MAGGIE, UNA CHICA DE LA CALLE

 

   

Durante mucho tiempo la ocupación de Jimmie consistió en apostarse en las esquinas y observar cómo el mundo desfilaba ante él, soñando sueños viriles al paso de bonitas mujeres. Amenazaba a la humanidad desde los cruces de las calles. En las esquinas estaba inmerso en la vida y era parte de la vida. El mundo seguía su marcha y él estaba allí para percibirlo.

Stephen Crane, Maggie

 

Stephen Crane es un autor del realismo social del siglo XIX, que se vuelve carne a medida que vamos transitando sus páginas, plagadas de personas que viven en la mísera realidad de una época en que la decadencia, una a la que estamos volviendo, no permite cambios. Nacer, reproducirse y morir en la mugre y la degradación total.

Maggie, la protagonista, ilumina la historia de esta novela descarnada. Pero su bondad no pertenece al mundo donde nació y por supuesto, eso la vuelve un ser sin rumbo, es una desclasada en su propio entorno sin escrúpulos, y la pisan todo el tiempo como si su ignotez fuese destino. Maggie no es una heroína es una mujer nacida víctima.

El autor no toma partido ni opina, describe los hechos, intercalando algunos diálogos. Es una novela social, pero a diferencia de Dostoievski, en el que hay ideas de porvenir, de profundas convicciones, Crane muestra personajes que no puede volar, que solo se tienen entre ellos, y sus tremendas limitaciones. Tal vez el autor comprenda de ese sentido mínimo del mundo por sus propias vicisitudes, murio de tuberculosis a los 28 años y esta novela, que es verdad que podría ser pulida, fue escrita a los 22 y autopublicada.

Maggie como novela y como personaje merece ser leída en contexto. La prosa del autor tiene la distancia necesaria para conmovernos, ambienta tan bien el entorno de esta chica que podemos sentirnos parte. Es un texto difícil, doloroso, sucio. Maggie y su inocencia son castigadas por no entender la dureza de la vida y la necesidad de desconfiar. Crane describe si pasarse de raya, los detalles son los justos, y logra ahogarnos en esta historia en la que sabemos desde el principio que la chica no tiene porvenir.

Maggie: una chica de campo o una chica de la calle es un libro de aprendizaje para lectores y escritores. Me lo recomendó el gran Luis Mey y lo agradezco. La historia me dejó la desesperanza como recurso, la que encontré en el paralelismo de esa marginalidad de otro siglo con la de nuestra sociedad actual.

La chica de papel

«A veces el ser humano se equivoca. Otras se confunde y, como sea, pierde el rumbo. Ese día, en el trabajo, Ichi iba a escuchar una frase. Una entre tantas, y sin embargo ella va a elegirla, atesorarla y adorarla como se adora a un falso dios. De tantas cosas que le han dicho y que le dirán en la vida, ella va a quedarse con una. Y entonces va a perder el rumbo».

La chica de papel, Agustina Caride

«La chica de papel es una historia basada en hechos reales. Siempre me intrigó, cuando voy al cine, cuánto de verdad hay en el cartel que dice que la película está “basada en hechos reales”. Porque nunca una historia es 100% verdadera. Lo sé bien, me dedico a inventar historias y si no puedo inventarlas me las apropio. Podría decir que La chica de papel es casi un 100% verdadera. Porque la verdad, en este caso, está en lo que para mí es importante. Es verdad que tenía 20 años, que trabajaba en una tienda (pero de ropa, no de cosméticos), es verdad que su talle era 38, el más alto de la tienda y que la encargada la llamaba “gorda”. Es verdad que una cosa lleva a la otra y que a ella la llevó a ser Ichi, una chica frágil, dominante y dominada, vulnerable en una sociedad exigente y frívola. Es verdad que un día se metió los dedos en la boca y vomitó sin parar hasta vomitar incluso el nombre de Dios. También es cierto que, sin darse cuenta, fue lastimándose por dentro, como si lo que vomitara fuera vidrio que iba cortando y generando heridas en la garganta, por no decir el alma. También es cierto que su nuevo altar fueron las pastillas y el alcohol. Y así, lentamente, Ichi fue perdiendo el rumbo. Quise contar la vulnerabilidad. Porque es verdad que caer, en algún momento caemos todos. Lo difícil es poner el límite y mucho más ponerse de pie. La chica de papel es la historia de una fragilidad, y una reconciliación. Es la historia de un amor invisible pero latente, poderoso, tan poderoso como la voluntad de Dios» Así describe la autora, Agustina Caride, a esta novela que tiene el halo de Ichi en su recorrido literario.

La chica de papel, además, es una historia de vida donde la fe tiene un rol protagónico, una receta que pocos prescriben hoy en día y muchos menos adoptan, la de creer, la de sentir que lo divino nos protege. Caride logra conmover, meternos en la piel de Ichi e interpelarnos en nuestros propios veintes, esos donde la vulnerabilidad era comida diaria. Ichi padece la mirada del otro, su cuerpo interno va engordando con los dichos, los talles, la mala praxis, mientras el real, ese cuerpo físico que expulsa a diario comienza a gustar. Ichi se salva, pero no sin padecerse, incluso abusar de sí y permitir que otros lo hagan, en ese devaneo la autora nos narra la situación ambivalente de la joven, de sus afectos y de sus pares con clara convicción.

La novela a pesar de la profunda y dolorosa historia, resulta amena, está construida con prolijidad, la que Agustina Caride profesa, con calidez y sutilezas aún en los hechos terribles. La historia habla de Dios, pero no de uno, de esos propios que pueden marcarnos y hacernos creer, habla de tocar fondo y volvernos frágiles, y en ese quebrado instante apelar a un amor que no sea terrenal, a uno que nos salve. Me parece reveladora la presencia de hermanas ausentes, de padres reales, de esos que hacen lo que pueden con las herramientas que tienen y resulta atractiva y acertada la vivencia santa en Medjugorje, sin preámbulos ni edulcorantes, como debe mostrarse la Fe.

Tengo la suerte de conocer a la autora, de disfrutar charlas con ella, y creo que La chica de papel refleja su empatía, la que sostiene como escritora, como maestra, como colega. Agustina narra la vida, ni más ni menos, y lo hace con conciencia, sabe de nosotros, los lectores, porque lo es, sabe del dolor y del amor, y de la pena puesta en alguna mirada ajena. Sin ninguna duda es una autora interesante, real, que nos envuelve en historias que tenemos al lado, ahí, cerca de nuestro corazón, para volvernos más humanos en esto de reconocernos en la otredad.

Que la Gospa la acompañe siempre, Agus. Y a nuestro espíritu.

La casa de los eucaliptus

Luciano Lamberti, autor de San Francisco Córdoba, viene construyendo una obra que entreteje historias en cuentos, poemas, nouvelle , y algunas variantes renovadas que parecen ser la punta de un ovillo interminable donde Lamberti se enreda maravillando lectores. La Casa de los Eucaliptus no escapa a la robusta iniciación de este autor que representa el interior, sus paisajes, pero concebidos como una construcción de lo social, y nos zambulle en historias de un terror primario, verosímil, pero teñido de la más colorida intrepidez. Los cuentos narran la extrañeza de lo diario, el miedo, los presagios, las burbujas que tenemos en las zonas oscuras, juega contra lo público y se vuelven secreto entre autor y lector. La contundencia de su voz hace que nos volvamos niños, que sintamos otra vez esa inocencia morbosa que va reflejando en cada historia como en “Los caminos interiores”; “El tío Gabriel” aparece el típico velorio accidentado con su muerto viviente, que termina pudriéndose solo en el mismo mundo que creció ;“Los chicos de la noche” me resultó uno de los más interesantes, sus voces, ese diablo dientes afilados con todos sus simbolismos pero de la mano de un joven skater desconsolado, “ “El espíritu eterno”, con aires político sociales y crítica incluida, es la voz peronista vuelta eco, y la imposibilidad de acción del poder es lo que aterroriza. Los lugares comunes de la vida de todos, los pasillos, los sótanos, los altillos y hasta la calle pueden volverse siniestros en la trama que propone Lamberti, especulando siempre al borde, siempre sin.

El autor estruja las doble historias de sus cuentos con maestría, aprieta y calma la sed. Hay acción. Pasan cosas, las historias nos interpelan y nos quitan el aliento. El cuento que da nombre a la colección, es duro, porque Renato, su protagonista, es un tipo común, docente, padre, esposo, vecino, deportista, que se vuelve un salvador de almas impuras, un femicida que cuestiona a la mujer como ente a purgar, como autora de las depravaciones de la lujuria, en esa trágica conversión que la Visita hace de Renato, su familia también es víctima. Podemos horrorizarnos puritanos o comprender la acción del personaje que no apela a eufemismos en pos de mostrarnos su hacer. Elijo lo segundo, como escritora, como lectora, y como parte del mundo de la cultura. Cuando nuestros personajes pasan a ser juzgados por los que los creamos, dejan de ser creíbles. La verosimilitud de Renato en La casa de los eucaliptus radica en su libertad para decir aberraciones como ella necesitaba esa violación.

En “Carolina baila”, la atracción y la histeria juegan fuerte en el relato. En “Muñeca” Lamberti descontrola y la sangre suma horror a la historia, hasta podemos oírnos tratando de ayudar, de salvar (¿salvarnos?) sin éxito. “La ventana” abre otra de las puertas propuestas, la mágica y nos narra la posibilidad de ser chupados por una ventana ciega. En “Santa” se hace presente la crónica de lo sagrado, subyugándonos, descubriendo nuestras propias creencias con su historia.

Un gran libro de cuentos oscuros, escrito por un gran autor argentino, que siento que comienza a cambiar el eje de la literatura, que va a romper con lazos preexistentes. Después de El loro que podía adivinar el futuro, lo intuía, con La casa de los eucaliptus no me quedan dudas. Lean a Lamberti, será un clásico.

Antes de que se enfríe el café

«A través de sus cuatro personajes principales, Kawaguchi demuestra una profunda comprensión de las relaciones y del amor.»
The Straits Times

Toshikazu Kawaguchi nació en Osaka, Japón, en 1971. Ha sido productor, director y escritor para el grupo de teatro Sonic Snail. Como guionista, sus trabajos más importantes incluyen COUPLESunset Song y Family Time.

Antes de que se enfríe el café, su primera novela , está basada en la obra teatral homónima que ganó el en el festival de drama de Suginami y tiene su propia adaptación en el cine de su país, con secuela incluida. Se han vendido más de un millón de ejemplares del libro en Japón y está ganando el favor de legiones de lectores europeos, en especial en Italia.

Esta novela que trata sobre el amor, el tiempo que perdemos por miedos y las oportunidades que esperamos, basa toda su existencia en la premisa de que una mesa, un café a tiempo y la decision correcta bastarían para encontrar la felicidad.

Corre el rumor de la existencia de una pequeña cafetería en Tokio que merece la pena no solo por su café, sino porque, si esperás el tiempo adecuado y sabés donde sentarte, podés regresar al pasado. Sí. Al pasado, pero lo fantástico, fantasma incluído, tiene sus bemoles, hay muchad reglas que cumplir para ese viaje en el tiempo, deberás permanecer en la cafetería y solo estarás en el pasado mientras dure caliente el café. Por otro lado, nada de lo que digas cambiará el presente.

Son cuatro historias, de cuatro personas que nos va mostrando juntas y con punto y aparte este autor, las que se animan a volver en el tiempo por razones variadas.

Antes de que se enfríe el café se vuelve atemporal y habla de amor, de oportunidades perdidas y la esperanza. El presente no cambia, pero tal vez cambien los personajes que atraviesan el tiempo y tengan un mejor futuro.

Como siempre en los autores asiáticos, hay un tiempo diferente en el relato, la paciencia en la construición, las digresiones, el empleo de lo contado como recurso elegido sobre la narración nos pone en otro clima, la cafetería Finikuri Funikura es para mí el logro de la novela. Los personajes me resultaron simples, efectivos pero sin capas y la obra en sí es mucho menos de lo que anuncia la crítica.

De lectura fácil, la recomendaría para una vacación en la que querramos sentir. Es una historia intimista que puede o no llegar al lector.

Ceremonia Secreta

“Pero a menudo enferma de soledad, había soñado que en ese poblado mundo había alguien que conocía nuestra existencia, que necesitaba de ella, que la esperaba y la buscaba, y que alguna vez la encontraría y se la llevaría consigo. Y ahora esa loca fantasía dejaba de serlo. Pero no hay que interferir en la delicadísima mecánica de la magia con su pedido de explicaciones. Hay que someterse y dejarse gobernar”

Ceremonia secreta de Marco Denevi, premiada en 1963 por la Revista Life, es mucho más que una breve obra teatral, y no lo digo por la película policial que dirigió Joseph Losey, sino por el manejo maravilloso de la iniciación o descubrimiento de identidades que logra el autor, con cuadros que pueden parecer grotescos.

La loca santificación del mundo con la que el personaje de Denevi inicia la novela, juega con dos miradas: la de la figura que promueve exorcismos florales y rezos, hechos sin permiso para salvar vecinos en un barrio de Buenos Aires y por otra parte la religiosidad que intenta mover o modificar conciencias.

La trama narrativa intenta resolver secretos que van apareciendo como luces, algunos rituales, lo policial en el grupo de sicarios, robos, violaciones y traiciones novelescas algo góticas, que lo religioso sumado a casonas cavernarias otorgan a la historia. Es una novela sobre andamiajes narrativos que se superponen, con actores que pueden venir de cualquier pretérito, creando planos inigualables, al mejor estilo Denevi para distorisionar la realidad.

Leonides Arrufat en su diario deambular va cuestionando la vida y obra de todo lo que no sea santo, santo como ella lo concibe, es la voz de la religión en la novela, una voz abrumadoramente sola, que en su propio eje santurrón deja entrar espíritus y nuevas identidades para poder seguir con lo que cree es un designio divino. Su desvarío hace posilble la relación con Cecilia Engelhardt. Así asume un rol primero, otro después, hasta confundirse en tres mujeres y sentir que la vida, en el encuentro con Cecilia, le dio un sentido a su existencia.

El enigma,es el que nos lleva a leerla con voracidad, acá no desciframos un misterio sino planos de realidad, o realidades posibles en uno y otro tiempo. Muy pronto aparece la idea de oculto, en Cecilia, cuando acosa a Leonides en el tranvía. Y es allí que se sella la trama, y nos propone el autor comprender ese vínculo contraído desde lo secreto, uniendo lo esotérico con lo religioso, mezclano lo mundano con lo celestial. Ceremonia Secreta está llena de yeites o guiños para que entendamos un mundo que nos excede.

Las escenas iniciales ya nos dejan un margen de dudas por la elección de como contarnos, con que palabras, por parte del narrador,para que comprendamos la mente de estos personajes: “La muchacha lloraba. Lloraba silenciosamente, sin un gesto sin un movimiento. Lloraba con las manos en los bolsillos. Encogida en su asiento, lloraba. Lloraba y miraba a la señorita Leonides. Miraba a la  señorita Leonides y amargamente le reprochaba no cumplir con el pacto. ¿Con el pacto? ¿Con qué pacto? La señorita Leonides perdió la cabeza: Bruscamente se puso de pie, pasó por delante y por encima de la joven, literalmente la aplastó, sintió bajo sus pies los pies de la otra, le pareció que la muchacha intentaba detenerla, que murmuraba algo, pero ella no debía escucharla, porque si la escuchaba estaría perdida, perdida para siempre.” 

Aquí aparece el narrador mostrándonos el enigma propuesto, ¿de dónde viene esta relación, de que habla la resistencia de Leonides, qué percibe?

Cecilia exige que Leonides cumpla un supuesto pacto, claro que los pactos Leonides los hace con Dios, para salvarse, para salvar al mundo del pecado. Por ahí va la cuestión. La escena que cito es el resumen secreto que sostiene toda la novela. No voy a referirme al final, pero es allí donde Cecilia da sentido a toda la trama.

Denevi muestra en esta narración conocer el sentido de la enigmación, la profundidad a la que llega con sus personajes, y como va enhebrando los hechos, es sabia. Como a Cecilia y a Leonides, esta novela consagra al autor, elevándolo. La brevedad de la obra, que la agiliza sin discursos filosofales, sumada al tono poético la tornan redonda. Estas dos mujeres se necesitan, y un sumun que las trasciende es lo que las une. Lo figurativo, aquello que es signo y señal, las analogías, van creando capas en la conciencia de los personajes y del lector,

No es casual la mención al juego de la oca, porue toda la novela es lúdica. Todo tiene la suerte y la verdad como posibles. estructura de la novela. “Después todo sucedió como en el juego de la oca loca, en el que una ficha avanza lentamente, caprichosamente, deslizándose aquí, deteniéndose allá, por un camino zigzagueante dibujado sobre un cartón multicolor, y otra ficha, más atrás, la sigue,  marchando ella también a intervalos, hasta que de súbito, y cuando el azar lo dispone, la segunda ficha alcanza a la primera y entonces las dos, la perseguida y la perseguidora saltan fuera del camino y van a encerrarse juntas en un escaque como en una fortaleza”. Pero tiene otras posibles razones para comprender la realidad, además de la lúdica, por ejempo la conciencia, la iniciación que hace el padre sobre Cecilia, la categórica creencia de Leonides, diferentes pero extremas tramas secretas que moviendo las fichas de las vidas de los personajes, con detalles, como el Arcángel Miguel en la casa, que está para señalar y castigar el mal. La trama llega hasta el sacrificio. El pacto entre Cecilia y Leonides  es un pacto elevado. La novela nos lleva por los caminos del conocimiento y las verdades de un orden trascendental. Ceremonia secreta es un entrelazamiento de acciones cotidianas, signadas por el mal; con voces de locura y de profunda conciencia divina,tal vez solo se trata como toda gran obra, del bien y del mal.

Marco Denevi, sin dudas, un iluminado.

Tokio Blues

Esta obra de Murakami, que lo consagró en su propia tierra, trata sobre una historia de amor, como todas las grandes novelas de la literatura. Un triángulo adolescente, que se vuelve sinfonía para enseñarnos mostrarnos como vivir los sentimientos y las pérdidas necesarias para adquirir la madurez. Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha mientras aterriza en un aeropuerto europeo una vieja canción de los Beatles, Norwegian Wood, y la música lo lleva hacia su juventud dando origen a la trama, vuela en su mente hacia el turbulento Tokio de finales de los sesenta. Toru recuerda, entre nostálgico y agobiado, a Naoko, su amor torturado por la novia de su mejor amigo de la adolescencia, Kizuki. Este amigo, tal vez el único verdadero, se suicida y pone distancia entre los jóvenes hasta la universidad. La relación platónica entre Toru y Naoko se vuelve relación íntima; pero la frágil salud mental de Naoko la lleva a internarse en un centro de reposo. Toru conoce y se enamora de Midori, una joven de acción, contrapuesta a Naoko. Toda las dudas, miedos e indecisiones de Toru lo inician en la madurez, sus reflexiones sobre la vida, la muerte, la enfermedad, el amor, el sexo, la terrible levedad de la existencia y los valores, vuelven insostenible el triángulo en el que está inmerso. Necesitan, Toru pero también las dos jóvenes, lograr el sutil equilibrio entre las esperanzas adolescentes y el imprescindible lugar en el mundo adulto que deben hallar. Murakami, con la fina línea de humor que maneja, ha logrado en Tokio blues un manual de educación sentimental único. Pero vamos a volvernos más técnicos en esta novela para dar una idea cabal de su trascendencia.

Se ubica entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Hace referencia a la música de esa época, así como a la literatura y las protestas universitarias. Se ambienta en Japón y el autor nos induce con la lectura a recorrer junto a sus protagonistas muchísimas calles y barrios de Tokio: restaurantes, bares, hoteles, rincones, tiendas, barrios y líneas del tren, paisajes. Son las ciudades y pueblos de Japón que visita Toru Watanabe durante búsqueda adolescentes. El tiempo pasado le otorga agonía y los flashbacks nos muestran, como lectores, los hechos de un pasado antiguo. La intriga la otorgan las rupturas de la linea de tiempo hacia el futuro que nos atraen irremediablemente.

Utiliza el recurso del narrador protagonista, en este caso Watanabe. Él nos relata cada momento, cada suicidio, cada hecho con una perfecta descripción de detalles, sentimientos, sensaciones y memoria dialógica que nos sitúa allí, donde todo ocurre. Watanabe lee escritores; a Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald y Raymond Chandler, lo que justifica la deliciosa narración de sus vivencias.

La novela es verosímil por donde la veamos, cargada de grises en sus líneas, melancólica. El joven está claramente triste al narrar su vida y la de sus amigos. Pero encuentra el modo, Murakami, para insertar personajes que aflojan la historia y nos permiten sonreír. El lenguaje simple facilita una lectura liviana, y nunca pierde la línea impecable de descripción, aún narrando detallados momentos íntimos. La mayoría de los personajes, redondos, logrados, son jóvenes. Murakami trabajó sus características para que sean muy diferentes entre sí. Se ve la minuciosidad y es a través de éstos personajes que nos deja un mensaje positivo pero realista sobre la vida, el amor y la muerte. Tokio Blues pone la mira en la adolescencia. Cambios y confusiones, así su trama deja en evidencia los matices del proceso de maduración emocional, física y sicológica, en una época y una sociedad determinada.

La novela irrumpe en lo cotidiano y los dolores profundos desde una intención concreta, nos habla del suicidio, la locura, la sexualidad, la lealtad, la familia, la pérdida, la soledad y el amor. La trama principal gira entorno a la relación entre Watanabe, y su amor triangular hacia Naoko y Midori. Con este conflicto como base, las subtramas, que nos muestran la vida de los adolescentes, generan capas que aparecen a lo largo de la vida en la universidad, rememoradas por un Toru Watanabe adulto.

Las cartas, una elección acorde al tiempo histórico en el que se inscribe la novela, son una excusa para amar, para pedir consejos respecto al amor y para profundizar en la salud mental de una de las mujeres que ama. Tokio Blues nos deja pensando, nos interpela, y hasta puede que salgamos heridos tras su lectura. Murakami atraviesa la historia con técnicas narrativas que hacen crecer el interés mientras avanza la trama. Las situaciones no son predecibles, sorprenden. Lo mejor de la obra son los personajes, que se atreven a cuestionar la vida, filosofan, difieren y eso los une al fino hilo de la historia. No todo tiene sentido; como en la vida. La prosa del autor es única, poética, extrañada y claramente musical. Es una novela envuelta en sensaciones, que nos van generando remolinos mientras la leemos.

No es posible quedar inmune a Murakami, al menos al de Tokio Blues. Un antes y un después.

Seda

Seda es una joya, una preciosa advertencia de lo posible en literatura. Alessandro Baricco relata este viaje entre mundos desde una mirada inmóvil, casi íntima, que nos revela con igual hermosura los paisajes transitados, en la construcción del relato; cuidado, armonios, único. Esta quietud con la que cuenta genera la distancia necesaria para encantarnos con la voz de su obra y tal vez para que no le duela como autor.

Hervé Joncour, protagonista de esta novela, viaja en busca de aventuras bajo el ala de comprar huevos de gusanos de seda, fuente del sustento en las hilanderías de su pueblo. Es muy probable que lo que busque encontrar sea el laberinto esencial que lo moviliza, el que todos deseamos hallar. Seda está ambientado en el siglo XIX, los viajes los realiza a Japón, un lugar remoto y extraño en esa época para el mundo occidental, prácticamente el fin del mundo.

Baricco construye esta novela sin ansiedad, pero con un ritmo firme, de capítulos cortos, llenos de sutilezas y apelando a los sentidos. Vuelvo a llamar joya a esta novela corta, que nos envuelve, con descripciones de Japón asombradas y ricos contrastes. El director francés François Girard llevó la historia al cine, en 2007 bajo el título de Silk y es una obra literaria traducida a muchos idiomas . Baricco dijo de su libro: “Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento”.

Me atrevo a contradecirlo. Es una novela corta maravillosa, que nos deja extáticos, llenos de posibilidades. Creyendo que las historias siempre pueden ser narradas de una forma preciosa. No sé si tan lograda como la de Baricco con Seda, pero invita a quien escribe a intentar ese salto de calidad equisita.

Para leer y releer.

Factotum

«Yo era un hombre que me alimentaba de soledad; sin ella era como cualquier otro hombre privado de agua y comida. Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella.»

Charles Bukowski

 No es novedad que Bukowski es una especie de padre del realismo sucio, por lo que en una de las obras que lo consagran, encontrar un rejunte de palabras de gran porte que nos asquean es esperable. Factotum es más: esta novela protagonizada por su álter ego Henry Chinaski, describe un mundo, una época, una manera de ver la vida. Chinasky va de un trabajo a otro como el texto, saltando, picoteando de historias al lector. Es un sexópata y alcohólico empedernido y por supuesto quiere consagrarse como escritor.
Bukowski es directo. No pretende gustar ni adular al que lee, sino que narra la acción cruda.
La repetición de situaciones lejos de incomodar, nos va colocando en tema, nos sumerge en la vida de este personaje díscolo y desesperado, tremenda vida en la que se sostiene porque toma un trago, o porque se masturba sin respiro.

Él lo dice:  No tengo más remedio que ser un matón hijo de puta. El mundo pertenece a los fuertes. 

Bukowski es la voz autoral que visibiliza a los desahuciados, las putas y los borrachos, pero hay una debilidad inherente que se ve tras la desgracia y la decadencia mostrada en los capítulos del libro. Es bastante común que se tilde de vulgar a este autor, tal vez con la pretensión humana de un refinamiento que no poseemos. ¿Acaso hay algo más burdo que acto de parirnos? ¿Algo más ordinario que la biología de nuestro cuerpo? ¿Más primario que las necesidades a saciar?

Bukowski es. Factotum es Bukowski.