Diario de Cuarentena: a destajo

Cumplir años es como tirarse de un tobogán gastado. Podés trabarte en alguna parte, pero terminás cayendo. Y se te mezclan saludos que te recuerdan que te quieren, pérdidas de esas que nadie puede reemplazar ni calmar, momentos únicos que se agolpan en las neuronas buscando ser protagonistas, historias cotidianas que se vuelven mágicas y una lágrima cedida al festejo por lo que ya no sos.

Pero cumplir tiene otras acepciones : es hacer aquello que determina una obligación, una ley, una orden, un castigo, un compromiso, una promesa. De todas esas palabras escupo la orden y el castigo y elijo el compromiso y la promesa.

Por eso me comprometo a seguir aprendiendo, día a día de mi vida, todo lo que pueda aprender, pero en especial lo que tiene que ver con las emociones. Aprender a ser más feliz con menos, a ser menos crítica con más personas, a aceptar la otredad como propia, me comprometo a seguir amando, es más me comprometo a amar más. Mucho más.

Y prometo serme fiel, acariciar ldeales, volver a reconstruir aquellos que la vorágine del tiempo y la vida quebró. Insistir en la belleza de lo simple y revolucionar al mundo con palabras. Me prometo vivir, que no es transitar sino ser, y en ese ser implico el compromiso de cumplir la promesa. Creo que la vida tiene el sentido que le demos, y que es trascendente cuidarla, tanto como vivirla a destajo, a corazón abierto, sangrando a veces pero latiendo a la par de los que amo, de los que amé y del mundo que me queda por amar.

Mi cumpleaños sigue con asado y familia, pero éste, es mi festejo personal que hoy, comparto con vos.

Leer en cuarentena: De Ingenieros a Cabezón Cámara

El confinamiento al que nos somete el virus también otorga oportunidades, pequeñas, aunque placenteras. La lectura es una de ellas. El encuentro con los clásicos es bienvenido, para releer las bondades de lo tradicional, y así redescubrir autores. Este es el caso de José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg.

Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En El Hombre Mediocre, Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insustanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter.

No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”. Estas definiciones que van desde el humor, dejando constancia que seriedad no necesariamente es pomposidad, hasta el acento final en la envidia, que, a mi humilde entender personal, se parece mucho a la horizontalidad; esa cuestión de igualarnos en una línea infinita donde todos debemos tener lo mismo, como si el mérito o el talento fueran cuestiones ominosas.

Se vislumbra en la obra de Ingenieros la importancia de la libertad de pensamiento, considerando que la mediocridad tiene lugar cuando nos dejamos influenciar por el medio, perdiendo de vista nuestro propio ideal. Esta lectura lleva a pensar nuevamente en la búsqueda de la perfección evolutiva que da sentido a la vida. En los procesos que los idealistas se permiten desde la fuerza de la juventud a la crítica madura y los mediocres sin evolución funcionando como quienes solo busca pertenecer. Podemos acordar o no con Ingenieros, pero lo que no permite es la indiferencia.

Y en este punto se une a una gran autora contemporánea, cuya novela Las aventuras de la China Iron es finalista del Premio Booker Internacional 2019 debido a que «(…) El jurado del Booker Prize lo definió con precisión: «maravillosa reelaboración feminista y querer de un mito fundacional americano (…) con un lenguaje y una perspectiva tan frescos que cambian 180 grados la idea de lo que una nueva nación americana podría ser”.

Se trata de Gabriela Cabezón Cámara, escritora y periodista argentina. Es considerada de una de las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana contemporánea, además de ser una destacada intelectual y activista feminista. “Las aventuras de la China Iron”, es una obra llena de intertextualidades que nos interpela como lectores y que sigue la línea iniciada por Kerouac en los cincuenta, contando un viaje transformador.

Desde el título, “Las aventuras de la China Iron” alude a otra obra literaria. Apenas leemos: “Me llamo China, Josephine Star Iron y Tararira ahora. De entonces conservo sólo, y traducido, el Fierro, que ni siquiera era mío, y el Star, que elegí cuando elegí a Estreya” ya hay algo más vislumbra la certeza de que se refiere a una obra fundacional. Cuando la autora se refiere a “la bestia de Fierro, mi marido” y dice que “se llevaron a la bestia de Fierro como a todos los otros” queda claro para un lector que se precie que hablamos del “Martín Fierro”. Desde ahí debe leerse la novela, para poder vivirla como la aventura que promete.

Cabezón Cámara se pasea en su narrativa por la profusión y el exceso, juega con la cómica popular en su lenguaje con la maestría suficiente para bordear el realismo grotesco de Bajtín sin consecuencias. El aprendizaje de la China Iron, más allá de las nuevas costumbres, lengua y ropas, atraviesa su cuerpo. Liz, la inglesa colorada y culta, la inicia y le abre a un universo inexplorado que es todo nuevo mundo.

Si tomamos a la “Intertextualidad” como “el conjunto de relaciones que un texto literario puede mantener con otros” y que algunas de sus formas son la cita explícita y la alusión implícita, entonces podemos convenir que “Las aventuras de la China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara es una de las grandes novelas intertextuales de los últimos tiempos. Esto se hace evidente con la aparición del mismísimo José Hernández y de su identidad discutida de autor/plagiador de Martín Fierro.

Como El Hombre Mediocre de José Ingenieros, Las aventuras de la China Iron se mueve en un territorio complejo y peligroso: el de proponer una cuestión de identidad. El primero nos invita a pensarnos como mediocres o idealistas, y Cabezón Cámara, se atreve a no temer que otros textos se coman el suyo, haciendo alarde de una voz propia y una originalidad excluyente. “La China Iron” supera con la claridad literaria de su autora a muchos textos conocidos, y dialoga con códigos propios y con los de otros, llevándonos como lectores a nadar en un mundo salvaje y despojado de prejuicios, poético y despiadado, que crea la escritora.

Leer en cuarentena no es tarea sencilla, el miedo impide a veces la concentración y los ruidos familiares promueven distracción, pero estas obras sin ninguna duda merecen el esfuerzo. Parafraseando a Borges, la lectura es una forma de felicidad.

Diario de Cuarentena: Silencio

¿Cómo va la vida virtual? ¿ ya te acostumbraste a las personas en cuadraditos, a los espacios mínimos o a los recorridos movidos por casas ajenas que proponen los medios? Lo bueno es que los museos nos abren las puertas y las bibliotecas del mundo nos invitan a pasar. Entre otras cuestiones. Y que seguimos teniendo al sol de nuestro lado, atrasando el invierno y la tristeza.

Pero, no hay con qué darle, a mi me gusta la gente real, tocar la carne, abrazar, oler, oír la respiración entrecortada del que miente, bucear en la mirada, cosas que la virtualidad no permite. En este mundo en caja podemos ser lo que no somos, podemos vivir en un basurero y aparecer limpios, llevar días sin bañarnos y que no se note, entre otras cosas, las virtualidad nos impide sentidos, y los sentidos en conjunto son la verdad.

Pero bueno, somos animales de costumbre al fin y al cabo, y terminamos aferrados a lo poco que tenemos para no morir. Entonces escuchar los gritos de la vecina a su marido, los chicos llorando del otro lado, el ruido del portón del garaje de enfrente o la moto del delivery que llegó a la esquina, pasan a ser importantes. Así de jodidos estamos.

Siempre pensé que iba a disfrutar el silencio y vos? Ahora que hay mucho, me hace ruido. Me astilla los oídos tanto espacio hueco de sonido. Me perfora el aliento y me lo vuelve fétido. Porque claro, la vida suena, la vida ensucia, la vida estalla. Por eso cuidémonos como sociedad, a ver si los gobiernos se acostumbran a ser los únicos que hablan y nos cortan la lengua.

Hoy te regalo un poema de Benedetti sobre el silencio:

Qué espléndida laguna es el silencio

allá en la orilla una campana espera

pero nadie se anima a hundir un remo

en el espejo de las aguas quietas

Diario de cuarentena: Trabajo

Este no es un día más, hubo mártires anarquistas en Chicago que lo nominaron. Es junto al capital y la tierra factor de producción. Es dignidad, valor ecónomico y social, y es manutención y solvencia. Trabajo. También es lo que nos falta. Y lo que nos prohíben. Y lo que nos pone en peligro según muchos. Una definición sencilla de trabajo sería decir que es el conjunto de actividades que son realizadas con el objetivo de alcanzar una meta, solucionar un problema o producir bienes y servicios para atender las necesidades humanas. En el mundo convulsionado de hoy hay gente privilegiada que sigue trabajando. Personal de la salud, personal de la industria alimentaria, algunos pocos en la rural, estamentos policiales, ejército, penitenciarios y gendarmes, transporte entre otros. Pero nos está faltando la fuerza media del trabajo, que es la que paga los impuestos, la que sostiene la educación, la que hace posible el hospital público, la propone los cambios al status quo.

Hay una terrible cantidad de desempleados en el mundo fruto de un confinamiento que como mínimo es dudoso. ¿Cuántos trabajadores podrán volver al mercado después de esto.?¿cuántos empleadores, que también son trabajadores, podrán mantener sus empresas? ¿cuántos comercios seguirán en pié? ¿ será el estado, como en la antigua Unión Soviética, el único empleador posible? ¿Y entonces quién lo mantendrá a él?. Tenemos un oscuro panorama por resolver.

Como aquel día de 1886 en Chicago, no hay mucho para festejar. Pero sí hay mucho por reivindicar. El trabajo es necesario, nos alimenta en cuerpo y espíritu. Trabajar es cuestionar la quietud, es promover el futuro, es accionar contra lo obsoleto, es revolucionar los hechos, y en este momento la revolución verdadera es no quedarnos callados. Que los tapabocas no impidan el pensamiento crítico y no nos quiten el aire.

Mi deseo en un día como hoy, es que no haya más seguros de desempleos, ni prohibiciones, ni odios a las empresas, ni castigo a los productores, que podamos vivir en libertad, cuidando la salud sin atentar contra la dignidad laboral. Sin seleccionar quién puede y quién no, acceder a la fuerza más revolucionaria del mundo: el trabajo.

Diario de cuarentena

Llevo cuatro horas buscando un otorrino/a para que resuelva un tema auditivo. Pero parece que en confinamiento, solo podés agarrarte covid-19, si te pasa cualquier otra cuestión de salud, aunque mínima, jodete. Los profesionales de la salud están en sus cuchas y nosotros a merced de la suerte. Entre tanta búsqueda descubrí unas cuantas cosas distópicas, que ni Huxley se hubiera animado a soñar.

Las clínicas están abiertas pero no te atienden por teléfono, los profesionales solo con turnos, que no tenés donde sacar y que son a partir de fines de mayo. La única solución es ir a una guardia que es donde dicen que no vayas porque hay un virus terrible, y además no podés cruzar sin permiso. La puta madre, estamos en el mundo del revés. Mientras nadie oye mis reclamos, no sé si todos con están con auriculares selectivos y sólo escuchan lo que quieren, o el mundo a decidido ser sordo para mi persona; comienzo la odisea de recetas caseras. Agua oxigenada al 10 con agua tibia, gotas de grandes farmacéuticas que no sirven para nada, soplar fuerte tapándote la nariz y otras yerbas.

Pero la pregunta final sería ¿que queremos oír? Tal vez uno se termine auto creando tapones para no absorber más cuestiones que las propias. Y entonces, alejarse de la ironía de lo cotidiano en un vuelo personal y privado donde la música interna nos indique el camino a seguir. O quizá comprendamos lo de la oreja de Van Gogh en su locura magnética y creativa y comencemos a vivir sin prestar nuestra oreja a todos, para no llegar a cortárnosla como él.

En fin, la búsqueda sigue, parece que la ciencia también anda buscando y los pobres oídos de los conejos humanos seguiremos oyendo nimiedades sin verdad, hasta que nos volvamos sordos. Amén.

Diario de cuarentena: animaladas

Por suerte volvió el sol. Y como en las mañanas tengo mis mejores deseos, le deseo feliz día a la perra que cohabita mi hogar, con alimento de buena calidad. Y entonces pienso que el día del animal en mi vida es una fecha especial. Me doy cuenta que quiero mucho el mundo animal, y también a nosotros, los animales sociales. Pero hoy se los voy a dedicar a los otros, a aquellos que poblaron mi sencilla existencia de lamidas, ladridos, estiradas gatunas, trinos, mugidos, erguidas cabalgatas, corderos de dios y otras especies.

Desde pequeña rescaté cuanto bicho hallaba en condiciones de necesidad, perros y gatos tirados, palomas con perdigones en sus alas, hasta tengo lagartos que atraviesan mi mundo sigilosos bajo el sol. El patio de mi casa de infancia, era un cementerio de animales que hubiera asustado al mismísimo Stephen King. Me tomaba el trabajo de ponerle cruz, piedra y papelito con nombre a cada mascota que moría, no importaba si era ave, gato o renacuajo.

Con Cachilo, el cachorrito caniche de barrio de la infancia, conocí el aliento a leche cortada y el amor incondicional de las mascotas. Lloraba abrazada a él en la terraza por las injusticias de la vida. Y sucedieron otros, Chula, Chuli, Teo, Oso, Cocó, representando algunos del mundo gato, Lula, Wilson, Flor, Bonzo, Roco, Kispe, Kaira, Dago, Mississipi, Mila y Reina, como perrunas muestras, la vaca Domitila, Naranjo, el caballo del barrio, la yegua Margarita, y muchos más.

También es cierto, que una jauría atacó a mi amor una noche y que no todos los animales son maravilloso, pero ¿acaso nosotros somos todos iguales? Prefiero seguir llena de amor animal en mi vida a pesar de los riesgos. Y por si fuera poco, ¡me casé con un veterinario! ¿A vos que te pasa con los animales? ¿compartís tu vida? ¿les temés? Claro que me interesa, por eso el diario, para compartir. Pensamientos, experiencias, momentos, poemas y también cuestionarnos. Hoy te invito a contar tus propias animaladas, yo ya te mostré algunas de las mías. Las otras me las guardo.

Diario de cuarentena: Frases hechas

La crisis es necesaria para que la humanidad avance. Solo en momentos de crisis surgen las grandes mentes. A. Einstein

Pero pensar que la crisis es una oportunidad es otra cosa. Tal vez para los chinos, pero para nosotros, occidentales sencillos, normalmente las crisis no nos traen oportunidades. Me resulta hasta gracioso la cantidad de personas que van de frase hecha en frase hecha por la vida. ¿Vos no tenés algún conocido que te dice por ejemplo: «y bueno, no hay mal que por bien no venga», o » la vida es una lucha»?, también están los más creativos que rehacen las frases y les cambian una o dos palabritas.

Si me remito a los hechos, y a mi vida, las crisis por lo general me dejaron más pobre en lo económico y en lo espiritual y realmente prefiero vivir en armonía. No en crisis. Lamento que la razón no me permita creer en estas cuestiones de las oportunidades. Tal vez porque vivimos inmersos en tantas declaraciones altisonantes de unidad, hermandad, bondad que son sólo publicitarias y no puedo por eso ver que realmente hay personas que mejoran con una crisis.

La palabra “crisis” viene del griego, donde encontramos exactamente el mismo término (“κρίσις”): con el significado de: separación, distinción, elección, discernimiento, disputa, decisión, juicio, resolución. sentencia. El verbo correspondiente a este sustantivo es “κρίνω” (“krino”), que significa separar,distinguir, esoger, preferir, decidir, juzgar, acusar, explicar, interpretar, resolver.
En principio, esta palabra no tiene un significado negativo. La crisis es el momento en que la rutina ha dejado de servirnos como guía y necesitamos optar por un camino y renunciar a otro.

Ahora, que camino elegimos puede transformar la crisis en algo transformador o en un desastre. Te dejo pensando en esto y me voy a cocinarle a la familia. Pobre familia con esta chef que la crisis les regaló. Y como me falta sapiencia, me voy rápido a la cocina porque «no hay que dormirse en los laureles».

Plaza Veteranos de Malvinas: Un homenaje a los combatientes de la guerra de 1982

Corría el año 1950 cuando se inauguró la avenida San Martín durante el gobierno de Perón, y desde Almafuerte hasta Sáenz Peña incluyó una serie de plazas. Una de ellas era la Plaza Fuerzas Armadas. Nada hacía suponer que algunos líderes de esas mismas fuerzas, nos llevarían a una guerra desigual que no reivindicó nuestra soberanía, sino que logró la muerte de muchos jóvenes soldados y militares, decentes argentinos que, patrióticamente, lucharon por los colores de nuestra nación.

A fines de los años 70, durante la gestión del intendente de facto Roberto Antonio Sahaspé, se modernizó dicha plaza colocando en ella, un ancla, un cañón y un avión caza Gloster Meteor, representando a las tres fuerzas armadas: armada, ejército y fuerza aérea respectivamente. Esto también se realizaba sin saber lo que iba a ocurrir en 1982, el año de la fatídica guerra de las Malvinas o conflicto del Atlántico Sur, contienda bélica desarrollada entre Argentina y Reino Unido por la disputa de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

En esta batalla se calcula que murieron 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños. Fue una disputa homérica y la primera guerra de Argentina en más de cien años. El origen de la crisis fue un intento de la dictadura militar argentina de vincular las islas por la fuerza, islas que estaban en poder del Reino Unido desde 1833.

La dictadura argentina accionó para mantener el poder político y desarrollar la guerra a la vez, pero la reacción del Gobierno del Reino Unido y la falta de flexibilidad militar crearon un conflicto armado en las islas del Atlántico Sur.

Margaret Thatcher congregó la expedición militar más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Y esta guerra tiene también el triste récord de ser primera batalla aeronaval desde la contienda del Pacífico.

El ejército británico nos derrotó con apoyo de la OTAN. Nuestras fuerzas, sin una preparación adecuada, luchó con garra y desparpajo frente a un enemigo que se alzaba con poderío económico y numérico y nuestros valiosos soldados, hermanos, hijos, nietos, esposos, se rindieron tras férreas luchas y fueron desalojados del archipiélago.

Esta derrota épica adelantó la caída de la dictadura argentina y el inicio de recuperación del Estado de derecho, al tiempo que contribuyó a la reelección del gobierno conservador de Margaret Thatcher en 1983.

No tuvimos relaciones diplomáticas durante ocho años con los ingleses. Perdimos hombres y mujeres del futuro, y aprendimos poco, porque a los héroes que volvieron no los cuidamos como un estado debe hacerlo. Siguen luchando por sus derechos y reivindicando su guerra. Una guerra que nos dejó como legado que la Organización de las Naciones Unidas continúe considerando los tres archipiélagos con sus aguas circundantes como territorios disputados.

En Junín, la plaza se remodeló en el 2005, en el marco del concurso de ideas del área centro, cuyo objetivo era la generación de un lugar que permita el desarrollo de distintas actividades en el espacio público, tales como manifestaciones artísticas, música, danza y teatro. Se colocó un mástil de 16 m de alto para la ceremonia de izamiento de la bandera, pero recién en el 2017 se le cambió el nombre a la plaza, pasando a llamarse «Veteranos de Malvinas» en homenaje a los combatientes de la Guerra de Malvinas de 1982.

Con su anfiteatro y la bandera flameando en alto, la plaza rinde un simbólico homenaje a los que dieron su vida y a los que volvieron, y se puebla de arte y de jóvenes que expresan sus sueños con música, teatro, o simplemente debaten libres en un sector de la ciudad privilegiado, que tiene en su nombre la sangre de muchos, la soberanía en juego de unas islas lejanas que sin embargo todos tenemos clavadas en el alma.

Porque allí descansan nuestros hermanos en tumbas pobres sin mármoles, pero elevadas dignamente hacia el cielo sureño que ve en sus cruces nuestra patria. Honor a los Veteranos de Malvinas, siempre.

Diario de cuarentena: Probabilidades

¿Te diste cuenta que ya comenzó el fresquito? y con la brisa y la humedad otoñal, los rulos se vuelven locos. Más que yo. Y entonces me empiezo a atar el pelo, después me lo corto, imaginate como quedó. Después me veo las raíces, me doy cuenta que mis canas van en aumento, me acuerdo que se viene el mes de mi cumple y me da acidez. Todo eso en la mañana.

Por la tarde, tras alimentar a la perra, me pongo a limpiar la casa, porqué nadie puede ayudarme en estos días de confinamiento. Y vivo con varones a los que la liberación femenina no volvió más higiénicos y pueden sobrevivir en el caos y el polvo con tranquilidad absoluta. La vida con bolas es evidentemente más sencilla y me vienen los recuerdos de cuando Nacha cantaba; qué lindo ser mujer. Y la punta del obelisco.

Una vez concluido el aseo del hogar, la perra entra corriendo y ladrando desde el patio y como llovió me mancha todo mi piso inmaculado (jamás creí oírme decir esa frase) y termino corriéndola con un trapo de piso en la mano. Abro la puerta de calle y el vecino me mira, con los rulos parados, a las puteadas y trapo en mano. abre los ojos y agacha la cabeza, como asintiendo que mi vida es una porquería.

A la tarde intento ser creativa y arreglar cosas rotas, cocino un par de tartas para tener, que sé que hoy se acabarán y me vuelvo maniquí de mis propios remiendos. Tras un largo suspiro, entro en la ducha y al correr el agua tibia sobre mi cuello me doy cuenta que no pude terminar de leer a Cheever. Me digo que me voy a tomar las próximas dos horas para hacerlo. Salgo de la sala de baño con menos peso y más segura de mis intereses y escucho a mi hijo decir: ¿ma, vos entendés algo de probabilidades? Me vuelve Nacha a la memoria y Eva, y Simone, y SIlvina Ocampo y las trabajadoras golpeadas, y Alicia Moreau de Justo y a grito pelado a lo Juana Azurduy respondo: Si, probablemente sepa todo.

Diario de cuarentena: Desde el jardín

Las hojas tostadas del arce que veo desde el jardín, me causan la melancolía propia de quien tiene años encima. Y que sabe que la suerte siempre fue esquiva y que estamos a merced de una casta que parece que elegimos pero no. Se agitan en naranjas y marrones las ramas sujetas que son una perfecta definición en espejo.

Cómo soportar ya es harina de otro costal. Mi casa, amada y remodelada con esfuerzo, que creo espaciosa , se precipita sobre mi cabeza, los espacios se vuelven más y más monótonos , se empequeñecen y mi patio escueto que otrora consideraba precioso, es casi un jardín de invierno.

Entonces recuerdo, y el recuerdo se hace luz, y flor, se vuelve raíz y simiente, con las espinas propias pero con rosales y margaritas espléndidas. Lilas, abedules y árboles de caramelo me traen a mi memoria una lectura de antaño.

Y viene el anhelo, llamaría a Jerzy Kosinski para que nos consiga un Chance que nos salve, y que nos diga que la vida en sus cuestiones, es tan sencilla como una mente pura, tan limitada y tan perfecta como un jazmín creciendo y tan posible como si la viéramos a diario desde el jardín.