando de decidir si me enojo, si lloro o si río. No hago nada. Es que esto del encierro no es poca cosa. Terminamos tan cara a cara con nuestras miserias. Personales, familiares y sociales, que no queda otra que cultivar la paciencia. Sí. Paciencia. Esa que tiene significados extremos, desde ser la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien hasta el chiste sincero que dice que es el arte de tratar con amor y tranquilidad a un pelotudo.

Como sea, voy a cultivar mi paciencia todo el día, con resultado incierto, es especial ahora, que acabo de ver los diarios. Dios, cualquiera sea, nos guarde.

Diario de Cuarentena: estoy verde

No me dejan salir. Será el gran Charly quien nos libere de esta cuarentena, que no sabemos muy bien si será bi o trimestre, o será año sabático. Pero me tiene verde. Verde de esperanza, para empezar, porque siempre confío en que una buena crisis cambia la piel y algo vendrá, al menos diferente. Los cambios siempre implican novedades.

Verde de limones agrios. Por la cantidad de miserias que aparecen, los aplaudidores del populismo reinante, generador de mayor pobreza y desigualdad, los amargos escépticos y amantes del pasado. Ah! con Illia no hubiera pasado esto, Ah! si Perón viviera… Ni Illia ni Perón están acá, y tal vez es una forma de no ocuparnos de controlar a los que sí podemos. Antes de que nos controlen a nosotros.

Verde manzana, porque me vienen ganas de pecar, la prohibición siempre trae deseo.

Verde musgo, porque el encierro chamusca, ideas e ideales, y nos vuelve bastante patéticos, discutiendo con cualquiera con tal de tener una emoción.

Verde mar, que te digo es lo que más extraño. Es mi oxígeno, mi cable a tierra y varias veces al año me escapo a olerlo, a derramar una lágrima en la cuarta ola y volver a inspirar sal de la buena. Me siento viva en el mar, da perspectiva, ese horizonte definido y eterno al que nos enfrenta, permite comprender la pequeñez de nuestra existencia.

Y por último verde Hulk, porque con tanta agresión y mala leche cerca, tengo que inflar los músculos, romper los encasillamientos, volverme más grande aún y rechazar como lo haría el increíble. la ola de injurias que vengo padeciendo. Pero, como estoy verde, porque no me dejan salir, puedo con ello, rasgo mis vestiduras y sigo con mi diario. Hasta el fin de la cuarentena obligatoria, al menos.

Estoy verde
No me dejan salir
Estoy verde
No me dejan salir

No puedo largar
No puedo salir
No puedo sentir
Amor a este sentimiento
Tengo que volverte a ver

Tengo que volverte a ver
No puedo salir
Por amor a este sentimiento

Estoy verde
No me dejan salir
Estoy verde
No me dejan salir

No puedo pensar
No puedo vivir
No puedo sentir
Si amor es un pensamiento
Tengo que volverte a ver

Tengo que volverte a ver
No puedo perder
Por amor a ese sentimiento

Tengo que confiar en mi amor
Tengo que confiar en mi sentimiento
Tengo que confiar en mi amor
Tengo que confiar en mi sentimiento

Ya no sirve
Vivir para sufrir
Te das cuenta
Sácate el mocasín

No puedo calmar
No puedo parir
No puedo esperar
Mil años que cambie el viento
Tengo que volverte a ver

Tengo que volverte a ver
No puedo perder
Por amor a este sentimiento
Tengo que confiar en mi amor, tengo que confiar en mi sentimiento

Diario de cuarentena: Integración cultural

Ayer participé del primer Zoom de muchos en proyecto de integración cultural privada entre artistas argentinos y mejicanos. Contamos con valiosas presencias, entre ellas la poeta Claudia Tejeda y Darío Lobato, así como artistas visuales del país del norte y fotógrafos locales. Este mundo que ya no puede gestionar si no es en red, nos permitió crear lazos en un tiempo de aislamiento.

La calidez fue el eje, y los egos quedaron fuera de escena, porque la cultura era la muestra. La posibilidad de reflexionar sobre lo que nos ocurre, sus pro y sus contras, la posibilidad como dice La Padula de entrar en el cono de silencio necesario para producir un cambio artístico, una nueva esencia, un nuevo sentir mundial.

Capaz que a vos, que estás leyendo no te importa la literatura o el arte, pero tenés usos y costumbre, comés o tomás tal o cual comida típica, te bañás oyendo a Abel Pintos, o te emociona el Aconcagua cada invierno, te deslizas por los médanos de las playas oceánicas, o la paz te viene en un abrazo de los valles calchaquíes.

Eso también es cultura, es identidad. no hay posibilidad de que puedas evadirte. La cultura somos todos, no es propiedad de una élite, te regalo una pequeña muestra del Testamento de Pablo Neruda como cierre:

Dejo pues a los que me ladraron
mis pestañas de caminante,
mi predilección por la sal,
la dirección de mi sonrisa
para que todos lo lleven
con discreción si son capaces:
ya que no pudieron matarme
no puedo impedirles después
que no se vistan con mi ropa
que no aparezcan los domingos
con trocitos de mi cadáver,
certeramente disfrazados.
Si no dejé tranquilo a nadie
no me van a dejar tranquilo,
y se verá y eso no importa:
publicarán mis calcetines.

Diario de cuarentena: Salud Mental

¿Cómo va el confinamiento?, ¿sos de los priveligiados que tienen una vida casi normal con barbijo, o te toca el arte del aburrimiento y el encierro como a mí? Me parece interesante esto de las inequidades, es casi como una continuidad de las castas, pero aceptadas por todos.

Una supuesta casta de sabios, que nos cuidan y protegen y se encargan de nuestra salud, una casta comercial que elige que sólo consumamos comida y medicamentos. Otra casta empresarial que se aboco a los tapabocas con mayor o menor grado tecnológico o si no muere, y los comunes. Hay otras en el medio, como los educadores, que en general luchan contra una tecnología para la que no estaban preparados.

Los comunes, aquellos que de vivir en libertad pasamos al encierro y al miedo. Los que nos quedamos sin la posibilidad de trabajar, los que cercenamos nuestras mentes para no morir. En este universo de la posverdad se olvidan de la salud mental. Y de eso quiero hablar hoy, ¿cómo la llevás?

Porque la mente, la salud de nuestra mente, es fundamental para tener defensas, para estar íntegros, para ser dignos, para luchar contra aquello que pretenda dañarnos. Pero también, si está debilitada, nuestra mente nos enferma, nos transforma en sometidos, nos aísla, nos aterra y nos traiciona.

¿Cómo cuidar nuestra salud mental? porque en una época donde supuestamente nos quieren cuidar, está terriblemente abandonada. Por eso te invito a que la cuides vos, con lo que quieras, gimnasia, yoga, terapia online, un diario, oración. Lo que te sirva, porque la salud mental es nuestra mayor defensa, es la que nos provee la posibilidad de pensamiento crítico y la que no podemos dejar que la afecte el virus de la impunidad. Expresemos lo que sentimos, lo que pensamos, lo que somos, a pesar del miedo, del control y de la crítica, cierro con una frase que me parece pertinente de Sigmund Freud: Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas.

Diario de Cuarentena: Carrot cake

Ayer, y después de pensarla muchos días tras ver la receta en la historia de instagram de un amigo, hice mi primer carrot cake. Fue un logro pequeño, pero para alguien que no suele hacer tortas, adquirió otra relevancia. Quedó muy rica y la familia lo agradeció. Sin embargo me hizo pensar todo el día en la fábula que comparto a continuación.

Dice la fábula que para que un burro tire del carro hay que ponerle una zanahoria adelante lo bastante cerca para que crea que la va a alcanzar pero, a su vez, lo suficientemente lejos para que no lo logre. El burro piensa que alcanzará la zanahoria y realiza el mayor esfuerzo pero, al final del día y habiendo cumplido su cometido, la zanahoria aun está frente de sí. El amo lo mira y le dice que mañana seguramente tendrá más fuerza y conseguirá su merecida recompensa, pero todo es inútil y se convierte en un juego de nunca acabar… Incluso hay días que casi atrapa la zanahoria y la esperanza se redobla. Lastimosamente al otro día hará nuevamente su mejor esfuerzo pero tampoco conseguirá el objetivo y, mientras tanto, el carro va para adelante y se cumple el objetivo.

Cierto día el granjero preparó al burro muy temprano y salió camino del pueblo para vender los productos de su granja en el mercado local. Era una mañana con neblina y, mientras el hombre cantaba, el burro empujaba con más fuerza que nunca el carro para ver si esta vez si podía alcanzar su zanahoria. Sin embargo y, como siempre, al llegar al pueblo quedó en los establos sin nada y el granjero se fue al mercado.

El tiempo pasó y cuando ya despuntaba la tarde el granjero regresó feliz porque había sido un día excepcional de ventas. Enganchó el burro al carro le puso su zanahoria adelante pero cuando agitó las riendas el burro ni se inmutó. Ni un solo paso dio… ya eran muchos años empujando para nada y el burro simplemente se plantó en sus cuatro patas y de allí no se movió. El granjero sacudió su cabeza con decepción, golpeó cruelmente al animal… pero nada, ni medio paso dio el burro, aun teniendo la zanahoria por delante. Fue entonces cuando el hombre se bajó del carro y caminó hacia su granja en busca de otro burro que fuera más joven e inexperto. Volvió con él, lo enganchó al carro, le dio de probar unas pocas rebanadas de zanahoria y le puso a su frente una enorme hortaliza, con lo que el burro empezó a empujar del carretón con gran fuerza para poder comérsela… Atado atrás del carro iba el primer borrico cabizbajo y decepcionado…

El granjero miró al burro joven y con una gran sonrisa pensó: “Se conforma con poco, basta la promesa de una zanahoria para hacerlo feliz. “Eres un tonto” le dijo en voz alta al pobre animal “hacer el esfuerzo a cambio de nada».

Al releerla, pensé en nuestra sociedad, y en cuán burros queremos ser, tras años de tirar tras el objetivo del bien común y ser traicionados una y otra vez. ¿Lo pensamos? o seguimos tras el esnobismo de creer en aquellos que dicen ser los que admiran pero solo corren tras una zanahoria inalcanzable.

Ya no me queda carrot cake, pero a pesar de ser deliciosa, me dejó un sabor amargo.

Diario de Cincuentena: Churchill

«Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema» W. Churchill

Siempre admiré a don Winston, a pesar de no ser contemporáneos, me parece de una claridad asombrosa, y de una posmodernidad más clara aún. Este hombre práctico era capaz de ir contra las conciencias de masa de la época sin que le tiemble el pulso, si pensaba que resultaba necesario para el bien común. Ante el error, no temía enmendar sus posiciones, sino que razonaba y cambiaba. Y tenía conciencia que sin trabajo, sin esfuerzo, no había equidad posible.

Sostenía que había tres tipos de personas, aquellas que morían de aburrimiento, las que morían preocupadas en un discurso y las que trabajaban y actuaban hasta morir. Aspiro a ser de las últimas. También me siento optimista como él aunque todo a mi alrededor me diga que me tire y me resigne.

Por eso me expongo y hago públicos mis pensamientos, estoy convencida que el cambio pasa por dejar de lamentarnos y actuar, hablar, quejarnos, participar, no importa tu ideología, todas bienvenidas, no importa disentir, es necesario.

Ahora, mi límite es la hipocresía. Ahí no tranzo. El falso dilema, la ola cool que se queda defendiendo el discurso progresista que vive del pasado, y de un pasado que fue un fracaso estrepitoso. Estoy cansada de escuchar intelectuales que enfundados en la piel de los pobres hablan de inequidades. y hablan en su nombre, como si los pobres no tuvieran voz. Lo que a veces no tienen es educación y acceso a la cultura, porque estos mismos gobiernos y personajes siniestros se la quitaron.

No es gratis decir lo que uno piensa, muestra los matices que nos rodean, ayer, por ejemplo, me propuse exponer en carne viva y sin edición lo iba sintiendo mientras el presidente de mi país daba un discurso junto a dos gobernadores. Obviamente fui ofendida, agredida, y castigada. Se supone que si un gobierno se declara de izquierda o de centro izquierda no debe ser criticado, aunque genere hambre, aunque aumente ollas populares ( la muestra inequívoca de la pobreza), aunque castigue la producción y la generación de riqueza, aunque construya las diferencias sociales extremas en las que vivimos.

Vivo en un país que si no te gusta un partido, sos del otro. ¿Y si no me gusta ninguno? ¿Y si quiero otra política? No podemos temer a la política, es la única manera de accionar en la vida. Y para cerrar mi diario de hoy, y espero tu opinión que lo haría útil, vuelvo al gran Churchill, sin miedo a que mis palabras sean mi alimento: «A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada»

Diario de cuarentena: Físico

Me desperté sin poder mover un músculo. Ayer decidí dejar la quietud y comenzar el fitness y mi hijo me sugirió tomar clases de gym online con Juli Puente. Hay que reconocer que la chica transmite energía y que me sentí muy estimulada. De la hora propuesta logré llegar a veinte minutos sin morir, transpirada y al borde del colapso. Luego encaré abdominales y algunos ejercicios laterales de piernas. Con pesitas de un kilo hice brazos. Toda una entrenada mujer de hoy.

Como sigue, es otro tema, le pido permiso a los brazos para alzar el termo, el tríceps parece sugerirme calma, la muñeca pesa, y cuando la pierna derecha rota levemente, se siente como un torniquete militar. Es posible que me haya pasado de rosca. Juli Puente debe llegar apenas a los treinta, y pesa cuarenta kilos máximo. Pero lo intenté.

Y entre tanta cuestión con olor a lavandina y alcohol, y tanta paranoia que la llegada de un gasista a casa puede ser vista como el enemigo mundial de la OMS, un dolor de cuerpo por actividad física suena muy bien.

Hoy volveré a intentarlo, necesito cansarme para dormir, porque aunque uno use la mente, el cuerpo necesita fatigarse, el insomnio acecha y la música no alcanza, por más zen que sea. Así que en medio de sentadillas y estocadas, le voy a dar batalla a la cardio de la felicidad.

Diario de Cuarentena: Carne

Mi casa parece un espacio para congelar carne, claro que la carne somos nosotros. Antes de la cuarentena, estábamos modificando cuestiones que hacen a nuevas regulaciones de gas. Pero decretaron la cuarentena, y aquí quedamos mi casa y yo esperando la reapertura de los organismos oficiales muertos de frío. Achis!

Por las mañana tiendo a leer los diarios, todos los que puedo, incluso los locales, para tener un panorama informativo local, regional y mundial. Y lo que leo es como mínimo, devastador. Cuánta tristeza ver la humanidad sin una mínima conciencia de su propia construcción, política, social, humana.

Una vez convencida de que no voy a poder cambiar todo esto, (es que por las mañanas a veces me levanto todopoderosa hasta que la vida me cachetea sola), comienzo a planificar mi día, y me doy cuenta que tengo dos zoom maravillosos por la tarde y que debo terminar una novela, y que la clase con Betina González es la última. Y entonces me gusto un poco yo, y la humanidad que habito.

Al fin de cuentas, somos los que la conformamos, y si lográramos mejorarnos en lo mínimo cada uno, toda la carne que habita el planeta dejaría de ser monstruosa y fagocitante y podría ser finalmente, enriquecedora y productiva. Es cuestión de aprender.

¿Vos planeaste algún aprendizaje para hoy? te dejo un poema de Sylvia Plath

Una vida

Tócala: no se encogerá como pupila
esta rareza oviforme, clara como una lágrima.
He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,
azucena, como flora distinta
de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

Toca este vaso con los dedos: sonará
como campana china al mínimo temblor del aire
aunque nadie lo note o se anime a contestar.
Los indígenas, como el corcho graves,<<<<

A sus pies las olas, en fila india,
no reventando nunca de irritación, se inclinan:
en el aire se atascan,
frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.
Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia
de rostros habituales, a un coleccionista,
por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

En otros lugares el paisaje es más franco.
Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo
platillo de hospital en torno, parece
la luna o una cuartilla de papel intacto.
Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.
Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa
anticuada, el mar, plano como una postal,
que una dimensión de más le impide penetrar.
Dolor y cólera neutralizadas,
ahora dejad la en paz.

El porvenir es una gaviota gris, charla
con voz felina de adioses, partida.
Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,
y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa
saliendo a la orilla.