Donde retumba el silencio

«Donde retumba el silencio se incorpora a la sólida tradición de novelas de la intimidad, desarrolladas por escritoras como Virginia Woolf o Natalia Ginzburg.»
Clara Obligado

La novela ganadora del Premio Clarín no corta el aire del lector, tampoco recurre a grandilocuencias. Está escrita desde algún rincón del alma y por eso nos conmueve. Cuenta, además, con una prosa prolija y cuidada, que permite que la transitemos con fluidez.

Agustina Caride, su autora, estudió Letras, fue crítica literaria y colaboró en distintas revistas. Trabajó en editoriales; coordinó LiterAr junto a diversas editoriales para promover la literatura argentina; organizó eventos culturales para la agencia Schavelzon. Obtuvo tres premios y beca del FNA. Actualmente es correctora; dicta talleres de escritura y lectura y coordina eventos literarios en Literatura Bazterrica –Caride. Sus libros publicados son Y sin embargo no llovióCuentos con historiaCuando ella supo quién era GoldambeckPanambí y otros cuentos con historia (fue adaptado a la lectura fácil para personas con
incapacidad lectora), Última generación, Generación cero, Testigos invisibles, No habrá sino ausencias, La chica de papel, Los sueños también flotan (ganador del concurso Soy autor y editorial Quipu) y Donde retumba el silencio, novela objeto de esta reseña, publicada por Alfaguara.

Tiene herramientas de sobra para narrar la historia, y eso se agradece. Por momentos la intimidad, por momentos la crónica histórica, pero siempre sin perder la verdadera trama que es la amistad y la vida compartida entre estas amigas ahora enfrentadas: Leo y Vira. Caride construye un mundo familiar
verosímil, con personajes que terminamos llamando por su nombre de pila a medida que leemos. Y nos encontramos preguntándonos ¿Cuándo llega María? o ¿No le avisa a Gabriela?

Los simbolismos son impecables, por eso la novela nos retumba para llegar hasta el lugar donde todos fuimos o seremos una de estas dos mujeres de ochenta, que criaron a sus hijos desde donde pudieron, como sucede en esta Argentina que nos pesa, y que desde mediados del siglo veinte, nos va dejando
solos. Una arriba y la otra abajo, no es casual. Una emprendedora y ex dueña de un campo, la otra docente, peronista y sindicalista; tampoco es fortuita la elección. Somos nosotros, los argentinos, vos y yo, los Ríver-Boca, blanco-negro, las cuestiones que ni el mundo líquido nos deja disolver para
unirnos y no perder lo querido, lo valioso. 

Y de toda esa identidad habla Donde retumba el silencio, también muestra las consecuencias del orgullo, la soberbia, de la incomprensión, la rebeldía, la admiración y resulta que tras todo ese diálogo literario que propone Caride, lo entrañable termina siendo lo que se descuelga de la historia. Con las vidas
efímeras de dos amigas longevas se desmoronan silencios, miedos, deseos, sueños, alegatos y ridículas posturas políticas que a veces sostenemos para no desarmarnos, y que nos llevan a perder afectos únicos. O los postergamos como si fuéramos eternos, hasta que lo eterno llega.

No encontré a Virginia Woolf en la novela de Agustina Caride, aunque es clara la influencia de muchos autores que una gran lectora como ella tiene; yo sentí que Leo y Vira fueron susurradas al oído de la autora por Manuel Puig, para que no nos quedemos sin estas señoras memorables de la literatura
argentina.

Buena lectura, de calidad.

Páradais

Qué bien escribe Fernanda Melchor. Es lo primero que diré sobre esta obra que trae dejos de Carpentier en algunos pasajes. Qué pena que una autora de tal talla haya caído en lugares comunes, es lo segundo.

Y en el medio, transcurre una novela interesante con unas diez páginas finales sublimes. Con voz propia, Melchor nos trae a Polo, un joven sin deseos ni futuro posible que es casi una parodia de sí mismo, su encuentro con otro, de otra clase ( confieso que el tema clases sociales ya me resulta recurrente en las novelas contemporáneas) y que se ve envuelto en la obsesión de Franco, su amigo de mamúas y de puchos, dando origen a la tragedia, que redime a la autora de las excesivos «aquellos» con los que nombra al narcotráfico, en un intento infructuoso por dejarlo en segundo plano.

Melchor dice: «Quería mostrar lo absurdo de la violencia, lo innecesario de estas violencias que ocurren todos los días» Y lo hace, Páradais se mete en el terreno de la violencia pero también en las diferencias sociales, usando la relación entre un adolescente que vive en un barrio privado y otro que es el jardinero del lugar, ellos están en Páradais para mostrarnos como la obsesión y la alienación llaman a la crueldad, sin posibilidad de vuelta atrás. Hay personajes que podrían no existir, no tienen una gran justificación en la trama, y en las primeras cien páginas utiliza demasiados de recursos descriptivos y vulgarismos, en especial porque escribe en tercera persona. Aunque cada crítica que hago siento que la realizo sobre algo que está bien hecho. Es que Fernanda Melchor tiene más que dar, una lucidez literaria y un manejo de las palabras específico admirable.

La novela sobre el final nos maravilla, la técnica, los tiempos narrativos, la fuerza de la voz, y una estructuración sin aliento, para mostrarnos lo que sin duda viene diciendo Melchor con el resto de su obra: no hay paraísos, no los hubo ni los habrá.

Degenerado

Ariana Harwicz encarna a la escritura despojada, no enjuicia a sus personajes, los narra brutales, monstruosos, poéticos, malditos, y nos deja en guardia, con los puños apretados. Así escribe.

 

 Degenerado es la historia de un acusado, un “perverso”. Y este hombre es un hombre con el cuerpo en juego. La autora argentina, que resiente las normas de la literatura hecha para vender, para encajar, nos convida con emociones desbocadas, nos vuelve metáfora, nos deja sin tiempos. Y lo que propone no es temerario, sino que atraviesa los miedos morales para encender la llama del deseo per se.

En Matate AmorPrecoz o La débil mental, nos dio una punta para comenzar a descifrarla, y en ésta novela, en la que aparece el hombre real, no elige cualquier hombre. Es uno que viola y mata, pero que fue vulnerado. Podemos sentir todo: amor, odio, bronca, lo aciago y lo real, y los sentimientos son tan descontrolados como las vidas de los vecinos tras los muros. Y eso es lo que da el alerta al lector. La culpabilidad deja de ser relevante cuando se cuestiona lo moral. La sociedad hipócrita encarnada en la justicia se nos viene encima y nos obliga a pensar en el actuar del hombre frente a tanta mujer expuesta. ¿Qué desea? ¿Qué hace?

Ariana Harwicz construye a su protagonista en un entorno donde el castigo social es ley, tal vez porque la normalidad es una cuestión difícil de llevar. En un entorno pacífico, que parece de cuento, es el escenario para la explicitación de toda nuestra humanidad y de sus voluptuosidades paganas. Lo pacato se vuelve irresistible para fiscales, jueces, vecinos y el hombre condenado, termina siendo la víctima de un status quo social que trasciende fronteras.

En Degenerado, el peso está puesto en la libertad con que está escrito. Sin culpar ni exonerar, sin preconcebir. Nos cuestiona nuestros gustos privados, nos invita a tocarnos de verdad, para saber también, quienes seríamos de no censurar nuestros deseos con lo político. Este hombre tuvo un padre que lo violentó desde pequeño, ¿eso lo convierte en lo que es o lo vuelve un farsante? Es excusa o prueba, él mismo aparece mintiéndose un cómo y cuestiona su verdad creándose otra, que es historia narrada. En un lenguaje nuevo, quebrado y sustancioso que se aleja de tradiciones literarias, Harwicz fluye, no escribe para norma.

Y acierta en todo, esta historia debía ser escrita así, sin tibiezas: es la historia de un pedófilo que le escupe su asco a la sociedad, para reivindicar el deseo. Ni más ni menos.

Ceremonia Secreta

“Pero a menudo enferma de soledad, había soñado que en ese poblado mundo había alguien que conocía nuestra existencia, que necesitaba de ella, que la esperaba y la buscaba, y que alguna vez la encontraría y se la llevaría consigo. Y ahora esa loca fantasía dejaba de serlo. Pero no hay que interferir en la delicadísima mecánica de la magia con su pedido de explicaciones. Hay que someterse y dejarse gobernar”

Ceremonia secreta de Marco Denevi, premiada en 1963 por la Revista Life, es mucho más que una breve obra teatral, y no lo digo por la película policial que dirigió Joseph Losey, sino por el manejo maravilloso de la iniciación o descubrimiento de identidades que logra el autor, con cuadros que pueden parecer grotescos.

La loca santificación del mundo con la que el personaje de Denevi inicia la novela, juega con dos miradas: la de la figura que promueve exorcismos florales y rezos, hechos sin permiso para salvar vecinos en un barrio de Buenos Aires y por otra parte la religiosidad que intenta mover o modificar conciencias.

La trama narrativa intenta resolver secretos que van apareciendo como luces, algunos rituales, lo policial en el grupo de sicarios, robos, violaciones y traiciones novelescas algo góticas, que lo religioso sumado a casonas cavernarias otorgan a la historia. Es una novela sobre andamiajes narrativos que se superponen, con actores que pueden venir de cualquier pretérito, creando planos inigualables, al mejor estilo Denevi para distorisionar la realidad.

Leonides Arrufat en su diario deambular va cuestionando la vida y obra de todo lo que no sea santo, santo como ella lo concibe, es la voz de la religión en la novela, una voz abrumadoramente sola, que en su propio eje santurrón deja entrar espíritus y nuevas identidades para poder seguir con lo que cree es un designio divino. Su desvarío hace posilble la relación con Cecilia Engelhardt. Así asume un rol primero, otro después, hasta confundirse en tres mujeres y sentir que la vida, en el encuentro con Cecilia, le dio un sentido a su existencia.

El enigma,es el que nos lleva a leerla con voracidad, acá no desciframos un misterio sino planos de realidad, o realidades posibles en uno y otro tiempo. Muy pronto aparece la idea de oculto, en Cecilia, cuando acosa a Leonides en el tranvía. Y es allí que se sella la trama, y nos propone el autor comprender ese vínculo contraído desde lo secreto, uniendo lo esotérico con lo religioso, mezclano lo mundano con lo celestial. Ceremonia Secreta está llena de yeites o guiños para que entendamos un mundo que nos excede.

Las escenas iniciales ya nos dejan un margen de dudas por la elección de como contarnos, con que palabras, por parte del narrador,para que comprendamos la mente de estos personajes: “La muchacha lloraba. Lloraba silenciosamente, sin un gesto sin un movimiento. Lloraba con las manos en los bolsillos. Encogida en su asiento, lloraba. Lloraba y miraba a la señorita Leonides. Miraba a la  señorita Leonides y amargamente le reprochaba no cumplir con el pacto. ¿Con el pacto? ¿Con qué pacto? La señorita Leonides perdió la cabeza: Bruscamente se puso de pie, pasó por delante y por encima de la joven, literalmente la aplastó, sintió bajo sus pies los pies de la otra, le pareció que la muchacha intentaba detenerla, que murmuraba algo, pero ella no debía escucharla, porque si la escuchaba estaría perdida, perdida para siempre.” 

Aquí aparece el narrador mostrándonos el enigma propuesto, ¿de dónde viene esta relación, de que habla la resistencia de Leonides, qué percibe?

Cecilia exige que Leonides cumpla un supuesto pacto, claro que los pactos Leonides los hace con Dios, para salvarse, para salvar al mundo del pecado. Por ahí va la cuestión. La escena que cito es el resumen secreto que sostiene toda la novela. No voy a referirme al final, pero es allí donde Cecilia da sentido a toda la trama.

Denevi muestra en esta narración conocer el sentido de la enigmación, la profundidad a la que llega con sus personajes, y como va enhebrando los hechos, es sabia. Como a Cecilia y a Leonides, esta novela consagra al autor, elevándolo. La brevedad de la obra, que la agiliza sin discursos filosofales, sumada al tono poético la tornan redonda. Estas dos mujeres se necesitan, y un sumun que las trasciende es lo que las une. Lo figurativo, aquello que es signo y señal, las analogías, van creando capas en la conciencia de los personajes y del lector,

No es casual la mención al juego de la oca, porue toda la novela es lúdica. Todo tiene la suerte y la verdad como posibles. estructura de la novela. “Después todo sucedió como en el juego de la oca loca, en el que una ficha avanza lentamente, caprichosamente, deslizándose aquí, deteniéndose allá, por un camino zigzagueante dibujado sobre un cartón multicolor, y otra ficha, más atrás, la sigue,  marchando ella también a intervalos, hasta que de súbito, y cuando el azar lo dispone, la segunda ficha alcanza a la primera y entonces las dos, la perseguida y la perseguidora saltan fuera del camino y van a encerrarse juntas en un escaque como en una fortaleza”. Pero tiene otras posibles razones para comprender la realidad, además de la lúdica, por ejempo la conciencia, la iniciación que hace el padre sobre Cecilia, la categórica creencia de Leonides, diferentes pero extremas tramas secretas que moviendo las fichas de las vidas de los personajes, con detalles, como el Arcángel Miguel en la casa, que está para señalar y castigar el mal. La trama llega hasta el sacrificio. El pacto entre Cecilia y Leonides  es un pacto elevado. La novela nos lleva por los caminos del conocimiento y las verdades de un orden trascendental. Ceremonia secreta es un entrelazamiento de acciones cotidianas, signadas por el mal; con voces de locura y de profunda conciencia divina,tal vez solo se trata como toda gran obra, del bien y del mal.

Marco Denevi, sin dudas, un iluminado.

Tokio Blues

Esta obra de Murakami, que lo consagró en su propia tierra, trata sobre una historia de amor, como todas las grandes novelas de la literatura. Un triángulo adolescente, que se vuelve sinfonía para enseñarnos mostrarnos como vivir los sentimientos y las pérdidas necesarias para adquirir la madurez. Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha mientras aterriza en un aeropuerto europeo una vieja canción de los Beatles, Norwegian Wood, y la música lo lleva hacia su juventud dando origen a la trama, vuela en su mente hacia el turbulento Tokio de finales de los sesenta. Toru recuerda, entre nostálgico y agobiado, a Naoko, su amor torturado por la novia de su mejor amigo de la adolescencia, Kizuki. Este amigo, tal vez el único verdadero, se suicida y pone distancia entre los jóvenes hasta la universidad. La relación platónica entre Toru y Naoko se vuelve relación íntima; pero la frágil salud mental de Naoko la lleva a internarse en un centro de reposo. Toru conoce y se enamora de Midori, una joven de acción, contrapuesta a Naoko. Toda las dudas, miedos e indecisiones de Toru lo inician en la madurez, sus reflexiones sobre la vida, la muerte, la enfermedad, el amor, el sexo, la terrible levedad de la existencia y los valores, vuelven insostenible el triángulo en el que está inmerso. Necesitan, Toru pero también las dos jóvenes, lograr el sutil equilibrio entre las esperanzas adolescentes y el imprescindible lugar en el mundo adulto que deben hallar. Murakami, con la fina línea de humor que maneja, ha logrado en Tokio blues un manual de educación sentimental único. Pero vamos a volvernos más técnicos en esta novela para dar una idea cabal de su trascendencia.

Se ubica entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Hace referencia a la música de esa época, así como a la literatura y las protestas universitarias. Se ambienta en Japón y el autor nos induce con la lectura a recorrer junto a sus protagonistas muchísimas calles y barrios de Tokio: restaurantes, bares, hoteles, rincones, tiendas, barrios y líneas del tren, paisajes. Son las ciudades y pueblos de Japón que visita Toru Watanabe durante búsqueda adolescentes. El tiempo pasado le otorga agonía y los flashbacks nos muestran, como lectores, los hechos de un pasado antiguo. La intriga la otorgan las rupturas de la linea de tiempo hacia el futuro que nos atraen irremediablemente.

Utiliza el recurso del narrador protagonista, en este caso Watanabe. Él nos relata cada momento, cada suicidio, cada hecho con una perfecta descripción de detalles, sentimientos, sensaciones y memoria dialógica que nos sitúa allí, donde todo ocurre. Watanabe lee escritores; a Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald y Raymond Chandler, lo que justifica la deliciosa narración de sus vivencias.

La novela es verosímil por donde la veamos, cargada de grises en sus líneas, melancólica. El joven está claramente triste al narrar su vida y la de sus amigos. Pero encuentra el modo, Murakami, para insertar personajes que aflojan la historia y nos permiten sonreír. El lenguaje simple facilita una lectura liviana, y nunca pierde la línea impecable de descripción, aún narrando detallados momentos íntimos. La mayoría de los personajes, redondos, logrados, son jóvenes. Murakami trabajó sus características para que sean muy diferentes entre sí. Se ve la minuciosidad y es a través de éstos personajes que nos deja un mensaje positivo pero realista sobre la vida, el amor y la muerte. Tokio Blues pone la mira en la adolescencia. Cambios y confusiones, así su trama deja en evidencia los matices del proceso de maduración emocional, física y sicológica, en una época y una sociedad determinada.

La novela irrumpe en lo cotidiano y los dolores profundos desde una intención concreta, nos habla del suicidio, la locura, la sexualidad, la lealtad, la familia, la pérdida, la soledad y el amor. La trama principal gira entorno a la relación entre Watanabe, y su amor triangular hacia Naoko y Midori. Con este conflicto como base, las subtramas, que nos muestran la vida de los adolescentes, generan capas que aparecen a lo largo de la vida en la universidad, rememoradas por un Toru Watanabe adulto.

Las cartas, una elección acorde al tiempo histórico en el que se inscribe la novela, son una excusa para amar, para pedir consejos respecto al amor y para profundizar en la salud mental de una de las mujeres que ama. Tokio Blues nos deja pensando, nos interpela, y hasta puede que salgamos heridos tras su lectura. Murakami atraviesa la historia con técnicas narrativas que hacen crecer el interés mientras avanza la trama. Las situaciones no son predecibles, sorprenden. Lo mejor de la obra son los personajes, que se atreven a cuestionar la vida, filosofan, difieren y eso los une al fino hilo de la historia. No todo tiene sentido; como en la vida. La prosa del autor es única, poética, extrañada y claramente musical. Es una novela envuelta en sensaciones, que nos van generando remolinos mientras la leemos.

No es posible quedar inmune a Murakami, al menos al de Tokio Blues. Un antes y un después.

Matadero Cinco

Matadero Cinco o La cruzada de los niños es una novela necesaria, porque constituye el reflejo prohibido de la Segunda Guerra Mundial. Mostró al siglo XX, con la fiereza que otorga la parodia, lo que la sociedad debía saber.

Vonnegut no podía concluir el libro sobre el bombardeo de Dresde con la rapidez que la editorial pedía, es que las historias de vidas masacradas por supuestos aliados, no pueden ser contadas así porque sí. El autor tuvo que recurrir a nuevos mundos para contar éste, a nuevas vidas para mostrar cuan miserable es la nuestra. La novela trata sobre Billy Pilgrim, una vida sin tiempos. Nos ubica en 1944, cuando Pilgrim va a la guerra como ayudante de capellán, y volamos de golpe a su madurez de óptico con una existencia rutinaria en Ilium, ciudad inventada del estado de Nueva York donde Vonnegut sitúa otras obras. Los viajes en el tiempo ponen en perspectiva concreta y cruel el horror de la guerra, que atraviesa ese mismo tiempo hasta borrarlo. Desde el inicio nos revela principio y final, y las vicisitudes que atravesó para escribir la obra sobre Dresde.

«Me disgustaría decir lo que este asqueroso librito me ha costado en dinero, malos ratos y tiempo. Cuando volví a casa después de la Segunda Guerra Mundial, hace veintitrés años, pensé que me sería fácil escribir un libro sobre la destrucción de Dresde, ya que todo lo que debía hacer era contar lo que había visto. También estaba seguro de que sería una obra maestra o de que, por lo menos, me proporcionaría mucho dinero, por tratarse de un tema de tal envergadura. Pero cuando me puse a pensar en Dresde las palabras no acudían a mi mente, al menos no en número suficiente para escribir un libro.

La gente no debe mirar hacia atrás. Ciertamente, yo no volveré a hacerlo. Ahora que he terminado mi libro de guerra, prometo que el próximo que escriba será divertido.

Porque éste será un fracaso. Y tiene que serlo a la fuerza, ya que está escrito por una estatua de sal, empieza así:

Oíd:

Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo…

y termina así:

¿Pío-pío-pi?”

 Matadero Cinco no es sino dentro del tiempo histórico que cuenta. El bombardeo de Dresde abre la puerta a la posmodernidad. Por eso es posible esta historia sobre un hombre que raptan unos extraterrestres del planeta Trafalmadore y que cuenta los pormenores terribles de la Guerra. Un tema fundamental es el tiempo trafalmadoriano, un tiempo no lineal. Uno que va y viene, salta y salpica. Muy Vonnegut.

Billy es retenido por los habitantes de Trafalmadore para que viva sin miedo a la muerte y sin pensar en el mañana. Una vida sin suspenso. ¨Por lo que va y viene en su vida y en su ´propia muerte, y vuelve a vivir.

«–¿Dónde estoy? –preguntó Billy Pilgrim.

–Atrapado en otro bloque de ámbar, señor Pilgrim. Estamos precisamente donde debemos estar en este instante, a quinientos millones de kilómetros de la Tierra. Y nos dirigimos, por un hilo del tiempo, hacia Tralfamadore. Este viaje quizá nos lleve horas, o tal vez siglos.

–¿Cómo… he llegado hasta aquí?

–Eso, para usted, requeriría otra explicación terrenal. Los terrestres son grandes narradores; siempre están explicando por qué determinado acontecimiento ha sido estructurado de tal forma, o cómo puede alcanzarse o evitarse. Yo soy tralfamadoriano, y veo el tiempo en su totalidad de la misma forma que usted puede ver un paisaje de las Montañas Rocosas. Todo el tiempo es todo el tiempo. Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos, como he dicho anteriormente, insectos prisioneros en ámbar.«

Esta novela maravillosa, simboliza la guerra de una forma particular, inversa, única. No la expone, pero nos sensibiliza, parodiando, rediseñando la escritura y manera de narrar la verdad vivida, en un intento de volverla mucho más real sin mostrarla directamente.

Aviones americanos llenos de agujeros, de hombres heridos y de cadáveres, despegaban de espaldas en un aeródromo de Inglaterra. Al sobrevolar Francia se encontraban con aviones alemanes de combate que volaban hacia atrás, aspirando balas y trozos de metralla de algunos aviones y dotaciones. Lo mismo se repitió con algunos aviones americanos destrozados en tierra, que alzaron el vuelo hacia atrás y se unieron a la formación.

La formación volaba de espaldas hacia una ciudad alemana que era presa de las llamas. Cuando llegaron, los bombarderos abrieron sus portillones y merced a un milagroso magnetismo redujeron el fuego, concentrándolo en unos cilindros de acero que aspiraron hasta hacerlos entrar en sus entrañas. Los containers fueron almacenados con todo cuidado en hileras. Pero allí abajo, los alemanes también tenían sus propios inventos milagrosos, consistentes en largos tubos de acero que utilizaron para succionar más balas y trozos de metralla de los aviones y de sus tripulantes. Pero todavía quedaban algunos heridos americanos, y algunos de los aviones estaban en mal estado. A pesar de ello, al sobrevolar Francia aparecieron nuevos aviones alemanes que solucionaron el conflicto. Y todo el mundo estuvo de nuevo sano y salvo.

Cuando los bombarderos volvieron a sus bases, los cilindros de acero fueron sacados de sus estuches y devueltos en barcos a los Estados Unidos de América. Allí las fábricas funcionaban de día y de noche extrayendo el peligroso contenido de los recipientes. Lo conmovedor de la escena era que el trabajo lo realizaban, en su mayor parte, mujeres. Los minerales peligrosos eran enviados a especialistas que se encontraban en regiones lejanas. Su tarea consistía en enterrarlos y esconderlos bien para que así no volvieran a hacer daño a nadie.

Los pilotos americanos mudaron sus uniformes para convertirse en muchachos que asistían a las escuelas superiores. Y Hitler se transformó en niño, según dedujo Billy Pilgrim. En la película no estaba. Porque Billy extrapolaba.

Y se imaginó que todos se volvían niños, que toda la humanidad, sin excepción, conspiraba biológicamente para producir dos criaturas perfectas llamadas Adán y Eva.

No se puede menos que aplaudir semejante texto, la posmodernidad de Matadero Cinco estalla, rompe paradigmas y nos deja helados y llenos de metaliteratura. Hasta el autor interrumpe en la novela, como un llamado al lector. La ficción es perfecta para comprender lo real y Vonnegut es magistral a la hora de utilizarla. El personaje de Kilgore Trout, un escritor inventado de novelas de ciencia ficción, que vive sin penas ni glorias en la ciudad de Billy, parece ser el alter ego del autor. Un escritor con ideas de avanzada casi distópicas en esa época de la publicación de la obra, que hoy podrían ser normales. Propone una actualización del Nuevo Testamento cambiando el momento en el que Jesucristo es reconocido como el Hijo de Dios o un el diagnóstico de algunas enfermedades mentales que solo podían ser detectadas en la cuarta dimensión y no por la estructurada mente de la medicina terrestre. Matadero Cinco recurre tambien a otras obras verdaderas o no y está lleno de párrafos de un supuesto libro de un miembro ficticio del Ministerio de Propaganda nazi, Howard W. Campbell, Jr., americano traidor que vuelve a usaer Vonnegut; el discurso del Presidente Truman tras probar la bomba atómica en Hiroshima; de Delirios Populares Extraordinarios y la Locura de las Masas, de Charles Mackay ; o Dresde: arte, historia y paisaje de Mary Endel. Hasta juega con la literatura y hace que la propia novela llegue con Billy a la tv.

«–Puede representar el toque de color en una habitación de paredes blancas.

Y otro:

–Puede enseñar a las esposas de los ejecutivos novatos lo que deben comprar y cómo han de comportarse en un restaurante francés.

Finalmente, le concedieron la palabra a Billy. Y empezó, con aquella maravillosa voz que tanto había estudiado, a hablar de los platillos volantes y de Montana Wildhack, etc.«

Matadero Cinco es contracultura. Publicada en 1969 representa todo el movimiento social de los años 60 americanos. Es antibélica, pero también es una reclamo, a los gritos, aún con gritos novedosos y estrafalarios, sobre la II Guerra Mundial, contra la Guerra de Vietnam. Vonnegut lo deja claro: las guerras están mal.

«Al paso de los años, la gente que he conocido me ha preguntado muchas veces en qué trabajo, y por lo general yo he contestado que la obra más importante que tengo entre manos es un libro sobre Dresde.

Una vez le dije eso a Harrison Starr, el productor de cine, y él levantó las cejas inquiriendo:

–¿Es un libro anti-guerra?

–Sí –contesté–. Me parece que sí.

–¿Sabes lo que les digo a las personas que están escribiendo libros anti-guerra?

–No. ¿Qué les dices, Harrison Starr?

–Les digo, ¿por qué no escriben ustedes un libro anti-glaciar en lugar de eso?

Lo que quería decir es que siempre habría guerras y que serían tan difíciles de eliminar como lo son los glaciares. Desde luego, también yo lo creo.

Los trafalmadorianos, piensan en un mundo en paz alejando lo malo y basado en lo bueno, pero la obra satiriza la guerra y a los soldados de forma tal que se gano la censura del Gobierno estadounidense, fue prohibido en colegios y bibliotecas públicas, y criticada con saña.

 Matadero Cinco muestra en son de parodia una generación fundamental en el cambio social occidental. Tiene momentos brillantes, como la mirada cómica de la guerra que da de un grupo de soldados ingleses, que llevan cuatro años viviendo encerrados por los alemanes:

«Los ingleses iban limpios, estaban de buen humor y se veían decentes y fuertes. Cantaban rugiendo a pleno pulmón. Y eso que llevaban cantando juntos, cada noche, desde hacía años. También habían levantado pesos y hecho gimnasia durante aquel tiempo. (…) Además todos eran maestros del ajedrez, del juego de damas, del bridge, del dominó, de los crucigramas, del ping-pong, del billar e incluso del morse.

Se les podía contar entre la gente más sana de Europa, en términos de alimentación. Pues un error burocrático cometido a principios de la guerra, cuando todavía llegaban alimentos a los prisioneros, había sido causa de que la Cruz Roja les enviara cada mes quinientas raciones de comida en lugar de las cincuenta que les correspondían.(…) Los alemanes les adoraban, pues creían que eran exactamente lo que los ingleses tienen que ser. Sabían transformar la guerra en una cosa elegante, razonable y divertida. Por eso les dejaban ocupar cuatro cobertizos, aun cuando todos juntos cabían perfectamente en uno solo. Además, a cambio de café, chocolate o tabaco, les daban pintura, lumbre, clavos y materiales para que pudieran instalarse cómodamente.

Doce horas antes se les había comunicado que estaban en camino unos huéspedes americanos. Y como hasta entonces jamás habían tenido huéspedes, en seguida se pusieron a trabajar como perfectas amas de casa, barriendo, lavando, cocinando, horneando, haciendo colchones de paja y sacos, y colocando mesas y distribuyendo y colocando regalos festivos para sus próximos compañeros.«

Kurt Vonnegut nos lleva a pensar en el mundo que nos rodea de otra forma. Billy Pilgrim tras ser raptado por los trafalmadorianos y reconocer otra visión del tiempo cambia, establece una personalidad que contempla en calma. Sabe lo que va a pasar. decide evidenciar lo que sabe en los medios, hasta anunciar su propia muerte para otorgarle sentido a la vida. La gente es tan esquiva como lo fue él con los trafalmadorianos ante la explicación final sobre el destino universal:

(…) Si los demás planetas aún no están en peligro por causa de la Tierra, pronto lo estarán. Así pues, les ruego me digan el secreto para llevarlo a la Tierra cuando regrese y conseguir nuestra salvación. ¿Cómo puede vivir en paz un planeta?

Billy se sentía como si hubiera hecho un gran discurso. Por lo tanto quedó desconcertado al ver que los tralfamadorianos cerraban sus manecitas visuales. Sabía ya, por experiencia, lo que ello significaba: que estaba diciendo estupideces.

–¿Le importaría… le importaría decirme –le preguntó al guía desanimado– qué es lo que hay de estúpido en esto?

–Conocemos el fin del Universo –contestó el guía–, y la Tierra no tiene nada que ver con él, a excepción de que también será su fin.

–¿Cómo… cómo será el fin del Universo? –preguntó Billy.

–Lo haremos estallar experimentando un nuevo combustible para nuestros platillos volantes. Un piloto de pruebas tralfamadoriano aprieta un botón de puesta en marcha, y todo el Universo desaparece.

Y así será.

–Si lo saben ustedes –insistió Billy–, ¿no pueden evitarlo de alguna forma? ¿No pueden evitar que el piloto apriete ese botón?

–Siempre lo ha presionado y siempre lo presionará. Siempre hemos dejado que lo hiciera y siempre dejaremos que lo haga. El momento ha sido estructurado así.

 Matadero Cinco es una gran novela que interpela y entretiene, pero que deja claro que debemos temer a la guerra, siempre peleada por niños, siempre con corderos que marchan sin saber hacia que muerte van, Guerras que llevan más de 70 millones de muertos y que hoy en día parecen estar más vigentes que nunca. Y más siniestras. Vonnegut lo anunció.

Seda

Seda es una joya, una preciosa advertencia de lo posible en literatura. Alessandro Baricco relata este viaje entre mundos desde una mirada inmóvil, casi íntima, que nos revela con igual hermosura los paisajes transitados, en la construcción del relato; cuidado, armonios, único. Esta quietud con la que cuenta genera la distancia necesaria para encantarnos con la voz de su obra y tal vez para que no le duela como autor.

Hervé Joncour, protagonista de esta novela, viaja en busca de aventuras bajo el ala de comprar huevos de gusanos de seda, fuente del sustento en las hilanderías de su pueblo. Es muy probable que lo que busque encontrar sea el laberinto esencial que lo moviliza, el que todos deseamos hallar. Seda está ambientado en el siglo XIX, los viajes los realiza a Japón, un lugar remoto y extraño en esa época para el mundo occidental, prácticamente el fin del mundo.

Baricco construye esta novela sin ansiedad, pero con un ritmo firme, de capítulos cortos, llenos de sutilezas y apelando a los sentidos. Vuelvo a llamar joya a esta novela corta, que nos envuelve, con descripciones de Japón asombradas y ricos contrastes. El director francés François Girard llevó la historia al cine, en 2007 bajo el título de Silk y es una obra literaria traducida a muchos idiomas . Baricco dijo de su libro: “Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento”.

Me atrevo a contradecirlo. Es una novela corta maravillosa, que nos deja extáticos, llenos de posibilidades. Creyendo que las historias siempre pueden ser narradas de una forma preciosa. No sé si tan lograda como la de Baricco con Seda, pero invita a quien escribe a intentar ese salto de calidad equisita.

Para leer y releer.

Factotum

«Yo era un hombre que me alimentaba de soledad; sin ella era como cualquier otro hombre privado de agua y comida. Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella.»

Charles Bukowski

 No es novedad que Bukowski es una especie de padre del realismo sucio, por lo que en una de las obras que lo consagran, encontrar un rejunte de palabras de gran porte que nos asquean es esperable. Factotum es más: esta novela protagonizada por su álter ego Henry Chinaski, describe un mundo, una época, una manera de ver la vida. Chinasky va de un trabajo a otro como el texto, saltando, picoteando de historias al lector. Es un sexópata y alcohólico empedernido y por supuesto quiere consagrarse como escritor.
Bukowski es directo. No pretende gustar ni adular al que lee, sino que narra la acción cruda.
La repetición de situaciones lejos de incomodar, nos va colocando en tema, nos sumerge en la vida de este personaje díscolo y desesperado, tremenda vida en la que se sostiene porque toma un trago, o porque se masturba sin respiro.

Él lo dice:  No tengo más remedio que ser un matón hijo de puta. El mundo pertenece a los fuertes. 

Bukowski es la voz autoral que visibiliza a los desahuciados, las putas y los borrachos, pero hay una debilidad inherente que se ve tras la desgracia y la decadencia mostrada en los capítulos del libro. Es bastante común que se tilde de vulgar a este autor, tal vez con la pretensión humana de un refinamiento que no poseemos. ¿Acaso hay algo más burdo que acto de parirnos? ¿Algo más ordinario que la biología de nuestro cuerpo? ¿Más primario que las necesidades a saciar?

Bukowski es. Factotum es Bukowski.

Aura

Aura es una novela corta escrita por Carlos Fuentes. Tiene todos los recursos que engalanan un texto: ágil, misteriosa, maga. Esta obra, escrita en 1962 es además de referencia, es la novela que vuelvo a releer cada vez que quiero comprender como escribir para que un lector no pueda evitar leer y sorprenderse una y otra vez con una misma historia. Una que se lleva adherida en la piel, para siempre. Aura fue escrita al mismo tiempo que  La muerte de Artemio Cruz  y ambas apelan a lo tangente, a aquello que nos deja incómodos, como tratando de tragar lo leído, de procesarlo.

Es una obra que no quiero contar, porque el autor la narra de tal forma, que deben sorprenderse en cada una de sus páginas, en cada supuesta mirada, hechizada o no, de esos ojos verdes llenos de memoria y de tiempos.

Felipe Montero es un joven historiador al límite en su vida, halla un anuncio de diario que el mismo define como hecho para él, algo predestinado aparece sin que nos extrañe. Cuando llega, siente que es tragado por una oscuridad fría, y una anciana lo guía a su cuarto. Es Consuelo Llorente, la mujer del anuncio, luego conoce a Aura, la joven de la que se enamora y que lo prenda lo suficiente para quedarse a organizar las memorias del esposo muerto de la anciana, el General Llorente.

Todo es subyugante, la casa, los conejos, las ratas, Aura. Pero se enamora, y las memorias del general lo llevarán a su propio futuro. en una vuelta cíclica de la vida que propone Fuentes magistralmente. Lo raro y lo erótico se vuelven objeto de atención, la oscuridad y la luz, excusas. Aura y Consuelo, o debería decir ella, envuelven a Felipe y a nosotros, los lectores, en la brujería más interesante y reflexiva contada nunca. ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué mirada nos construye?

Novela obligada, en la que el escritor mexicano encarna como nadie el mito y la historia, la vida y la muerte, y ese encuentro con el otro que siempre es uno, en la historia pasada. Exótica, siniestra, incomparable.

Un cuarto propio

“Un cuarto propio” es un ensayo de Virginia Woolf que se publico en principio en 1929. Es una extención de dos conferencias que la autora dio en universidades, y que tenían un público femenino, de la Universidad de Cambridge.

Un cuarto propio, habla de la necesidad de un espacio por parte de las escritoras, y de las mujeres en general, en el sentido figurado y en el propio sentido; un espacio -un cuarto propio- en un mundo de hombres especialmente en el ámbito literario, donde las mujeres debían elegir que ser mientras el hombre podía ser más de una cosa a la vez. Padre, empresario, pero no madre y exitosa. O madre y escritora.

Hasta su propio padre le vedó el derecho a una educación universitaria a Virginia Woolf, que resultó ser una de las escritoras más influyentes del siglo XX . En las conferencias, Woolf se anima a hablarles a todas las mujeres que lograron tener una educación formal, insistiendo en la necesidad de entender lo relevante que es educarse, pero sin olvidar desde ese lugar de mujer educada, la situación elemental de las mujeres en general dentro del ámbito social de la época.

Woolf establece la existencia de un contrapunto particular entre cómo los hombres al escribir ficción idealizan a sus protagonistas femeninas, y como los mismos hombres las tratan en la vida cotidianas. La “mujer de ficción”, diosa, musa, poseedora de la mirada artística del hombre y privada de un rol social en la vida real. Habla de una mujer propiedad del hombre, que sin embargo la describe en la ficción como alguien a quien reverenciar. “Un cuarto propio” además, da cátedra sobre lo dicho por e escritoras como Jane Austen, las hermanas Brontë y George Eliot, sin olvidar las ideas académicas y feministas de Jane Ellen Harrison.

Virginia Woolf brilla en “Un cuarto propio”, muestra su voz, su estilo y su libre pensamiento, y es por eso que es un libro fundamental en la historia literaria y en la social, porque aunque creamos haber adquirido derechos, este libro nos muestra cuanto falta por actualizar respecto a la igualdad y a la necesidad de contar con una vida literaria provista de un cuarto propio, donde procesar la ficción escrita por mujeres.