Diario de Cuarentena: ¿Dogma o conveniencia?

Una amiga me puso en el camino la idea de que la gente afín a este gobierno totalitario y caótico defiende un dogma a rajatabla. Y entonces, como siempre que hablo con gente interesante, no pude parar de pensar y repensar esto, dado que si hay algo que me horroriza es la falta de tensión en sus dichos y en sus seguidores.

Hay creencias que como tales no pueden discutirse.

Para personas que liberales, interesadas en cuestionar, y que no tenemos la particular devoción de otras por los dogmas, nos parece una locura. Pero allí fui y comencé a tratar de dilucidar esta cuestión.

Azorada empecé a a ver que cada militante dogmático tiene como contrapartida su pago.

Increíble, solo entre la gente que me rodea todos el porcentaje de trabajos públicos, obtenidos además en los últimos dos gobiernos de los Kirchner/Fernández, supera el 80 por ciento. Si a eso le sumamos subsidios o planes entre los fervientes admiradores de éste relato dogmático llegamos sin miedo al 100 por ciento.

Así vemos que clubes que no contienen a nadie obtienen subsidios impresionantes, aún cuando sus asistente no superan las veinte personas, o que en organismos públicos como Anses, Universidad, Arba, Afip, Tribunales, etc, ingresan personas carentes de la idoneidad necesaria, agrandando un estado elefantiásico con la única virtud de ser fieles a un dogma populista que se parece más a una película distópica que aun ideario político.

Entonces, después de mi breve análisis, tendré que cuestionar a mi amiga, porque tengo serias dudas que más que de dogma se trata de conveniencia.

Claro que los sueldos y las concesiones a los creyentes las pagamos todos, con nuestros impuestos.

Me dio asco, y eso sin hablar del lamentable ministerio de la menstruación, una especie de poli foro que no representa a la mayoría de las mujeres.

Diario de Cuarentena: Sensación

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano, herido por el trigo, a pisar la pradera;
soñador, sentiré su frescor en mis plantas y dejaré que el viento me bañe la cabeza Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos: pero el amor sin límites me crecerá en el alma.

Arthut Rimbaud

No sé ya qué pensar ni qué decir, tantos meses de cuarentena para nada, para tener una situación tan o más crítica que si no la hacíamos, pero con infinitos derechos perdidos, como el de libre circulación. Mi ciudad aún tiene montículos de tierra en algunos accesos. Argentinos temiendo a argentinos, argentinos denunciando a argentinos, argentinos odiando a argentinos. Hay una guerra de egos desatada que impide ver lo real, como si esos senderos surrealistas crecieran para el desamor, como si el viento en la cabeza nos quitara las ideas, entonces la sensación es la de no estar en casa. Ya no estamos en casa. Nos perdimos y volvemos una y otra vez a soñar el mismo sueño, que nos lleva una y otra vez al fracaso. La furia desatada entre la gente tiene que ver con la irracionalidad del gobierno, que sostiene el avasallamiento a la propiedad, es más la propicia, con una Ministra de seguridad cargada de teorizaciones y sin experiencia que siente que puede filosofar mientras a una familia le arrebatan lo logrado en su vida. Todos parecen delirar en un momento donde la norma y la gestión se hace necesaria para garantizarnos derechos a la salud, a la vida, a la propiedad, a la circulación, al trabajo, a la libertad. No están en una ronda filo poética con Rimbaud, es hora de dejar de jugar y de gobernar, porque se nos despega la fachada y estamos heridos de muerte.


Diario de cuarentena: Vergüenza ajena

Me levanté toda la semana avergonzada por diferentes cuestiones de nuestra vida político social, La destrucción de la trama social me averguenza, los argentinos policías de otros argentinos me avergüenzan y me recuerdan momentos trágicos que no viví pero me han contado de primera mano, la falta de respeto de los ministros y del presidente hacia la ciudadanía me avergüenza, el paparulo del «ahorren en dólares» me avergüenza, el patético besar tetas en diputados me averguenza, los artistas que sostienen lo insostenible y adoran las ollas populares me avergüenzan, la decadencia a la que este gobierno y no otro, mal que les pese, ha llevado a mi país me avergüenza, pero lo hace tiñendo esas sensación sentimental con un dolor iracundo. Porque la Justicia brilla por su obsecuencia con el poder y su destrato a los ciudadanos. Los poderes divididos de una república están desapareciendo y con ellos nuestras garantías. Ayer una María Rachid defendía todo aquello por lo que debió pelear, y me avergüenza. Hasta dónde el poder aleja a los humanos de los humanos, e incluyo a todos los que tienen un cargo de gestión y pertenecen a una oposición que no defiende los valores por los que fueron elegidos. Nuestra ciudad fundida es un ejemplo, una ciudad sin testar y pidiendo permiso. CABA es otro, cobran para representarnos, no para safar con el poder de turno. La gente seguirá en la calle porque le teme más a los políticos que a la pandemia.

Los clásicos griegos ya nos advertían de las mutantes caras de la política, capaces de transformar el instrumento básico para las sociedades, en un elemento que terrorífico que puede producir continuos problemas y hasta tragedias en la sociedad. Hablo de política en Democracia, por supuesto, tras derrocar las dictaduras pródigas que tuvimos. El Parlamento dejó de ser una cámara para escuchar la voz del pueblo, es un patio de vecinos incultos y maleducados, que en vez de manejar o proponer ideas nobles, se prodigan insultos personales., o nos muestran su vida íntima. El repugnante episodio del diputado Ameri sobra como muestra. Y un presidente de la cámara que siente vergüenza de sus pares porque no es capaz de verse. Los jueces que presionados, no actúan, demostrando su falta de idoneidad y tenemos un Presidente de la nación apabullado que no reacciona pese a las humillaciones.

Ahora, el alto Tribunal, es decir, la Corte, no resuelve por temor a la vice, y eso también me avergüenza. Deberían garantizar justicia con su independencia. Hay una doble personalidad en Fernández, que hace las veces de Jeckyll y Hyde, y que nos está afectando en nuestra vida diaria, en nuestra economía, en lo social afectivo y en nuestro futuro. La política no me avergüenza, es necesaria, la clase política sí. Han convertido la noble labor política en una democracia en signo de vergüenza. Y no escapo a esa sensación. Ya lo decía Hesíodo: La vergüenza viene en ayuda de los hombres o los envilece,

Diario de Cuarentena: Remembranza

Buen día, se acerca la primavera y seguimos igual, peor en realidad. Extraño mucho mi ex vida. Aquella en la que mis amigos mostraban la cara, en la que no éramos enemigos por pensar diferente. La época de las posibilidades y los encuentros, los abrazos sinceros que calmaban males. Un beso era bienvenido y las carcajadas o el karaoke significaban alegría y no muerte. Es tal la soberbia política en nuestro país, que nos hemos olvidado de lo que significa como ciencia.

La ciencia política constituye una rama de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por seres humanos libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.Es la ciencia social que estudia el poder público o del Estado. Promoviendo la participación ciudadana al poseer la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para garantizar el bien común en la sociedad.

¿Cuánto de eso se cumple hoy? la acción autoritaria de un presidente elegido constitucionalmente es posible gracias al miedo creado en la población. Y el concepto falaz que instalaron sobre el encierro como método para gestionar una pandemia que nos llegó como a todos, incluso peor que a muchos, porque nos toma agotados, con las defensas bajas y los bolsillos vacíos. Quiero pensar que creen que es mejor y no que usan el modelo cuarentena a piacere, pero mis buenas intenciones se caen a pedazos cuando escucho las bárbaras expresiones del presidente demagógico criticando a la ciudad que elige para vivir. O al gobernador bardeando como si estuviera en la tribuna mientras su gestión hace agua, o a Grabois incitando a ir contra la propiedad privada y aplaudiendo expropiaciones brutales. Ayer oía a una mujer que decía en una toma de tierras: es que no tenemos nada, queremos un terrenito para tener algo. El medio que la entrevistaba nunca la expuso,. en esta nueva argentina donde ser ladrón o delincuente es premiado y haber trabajado para tener algo se castiga. Nadie le preguntó por qué cree que está bien tomar lo ajeno, sacarle a otro lo que logró con esfuerzo. El concepto de que lo de el otro es de ellos, es cultural y es apoyado por millones de oportunistas políticos que resguardan sus bienes y sus billeteras abultadas pero prodigan odios hacia el prójimo. Increíble.En el sur toman e incendian viviendas con gente adentro, pero no es nada para el gobierno.

A más de 160 días de la cuarentena, seguimos aislados dentro de nuestro propio país. Seguimos enfermos, más que nunca, llegando a alcanzar a o pasar en casos y muertes a aquellos que criticaban en filminas, pero no hay autocrítica, no se entregan y denuncian de una vez por todas que se equivocaron. Ojalá los gobiernos municipales, leales al gobierno u opositores no sigan el mal ejemplo y se enfoquen en testar y anillar para evitar la masividad de los contagios, aunque por lo que veo, siguen la política de pensar que es mejor ahorrar test que cuidar vidas. Un caos sanitario, político y económico del que nadie va a salir ileso. Me da mucha pena la intelectualidad obsecuente y la falta de pensamiento crítico de nuestros filósofos. En un momento donde la ciencia médica no tiene respuestas o son engañosas, debemos creer en la humanidad, tal como cierra Camus en La Peste: «….y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las pla­gas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.»

Diario de Cuarentena: Lo que es no es.

Ante la irrupción en escena de nuestro nuevo paradigma de lo no real, creado por el presidente y sus dos adláteres, al decir que prolongan por quince días lo que no existe, según ellos, la neológica palabra posverdad, que no figura en el Diccionario de la Real Academia Española de Letras, adquiere una nueva significación, o más de una y también nuevas relaciones con las ciencias y con lo comunicacional.
Este término “irrumpió”, porque fue de esa manera feroz que el mote posverdad comenzó a utilizarse por comunicadores y políticos de todo el mundo.Claramente hablamos de posverdad cuando se trata del rol de las emociones o las creencias al momento de moldear la opinión pública en detrimento de los hechos objetivos. Por ejemplo, la cuarentena no existe, pero la extiendo.
Es aquí que puntualizo, la necesidad de repensar el valor de la objetividad en el hecho comunicacional y no“comunicativo”, porque no deseo tener una mirada unidimensional de la comunicación, que sólo se base en lo referente a la información. Por otra parte, es desde la percepción que la modernidad le otorga al sujeto, como protagonista escindido del mundo y capaz de observarlo objetivamente, que se vuelve posible propender a que los medios se alejen de una estética representacionalista.
Parecemos envueltos en una especie de metamorfosis de nuestro concepto y de nuestra vivencia de sujeto, nos cuestionamos sobre otras formas de vivir los mismos paradigmas y otras maneras de cognición y producción. Ningún hecho o un objeto es independiente de nosotros si queremos que lo que afirmemos sea válido. Toda afirmación es una petición de obediencia, en cambio, cuando la mirada nos incluye, las afirmaciones son invitaciones a experiencias participativas.

Nuestro gobierno viene pidiendo obediencia, nos deja afuera, Nos destrata. Y los medios de comunicación y la sociedad se interpelan para determinarse y, los conocimientos que construyen no deberían ser el resultado de un reflejo del mundo sino el de la creación surgida por la interacción y, de hecho, una nueva invitación a la participación.
Si indagamos el origen de la posverdad encontraremos una vasta cantidad de respuestas, ¿pero cuáles de estas nos interesan desde la realidad que acontece?
La zona gris de indefinición entre lo que es verdad y lo que no, entre lo engañoso y lo sincero, es uno de los gérmenes de la manipulación estratégica a la que estamos sometidos, la base sobre la que está montada la legitimidad del gobierno está llena de posverdades. Aristóteles describe a la mentira como la correspondencia de la proposición sobre aquello a lo que se refiere, cuando ésta no se da, la proposición es falsa, o sea es una mentira. Pero el planteo es : ¿cuál es la verdad?Hay quienes sostienen que la verdad es una sola y precisamente coincide con la propia, entonces, lo que consideran certeza, se vuelve frontera infranqueable para la disidencia o la existencia de otras verdades, otras miradas del mundo.

Nos han propuesto mucho, y se ha hecho muy poco. ¿Quién puede medir la relación entre lo propuesto y el hecho?, ¿quién puede dar fin a algunas certezas y comienzo a otras. Le podemos dar estas atribuciones tan relevantes para la sociedad a políticos que ya mostraron sus flaquezas o medios de comunicación parciales?
Se dice que la posverdad es la nueva ecología mediática que propone a las redes sociales como los nuevos y súper- poderosos medios de este siglo, como la existencia palpable del universo personal y social transformado en una red fluyente. ¨Para muchos, las redes “detentan” el poder para construir agenda, por ciertos motivos: la facilidad para la publicación de noticias falsas, la debilidad de las barreras de acceso para publicar; la complicación para detectar falsas noticias por el público y las consecuencias de una tremenda crisis cultural de conocimiento que padecen las instituciones y la comunicación.
Slavoj Zizek sostiene que la gente ya sabe todo y aún así cínicamente, actúa como si las mentiras fuesen verdades ¿Será la posverdad una metáfora que eluda la eternización del status quo?

En nuestro presente, parece que lo que es, no es, y ese discurso lo sostienen los medios de comunicación y los estratos de poder. El propio presidente se ahoga en su mar contradictorio y falaz, el gobernador se calienta con la indolencia de los débiles ante un fracaso evidente y el supuesto líder de la oposición coquetea con su propio poder hasta quedar al desnudo. Tanta posverdad me lleva a creer que estamos viviendo en una paradoja, similar a la de Epiménides, con líderes que aparentan auto contradecirse si se siguen un razonamiento, pero podemos fácilmente mostrar que dicho razonamiento no es correcto.
En este devaneo entre lo falso y de lo verdadero, queda la realidad pandémica de un pueblo hastiado de contradicciones, de promesas incumplidas, de comparaciones tan dramáticas como falsas y sin respuestas para lo que acontece hoy, de verdad, con la palpabilidad de lo cierto, que ya no admite más la flojera de adalides que viven de relatos.

Diario de Cuarentena: Cien días de soledad

Buendía, Aureliano, era un liberal que intentaba cambiar el mundo. Creo que nos hallamos viviendo en un Macondo en el que nos pretenden estatizar. Porque tomando las palabras del gran Alejo Carpentier estamos en un proceso donde lo real imaginario se parece: «(…) al estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano.»

Como si debiéramos dejar de lado nuestra etapa de Macondo bananero en el que mágicamente se nos permitió desear el progreso y eso fuera un pecado que no somos capaces de sostener. Porque el deseo de crecer es mal visto, la generación de riqueza nos exacerba y en un proyecto sin sentido al que llaman unidad nacional dejan afuera a todos los que pueden engrandecer, producir, creer en la movilidad de clases, como si fuera una quimera maniática.

Jugando con la historia del García Márquez podemos decir que la ilusión de prosperidad del pueblo existe, pero una huelga de trabajadores hará que todo esto acabe en una auténtica masacre. Los inversionistas, se retiran con su dinero y Macondo vuelve a la pobreza.Pasan los años y poco a poco el pueblo se va vaciando. Otro Aureliano, que se caracterizaba por ser sabio, pasa la vida descifrando los pergaminos que había escrito Melquíades-nuestra historia es un continuo descifrar-, nos haría falta un sabio para contrarrestar tanta ignorancia.

Pero, como estoy en una etapa donde elijo el positivismo, aunque cien días después suene quimérico, creo que podemos evitar que nazca un niño con cola de cerdo, un niño en un chiquero que no pudimos limpiar por no desterrar a una estirpe fracasada de políticos sin visión de estado-con su permiso, don Gabo- «porque las estirpes condenadas a cien días de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra». 

Diario de cuarentena: el otro.

Ya me da vergüenza decir de cuarentena a los 91 días, pero es un nombre simbólico que siento que adquiere cada vez más significado en este juego diario que nos propone un poder draconiano y obsoleto que pretende tapar su ineficacia con runners.

Pero, a pesar de la cuestión política y de los deseos de muchos, sigo con la fuerza necesaria para producir, escribir, tratar de que la literatura y la cultura no sean anuncios y quimeras. En la cultura parece que vivimos para preguntarnos, pero siempre hay que pasar al acto, porque de lo contrario somos filósofos de la cultura, no artistas. Por eso escribo, aunque me repita y te aburra. No es fácil la creatividad 91 días seguidos. Hoy me pregunto por vos, por ese otro que me lee y que también soy yo. Porque soy con tu lectura.

¿Qué pasa en tu vida? ¿estás solo? ¿estás bien?. Y me permito recordar otros momentos de hace más de treinta años atrás o cuarenta, cuando los virus, el sarampión que creo que hoy sería de una infodemia total, la viruela, la varicela, la tos convulsa, y otras enfermedades que hasta nos obligaban a contagiarnos para que las tuviéramos todos los hermanos juntos. Y apelo a esto para equilibrar nuestro miedo. Este virus es un virus, no se va a ir, y aunque quieran que nos encerremos para siempre, es la metáfora del esclavismo. Tenemos que superar el morbo de contar quien muere y quien se contagia al minuto y vivir, o sino, ya estamos muertos. Es contagioso, sí. Es letal, a veces, muy pocas veces, como casi todos los virus. Y gracias a DIos que es así. Pero la vida es riesgo, no es de lo único que podemos morir. Y no veo que le dediquen tanta tela a otras patologías terribles que padecemos los humanos. No somos eternos. Es hora de comprenderlo y de vivir con ese certeza.

Te invito a compartir tus experiencias, a evidenciar tus sentimientos, a no callar. Y si me leés, escribime. Aunque a nadie le importe, vos me importás. Me importa saber como la estás pasando en una sociedad donde en pos del bien común, nos encierran, nos abruman, nos aniquilan, y apelan al morbo de la peor manera, enfrentándonos. Somos gemelos y espejos, en este andar apesadumbrado y feroz, Por nosotros, debemos unirnos, y en paz.

No hay política sin cuerpo, ni sociedad sin virus

Estamos en una revolución. Entre viejos y nuevos paradigmas. Entre el miedo y el poder. Con cuestiones de interés nacional e internacional, que nos impiden ver el complejo bosque de la humanidad.
Foucault, que padeció y murió en una epidemia, describió la transición desde una “sociedad soberana” hacia una “sociedad disciplinaria” como el pasaje que realizaba una comunidad, para que la soberanía signada por el derecho a decidir la ceremonia de la muerte, virara hacia una sociedad cuya independencia se defina por cómo gestiona y maximiza la vida.

Entonces entendía que los gobiernos utilizaban una forma de poder espacializado, que se extendía en la totalidad del territorio, hasta penetrar en el cuerpo individual, somatizando en él la política reinante.
Cabría preguntarnos que tipo de sociedad estamos siendo, para que el síntoma sea este virus, que nos deja sin inmunidad posible, nos sostiene en el encierro y en una nueva guerra biomédica, que nos tortura al punto de no exonerar a nadie. Nuestra comunidad, como grupo aglutinado a una ley, está siendo severamente desgastada por una infección.
No estamos preservados frente a él. Pero la pregunta sería qué estamos dispuestos a sacrificar para protegernos. En cuál paradoja caeremos.

Toda vida trae consigo su muerte, y toda política su necro política, Por eso es tan importante la adoptada en la cuestión de salvarnos, de lograr ser exonerados de este azote viral que se nos asemeja y nos refleja. Nos paraliza porque está hecho a imagen y semejanza nuestra. Nos puso a la par. Pero no respondemos por igual ante su estimulo. Y eso no es algo aceptable para casi ninguna casta política. Siempre buscamos peligrosamente uniformarnos para no ver la diferencia, que mostrar la excepción, aquello que no podemos controlar, lo único.
Queremos ser inmunes, pero la inmunidad es una construcción social colectiva que va a generar soberanía o exclusión, vida o muerte. ¿Estamos preparados?

Las epidemias son casualidades de la biología, ¿o son nuestras propias decisiones políticas materializadas en el corpus social? En la terrible pandemia que atravesamos, estamos cerrando fronteras, y la cuestión de patria grande que predicamos de la boca para afuera, se cae a pedazos ante un coronavirus que viene para mostrar quienes somos, cómo nos protegemos y que soberanía somos capaces de sostener.
Es muy probable que el virus ponga a la vista nuestra propia vocación de gestión, manifestada en la elección de nuestros líderes, y en las decisiones tomadas sobre las cuestiones biopolíticas y necro políticas subyacentes. Con toda esta situación en marcha. que nos define como una sociedad que se asemeja al virus que la amenaza, debemos hacernos cargo de ello, y también tenemos que ver quiénes somos, de acuerdo al accionar que adoptemos frente a la pandemia.

Estábamos atravesando ya, antes del virus, un cambio social y político tan radical como el que afectó a las sociedade que desarrollaron otras epidemias en el pasado. Hubo epidemia cuando se pasó de una sociedad oral a una sociedad escrita , por ejemplo, y hoy que nos hallamos en el tránsito de una sociedad firmada de puño y letra a una sociedad ciberoral, de una comunidad biológica a una digital, de una economía manufacturera a una economía inmaterial, con soluciones de control social que pasan por la prostética y lo mediático-cibernético, entonces ese cuerpo foucaultiano, el cuerpo y su subjetividad, ya no se regulan por lo formal, sino por las tecnologías de transmisión y de información que nos invaden. Esta biovigilancia nos atraviesa, nos vuelve volubles a un placer que podemos cuantificar. Más nos tecnoclasificamos y más sanos estamos, mejor nos controlan. Todo el tiempo y toda nuestra vida, física, comercial, de relación, hasta nuestra salud está en las redes. Somos móviles para ciber política. en Kentukis, de la autora Samanta Schweblin se refleja en una novela, un claro ejemplo de tal afirmación. Ver y ser vistos. Uno y el otro.

Nosotros, como el virus, estamos mutando, y hacia donde iremos con esta depredación comunitaria universal no lo sabemos. Pero vamos eligiendo nuestros muertos. La sociedad política lo hace, la biopolítica con su necro política. Veremos en breve, como entendemos después de esta crisis inmunológica mundial, el concepto de sociedad. Y donde estaremos parados, con qué fronteras culturales nos habremos quedado, ¿Achicaremos tanto nuestros límites que quedaremos encerrados en las líneas de un barbijo, o podremos tener una apertura nuevamente al mundo a pesar de sus riesgos?

La Covid-19 ha desplazado las políticas de la frontera. El cuerpo, el tuyo, el mío, es un nuevo eje de poder. La nueva frontera necropolítica es tu casa. Pero el límite real es tu cuerpo. Solo estás a salvo con vos. EL otro, cualquier otro, es enemigo. Pero resulta que todas estas celdas te van a llevar nuevamente a que el otro, sos vos. Y en ese universo unipersonal que te queda, ese en el que solo entrás vos y tu subjetividad, tal vez comiences a pensar en el otro. Y en que formas parte de una comunidad. A partir de allí, nuestra salud no provendrá jamás de la imposición de fronteras, sino de adquirir una nueva conciencia comunitaria que incluya el equilibrio del plantea.
De los nuevos pactos que como seres vivos podamos acordar, así, al fin de cuentas la política tendrá sentido y vendrá a transformar la sociedad, en algo más que un cierre de puertas. Es muy probable que el virus lo hayamos creado como sociedad, para obligarnos a un cambio necesario que nos devuelva la posibilidad de comunicarnos y comprendernos más allá de las redes. De persona a persona, tras una cuarentena reactiva como respuesta negativa al ataque, que de ninguna manera puede ser la solución, pero que, como toda crisis, puede encolumnar la sociedad planetaria hacía otro mundo, donde el corpus de la humanidad no necesite pandemias para evolucionar.