Diario de Cuarentena: Cosmópolis

150 días pasaron del primer diario, pero seguimos con restricciones a derechos fundamentales, como reunirnos, trabajar, transitar. Hace tiempo que dedico los domingos a recomendar un libro. Hoy voy a recomendar uno que leí en su idioma original del autor Don DeLillo, queha escrito hasta la fecha una quincena de novelas, cinco obras de teatro, más de veinte ensayos, un guión cinematográfico, panfletos en defensa de Salman Rushdie y Wei Jingsheng y trece relatos. Su nombre, sin embargo, ha alcanzado fama y reconocimiento académico únicamente en su faceta de novelista. DeLillo es hoy uno de los novelistas norteamericanos mejor considerados por la crítica de su país y con mayor proyección internacional. La popularidad de su obra, no obstante, ha ido creciendo progresivamente a lo largo de los años, especialmente a partir de la publicación de Libra en 1988, que marca un punto de inflexión en términos del volumen de lectores y de la atención académica . Recomiendo, como todos los domingos de esta interminable cuarentena, una de sus obras Cosmópolis (2003).

Después de tres décadas a la sombra de Pynchon, DeLillo se revela al inicio del siglo XXI como padre de
una nueva generación de autores que se consideran sus herederos: Jonathan Franzen, David Foster Wallace o Richard Powers. Pero hoy nos dedicamos a una novela en partícular.

Cosmópolis transcurre en un solo día, el último de una época, símbolo del intervalo entre el final de la guerra fría y la era de terror, de los años 90, momento en que el mercado financiero se desploma y la «nueva economía» comienza a agonizar. Es una historia intensa que surca los temas capitales del autor: la alienación, la paranoia, el sexo, la muerte, el mercado global, el terrorismo y la relación entre poder y tecnología.

El joven Eric Packer emprende su viaje en limusina para cortarse el pelo en su antiguo barrio, el Bronx, sin saber que este viaje será más largo e incluirá inversiones con una divisa asiática, prostitutas y traiciones de sus antiguos aliados.

Don DeLillo es uno de mis favoritos dentro de los escritores contemporáneos. Cualquiera que haya leído Ruido de Fondo sabe su genialidad. Esas frases disruptivas y poéticas, que nos remiten a Hemingway cuando entrecorta una frase , a Thomas Pynchon, en la maligna y paranoica mirada de la realidad que nos rodea, DeLillo es un grande, con diálogos increíbles, con un humor particular y una visión del mundo llena de personajes encerrados y roles que se intercambian a lo Samuel Beckett.

Pero sigo con la novela que recomiendo hoy. Este viaje en limusina que es la historia abreviada del capitalismo tardío, en la visión del autor, con un joven de Wall Street ignorando las protestas de la calle al tiempo que sigue una inversión peligrosa con el valor de una divisa china. Porque, dice De Lilo, con el valor oro enterrado, el dinero ya solamente vale lo que alguien dice que vale. ¿Qué nos dicen sus abstracciones, sus frases seculares? Tantas transacciones, ambiciones y movimientos económicos, que ponen a este joven de un barrio bajo, lejos de un ciudadano promedio, algo significan. DeLillo lejos de ofrecer visiones más o menos claras de lo que sucede, nos ilumina por dentro, como si pudiera ver la forma en la que vamos comprendiendo , sintiendo y procesando lo que sucede.

Durante su viaje, el protagonista se enfrenta a una odisea , queda atrapado en un embotellamiento producido por la llegada del Presidente a la ciudad, el funeral de un ídolo de la música, el rodaje de una película y una violenta manifestación política. Cuatro parangones de una realidad que fue escrita en 2003, pero que sigue representando la sociedad actual, llena de parámetros impuestos, de ídolos de papel y de violencia política, Cosmópolis profetiza en dos mil tres, un mundo veinte veinte, convulsionado y caótico, carente de futuro. Imperdible la obra y el autor.

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