Diario de Cuarentena: Estabilidad o colapso

Dice la Real Academia Española que la posverdad es la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad. Y nuestra realidad está abarrotada de demagogia. La creencia de que vinieron a salvarnos es sólo eso, y la tenemos desde el inicio de la humanidad. Los demagogos la usan. Pero lo hacen porque les damos el permiso. Deberíamos pensar por qué buscamos un salvador. Por qué no nos hacemos cargo de nuestra existencia. Y las crisis sanitarias son el caldo perfecto para la cocción del populismo mal avenido que con el cartel del bien común acecha y castiga siempre a los mismos. Los más débiles.

Para hacerlo instalan la posverdad. Y entonces no dijeron lo que dijeron hace una semana o diez días. No es verdad que cuando comenzó la pandemia éramos los campeones y que los que llegaban a 900 contagios por día eran gobiernos asesinos. Pero cuando nos pasa, es lo mejor que nos puede pasar. No dijeron que los barbijos no servían para nada y ahora son obligatorios. No dijeron que lo más importante eran los abuelos pero no testaron los geriátricos y les achicaron los ingresos. No dijeron que nunca pondrían un cepo cambiario pero cada vez es más cerrado. No dijeron que CABA «irradiaba» virus pero los postearon en Twitter.

La posverdad no es propiedad de otros gobernantes y a nosotros nos gobiernan santos. Nos están corriendo con la distorsión constante de la realidad, y con la construcción de miedo y paranoia en nuestras emociones. Y de golpe está bien denunciar al vecino por ser libre. Y es un loco el que sale sin barbijo. Ahora los que nos gobiernan pueden hacerlo, y abrazarse, ir y volver a Cuba, andar por la patria sin permiso. ¿Quién eligió a los médicos que supuestamente nos cuidan con medidas cavernícolas?

Dice la RAE que la verdad es la realidad, es decir lo real y efectivo. Bueno, lo real son los hechos. Estamos encerrados. Estamos pobres. Estamos callados. Estamos atemorizados. Supuestamente nos cuidan de un mal mayor y para eso nos mantienen quietos como piedras. Pero cuidado que lo que parece estabilidad, no se convierta en colapso.

Diario de cuarentena: déjà vu

Hoy me desperté temprano y tuve varios déjà vu, Sentí durante una hora que ya había dado las mismas respuestas a García. Que eran clonados todos mis movimientos a otros ya realizados y que en algún lugar paralelo había vivido lo mismo con segundos de diferencia. Siempre me maravilló ese fenómeno mental que nos atraviesa sin prejuicios ni clases. La humanidad vive hoy en un constante déjà vu.

¿Sentís, como yo, que ésto ya lo vivimos? Hay una constante en la sociedad a olvidar el pasado, pero las prohibiciones se parecen a las que tenía cuando crecía. Y la sucesión de desastres económicos a otras épocas de nuestra historia. Y la falta de futuro y la desidia. ¿Porqué será que los déjà vu pocas veces nos llevan a momentos felices? La nostalgia los debe poblar con frecuencia, o algo así.

Me ceba un mate caliente y esperanzador, tal vez suponiendo por el movimiento de mis dedos en el teclado que algo anda mal. Alzo mi mano la acerco y lo tomo. En el silencio de la mañana oigo correr el agua dentro de la bombilla, y la siento caliente en mi esófago. La calidez del gesto de dar en una mateada es algo que estamos perdiendo. Me voy a resistir. Y eso que reconozco la falta de higiene en el mate compartido. Pero de vale la vida sin el otro.

Tal vez por todo lo que extraño tengo tantos déjà vu, como un mecanismo para contarme que ya lo viví y que va a pasar. Que sea pronto.

Diario de Cuarentena: Salud

Los anteojos, la colita, el mate, el celular y la crema antiarrugas sobre la mesa de apoyo. En la silla cuelgan dos abrigos y un bolso gigante gris. El espejo devuelve la pálida imagen de lo que fui. De lo que fuimos. Afuera el sol brilla más, la naturaleza emerge y se cobra lo que le debemos. Me imagino los diálogos entre garzas y cocodrilos. Nos tienen como antes estaban ellos, encerrados. Pero nos encerraron otros hombres. En el silencio de las multitudes sanas reside el poder de los tiranos.

No puedo negar que el encierro, para una escritora o para un persona que milita el intelecto significa producción. Pero tiene límite. Y está cerca, porque cuando la asfixia crece, la mente se anula.

El sombrero de plaza me ve desde arriba del mueble y añora mis rulos. Como si él y la playa supieran que pasará tiempo sin vernos. Por otra parte, mucha gente sigue su vida normal, porque así lo decidieron hombres que no sé si tienen idea de lo que hacen. ¿Por qué unos pueden trabajar y otros no? ¿Por qué vemos a comerciantes, a trabajadores del delivery y a cobradores, al canillita por ejemplo, pero no a nuestra familia. ¿La familia, la unión, el amor es una amenaza? ¿Nos quieren débiles, sin inmunidad afectiva? ¿sin recursos emocionales?

Me miro las manos, ya no tienen la piel tersa, porque la lavandina y el alcohol las lastimaron, soy alérgica a ellos, al barbijo, a las decisiones absurdas, a los pueblos sumisos, a la falta de horizonte y de límite, a la vida eterna pero sin libertad. La salud es mucho más que un respirador si te estás muriendo, mucho más que un virus, mucho más que el cuidado físico. La salud es poder elegir, sentir, expresar, trabajar, decidir como cuidarte. Voy a cerrar con las palabras de nuestra canción patria, es hora que le demos ¡al gran pueblo argentino salud!

Diario de Cuarentena: en órbita

Sin dudas el verbo más interesante en mi vida es aprender. Hoy comencé mi día aprendiendo. El posgrado que hago me interpela y hace que sienta el rigor de la ignorancia. qué bueno resulta comprender todo lo que tengo por aprender.

Vos qué aprendiste nuevo en esta cuarentena feroz a la que estamos sometidos, te invito a contarme, y a que aprendamos juntos. No es posible la vida productiva sin el ansia por saber. En casa parecemos un centro de e-learning. Por un lado, estoy encerrada en mi cuarto, con FLACSO inquietándome. En el comedor Nico cursa Física, y Marcelo lucha desde el patio con su smartphone y nos somete a diario a miles de preguntas. Papá con más de ochenta, trae sus consultas tecno y a veces me río sola pensando en que atajamos más de lo que podemos todos.

Las sociedad, con la pandemia, acelera sus cambios. La mente a veces alcanza la velocidad necesaria y otras, queda detrás de un Big data demencial que delira cuestiones como intentar controlarnos. Pobre iluso, la mente no es controlable, muchas veces ni los propios dueños podemos. Qué saben las TICS de mis sueños y deseos, que pueden comprender que yo no les deje ver. Por eso no temo a las nuevas herramientas comunicacionales. Tienen el límite que que les pongo, conciente o inconcientemente.

¿Y vos? ¿Pudiste darles espacio en tu vida? o te aferrás a un mundo analógico muerto que te va a dejar afuera? Y bueno,sí, muchas preguntas, pero eso forma parte del aprendizaje. La cuestión crítica, la duda, la pregunta, es mucho más interesante que las respuestas formateadas. Por eso odio los discursos estrictos, eso que crean fundamentalismos mediocres y nos dejan sometidos a ellos.

Vení, aprendé, dudá, temé y llenate de cuestionarios, que en este formato vamos a crecer juntos. Es cuestión de ponerse en órbita y comenzar a volar.

Diario de Cuarentena: Forever

Me desperté tarde, como hace 29 años. Mis amigas me habían llevado a recorrer los bares y boliches de nuestra soltería, tomamos, nos reímos y me acosté a la madrugada con la certeza del amor. Al otro día la señora que ayudaba en casa me dijo, te casás no podés seguir durmiendo, fue la clave de la simpleza en sus palabras, la que me hizo bañar y estar lista en quince. Gerardo esperaba para secar mis rulos y sostenerlos con las agua marinas prestadas por Susana. Irene mi hermosa amiga uruguaya me maquilló y me puse el atuendo de Solita Zanella elegido. García miró todo el proceso, contra los prejuicios y pronósticos de antes.

Nos casó Hilda Musso en el Registro Civil de Yrigoyen 85, brillábamos. Recuerdo el arroz y las caras, mi falda plisada marfil y el encaje francés en la casaca. Recuerdo la ilusión y la certeza, el amor en la mirada de Vero, la belleza de Victoria Ladoux y sus hermanos. La maravillosa unión con mi hermana que además, junto a Fernando reconocieron en Marce mi futuro. A veces otros nos ven mejor. Fue un mediodía de viernes, con el invierno asomando, llovió casi toda la fiesta en el Club Banco Nación. Nada importaba. Allí entramos con carrozas de fuego eterno en las miradas y disfrutamos la familia y los amigos hasta el anochecer. Nos esperaba Europa y la aventura, y años de trabajo y de paciencia. Luchas justicieras, algunas dudas, la importancia de los logros y las pérdidas para crecer.

No fue fácil, tuvimos veterinarias, criaderos de aves, cerdos, vacas, mezclados con estudios de diseños gráficos, decoraciones de navidad en supermercados con Pili durmiendo en un carrito. Operaciones a mascotas en Fortín Federación, Fortinero Cable Color, la vete con Chacho, los burakos de amigos por la noche, las tardes arreglando Doña Sofía, Nico que vino a iluminarnos, otra vez el amor fue más fuerte. Jardín, colegio Normal con Pili, compramos la casa, para pagarla hicimos de todo, preparé alumnos, di talleres de decoración de interiores, seguí diseñando logos, Nos salvaba la noche y el roce de los pies que asegura el futuro. Los paros, el Marianista, la Veterinaria en casa. Los viajes a Buenos Aires acompañando los sueños de Pilar, un mundo nuevo, el amor de siempre. ¡Se fue a Italia! Temblamos un mes, pero volvió feliz y madura, la UCA, los alquileres, cuánta lucha. Lo logramos! es abogada, y sonríe hermosa desde una tarima. Mientras y a la par, Nico que entrena, Nico en Sarmiento, esos botines tan caros, y el campo que no crece, la lucha para cambiar el alambrado. Nico es capitán, alegría, alegría, Nico campeón. Y Nico de golpe terminó el colegio, es inmenso y hermoso. Nos vemos en una fiesta en la que entra de traje. Nico quiere ser agrónomo. Nico es buen tipo, sonríe franco, estudia, disfruta, es amado. Pili ya se fue a vivir su historia.

Acá estamos 29 años después. El mismo amor, tal vez añejado, por eso lo siento mejor. Es verdadero, contra los pronóstico de mamá y del mundo, nos seguimos eligiendo. Tenían razón Pathy y Fernando, ¿la pegaron? o son brujos?. El humor es el secreto de lo nuestro. somos capaces de divertirnos en la derrota y en la gloria, y nos gusta perdonar.

Hoy me desperté tarde, como hace 29 años y voy a darte el sí quiero. Forever.

Diario de Cuarentena: Lo imposible hoy es necesario

Ya me causa gracia lo de cuarentena, superamos el día setenta, y la ventana me devuelve un día gris. Siento mucha pena por el mundo, que es el mío. Es al mundo a quien siento mi patria grande. Algunos ortodoxos del término creen que no sé quien fue Ugarte, en esa cosa despectiva del que piensa diferente. Conozco el origen de la patria grande, pero no considero que sea acertado. Y en este momento donde el nacionalismo cerrado florece, me atrevo a abrir mis horizontes.

Creo que nos olvidamos como fue construyendo la identidad nuestro país, lleno de colores y banderas, se hizo grande abriendo sus puertas, no creando vallas y cerrojos. Mi familia no vive toda en éste país, Mis orígenes están en Italia, en Líbano, en Ismir, ahora viven en el mundo: Grecia, Brasil, Francia, Nueva Caledonia. Mi sangre es extranjera, mi corazón netamente argentino. Tal vez por eso para mí la libertad es algo que no se da, se tiene. Y aspiro a un mundo donde la libertad sea simiente. Donde los gobiernos comprendan que solo administran, y donde los ciudadanos nos comprometamos a controlarlos.

Ya se que soy utópica, que no existe, te debo parecer una ilusa. Sin embargo, la luz, internet, un cohete espacial y hasta algo tan simple como el agua corriente, fueron utopías una vez.

Te invito a soñar, a pensar en aquello que parece imposible, porque en este momento del país y del mundo, hay imposibles que son absolutamente necesarios.

Diario de Cuarentena: Es posible

Anoche participé de un encuentro virtual poético donde todas las voces todas fueron posibles. Éramos poetas de diferentes puntos de Argentina y Chile. La voz fuerte de Marga Fuentes, una chilena que luchó contra injusticias y que escribe con la fiereza del que sabe de lucha, se hizo oír.

Pasamos por la magia cordobesa de Claudia Tejeda, la realeza poética cruda de Osvaldo Burgos, el entrañable canto poético de Ernesto Rojas, la sabia letra de Berenguer y Di Lernia, la ternura indescriptible de la voz de Ana Guillot y las poesías de Rubén Balseiro, Sonia Rabinovich y Ricardo Bocos.

Darío Lobato nos convocó e hizo posible que doce de nosotros, los locos del mundo, hiciéramos sin pausa, un encuentro plural. Darío le dio voz a la letra de María del Mar Estrella, y el sueño atrevido sobre la posibilidad de disentir y seguir unidos fue una realidad poética que nos convocó para quedarse.

Siento que hablo por todos, los que nombro y los que viajan en la nube poético tecnológica de hoy, cuando digo que fue posible la palabra como vínculo mágico que hilaba la maravilla de la diversidad. La cultura es eso, diversidad.

Sentí tanta emoción en la democratización poética que construimos anoche, que deseo compartir con vos mi sensación, Es posible, es posible, podemos unirnos como hermanos, los pueblos, los hombres y mujeres del mundo. Podemos oírnos y respetarnos, y en el camino que media entre pensamientos opuestos, hay un espacio para marchar juntos, incluso junto a los muertos que en verdad nunca mueren. La palabra, la literatura, la poesía en este caso, lo demostró el 28 de mayo de 2020.

Quiero dejar a uno de los poetas como registro, con el deseo de ser una caja de resonancia que replique la decisión de construir una unión plural.

EL RESPLANDOR de Osvaldo Burgos
Ella no pudo cerrar los ojos a la lluvia de fuego. Y allí donde una vez había existido
una ciudad, eligió detenerse.
Él sintió el Verbo de la urgencia quemándole las manos. Y cruzando el desierto
inapelable; desierto fue.
Tanto se imaginaron huyéndose hacia el otro, que llegaron a dudar de haberse
visto.
Tanto se vieron en el goce de la huida, que abrazaron la certeza de no reconocerse
más.
Un día, con el imperturbable paso de los siglos, descubrieron que nada podían
ofrendarse. Nada, salvo a sí mismos.
Entonces, Ella dijo: “que sea la luz”.
Y viendo que la luz era buena; Él hizo del azufre y de la niebla apenas un mal sueño.
Desde ese resplandor han transcurrido por innumerables nombres, por infinitas
lenguas, por inabarcables cuerpos.
El mundo, al fin y al cabo, sigue siendo lo que es. Entre una guerra y otra, ellos
siguen naciendo a la celebración de aquel abrazo interrumpido.
Y a salvo ya de todo sacrificio, por el momento exacto en que se entregan al
compartido rito de esperarse, son eternos.

Diario de cuarentena: No tan distintos

Parece que el otoño se empecina en regalarnos luz. Afuera todo cambia. La gente se mueve más, pero lo hace tan despacio. ¿Adónde van? En casa la vida cotidiana está suspendida, o tal vez supeditada a la media de los profesionales independientes. Nico estudia virtual agronomía, con la falta de compromiso docente que no responde ni consultas ni mail. Yo me enojo y le pido me deje levantar quejas. Él, con una sabiduría milennial me responde que no sirve, para qué.

Y entonces recuerdo mis épocas de militante universitaria, y le cuento para qué. Para cambiar las cosas hay que moverse hijo, hay que pelearla. Nadie te regala nada. También recuerdo al resto de mi generación mirándome como si estuviera loca, pegando carteles y gritando en plazas por la libertad. También pensaban para qué. Claro que la vida nos demuestra que hay un status quo clavado en el poder de turno que no se quiere mover, y que es lo mismo aunque los nombres cambien.

Al fin de cuentas, tantas TICS, tanta transformación, tanto bicho suelto y no somos tan distintos a los del 89, y Burruchaga es un pescado, digo en voz alta. Todos en casa me miran, nadie conoce mucho a SUMO, mi amor me lleva más de una generación y con mis hijos diferimos en tres. Pero hay algo que nos une como familia: no queremos más guerras.

Me levanto y como si fuese un himno les canto sin la voz de Luca, pero con su fuerza:

People moving every day
You know they move so slow
Do they know why they are going?
Do they know why they go?
Look into the book of rules
And tell me what you see
Are you all that different
Are you just the same as me? Waiting for 1989
We don’t want no more warLove is slipping away
It slips away so fast
I always thought that it would
Last and it would last
Look into your book of rules
And tell me what you see
Am I all that different?
Are you just the same as me
Waiting for 1989
We don’t want no more warWaiting for 1989
Burruchaga es un pescado
And shut that door.

Diario de cuarentena: Angustia

Y sí, hoy me levanté sintiendo al enemigo en casa, ¿no te pasa que todo lo que que antes ni oías ahora es ruido? Tal vez sea porque la vida en cuarentena es otra. La rutina tiene peso específico y los afectos, aún los más amados comienzan a molestar. Falta aire, y no tiene que ver con salir al patio, es una cuestión más fuerte, de horizonte.

Cumplí años este mes, y durante el verano había proyectado ahorrar para pasar dos días, dos nada más, en el mar. Respirando esas gotas de sal que tiene la brisa en la costa. Sintiendo el viento en la cara, comprobando mi mínima existencia en la inmensidad oceánica, No lo pude hacer, por prohibición. Y te juro que el ruido que escucho es más alto que el de las voces de mi casa. Es un ruido que ahoga, como si algo en el correr de mi sangre estuviera al acecho, y todos mis líquidos en alerta. Entonces mis latidos se hacen ruido, el estertor de mi respiración, el sonido de la tecla al escribir, el agua subiendo por la bombilla al succionar se vuelve ruido insoportable.

Termino siendo mi propio enemigo, tenso y transpirado, con las manos crispadas y tapones en los oídos, porque no puedo más. No quiero saber más, no puedo leer más, no me alcanza el patio. Me tiemblan los labios cuando llamo a una amiga, de esas a las que podés contar todo esto sin que corte y me resume lo que me pasa, en una palabra que parece también estar prohibida; angustia.

Diario de cuarentena: Libertad, libertad, libertad.

El sol es radiante. Un sol de otoño deslumbrado por los colores de los árboles y la falta de prejuicio de los hombres. La gente sigue naciendo, atrevida, y nos hace más fuertes. Los abuelos no pueden conocer a sus nietos recién nacidos. No pueden abrazarlos, pero pueden confraternizar con médicos, con otros abuelos si están en una institución o con el que les vende el pescado. El sol tampoco comprende esta locura del mundo.

Voy a tratar de tomar aire, y no rezongar. Mi hija me dijo que rezongo. Entonces, como valoro su mirada mora, además de amarla, me puse a investigar por qué. Descubrí primero que rezongar o refunfuñar es emitir [una persona] sonidos no articulados o palabras murmuradas entre dientes en señal de enojo o desagrado. En realidad yo me quejo, porque la queja es la reclamación o protesta que se hace ante una autoridad a causa de un desacuerdo o inconformidad. Me quejo en forma oral y escrita y también con descaro ante una realidad que cercena mi libertad. Es probable que mi hermosa hija, justiciera y abogada, tenga otra forma de hacerlo. Pero los de mi generación sabemos que la violencia solo engendra violencia y que nos queda la palabra en un país donde la justicia brilla por su ausencia.

Me quejo entonces, aunque tome aire, porque siento en él otros aires, algunos conocidos, porque no es necesaria la extrema derecha para el totalitarismo, es lo mismo si va hacia una izquierda disfrazada. Yo siento, y se lo dijo a ella, que la república está en riesgo, que nuestra vida como la conocíamos está en riesgo y es por eso que hay un tango quejoso en cada escrito que produzco. porque huelo el peligro a pesar de amanecer en un hermoso día de sol. Más aún cuando la justicia desaparece, y nos deja solos ante el atropello a nuestras libertades.

Nadie va a impedir que ame, que abrace a mis amores, que use mi voz y mi libertad para escribir. Estamos recordando la revolución de mayo de 1810, ésto decía Mariano Moreno sobre la libertad en la escritura :“Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración; no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente el mérito y la virtud, porque hablando por el mismo en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán al polvo los escritos de los que indignamente osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.”

Sigo quejándome hija mía.