Diario de cuarentena: hermano sol

Hoy no es un jueves cualquiera. es Jueves Santo, y entre el santo crisma y la introducción al triduo pascual, para mi vida lo importantes es que hoy nació mi hermano. Que no se parece a Jesús, pero tal vez sea tan amado como él. Y que al mundo le regaló su sonrisa y los tres soles que procreó.

Cuantas cuestiones personales superan lo divino en nuestras vidas, Y creo que dios, el mío al menos, lo aprobaría. Porque está lleno el mundo de gente que nos bendice y nos hace maldades a la vez. O que prodiga sonrisa al prójimo y lastima a su propio hijo.

Siempre supe que la religión es una cuestión peliaguda, Porque permite la ironía y la mentira, en cambio la Fe, ahí sí que me prendo, la Fe moviliza, propone, cuestiona, nos convierte en seres vertebrados por ella. La Fe es como la nafta del cuerpo. Y en éste momento mundial en particular, cuando nos quedamos sin aliento. la Fe puede ser respirador para muchos.

Propongo un ejercicio en jueves Santo, rezá por otro, no lo hagas por vos y los tuyos, tratá de orar por aquel que te caiga mal, el que pienses que no vale la pena. Mientras me tomo el mate supongo que el menos trago también la está pasando mal y rezo por él, por su familia, sus amigos, por aquellos que lo lastimaron tanto que lo transformaron en un ser que me resulta deleznable. Termino el mate y me siento bien.

Volviendo a mi hermano, que puede ser el tuyo, te cuento que mi vida no sería igual sin él. Me ha hecho crecer de tantas formas. Hay mucha vida entre nosotros, más de cincuenta años, y desde jugar a la pelota, criar pollos, compartir hijos, tomar champagne hasta pelearnos a muerte, todo lo transitamos juntos. La pérdida de una madre y el disfrute cotidiano de un padre. La sonrisa y el llanto. Los hermanos vienen al mundo para enseñar a compartir. Y ahí estás vos, magnífico, inteligente, único. Feliz vida, felices pascuas, Y vos que amás el sol, sos luz de muchos. Brillá hermano, le doy gracias a la vida por tenerte.

Capaz que ahí está la cuestión, dejar el ego en el cajón, y alabar al otro. Me parece una buena manera de transitar la cuaresma.

Diario de cuarentena

¿Dónde empieza y donde termina un día? Casi siempre el mío, en cuarentena, empieza con la notebook en mi cuarto escribiendo algo. Este diario, un poema, mi novela, un artículo para el diario o simplemente alguna reflexión sobre mi trabajo, ya sea literario o de gestión de cultura. Pero claro, las mujeres, normalmente no nos definimos por ser sencillas. Entonces en mi mente, aparte de lo que escribo, reflexiono o gesto, está el pedido de supermercado para la quincena, si me hace falta fruta, que cagada como tengo las uñas, dónde andarán mis hijos que ya son grandes y viven su propia cuarentena y cómo voy a hacer para no engordar en este encierro. Ahora la entiendo a Eva.

Así y todo, tras un día de limpieza, textos, cocina necesaria, frutas y algún desborde helado, llega la noche y un número tal de muertos e infectados me deja pensando hasta la madrugada. Y eso que la mayor parte del día pongo música, tomo tecitos blends, hago pesas, yoga, trato y trato de entrar en la meditación, pero la infodemia me aplasta.

Y no es que de madrugada me vuelvo Alice Munro, me desvelo y punto. Por eso este diario de hoy lo dedico a dar tips para no cometer los siguientes actos indeseables por la madrugada:

  • atacar la alacena de galletitas dulces
  • tomarse un par de tragos sola que serán dolor de cabeza al día siguiente
  • comerse las uñas con esmalte semipermanente incluído
  • cortarse el pelo y quedar como Maradona a los veinte (si tienen rulos como yo)
  • volverse Marie Kondo y despertar a su pareja, hijos, vecinos, etc.
  • terminar las galletitas y avanzar sobre la heladera con restos de la cena.
  • ver películas deplorables en Netflix
  • volver a encender los notidemias.

Si pueden aflojarle a cinco de éstos, van bien, si no es así, acepten urgente la terapia online estatal o la que les propuso el psicólogo para poder comer. Así dividen los kilos de más.

No hay política sin cuerpo, ni sociedad sin virus

Estamos en una revolución. Entre viejos y nuevos paradigmas. Entre el miedo y el poder. Con cuestiones de interés nacional e internacional, que nos impiden ver el complejo bosque de la humanidad.
Foucault, que padeció y murió en una epidemia, describió la transición desde una “sociedad soberana” hacia una “sociedad disciplinaria” como el pasaje que realizaba una comunidad, para que la soberanía signada por el derecho a decidir la ceremonia de la muerte, virara hacia una sociedad cuya independencia se defina por cómo gestiona y maximiza la vida.

Entonces entendía que los gobiernos utilizaban una forma de poder espacializado, que se extendía en la totalidad del territorio, hasta penetrar en el cuerpo individual, somatizando en él la política reinante.
Cabría preguntarnos que tipo de sociedad estamos siendo, para que el síntoma sea este virus, que nos deja sin inmunidad posible, nos sostiene en el encierro y en una nueva guerra biomédica, que nos tortura al punto de no exonerar a nadie. Nuestra comunidad, como grupo aglutinado a una ley, está siendo severamente desgastada por una infección.
No estamos preservados frente a él. Pero la pregunta sería qué estamos dispuestos a sacrificar para protegernos. En cuál paradoja caeremos.

Toda vida trae consigo su muerte, y toda política su necro política, Por eso es tan importante la adoptada en la cuestión de salvarnos, de lograr ser exonerados de este azote viral que se nos asemeja y nos refleja. Nos paraliza porque está hecho a imagen y semejanza nuestra. Nos puso a la par. Pero no respondemos por igual ante su estimulo. Y eso no es algo aceptable para casi ninguna casta política. Siempre buscamos peligrosamente uniformarnos para no ver la diferencia, que mostrar la excepción, aquello que no podemos controlar, lo único.
Queremos ser inmunes, pero la inmunidad es una construcción social colectiva que va a generar soberanía o exclusión, vida o muerte. ¿Estamos preparados?

Las epidemias son casualidades de la biología, ¿o son nuestras propias decisiones políticas materializadas en el corpus social? En la terrible pandemia que atravesamos, estamos cerrando fronteras, y la cuestión de patria grande que predicamos de la boca para afuera, se cae a pedazos ante un coronavirus que viene para mostrar quienes somos, cómo nos protegemos y que soberanía somos capaces de sostener.
Es muy probable que el virus ponga a la vista nuestra propia vocación de gestión, manifestada en la elección de nuestros líderes, y en las decisiones tomadas sobre las cuestiones biopolíticas y necro políticas subyacentes. Con toda esta situación en marcha. que nos define como una sociedad que se asemeja al virus que la amenaza, debemos hacernos cargo de ello, y también tenemos que ver quiénes somos, de acuerdo al accionar que adoptemos frente a la pandemia.

Estábamos atravesando ya, antes del virus, un cambio social y político tan radical como el que afectó a las sociedade que desarrollaron otras epidemias en el pasado. Hubo epidemia cuando se pasó de una sociedad oral a una sociedad escrita , por ejemplo, y hoy que nos hallamos en el tránsito de una sociedad firmada de puño y letra a una sociedad ciberoral, de una comunidad biológica a una digital, de una economía manufacturera a una economía inmaterial, con soluciones de control social que pasan por la prostética y lo mediático-cibernético, entonces ese cuerpo foucaultiano, el cuerpo y su subjetividad, ya no se regulan por lo formal, sino por las tecnologías de transmisión y de información que nos invaden. Esta biovigilancia nos atraviesa, nos vuelve volubles a un placer que podemos cuantificar. Más nos tecnoclasificamos y más sanos estamos, mejor nos controlan. Todo el tiempo y toda nuestra vida, física, comercial, de relación, hasta nuestra salud está en las redes. Somos móviles para ciber política. en Kentukis, de la autora Samanta Schweblin se refleja en una novela, un claro ejemplo de tal afirmación. Ver y ser vistos. Uno y el otro.

Nosotros, como el virus, estamos mutando, y hacia donde iremos con esta depredación comunitaria universal no lo sabemos. Pero vamos eligiendo nuestros muertos. La sociedad política lo hace, la biopolítica con su necro política. Veremos en breve, como entendemos después de esta crisis inmunológica mundial, el concepto de sociedad. Y donde estaremos parados, con qué fronteras culturales nos habremos quedado, ¿Achicaremos tanto nuestros límites que quedaremos encerrados en las líneas de un barbijo, o podremos tener una apertura nuevamente al mundo a pesar de sus riesgos?

La Covid-19 ha desplazado las políticas de la frontera. El cuerpo, el tuyo, el mío, es un nuevo eje de poder. La nueva frontera necropolítica es tu casa. Pero el límite real es tu cuerpo. Solo estás a salvo con vos. EL otro, cualquier otro, es enemigo. Pero resulta que todas estas celdas te van a llevar nuevamente a que el otro, sos vos. Y en ese universo unipersonal que te queda, ese en el que solo entrás vos y tu subjetividad, tal vez comiences a pensar en el otro. Y en que formas parte de una comunidad. A partir de allí, nuestra salud no provendrá jamás de la imposición de fronteras, sino de adquirir una nueva conciencia comunitaria que incluya el equilibrio del plantea.
De los nuevos pactos que como seres vivos podamos acordar, así, al fin de cuentas la política tendrá sentido y vendrá a transformar la sociedad, en algo más que un cierre de puertas. Es muy probable que el virus lo hayamos creado como sociedad, para obligarnos a un cambio necesario que nos devuelva la posibilidad de comunicarnos y comprendernos más allá de las redes. De persona a persona, tras una cuarentena reactiva como respuesta negativa al ataque, que de ninguna manera puede ser la solución, pero que, como toda crisis, puede encolumnar la sociedad planetaria hacía otro mundo, donde el corpus de la humanidad no necesite pandemias para evolucionar.

DIARIO DE CUARENTENA: un día perfecto

Las presiones suben, en todo sentido. Las físicas, la tensión arterial, la económica, la social. Pero hay que cultivar la paciencia. ¡Ojo! no la transformemos en sinónimo de mansedumbre o conformidad. Es un día perfecto, diría Manuel Moretti, sol de otoño cálido aún, y el aire que golpea rostros sin castigarlos. Trinos y algunas voces vecinas me cuentan que la vida sigue.

Se oye el llanto de un niño. Un niño que no tiene paciencia.En ésta generación líquida, donde lo inmediato es necesario, es un bien en extinción la paciencia. La espera. Tal vez ahí resida el aprendizaje. Los que tenemos algunos años, sabemos de paciencia. De ardua labor antes de llegar a un logro. De tiempos de siesta donde sólo esperábamos que pase. Y en ese lapso, a veces eterno, todo era posible.

La historia contada, la soga y sus mil saltos, el elástico, las payanas. Un libro robado de color azul, los tacos de plástico y la linterna con la que practicábamos un código morse propio. De patio a patio.

Hoy los chicos con suerte tiene patio. Ya no hay vereda. Y confinados a la familia, padres e hijos aprenden. A veces lo inmediato no es eficaz, a veces lo eficaz lleva tiempo. Pero nunca estamos dispuesto a la espera. No somos pacientes. Hoy nos piden una paciencia que nunca se promovió. Tal vez la revolución consista en encontrar un equilibrio, entre lo que ordenan y el deseo, para no quedarnos paralizados en el devenir de una vida cada vez menos nuestra.

Con paciencia, voy a intentar llevar la mañana hasta la tarde, y en un cóctel de esperanza, premonición y fastidio, anochecer con él, otra vez, como en los últimos treinta años.

Diario de Cuarentena :.Bendito es el que viene en el nombre del Señor. Bendito es el enviado del Reino de Nuestro Padre .

Y llegó el domingo de ramos. Sin ramo. El olivo de éste momento histórico en el mundo no va a poder salvarnos. Y aunque circulen oraciones que intenten hacer coincidir el libro sagrado con las fechas que nuestro gobierno piensa como límite de cuarentena, la realidad es que estamos en el horno, y no somos rosca de pascua.

La comunidad científica mundial no da o no quiere dar respuestas a un virus corona, parecido a otros ya existentes, y nuestro miedo nos hace creer cualquier cosa. Menos mal que los creyentes sabemos que la fe no es moneda de intercambio. Cualquiera sea la fe que profeses. Porque hoy todo parece moneda de cambio.

Y así leemos que desde lo hecho en la fiebre hemorrágica hasta la ivermectina nos van a salvar. Todas cuestiones viejas. Y los organismos pagos de investigación científica en el mundo y en argentina, ¿qué hicieron todo este tiempo sin coronavirus? ¿ en manos de qué lideres mundiales estamos?. Me atrevo a cuestionar y a preguntar aunque desde idiota a sacrílega me han dicho de todo los últimos días. Parece que hay que ser miembro de alguna sociedad sectaria para opinar o disentir. Me advierten que no genere miedo. ¿O les da miedo que invite a pensar? Cuidemos nuestra libertad.

Porque si el virus no pasa, todo termina, pero cuando pase, y así lo creo, ¿a quién le vamos a tener que pedir permiso para ser?

En todo caso, hoy, domingo de ramos, aquellos que creemos en que Cristo vino a liberarnos, hagamos honor a su lucha.

Una vez dicho todo esto, recomiendo una ensalada para Pascuas: trigo burgol, sin retenciones, tomate fresco de una huerta sin contaminantes, cebolla de verdeo bien picada, de nuestra bendita tierra productiva, mucho aceite de oliva mendocino extra virgen, hinojo, cebolla común y una gran cucharada de sal gruesa para evitar la caza de brujas.

Y como decía el gran Albert Camus:  La única manera de lidiar con un mundo sin libertad es llegar a ser tan absolutamente libre que tu misma existencia es un acto de rebelión.

Diario de cuarentena

Día 20 de cuarentena. Ya pienso como presa. Y busco escape donde sea, ventana, patio, frente. La historia contemporánea nos juzgara como la generación que no pudo con los hijos ni con los entenados. Seguimos repitiendo errores en forma cíclica y los líderes del mundo son cada vez peores. Por supuesto no somos la excepción.

Tuve la idea de volverme atlética en esta cuarentena y hago hace unos días cien abdominales diarios, pesas y uno que otro salto a la soga. Todo para que la culpa no me ataque al comer galletas dulces mirando netflix y llorando con las mismas películas viejas que elijo una y otra vez.

Y sí, en el fondo todos somos un poco grasas y romanticursis, gordos pochocleros al fin. Me enoja mucho una sola cosa, ¿Por qué no me agarró esta puta cuarentena en el mar? Si dios sabes que amo el mar, que me puedo endeudar meses con tal de verlo, que soy feliz con su olor. ¿Sera que no hay Dios?

A pesar de estar bautizada, confirmada y re confirmada, me casé en pecado con un divorciado. Este debe ser mi castigo de fe. O tal vez sea porque no he confesado las mentiras dichas, o las puteadas que le he pegado al cielo ante las injusticias. O porque como me dicen en las redes, no soy fácil de convencer y no me gusta rendir mis pensamientos ante la masa crítica. Vaya uno a saber.

Les cuento que fuimos abandonados por nuestro hijo menor, que se amotinó en Doña Sofía para ser libre al sol con sus mascotas, así que la pareja se va a ver las caras sin intermediarios. ¡A la pelota! ¡Comenzó el partido!.

Diario de Cuarentena

El mate en la mesa de luz. las gafas, un par de libro y la notebook sobre mi falda. Un cuadro a medio pintar apoya sus tonos ocres sobre la pared. Un nuevo día en cuarentena obligatoria. Se escuchan trinar pájaros en el patio que es el único reducto verde de la casa.

Tal vez estoy en el espacio y tiempo equivocado. Pero no, toda esa escena bucólica termina con mi marido que viene celular en mano diciendo que el aparato hace cosas raras. Se le trabó una aplicación que seguramente trabó él y como nada hay más importante que sus deseos, supone que voy a dejar todo para asistirlo. Pero sigo aquí, escribiendo, y lo miro con todo el odio posible para que lo sienta. Pero no. Me pregunta otra cosa como si mi cara, mi tono, toda mi estructura y todos mis sentimientos no existieran.

Entonces pienso: ¡qué fácil es ser él!. Sólo ve por sus deseos, sus hambres, sus cuestiones, sus calenturas, sus mandados, y podría enumerar todos los «sus» del mundo. Entonces me digo que nací con el sexo equivocado. Pero lo hecho, está hecho.

Vuelvo al mate que se me enfrió, y me quiero morir, pero como mis deseos nunca se cumplen, estornudo y sigo. La casa necesita orden y limpieza. Hay sol para que la ropa seque. Tengo que terminar de leer el último libro de Cabezón Cámara, y elegir la imagen para éste entrada al diario. Cuarentena: es un término para describir el aislamiento de personas o animales durante un período de tiempo no específico como método para para evitar o limitar el riesgo de que se extienda una enfermedad, o una plaga. Me pregunto si personas o animales no somos lo mismo. Hasta mañana, si dios quiere.

Diario de Cuarentena

2 de Abril, día para honrar héroes. Anónimos, muertos, muertos vivos, vivos. Compañeros de colegio, de facultad. Padres de familia, hijos. Chicos que fueron inmolados por la ambición y la mentira. Que tenían el orgullo de pertenecer, que sabían de soberanía más que aquellos que los enviaron a la guerra sin cuartel.

Sé que están orgullosos de esa lucha, que no pretenden olvidarla sino reflotar su espíritu. Porque el odio nos enceguece, pero el patriotismo es otra cosa. Es la puesta de sol en una tierra lejana pero nuestra, fusil en mano, temblando de frío pero con la frente altiva de quién hace honor a su bandera. La sociedad se olvida fácil de sus héroes. Piensa que con subir islas en celeste y blanco está libre de pecado. Pero nosotros los enviamos allí. Nuestras miserias. La falta de seriedad política. Y nosotros somos los que les debemos honor.

Honor en la calle, honrarlos con trabajo, con sentimientos patrióticos, con ayudas económicas, con privilegios que ellos sí merecen, a diferencia de tantos.

Sus cascos baleados sobre las tumbas lejanas, esperan algo más que palabras, algo más que miradas, algo más que silencios. Hasta hoy, como sociedad, no estuvimos a la altura de nuestros héroes, en este diario intento honrar a los que veo, a los que no volvieron , a los desconocidos y a cuerpo entero de los grupos de artilleros, marinos, y aviadores que pusieron por encima de sus sueños, el de toda una nación.

Diario de cuarentena

Paso de reir a llorar. Qué mundo hipócrita en el que vivimos. Donde lo fútil supera a diario lo verdadero. ¿Es así desde Cambalache y nos gusta como sociedad quejarnos y no cambiar? O en esta vorágine en la que nos metemos para invadirnos quedamos atrapados, moscas al fin, sin poder aletear.

La verdad es que hoy en particular, tengo un dia de m. Mayúscula. Porque cuando pienso, sin aturdirme con The Cure, o volverme sabia con Aznar, o estallar en el piano de Guerschberg, cada día de esta fucking cuarentena, se transforma en m. M de mamá muerta, M de mi hija no está en casa. M de mascotas insoportables. M de mi marido me vuelve loca. M de me quiero ir a pasar la cuarentena a Grecia. En fin, puedo seguir con las eme hasta la noche, pero los aburriría. Y si algo nos sobra es aburrimiento.

Los síntomas bien, ya no sé si son reales o importados de neurolandia, y varían sin causa aparente. La casa cada vez más difícil de dominar, y eso que limpiar no es un problema para mí. SIempre admiré el orden y la limpieza. Pero la cocina…

A ver, ¿estamos locas? Todo el día hablando de liberación femenina y ahora posteamos tortas, exquisiteces para la familia, manjares en casa. La felicidad de cocinar de la mayoría me parece otra M, y lo voy a dejar claro en este diario. No me gusta cocinar. Soy rubia y rulienta, pero no soy Maru Botana. Tenía una M al fin de cuentas. Hice un pastel de carne, sí, Lo disfruté: No.

Es lo peor de la cuarentena, porque además de tener olores indeseables en las manos, después tenés que lavar los utensillos y cacerolas. Y pasar agua con lavandina a la mesada, a la pileta, al cucharón y a todo lo que se te ocurra. ¿Y si nos bañamos con lavandina rebajada? En una de esas, usamos las cacerolas para algo más que hacer ruido y nos damos cuenta que la vida es algo más que ésto. Con M de Marilyn.

Diario de Cuarentena

Una docena de noches, o de días, en otro hemisferio. Una docena de razones para que me tome esta cerveza que ni siquiera me gusta y escriba. No quiero estar acá, entre mis propios olores, veinticuatro por siete. Me gusta codearme con lo diferente, gente diferente, pensamientos diversos, siento que en el intercambio con el otro, aprendo, crezco, soy.

Harta de las series y de cuestiones comunes para mí, como leer a diario autores maravillosos, les cuento que estoy leyendo a Betina González y a Kerouac, a Gabriela Cabezón Cámara y a Federico Andahazi. así de variado, junto a algo de Chéjov y Cheever. Lo comento con el afán de seguir mostrando que los opuestos me atraen. No me dan miedos las mezclas. Bueno, en ese hastío decidí publicar en mi muro de Facebook que no me gusta la cuarentena. A pesar del diario.

¡Mierda! parece que soy sacrílega. Recibí una catarata de consejos alucinantes. Me comentaron desde amigos que adoro a desconocidos que me importan un pito. Desde familia a enemigos. Los consejos que me dieron fueron variados. Que estudie, que me calle, que me quede en casa (si no puedo salir o me multan) que no critique al gobierno, que los capitalistas, que que que que.

En definitiva, el diario es mucho más saludable. SI no son anti capitalistas , anti patriarcado, anti todo, no se les ocurra opinar en esa plataforma. Desde un ángulo distinto, fue divertido pasar una hora leyendo cuestiones concienzudas que respondían a una pequeña interpelación. Y me hizo comprender por qué mi pareja ya no intenta cuestionarme. Gracias por la terapia.

En otro orden de cosas, hay más contagiados que ayer pero parece que vamos bien, otros dicen que nos vamos a contagiar todos hagamos lo que hagamos, y la garganta duele y ahora tengo resfriado. Le tomo la fiebre a todos y de paso también les tomo la presión. Estoy pensando en cobrar, porque como soy independiente pero tengo auto y casa, no califico para la ayuda estatal y no se cómo voy a vivir., pero a quien le importa.

Quiero dejar constancia que si no me agarra coronavirus, voy a hacer un juicio al estado por reclusión insalubre. Y ahora mientras apuro mi IPA, voy a preparar una torta de naranja lima.