Diario de Cuarentena:Dejando que el futuro se nos pierda

Lo que ocurrió ayer, esa mezcla de dolor con fantochada, la trastienda burda de la politiquería, la vergüenza del desgobierno y tanta gente de mierda jugando el juego ante un muerto, que no fue un santo, pero sí leyenda, una que se trasgredió como todo lo válido en este último destiempo, y entonces se pasaron por el trasero las recomendaciones sanitarias y llamaron a millones a nuestra casa de gobierno, mientras los individuos no pueden llorar sus deudos. Entonces me acordé que Rubén Blades había contado con claridad la hipocresía:

La sociedad se desintegra. Cada familia en pie de guerra.
La corrupción y el desgobierno hacen de la ciudad un
infierno. Gritos y acusaciones, mentiras y traiciones,
hacen que la razón desaparezca. Nace la indiferencia,
se anula la conciencia, y no hay ideal que no se desvanezca.
Y todo el mundo jura que no entiende por que sus sueños
hoy se vuelven mierda. Y me hablan del pasado en el
presente, culpando a los demás por el problema
de nuestra común hipocresía.

El corazón se hace trinchera.Su lema es sálvese quien pueda
Y así, la cara del amigo se funde en la del enemigo.
Los medios de información aumentan la confusión, y la
verdad es mentira y viceversa. Nuestra desilusión crea
desesperación, y el ciclo se repite con más fuerza.
Y perdida entre la cacofonía se ahoga la voluntad de un
pueblo entero. Y entre el insulto y el Ave María, no distingo
entre preso y carcelero, adentro de la hipocresía!

Ya no hay Izquierdas ni Derechas: sólo hay excusas y
pretextos. Una retórica maltrecha, para un planeta de
ambidiestros. No hay unión familiar, ni justicia social,
ni solidaridad con el vecino. De allí es que surge el mal,
y el abuso oficial termina por cerrarnos el camino.
Y todo el mundo insiste que no entiende por que los sueños
de hoy se vuelven mierda. Y hablamos del pasado en el
presente, dejando que el futuro se nos pierda,
viviendo entre la hipocresía.

Diario de Cuarentena: Nos siguen pegando abajo

Miren lo están golpeando todo el tiempo
Lo vuelven vuelven a golpear
Nos siguen pegando abajo

Hoy leí sobre un pueblo en Japón que está habitado por un número mayor de espantapájaros que de personas, la imagen fue muy significativa porque en éste momento del país siento que debemos ser eso; espantapájaros. Y lo digo porque tantas instituciones intermedias, sindicatos, colectivos, movimientos y demás que se han pasado muchos años cortando calles, impidiendo las clases, buscando como visibilizar cuestiones de género, lucha de clases y demases, están tan silenciosas y juiciosas, tan quietitas y en sus puestos que se asemejan a muñecos vestidos para la ocasión.

Mientras, tenemos un montón de sueldos en ministros que se ocupan de la nada misma, una vicepresidenta que se oculta o se vuelve influencer según la conveniencia y un montón de relatores de una realidad que ellos mismos contruyeron.

Hipocresía sobra. La hipocresía puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales o sentimientos.Un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad. Y nuestro gobierno, pero nuestro pueblo también está lleno de ellos. Mucho progresismo de palabra pero en los hechos personales, los dólares son el ahorro de aquellos que pueden ahorrar. Todos hablamos de espiritualidad y amor pero somos cancerberos de nuestros ideales y desestimamos todo aquello que no nos convenga. Y mientras paveamos con discusiones pueriles, los que detentan el poder, nos siguen pegando abajo, como dice Charly en su canción.

Es necesario que los moderados, aquellos que respetamos al otro y su propiedad, al otro y sus ideas, a la vida en diversidad, dejemos también de ser espantapájaros expectantes del robo de nuestros derechos y salgamos a gritar a viva voz que necesitamos un gobierno que no sea hipócrita y que realmente promueva acciones que nos asistan, en vez de golpearnos todo el tiempo.

Diario de Cincuentena: Churchill

«Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema» W. Churchill

Siempre admiré a don Winston, a pesar de no ser contemporáneos, me parece de una claridad asombrosa, y de una posmodernidad más clara aún. Este hombre práctico era capaz de ir contra las conciencias de masa de la época sin que le tiemble el pulso, si pensaba que resultaba necesario para el bien común. Ante el error, no temía enmendar sus posiciones, sino que razonaba y cambiaba. Y tenía conciencia que sin trabajo, sin esfuerzo, no había equidad posible.

Sostenía que había tres tipos de personas, aquellas que morían de aburrimiento, las que morían preocupadas en un discurso y las que trabajaban y actuaban hasta morir. Aspiro a ser de las últimas. También me siento optimista como él aunque todo a mi alrededor me diga que me tire y me resigne.

Por eso me expongo y hago públicos mis pensamientos, estoy convencida que el cambio pasa por dejar de lamentarnos y actuar, hablar, quejarnos, participar, no importa tu ideología, todas bienvenidas, no importa disentir, es necesario.

Ahora, mi límite es la hipocresía. Ahí no tranzo. El falso dilema, la ola cool que se queda defendiendo el discurso progresista que vive del pasado, y de un pasado que fue un fracaso estrepitoso. Estoy cansada de escuchar intelectuales que enfundados en la piel de los pobres hablan de inequidades. y hablan en su nombre, como si los pobres no tuvieran voz. Lo que a veces no tienen es educación y acceso a la cultura, porque estos mismos gobiernos y personajes siniestros se la quitaron.

No es gratis decir lo que uno piensa, muestra los matices que nos rodean, ayer, por ejemplo, me propuse exponer en carne viva y sin edición lo iba sintiendo mientras el presidente de mi país daba un discurso junto a dos gobernadores. Obviamente fui ofendida, agredida, y castigada. Se supone que si un gobierno se declara de izquierda o de centro izquierda no debe ser criticado, aunque genere hambre, aunque aumente ollas populares ( la muestra inequívoca de la pobreza), aunque castigue la producción y la generación de riqueza, aunque construya las diferencias sociales extremas en las que vivimos.

Vivo en un país que si no te gusta un partido, sos del otro. ¿Y si no me gusta ninguno? ¿Y si quiero otra política? No podemos temer a la política, es la única manera de accionar en la vida. Y para cerrar mi diario de hoy, y espero tu opinión que lo haría útil, vuelvo al gran Churchill, sin miedo a que mis palabras sean mi alimento: «A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada»