Diario de Cuarentena: Un nuevo contrato social

La idea de naturaleza humana de Locke donde el hombre es una criatura de Dios, por lo que el hombre no puede destruir su vida ni la de los demás hombres pues no le pertenece, sino que le pertenece a Dios. El hombre tiene el derecho y el deber de conservar su vida. Así mismo, el hombre no es súbdito de ningún otro hombre, sino que es libre, parece haber perecido en los aguantaderos de la política. Pero, dado la tremenda crisis social que padecemos, es probable que hay llegado la hora de resignificar todo esto.

Si la naturaleza humana lleva inserta el derecho y el deber de preservar su vida, ¿para qué hace falta una comunidad?

Para Locke podía darse que nadie cumpliera ese derecho y ese deber, y en caso de conflicto en su cumplimiento la naturaleza humana no cuenta con la existencia de una autoridad que lo dirimiera, por lo que la comunidad trataría de suplir esas carencias del estado de naturaleza: la existencia de una autoridad que juzgue en caso de conflicto.

Se trataba entonces, de hacer un contrato que funde un orden social o civil que atienda exclusivamente a suplir esas carencias del estado de naturaleza, es decir, aplicar una justicia o una autoridad que diga, en caso de choque entre dos individuos, qué se debe hacer. Por consiguiente, siempre que cierta cantidad de hombres se unieran en una sociedad, renunciando cada uno de ellos al poder ejecutivo que les otorga la ley natural en favor de la comunidad, allí y sólo allí habrá una sociedad política o civil. Lo que nos ocurre hoy es que no creemos en la aplicación de justicia y que hemos roto nuestro orden social.

En el pacto social se dictan unas normas que sean la continuidad de las leyes naturales y que consistirán en el reconocimiento de los fines de la naturaleza de hombres libres e iguales, a asegurar los derechos de la libertad, la igualdad, la vida y la propiedad. Exactamente son todos los derechos que hoy ya no están sintiéndose inalienables sino cuestionados.

Sólo una sociedad será civil o política cuando cada uno de los individuos renuncia al poder de ejecutar la ley natural. Lo ejecutará la comunidad y los órganos de la comunidad. En el estado de naturaleza es cada individuo quien juzga las leyes de la naturaleza. En la sociedad civil, por el contrario, es una autoridad, un juez, quien las juzga y quien dictamina quién se ha saltado las leyes. Y esa autoridad ha de ser un parlamento  como un conjunto de representantes de la comunidad. Como crítica principal a Hobbes, si hubiera un poder absoluto por encima de la comunidad, para Locke, realmente no se habría salido del estado de naturaleza, pues en la monarquía absoluta, al confundirse los poderes, no hay imparcialidad por parte de éste y no hay manera de apelar o recurrir su sentencia, con lo que su existencia es incompatible con la existencia de una sociedad civil. Para que haya sociedad civil tiene que haber un juez separado del poder ejecutivo (al considerarse todos los hombres como iguales, se entiende como el poder de ejecutar de cada uno de los individuos, considerándose al monarca absoluto como otro ejecutor más de poder) que sea imparcial respecto a los mitigantes. Bueno, en nuestra vida actual, en la Argentina se quiere trasgredir esa autoridad, se la descalifica y hasta se la pretende dirigir desde el gobierno, desconociendo la independencia de poderes.

To lo que ocurre actualmente es  incompatible con la sociedad civil, y, por tanto, que no es una forma de gobierno civilizada. El fin de la sociedad civil es evitar y remediar los inconvenientes del estado de naturaleza que se siguen precisamente cuando cada hombre es juez y parte en sus propios asuntos, y ese remedio lo busca en la instauración de una autoridad reconocida, a la que cualquiera pueda recurrir cuando sufre una injuria, o se ve envuelto en una disputa, y a la que todos los miembros de la sociedad deben respetar. Cuando, como se pretende hoy día, no se respetan las decisiones de autoridad es que todavía estamos en el estado de naturaleza. Y eso es, precisamente, lo que ocurre con cualquier absolutismo.

Tenemos que reformular nuestro contrato social para tener un estado justo que no castigue al ciudadano. sería bueno recordar los dos procesos que Locke distingue en la formación del contrato social:

1º Contrato de la formación de la sociedad, donde se crea la comunidad que supera el estado de naturaleza;

2º Contrato de la formación del gobierno, donde se crea la relación entre gobernante y gobernado.

Ambos están fallando. El segundo en especial se quiebra día a día. La política debe dar respuesta. Los ciudadanos debemos exigirla.

Diario de Cuarentena: Nos siguen pegando abajo

Miren lo están golpeando todo el tiempo
Lo vuelven vuelven a golpear
Nos siguen pegando abajo

Hoy leí sobre un pueblo en Japón que está habitado por un número mayor de espantapájaros que de personas, la imagen fue muy significativa porque en éste momento del país siento que debemos ser eso; espantapájaros. Y lo digo porque tantas instituciones intermedias, sindicatos, colectivos, movimientos y demás que se han pasado muchos años cortando calles, impidiendo las clases, buscando como visibilizar cuestiones de género, lucha de clases y demases, están tan silenciosas y juiciosas, tan quietitas y en sus puestos que se asemejan a muñecos vestidos para la ocasión.

Mientras, tenemos un montón de sueldos en ministros que se ocupan de la nada misma, una vicepresidenta que se oculta o se vuelve influencer según la conveniencia y un montón de relatores de una realidad que ellos mismos contruyeron.

Hipocresía sobra. La hipocresía puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales o sentimientos.Un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad. Y nuestro gobierno, pero nuestro pueblo también está lleno de ellos. Mucho progresismo de palabra pero en los hechos personales, los dólares son el ahorro de aquellos que pueden ahorrar. Todos hablamos de espiritualidad y amor pero somos cancerberos de nuestros ideales y desestimamos todo aquello que no nos convenga. Y mientras paveamos con discusiones pueriles, los que detentan el poder, nos siguen pegando abajo, como dice Charly en su canción.

Es necesario que los moderados, aquellos que respetamos al otro y su propiedad, al otro y sus ideas, a la vida en diversidad, dejemos también de ser espantapájaros expectantes del robo de nuestros derechos y salgamos a gritar a viva voz que necesitamos un gobierno que no sea hipócrita y que realmente promueva acciones que nos asistan, en vez de golpearnos todo el tiempo.

Diario de Cuarentena: Remembranza

Buen día, se acerca la primavera y seguimos igual, peor en realidad. Extraño mucho mi ex vida. Aquella en la que mis amigos mostraban la cara, en la que no éramos enemigos por pensar diferente. La época de las posibilidades y los encuentros, los abrazos sinceros que calmaban males. Un beso era bienvenido y las carcajadas o el karaoke significaban alegría y no muerte. Es tal la soberbia política en nuestro país, que nos hemos olvidado de lo que significa como ciencia.

La ciencia política constituye una rama de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por seres humanos libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.Es la ciencia social que estudia el poder público o del Estado. Promoviendo la participación ciudadana al poseer la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para garantizar el bien común en la sociedad.

¿Cuánto de eso se cumple hoy? la acción autoritaria de un presidente elegido constitucionalmente es posible gracias al miedo creado en la población. Y el concepto falaz que instalaron sobre el encierro como método para gestionar una pandemia que nos llegó como a todos, incluso peor que a muchos, porque nos toma agotados, con las defensas bajas y los bolsillos vacíos. Quiero pensar que creen que es mejor y no que usan el modelo cuarentena a piacere, pero mis buenas intenciones se caen a pedazos cuando escucho las bárbaras expresiones del presidente demagógico criticando a la ciudad que elige para vivir. O al gobernador bardeando como si estuviera en la tribuna mientras su gestión hace agua, o a Grabois incitando a ir contra la propiedad privada y aplaudiendo expropiaciones brutales. Ayer oía a una mujer que decía en una toma de tierras: es que no tenemos nada, queremos un terrenito para tener algo. El medio que la entrevistaba nunca la expuso,. en esta nueva argentina donde ser ladrón o delincuente es premiado y haber trabajado para tener algo se castiga. Nadie le preguntó por qué cree que está bien tomar lo ajeno, sacarle a otro lo que logró con esfuerzo. El concepto de que lo de el otro es de ellos, es cultural y es apoyado por millones de oportunistas políticos que resguardan sus bienes y sus billeteras abultadas pero prodigan odios hacia el prójimo. Increíble.En el sur toman e incendian viviendas con gente adentro, pero no es nada para el gobierno.

A más de 160 días de la cuarentena, seguimos aislados dentro de nuestro propio país. Seguimos enfermos, más que nunca, llegando a alcanzar a o pasar en casos y muertes a aquellos que criticaban en filminas, pero no hay autocrítica, no se entregan y denuncian de una vez por todas que se equivocaron. Ojalá los gobiernos municipales, leales al gobierno u opositores no sigan el mal ejemplo y se enfoquen en testar y anillar para evitar la masividad de los contagios, aunque por lo que veo, siguen la política de pensar que es mejor ahorrar test que cuidar vidas. Un caos sanitario, político y económico del que nadie va a salir ileso. Me da mucha pena la intelectualidad obsecuente y la falta de pensamiento crítico de nuestros filósofos. En un momento donde la ciencia médica no tiene respuestas o son engañosas, debemos creer en la humanidad, tal como cierra Camus en La Peste: «….y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las pla­gas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.»

Diario de Cuarentena: Manifestación

Cuando un grupo de individuos se convierte en una unidad social reconocible es porque hubo un proceso dinámico anterior que lo fue gestando. Ayer gran parte del pueblo argentino se manifestó, en una ceremonia propia de los movimientos sociales, que aunque insistan en no reconocerlo, un movimiento social es todo aquel en el que el pueblo se manifiesta y no es propiedad de una izquierda que usa la calle como propia, sino que es esa transformación de individuo en sociedad reunida para la protesta. Es raro ver al populismo gobernante, que siempre utilizó la manifestación como modo de intervención política., desconocerla cuando otros la realizan. Solo muestra la relevancia que adquirió ayer esa unidad social apartidaria y hasta sin un lema único, sinónimo de pluralidad, fue una masa social organizada como en un ritual, personas unidas cargadas simbólicamente y escenificadas en la esfera pública por tercera o cuarta vez en un momento necesario para defender valores, la gente lucha como actor colectivo, en pos de la supervivencia de un modo de vida que está suspendido y se ve amenazado por conductas totalitarias. Las emociones desencadenadas en el curso de estas manifestaciones coadyuvan a reforzar la identidad y la solidaridad colectivas de un grupo social que se percibe a sí mismo vulnerado cuando trata de preservar lo que amenaza las fronteras de un sistema en el que desea vivir.. En la medida en que los actos de masas cohesionan a sus participantes, las autoridades, azoradas porque la calle fue tomada por aquellos que usualmente no lo hacen, intentan banalizar o desconocer el hecho, como si la manifestación hubiera sido un suicidio colectivo.

Ahora cuando estos mismos actos, son realizados para amedrentar empresarios por parte de sindicatos, o para apoyar los pensamientos únicos y reduccionistas del actual gobierno, es el pueblo que se manifiesta.

Yo fui al banderazo de ayer. Volvería a ir las veces que sean necesarias para defender la libertad y la república. No hace falta rotularse. Con ser libre alcanza. Hay mucho miedo a un virus, que es pandémico e inevitable, pido que también temamos a los destrozos que podemos evitar. El destino es todavía una quimera pero la realidad nos azota con la fortaleza habitual: la enfermedad que asola al mundo no es elegida ni nos pertenece, pero la sumisión, el destrato, el autoritarismo, el encierro, las inequidades, las malas decisiones, los idiotas al poder, y las insistentes políticas de miedo y el desoir a una ciudadanía que se adelanta al gobierno , toda ésta locura que supera ya los 150 días es soslayable. Reducir la manifestación de ayer a lo sanitario, habla de un gobierno que no tiene destino. Y como decía Borges:

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.”

Diario de Cuarentena: Cosmópolis

150 días pasaron del primer diario, pero seguimos con restricciones a derechos fundamentales, como reunirnos, trabajar, transitar. Hace tiempo que dedico los domingos a recomendar un libro. Hoy voy a recomendar uno que leí en su idioma original del autor Don DeLillo, queha escrito hasta la fecha una quincena de novelas, cinco obras de teatro, más de veinte ensayos, un guión cinematográfico, panfletos en defensa de Salman Rushdie y Wei Jingsheng y trece relatos. Su nombre, sin embargo, ha alcanzado fama y reconocimiento académico únicamente en su faceta de novelista. DeLillo es hoy uno de los novelistas norteamericanos mejor considerados por la crítica de su país y con mayor proyección internacional. La popularidad de su obra, no obstante, ha ido creciendo progresivamente a lo largo de los años, especialmente a partir de la publicación de Libra en 1988, que marca un punto de inflexión en términos del volumen de lectores y de la atención académica . Recomiendo, como todos los domingos de esta interminable cuarentena, una de sus obras Cosmópolis (2003).

Después de tres décadas a la sombra de Pynchon, DeLillo se revela al inicio del siglo XXI como padre de
una nueva generación de autores que se consideran sus herederos: Jonathan Franzen, David Foster Wallace o Richard Powers. Pero hoy nos dedicamos a una novela en partícular.

Cosmópolis transcurre en un solo día, el último de una época, símbolo del intervalo entre el final de la guerra fría y la era de terror, de los años 90, momento en que el mercado financiero se desploma y la «nueva economía» comienza a agonizar. Es una historia intensa que surca los temas capitales del autor: la alienación, la paranoia, el sexo, la muerte, el mercado global, el terrorismo y la relación entre poder y tecnología.

El joven Eric Packer emprende su viaje en limusina para cortarse el pelo en su antiguo barrio, el Bronx, sin saber que este viaje será más largo e incluirá inversiones con una divisa asiática, prostitutas y traiciones de sus antiguos aliados.

Don DeLillo es uno de mis favoritos dentro de los escritores contemporáneos. Cualquiera que haya leído Ruido de Fondo sabe su genialidad. Esas frases disruptivas y poéticas, que nos remiten a Hemingway cuando entrecorta una frase , a Thomas Pynchon, en la maligna y paranoica mirada de la realidad que nos rodea, DeLillo es un grande, con diálogos increíbles, con un humor particular y una visión del mundo llena de personajes encerrados y roles que se intercambian a lo Samuel Beckett.

Pero sigo con la novela que recomiendo hoy. Este viaje en limusina que es la historia abreviada del capitalismo tardío, en la visión del autor, con un joven de Wall Street ignorando las protestas de la calle al tiempo que sigue una inversión peligrosa con el valor de una divisa china. Porque, dice De Lilo, con el valor oro enterrado, el dinero ya solamente vale lo que alguien dice que vale. ¿Qué nos dicen sus abstracciones, sus frases seculares? Tantas transacciones, ambiciones y movimientos económicos, que ponen a este joven de un barrio bajo, lejos de un ciudadano promedio, algo significan. DeLillo lejos de ofrecer visiones más o menos claras de lo que sucede, nos ilumina por dentro, como si pudiera ver la forma en la que vamos comprendiendo , sintiendo y procesando lo que sucede.

Durante su viaje, el protagonista se enfrenta a una odisea , queda atrapado en un embotellamiento producido por la llegada del Presidente a la ciudad, el funeral de un ídolo de la música, el rodaje de una película y una violenta manifestación política. Cuatro parangones de una realidad que fue escrita en 2003, pero que sigue representando la sociedad actual, llena de parámetros impuestos, de ídolos de papel y de violencia política, Cosmópolis profetiza en dos mil tres, un mundo veinte veinte, convulsionado y caótico, carente de futuro. Imperdible la obra y el autor.

Diario de Cuarentena: Giros

La vida corre en círculos, nos propone tantas vueltas que a veces nos mareamos. Hoy amanecí así, mareada, revolcada en mi propia historia. Porque los giros no siempre son externos, a veces los creamos como un surco en el interior del alma.

Páez dice: Giros. Existe cielo y un estado de coma, cambia el entorno de persona en persona. Giros.Dar media vuelta y ver que pasa allá afuera, no todo el mundo tiene primavera. Flaco ¿Donde estás? Estoy imaginándome otro lugar, estoy juntando información, estoy queriendo ser otro (otro tipo, loco)
Mi necesidad se va modificando con las demás, así mi luna llega a vos, así yo llego a tu luna. Giros.
Todo da vueltas como una gran pelota, todo da vueltas casi ni se nota. Giros. Fotografía de distintos lugares,
fotográficamente tan distantes. Suena un bandoneón, parece el de otro tipo pero soy yo, que sigo caminando igual… Silbando un tango oxidado.

Y sí, existe un estado de coma, y estamos en él, infectados por la falta de empatía y la grandilocuencia de los mediocres, que ponen al pueblo en su boca corrupta para escupirlo más pobre aún. Hay que dar media vuelta y ver que pasa ahí afuera, al lado nuestro, antes de hablar del otro empecemos por nosotros. Por nuestras propias miserias, inocultables en esta pandemia que vino para destapar corazones oscuros. SIn miedo a imaginarnos otro lugar, donde la necesidad de uno se modifique con la del otro. Girando juntos como una gran pelota, que nos unifique en pos de una sociedad más justa, que no se genere en torno a feudos que predican un pseudo socialismo provinciano, sin más versos que los de las canciones y con la fotografía clara de la realidad de cada lugar, sin intendentes que banquen ventas de droga en ambulancia, sin dirigentes que tilden a mafiosos de ejemplares y sin millonarios que hablen de productores oligarcas, desconociendo el trabajo y la dignidad.

Suena un bandoneón, y sí, sigo caminando igual, erguida en la memoria de los justos y buscando la paz en este cambalache.

Diario de cuarentena: Me siento bien

¿Cómo andás? Bien ¿y vos? Así de limitado viene nuestro diálogo social por zoom, instagram, video chat, tiktok, telegram, skype, facetime, etc. Esa cuestión moral de sentirnos bien a pesar de todo. Como si los argentinos pasáramos del todo bien y vos a éste país es una mierda, hay que irse; y en el medio no hubiera ninguna opción. Vengo pensando en las respuestas que doy. En tratar de no ser un cliché y tampoco ser una pseudo socióloga pesada que propone pensar y repensar la vida cada cinco minutos. Pero esto de los extremos me ocupa el día de hoy. Y de las falsedades, las ideológicas y otras.

Por ejemplo, ¿alguien puede sentirse bien después de 116 días de cuarentena punitiva? ¿alguien puede sentirse bien espiando y denunciando vecinos? ¿alguien puede sentirse bien tratando de asesinos irresponsables a chicos que quieren ser felices y vivir sin miedos? Lamentablemente la respuesta es sí.

Mucha gente que quiero piensa de ese modo, mucha gente militante también, muchos funcionarios que viven con sueldos cómodos, muchas personas ilustradas. Y ahí es donde me deprimo y digo, que porquería la humanidad. Nos gusta el límite, caminar al borde de lo inmoral y eso que en este país lo inmoral está totalmente permitido. Pero no está todo bien. No da lo mismo. No es igual una cosa que otra. Vale la pena luchar por derechos adquiridos, pese a quien le pese. Me da asco el abuso, las mansiones de grupos militantes que hablan de pueblo, la opulencia corruptiva de la dirigencia, me indigna que se sostenga la inocencia de personas que hablan por el humilde y por la patria pero tienen sus divisas de dudoso origen afuera. No está todo bien, pero éste año, antes de la pandemia, y de la cuarentena cavernícola a la que nos someten, decidí no callar mis ideales y mis principios. Así que me siento bien. Soy republicana hasta la médula y creo que debemos defender nuestros derechos con lo que podamos, por que como decía José Ortega y Gasset: A la república solo ha de salvarla pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectar hacia el porvenir.

Diario de Cuarentena: Ventanas y valores.

Estamos en la mitad de un año perdido. Un año sitiado por causas epidemiológicas pero también por malas decisiones políticas, de esas que nos dejan parados pensando si otra vez nuestro país vuelve al caos y al fracaso. ¿Qué nos pasa?, mientras la familia aún duerme, siento que la desolación me abruma y no encuentro un motivo para tanta deshonra. Anoche veía atónita los inescrupulosos manejos de nuestro ministro de Salud. Bodegas, universidades, empresas, contratos, enjuagues de dudosa moral para un hombre que está decidiendo nuestra vida. Por qué un ser humano que juró ante Hipócrates, tiene necesidad de tanto dinero mal habido. Hasta donde los argentinos vamos en contra de otros argentinos por dinero y poder…

Sigo pensando, tal vez no quiero resignarme a lo que mi racionalidad me pide a gritos. Por otra parte, un argentino arrepentido a medias, porque seguía lucrando y viviendo de dinero corrupto, es asesinado en los pagos de nuestra vice. Los que supuestamente lo matan se relacionan a ella. La fiscal es la sobrina, pero no podemos pensar mal. ¿Nadie se da cuenta, que esta gente que habla en nombre de los pobres, son todos multimillonarios a costa de ellos?¿tan ciegos estamos? Conozco a muchas personas valiosas que defienden lo indefendible. ¿Por qué la corrupción es aceptada tan livianamente en nuestro país? No tengo ganas de dejar pasar. Este es un momento histórico. Un momento donde cada uno de nosotros debe decidir si va a hacer patria o se queda del lado de los de siempre. Los que viven a costa de la buena fe de los pueblos.

Los hechos son hechos, no interpretaciones, Los corruptos son corruptos, no importa si están a la izquierda o a la derecha. Los totalitarios son dictadores. Los ladrones, ladrones. ¿Cómo podemos seguir permitiendo tanto atropello? ¿es que nos han paralizado la mente, al impedirnos circular? Leo comentarios terribles sobre la gente que se contagia, como si fueran asesinos por enfermarse y me doy cuenta, mate en mano, que es todo lo mismo. Nos faltan valores. Y los valores, son también el valor agregado de una sociedad. Nos cobran un dólar solidario, pero no tienen idea de lo que es la solidaridad. No es algo a lo que pueda obligarse. Es un valor. Valor humano, como la honradez, la empatía, la gratitud, la paciencia, el amor, el perdón, la bondad, la humildad, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia, la justicia, la equidad, la paz y la libertad.

Como sociedad, nos perdimos de vista. Y perdimos nuestros valores. La justicia debe ser rápida para ser justa, el congreso debe ser eco de la voz del pueblo que representa para ser responsable y el ejecutivo debe respetarnos y actuar con honestidad, equidad y empatía para asegurarnos la paz y la libertad. No nos conformemos con menos, pero comencemos por casa. Te propongo pensar juntos qué valores rigen nuestras vidas. Los políticos salen de nuestra sociedad, es responsabilidad de todos.

Marcelo se levanta y me dice si no me canso de escribir un día tras otro, de intentar cambiar el mundo. Y yo le digo que no, que no me canso. Escribo porque siento que esta es mi lucha, la que me toca, la que elijo. Voy a tomar una frase del gran escritor y político nicaragüense Sergio Ramírez, con quien tuve el gusto de compartir el Congreso Mundial de la Lengua en Córdoba, cuando recibió el premio Cervantes 2017 dijo:»Escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas, porque como novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo.»

Diario de Cuarentena: Heridas

Me desperté contracturada, como si mi cuello intentara resolver la economía, mi espalda fuera el FMI y cada vértebra un acreedor de Vicentín. Es que cuando te duele tu patria, las heridas no pasan solamente por vos. En lo últimos días, ya llegando a un centenar en confinamiento, se me escapa solo el pensamiento y no refleja siempre lo que deseo.

Estoy angustiada por lo que veo, por la barbarie de las medidas y la desazón de los que están perdiendo todo. Por supuesto que me preocupan los que enferman. La diferencia es que un virus es algo inevitable. La debacle económica es una elección. Tal vez es hora de que los argentinos nos lamamos las heridas, unos a otros, para poder crecer. Porque en la vorágine discursiva siempre quedamos colgados de la política inescrupulosa constructora de pobreza. Me da mucha impresión la ceguera de la democracia argentina. Nunca valoran lo que de verdad nos definiría como una potencia, es más, lo castigan. Empecinados una y otra vez en crear una falsa conciencia de clase con falsas premisas vestidas de pueblo. Pero no nos confundamos, el progresismo en américa solo trajo hambre, y no hay dignidad en la miseria. Ni oportunidades. Parece que hablar de calidad, mérito, esfuerzo, trabajo independiente, libertad fueran cuestiones locas. Sin embargo lo loco es continuar con un asistencialismo insostenible que nos vas a llevar al fracaso sin límites.

La búsqueda debería ser superadora, y que éste virus y éste momento histórico sean solo un puño que interrumpe el tronco en desarrollo de nuestra sociedad, para que únicamente en ese punto de nuestro tiempo homérico dejemos de crecer. Y de una vez por todas, aprendamos.

Diario de Cuarentena: Como un día de domingo.

Un domingo que es lo mismo que lunes, martes, miércoles o viernes. Un domingo que dejó de tener las reuniones en familia, el aroma de los nuestros, los abrazos, los silencios. Cómo extraño mis domingos de asados con amigos, en los que la vida se ponía sobre la mesa. Que los chicos, que las salidas, si volvieron tarde, porque las madres dormíamos a media los sábados por la noche. Un domingo de juntada con hermanos, o de viajes a La Minervetta, para compartir con esa amistad que nunca pudo desvanecer el tiempo. Un vino conversado con muchos. Y brindis y alegría.

Nos quitaron la calidez de la vida. En especial en argentina. Nuestra marca registrada es el contacto. La expresividad y la sincera cercanía. Entonces cuando voy a comprar por mi barrio, porque si no soy casi hereje, y veo a la gente correrse de la gente, con ese espantoso artefacto que usamos para protegernos pero que hace dos meses no servía, y ahora hace magia. Porque los chinos lo usan y les sirve, aunque los datos no son confiables porque es un estado dictatorial, pero ellos propagaron el virus, pero la OMS dice que salva, pero decía que no era útil, pero Ginés dice que capaz sirve, capaz no, pero tiene hematoma subdural y le dejamos la salud en sus manos y tres meses después de encerrarnos como hacían dos siglos o tres atrás, dice que que capaz deberían haber testado más. ¡Pero la pelota!.

No sé que pensar. O tal vez si pienso, molesto. Porque en la argentina pensar parece ser de gente mal habida, y decir que sos librepensadora, si no estás alineada con el gobierno, ni te cuento. Ahora si los votaste, apoyás, podes matar gente en nombre de la cuarentena, ser retrógrado y machista y bajar sueldos sin que las organizaciones de derechos humanos, los movimientos feministas o los sindicatos te molesten. No vaya a ser cosa que se pierdan alguna tajada.

Me da tanto asco la sociedad actual, que extraño aún más los domingos. Esa sensación de que todo puede suceder, de ver la vida acontecer. por eso para cerrar el diario, te dejo la letra de una canción de Pires que hablaba de cosas que extraño: encuentro, aire, respirar, piel, sol, caricia, domingo.

Si pudiéramos hablar
Encontrarnos un momento
Te podría confesar
El amor que estoy sintiendo
Yo preciso respirar
El aire que a ti te rodea
Y en la piel quiero tener
El mismo sol que te broncea
Yo preciso acariciarte
Y otra vez verte sonriendo
Dentro del sueño mas lindo
Ya no quiero mas vivir
Un sentimiento sin sentido
Yo preciso descubrir
La emoción de estar contigo
Juntos ver amanecer
Que todo pueda suceder
Como un día de domingo
Haz de cuenta que aun hay tiempo
Y que solo nos importa esta emoción
Haz de cuenta que aun hay tiempo
Y dejemos que nos hable el corazón