Diario de Cuarentena: Prins

En esta costumbre encuarentenada, los domingos recomiendo alguna obra de algún autor, y este domingo de primavera lluviosa, que parece bendecir y salvar los humedales incendiados y las tierras de Códoba y la sequía del campo y las lágrimas sin agua ni sal que suspiramos, me decidí por la locura psicodélica de un autor de culto. Cesar Aira y su Prins.

En el eje de esta novela hay un escritor de novela gótica comercial, muy consciente de lo pueril de su obra, que decide dejar de escribir e invertir en el consumo de opio la media hora diaria que le permite esa decisión. Claro que el asunto no es simple, porque el opio que adquiere en un extraño local llamado La Antigüedad resulta ser un paralelepípedo blanco del tamaño de una lavadora, entregado a domicilio por un tipo decidido a instalarse en su casa por tiempo indeterminado. Encima, los antiguos ghostwriters del narrador, ahora desocupados, se convierten en una banda criminal que siembra la delincuencia en Buenos Aires siguiendo cada tip de los clásicos e inamovibles relatos góticos que antes producían en negro. Desde luego, este es un caso para el Doctor Aira, de modo tal que le permitirá escribir su irónica y casi psicodélica  Casa Tomada.

«Tras una sobria y concienzuda consideración me decidí por el opio», dice el narrador de Prins. Esta novela, tiene todo lo que Aira ofrece: un narrador que se nos ríe en la cara pero que nos divierte; personajes que parecen hologramas charlatanes que se proyectan espacial y temporalmente; lo poblacional, lo barrial y lo urbano; pero también filosofa sobre la necesidad de escribir; o de no escribir; o sobre la necesidad de drogarse. Sobre necesidades.»Me preguntaba cómo era posible que esa enorme cantidad de gente se las arreglara sin el opio», dice el narrador de Prins. «Eran vidas realistas; iban por los carriles de bronce de la realidad». Increíble parábola esta de carriles de bronce, adustos, quietos cuando deberían ser ágiles. Así es todo el texto que como en todas sus novelas, las fortalezas de Aira en Prinz pueden ser también sus flaquezas. Como la prosa pesada y rebuscada que se pone onanista y entonces cambia nuestra mirada del maestro y los hologramas son a veces de un papel glacé. Pero en realidad todo eso la vuelve verosímil y nos deja sabor a poco, como siempre con Aira uno termina con un hueco en el estómago, con un vacío intenso que solo se llena con más Aira. Y más Aira. Y más. Y más Aira. Sí, como una droga.

Diario de cuarentena: Vergüenza ajena

Me levanté toda la semana avergonzada por diferentes cuestiones de nuestra vida político social, La destrucción de la trama social me averguenza, los argentinos policías de otros argentinos me avergüenzan y me recuerdan momentos trágicos que no viví pero me han contado de primera mano, la falta de respeto de los ministros y del presidente hacia la ciudadanía me avergüenza, el paparulo del «ahorren en dólares» me avergüenza, el patético besar tetas en diputados me averguenza, los artistas que sostienen lo insostenible y adoran las ollas populares me avergüenzan, la decadencia a la que este gobierno y no otro, mal que les pese, ha llevado a mi país me avergüenza, pero lo hace tiñendo esas sensación sentimental con un dolor iracundo. Porque la Justicia brilla por su obsecuencia con el poder y su destrato a los ciudadanos. Los poderes divididos de una república están desapareciendo y con ellos nuestras garantías. Ayer una María Rachid defendía todo aquello por lo que debió pelear, y me avergüenza. Hasta dónde el poder aleja a los humanos de los humanos, e incluyo a todos los que tienen un cargo de gestión y pertenecen a una oposición que no defiende los valores por los que fueron elegidos. Nuestra ciudad fundida es un ejemplo, una ciudad sin testar y pidiendo permiso. CABA es otro, cobran para representarnos, no para safar con el poder de turno. La gente seguirá en la calle porque le teme más a los políticos que a la pandemia.

Los clásicos griegos ya nos advertían de las mutantes caras de la política, capaces de transformar el instrumento básico para las sociedades, en un elemento que terrorífico que puede producir continuos problemas y hasta tragedias en la sociedad. Hablo de política en Democracia, por supuesto, tras derrocar las dictaduras pródigas que tuvimos. El Parlamento dejó de ser una cámara para escuchar la voz del pueblo, es un patio de vecinos incultos y maleducados, que en vez de manejar o proponer ideas nobles, se prodigan insultos personales., o nos muestran su vida íntima. El repugnante episodio del diputado Ameri sobra como muestra. Y un presidente de la cámara que siente vergüenza de sus pares porque no es capaz de verse. Los jueces que presionados, no actúan, demostrando su falta de idoneidad y tenemos un Presidente de la nación apabullado que no reacciona pese a las humillaciones.

Ahora, el alto Tribunal, es decir, la Corte, no resuelve por temor a la vice, y eso también me avergüenza. Deberían garantizar justicia con su independencia. Hay una doble personalidad en Fernández, que hace las veces de Jeckyll y Hyde, y que nos está afectando en nuestra vida diaria, en nuestra economía, en lo social afectivo y en nuestro futuro. La política no me avergüenza, es necesaria, la clase política sí. Han convertido la noble labor política en una democracia en signo de vergüenza. Y no escapo a esa sensación. Ya lo decía Hesíodo: La vergüenza viene en ayuda de los hombres o los envilece,

Diario de Cuarentena: Reconocer el fracaso

DIjo el año pasado Julio Bárbaro: Voy a votar al kirchnerismo, ese peronismo de medio pelo con veleidades izquierdistas que tanto nos lastimó a sus creyentes pero que sigue siendo infinitamente mejor que los que no pueden ni quieren dejar de ser gorilas.

Llevo unos nueve meses mínimo siendo tratada de gorila, y sobre esto quiero hablar en mi diario de hoy, para finalizar cuestionando la cita textual del señor Julio Bárbaro.

Por qué gorila, además de un mamífero, es también una alusión política es como todo en argentina, producto de una confusión, un gorila es un antiperonista, militar o civil. Pero todo comenzó por una broma involuntaria de un programa cómico. En 1952 debutó en Radio Argentina La Revista Dislocada, creado por Délfor Dicásolo, con libretos de Aldo Cammarota y locución de Cacho Fontana. El ciclo fue transmitido por diferentes radios y canales de televisión hasta 1973, cuando fue prohibido por el gobierno militar de Lanusse. En 1953 se estrenó en Estados Unidos la película Mogambo, protagonizada por Clark Gable, Ava Gadner y Grace Kelly. En una de las escenas del film, Gable está con Grace Kelly, quien estaba enamorada de él. En el fragor del romance, se escucha un fuerte rugido que provoca que la joven Grace se arroje en los brazos de Gable, quien para tranquilizarla le dice: «Calma, deben ser los gorilas». En 1955, esa escena inspiró al libretista de La Revista Dislocada para hacer un sketch en el cual un coro entonaba un jingle, que decía: «Deben ser los gorilas, deben ser, que andarán por ahí». Sin bien el sketch no tenía nada que ver con políticas, el público peronista lo interpretó como una alusión a lo que era por entonces, un secreto a voces: un movimiento subterráneo de tropas intentaba derrocar a Perón. Fue así como, luego del golpe militar llevado a cabo por la Revolución Libertadora, los peronistas comenzaron a utilizar el término gorila para calificar a los partidarios del golpe que desalojó a Perón y al que estaba en contra del régimen peronista. hasta el día de hoy. Para los peronistas fanáticos, soy una gorila. Como no me gustan los ismos pero sí los animales, prefiero ser gorila que fanática.

Pero volviendo a Bárbaro que afirmó votar a un gobierno de medio pelo y pseudo izquierda al que consideraba mejor que Cambiemos, le quiero informar que se equivocó. Y no en el análisis del mediocre gobierno de Macri, sino en conformarse con cualquier cosa a la hora de votar. Muchos argentinos siguieron sus pasos, señor y aquí estamos, con cerca de 700000 contagiados, un mínimo de 14000 muertos, y un país devastado económica y socialmente. Si usted sabía que eran medio pelo, es responsable de tanta desgracia para la nación. No es culpa de la pandemia el caos argentino, es la inexorable marcha hacia un una caída estrepitosa del bienestar producida de un gobierno dudoso y decadente que no va a reconocer su fracaso. Así como sus votantes no pueden hacerse cargo del terrible error que cometieron, creyendo en la conversión casi evangélica de personas sin escrúpulos. Pensar “Esta vez sí”,  aún reconociendo que estas mismas personas ya han fracasado, sin cumplir sus propósitos; es casi un pensamiento mágico que solo conduce a desaciertos y mayor decadencia. Sin nuevos líderes y nuevas estrategias, este país no solo es inviable sino que resulta insostenible, , hay que reconocer los fracasos y madurar, cueste lo que cueste. Los ciudadanos debemos comprender que el voto es un derecho que en paralelo es derecho y a la vez un deber. El de elegir a los mejores, más idóneos y confiable y no elegir castigando o por conveniencia o fanatismo, debemos exigir a quienes damos poder, y no enamorarnos de los discursos vacíos que proponen. Hoy me siento abrumada por el dolor de mi pueblo, por lo inevitable – que es la pandemia- y por el falso cuidado y el discurso mortuorio y amedrentador de quienes nos gobiernan, que limitan, prohíben y mienten sin cesar, pero no fueron capaces de hacer, proyectar, aclarar, acertar nada. Mucho menos administrar la crisis. Así estamos, entre un pueblo fanático e indolente y un gobierno que nos desconoce y solo se enquista en su odio. Hay otra realidad posible, una que puede gestarse reconociendo el fracaso de modelos y discursos, que dé un portazo a viejas versiones políticas y se anime a la verdad por primera vez. No estamos juntos ni unidos, ni somos todos los que apoyamos esto, aunque insistan desde spots alienantes. Tenemos que proyectar en la diversidad, pisando sobre valores como honradez, ética, mérito, empatía, para poder gestarnos como sociedad una vez más, y aspirar al bienestar. Tenemos una Constitución Nacional impecable y de avanzada, antes de criticarla, cumplámosla.

Hace un tiempo leí al español  Miquel Seguró, que en la presentación de su libro Hartos de corrupción decía: “Estamos hartos y lo queremos expresar, para que nadie nos pregunte en un futuro ¿por qué no hicisteis algo? Hay mucho más en cuestión que el dinero robado. La corrupción pone en peligro el futuro mismo de toda sociedad democrática, por eso no nos podemos quedar callados. La palabra es la única arma que poseemos. Puede que no nos lleve a ningún sitio; puede que a los corruptos no les importen las palabras, pero, por favor, al menos no renunciemos a ellas. Por lo menos digamos alto y claro que no hay derecho, que ya está bien, ¡que estamos hartos! (…) Sabemos que el problema de la corrupción no es nuevo, pero nos preguntamos: ¿De dónde viene? ¿Quién tiene la culpa? ¿Se puede superar? Ojalá fueran ellos, “los que mandan”, el origen de todos los males. Y sin embargo la corrupción parece ser algo “humano, demasiado humano”. La corrupción se muestra como las caras de una moneda: tiene que ver tanto con la estructura del poder social y sus sombras como con la ambigüedad antropológica que cada uno de nosotros representa. Lo uno sin lo otro es impensable”.

Los ciudadanos que votan corruptos son cómplices, los que que se atribulan ahora necesitan mirar su cara y reconocer el fracaso, tal vez tengamos que hacerlos todos como sociedad, para poder seguir.

Diario de Cuarentena: Movilidad Social

Provengo de una familia donde la Movilidad social fue posible, el mérito una meca y el esfuerzo una condición. No es un término cualquiera el de tener movilidad social. La movilidad social se refiere al movimiento de las personas de un nivel socioeconómico a otro. Una persona tiene movilidad cuando cambia su situación socioeconómica en relación a la del hogar en que nació. Mis padres lo lograron, a mí me resulta una torre de Babel inalcanzable y mis hijos no lo ven posible.

Podemos decir que el grado de movilidad social es un termómetro de la igualdad de oportunidades que las personas tienen en una  sociedad para alcanzar el éxito y una buena calidad de vida. Los países que logran brindar dicha igualdad de oportunidades a sus habitantes, aprovechan y maximizan el talento de su población. En los países donde esto no ocurre y no hay  posibilidades de competir en circunstancias similares, como el nuestro, crece la desigualdad, se generan tensiones sociales, la delincuencia incrementa y la cohesión social se deteriora. Hay particularidades en cada nación, es posible identificar factores que influyen en la movilidad social de las personas, es relevante el nivel de educación que aquí parece no importar, de hecho vamos a aprobar un año entero sin calificar en desmedro del esfuerzo docente y el de los propios alumnos que continuaron en un sistema nuevo buscando aprender , el género, el grado de urbanización y aislamiento de las comunidades en donde viven, y también el grado de educación de los padres.

Si como país pudiéramos dejar de lado las mezquindades y los remilgos de la clase política, en especial de la que gobierna, ocupada en mantener un miedo sanitario para no hacerse cargo del descalabro de su gobierno que se acerca al año de gestión sin hacer nada, podríamos crecer en un mejor entendimiento sobre la manera en que estos factores detonan u obstaculizan el progreso de las personas en la estructura socioeconómica, para implementar medidas y acciones que nos permitan construir una sociedad de oportunidades para todos. Que no significa dar a todos limosna ni que todos somos iguales, Ofrecer las mismas oportunidades y luego el mérito o esfuerzo de cada uno, sus propias acciones lo harán más o menos exitoso, y además le permitirá crecer o no, según lo merezca en base a sí mismo. Sin dudas sería una sociedad más justa y más humana.

Diario de Cuarentena: La Argentina en Pedazos.

Cuando Sasturain, Piglia, de Sanctis y otros plasmaban la historia argentina en historieta en la revista Fierro, buscaban comprender el imaginario social. ¿Cuál es el nuestro hoy?¿qué contradicciones nos atribulan?

La serie “La Argentina en pedazos” presentó una reelaboración visual de textos del canon literario nacional.
Analizaban las construcciones discursivas de identidad/alteridad en el contexto de retorno de la democracia y es posible dar cuenta cómo los episodios, se proponen narrar “Una historia de la violencia
argentina a través de la ficción», en palabras de los autores. Las transposiciones a la historieta resultaban una manera de narrar la nación, de releer el pasado y de juntar los fragmentos para que los sobrevivientes lectores pudieran darle un sentido al presente.

La Argentina en pedazos efectivamente intenta refundar un canon con algunas características: En primer lugar equipara discursos disímiles, algunos de autores fundacionales como Esteban Echeverría, otros consagrados como Borges, Bioy Casares o Cortázar, abarcados como cronistas malditos de una Buenos Aires cruzada de acentos texturados como los de Arlt y Armando Discépolo, comprometidos con su presente ideológicamente como David Viñas o Rodolfo Walsh. Pero construir un canon siempre deja afuera las voces de otros sujetos, no por ello menores. En este caso el relato sobre la identidad nacional no tiene en cuenta el relato de otros sujetos que conforman la nación aunque si los representa, en general, como metáfora de otra cosa. Creo que eso nos pasa hoy, actualmente, es como si la lectura de la realidad fuera sólo la del poder de turno, y la de los ciudadanos, más del 50 por ciento que no lo avalan, no existiera.
La construcción de un canon, a pesar que el propuesto por Fierro es integrador de diferencias prncipalmente de clase, etnia y status, siempre excluye a determinados sujetos. En Fierro hay un explícito interés en igualar expresiones populares como el tango con la alta cultura de cuentistas como Cortázar o Borges.

Siento que hoy sí podemos hablar de una Argentina en pedazos, pero no por recomponer en fragmentos su literatura de excelencia, aún con las críticas posibles a Fierro sobre excluir lo que quisieron en especial las autoras femeninas. Está en pedazos porque nos desconocen como sociedad, porque hay una necedad manifiesta en el poder y un alejamiento de la argentina real. El trabajo original pretendía indagar en el desplazamiento, ruptura o continuidades en las construcciones identitarias con respecto al género en el imaginario sociosexual entre dos épocas: posdictadura y posneoliberalismo. Esta segunda época no fue
abordada pero se puede decir que se percibe un retorno al significante “Patria”. Podemos decir con Raymond Williams que éste se mantuvo por décadas de forma residual en los discursos sobre la nación y las formas de “argentinidad” que se plasman y que se ha reactualizado en el actual momento político. La
opresión, la falta de verdad y de justicia se vive hoy como resultante del populismo a ultranza, modificando lo que Fierro suponía al analizar la posdictadura, no se fue el mal llamado neoliberalismo el que despedazó la argentina sino la inconsistencia pragmática de un modelo obsoleto mundialmente que insistimos en perseguir. Las representaciones socioculturales del populismo atrasan, empobrecen y nos dejan esta Argentina en pedazos que supimos conseguir.
Que la crisis actual, que abarca todos los ámbitos nos provea de sabiduría para la elección de nuevos líderes, el reconocimiento de nuestros potenciales agroexportadores, el renacimiento de una nueva cultura de verdad inclusiva sin clichés y sin privilegios en la que los argentinos todos podamos crecer.

Diario de Cuarentena: Oda

Oda a los mártires de un sol fundido,

a los inmóviles que soportan tanto dolor.

Al silencio posible, a la falta de sueños,

al proyecto prohibido de vivir sin permiso.

Oda al libre sentido y a la marcha continua,

de la gesta inconsciente.

Al ciclo fecundado, al simiente, la estrella

y a todos los que buscan más allá.

A los incomprendidos, los follantes, los guarros

y a los que se esconden para poder amar.

Oda a la libertad humeante

enfurecida de una primavera por descollar

a las manos entrelazadas en canciones

y al recóndito pensamiento lateral.

A los mejores porque desearon, a los idiotas,

oda a la madre tierra cuando mancha

al revuelco posible y a las malezas, que me obligan a superar.

A la patria, y a otras patrias, oda a mi madre muerta.

A Bolaño y a Simone de Beauvoir,

oda a los pensamientos que no mostramos

a los inicios todos, a las tintas chinas, una oda al mar.

A cada muerte, a cada estela, cada noche de cuentos y de verdad,

Oda sangrante, que extraña al mundo, a la inocencia y a la igualdad.

Oda abstenida, mediocre, odiada. Oda aromada con un día más.

En este día de la primavera, la poesía me invadió y ante la imposibilidad material de cantar, me atreví a escribir una oda que imagino sinfónica y espectacular. Festejá como puedas, solo tenemos el presente. Y el sol.

Diario de Cuarentena: Frutos extraños

La humildad no es algo que nos sobre a los juninenses, pero a ella sí. Como cada domingo, recomiendo un libro, hoy recurro a una vecina que además es autora y periodista de renombre, a la que admiro por su impecable prosa y por el oficio de muchos de sus libros, pero voy a dejar que sus palabras presenten este: Leila Guerriero, asegura que no hay nada «más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad». Frutos extraños es una antología que hace honor a lo que la autora piensa de la crónica, ella dice que debe tener «la forma de la música, la lógica de un teorema, y la eficacia letal de un cuchillazo en la ingle». Este libro nos descubre la cara más sensible, tensional e inquietante de una profesión que atraviesa tiempos difíciles, el periodismo.

La primera parte contiene dieciséis crónicas y perfiles de esos frutos extraños que a Leila la fascinan: un mago con un solo brazo, un gigante que supo ser de la NBA y ahora sobrevive aburrido en un pueblo olvidado, el baterista con síndrome de Down de una banda de rock indescriptible , la amable señora que que asesinó a sus amigas con cianuro en el té, la inmensa y pavorosa Patagonia. Cada crónica es un mundo, un exquisito estilo las construye, pero está asentado todo en un gran trabajo de investigación. En cada crónica abunda la buena escritura, la realidad o un cuidado acercamiento a la misma. La niña que escondió su embarazo y mató a su bebé no es una asesina despiadada o bruta, es una chica del interior con una inocencia probada por la vida que paga su condena, en una cárcel donde no la hay. El Rey de la Carne, tiene modales mafiosos, pero también es un padre amoroso y un buen vecino y de allí caemos en el retrato de un médico playboy que se hace pasar por Freddie Mercury. No es fácil el salto de una historia a otra que nos propone Guerriero. La tercera nos instruye “Sobre el periodismo” abarca cuatro reflexiones donde intenta explicar cómo hace lo que hace. Y comprendemos mejor lo que nos vino sucediendo con estos frutos de la realidad que nos cuenta.Como llevó la vida a Romina Tejerina,de niña a asesina: “Me voy a poner porno: lo difícil no es entender que una víctima puede no ser monolíticamente un santo, sino entender que un dictador puede no ser monolíticamente un hijo de puta”. Leila Guerriero es sólida, potente. Y lo es porque trabaja para ello.

“Discusiones”, contiene cinco ensayos breves donde controvierte costumbres que deben estar bien –y debemos aceptar– por corrientes: contra los guardianes de la salud, contra las chicas Cosmo, contra los city tours y la última es a favor de decir no. Son breves textos bien sostenidos por esta artesana del lenguaje, de la idea eureka y de la investigación obsesiva. Dice textualmente: “Erradicadas las pestes más o menos peores, la clase media occidental ha salido a buscar nuevos peligros, y los ha encontrado: carnes rojas, baños de sol” y “Las ciudades existen más allá de sus lugares comunes”.

Leila Guerriero es un orgullo para Junín y para cualquiera que ame la literatura, y Frutos extraños, otra de mis relecturas de cuarentena, lo demuestra.

Diario de Cuarentena: Buscando la Justicia

Hoy voy a manifestarme, a las 16, como vengo haciendo cada vez que el pueblo se planta ante la desidia de los tribunales, de la justicia y de una clase política ocupada en sostener su sustento eterno en lo público más que en proteger la república. La ciudadanía marca agenda y la justicia mira para otro lado.

La justicia (del latín iustitĭa, que, a su vez, viene de ius —derecho— y significa en su acepción propia «lo justo») tiene varias acepciones en el Diccionario de la lengua española. Es un valor determinado como bien común por la sociedad. Nació de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes y se conformó como el conjunto de pautas y criterios que establecen el marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de estos. Estas reglas tienen un fundamento cultural -basado en un consenso amplio en los individuos de una sociedad sobre lo bueno y lo malo y aspectos prácticos de cómo deben organizarse las relaciones entre personas. Se supone que en toda sociedad humana, la mayoría de sus miembros tienen una concepción de lo justo y se considera una virtud social el actuar de acuerdo con esa concepción- y, en la mayoría de las sociedades modernas, un fundamento formal-el codificado en varias disposiciones escritas, que son aplicadas por jueces y personas especialmente designadas, que tratan de ser imparciales con respecto a los miembros e instituciones de la sociedad y los conflictos que aparezcan en sus relaciones-, que intervienen dentro del mismo concepto. En Argentina esto no se cumple y estaríamos buscando un corpus judicial que no se acomode a los políticos de turno. La ciudadanía en cambio, es juzgada con fiereza y terminan siendo castigados justos por pecadores.

¿Dónde está la Justicia? si nos ponemos a filosofar la justicia es una virtud y «lo propio de toda virtud y hábito es ser una disposición que inclina de un modo firme y permanente a sus actos».​ Y es una virtud cardinal, una virtud principal, ya que sobre ella gira la vida moral de la persona. La justicia, como virtud, reside en la voluntad, es decir, en el «apetito racional» según Santo Tomás de Aquino; no es justo quien «conoce» lo que es recto sino quien obra rectamente. Es justo quien ejerce su facultad apetitiva y al no poder radicar en el apetito sensible, reside en el apetito racional, es decir, en la voluntad.Es una virtud en la que, al inclinar a dar a cada uno lo suyo, predomina la objetividad. Bueno, nuestro aborrecible senado duerme el sueño de los justos pero obra con un apetito sensible a su presidenta y destroza cualquier objetividad posible. Golpea institucionalmente la república y se abraza al autoritarismo desconociendo para que fueron convocados por el pueblo. Los tribunales, casi siempre cerrados y con sus miembros sentados sobre sus opulentos sueldos están a disposición del poder y no de la verdad y la gente, como nosotros, como vos, como yo, tenemos que gritar más fuerte y arriesgarnos a más para evitar el descalabro de la república. No hay peste más peligrosa que una justicia dominada por el poder político de turno, ni más injusta. Albert Camus decía: Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.

Diario de Cuarentena: Nuevo año

Hoy comienza el Rosh Hashaná, es el nuevo año judío, el comienzo del mes de Tishrei. En esta festividad, Dios revisa el comportamiento de todas su creaciones y decreta su porvenir para el nuevo año. El pueblo hermano decreta que Dios es su rey. Esto de revisar los comportamientos es muy interesante.

En el diario de hoy trataré de pensar en cómo hemos cambiado nuestro comportamiento durante la pandemia. La pandemia nos volvió más sensibles al hecho de que todos podemos dañar a los demás con nuestros gérmenes, con nuestras palabras, con nuestros actos.

Y también nos ha llenado de máscaras,físicas y de las otras. Comenzaron diciendo los especialistas mundiales y locales que las máscaras no protegían demasiado para no contagiarse del virus, quizás sólo evitaban que lo transmitiéramos. Que las máscaras y el resto del equipo de protección debía conservarse para aquellos que estaban en las líneas de batalla. Que las máscaras podían ser peligrosas porque nos daban falsa sensación de seguridad y entonces descuidaríamos otras medidas de protección más efectivas.

Con el tiempo, las recomendaciones cambiaron: Hay que usar máscara, no por uno, sino para proteger a los demás, por si tenemos el virus sin saberlo, para no transmitir a otro que pueda ser de riesgo. Eso sí, no usemos máscaras de las buenas, podemos hacer una máscara en casa o simplemente atar una bandana y listo. Estamos en esto juntos, como sea que nos protejamos con máscaras, está bien. Y es aquí donde me pregunto, y tiene sentido esto de repensar nuestro comportamiento: ¿como nos relacionamos con el otro?

Hay muchas formas en las cuales una persona puede a infectar a otra, cada vez que interactúan, incluso alejados físicamente. Una boca puede dejar salir mucho más que partículas de virus, y puede dañar con palabras. En el inicio de este nuevo año judío podemos aprovechar todos, los que no profesamos su fe también que es lo que nos preocupa hoy, de que nos protegemos,¿ponemos barreras de tela para salvar o para salvarnos? Tal vez podemos evaluar mejor lo que decimos y cómo afecta a otros tomando conciencia de cuánto podemos dañar con nuestra voz, no solo cuántos virus podemos transmitir. ¿Tenemos consciencia de nuestro propio potencial para dañar a los demás?

Nos estamos evitando unos a otros en esta pandemia, que eso no nos lleve a ignorarnos, cuidar al otro es mucho más que cubrirse con telas en la boca. CUando esto termine y volvamos a la normalidad, sí, la misma de siempre, y vivamos sin sospechas ni miedos del vecino, ojalá hayamos tomado conciencia porque usamos la pandemia para considerar nuestra conducta, que siempre podemos dañar y ser dañados,y no sólo físicamente. Para los judíos el mes de Elul, el Rosh Hashaná y Iom Kipur, es un momento para pensar , usemos este mes para comprender que la pandemia debe modificarnos pero no alejarnos. Propondo dudar, usar el pensamiento crítico, ser amables, respetuosos del otro, pensemos antes de hablar o de agredir, tomemos conciencia. Siempre es mejor ayudar que alejarse y hablar que callar.

Shana Tova.

Diario de Cuarentena: Hacerse cargo

“Si la república es cosa del pueblo, y no es pueblo el que está unido con el consentimiento del derecho y no hay derecho donde no hay justicia, si duda se colige que donde no hay justicia no hay república.”
SAN AGUSTÍN

Ante los nuevos y terribles acontecimientos nacionales voy a dedicar mi diario de hoy a la Justicia y al asqueante doble discurso del gobierno y de muchos de sus fanáticos. Entre ellos los funcionarios que ahorran en dólares y critican al pueblo que se intenta salvar especulando de los embates de una economía dislocada y ambivalente que castiga la producción y premia la delincuencia.

El doblepensante sabe que miente y que ha dicho otra cosa, por eso maneja los recuerdos y los desmiente con cinismo, sabe que está alterando la realidad, pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada.Es decir, para comprender el doblepensar debe usarse la técnica del doblepensar. Para convivir con ellos la alienación de la lógica resulta imprescindible. Uno de los efectos que esta práctica produce en el psiquismo sin dudas es la división de la mente en capas o estratos como si el yo tuviera en su escisión unos “separadores” para no sufrir los embates de las continuas desmentidas a los que se lo somete.

Los que imponen el doblepensar a la población, es decir los que tienen el poder, son aquellos que lo cultivan: aquellos que saben mejor lo que está ocurriendo son a la vez los que están más lejos de ver al mundo como realmente es. Más comprensión, mayor autoengaño: los más inteligentes son en esto los menos cuerdos. Pero ¿de qué hablamos? mentira e hipocresía con su doblepensar y desmentida como una cuestión que apela a un inconsciente, a un autoengaño doblepensante o simplemente a una actitud artera y planificada y pensada para propio beneficio. Es difícil no pensar que se mezclan en mentes encendidas por el amor al poder y la avaricia y que falsas al fin, usan la ignorancia del pueblo como vehículo.

.Si quienes ejercen el poder se conducen así sólo podemos calificarlos de “monstruos”, pero como decía Primo Levi en La tregua: “Los monstruos existen, pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los hombres comunes”.  Y aquí está nuestra responsabilidad. Los llevamos al poder, muchos de nosotros, hay que hacerse cargo, no llegaron por la fuerza, la ciudadanía común, tiene que poder reconocer sus errores basados también en una actitud doblepensante , de dos discursos, el que digo y el que hago, la sociedad votante es responsable de que personas de tan baja categoría nos gobiernen. Si seguimos siendo ambivalentes, el país no cambia.

“El Partido os decía que negaseis la evidencia de vuestros ojos y oídos. Ésta era su orden esencial”.

George Orwell, 1948