República y Ciudadanía

Por: Soledad Vignolo (*)

Publicado el 5 octubre, 2020 Por Grupo La Verdad

En esta época de crisis sistémica, con un gobierno puesto en el punto de mira, un sistema electoral quebrado que beneficia el turnismo de las dos grandes hegemonías, un sistema que desmantela progresivamente el Estado de Bienestar y retrocede varios siglos recortando derechos fundamentales conseguidos a base de miles de luchas de nuestros abuelos y nuestros padres, llega el momento de plantear una alternativa ciudadana que mantenga todo aquello que defiende una sanidad y educación pública de calidad, una alternativa que garantice el derecho al trabajo y a un salario digno y genuino, una alternativa que rompa una institución corrupta como es la casta política eternizada en el poder y construya una nueva sociedad sustentada en valores cívicos, en la que se planteen derechos y también deberes. Esa alternativa se llama República

No existe una forma de gobierno ideal, pero es importante que dentro de las posibilidades sistemáticas a nuestra disposición optemos por una que contemple los derechos de los ciudadanos. Para que un país consiga ordenarse y establecer un gobierno que no fluctúe y que preserve la paz y el normal funcionamiento de los diversos organismos del territorio, debe pasar antes por innumerables desajustes y dificultades. En Argentina se necesitaron muchos años para conseguir un régimen democrático de esta índole; padecimos muchos golpes de estado. Hasta que finalmente se estableció esta democracia republicana que debemos defender y que hoy se mantiene, pese a los muchos problemas que tengamos. Llevamos 37 años de sistema democrático, la mayoría de ellos entre gobiernos peronistas y radicales, a veces atravesados por alianzas, pero con los mismos actores políticos una y otra vez.

Es hora de cambiar como ciudadanos. El ciudadano es la persona que, por su condición natural o civil de vecino, establece relaciones sociales de tipo privado y público como titular de derechos y obligaciones personalísimos e inalienables reconocidos, al resto de los ciudadanos, bajo el principio formal de igualdad. Algunos intelectuales sostenían que ser ciudadano tenía una vinculación política, tal vez estén en lo cierto. Pero ser ciudadano es más que el simple hecho de cumplir 18 años y tener mayoría de edad, de haber nacido en este país y poder votar en las elecciones para elegir a nuestros representantes en el gobierno, o poder ejercer plenamente lo que conocemos como derechos y deberes ciudadanos tales como obtener el DNI, contraer matrimonio civil, poder trasladarnos libremente por el territorio nacional, por ejemplo. Ser ciudadano es sentirse parte de una estructura social y política, y, sobre todo, asumir responsabilidades y obligaciones en la construcción de la sociedad.

La ciudadanía es poder, tenemos la facultad de realizar actividades con plena autonomía, tomando decisiones responsables en el contexto social actual. Todos somos titulares de poder por lo tanto podemos influir e intervenir en la toma de decisiones en diversos espacios de nuestra vida. Pero solo ejercemos la ciudadanía si participamos en los diferentes espacios en los que nos desenvolvemos, en la familia, en el colegio, en el trabajo, en el barrio, opinando sobre temas que referentes al entorno en el que vivimos, tomando decisiones en beneficio de la sociedad o que impliquen una mejora de la calidad humana, la pregunta es cuantos de nosotros estamos realmente comprometidos.

Ser ciudadano es un derecho que conlleva un deber: el civismo; es decir las normas y el comportamiento sociales que nos permiten convivir en colectividad, sustentado en valores como el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; la buena educación, la urbanidad y la amabilidad. La ciudadanía ejerce su poder en una república.

Necesitamos la república porque es el sistema que nos puede ofrecer una vida digna a los millones de trabajadores que están desocupados, a los miles de ciudadanos que son desahuciados por los mismos bancos que han sido rescatados con miles de millones de pesos procedentes de fondos públicos, a los jóvenes que trabajan con sueldos basura o que se ven obligados a emigrar para poder vivir, a los jubilados que sobreviven con pensiones miserables. Porque los derechos sociales de la Constitución se vienen vulnerando en este momento donde dejó de importar la división de poderes. La defensa de la República traerá consigo una verdadera ruptura con el populismo que viene arreciando con nuestro país y con la vida lograda por los argentinos con mucho esfuerzo, esa en la que la movilidad de clases es posible.

El estado debe ser un defensor insobornable del poder civil, y lo logra si tiene espíritu republicano, no con un alocado ideario populista. Cuando contemplamos día a día el deterioro creciente de lo público en beneficio de una casta privilegiada, hay que afirmar con toda claridad que únicamente la vuelta a la República podrá garantizar un futuro con una educación y una sanidad públicas y de calidad. La misma que tuvimos y que hoy es un fracaso estrepitoso, producto de muchos gobiernos.

Miles de republicanos manifiestan sus ideas democráticas denostados por otros ciudadanos que parecen descreer de esos ideales, los únicos posibles para asegurar igualdad a la civilidad. Hoy muchos de nuestros derechos inalienables están vulnerados. La justicia no está dando respuesta. Los poderes del estado son tres, deben respetarse y no avasallarse, un gobierno es sólo el administrador momentáneo de los bienes públicos, el verdadero estado es el conjunto de los ciudadanos que elegimos un sistema republicano de vida. No temamos luchar por la salud de la República, es necesario salvarla.

(*) Escritora. Miembro de AAGeCu

Diario de Cuarentena: Batalla cultural

La cultura está tomada por el progresismo populista, este año estoy tratando de dar batalla a tanta retórica de perogrullo y creo que debo comenzar por decir de forma llana que las sociedades liberales son aquellas a las que nuestros jóvenes se quieren ir. Las nacidas pos revolución francesa y las que priorizan al individuo por sobre todo. Claro que se plantea el problema de abstraer al liberalismo de una praxis tan cotidiana y asumida que a muchos les resulta ya invisible. Todos somos, en cierto sentido, liberales, entonces terminan utilizando el término liberalismo en lo público a su sentido economicista y aun a ciertas escuelas de teoría económica de mala fama. Pero no: el liberalismo es «el movimiento o doctrina que ha construido la mayor parte de las instituciones que habitamos» . La ideología a la que debemos la práctica de «la democracia posible», porque fuera del diseño liberal del Estado ninguna otra forma de vida democrática ha resultado viable y ninguna otra tiene visos de prosperar, como arguye Ruiz Soroa en su libro Elogio del liberalismo, desechando como palabrería de salón las concepciones de la democracia que se presentan como rivales del formato liberal representativo: «No existe una democracia más plena ni de mayor calidad que la existente […]. Podemos aspirar a practicar mejor las reglas de la democracia liberal, pero no a tener otra democracia más profunda o auténtica».

Estoy de acuerdo: la democracia no está en otra parte. El núcleo de la doctrina liberal: individualismo y gobierno acotado. Individualismo que no es el egoísmo, sino la idea de que, entre sociedad e individuo, es éste quien tiene la primacía ética. De otro modo: que «lo político está al servicio del individuo, no al revés» y que, al final, y ante la duda, «el agente moral que cuenta es la persona» . Si la defensa de la dignidad individual se deriva de la crítica antiestamental del primer liberalismo, ell gobierno acotado es corolario de la originaria crítica antiabsolutista; es decir, limitación o división del poder, como recurso infalible para prevenir un abuso que es riesgo congénito a su ejercicio. De aquí brota la tensión entre liberalismo y democracia, que se resuelve mediante el triple expediente de la representación, la creación de poderes contramayoritarios que vigilen, por ejemplo. Todo al servicio de una concepción en la que la libertad –que por fuerza es la igual libertad– es motor del progreso moral de la sociedad y la ley impersonal el instrumento predilecto para evitar las arbitrariedades de la voluntad, la encarne quien la encarne: «El gobierno de las leyes (rule of law), no el gobierno de los hombres: esa es la consigna liberal por excelencia»

Claro que tales ideas requieren lograr ganar una batalla cultural que en latinoamérica ha sido tomada por el populismo, deberemos refinar nuestros recursos y lograr generar nuevas tensiones culturales. Tener claro sobre la libertad la cuestión de sus límites, así como las condiciones de la libertad, lo que nos adentra en el prolijo debate entre la libertad positiva versus negativa, o la entendida como no interferencia frente a la que prefiere hablar, en tono republicanista, de no dominación. Porque creemos que no debe intervenir el gobierno pero : «Unos [liberales] hablarán del Estado social, otros del Estado mínimo. Pero la raya [que separa al gobierno del individuo] debe existir siempre; esa es la aportación esencial de la intuición liberal»

Podemos enfrentar el liberalismo con la poderosa tosquedad del nacionalismo. O las críticas desde el comunitarismo o el multiculturalismo, que consideran a los liberales desarraigados. Y no podemos olvidar la engañosa contraposición del progresismo entre estado y mercado cuando el mercado no deja de ser una creación del Estado. Me resulta raro la serie de debates que a partir del sencillo punto de la libertad individual, una costura que ha ido hilvanando el liberalismo desde hace cuatro siglos .

La idea perdurable del gobierno limitado y de la igual dignidad de todo individuo como núcleo innegociable de la vida en comunidad. Locke, Montesquieu o Voltaire no llegaron a la conclusión de que la libertad de conciencia era una buena idea mirando las estrellas o tomando un chocolate, sino conmovidos por los gritos de dolor de personas conducidas al cadalso por su fanatismo, en ese caso religioso. Hoy nos enfrentamos a otros fanatismos, pero no olvidemos que en su origen, el liberalismo es un humanismo, un humanitarismo, surgido de la compasión por el hereje. Judith Shklar,dice que el liberalismo es «la doctrina que sostiene que cada persona adulta debe ser capaz de tomar, sin miedo y sin favor, tantas decisiones efectivas sobre su vida como sean compatibles con la libertad de igual tipo de los demás».

Hoy con la penuria económica que limita nuestras posibilidades es esa penuria precisamente lo que abre al liberalismo a la cuestión social, de la cual ningún liberal honesto se ha sentido desentendido nunca.

Hay que batallar culturalmente, con los competidores ideológicos. El liberalismo está aquejado de ser una doctrina hecha de «renuncias, contención y realismo» que lo pone , en desventaja propagandística con el socialismo, el populismo o el nacionalismo. Pero abrazar el liberalismo es algo así como abrazar el oxígeno. En un país en el que proliferan las malas ideas, no parece que no nos quede más remedio a los liberales que salir a defender una forma de pensar la vida y la comunidad que sigue siendo, como dice Giovanni Sartori , «la única ingeniería de la historia que no nos ha traicionado».

Invito a dar batalla, a pensar que no hay otra posibilidad cultural que halla resultado viable por siglos, y que aferrarnos al clientelismo y la simplona teoría populista sencillamente es condenarnos una y otra vez al fracaso. Los individuos somos más importantes que el estado, cada persona cuenta, cada uno de nosotros es valioso, que no nos quiten el derecho a sentirnos así. Y que la cultura sea.

Diario de Cuarentena: Nefando

Llegando a los 200 días de cuarentena ya es pasional recomendar un libro cada domingo, hoy me la juego por una novela de la talentosa ecuatoriana Mónica Ojeda.

‘Nefando’ es una novela estructurada a la manera de la segunda parte de Los detectives salvajes, (No hay escritor al que no le guste Bolaño; al menos yo lo idolatro)una novela que podría llamarse coral. La autora nos muestra una investigación sobre un videojuego que presumió un gran escándalo al incluir entre su despliegue gráfico videos de pederastía. Los responsables directos de que dicho videojuego —llamado ‘Nefando’, claro—son tres hermanos, los Terán, que lo colgarán en la ‘web oscura’, y e descubrir cómo se les ocurrió la demencial idea de jugar con imágenes escalofriantes. deciden entrevistar a colaboradores y amigos de los creadores. La novela nos va llevando a un clima en el se oculta una novedad patológica, que no deseo spoilear pero que amerita la lectura. Durante las entrevistas, se configuran los relatos particulares de cada personaje que aparejan una voz propia, un estilo propio en un gran trabajo formal por parte de Ojeda, que demuestra un sólido dominio del idioma, una decisión definida en lo moral ya que no escatima escenas peliagudas en tiempos donde todo está mal visto, aún en la ficción, a punto tal que los libros se han vueltos recetas mojigatas de la vida; pero lo más interesante son sus cualidades narrativas. La versatilidad de Mónica Ojeda es admirable.

La portada de ‘Nefando’, muestra pelo y agua, y lo cierto es que su lectura nos remite al horror de algunas películas donde estos elementos son causantes de lo inefable. ‘Nefando’, es innovador, intelectual, es un libro que inquieta, fastidia, nos pone en lugares incómodos. Tal vez por eso se los recomiendo.

Diario de Cuarentena: Nos siguen pegando abajo

Miren lo están golpeando todo el tiempo
Lo vuelven vuelven a golpear
Nos siguen pegando abajo

Hoy leí sobre un pueblo en Japón que está habitado por un número mayor de espantapájaros que de personas, la imagen fue muy significativa porque en éste momento del país siento que debemos ser eso; espantapájaros. Y lo digo porque tantas instituciones intermedias, sindicatos, colectivos, movimientos y demás que se han pasado muchos años cortando calles, impidiendo las clases, buscando como visibilizar cuestiones de género, lucha de clases y demases, están tan silenciosas y juiciosas, tan quietitas y en sus puestos que se asemejan a muñecos vestidos para la ocasión.

Mientras, tenemos un montón de sueldos en ministros que se ocupan de la nada misma, una vicepresidenta que se oculta o se vuelve influencer según la conveniencia y un montón de relatores de una realidad que ellos mismos contruyeron.

Hipocresía sobra. La hipocresía puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales o sentimientos.Un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad. Y nuestro gobierno, pero nuestro pueblo también está lleno de ellos. Mucho progresismo de palabra pero en los hechos personales, los dólares son el ahorro de aquellos que pueden ahorrar. Todos hablamos de espiritualidad y amor pero somos cancerberos de nuestros ideales y desestimamos todo aquello que no nos convenga. Y mientras paveamos con discusiones pueriles, los que detentan el poder, nos siguen pegando abajo, como dice Charly en su canción.

Es necesario que los moderados, aquellos que respetamos al otro y su propiedad, al otro y sus ideas, a la vida en diversidad, dejemos también de ser espantapájaros expectantes del robo de nuestros derechos y salgamos a gritar a viva voz que necesitamos un gobierno que no sea hipócrita y que realmente promueva acciones que nos asistan, en vez de golpearnos todo el tiempo.

Diario de Cuarentena: Defender lo indefendible

Hoy quiero reflexionar bajo el sol fresco de la mañana sobre el gran aprovechamiento de este tiempo de pandemia de corrupción, por parte de aquellos que supuestamente desean el progreso y ya no pueden ni defender la mentira que aflora y se repite reiteradamente, cuando los propios actores caen en contradicciones que se evidencian, aún cuando sepamos que en política el cinismo es uno de los rasgos principales.

La impunidad y su maldita costumbre argentina, aparece como sombra mientras se realizan investigaciones de las Fiscalía y los procesos judiciales.que ya deberían haber concluido, contra altos y medios funcionarios públicos y también privados, vinculados a delitos contra los bienes públicos, es decir contra los que dicen proteger. Cuando los actores sociales que defienden este supuesto progresismo de pseudoizquierda sostienen una mentira tan grande con su discurso, tienen que elegir, entre reconocer y rectificar ante las evidencias claras de lo que acontece o, como hace la mayoría, sostener esa mentira a rajatabla tejiendo nuevos y falsos argumentos para mantener tanta falsedad en pie, aunque se ridiculicen por las incoherencias en las que caen.

Alexis Carrel, reconocido médico investigador científico y pensador francés, Premio Nobel de Medicina, analizó a las conductas personales en dos obras: La conducta en la vida y La incógnita del hombre. Habló de la reconstrucción del hombre civilizado, del individuo mal adaptado al clima moral, de la irresponsabilidad y el afán de confort . El afán del provecho, de la satisfacción de los apetitos materiales y la diversión. La cobardía, la intemperancia, la ausencia del sentido moral, la presencia de la mentira que lleva a más mentiras para tratar de sostenerla. Cada cual debe comprender la necesidad de hacer el bien y de evitar el mal y someterse a esta necesidad por esfuerzo de su propia voluntad. La autoridad que miente y persiste en la mentira termina siguiendo en su dinámica de embustero, tejiendo cada vez más falacias y allí caen en contradicciones, que poco les importa pero que se evidencian cada vez más.

Estos siniestros abogados de lo que no es, no sólo están entre políticos sino también entre funcionarios públicos,empresarios y ciudadanos que apoyan sin medir las consecuencias de su fanatismo. Se acostumbran a los sofismas para defender lo indefendible, sin pruebas de descargo sino con leguleyadas. Dejan pasar el tiempo para que continúe la impunidad y no se lleguen a ejecutar sentencias y para ello usan artimañas de todo tipo, utilizando las instituciones de la república . ¿Hasta cuándo vamos a sostener tanta hipocresía? Mientras hablan de cuánto les importa el pueblo, de lo único que se ocupan es de ellos mismos. Pero el resto del pueblo, aquel que no está ocupado en defender lo indefendible para mantener un ideal que parte de premisas falsas, ya no puede permanecer pasivo. Como enuncia Deepak Chopra: La pasividad es lo mismo que defender a la injusticia.

Diario de cuarentena: Qué me van a hablar de amor

Yo he vivido dando tumbos
Rodando por el mundo y haciéndome el destino…
Y en los charcos del camino
La experiencia
Me ha ayudado por baquiano y por que yo
Comprendo que en la vida
Se cuidan los zapatos andando de rodillas

Y así andamos, de rodillas, acunados por el miedo. Descubriendo nuestros límites entre ideologías y verdad. Vamos como el tango, rodando entre mundos que se chocan y sin ver el destino, pero sí los charcos que nos impiden cruzar. No entiendo el miedo si somos los mismos que cometemos los mismos errores una y otra vez.

Por eso…
Me están sobrando los consejos
Que en las cosas del amor
Aunque tenga que aprender
¡Nadie sabe más que yo!…Yo anduve siempre en amores…
¡Qué me van a hablar de amor!…

Anduvimos siempre con los mismos amores políticos no? tal vez sea hora de modificar conductas y reactivar nuevos rumbos, porque estos políticos…. Qué nos van a hablar de amor!


Si ayer la quise, qué importa
¡Qué importa si hoy no la quiero!Eran sus ojos de cielo
El ancla más linda que ataba mis sueños
Era mi amor, pero un día se fue de mis cosas
Y entró a ser recuerdo…

Y así es, podríamos dejar en el recuerdo esos planes mesiánicos que repetimos una y otra vez, las mismas ideas que no funcionaron, anclados a ellas a más no poder.


Después rodé en mil amores…
¡Qué me van a hablar de amor!Muchas noches el invierno
Me ató desde el pasado la soga del recuerdo…
Pero siempre me he soltado
Como un potro
Mal domado por baqueano y porque yo
Que anduve enamorado
Rompí como una rosa
Las cosas del pasado

Eso propongo hoy, rompamos con el pasado, es 1 de Octubre y seguimos amañados y asustados, sin salud y sin justicia, con poco dinero confinados al miedo y la desazón. Pero confío en el futuro, en la fuerza del espíritu y en la gente, por eso le dejo al cierre al gran Homero Expósito.

Y ahora
Que estoy viviendo en otra aurora
¡No!, ¡no me expliquen el amor!
Que aunque tenga que aprender
¡Nadie sabe más que yo!…Yo, yo anduve siempre en amores
Que me van a hablar de amor
Si ayer la quise, si ayer la quise qué importa
¡Qué importa si hoy no la quiero!Eran sus ojos de cielo
El ancla más linda que ataba mis sueños
Era mi amor, pero un día se fue de mis cosas
Y entró a ser recuerdo
Después rodé en mil amores…
¡Qué me van a hablar de amor!…

Diario de Cuarentena: Per saltum

Procederá el recurso extraordinario ante la Corte Suprema prescindiendo del recaudo del tribunal superior, en aquellas causas de competencia federal en las que se acredite que entrañen cuestiones de notoria gravedad institucional, cuya solución definitiva y expedita sea necesaria, y que el recurso constituye el único remedio eficaz para la protección del derecho federal comprometido, a los fines de evitar perjuicios de imposible o insuficiente reparación ulterior.

Esa es la letra de la ley que permite el per saltum. Un recurso legal, al que apelaron los jueces que fueron a la corte. Pero la gente ya viene usando el per saltum hace unos meses, porque tiene más clara la gravedad institucional de lo que ocurre en nuestra patria, aún más que la misma oposición. Y entonces por salto sale a la calle a defender derechos, a trabajar, a forzar aperturas. Por salto busca que los jueces de la misma corte impartan verdadera justicia, sin conveniencia. Por salto se defienden del avasallamiento continuo a los derechos adquiridos. Por salto impiden que ingresen a su propiedad. Y no es un hecho menor. La ciudadanía ve lo que el gobierno oculta. La ciudadanía oye lo que el gobierno calla. La ciudadanía no es tonta, o ingrata o personas de mal, según el presidente porque se manifiesta. Por el contrario, entiende la gravedad del virus, la crisis sanitaria que expone el fracaso de muchos gobiernos en esa área y la inexorable marcha a la pobreza que este modelo propone. Por eso grita, por eso sale, por eso puja, por eso puede ir en contra de sus miedos, porque sabe que es hora de defender la república y los derechos individuales y comunes como sea. No es tiempo de ser tibios, ni pusilánimes. Porque nos están queriendo arrebatar lo conseguido. Per Saltum.

Diario de Cuarentena: La enfermedad y sus metáforas

Tendríamos que aceptar que el comportamiento del ser humano es mucho más complejo que cualquier virus.
Jonathan Mann

En un momento donde abundan las metáforas y faltan los hechos y en el día que la justicia brillará por su ausencia, que los políticos creen ser eternos y el pueblo con sus luces encendidas dejó de temer, me parece interesante reflexionar sobre las metáforas de esta pandemia, y en especial de la cuarentena sin fin a la que nos someten, para ello, voy a recordar a una escritora que poco fue leída porque la metáfora de su propia fama silenció su obra.

Susan Sontag escritora e intelectual americana escribió La enfermedad y sus metáforas, una obra que se centra en el tratamiento tan diverso que han tenido, a nivel social, las grandes pandemias. Sontag analizó sobre cómo diferentes sociedades o históricos distintos generan discursos completamente diferentes a la hora de explicar las enfermedades. Las metáforas con que nos referimos a las enfermedades, debido a que estas son siempre traumáticas para la vida de las personas, y más si son mortales, son construcciones lingüísticas que a menudo son sólo un subterfugio para no mirar nuestros miedos de cara.

Sontag fue una de las primeras críticas modernas en señalar de manera convincente que la enfermedad adquiere significado mediante el uso de la metáfora. Sontag señala que las fantasías inspiradas por la tuberculosis en el siglo XIX -la “buena reputación” de la tuberculosis provenía de los artistas que la habían sufrido como Chéjov, Chopin, Modigliani, Poe, Balzac, Novalis, Schiller, o Whitman- y por el cáncer en el siglo XX son reacciones ante enfermedades consideradas intratables y caprichosas (que la ciencia no comprende), en una época en que medicina supone que todas las enfermedades pueden curarse. Lo mismo ocurre hoy con la COVID 19. Las enfermedades de este tipo son misteriosas. “Aunque la mixtificación de una enfermedad siempre tiene lugar en un marco de esperanzas renovadas, la enfermedad en sí (ayer la tuberculosis, hoy el cáncer) infunde un terror totalmente pasado de moda. Basta ver una enfermedad cualquiera como un misterio, y temerla intensamente, para que se vuelva moralmente, si no literalmente, contagiosa”.

Bastaría oír el vocabulario de guerra utilizado para hablar de un virus, que es similar al usado en su momento para el cáncer: “el coronavirus invade”, “coloniza nuestros órganos”, “las defensas del organismo”, y en este léxico bélico también tenemos nuestra guerra química: que tal droga, que el plasma, la ivermectina, ibuprofeno líquido, dexametasona, etc. Según la autora, y adhiero, todo esto hace que se estigmatice ciertas enfermedades y, por extensión, a quien está enfermo. La pandemia actual del Covid-19 ha puesto de manifiesto todas estas contradicciones a la hora de tratar una enfermedad que no podemos controlar y que nos paraliza social y económicamente. Ojalá recordar a Sontag nos devuelva algo de pensamiento crítico, porque como bien decía, la metáfora de la enfermedad no era sólo una figura retórica, sino también, y sobre todo, un mecanismo epistemológico totalitario del lenguaje cotidiano.

Diario de Cuarentena: La Valla

Ayer, domingo lleno de malas noticias, comencé a ver una serie española premonitoria hecha en 2019. La Valla, que me produjo una profunda angustia porque mezcla todos mis miedos, que no son precisamente a la enfermedad o la muerte-ambas nos acompañan como humanos- sino al medio ambiente, a la deshumanización y al autoritarismo, que siempre lleva al descontrol de los humanos y a la locura del poder. La serie habla de que un virus afecta a la población de forma desmesurada. De hecho, cambia el mundo tal y como lo conocemos y el comportamiento de los miembros de la sociedad. Se deben hacer pruebas a los ciudadanos para comprobar si dan positivo en el virus y, si resulta que sí, son confinados junto con sus seres queridos, tal cual lo que hoy vivimos. La única forma de pasar de una zona a otra es cruzar la valla que separa, para lo que será requisito disponer del salvoconducto reglamentario. No dista en nada a una Argentina llena de vallas entre ciudades y provincias y de prohibiciones y permisos para transitar. La miseria humana en su máximo esplendor, porque hay unos pocos, los supuestos «cuidadores» que viven como siempre, o mejor que nunca, explotando al resto que dicen proteger.

La serie va más allá, con manipulación de niños para una vacuna, y con «informantes» entre los ciudadanos. Lo primero espero que nunca ocurra, lo segundo ya lo padecemos. Vivimos cyber vigilados, con un aparato de secuaces denunciando a sus vecinos, como si fueran inmunes y con la idiotez de siempre cuando el miedo cunde.

Recomiendo verla, aunque angustie, para lograr evitar aquellos males que aún no padecemos, a ver si los que hoy se sienten con una moral social de otra alcurnia y no pelean por la libertad, se dan cuenta que los virus son virus, siempre existieron y van a existir y no somos inmunes, LLevamos un millón de muertos en el mundo por COVID, de Cáncer se mueren 9 millones y del corazón 18 millones, y no contamos a diario la muerte como con este virus. Es probable que por un par de años convivamos con el flagelo de esta enfermedad. Pero lo que sí podemos evitar es que abusen del poder, nos confinen a un anonimato social y político, unos pocos decidan por todos y se inmortalicen en sus culos millonarios sobre el sillón de Rivadavia. Seamos Libres, no construyamos Vallas, o Muros, llamalos como quieras. Seamos empáticos no nos denunciemos, seamos humanos. Las enfermedades más crueles no son las físicas. Ojalá esta tremenda serie de ficción no haya anunciado un mundo donde el nuevo orden emule lo peor del nazismo y lo supere.

Nadie quiere enfermarse, nadie quiere contagiar, nadie quiere morir. Pero no somos dioses, venimos a este mundo en un envase frágil. Nos podemos distinguir por ser cálidos, amorosos, creativos, solidarios, y por compartir, abrazar, besar, amar, procrear, crear. No perdamos lo importante de vista. No cesemos en la defensa de la libertad. La vacuna para un virus llegará, pero podemos perder menos en el camino. No nos perdamos como sociedad. Ese es el inefable temor que me aqueja, saltemos la valla. Por favor.

Diario de Cuarentena: Prins

En esta costumbre encuarentenada, los domingos recomiendo alguna obra de algún autor, y este domingo de primavera lluviosa, que parece bendecir y salvar los humedales incendiados y las tierras de Códoba y la sequía del campo y las lágrimas sin agua ni sal que suspiramos, me decidí por la locura psicodélica de un autor de culto. Cesar Aira y su Prins.

En el eje de esta novela hay un escritor de novela gótica comercial, muy consciente de lo pueril de su obra, que decide dejar de escribir e invertir en el consumo de opio la media hora diaria que le permite esa decisión. Claro que el asunto no es simple, porque el opio que adquiere en un extraño local llamado La Antigüedad resulta ser un paralelepípedo blanco del tamaño de una lavadora, entregado a domicilio por un tipo decidido a instalarse en su casa por tiempo indeterminado. Encima, los antiguos ghostwriters del narrador, ahora desocupados, se convierten en una banda criminal que siembra la delincuencia en Buenos Aires siguiendo cada tip de los clásicos e inamovibles relatos góticos que antes producían en negro. Desde luego, este es un caso para el Doctor Aira, de modo tal que le permitirá escribir su irónica y casi psicodélica  Casa Tomada.

«Tras una sobria y concienzuda consideración me decidí por el opio», dice el narrador de Prins. Esta novela, tiene todo lo que Aira ofrece: un narrador que se nos ríe en la cara pero que nos divierte; personajes que parecen hologramas charlatanes que se proyectan espacial y temporalmente; lo poblacional, lo barrial y lo urbano; pero también filosofa sobre la necesidad de escribir; o de no escribir; o sobre la necesidad de drogarse. Sobre necesidades.»Me preguntaba cómo era posible que esa enorme cantidad de gente se las arreglara sin el opio», dice el narrador de Prins. «Eran vidas realistas; iban por los carriles de bronce de la realidad». Increíble parábola esta de carriles de bronce, adustos, quietos cuando deberían ser ágiles. Así es todo el texto que como en todas sus novelas, las fortalezas de Aira en Prinz pueden ser también sus flaquezas. Como la prosa pesada y rebuscada que se pone onanista y entonces cambia nuestra mirada del maestro y los hologramas son a veces de un papel glacé. Pero en realidad todo eso la vuelve verosímil y nos deja sabor a poco, como siempre con Aira uno termina con un hueco en el estómago, con un vacío intenso que solo se llena con más Aira. Y más Aira. Y más. Y más Aira. Sí, como una droga.