Diario de Cuarentena: Reconocer el fracaso

Diario de Cuarentena: Reconocer el fracaso

DIjo el año pasado Julio Bárbaro: Voy a votar al kirchnerismo, ese peronismo de medio pelo con veleidades izquierdistas que tanto nos lastimó a sus creyentes pero que sigue siendo infinitamente mejor que los que no pueden ni quieren dejar de ser gorilas.

Llevo unos nueve meses mínimo siendo tratada de gorila, y sobre esto quiero hablar en mi diario de hoy, para finalizar cuestionando la cita textual del señor Julio Bárbaro.

Por qué gorila, además de un mamífero, es también una alusión política es como todo en argentina, producto de una confusión, un gorila es un antiperonista, militar o civil. Pero todo comenzó por una broma involuntaria de un programa cómico. En 1952 debutó en Radio Argentina La Revista Dislocada, creado por Délfor Dicásolo, con libretos de Aldo Cammarota y locución de Cacho Fontana. El ciclo fue transmitido por diferentes radios y canales de televisión hasta 1973, cuando fue prohibido por el gobierno militar de Lanusse. En 1953 se estrenó en Estados Unidos la película Mogambo, protagonizada por Clark Gable, Ava Gadner y Grace Kelly. En una de las escenas del film, Gable está con Grace Kelly, quien estaba enamorada de él. En el fragor del romance, se escucha un fuerte rugido que provoca que la joven Grace se arroje en los brazos de Gable, quien para tranquilizarla le dice: «Calma, deben ser los gorilas». En 1955, esa escena inspiró al libretista de La Revista Dislocada para hacer un sketch en el cual un coro entonaba un jingle, que decía: «Deben ser los gorilas, deben ser, que andarán por ahí». Sin bien el sketch no tenía nada que ver con políticas, el público peronista lo interpretó como una alusión a lo que era por entonces, un secreto a voces: un movimiento subterráneo de tropas intentaba derrocar a Perón. Fue así como, luego del golpe militar llevado a cabo por la Revolución Libertadora, los peronistas comenzaron a utilizar el término gorila para calificar a los partidarios del golpe que desalojó a Perón y al que estaba en contra del régimen peronista. hasta el día de hoy. Para los peronistas fanáticos, soy una gorila. Como no me gustan los ismos pero sí los animales, prefiero ser gorila que fanática.

Pero volviendo a Bárbaro que afirmó votar a un gobierno de medio pelo y pseudo izquierda al que consideraba mejor que Cambiemos, le quiero informar que se equivocó. Y no en el análisis del mediocre gobierno de Macri, sino en conformarse con cualquier cosa a la hora de votar. Muchos argentinos siguieron sus pasos, señor y aquí estamos, con cerca de 700000 contagiados, un mínimo de 14000 muertos, y un país devastado económica y socialmente. Si usted sabía que eran medio pelo, es responsable de tanta desgracia para la nación. No es culpa de la pandemia el caos argentino, es la inexorable marcha hacia un una caída estrepitosa del bienestar producida de un gobierno dudoso y decadente que no va a reconocer su fracaso. Así como sus votantes no pueden hacerse cargo del terrible error que cometieron, creyendo en la conversión casi evangélica de personas sin escrúpulos. Pensar “Esta vez sí”,  aún reconociendo que estas mismas personas ya han fracasado, sin cumplir sus propósitos; es casi un pensamiento mágico que solo conduce a desaciertos y mayor decadencia. Sin nuevos líderes y nuevas estrategias, este país no solo es inviable sino que resulta insostenible, , hay que reconocer los fracasos y madurar, cueste lo que cueste. Los ciudadanos debemos comprender que el voto es un derecho que en paralelo es derecho y a la vez un deber. El de elegir a los mejores, más idóneos y confiable y no elegir castigando o por conveniencia o fanatismo, debemos exigir a quienes damos poder, y no enamorarnos de los discursos vacíos que proponen. Hoy me siento abrumada por el dolor de mi pueblo, por lo inevitable – que es la pandemia- y por el falso cuidado y el discurso mortuorio y amedrentador de quienes nos gobiernan, que limitan, prohíben y mienten sin cesar, pero no fueron capaces de hacer, proyectar, aclarar, acertar nada. Mucho menos administrar la crisis. Así estamos, entre un pueblo fanático e indolente y un gobierno que nos desconoce y solo se enquista en su odio. Hay otra realidad posible, una que puede gestarse reconociendo el fracaso de modelos y discursos, que dé un portazo a viejas versiones políticas y se anime a la verdad por primera vez. No estamos juntos ni unidos, ni somos todos los que apoyamos esto, aunque insistan desde spots alienantes. Tenemos que proyectar en la diversidad, pisando sobre valores como honradez, ética, mérito, empatía, para poder gestarnos como sociedad una vez más, y aspirar al bienestar. Tenemos una Constitución Nacional impecable y de avanzada, antes de criticarla, cumplámosla.

Hace un tiempo leí al español  Miquel Seguró, que en la presentación de su libro Hartos de corrupción decía: “Estamos hartos y lo queremos expresar, para que nadie nos pregunte en un futuro ¿por qué no hicisteis algo? Hay mucho más en cuestión que el dinero robado. La corrupción pone en peligro el futuro mismo de toda sociedad democrática, por eso no nos podemos quedar callados. La palabra es la única arma que poseemos. Puede que no nos lleve a ningún sitio; puede que a los corruptos no les importen las palabras, pero, por favor, al menos no renunciemos a ellas. Por lo menos digamos alto y claro que no hay derecho, que ya está bien, ¡que estamos hartos! (…) Sabemos que el problema de la corrupción no es nuevo, pero nos preguntamos: ¿De dónde viene? ¿Quién tiene la culpa? ¿Se puede superar? Ojalá fueran ellos, “los que mandan”, el origen de todos los males. Y sin embargo la corrupción parece ser algo “humano, demasiado humano”. La corrupción se muestra como las caras de una moneda: tiene que ver tanto con la estructura del poder social y sus sombras como con la ambigüedad antropológica que cada uno de nosotros representa. Lo uno sin lo otro es impensable”.

Los ciudadanos que votan corruptos son cómplices, los que que se atribulan ahora necesitan mirar su cara y reconocer el fracaso, tal vez tengamos que hacerlos todos como sociedad, para poder seguir.

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