Diario de Cuarentena: Movilidad Social

Provengo de una familia donde la Movilidad social fue posible, el mérito una meca y el esfuerzo una condición. No es un término cualquiera el de tener movilidad social. La movilidad social se refiere al movimiento de las personas de un nivel socioeconómico a otro. Una persona tiene movilidad cuando cambia su situación socioeconómica en relación a la del hogar en que nació. Mis padres lo lograron, a mí me resulta una torre de Babel inalcanzable y mis hijos no lo ven posible.

Podemos decir que el grado de movilidad social es un termómetro de la igualdad de oportunidades que las personas tienen en una  sociedad para alcanzar el éxito y una buena calidad de vida. Los países que logran brindar dicha igualdad de oportunidades a sus habitantes, aprovechan y maximizan el talento de su población. En los países donde esto no ocurre y no hay  posibilidades de competir en circunstancias similares, como el nuestro, crece la desigualdad, se generan tensiones sociales, la delincuencia incrementa y la cohesión social se deteriora. Hay particularidades en cada nación, es posible identificar factores que influyen en la movilidad social de las personas, es relevante el nivel de educación que aquí parece no importar, de hecho vamos a aprobar un año entero sin calificar en desmedro del esfuerzo docente y el de los propios alumnos que continuaron en un sistema nuevo buscando aprender , el género, el grado de urbanización y aislamiento de las comunidades en donde viven, y también el grado de educación de los padres.

Si como país pudiéramos dejar de lado las mezquindades y los remilgos de la clase política, en especial de la que gobierna, ocupada en mantener un miedo sanitario para no hacerse cargo del descalabro de su gobierno que se acerca al año de gestión sin hacer nada, podríamos crecer en un mejor entendimiento sobre la manera en que estos factores detonan u obstaculizan el progreso de las personas en la estructura socioeconómica, para implementar medidas y acciones que nos permitan construir una sociedad de oportunidades para todos. Que no significa dar a todos limosna ni que todos somos iguales, Ofrecer las mismas oportunidades y luego el mérito o esfuerzo de cada uno, sus propias acciones lo harán más o menos exitoso, y además le permitirá crecer o no, según lo merezca en base a sí mismo. Sin dudas sería una sociedad más justa y más humana.

Diario de Cuarentena: Buscando la Justicia

Hoy voy a manifestarme, a las 16, como vengo haciendo cada vez que el pueblo se planta ante la desidia de los tribunales, de la justicia y de una clase política ocupada en sostener su sustento eterno en lo público más que en proteger la república. La ciudadanía marca agenda y la justicia mira para otro lado.

La justicia (del latín iustitĭa, que, a su vez, viene de ius —derecho— y significa en su acepción propia «lo justo») tiene varias acepciones en el Diccionario de la lengua española. Es un valor determinado como bien común por la sociedad. Nació de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes y se conformó como el conjunto de pautas y criterios que establecen el marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de estos. Estas reglas tienen un fundamento cultural -basado en un consenso amplio en los individuos de una sociedad sobre lo bueno y lo malo y aspectos prácticos de cómo deben organizarse las relaciones entre personas. Se supone que en toda sociedad humana, la mayoría de sus miembros tienen una concepción de lo justo y se considera una virtud social el actuar de acuerdo con esa concepción- y, en la mayoría de las sociedades modernas, un fundamento formal-el codificado en varias disposiciones escritas, que son aplicadas por jueces y personas especialmente designadas, que tratan de ser imparciales con respecto a los miembros e instituciones de la sociedad y los conflictos que aparezcan en sus relaciones-, que intervienen dentro del mismo concepto. En Argentina esto no se cumple y estaríamos buscando un corpus judicial que no se acomode a los políticos de turno. La ciudadanía en cambio, es juzgada con fiereza y terminan siendo castigados justos por pecadores.

¿Dónde está la Justicia? si nos ponemos a filosofar la justicia es una virtud y «lo propio de toda virtud y hábito es ser una disposición que inclina de un modo firme y permanente a sus actos».​ Y es una virtud cardinal, una virtud principal, ya que sobre ella gira la vida moral de la persona. La justicia, como virtud, reside en la voluntad, es decir, en el «apetito racional» según Santo Tomás de Aquino; no es justo quien «conoce» lo que es recto sino quien obra rectamente. Es justo quien ejerce su facultad apetitiva y al no poder radicar en el apetito sensible, reside en el apetito racional, es decir, en la voluntad.Es una virtud en la que, al inclinar a dar a cada uno lo suyo, predomina la objetividad. Bueno, nuestro aborrecible senado duerme el sueño de los justos pero obra con un apetito sensible a su presidenta y destroza cualquier objetividad posible. Golpea institucionalmente la república y se abraza al autoritarismo desconociendo para que fueron convocados por el pueblo. Los tribunales, casi siempre cerrados y con sus miembros sentados sobre sus opulentos sueldos están a disposición del poder y no de la verdad y la gente, como nosotros, como vos, como yo, tenemos que gritar más fuerte y arriesgarnos a más para evitar el descalabro de la república. No hay peste más peligrosa que una justicia dominada por el poder político de turno, ni más injusta. Albert Camus decía: Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.

Diario de Cuarentena: Hacerse cargo

“Si la república es cosa del pueblo, y no es pueblo el que está unido con el consentimiento del derecho y no hay derecho donde no hay justicia, si duda se colige que donde no hay justicia no hay república.”
SAN AGUSTÍN

Ante los nuevos y terribles acontecimientos nacionales voy a dedicar mi diario de hoy a la Justicia y al asqueante doble discurso del gobierno y de muchos de sus fanáticos. Entre ellos los funcionarios que ahorran en dólares y critican al pueblo que se intenta salvar especulando de los embates de una economía dislocada y ambivalente que castiga la producción y premia la delincuencia.

El doblepensante sabe que miente y que ha dicho otra cosa, por eso maneja los recuerdos y los desmiente con cinismo, sabe que está alterando la realidad, pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada.Es decir, para comprender el doblepensar debe usarse la técnica del doblepensar. Para convivir con ellos la alienación de la lógica resulta imprescindible. Uno de los efectos que esta práctica produce en el psiquismo sin dudas es la división de la mente en capas o estratos como si el yo tuviera en su escisión unos “separadores” para no sufrir los embates de las continuas desmentidas a los que se lo somete.

Los que imponen el doblepensar a la población, es decir los que tienen el poder, son aquellos que lo cultivan: aquellos que saben mejor lo que está ocurriendo son a la vez los que están más lejos de ver al mundo como realmente es. Más comprensión, mayor autoengaño: los más inteligentes son en esto los menos cuerdos. Pero ¿de qué hablamos? mentira e hipocresía con su doblepensar y desmentida como una cuestión que apela a un inconsciente, a un autoengaño doblepensante o simplemente a una actitud artera y planificada y pensada para propio beneficio. Es difícil no pensar que se mezclan en mentes encendidas por el amor al poder y la avaricia y que falsas al fin, usan la ignorancia del pueblo como vehículo.

.Si quienes ejercen el poder se conducen así sólo podemos calificarlos de “monstruos”, pero como decía Primo Levi en La tregua: “Los monstruos existen, pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los hombres comunes”.  Y aquí está nuestra responsabilidad. Los llevamos al poder, muchos de nosotros, hay que hacerse cargo, no llegaron por la fuerza, la ciudadanía común, tiene que poder reconocer sus errores basados también en una actitud doblepensante , de dos discursos, el que digo y el que hago, la sociedad votante es responsable de que personas de tan baja categoría nos gobiernen. Si seguimos siendo ambivalentes, el país no cambia.

“El Partido os decía que negaseis la evidencia de vuestros ojos y oídos. Ésta era su orden esencial”.

George Orwell, 1948

Diario de Cuarentena: Antropofauna impune.

Ayer la sociedad civil se asqueó ante la impunidad.¿Pero de qué se trata ? Las graves violaciones de los derechos humanos acontecidas a lo largo de la historia y que han quedado sin castigo fueron las que hicieron relevante el concepto de impunidad. En la actualidad este concepto ya no se relaciona únicamente con la ausencia de castigo, sino con la existencia del estado de derecho y la eficacia de los órganos jurisdiccionales. El problema por combatir la impunidad de los graves crímenes cometidos por los Estados empezó a tomar relevancia y popularidad a raíz de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Comunidad
Internacional inició el trabajo de encontrar un mecanismo que justicializara las atrocidades cometidas por las partes en conflicto. A raíz de la experiencia de los Tribunales de Núremberg y Tokio se empiezan a
concretar los esfuerzos internacionales para evitar la impunidad, sin embargo, el término no se acuña hasta años después, luego de que Naciones Unidas decide darle importancia a la lucha contra la impunidad.
Recién en los 90´s con el informe de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección de las Minorías titulado “La Administración de Justicia y los Derechos Humanos de los Detenidos se la tomó en cuenta. Es Louis Joinet quien logra introducir en un instrumento internacional la definición de impunidad desde el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Pero en cuanto al concepto impunidad queda una deuda pendiente a nivel de investigación científica, ya que se debe profundizar doctrinariamente en la aplicación del concepto impunidad, así como conocer la eficacia de la lucha contra la impunidad, analizar la aplicación de los instrumentos e instituciones creadas para este fin, por medio del estudio y evaluación de casos concretos, complementándolo con análisis estadístico de resultados y avances concretos en cada país en la consolidación del respeto a los derechos humanos, en la búsqueda de un mundo cada vez más justo. Vemos en todos los antecedentes que siempre se habla de la impunidad y de su análisis cuando los afectados son los detenidos. Y está muy bien, pero ¿qué ocurre, como en nuestro país, cuando la impunidad es hacia el ciudadano que tributa y ve libre a los corruptos detenidos? ¿Cuando quedan impunes atropellos contra la república? Nos debemos un debate profundo sobre por qué toleramos con facilidad la impunidad económica. Para poder enfrentar con éxito los graves problemas de impunidad que afecta día a día los derechos humanos de las personas, los organismos internacionales recomiendan a los Estados dar a esta grave problemática el lugar que les
corresponde dentro del marco de interés socio político, porque las luchas individuales no bastan para combatir la impunidad. Entonces, en este diario de hoy, propongo pensar la impunidad como inherente a la antropofauna argentina, tan amiga de lo ajeno y de la «avivada» y con tanta inclinación para hablar de derechos humanos propios y desconocer los de otros, y desde ese lugar de lo propio, analizarla, castigarla aún en los que consideramos amigos y comenzar una revolución desde lo social contra lo impune. Tal vez así la Nación tenga futuro.

Diario de cuarentena: Si de Justicia se trata…

“El hombre es libre si sólo tiene que obedecer a las leyes y no a las personas.” Friedrich von Hayek

El Senado ayer, siendo quienes deben velar por nosotros promulgó reformas que pretenden solucionar entuertos judiciales privados, en nombre de lo público y apelando a la Justicia Social.

Hayek decía que la razón por la cual la mayoría de la gente continúa creyendo firmemente en la «justicia social», incluso después de haber descubierto que no saben realmente lo que significa la frase, es que piensan que si casi todos creen en ella, por algo debe ser. La base para esta aceptación de una creencia casi
universal, cuyo significado no es comprendido por la gente, es que todos hemos heredado de un tipo anterior y diferente de sociedad, en la cual el hombre existió por mucho más tiempo que en la presente, hay algunos instintos hoy profundamente arraigados que son inaplicables a nuestra civilización actual.

De hecho, el hombre emergió de una sociedad primitiva cuando, en ciertas condiciones, un número cada vez mayor de individuos tuvo éxito, descartando aquellos mismos principios que habían mantenido unidos a los grupos más antiguos.

El total vacío de la frase «justicia social» se demuestra en el hecho de que no existe ningún acuerdo sobre lo que requiere la justicia social en cada instancia particular; también en que no existe ningún test conocido a través del cual decidir quién está en lo correcto si las personas difieren, y que ningún esquema preconcebido de distribución puede ser efectivamente diseñado en una sociedad cuyos hombres son libres. Esto en el sentido que les es permitido usar su propio conocimiento para sus propios propósitos. En efecto, la responsabilidad moral individual por las acciones de cada uno es incompatible con la realización de cualquier modelo general de distribución.

¿En manos de quiénes estamos dispuestos a dejar esa supuesta justicia distributiva, que dista de ser social?

La palabra justicia, vilipendiada y destratada por los sucesivos gobiernos se refiere a lo justo. ¿Es justo que la ciudadanía esté viviendo la pandemia en estas condiciones? ¿es justo que, con la gente temiendo por su vida y carente de libertad se realice una reforma a la justicia? ¿ Hay siquiera algo de sentido de lo justo en la inconducente sucesión de decretos para definir la vida de una sociedad republicana? Los miedos por un virus no pueden tapar lo obvio. Necesitamos urgente una nueva mirada cultural. La evolución cultural a través del aprendizaje es la que nos enfrenta con los instintos naturales que poseemos. No vamos a crecer por creencias populistas.

La civilización creció, no por la prevalencia de aquello que el hombre pensaba que podría ser más exitoso, sino por el crecimiento de aquello que se demostró como tal, y que, precisamente porque el hombre no lo entendía, lo llevó más allá de lo que hubiera podido jamás concebir. Si de justicia se trata, en este país hay que empezar por los líderes, que todo el tiempo tratan de esquivarla. Por eso no vivimos en paz, porque «La verdadera paz no es simplemente la ausencia de guerra, es la presencia de la justicia».1

1-La frase corresponde a Jane Addams.

Diario de cuarentena: La Vorágine

“Mas yo no compadezco al que no protesta, un temblor de ramas no es rebeldía que me inspire afecto. ¿Por qué no ruge toda la selva y nos aplasta como a reptiles para castigar la explotación vil? ¡Aquí no siento tristeza sino desesperación! ¡Quisiera tener con quién conspirar! ¡Quisiera librar la batalla de las especies, morir en los cataclismos, ver invertidas las fuerzas cósmicas! ¡Si Satán dirigiera esta rebelión!”

 José Eustasio Rivera. La Vorágine, 1924

Es difícil sostener la vida en cuarentena, cuando comienza a superar los cuatro meses. Llenos de faltas de respeto, de odio, de privaciones a la libertad y a los derechos, de ignorancia en el poder y de resentimientos. Cuatro meses perdidos. Por todos. Los ciudadanos perdimos tiempo, dinero, paciencia, salud, afectos, inicios, familiares, abrazos, ilusiones y hasta coherencia. Los gobernantes perdieron la vergüenza.

¿Con qué derecho vienen cuatro meses después del encierro a decirnos que el sistema puede colapsar? Supuestamente nos encerraron fuera de tiempo para que no pase. ¿Cómo pueden ser que abramos en el pico? Sólo si son ineficaces, y es mentira que nos cuidan, que les importamos, que hacen todo por nosotros. El ministro de economía, un tipo de voz suave y cerebro achatado por la repetición de slogans baratos, dice que ahora lo importante es el día a día, ¿ para qué le pagamos muchos sueldos de personas que ganan miserias con lo aportado por años a estos tipos? Mientras en el gobierno se tiran con munición pesada, la Argentina se funde. Supuestamente cuidan a los mayores. Mentira. Los hechos demuestran que están peor. Son nuestra memoria, y los estamos pisando. No solo no son cuidados sino que los dejamos solos, sin la familia, alienados en el mejor de los casos en sus casas. Ven y atienden al delivery pero no a sus hijos.

Por favor, pensemos. Usemos la lógica. Todo lo acontecido y lo que pasa hoy está fuera de la sensatez. No podemos reunirnos (totalitarismo puro) pero sí podemos hacer colas como vacas o tomar distancia entre miles. No podemos permitir que la pandemia sea la excusa para tanta ignominia. Me duele el cuerpo de la bronca que me da. Estamos todos fascinados con Luis Lacalle, que es nada más que sensato. ¿Por qué votamos tan mal? Y cuanto más vuelta le doy más caigo en la misma palabra: Valores. Nos faltan valores.

Si nos da lo mismo la corrupción, y decimos que es mentira la verdad, que no roban los que roban, que es bueno quien es siniestro, solamente para sostener relatos de dudosa ideología, si nos empachamos de pueblo de la boca para afuera pero después los explotamos, los silenciamos, les aseguramos la inmovilidad y la ignorancia, si a los que progresan los odiamos, les quemamos los silos, les secuestramos los hijos; si a un asesinato claramente relacionado con la política y la corrupción, lo dejamos disfrazar de cuestiones amorosas, si desaparecen nuestros hijos y nos callamos, si alienan el cerebro de los jóvenes con drogas y alcohol y miramos de costado, nunca vamos a cambiar.

Los mismos periodistas que hoy se quejan de aprietes, ayudaron a que este gobierno, basado en una gran mentira, acceda al poder. Los mismos que hoy hablan de libertad de prensa, operaron. Y así con cada rubro, los empresarios coimeros, los funcionarios corruptos, los ciudadanos indiferentes. A todos nos faltan valores. No es lo mismo. No da igual. Nuestros compatriotas no pueden ser nuestros enemigos. Hay que consensuar. Los gobernantes y políticos no están a la altura. El pueblo debe hacerlo. Pero con ética, principios, sentido común, empatía, claridad. Con una vorágine de valores.Hay que volver a creer para poder crear.

Diario de cuarentena: Metáfora

Ya sé que no lo podés creer. Que siempre pasa lo mismo. Que acá nadie paga las consecuencias de la corrupción. Que da asco. Que es inmoral. Que con lo que se robó ese y otros tipos en la obra pública se generaría trabajo y riqueza. Ya lo sé. Pero el problema no es Báez, es la Justicia. El problema no son este cajero impune y el vicepresidente corrupto. Es que votamos a los mismos. Una y otra vez. Llegan al poder porque hay una gran parte de la ciudadanía que no condena la corrupción masiva si le tiran algo a ellos. Es mucho más profundo, vivimos en una metáfora, donde la justicia es una más. Jueces serviles, pero también hay ciudadanos serviles. Y no hablo de la gente necesitada que es comprada por un voto, esas personas son víctimas. Hablo de una clase social que hace la vista gorda a la corrupción del sistema. No puedo aún comprender porqué. ¿Serán también corruptos? ¿es una cuestión simbólica donde con tal de sostener un supuesto progresismo de ideas no nos importa que se roben al país?

Hoy es 9 de Julio, un día de independencia. Un excelente día para luchar por la patria. Con actos cívicos, con la palabra. En libertad. Porque si nos quedamos esperando a la Justicia, que no existe, que hoy es nada menos que la representación de lo inefable en argentina, es muy probable que muramos antes de ver que la corrupción se condene. Me pregunto que pruebas extras necesitarán esos jueces. Cajeros de bancos devenidos mágicamente en multimillonarios, secretarios privados de presidentes asesinados en el mejor de los casos para quitarles una fortuna incalculable y mal habida. Este diario sencillo, de ciudadana de a pié está siendo un registro de atropellos, con fecha cierta. Pero no es algo que festeje. Me repulsa. Me ahoga. Por eso creo que debemos cuestionar todo, para saber cuál es la verdad. Porque sino, aquellos que creemos en la decencia, la honradez, la palabra y la justicia, haremos agua y también seremos metáfora.

Feliz día de la Independencia. Honrémosla.

Diario de cuarentena: Libertad, libertad, libertad.

El sol es radiante. Un sol de otoño deslumbrado por los colores de los árboles y la falta de prejuicio de los hombres. La gente sigue naciendo, atrevida, y nos hace más fuertes. Los abuelos no pueden conocer a sus nietos recién nacidos. No pueden abrazarlos, pero pueden confraternizar con médicos, con otros abuelos si están en una institución o con el que les vende el pescado. El sol tampoco comprende esta locura del mundo.

Voy a tratar de tomar aire, y no rezongar. Mi hija me dijo que rezongo. Entonces, como valoro su mirada mora, además de amarla, me puse a investigar por qué. Descubrí primero que rezongar o refunfuñar es emitir [una persona] sonidos no articulados o palabras murmuradas entre dientes en señal de enojo o desagrado. En realidad yo me quejo, porque la queja es la reclamación o protesta que se hace ante una autoridad a causa de un desacuerdo o inconformidad. Me quejo en forma oral y escrita y también con descaro ante una realidad que cercena mi libertad. Es probable que mi hermosa hija, justiciera y abogada, tenga otra forma de hacerlo. Pero los de mi generación sabemos que la violencia solo engendra violencia y que nos queda la palabra en un país donde la justicia brilla por su ausencia.

Me quejo entonces, aunque tome aire, porque siento en él otros aires, algunos conocidos, porque no es necesaria la extrema derecha para el totalitarismo, es lo mismo si va hacia una izquierda disfrazada. Yo siento, y se lo dijo a ella, que la república está en riesgo, que nuestra vida como la conocíamos está en riesgo y es por eso que hay un tango quejoso en cada escrito que produzco. porque huelo el peligro a pesar de amanecer en un hermoso día de sol. Más aún cuando la justicia desaparece, y nos deja solos ante el atropello a nuestras libertades.

Nadie va a impedir que ame, que abrace a mis amores, que use mi voz y mi libertad para escribir. Estamos recordando la revolución de mayo de 1810, ésto decía Mariano Moreno sobre la libertad en la escritura :“Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración; no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente el mérito y la virtud, porque hablando por el mismo en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán al polvo los escritos de los que indignamente osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.”

Sigo quejándome hija mía.

Diario de cuarentena: Valores

Sábado. Que es lo mismo que lunes, martes o miércoles, porque aquellos que aunque contra nuestra voluntad, cumplimos el confinamiento, y cada vez somos menos, hemos perdido el sabor del fin de semana. En un testar sin cesar de días iguales, casi sin tiempo. Sin embargo hay otros que perdieron más que las referencias temporales, o tal vez nunca los tuvieron, hablo de los valores. Los humanos, los sociales, los que hacen posible un convivencia amorosa y productiva en la sociedad. Hay algunos, unos siete, bastante necesarios para la vida democrática, que se supone que es la intentamos llevar. Te los enumero para que puedas vos también analizar tu entorno, y si querés me contás como lo ves.

Primero, convengamos que elegimos y luchamos por vivir en democracia y la democracia es una forma de vivir en sociedad, que solo es viable si se fundamenta en un conjunto de valores, como la libertad, la igualdad, la justicia, el respeto, la tolerancia, el pluralismo y la participación.

La libertad es fundamental , porque nos garantiza la posibilidad de autogobernarnos. Esto significa que una persona no está obligada a asumir o acatar aquellas obligaciones o vínculos que no acepte como válidos. Y los que nos representan deben responder a nuestra voz. La libertad nos garantiza como individuos participar voluntariamente en las acciones y decisiones políticas que nos atañen. Sin embargo, nuestra libertad no puede ser ilimitada; acaba donde comienza la de los otros. En una democracia, la libertad, como forma de participación política y social, se traduce en libertad de expresión, de pensamiento, de reunión, de asociación, de manifestación, de sufragio, y seguiría pero tenemos tantas libertades que me harías callar, el tema es ejercerlas.

La igualdad es un principio según el cual el Estado nos garantiza a todos los ciudadanos los mismos derechos y obligaciones, sin favorecer o menospreciar a uno u otro individuo o grupo. ¿Cuesta eso no? vemos a diario personas que desprecian el pensamiento de otros. En la vida política y social de una democracia, se debe respetar el derecho de todos sin importar el color de piel, el sexo, la religión, el origen, la ideología o el poder adquisitivo. En la igualdad no hay, para el Estado, ricos o pobres, mejores o peores, empresarios u obreros, sino solo una clase de individuo: el ciudadano. Y eso hace que todos, seamos iguales ante la ley. En nuestro país hace mucho tiempo que los organismos del estado han olvidado lo que significa, por eso el caos y la impunidad.

La justicia, el Estado de derecho, la legalidad y su institucionalidad, permanencia y estabilidad son fundamentales para la existencia de una democracia, ya que esta no puede existir si no hay respeto a los derechos y las libertades de los ciudadanos. Vivimos en una democracia, en ella las relaciones a nivel social e interpersonal deben encontrarnos en un marco de respeto mutuo. El respeto no solo es fundamental para la convivencia armoniosa, sino también para que haya justicia, libertad, igualdad, tolerancia y pluralismo. Acá me detengo ¿vos respetás al otro? ¿realmente? Te cuento que yo siento, que, a veces, estamos tratando de convencernos de pensar iguales, y forzarnos unos a otros, en vez de enriquecernos en el disenso. Me tomo un mate y sigo, se me seca la boca con estos temas.

La participación es un elemento clave del sistema democrático, porque por ella el poder reside en el voto, que es la manifestación de nuestra soberanía popular. Todos tenemos derecho a participar con propuestas e ideas y a someterlas a consulta para elegir, bajo el principio de la mayoría y el respeto a su voluntad, qué rumbo tomar como colectivo. Claro que no es un colectivo de un solo color, sino sería una dictadura, la oposición en las cámaras y la imparcialidad en la justicia, aseguran la verdadera representación. ¿No te parece que los que asumen se olvidan fácil de ésto? ¿y nosotros, como pueblo, nos ocupamos del control de aquellos que nos representan? ¿o esperamos que hagan todo y nos sentamos a ver?

El pluralismo supone el reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad y la complejidad de los individuos y los grupos que forman parte de nuestra sociedad. Me da gracia la definición en una sociedad que destruye al que piensa diferente, creo que la revolución de ésta época es decir nuestra verdad, aunque seamos castigados socialmente. Cuando alguien no respeta el pluralismo, está hablando de sí mismo. y se olvida que si bien ciertamente, ante la ley y ante el Estado, todos somos iguales, sin embargo, en la realidad todos tenemos intereses, necesidades, puntos de vista, creencias o ideologías diferentes. Ser plura es abrazar esa realidad, comprendiendo que no puede haber una sola concepción del mundo, y que la realidad social es múltiple, como los individuos que en ella coexisten.

Por último, la tolerancia, que es un valor esencial en una sociedad democrática, porque nos permite vivir y coexistir con la pluralidad de manera respetuosa. En la tolerancia, el otro es un igual cuyas particularidades y diferencias respetamos y valoramos. Valores, pilares que venimos olvidando y que nos aseguran calidad institucional y social. Matías Martin te diría, ¿y vos, de que lado estás?