Diario de Cuarentena: Revolución

La Revolución estaba en marcha tras las palabras de Saavedra y la renuncia de Cisneros un veinte de mayo de 1810. La libertad y la independencia se acercaban. Recuerdo con mucha emoción la semana de mayo escolar, donde la patria, vestida de celeste y blanco nos engalanaba. Recuerdo llevar la bandera con el guardapolvo impecable y almidonado por mamá.

Hoy nos encuentra la fecha, tras sesenta días de confinamiento con todas nuestras libertades restringidas, el mundo convulsionado, hambre y poca posibilidad de independencia y futuro. Pero tal vez sirva vestir nuestras casas con los colores patrios, para despertar en nosotros un poco de la grandeza de otros tiempos, donde hasta al Virrey que se le pidió la renuncia se le aseguró salario e integridad. Nuestra Argentina esta necesitando líderes, hombres y mujeres de bien que intenten pensar en el futuro, dejar de quedarnos siempre en las cuestiones cotidianas, en las chicanas políticas, para proyectar. Para resolver desde el estado de justicia y la república la coyuntura complicada que venimos arrastrando.

Vienen tiempos difíciles, no podemos mirar al costado. Ponete la mano en el pecho y si sos juez, impartí justicia, si sos político, representá a tus votantes, si sos docente, educá en valores, si sos un simple ciudadano controlá. Nunca debemos olvidar que los que nos gobiernan son nuestros empleados, a quienes les pagamos para representarnos. No son nuestros padres ni nuestros amigos. Deben cumplir una tarea que es la de administrar la República, no ponerla en peligro. Embanderá tu corazón y pedí justicia, libertad y honor para todos los ciudadanos del pueblo argentino. Y en un mundo mentiroso, animate a decir tu verdad. ¡Viva la Patria!

Diario de cuarentena : Otoño perdido

Nos perdimos el otoño, dijo Bere ayer por la tarde al pasar. Pero quedó en mí. Las verdades simples son las que se acuñan. Tanta contabilidad de la enfermedad y la muerte nos hizo olvidar de la estación colorida y nostálgica que nos llena de crujidos, aromas a eucalipto y roble viejo, preciosos dorados y rojos intensos. La estación de los soles sin pecado y la lenta muerte del verano. Nos quedamos sin otoño, para muchos no va a ser el último, pero nunca lo sabremos. Y éste, el otoño que estamos atravesando, que es brillante y cálido, con brisas amarillentas y sueños postergados, lo habremos perdido.

Queda un tiempo de otoño aún, pero toda esta cuestión pandémica y tensional, casi como un tango sin final, nos está haciendo olvidar del verdadero sentido de la vida, que es el presente. Porque la posibilidad de muerte nunca es ajena, la de enfermedad mucho menos, pero la vida….

¿Vos te perdiste el otoño? ¿querés seguir dejando de lado tu vida? ¿el miedo te atrapó? Te cuento que yo estoy en la mitad de esas preguntas, tal vez como casi todos, salvo los poderosos, que están haciendo uso de nuestro tiempo, nuestro miedo y nuestras vidas. Yo creo que siempre logré ver los otoños, incluso éste, y estoy entrando en mi propio otoño, entre plata y oro mi cabello, mi suerte y mi poesía. Pero para nuestros hijos es importante dejar un mensaje de libertad. De posibilidad de cambio y de proyectos. Hay que enseñarles a luchar contra las hegemonías culturales, y a pelear por las que ellos elijan como bandera. Pero es necesario que hoy peleemos por la libertad para no sentir que éste, es un otoño perdido.

Diario de Cuarentena: Coronados de gloria

La cuarentena nos ha vuelto muchas cosas: todos limpiamos, todos somos capaces de cocinar algo, todos somos biólogos, todos apreciamos un rato al sol, todos cuidamos el planeta, nos acercamos a nuestras mascotas, nos volvimos musulmanes de tanto lavarnos las manos, hacemos gym en casa, vemos cine, series, programas de viajes, cocina, y noticieros. Todos nos tecnologizamos. Al fin de cuentas, la cuarentena nos volvió gloriosos y perfectos.

Hay otras variantes, también nos volvimos: irritables, quisquillosos, capaces de comer el doble, con cabellos de colores extraños, ya sea porque vuelven al natural sin aviso, o porque intentamos ser peluqueros, tenemos las manos secas, la cara blanca y las carnes fofas.

Pero algunos se vuelven violentos. Te pido acá que te detengas. Si hoy violencia, denunciala, casi ninguna victima es silenciosa, los callados somos aquellos que terminamos cómplices del agresor por oír sin empatía. Otros aprovechan la soledad de las calles para asaltar al prójimo. Y también hay otros, que se coronan con la gloria del poder para robar la libertad.

Que el miedo al corona no te vuelva indiferente, que las cuestiones domésticas no te achaten, cuidate, y cuidá a los otros, pero entre todos cuidemos la idiosincrasia de lo que nos dio la gloria, que tiene como base un juramento, en defensa de la independencia, de la república y de la grandeza que solo otorga el ser libres. Por supuesto que hay riesgos, pero esos los corremos siempre. Pensar, respetar normas, pero no callarse. Por vos, por nuestros hijos, por la patria. Qué triunfe la libertad.

Diario de cuarentena: Valores

Sábado. Que es lo mismo que lunes, martes o miércoles, porque aquellos que aunque contra nuestra voluntad, cumplimos el confinamiento, y cada vez somos menos, hemos perdido el sabor del fin de semana. En un testar sin cesar de días iguales, casi sin tiempo. Sin embargo hay otros que perdieron más que las referencias temporales, o tal vez nunca los tuvieron, hablo de los valores. Los humanos, los sociales, los que hacen posible un convivencia amorosa y productiva en la sociedad. Hay algunos, unos siete, bastante necesarios para la vida democrática, que se supone que es la intentamos llevar. Te los enumero para que puedas vos también analizar tu entorno, y si querés me contás como lo ves.

Primero, convengamos que elegimos y luchamos por vivir en democracia y la democracia es una forma de vivir en sociedad, que solo es viable si se fundamenta en un conjunto de valores, como la libertad, la igualdad, la justicia, el respeto, la tolerancia, el pluralismo y la participación.

La libertad es fundamental , porque nos garantiza la posibilidad de autogobernarnos. Esto significa que una persona no está obligada a asumir o acatar aquellas obligaciones o vínculos que no acepte como válidos. Y los que nos representan deben responder a nuestra voz. La libertad nos garantiza como individuos participar voluntariamente en las acciones y decisiones políticas que nos atañen. Sin embargo, nuestra libertad no puede ser ilimitada; acaba donde comienza la de los otros. En una democracia, la libertad, como forma de participación política y social, se traduce en libertad de expresión, de pensamiento, de reunión, de asociación, de manifestación, de sufragio, y seguiría pero tenemos tantas libertades que me harías callar, el tema es ejercerlas.

La igualdad es un principio según el cual el Estado nos garantiza a todos los ciudadanos los mismos derechos y obligaciones, sin favorecer o menospreciar a uno u otro individuo o grupo. ¿Cuesta eso no? vemos a diario personas que desprecian el pensamiento de otros. En la vida política y social de una democracia, se debe respetar el derecho de todos sin importar el color de piel, el sexo, la religión, el origen, la ideología o el poder adquisitivo. En la igualdad no hay, para el Estado, ricos o pobres, mejores o peores, empresarios u obreros, sino solo una clase de individuo: el ciudadano. Y eso hace que todos, seamos iguales ante la ley. En nuestro país hace mucho tiempo que los organismos del estado han olvidado lo que significa, por eso el caos y la impunidad.

La justicia, el Estado de derecho, la legalidad y su institucionalidad, permanencia y estabilidad son fundamentales para la existencia de una democracia, ya que esta no puede existir si no hay respeto a los derechos y las libertades de los ciudadanos. Vivimos en una democracia, en ella las relaciones a nivel social e interpersonal deben encontrarnos en un marco de respeto mutuo. El respeto no solo es fundamental para la convivencia armoniosa, sino también para que haya justicia, libertad, igualdad, tolerancia y pluralismo. Acá me detengo ¿vos respetás al otro? ¿realmente? Te cuento que yo siento, que, a veces, estamos tratando de convencernos de pensar iguales, y forzarnos unos a otros, en vez de enriquecernos en el disenso. Me tomo un mate y sigo, se me seca la boca con estos temas.

La participación es un elemento clave del sistema democrático, porque por ella el poder reside en el voto, que es la manifestación de nuestra soberanía popular. Todos tenemos derecho a participar con propuestas e ideas y a someterlas a consulta para elegir, bajo el principio de la mayoría y el respeto a su voluntad, qué rumbo tomar como colectivo. Claro que no es un colectivo de un solo color, sino sería una dictadura, la oposición en las cámaras y la imparcialidad en la justicia, aseguran la verdadera representación. ¿No te parece que los que asumen se olvidan fácil de ésto? ¿y nosotros, como pueblo, nos ocupamos del control de aquellos que nos representan? ¿o esperamos que hagan todo y nos sentamos a ver?

El pluralismo supone el reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad y la complejidad de los individuos y los grupos que forman parte de nuestra sociedad. Me da gracia la definición en una sociedad que destruye al que piensa diferente, creo que la revolución de ésta época es decir nuestra verdad, aunque seamos castigados socialmente. Cuando alguien no respeta el pluralismo, está hablando de sí mismo. y se olvida que si bien ciertamente, ante la ley y ante el Estado, todos somos iguales, sin embargo, en la realidad todos tenemos intereses, necesidades, puntos de vista, creencias o ideologías diferentes. Ser plura es abrazar esa realidad, comprendiendo que no puede haber una sola concepción del mundo, y que la realidad social es múltiple, como los individuos que en ella coexisten.

Por último, la tolerancia, que es un valor esencial en una sociedad democrática, porque nos permite vivir y coexistir con la pluralidad de manera respetuosa. En la tolerancia, el otro es un igual cuyas particularidades y diferencias respetamos y valoramos. Valores, pilares que venimos olvidando y que nos aseguran calidad institucional y social. Matías Martin te diría, ¿y vos, de que lado estás?

Diario de cuarentena: Paciencia

Hoy me dejaron encerrada en casa. Sí. Encerrada, se llevaron las llaves, yo estaba encerrada en mi cuarto cursando mi posgrado en gestión y comunicación online, y cuando sonó el portero, que en estos momentos de pandemia, seguro es un cobrador, porque parece que para ellos no hay cuarentena, noté que no podía salir de casa. Claro que siempre está la opción de subirme al sillón, abrir el ventanal, salir toda arañada, treparme a las rejas y quebrarme algo. Pero elegí gritar desde la puerta que me estaba encerrada. La mujer cobradora me miraba sin creerme, como diciendo, vieja, sabés la cantidad de bolazos que me como. Y yo subí mis hombros diciendo, si querés creeme y sino no.

Tras esta escena llamo a mi amor de muchos años y le digo, me dejaste encerrada, y el me dice que hable con mi hijo que jugó en la play hasta la madrugada y duerme en su búnker privado delante de casa, otrora estudio de su madre. Dicho esto, me corta.

Y me siento en pijamas de corazones en el cuarto de estar tras pegar un portazo y encerrarme en él, tratando de decidir si me enojo, si lloro o si río. No hago nada. Es que esto del encierro no es poca cosa. Terminamos tan cara a cara con nuestras miserias. Personales, familiares y sociales, que no queda otra que cultivar la paciencia. Sí. Paciencia. Esa que tiene significados extremos, desde ser la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien hasta el chiste sincero que dice que es el arte de tratar con amor y tranquilidad a un pelotudo.

Como sea, voy a cultivar mi paciencia todo el día, con resultado incierto, es especial ahora, que acabo de ver los diarios. Dios, cualquiera sea, nos guarde.

Diario de Cuarentena: estoy verde

No me dejan salir. Será el gran Charly quien nos libere de esta cuarentena, que no sabemos muy bien si será bi o trimestre, o será año sabático. Pero me tiene verde. Verde de esperanza, para empezar, porque siempre confío en que una buena crisis cambia la piel y algo vendrá, al menos diferente. Los cambios siempre implican novedades.

Verde de limones agrios. Por la cantidad de miserias que aparecen, los aplaudidores del populismo reinante, generador de mayor pobreza y desigualdad, los amargos escépticos y amantes del pasado. Ah! con Illia no hubiera pasado esto, Ah! si Perón viviera… Ni Illia ni Perón están acá, y tal vez es una forma de no ocuparnos de controlar a los que sí podemos. Antes de que nos controlen a nosotros.

Verde manzana, porque me vienen ganas de pecar, la prohibición siempre trae deseo.

Verde musgo, porque el encierro chamusca, ideas e ideales, y nos vuelve bastante patéticos, discutiendo con cualquiera con tal de tener una emoción.

Verde mar, que te digo es lo que más extraño. Es mi oxígeno, mi cable a tierra y varias veces al año me escapo a olerlo, a derramar una lágrima en la cuarta ola y volver a inspirar sal de la buena. Me siento viva en el mar, da perspectiva, ese horizonte definido y eterno al que nos enfrenta, permite comprender la pequeñez de nuestra existencia.

Y por último verde Hulk, porque con tanta agresión y mala leche cerca, tengo que inflar los músculos, romper los encasillamientos, volverme más grande aún y rechazar como lo haría el increíble. la ola de injurias que vengo padeciendo. Pero, como estoy verde, porque no me dejan salir, puedo con ello, rasgo mis vestiduras y sigo con mi diario. Hasta el fin de la cuarentena obligatoria, al menos.

Estoy verde
No me dejan salir
Estoy verde
No me dejan salir

No puedo largar
No puedo salir
No puedo sentir
Amor a este sentimiento
Tengo que volverte a ver

Tengo que volverte a ver
No puedo salir
Por amor a este sentimiento

Estoy verde
No me dejan salir
Estoy verde
No me dejan salir

No puedo pensar
No puedo vivir
No puedo sentir
Si amor es un pensamiento
Tengo que volverte a ver

Tengo que volverte a ver
No puedo perder
Por amor a ese sentimiento

Tengo que confiar en mi amor
Tengo que confiar en mi sentimiento
Tengo que confiar en mi amor
Tengo que confiar en mi sentimiento

Ya no sirve
Vivir para sufrir
Te das cuenta
Sácate el mocasín

No puedo calmar
No puedo parir
No puedo esperar
Mil años que cambie el viento
Tengo que volverte a ver

Tengo que volverte a ver
No puedo perder
Por amor a este sentimiento
Tengo que confiar en mi amor, tengo que confiar en mi sentimiento

Diario de Cuarentena: Carrot cake

Ayer, y después de pensarla muchos días tras ver la receta en la historia de instagram de un amigo, hice mi primer carrot cake. Fue un logro pequeño, pero para alguien que no suele hacer tortas, adquirió otra relevancia. Quedó muy rica y la familia lo agradeció. Sin embargo me hizo pensar todo el día en la fábula que comparto a continuación.

Dice la fábula que para que un burro tire del carro hay que ponerle una zanahoria adelante lo bastante cerca para que crea que la va a alcanzar pero, a su vez, lo suficientemente lejos para que no lo logre. El burro piensa que alcanzará la zanahoria y realiza el mayor esfuerzo pero, al final del día y habiendo cumplido su cometido, la zanahoria aun está frente de sí. El amo lo mira y le dice que mañana seguramente tendrá más fuerza y conseguirá su merecida recompensa, pero todo es inútil y se convierte en un juego de nunca acabar… Incluso hay días que casi atrapa la zanahoria y la esperanza se redobla. Lastimosamente al otro día hará nuevamente su mejor esfuerzo pero tampoco conseguirá el objetivo y, mientras tanto, el carro va para adelante y se cumple el objetivo.

Cierto día el granjero preparó al burro muy temprano y salió camino del pueblo para vender los productos de su granja en el mercado local. Era una mañana con neblina y, mientras el hombre cantaba, el burro empujaba con más fuerza que nunca el carro para ver si esta vez si podía alcanzar su zanahoria. Sin embargo y, como siempre, al llegar al pueblo quedó en los establos sin nada y el granjero se fue al mercado.

El tiempo pasó y cuando ya despuntaba la tarde el granjero regresó feliz porque había sido un día excepcional de ventas. Enganchó el burro al carro le puso su zanahoria adelante pero cuando agitó las riendas el burro ni se inmutó. Ni un solo paso dio… ya eran muchos años empujando para nada y el burro simplemente se plantó en sus cuatro patas y de allí no se movió. El granjero sacudió su cabeza con decepción, golpeó cruelmente al animal… pero nada, ni medio paso dio el burro, aun teniendo la zanahoria por delante. Fue entonces cuando el hombre se bajó del carro y caminó hacia su granja en busca de otro burro que fuera más joven e inexperto. Volvió con él, lo enganchó al carro, le dio de probar unas pocas rebanadas de zanahoria y le puso a su frente una enorme hortaliza, con lo que el burro empezó a empujar del carretón con gran fuerza para poder comérsela… Atado atrás del carro iba el primer borrico cabizbajo y decepcionado…

El granjero miró al burro joven y con una gran sonrisa pensó: “Se conforma con poco, basta la promesa de una zanahoria para hacerlo feliz. “Eres un tonto” le dijo en voz alta al pobre animal “hacer el esfuerzo a cambio de nada».

Al releerla, pensé en nuestra sociedad, y en cuán burros queremos ser, tras años de tirar tras el objetivo del bien común y ser traicionados una y otra vez. ¿Lo pensamos? o seguimos tras el esnobismo de creer en aquellos que dicen ser los que admiran pero solo corren tras una zanahoria inalcanzable.

Ya no me queda carrot cake, pero a pesar de ser deliciosa, me dejó un sabor amargo.

Diario de cuarentena: Físico

Me desperté sin poder mover un músculo. Ayer decidí dejar la quietud y comenzar el fitness y mi hijo me sugirió tomar clases de gym online con Juli Puente. Hay que reconocer que la chica transmite energía y que me sentí muy estimulada. De la hora propuesta logré llegar a veinte minutos sin morir, transpirada y al borde del colapso. Luego encaré abdominales y algunos ejercicios laterales de piernas. Con pesitas de un kilo hice brazos. Toda una entrenada mujer de hoy.

Como sigue, es otro tema, le pido permiso a los brazos para alzar el termo, el tríceps parece sugerirme calma, la muñeca pesa, y cuando la pierna derecha rota levemente, se siente como un torniquete militar. Es posible que me haya pasado de rosca. Juli Puente debe llegar apenas a los treinta, y pesa cuarenta kilos máximo. Pero lo intenté.

Y entre tanta cuestión con olor a lavandina y alcohol, y tanta paranoia que la llegada de un gasista a casa puede ser vista como el enemigo mundial de la OMS, un dolor de cuerpo por actividad física suena muy bien.

Hoy volveré a intentarlo, necesito cansarme para dormir, porque aunque uno use la mente, el cuerpo necesita fatigarse, el insomnio acecha y la música no alcanza, por más zen que sea. Así que en medio de sentadillas y estocadas, le voy a dar batalla a la cardio de la felicidad.

Leer en cuarentena: De Ingenieros a Cabezón Cámara

El confinamiento al que nos somete el virus también otorga oportunidades, pequeñas, aunque placenteras. La lectura es una de ellas. El encuentro con los clásicos es bienvenido, para releer las bondades de lo tradicional, y así redescubrir autores. Este es el caso de José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg.

Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En El Hombre Mediocre, Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insustanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter.

No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”. Estas definiciones que van desde el humor, dejando constancia que seriedad no necesariamente es pomposidad, hasta el acento final en la envidia, que, a mi humilde entender personal, se parece mucho a la horizontalidad; esa cuestión de igualarnos en una línea infinita donde todos debemos tener lo mismo, como si el mérito o el talento fueran cuestiones ominosas.

Se vislumbra en la obra de Ingenieros la importancia de la libertad de pensamiento, considerando que la mediocridad tiene lugar cuando nos dejamos influenciar por el medio, perdiendo de vista nuestro propio ideal. Esta lectura lleva a pensar nuevamente en la búsqueda de la perfección evolutiva que da sentido a la vida. En los procesos que los idealistas se permiten desde la fuerza de la juventud a la crítica madura y los mediocres sin evolución funcionando como quienes solo busca pertenecer. Podemos acordar o no con Ingenieros, pero lo que no permite es la indiferencia.

Y en este punto se une a una gran autora contemporánea, cuya novela Las aventuras de la China Iron es finalista del Premio Booker Internacional 2019 debido a que «(…) El jurado del Booker Prize lo definió con precisión: «maravillosa reelaboración feminista y querer de un mito fundacional americano (…) con un lenguaje y una perspectiva tan frescos que cambian 180 grados la idea de lo que una nueva nación americana podría ser”.

Se trata de Gabriela Cabezón Cámara, escritora y periodista argentina. Es considerada de una de las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana contemporánea, además de ser una destacada intelectual y activista feminista. “Las aventuras de la China Iron”, es una obra llena de intertextualidades que nos interpela como lectores y que sigue la línea iniciada por Kerouac en los cincuenta, contando un viaje transformador.

Desde el título, “Las aventuras de la China Iron” alude a otra obra literaria. Apenas leemos: “Me llamo China, Josephine Star Iron y Tararira ahora. De entonces conservo sólo, y traducido, el Fierro, que ni siquiera era mío, y el Star, que elegí cuando elegí a Estreya” ya hay algo más vislumbra la certeza de que se refiere a una obra fundacional. Cuando la autora se refiere a “la bestia de Fierro, mi marido” y dice que “se llevaron a la bestia de Fierro como a todos los otros” queda claro para un lector que se precie que hablamos del “Martín Fierro”. Desde ahí debe leerse la novela, para poder vivirla como la aventura que promete.

Cabezón Cámara se pasea en su narrativa por la profusión y el exceso, juega con la cómica popular en su lenguaje con la maestría suficiente para bordear el realismo grotesco de Bajtín sin consecuencias. El aprendizaje de la China Iron, más allá de las nuevas costumbres, lengua y ropas, atraviesa su cuerpo. Liz, la inglesa colorada y culta, la inicia y le abre a un universo inexplorado que es todo nuevo mundo.

Si tomamos a la “Intertextualidad” como “el conjunto de relaciones que un texto literario puede mantener con otros” y que algunas de sus formas son la cita explícita y la alusión implícita, entonces podemos convenir que “Las aventuras de la China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara es una de las grandes novelas intertextuales de los últimos tiempos. Esto se hace evidente con la aparición del mismísimo José Hernández y de su identidad discutida de autor/plagiador de Martín Fierro.

Como El Hombre Mediocre de José Ingenieros, Las aventuras de la China Iron se mueve en un territorio complejo y peligroso: el de proponer una cuestión de identidad. El primero nos invita a pensarnos como mediocres o idealistas, y Cabezón Cámara, se atreve a no temer que otros textos se coman el suyo, haciendo alarde de una voz propia y una originalidad excluyente. “La China Iron” supera con la claridad literaria de su autora a muchos textos conocidos, y dialoga con códigos propios y con los de otros, llevándonos como lectores a nadar en un mundo salvaje y despojado de prejuicios, poético y despiadado, que crea la escritora.

Leer en cuarentena no es tarea sencilla, el miedo impide a veces la concentración y los ruidos familiares promueven distracción, pero estas obras sin ninguna duda merecen el esfuerzo. Parafraseando a Borges, la lectura es una forma de felicidad.

Diario de Cuarentena: Silencio

¿Cómo va la vida virtual? ¿ ya te acostumbraste a las personas en cuadraditos, a los espacios mínimos o a los recorridos movidos por casas ajenas que proponen los medios? Lo bueno es que los museos nos abren las puertas y las bibliotecas del mundo nos invitan a pasar. Entre otras cuestiones. Y que seguimos teniendo al sol de nuestro lado, atrasando el invierno y la tristeza.

Pero, no hay con qué darle, a mi me gusta la gente real, tocar la carne, abrazar, oler, oír la respiración entrecortada del que miente, bucear en la mirada, cosas que la virtualidad no permite. En este mundo en caja podemos ser lo que no somos, podemos vivir en un basurero y aparecer limpios, llevar días sin bañarnos y que no se note, entre otras cosas, las virtualidad nos impide sentidos, y los sentidos en conjunto son la verdad.

Pero bueno, somos animales de costumbre al fin y al cabo, y terminamos aferrados a lo poco que tenemos para no morir. Entonces escuchar los gritos de la vecina a su marido, los chicos llorando del otro lado, el ruido del portón del garaje de enfrente o la moto del delivery que llegó a la esquina, pasan a ser importantes. Así de jodidos estamos.

Siempre pensé que iba a disfrutar el silencio y vos? Ahora que hay mucho, me hace ruido. Me astilla los oídos tanto espacio hueco de sonido. Me perfora el aliento y me lo vuelve fétido. Porque claro, la vida suena, la vida ensucia, la vida estalla. Por eso cuidémonos como sociedad, a ver si los gobiernos se acostumbran a ser los únicos que hablan y nos cortan la lengua.

Hoy te regalo un poema de Benedetti sobre el silencio:

Qué espléndida laguna es el silencio

allá en la orilla una campana espera

pero nadie se anima a hundir un remo

en el espejo de las aguas quietas