Tokio Blues

Esta obra de Murakami, que lo consagró en su propia tierra, trata sobre una historia de amor, como todas las grandes novelas de la literatura. Un triángulo adolescente, que se vuelve sinfonía para enseñarnos mostrarnos como vivir los sentimientos y las pérdidas necesarias para adquirir la madurez. Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha mientras aterriza en un aeropuerto europeo una vieja canción de los Beatles, Norwegian Wood, y la música lo lleva hacia su juventud dando origen a la trama, vuela en su mente hacia el turbulento Tokio de finales de los sesenta. Toru recuerda, entre nostálgico y agobiado, a Naoko, su amor torturado por la novia de su mejor amigo de la adolescencia, Kizuki. Este amigo, tal vez el único verdadero, se suicida y pone distancia entre los jóvenes hasta la universidad. La relación platónica entre Toru y Naoko se vuelve relación íntima; pero la frágil salud mental de Naoko la lleva a internarse en un centro de reposo. Toru conoce y se enamora de Midori, una joven de acción, contrapuesta a Naoko. Toda las dudas, miedos e indecisiones de Toru lo inician en la madurez, sus reflexiones sobre la vida, la muerte, la enfermedad, el amor, el sexo, la terrible levedad de la existencia y los valores, vuelven insostenible el triángulo en el que está inmerso. Necesitan, Toru pero también las dos jóvenes, lograr el sutil equilibrio entre las esperanzas adolescentes y el imprescindible lugar en el mundo adulto que deben hallar. Murakami, con la fina línea de humor que maneja, ha logrado en Tokio blues un manual de educación sentimental único. Pero vamos a volvernos más técnicos en esta novela para dar una idea cabal de su trascendencia.

Se ubica entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Hace referencia a la música de esa época, así como a la literatura y las protestas universitarias. Se ambienta en Japón y el autor nos induce con la lectura a recorrer junto a sus protagonistas muchísimas calles y barrios de Tokio: restaurantes, bares, hoteles, rincones, tiendas, barrios y líneas del tren, paisajes. Son las ciudades y pueblos de Japón que visita Toru Watanabe durante búsqueda adolescentes. El tiempo pasado le otorga agonía y los flashbacks nos muestran, como lectores, los hechos de un pasado antiguo. La intriga la otorgan las rupturas de la linea de tiempo hacia el futuro que nos atraen irremediablemente.

Utiliza el recurso del narrador protagonista, en este caso Watanabe. Él nos relata cada momento, cada suicidio, cada hecho con una perfecta descripción de detalles, sentimientos, sensaciones y memoria dialógica que nos sitúa allí, donde todo ocurre. Watanabe lee escritores; a Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald y Raymond Chandler, lo que justifica la deliciosa narración de sus vivencias.

La novela es verosímil por donde la veamos, cargada de grises en sus líneas, melancólica. El joven está claramente triste al narrar su vida y la de sus amigos. Pero encuentra el modo, Murakami, para insertar personajes que aflojan la historia y nos permiten sonreír. El lenguaje simple facilita una lectura liviana, y nunca pierde la línea impecable de descripción, aún narrando detallados momentos íntimos. La mayoría de los personajes, redondos, logrados, son jóvenes. Murakami trabajó sus características para que sean muy diferentes entre sí. Se ve la minuciosidad y es a través de éstos personajes que nos deja un mensaje positivo pero realista sobre la vida, el amor y la muerte. Tokio Blues pone la mira en la adolescencia. Cambios y confusiones, así su trama deja en evidencia los matices del proceso de maduración emocional, física y sicológica, en una época y una sociedad determinada.

La novela irrumpe en lo cotidiano y los dolores profundos desde una intención concreta, nos habla del suicidio, la locura, la sexualidad, la lealtad, la familia, la pérdida, la soledad y el amor. La trama principal gira entorno a la relación entre Watanabe, y su amor triangular hacia Naoko y Midori. Con este conflicto como base, las subtramas, que nos muestran la vida de los adolescentes, generan capas que aparecen a lo largo de la vida en la universidad, rememoradas por un Toru Watanabe adulto.

Las cartas, una elección acorde al tiempo histórico en el que se inscribe la novela, son una excusa para amar, para pedir consejos respecto al amor y para profundizar en la salud mental de una de las mujeres que ama. Tokio Blues nos deja pensando, nos interpela, y hasta puede que salgamos heridos tras su lectura. Murakami atraviesa la historia con técnicas narrativas que hacen crecer el interés mientras avanza la trama. Las situaciones no son predecibles, sorprenden. Lo mejor de la obra son los personajes, que se atreven a cuestionar la vida, filosofan, difieren y eso los une al fino hilo de la historia. No todo tiene sentido; como en la vida. La prosa del autor es única, poética, extrañada y claramente musical. Es una novela envuelta en sensaciones, que nos van generando remolinos mientras la leemos.

No es posible quedar inmune a Murakami, al menos al de Tokio Blues. Un antes y un después.

El Lector

A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque solo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?

En los barrios de Berlín, la guerra ha finalizado, el pasado muta en nuevas construcciones que pisan los restos, y esos barrios atestiguan. Es en este contexto que Bernhard Schlink narra una historia fascinante que une amor, nazismo con todo el horror que significa, todo el miedo y toda la culpa sobre una herencia que no puede evitarse, y que solo puede remediarse sino a través de las generaciones del futuro.

La historia comienza cuando Michael Berg (quien narra en primera persona), un chico quinceañeros, conoce por desmayarse a la salida del colegio, a Hanna, una mujer mayor con la que comienza una relación amorosa secreta, y tal vez sumisa, en el departamento de ella. El amor es rutina, parece decirnos el autor: primero se bañan, luego hacen el amor y tras el sexo, Michael lee a Hanna clásicos de la literatura, el ritual continua hasta que Hanna, desaparece con la misma intrepidez con la que comenzó a ser parte de su vida. Cuando Michael estudia Derecho, comienza un juicio contra mujeres acusadas de matar a cientos de prisioneras durante su época de guardianas de la SS en campos de concentración. Hanna está entre las acusadas. El juicio lo pone frente al dolor del abandono, de cara a un pasado en llaga, y comprende que amó a una desconocida.

La novela está narrada en tres tiempos coincidentes con los momentos de la vida del Michael, cuando conoce a Hanna, casi niño, como universitario en el juicio, y cuando ya cincuentón, vuelve a contactarla y mirando atrás nos narra toda la historia.. Los meses del amor adolescente, son tan pasionales que piensa que nadie será como ella, cuando Hanna está en el juicio, él comprende que no vio lo obvio, que todas las pistas eran claras y que El lector las intuye, y siente que su extrema juventud, lo impidió y su inocencia quedo en las paredes de aquel departamento.

Al principio conocemos una Hanna treintañera, sexual y que vibra con la lectura, con los clásicos, con la cultura. La mujer que se reencuentra con Michael es una que está desarraigada, avergonzada, que nota sus faltas pero no puede reconocerlas, La complejidad de Hanna atraviesa a la tibia mirada de Michael Y El lector va comprendiendo, aunque no pueda perdonar, los vaivenes y las carencias de la vida de una mujer que tiene la piel llena de restos, de fisuras, por las que la ignorancia, el horror y la muerte gotean entre ellas.

Es una obra maestra que nos cuenta la posguerra, que nos hace responsables, al leerla, de esa sociedad que llegó hasta tal límite, a ese nivel de degradación. En mi caso ante la decadencia actual, me llevó a pensar el qué bordes elegimos limitar como sociedad.. En cuánta ignominia nos rodea e ignoramos, o dejamos en el costado oscuro del olvido. A pesar de su rigurosa historicidad, es una historia de amor, de horror y de piedad, entre Michael y Hanna, juntos, en y sus vidas por separado. Una historia de amor desgarrado, prohibido, que el autor exhibe sin prejuicios y con destreza narrativa. Nos lleva a soñar, nos vuelve inocentes, hasta que comenzamos a cuestionarnos, nos molesta, odiamos los abusos y sin embargo festejamos el amor, las aciagas decisiones y torturas. Pero además, es una historia llena de libros, y son amados, producen cambios, enriquecen, acompañan, incomodan. Como si no fuera ficción. El lector de Bernard Schlink. Un libro necesario.

Diario de Cuarentena: In your eyes.

In your eyes
The light, the heat
In your eyes
I am complete
In your eyes
I see the doorway to a thousand churches
In your eyes
The resolution of all the fruitless searches
In your eyes
I see the light and the heat
In your eyes
Oh, I want to be that complete
I want to touch the light
The heat I see in your eyes

Toda mi vida se definiría el día que naciste, un día como hoy, iluminado, en el Sanatorio Junín.

Nada era más importante que verte. Se desdibujaban los rostros de médicos, enfermeras, familiares que me aconsejaban y me daban fuerza durante el trabajo de parto, parecían sombras angeladas pero yo no estaba allí. Estaba en tus ojos En tus ojos, en la luz, el calor que había en tus ojos, aún dentro de mi vientre, ese que me hacía sentir completa. Iba al son de cada uno de tus latidos en mi interior, y mi manos se volvían mágicas: con solo apoyarlas podía volver mi piel la entrada a nuestra iglesia, esa que construimos juntas nueves meses.

La situación de tu llegada era esta: la mano de tu padre tomando la mía, nuestros ojos simbióticos y atentos, el amor rodeaba la escena, todo daba para que la naturaleza fluya pero tu espíritu inquieto hizo que te enrosques acordonando tu salida. Tal vez era el moño que buscaste en cada trenza de tu infancia, tal vez ….

En el quirófano previo a tu cesárea que viví despierta,. sonaba Virus, cuando es con vos, siento todo irreal…. y en unos quince minutos mi mapuchita hermosa estaba sobre apoyada en mi pecho. Ojos abiertos, sucia de parto y con tu castaña cabellera casi tan larga como ahora. Ahí estabas…. y en tus ojos estaba la resolución de todas las búsquedas infructuosas, el resumen de lo mágico, la maravilla de saberte.

Cuánto te amo Pilar, hija mía, agradezco tu vida, agradezco compartirla y que nos sigamos mirando con la fiereza de la verdad porque en tus ojos, yo estoy completa y toco la luz. Feliz vida. Feliz cumpleaños mi amor.

Diario de Cuarentena: Que no gane la peste.

«El siglo del miedo». Así designó Albert Camus al siglo XX. Sin embargo el nuestro, este siglo actual y nuestro mundo sigue estando en manos del miedo.

Pero primero voy a contarles mi mañana, que tuvo condimentos. Me hacían una nota en UNNOBA radio por el taller de escritura creativa que comienza en breve. Me encontraba en mi cuarto y escucho que mi cocina es una debacle, golpes terribles y ruidos varios. Al estar al aire, no me quedaba otra que disimular. Mi amor querido y adorado-léase lo odio- había citado a un desprejuiciado gasista a la misma hora. Me impactó el ruido, pero también la falta de miedos de esta gente que se gana el mango sin prejuicios ni tapujos y que con claridad te dice: hay que laburar.

Y sí, tienen razón, hay que trabajar. La vuelta al taller después de cinco meses no significa solamente un ingreso. Me llena de dignidad. EL trabajo es una fuerza de vida, que debemos tener. Nos propone cambios, nos energiza y nos permite proyectar. Pero dejo la magia de lo cotidiano y vuelvo a Camus.

Camus quien supo brindarnos, en su novela La peste , un ambiente lleno de conflictos que se asemejan a los actuales, a nuestro agobio y desazón. Nuestra especie se ve atacada por el coronavirus y destierra esa idea de que el hombre es el que desencadena todos los males. Y todos los miedos. Somos criaturas subordinadas a más leyes que las establecidas por la razón y las pasiones. Estamos expuestos a riesgos y formas de exterminio que tiene que ver con nuestra fragilidad orgánica. A lo largo de la historia, diversos males nos aquejaron para aniquilarnos. Algunas veces hemos vencido pagando con valiosas muertes. La pandemia actual nos viene venciendo.La ciencia no da respuestas y no sabemos qué le pondrá fin. ¡Seguirá el miedo siendo nuestra única opciön? Tal vez los hombres debamos detenernos a examinar que pretendemos,. hacia dónde vamos, como conservaremos nuestra especie. Y vuelvo a Camus para obtener una respuesta: «Vivimos en el terror porque la persuasión ya no es posible».

Nos venimos caracterizando por la pérdida de valor de la vida humana, Y eso es porque nos importa más el poder que todo lo demás. Entonces lo ético, el desarrollo ético, se supedita al poder. Creíamos que al tener un mayor saber, al entrar en la era del conocimiento, que nos iba a dar bienestar y salud, desaparecería el miedo. Pero hoy vemos que no es así y estamos bañados de miedo, un miedo que sirve para controlarnos, como en los dos siglos pasados. Poco hemos avanzado. Pero el miedo actual es el miedo a lo inesperado. Estamos indefensos y no creemos en la ciencia politizada que pretende ser palabra sabia pero se equivoca frente a un virus una y otra vez.

Estamos ante una peste inédita que parece invencible. Es invisible a simple vista, y genera un pánico tal al contagio que, auspiciado por gobiernos ineptos nos hace señalarnos como fachos virales unos a otros. . Somos todos sospechosos para todos. Todo aquello que expresa amor, un beso un abrazo, un saludo, una caricia puede llevar a contagiarnos. El otro es una amenaza.

La vida cotidiana, los momentos de vida, como el que conté hoy, se evaporan ante el miedo.El amor se vuelve distante y peligroso.Pero el hambre y la falta de certezas oficiales nos llevan a ser solidarios con ese otro. La humanidad se enfrenta a una elección. ¿Nos volvemos panicosos y encerrados, o seguimos luchando y apoyando a nuestros hermanos? Laburando, como dijo el gasista. Laburando para seguir. Porque si no, gana la peste.

Diario de cuarentena: amor.

“El amor es parecido a cuando ves una niebla en la mañana cuando despiertas antes de que salga el Sol. Es sólo un pequeño momento, y luego desaparece… El amor es una niebla que se incendia con la primera luz del día de la realidad”, decía el gran Charles Bukowski , Y hoy me pregunto adónde ha quedado reducido ese destello, ese incendio necesario del amor, con tanta realidad brutal que nos invade.

El amor es factible porque existe la posibilidad utópica de ser feliz, de buscar esa piel que te eriza, el sentir de un otro en tus brazos, la fuerza de extrañarlo, la vuelta a esa esquina gloriosa del primer beso. Pero ¿qué pasa cuando el amor está vedado, qué siniestros designios lo mutam? Los que ya somos grandes tuvimos alguna experiencia amorosa, buena u olvidable. Pero aquellos que están floreciendo, y a los que este mundo confinado de nuestra sociedad, que no es lo mismo que un mundo pandémico, les dice que tocar a un otro, rozar a un otro, besar a otro es matarlo o morir, ¿qué lugar deja al amor?

En una tarde cualquiera llega alguien a la vida de alguien que le mueve la estantería, lo refleja o lo atrae o lo tensa. Quieren probarse, pero solo atinan a mirarse, se colocan los barbijos y rozan unos con otros. enseguida se separan y se rocían con alcohol. ¿Serán así las escenas de las nuevas películas de amor?

Me da mucha gracia cuando la gente habla de otra normalidad, la humanidad ha pasado tantas pestes, tantos virus, tantas tragedias. Esto no es una guerra. Esto es una conspiración, y por supuesto, para que la gente tema, lo primero que hay que quitarle, es la posibilidad de amar. Yo invito a celebrar el amor. Amor de pareja, de padres, de hijos, de hermanos, de amigos, amor a DIos, cualquiera sea. Este momento sanitario es un momento. Es banal. Parafraseando a Manuel Puig no dejemos que una banalidad pase a definir lo esencial

Diario de Cuarentena: Padre

Hoy es el día del Padre. En Argentina el primer festejo se realizó un 24 de agosto de 1958, en honor a José de San Martín, considerado el Padre de la Patria. Se había elegido la fecha del nacimiento de Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada, para homenajear a todos los padres. Pero en la década del ’60, la fecha se modificó y se comenzó a realizar el tercer domingo de junio, tal como se celebra en Estados Unidos, donde en 1909 una mujer llamada Sonora Smart Dodd, homenajeó a su padre, Willian Jackson Smart, quién era veterano de la guerra civil.

Me gusta esa decisión. Elegir la fecha en que una hija homenajeaba a un padre. Es lo que voy a intentar en el diario de hoy. Mi papá no fue parte de ninguna guerra, pero vivió las propias. Tuvo una niñez donde el amor y el dolor llegaron por partes iguales. Y perdió al sostén de su vida, su padre, muy joven. En sus palabras «lo salvó el básquet». El Club Argentino le abrió las puertas a la amistad, la disciplina, la energía, el talento, la fortaleza, el éxito, la resiliencia y lo contuvo en su vida. Hasta el día de hoy. Pero también fue padre. Y yo soy su primera experiencia como tal.

Si cierro los ojos, papá me baña y juega conmigo. Papá me da la cena. Papá me lleva a la calesita del Club Junín. Papá me enseña a andar en bici con rueditas. Papá me acompaña a la Escuela 24. Papá me ayuda a meter la pelota en el aro de básquet del patio. Papá me abraza fuerte porque me raspé la rodilla. Papá me busca de los cumpleaños. Papá me cuenta cuentos e historias. Papá me lleva al primer cumpleaños de quince. Papá baila conmigo en el mío. Papá me va a ver jugar al básquet y al vóley. Papá me lleva a Buenos Aires a estudiar. Papá me ayuda a tener mi primer trabajo. Papá es testigo de mi amor. Papá me espera salir de la sala de partos. Papá me consuela la pérdida de un hijo. Papá es el mejor abuelo del mundo con sus siete nietos. Papá me abraza fuerte para llorar a mamá. Papá me acompaña en la vida, en las buenas y en las malas. Papá ahora te cuido yo. Papá hoy viene a almorzar para festejar su día.

Qué maravilla tener éste padre. Beto. Mi papá. Tal vez por eso amo el básquet, porque te salvó la vida, y sin vos en la mía, muchas cosas perderían sentido. Gracias por ser papi, gracias por estar. Gracias por las buenas y también por los errores que me construyeron y me hicieron más fuerte. Es un honor ser tu hija. Te amo. ¡Feliz día del padre!

Diario de Cuarentena: Forever

Me desperté tarde, como hace 29 años. Mis amigas me habían llevado a recorrer los bares y boliches de nuestra soltería, tomamos, nos reímos y me acosté a la madrugada con la certeza del amor. Al otro día la señora que ayudaba en casa me dijo, te casás no podés seguir durmiendo, fue la clave de la simpleza en sus palabras, la que me hizo bañar y estar lista en quince. Gerardo esperaba para secar mis rulos y sostenerlos con las agua marinas prestadas por Susana. Irene mi hermosa amiga uruguaya me maquilló y me puse el atuendo de Solita Zanella elegido. García miró todo el proceso, contra los prejuicios y pronósticos de antes.

Nos casó Hilda Musso en el Registro Civil de Yrigoyen 85, brillábamos. Recuerdo el arroz y las caras, mi falda plisada marfil y el encaje francés en la casaca. Recuerdo la ilusión y la certeza, el amor en la mirada de Vero, la belleza de Victoria Ladoux y sus hermanos. La maravillosa unión con mi hermana que además, junto a Fernando reconocieron en Marce mi futuro. A veces otros nos ven mejor. Fue un mediodía de viernes, con el invierno asomando, llovió casi toda la fiesta en el Club Banco Nación. Nada importaba. Allí entramos con carrozas de fuego eterno en las miradas y disfrutamos la familia y los amigos hasta el anochecer. Nos esperaba Europa y la aventura, y años de trabajo y de paciencia. Luchas justicieras, algunas dudas, la importancia de los logros y las pérdidas para crecer.

No fue fácil, tuvimos veterinarias, criaderos de aves, cerdos, vacas, mezclados con estudios de diseños gráficos, decoraciones de navidad en supermercados con Pili durmiendo en un carrito. Operaciones a mascotas en Fortín Federación, Fortinero Cable Color, la vete con Chacho, los burakos de amigos por la noche, las tardes arreglando Doña Sofía, Nico que vino a iluminarnos, otra vez el amor fue más fuerte. Jardín, colegio Normal con Pili, compramos la casa, para pagarla hicimos de todo, preparé alumnos, di talleres de decoración de interiores, seguí diseñando logos, Nos salvaba la noche y el roce de los pies que asegura el futuro. Los paros, el Marianista, la Veterinaria en casa. Los viajes a Buenos Aires acompañando los sueños de Pilar, un mundo nuevo, el amor de siempre. ¡Se fue a Italia! Temblamos un mes, pero volvió feliz y madura, la UCA, los alquileres, cuánta lucha. Lo logramos! es abogada, y sonríe hermosa desde una tarima. Mientras y a la par, Nico que entrena, Nico en Sarmiento, esos botines tan caros, y el campo que no crece, la lucha para cambiar el alambrado. Nico es capitán, alegría, alegría, Nico campeón. Y Nico de golpe terminó el colegio, es inmenso y hermoso. Nos vemos en una fiesta en la que entra de traje. Nico quiere ser agrónomo. Nico es buen tipo, sonríe franco, estudia, disfruta, es amado. Pili ya se fue a vivir su historia.

Acá estamos 29 años después. El mismo amor, tal vez añejado, por eso lo siento mejor. Es verdadero, contra los pronóstico de mamá y del mundo, nos seguimos eligiendo. Tenían razón Pathy y Fernando, ¿la pegaron? o son brujos?. El humor es el secreto de lo nuestro. somos capaces de divertirnos en la derrota y en la gloria, y nos gusta perdonar.

Hoy me desperté tarde, como hace 29 años y voy a darte el sí quiero. Forever.

Diario de cuarentena: Aprendizaje materno

La verdad que me define, sin pruritos, es la maternidad. Y en una época donde todo lo tradicional está revuelto en medio de una transición de paradigmas, quiero contar con claridad mi posición frente a la maravillosa oportunidad que la maternidad nos da. La maternidad elegida con más razón. Ser madre es comprender la idea de sinergia, de continuidad, de movimiento, de luz, de amor en su esplendor perfecto.

Ser madre es superar el miedo y el orgullo, el asco y la desidia, es postergar el dolor, atravesar mil mares por una sonrisa y reconocerse en otro. Es poblar, es dar tu sangre, tu alimento, tus sustancias vitales, Montar carpa en tu panza sin prejuicios. Es elevar tu nivel a lo divino.

También es resignación y tolerancia, alumbramiento y abandono, es dejar ir, soltando a quien creaste, cuidaste, alimentaste y protegiste para que se aleje. Es aceptar que es diferente y ser empático y comprender que amar no es poseer.

Ser madre es ser feliz con la sonrisa ajena, estar orgulloso del logro de otro y entender que es mucho más importante que vos. Es que cuando naciste, hijo mío, hace 21 años hoy, me diste otra dimensión. Sin vos, no soy. Gracias por el camino y el aprendizaje. Te amo.

Diario de cuarentena

Hace mucho tiempo que corrí el ego de mi vida. Pero no siempre logro que se quede ahí. ¿A vos te pasa? Cuando creés que vas bien, que aprendiste y estás creciendo, vuelve el señor ego a mostrarte que te falta.

Y es lo que nos pasa como sociedad, todos queremos tener razón, somos tan volátiles y tan inconsistentes que nos enfrentamos una y otra vez con las calamidades para darnos cuenta que no aprendimos nada. La vida cotidiana, que los gobiernos nos hacen cada vez más complicada. Llena de impuestos, trastornos, intereses, pagos y más pagos y retenciones y provincia y nación y municipal y la mierda que los tiró.

Entonces comprendo que nos merecemos todo. Porque esa gente que tiene el poder emerge de nosotros. ¿el ego es tan terrible? Lo es. Por eso resigno el mío cada que vez que me atraviesa y me cruzo en tensas discusiones en las que a veces gano. Cuando gano, y aflojo tensiones, y dejo en el cajón de las tonteras a mi ego entumecido, me siento valiente. Cuando perdono soy valiente. Cuando cedo soy valiente. Cuando me importa más el otro soy valiente. Y cuando soy valiente soy valiosa. Y lo valioso no tiene precio en moneda.

¿Dónde estás vos en ésta guerra? ¿de qué lado? Tirá tu ego por la borda y tal vez así ganemos la batalla. Mañana puede ser el día donde el valor se apodere de tus sueños, y puedas cumplirlos. Te espero en mi mundo, donde me quito los zapatos del ego, y elijo el amor.