DIARIO DE CUARENTENA: un día perfecto

Las presiones suben, en todo sentido. Las físicas, la tensión arterial, la económica, la social. Pero hay que cultivar la paciencia. ¡Ojo! no la transformemos en sinónimo de mansedumbre o conformidad. Es un día perfecto, diría Manuel Moretti, sol de otoño cálido aún, y el aire que golpea rostros sin castigarlos. Trinos y algunas voces vecinas me cuentan que la vida sigue.

Se oye el llanto de un niño. Un niño que no tiene paciencia.En ésta generación líquida, donde lo inmediato es necesario, es un bien en extinción la paciencia. La espera. Tal vez ahí resida el aprendizaje. Los que tenemos algunos años, sabemos de paciencia. De ardua labor antes de llegar a un logro. De tiempos de siesta donde sólo esperábamos que pase. Y en ese lapso, a veces eterno, todo era posible.

La historia contada, la soga y sus mil saltos, el elástico, las payanas. Un libro robado de color azul, los tacos de plástico y la linterna con la que practicábamos un código morse propio. De patio a patio.

Hoy los chicos con suerte tiene patio. Ya no hay vereda. Y confinados a la familia, padres e hijos aprenden. A veces lo inmediato no es eficaz, a veces lo eficaz lleva tiempo. Pero nunca estamos dispuesto a la espera. No somos pacientes. Hoy nos piden una paciencia que nunca se promovió. Tal vez la revolución consista en encontrar un equilibrio, entre lo que ordenan y el deseo, para no quedarnos paralizados en el devenir de una vida cada vez menos nuestra.

Con paciencia, voy a intentar llevar la mañana hasta la tarde, y en un cóctel de esperanza, premonición y fastidio, anochecer con él, otra vez, como en los últimos treinta años.

Diario de Cuarentena :.Bendito es el que viene en el nombre del Señor. Bendito es el enviado del Reino de Nuestro Padre .

Y llegó el domingo de ramos. Sin ramo. El olivo de éste momento histórico en el mundo no va a poder salvarnos. Y aunque circulen oraciones que intenten hacer coincidir el libro sagrado con las fechas que nuestro gobierno piensa como límite de cuarentena, la realidad es que estamos en el horno, y no somos rosca de pascua.

La comunidad científica mundial no da o no quiere dar respuestas a un virus corona, parecido a otros ya existentes, y nuestro miedo nos hace creer cualquier cosa. Menos mal que los creyentes sabemos que la fe no es moneda de intercambio. Cualquiera sea la fe que profeses. Porque hoy todo parece moneda de cambio.

Y así leemos que desde lo hecho en la fiebre hemorrágica hasta la ivermectina nos van a salvar. Todas cuestiones viejas. Y los organismos pagos de investigación científica en el mundo y en argentina, ¿qué hicieron todo este tiempo sin coronavirus? ¿ en manos de qué lideres mundiales estamos?. Me atrevo a cuestionar y a preguntar aunque desde idiota a sacrílega me han dicho de todo los últimos días. Parece que hay que ser miembro de alguna sociedad sectaria para opinar o disentir. Me advierten que no genere miedo. ¿O les da miedo que invite a pensar? Cuidemos nuestra libertad.

Porque si el virus no pasa, todo termina, pero cuando pase, y así lo creo, ¿a quién le vamos a tener que pedir permiso para ser?

En todo caso, hoy, domingo de ramos, aquellos que creemos en que Cristo vino a liberarnos, hagamos honor a su lucha.

Una vez dicho todo esto, recomiendo una ensalada para Pascuas: trigo burgol, sin retenciones, tomate fresco de una huerta sin contaminantes, cebolla de verdeo bien picada, de nuestra bendita tierra productiva, mucho aceite de oliva mendocino extra virgen, hinojo, cebolla común y una gran cucharada de sal gruesa para evitar la caza de brujas.

Y como decía el gran Albert Camus:  La única manera de lidiar con un mundo sin libertad es llegar a ser tan absolutamente libre que tu misma existencia es un acto de rebelión.

Diario de cuarentena

Día 20 de cuarentena. Ya pienso como presa. Y busco escape donde sea, ventana, patio, frente. La historia contemporánea nos juzgara como la generación que no pudo con los hijos ni con los entenados. Seguimos repitiendo errores en forma cíclica y los líderes del mundo son cada vez peores. Por supuesto no somos la excepción.

Tuve la idea de volverme atlética en esta cuarentena y hago hace unos días cien abdominales diarios, pesas y uno que otro salto a la soga. Todo para que la culpa no me ataque al comer galletas dulces mirando netflix y llorando con las mismas películas viejas que elijo una y otra vez.

Y sí, en el fondo todos somos un poco grasas y romanticursis, gordos pochocleros al fin. Me enoja mucho una sola cosa, ¿Por qué no me agarró esta puta cuarentena en el mar? Si dios sabes que amo el mar, que me puedo endeudar meses con tal de verlo, que soy feliz con su olor. ¿Sera que no hay Dios?

A pesar de estar bautizada, confirmada y re confirmada, me casé en pecado con un divorciado. Este debe ser mi castigo de fe. O tal vez sea porque no he confesado las mentiras dichas, o las puteadas que le he pegado al cielo ante las injusticias. O porque como me dicen en las redes, no soy fácil de convencer y no me gusta rendir mis pensamientos ante la masa crítica. Vaya uno a saber.

Les cuento que fuimos abandonados por nuestro hijo menor, que se amotinó en Doña Sofía para ser libre al sol con sus mascotas, así que la pareja se va a ver las caras sin intermediarios. ¡A la pelota! ¡Comenzó el partido!.

Diario de Cuarentena

El mate en la mesa de luz. las gafas, un par de libro y la notebook sobre mi falda. Un cuadro a medio pintar apoya sus tonos ocres sobre la pared. Un nuevo día en cuarentena obligatoria. Se escuchan trinar pájaros en el patio que es el único reducto verde de la casa.

Tal vez estoy en el espacio y tiempo equivocado. Pero no, toda esa escena bucólica termina con mi marido que viene celular en mano diciendo que el aparato hace cosas raras. Se le trabó una aplicación que seguramente trabó él y como nada hay más importante que sus deseos, supone que voy a dejar todo para asistirlo. Pero sigo aquí, escribiendo, y lo miro con todo el odio posible para que lo sienta. Pero no. Me pregunta otra cosa como si mi cara, mi tono, toda mi estructura y todos mis sentimientos no existieran.

Entonces pienso: ¡qué fácil es ser él!. Sólo ve por sus deseos, sus hambres, sus cuestiones, sus calenturas, sus mandados, y podría enumerar todos los «sus» del mundo. Entonces me digo que nací con el sexo equivocado. Pero lo hecho, está hecho.

Vuelvo al mate que se me enfrió, y me quiero morir, pero como mis deseos nunca se cumplen, estornudo y sigo. La casa necesita orden y limpieza. Hay sol para que la ropa seque. Tengo que terminar de leer el último libro de Cabezón Cámara, y elegir la imagen para éste entrada al diario. Cuarentena: es un término para describir el aislamiento de personas o animales durante un período de tiempo no específico como método para para evitar o limitar el riesgo de que se extienda una enfermedad, o una plaga. Me pregunto si personas o animales no somos lo mismo. Hasta mañana, si dios quiere.

Diario de Cuarentena

2 de Abril, día para honrar héroes. Anónimos, muertos, muertos vivos, vivos. Compañeros de colegio, de facultad. Padres de familia, hijos. Chicos que fueron inmolados por la ambición y la mentira. Que tenían el orgullo de pertenecer, que sabían de soberanía más que aquellos que los enviaron a la guerra sin cuartel.

Sé que están orgullosos de esa lucha, que no pretenden olvidarla sino reflotar su espíritu. Porque el odio nos enceguece, pero el patriotismo es otra cosa. Es la puesta de sol en una tierra lejana pero nuestra, fusil en mano, temblando de frío pero con la frente altiva de quién hace honor a su bandera. La sociedad se olvida fácil de sus héroes. Piensa que con subir islas en celeste y blanco está libre de pecado. Pero nosotros los enviamos allí. Nuestras miserias. La falta de seriedad política. Y nosotros somos los que les debemos honor.

Honor en la calle, honrarlos con trabajo, con sentimientos patrióticos, con ayudas económicas, con privilegios que ellos sí merecen, a diferencia de tantos.

Sus cascos baleados sobre las tumbas lejanas, esperan algo más que palabras, algo más que miradas, algo más que silencios. Hasta hoy, como sociedad, no estuvimos a la altura de nuestros héroes, en este diario intento honrar a los que veo, a los que no volvieron , a los desconocidos y a cuerpo entero de los grupos de artilleros, marinos, y aviadores que pusieron por encima de sus sueños, el de toda una nación.

Diario de cuarentena

Paso de reir a llorar. Qué mundo hipócrita en el que vivimos. Donde lo fútil supera a diario lo verdadero. ¿Es así desde Cambalache y nos gusta como sociedad quejarnos y no cambiar? O en esta vorágine en la que nos metemos para invadirnos quedamos atrapados, moscas al fin, sin poder aletear.

La verdad es que hoy en particular, tengo un dia de m. Mayúscula. Porque cuando pienso, sin aturdirme con The Cure, o volverme sabia con Aznar, o estallar en el piano de Guerschberg, cada día de esta fucking cuarentena, se transforma en m. M de mamá muerta, M de mi hija no está en casa. M de mascotas insoportables. M de mi marido me vuelve loca. M de me quiero ir a pasar la cuarentena a Grecia. En fin, puedo seguir con las eme hasta la noche, pero los aburriría. Y si algo nos sobra es aburrimiento.

Los síntomas bien, ya no sé si son reales o importados de neurolandia, y varían sin causa aparente. La casa cada vez más difícil de dominar, y eso que limpiar no es un problema para mí. SIempre admiré el orden y la limpieza. Pero la cocina…

A ver, ¿estamos locas? Todo el día hablando de liberación femenina y ahora posteamos tortas, exquisiteces para la familia, manjares en casa. La felicidad de cocinar de la mayoría me parece otra M, y lo voy a dejar claro en este diario. No me gusta cocinar. Soy rubia y rulienta, pero no soy Maru Botana. Tenía una M al fin de cuentas. Hice un pastel de carne, sí, Lo disfruté: No.

Es lo peor de la cuarentena, porque además de tener olores indeseables en las manos, después tenés que lavar los utensillos y cacerolas. Y pasar agua con lavandina a la mesada, a la pileta, al cucharón y a todo lo que se te ocurra. ¿Y si nos bañamos con lavandina rebajada? En una de esas, usamos las cacerolas para algo más que hacer ruido y nos damos cuenta que la vida es algo más que ésto. Con M de Marilyn.

Diario de Cuarentena

Una docena de noches, o de días, en otro hemisferio. Una docena de razones para que me tome esta cerveza que ni siquiera me gusta y escriba. No quiero estar acá, entre mis propios olores, veinticuatro por siete. Me gusta codearme con lo diferente, gente diferente, pensamientos diversos, siento que en el intercambio con el otro, aprendo, crezco, soy.

Harta de las series y de cuestiones comunes para mí, como leer a diario autores maravillosos, les cuento que estoy leyendo a Betina González y a Kerouac, a Gabriela Cabezón Cámara y a Federico Andahazi. así de variado, junto a algo de Chéjov y Cheever. Lo comento con el afán de seguir mostrando que los opuestos me atraen. No me dan miedos las mezclas. Bueno, en ese hastío decidí publicar en mi muro de Facebook que no me gusta la cuarentena. A pesar del diario.

¡Mierda! parece que soy sacrílega. Recibí una catarata de consejos alucinantes. Me comentaron desde amigos que adoro a desconocidos que me importan un pito. Desde familia a enemigos. Los consejos que me dieron fueron variados. Que estudie, que me calle, que me quede en casa (si no puedo salir o me multan) que no critique al gobierno, que los capitalistas, que que que que.

En definitiva, el diario es mucho más saludable. SI no son anti capitalistas , anti patriarcado, anti todo, no se les ocurra opinar en esa plataforma. Desde un ángulo distinto, fue divertido pasar una hora leyendo cuestiones concienzudas que respondían a una pequeña interpelación. Y me hizo comprender por qué mi pareja ya no intenta cuestionarme. Gracias por la terapia.

En otro orden de cosas, hay más contagiados que ayer pero parece que vamos bien, otros dicen que nos vamos a contagiar todos hagamos lo que hagamos, y la garganta duele y ahora tengo resfriado. Le tomo la fiebre a todos y de paso también les tomo la presión. Estoy pensando en cobrar, porque como soy independiente pero tengo auto y casa, no califico para la ayuda estatal y no se cómo voy a vivir., pero a quien le importa.

Quiero dejar constancia que si no me agarra coronavirus, voy a hacer un juicio al estado por reclusión insalubre. Y ahora mientras apuro mi IPA, voy a preparar una torta de naranja lima.

Diario de Cuarentena

Faltan muchos más días que ayer. Porque nos van dosificando el encierro. Para que los idiotas no chillen. y hoy me desperté contestataria. Necesito gritarle al mundo que es hora de frenar la hipocresía. Dejar de hacernos los buenos para serlo. Aguantar el aliento para no contagiar. Eso nos proponen. Porque se jugaron nuestro destino en criar aplaudidores para sus mediocres proyectos.

Hoy no creo en nadie. No tengo ganas de ser amable con los políticos, ni los Licenciados en Sanidad que llenaron sus bolsillos todos estos años en vez de prever, ni creo que los médicos sean mártires. Ninguno de nosotros lo es. Basta de condescendencia barata. Acá estamos, asustados por un vibrión.

Mientras descargo en mi hombre la frustración que siento, me descubro hipócrita también. Porque he caído muchas veces en las vanas ilusiones de lo plástico, en esa liquidez del mundo que anuncia Bauman en libros lujosos.

Entonces, abro la heladera y lo cotidiano me hace volver a lo básico. El olor a leche y huevo duro. La posibilidad de alimentar a mis hijos. El sol en la cara, la brisa del mar. Al fin de cuentas, lo valioso en la efímera vida humana no se mide con dinero.

Plaza Italia: Otra guerra en el aire

La plaza está ubicada en la Avenida San Martín, entre las calles Lavalle y Belgrano. Rodeada por las construcciones de una era de bonanza, conocidas como los chalet tipo cottage francés o definidamente ingleses, a lo largo de la avenida San Martín, hacia el noroeste y sudeste. Y la circundan también la plaza España y la Árabe. No es una plaza cualquiera, porque en sus raíces están las nuestras. ¿Cuántos inmigrantes italianos construyeron con su esfuerzo y esa cuestión tana de la puesta en obra de los deseos, las bases de nuestra ciudad?

En 1880, por el lugar donde hoy está la Avenida San Martín pasaban las vías del Ferrocarril Oeste, que luego se llamaría Central Argentino. El tendido finalizaba donde hoy están los Colegios Nacional y Normal, y la actual terminal de ómnibus, era la estación ferroviaria. El Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico tenía su propia estación y sus vías corrían prácticamente en forma paralela a 300 metros hacia el norte, por eso cerca de 1920, se unificaron las estaciones y las vías férreas. Al levantarse las vías del Central, comenzó la construcción de la Avenida San Martín y se lotearon los terrenos adyacentes. En 1950 se inauguró la avenida, que en el tramo que va desde Almafuerte hasta Sáenz Peña contuvo una serie de plazas en homenaje a las principales colectividades que llegaron a Junín. Una de ellas es la Plaza Italia, con la estatua Diana Cazadora, y el monolito color verde, colocado en homenaje al Perito Agrónomo Cianfagna, que fue el encargado de la parquización de la avenida.

Pero, esa es la historia técnica, esa que con datos y números podemos contar. En realidad, la Plaza contiene además otras historias, la de nuestros abuelos, que llegaron de diferentes regiones y que dejaron en ella lágrimas de desarraigo, o canciones de agradecimiento a esta tierra. Los besos robados y las declaraciones de amor, que los inmigrantes hacían en su plaza, la que los acercaba a su origen, buscando un refugio emblemático que los contenga.

La plaza Italia, es parte de nuestra idiosincrasia, jugó con nuestros hijos, y los hijos de miles de italianos que lograron posar sus familias en Junín. Y que nos ayudaron como comunidad, a resolver cuestiones edilicias, comerciales, legales, y gubernamentales. Nuestro país tiene en Italia una gran parte de su origen fundacional.

Por eso hoy, que otra guerra nos azota, y que Italia como país está padeciendo en forma feroz, es menester un homenaje a los ancestros, invito a pensar en la fuerza de sus hombros, en la fiereza de sus manos y en la inteligencia para emprender un rumbo distinto, para unirnos tal vez, leyendo sobre nuestra Plaza Italia, y orar por un país al que le debemos historia.

Diario de Cuarentena

Diez días con diez mañanas, diez tardes y diez noches. Exponenciales y largas. Diez miedos, diez soles, diez sueños y podría seguir como desquiciada entre física cuántica y la lógica cartesiana. Pero la realidad apunta a muchos calendarios más. Así que, mientras oigo a mi hijo aspirar su búnker me atornillo a la silla para contar en mi diario de cuarentena el cotidiano de una madre. Con sus bemoles.

Madre porque es como me gusta definirme, las madres damos origen, somos inicio, pero soy más que eso. Soy una mujer aburrida, interpelada por la realidad del mundo. Que siente que tiene más para aportar que lo que ha hecho. Pero después me miro otra vez y me digo: ¿qué carajo vas a cambiar vos? si a veces te cuesta en tu propio reino.

Y así transitamos este encierro voluntario e impuesto que tenemos. Para alguien que se considera libertaria, es muy terrible aceptar la falta de libertad. Morir como hamster o vivir con riesgos, sin dudas elijo el riesgo. Ahora si se trata de mis hijos…

Y ahí me toca la humana contradicción de una reina de corazones. Partida entre los ideales y el pánico en un momento histórico universal. Que la lleva desde la pura razón al trapo blanco contra la peste colgado en la puerta. Variada. Polifacética. Mujer. Eso soy, y así me quedo.