La tierra hundida ya vuelve a levantarse

La tierra hundida ya vuelve a levantarse, del escritor inglés M. John Harrison (Rugby, 1945) y traducida con la eficacia de Cohen, no es una obra sencilla para ubicar en un género. Pensamos en ciencia ficción pero no lo es, a pesar de sus premoniciones futuras, y además no es de este género porque no cumple con lo que se espera. Es mucho, muchísimo más, porque la historia la vemos según la mirada humana de sus dos personajes principales, Shaw y Victoria.

Shaw se recupera de una crisis nerviosa. Se muda a una pensión, consigue un trabajo en una cocina montada en un barco en ruinas y conoce íntimamente a Victoria, una mujer se presenta como a alguien que vio su primer muerto a los catorce años. Shaw tiene una vida. O algo así, pero su trabajo lo involucrará en una teoría extraña que, en las noches junto al río, parece cada vez más real. Uno de los primeros encargos de su jefe es asistir al juicio público de un hombre que afirma haber visto extrañas criaturas acuáticas en el inodoro de su baño. Victoria, en cambio, abandona Londres y se va a vivir a un pueblo. Quiere renovar la casa que heredó de su madre, vivir en la naturaleza, hacer amigos. Pero el día a día del poblado la atormenta,: qué le ocurrió a su madre? Cómo puede ser que su nueva amiga desaparezca delante de su vista en un estanque de agua? Por qué los vecinos parecen actuar extraños? Shaw y Victoria acumulan. El estado mental de ellos, define la historia, sus manías, sus depresiones, sus manipulaciones incluso, esas psiquis privadas que pueden como un gran tsunami a dúo desarticular cualquier teoría que en la lectura nos vayamos construyendo. Y hablo de tsunami porque el agua sube, nos hunde, nos trae nuevos seres y nos ahoga durante toda la novela, el desastre no puede evitarse, y más leemos, más enigmático se vuelve todo, no hay soluciones, no hay respuestas. Con los vaivenes mentales de los protagonistas, incluso los secundarios, se va escapando el planeta, insalvable, recurrentemente asediado por el agua, como nos enumera Harrison sin escrúpulos, una y otra vez. Y no solo los protagonistas nos lo dicen, el narrador en tercera persona nos plantea un “desteñido paisaje psíquico” y nos muestra con claridad brutal como Shaw o Victoria se sienten y se ven ante esas escenas irracionales a las que a veces tildan de pesadillas. La inundación va a ocurrir, Noé no aparece, los dioses ya nos abandonaron, los supuestos monstruos acuáticos, los peces, las algas, las peceras, las cascadas, todo nos hace tragar agua, de la manera más dolorosa, lo inefable está presente porque no hay respuestas.

La tierra hundida ya vuelve a levantarse, celebrada unánimemente por la crítica, ganó el premio Goldsmith a la ficción innovadora y significó la consagración definitiva de M. John Harrison, maestro indiscutido del fantástico y lo inquietante

La tierra hundida… no logra el cometido, no se alza, la humanidad cae en quimeras, los ríos se alzan, las casas se humedecen y derrumban, las personas pueden desaparecer en charcos -tal vez como siempre- y Londres se vuelve fango, los pueblos también, la destrucción es inherente a la depresión poscapitalista que nos subyuga, y cada vez la incomunicación se vuelve la realidad más concreta, las relaciones no se dan, los encuentros virtuales se cortan, los mails no llegan, las palabras nos mienten. Todo es desasosiego, desesperanza, el título tiene una cita de C. Kingsley: “ya vuelve a levantarse” que viene a confirmar el final, uno no narrado, tal vez temiendo construir una realidad que se viene, no importa que hagamos.  La tierra hundida ya vuelve a levantarse, nos deja como testigos a todos nosotros. Testigos de lo inevitable.

Un Amor

“Fuera el silencio no es como esperaba. De hecho, no es silencio. Hay un rumor lejano, como de carretera… También se oyen grillos, ladridos, el claxon de algún coche, los gritos de un vecino arreando el ganado, ya de recogida”

Sara Mesa (Madrid, 1976) es una autora relevante en la literatura española contemporánea. Su obra, profunda, comprometida, de una exigencia a veces brutal viene rompiendo cánones. Si bien nació en Madrid, pero su familia se trasladó en su infancia a Sevilla, donde se crió,y vive hasta hoy. Estudió Periodismo y Filología hispánica. Siembre fue lectora pero escribe desde los treinta.

En esta novela ultra galardonada, Nat, la protagonista, escapa de la ciudad y de sí. Busca tranquilidad para una traducción en la que trabaja. Pero la paz no llega, y queda enroscada en situaciones incómodas e inquietantes que lastiman su frágil equilibrio emocional. Se deja llevar por el miedo al casero, juzga y es juzgada por sus vecinos; excepto Peter, un personaje que no es tal, construido con maestría en su ambigüedad.

El alemán, un vecino duro y enquistado es con quien se relaciona de una forma atractiva para el lector, aunque llena de vertientes obsesivas para la protagonista. Nat es habitada por cada vecino, es espejo de ellos, y en el caso de Andreas, el alemán, incluso es vulnerada. Es que aún viniendo de un mundo de independencia y cultura, ella se precipita en conductas básicas, rusticas, machistas y hasta promiscuas con tal de pertenecer.

La casa es un protagonista más de la novela, por ella y en ella se juegan miedos, renuncias, secretos y también aparece la inocencia pendenciera de Nat respecto al pueblo, representada en los objetos, las plantas, los movimientos. Cada párrafo dedicado a esa casa nos habla de ella y su vida, de ella y su interior complejo.

Ella es extraña entre extraños, elije a un perro que también se le impone, no logra comprender, no encaja, ¿encajaba antes? ¿en ese mundo ordenado y citadino del que huyó ante el primer error? Tal vez Nat nos representa porque es universal, contradictoria, humana, voluble, neurótica e infeliz como nosotros. Su sumisión también engendra violencia en el lector, lo emociona, lo interpela, y lleva a la trama de tal forma que a veces nos sentimos Nat, nos preguntemos que hacer, como vivir, donde está lo buscado, cómo seguir.

Sara Mesa nos propone una lectura ágil y reflexiva, con un dejo de Lispector en su prosa. Sugiero una lectura intensa y aplicada, para esta novela exquisita, llena de nuevos encuentros y giros que la autora logra en su voz y que la vuelven única.

En verdad quiero verte pero pasará mucho tiempo

“En verdad quiero verte pero llevará mucho tiempo” es una novela sobre las instituciones a las que asiste un niño de niño y el por qué no asiste otras mejores. Ese niño es Maxi, el de siempre, el de la trilogía, ese niño desgarrado y único que Mey nos caló en la piel, y en ésta novela Maxi está en una búsqueda, sabe que le va a costar ver qué y hacia dónde, pero está al acecho y cuando la vida le ofrezca una mínima oportunidad, en la novela es el ajedrez, los torneos a los que por una casualidad accede, él pisa el acelerador a fondo. Maxi sabe que no tiene muchas oportunidades, por eso las aprovecha, increíble la fuerza del progreso en el cuerpo de un niño. Luis Mey procede con magia y con verdad en esta crítica a lo establecido, a lo que nos toca, a la media intolerante institucional a la que un niño se ve sometido. Maxi está entrando en la adolescencia. Va a la escuela, a catequesis y a los boy scouts. Los días de semana cruza a la plaza para enfrentarse con sus enemigos de toda la vida -Maxi siente una larga vida en su espalda- en partidos de fútbol que le confirman la categoría de perdedor. Sabe que juega para perder. Insiste en eso. Él puede sobrevivir, como lo hace en su familia disfuncional y violenta que se desvive por acceder a la clase media del suburbio empobrecido y noventoso en el que viven. Maxi es un chico lúcido y descubre un juego que le permite brillar, así se refugia en el ajedrez, donde evalúa la capacidad de otros miembros de su familia y crea su cosmovisión. En esta novela, Luis Mey nos habilita a pensarnos como sociedad, y en cada página la sociedad cruda y expuesta muestra sus valores, o la falta de, la amistad, la educación y por su puesto el orden institucional que todo el tiempo atraviesan la historia de Maxi y van construyendo, a veces distorsionando su mirada del mundo. Quién no formó parte de un equipo de fútbol muy malo, pero que se elige igual porque es el de nuestros amigos Esta cuestión de perder por goleada, y todas sus significaciones, está presente hasta el final. La esperanza está en la alegría de hacer ese único gol, uno que les permite enfocarse y vivir. Maxi aprende a perder. Y cuando con el ajedrez gana, no se lo cree, se descoloca. El ajedrez le mostró que hay otra vida, otra escuela, otros valores, todo eso lo modifica, a él y a sus amigos, tal es así que sobre el final logran empatar a quienes les ganaron siempre. En fútbol, claro, el juego que representa la vida mediocre, la de patadas y árbitros, la de faltas y atajadas, la de un córner de vez en cuando. Terminan 15 a 15 y para ellos, para el equipo de Maxi fue un triunfo. Un empate después de novecientas derrotas por goleada los hizo sentir victoriosos. Porque no es tan importante lo que en realidad acontece sino cómo lo sentimos. Todo puede ser victoria, o cualquier cosa puede ser la mayor derrota, por eso En verdad quiero verte pero pasará mucho tiempo es una novela de esperanza sobre lo normal. Lo común puede ser maravilloso, si sabemos mirar. Como siempre leer a Luis Mey es un aprendizaje, de la vida, de la escritura, de la mentira, de los sueños. Es literatura. Una novela que hace honor a la trilogía y que me hizo falta. Mucha. Ahora ya es mía.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

‘Porque los seres humanos están enfermos y podridos y lo saben y fingen por miedo a estar sanos y ser buenos y porque así es más fácil’.

Tatiana Ţîbuleac

Esta ópera prima de una autora moldava, Tatiana Ţîbuleac atraviesa la relación madre e hijo narrada por Aleksy, un joven desquiciado que no se niega a los sentimientos que van confundiendo, atormentando y tal vez enriqueciendo su vida. La orfandad, el desprecio, el odio y su posterior convencimiento de sentir amor, aún sin profesarlo quedan evidenciados en este viaje al interior del adolescente que nos envuelve; interpelándonos en las propias cuestiones de la vida.

La novela está planteada de modo tal que resuelve con herramientas seguras cada tramo, sin embargo abusa de lo contado por sobre lo narrado y hay momentos en que se repite. Tatiana Ţîbuleac nos cuenta un verano apurado por la muerte de una madre, sin embargo no se apura y se detiene en detalles diarios, incluso poéticos: ‘Cogí una libélula y pasé todo el día junto a ella’.

Sin embargo desde el inicio tiene un tono ácido y mordaz: «Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea.»

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tîbuleac (Moldavia, 1978) narra un verano de Aleksy, este adolescente con problemas psiquiátricos a quien su madre confina a un verano juntos en un pueblo de Francia, mientras está muriendo. Este vínculo complicado madre/hijo se modifica, endurece o se vuelve amoroso mientras el tránsito vida/ muerte se visibiliza. Son inmigrantes polacos que viven en Londres, hay un padre violento que abandona a la madre y al hijo, una hermana muerta, una madre quer no puede con el dolor de su hijo: «alguien que me había apartado de un puntapié como a un perro cuando yo estaba dispuesto a ser un perro solo por sus caricias» y una abuela ciega.

Por momento grotesca, la novela en realidad cuenta la espera de una madre y su hijo. Esperan la muerte para reencontrarse. «Los ojos de mi madre lloraban hacia adentro/ Los ojos de mi madre eran campos de tallos rotos» son algunos de los textos con los que la autora inicia sus capítulos, que abundan en descripciones, y lo digo como crítica, pero que tienen una muy buena elaboración de los personaje. Una madre particular sin dudas construye un hijo capaz de describirla así: «Mi madre parecía una planta de interior sacada al balcón. Yo parecía un criminal lobotomizado. Éramos, al fin, una familia».

Es una novela difícil de leer, dolorosa, con afectos vapuleados. Sin dudas Ţîbuleac nos regala un gran protagonista con buen desarrollo de sus desequilibrios mentalesque nos dan ternura y asco por igual. Aleksy también dejó de existir, sin estar muerto, entre la soledad familiar y la desconsideración del mundo. Hay en la autora destreza y metáfora, sin embargo no puedo decir que, para mi, estuvo a la altura de sus recomendaciones.

Hay que llegar a las casas

Leer este libro es entrar en un ritmo, en una cadencia que trasciende la historia oscura,intrínseca, una historia donde lo gótico va interviniendo la lectura para caer poético, simple, sin estridencias y así invitarnos a acompañar lo narrado.

Cuatro hombres que se multiplican en muertos, muertos vivos, vueltos a morir o a ser muertos, así de complejo, así de simple. Todos ellos pobladores a la vera de un río custodiado por vaya a saber que barco o que bandera ancestral. Y la vida cotidiana entre medio, la historia profunda de padres e hijos, la amistad, la miseria, la enfermedad, como dolores mucho más fuertes que la muerte. Porque en Hay que llegar a las casas la muerte no marca el final. Es aliento, es recurrencia, es una generación perdida, es tanto o más de lo que se dice. Ezequiel Pérez logra ser un poco Bioy, un poco Borges, algo de Rulfo, y Stephen King.

Es emocionante encontrar autores así, que pueden transitar el suspenso y el terror con hidalguía, que logran una lírica justa, que vuelven fondo al mismo pueblo. El único joven de los cuatro hombres, el que regresa por la muerte de su hermano, es al fin de cuentas, el más viejo. Hastiado, consumido por el recuerdo y sin embargo, se amalgama rápido en esa historia callada, entre mates y borracheras, que proponen su padre y dos amigos.

Pérez logra que que lo terrible parezca natural y un hermano en descomposición en elcuarto del fondo puede llamarse amor, paciencia, abrazo pegajoso como la vida que tuvieron. El detalle, los restos, esos residuos que algunos juntan y otros aquerencian en recuerdos son el fondo de cocción de la historia, y resultan importantes, como la vecina vieja o la hija de la dueña de la mercería. Nada es azaroso, porque hay literatura en cada hoja de esta novela.

Un libro que no podés perderte, un autor que merece más libros, una historia de río, vera, camino, zombies y silencios que gritan. Gran novela, quiero volver a leer a Ezequiel Pérez rápido. Me urge.

Salí a comprarlo.

Casas Vacías

Se hablaba de sangre, de asesinatos, de cifras, pero nadie hablaba de nosotras. Nuestros hijos desaparecían al doble, una vez físicamente, otra, con la indolencia de los demás.

Brenda Navarro, Casas Vacías

La primera novela de esta joven autora mexicana, tiene la fuerza necesaria para provocar la lectura de muchos otros textos suyos. Se atreve a temas terribles y a la vez entrañables en su país y en el nuestro, como los desaparecidos, el autismo, la maternidad, las madres dolientes. Y no lo hace con eufemismos, ni cae en pretensiones, es una proclama literaria que nos vuelve parte del dolor y el desamor, los mandatos y la trasgresión inesperada, el agotamiento materno y la búsqueda equivocada. Muchas madres forman parte de la historia, todas únicas, todas terribles. Todas madres.

Una madre pierde a un hijo autista en un parque por textear a su amante. La desesperación y el rencor la carcomen pero la autora no nos cuenta como sigue su vida más allá de un tiempo. ¿Se perdona? ¿lo perdona? ¿es capaz de vivir?

Otra madre roba a un hijo ajeno de un parque sin saber su condición y lo obliga a ser un hijo en el desamor, en la miseria humana, en la violencia per se. ¿ Por qué no devuelve ese niño con fallas? ¿lo ama? ¿lo usa? ¿ es capaz de sentir esa mujer?

Daniel, un niño autista de tres años, se transforma en el nombre de miles de desaparecidos. Daniel, que lloró y no fue oído, o no pudo demostrar que lo robaban, por su incapacidad de expresión es también un símbolo. Leonel, el niño elegido, de mirada azul y lejana, fue parido a los tres años bajo una sombrilla roja. Un mismo cuerpo para dos vidas, pequeñas, mezquinas, con madres patológicas -acaso hay otro tipo de madre-es el objeto de amor de una autora que descose la realidad de su tierra y de latinoamérica toda. Y no es casual que no pueda expresarse, no es casual que no se hable de su historia, que nadie lo busque realmente, que nadie se haga cargo de la madre apropiadora, de la que lo abandona ni de él.

El silencio abrumador de este niño es grito en la lengua de Navarro, que nos embiste con la verdad escondida, esa que barremos para no saber, para no vernos, para callar.

“Ya nos dirán, cuando vuelvan, lo que ha sido para ellos”, dice una desmadrada sobre su hijo desaparecido en un grupo.

El problema es la espera.

Lo terrible es quién vuelve.

O peor aún, la ausencia sin retorno.

Una autora que vamos a leer mucho, porque tiene mucho para narrar.

Salvatierra

«…captar en pocos trazos lo que amaba, como si todo estuviera vivo.»

Salvatierra, de Pedro Mairal

Reseñar esta novela tan renombrada y traducida es un desafío. Primero porque estoy participando de un ciclo de lectura en donde la analizaremos y haremos un encuentro con el propio Mairal y quiero escribirla antes de verme influida por mis colegas o por el autor.

Cuando comencé a leerla sentí que Bolaño estaba en el texto, su interminable 2666 y que Salvatierra era uno de sus personajes. Luego fue migrando a la voz de Mairal, o a la que supongo tiene, ya que es la primera novela que leo del autor. Una novela breve diría, y ágil, que me dejo con un sabor diverso. Por un lado siento que Mairal puede mostrarnos la presencia del río Uruguay con solvencia en la obra, lo retrata como su personaje hace con la vida transitada en una tela. Esta novela tiene una idea espectacular, un pintor que pinta su mundo en un lienzo interminable, construyendo una biografía propia en colores y ensueños transcriptos a los rollos que guarda dentro de un húmedo galpón. Dos hijos, y la muerte que viene a mostrar todo, a dejar al descubierto los bemoles de la relación familiar. No se si eran necesarias las amantes, el medio hermano y las cuestiones del otro lado de la orilla, tampoco me volvieron loca las peripecias del vecino mafioso y el galpón.

La novela pasaba por lo otro.

Por el infinito de una vida pintada sin pensar en reconocimiento, por la creencia de Salvatierra en el proceso más que en la obra, para recordársela a él mismo la recreaba en esas telas de camión.

¿Qué buscaba este hijo en esa la obra de su padre mudo, uno al que creía conocer? ¿ Qué buscamos los hijos en los padres? ¿Por qué Mairal creyó que no bastaba con esa sola cuestión?

Salvatierra es una novela bien escrita, de lectura rápida y con preguntas por resolver. Tal vez el autor nos quería dejar la duda de su propia obra y no la de Salvatierra clavada como espina. Espero tus comentarios, si es que esta reseña te invita a leerla.

Antes de que se enfríe el café

«A través de sus cuatro personajes principales, Kawaguchi demuestra una profunda comprensión de las relaciones y del amor.»
The Straits Times

Toshikazu Kawaguchi nació en Osaka, Japón, en 1971. Ha sido productor, director y escritor para el grupo de teatro Sonic Snail. Como guionista, sus trabajos más importantes incluyen COUPLESunset Song y Family Time.

Antes de que se enfríe el café, su primera novela , está basada en la obra teatral homónima que ganó el en el festival de drama de Suginami y tiene su propia adaptación en el cine de su país, con secuela incluida. Se han vendido más de un millón de ejemplares del libro en Japón y está ganando el favor de legiones de lectores europeos, en especial en Italia.

Esta novela que trata sobre el amor, el tiempo que perdemos por miedos y las oportunidades que esperamos, basa toda su existencia en la premisa de que una mesa, un café a tiempo y la decision correcta bastarían para encontrar la felicidad.

Corre el rumor de la existencia de una pequeña cafetería en Tokio que merece la pena no solo por su café, sino porque, si esperás el tiempo adecuado y sabés donde sentarte, podés regresar al pasado. Sí. Al pasado, pero lo fantástico, fantasma incluído, tiene sus bemoles, hay muchad reglas que cumplir para ese viaje en el tiempo, deberás permanecer en la cafetería y solo estarás en el pasado mientras dure caliente el café. Por otro lado, nada de lo que digas cambiará el presente.

Son cuatro historias, de cuatro personas que nos va mostrando juntas y con punto y aparte este autor, las que se animan a volver en el tiempo por razones variadas.

Antes de que se enfríe el café se vuelve atemporal y habla de amor, de oportunidades perdidas y la esperanza. El presente no cambia, pero tal vez cambien los personajes que atraviesan el tiempo y tengan un mejor futuro.

Como siempre en los autores asiáticos, hay un tiempo diferente en el relato, la paciencia en la construición, las digresiones, el empleo de lo contado como recurso elegido sobre la narración nos pone en otro clima, la cafetería Finikuri Funikura es para mí el logro de la novela. Los personajes me resultaron simples, efectivos pero sin capas y la obra en sí es mucho menos de lo que anuncia la crítica.

De lectura fácil, la recomendaría para una vacación en la que querramos sentir. Es una historia intimista que puede o no llegar al lector.

Los llanos

“Atarse a algo. A una huerta, un bosque, una planta, una palabra. Atarse a algo que tenga raíz, anudarse para no perderse en el viento que sopla sobre la pampa y llama

Spoileo el final de esta novela de Federico Falco y podría anunciarla como las editoriales. algo asi: Finalista del 38.º Premio Herralde de Novela .Una novela sutil que aborda el duelo de una ruptura. Un libro sobre el tiempo que pasa y sobre el llano en el que habita un hombre que cultiva una huerta y mira y recuerda y escribe.

Sin embargo es una novela muy prolija, bien escrita, con imágenes poderosas, hasta poética que para mí, esta reseña es personal, ya fue escrita muchas veces. El viaje introspectivo ya lo hizo Alejo Carpentier, las elogiosas virtudes de la pampa tiene millones de escritores de todos los tiempos que las han descripto y las rupturas y duelos, los amores y los tiempos, los otoños, inviernos o primaveras que deben transcurrir para que el dolor cese, forman parte de la mayoría de las buenas novelas.

Me gusta como escribe Federico Falco, sin dudas, tiene sutileza y lleva el tiempo interno al paso justo. No voy a desaconsejar su lectura, solo pretendo bajar la expectativa. No se por qué a veces se supone que todo lo que alguno premia debe fascinarnos. Esta muy bien que solo nos guste, que la podamos leer, comentar, analizar, disfrutar incluso, sin decir es lo mejor que leí. No lo es. Y no es lo mejor que leí sobre los llanos, ni sobre la búsqueda interior.

Dicho esto, encontré belleza en la novela, como la cita del final, es extensa, tal vez lo cotidiano repetido tantas veces más que tiempo se vuelve peso. Pero miren que lindo escribe Falco:

«En la ciudad se pierde la noción de las horas del día, del paso del tiempo. En el campo es imposible»

“¿Por qué nos enamoramos de alguien? ¿Cuáles serán, cómo se llamarán, esas teclas ocultas, esas zonas secretas e inaccesibles para nosotros mismos, los receptores que se iluminan cuando alguien nos gusta?” (…) ¿Y con cuánto pesar nos despedimos de ellos, o con cuánta insistencia sostenemos, lo intentamos, le damos otra chance, porque nuestra cabeza dice que es la persona apropiada, pero no: los días se vuelven solo un carretear pesado que no logra levantar vuelo y no pasa nada.”

“Un cuerpo apenado, ¿cómo se escribe?

Algo que me encantó de los Llanos es el rescate de la historia familiar, de la memoria, en la búsqueda de ser quien uno es. Esa trascendencia que no puede pasar solo por el ahora está presente.

Una buena novela. Un buen autor.

Cometierra

«La golpiza le comió un montón de energía y en la pantalla apareció FINISH HIM! Raidem se tambaleaba en el medio de la escena y pude terminar de matarlo»

Dolores Reyes

Tardé en leerla, me resistí como la protagonista hizo con algunas de las botellas de tierra que le dejaban por su don. Es que hay algo empalagoso en la literatura argentina escrita por nosotras, las mujeres en el siglo XXI, parece que contamos una y otra vez lo mismo, que mostramos una y otra vez las mismas historias con nombres y pueblos cambiados. La pobreza, la villa, las mujeres maltratadas o asesinadas, y otra vez lo negro como telón de fondo de tramas similares. Por todo eso me resistí. La creí marquetinera, para vender a los de siempre. Y tardé todo lo que pude en tomarla de mi biblioteca. Más de lo que esperaba.

Mi mano asió el libro, me senté en el pasto como china, comencé a leer y esta joven escritora me hizo entrar en su mundo. En esos hermanos sufrientes, en la barbarie del alcohol, y en la tragedia de una niña hincada sobre la tumba de su madre que descubre al ponerse la tierra en su boca quién la mató.

De ahí en más hasta que terminé la lectura, la novela me transportó.

La historia transita por momentos gloriosos y otros que dieron la razón a mis dudas. Al ser breve, la repetición es nimia en comparación con los aciertos: la seriedad de la autora, que escribe muy bien, austera, sin perder poesía, jugando con lo mágico, sin ser calificable dentro del realismo mágico, con interesantes personajes muertos como Ana, educadora, valen la pena, aunque posee algunos golpes bajos que no suman.

Todo lo anterior es lo que fui sintiendo, Cometierra es un camino sinuoso , una vorágine de barro contenido en páginas escritas con calidad que deja con ganas de seguir leyendo a la autora, en especial sabiendo que es su primer novela.

Bien por Dolores Reyes, le ganó a mis prejuicios.

La prosa alucinada de la autora, es lo que me enamoró de esta novela, esos momentos donde la fiebre del pasado se apodera del personaje para volverlo universal.

Cometierra trata sobre una mujer que es discriminada y discrimina, casi sin darse cuenta, a otras mujeres que encuentra en la vida dura que la Argentina actual le depara, a ella y a muchos.

Interesante, llena de humus literario.