Mi abandono

 Mi abandono de Peter Rock (Utah, 1967), autor con quien tuve hace unos días la posibilidad de comentar su obra, gracias a la generosidad del Taller Bazterrica Caride, es una novela que nos lleva a una especie de relanzamiento del estilo bucólico, contrario al mundo capitalista, al que aún en esta historia, basada en la vida real, le cuesta esquivar.

Caroline y Padre habitan los bosques de Oregon leyendo diccionarios, caminan y, se preparan como en un ritual para situaciones de escape forzoso. Caroline es una preadolescente que nos cuenta su presente de actividades que componen su día; su mirada es muy particular y es como si tuviera una cámara en la frente que va relatando todo.

Pero día el balance perfecto de esta vida en los bosques se ve intervenido: Mientras Caroline lee sobre un árbol, unas ramas caen y hacen salir de su trance a un corredor que estaba cerca. Este hecho rompe el sistema que mantenía el funcionamiento de éstos dos personajes y comienza una nueva etapa, podría decirse de «civilización» en la que se los detiene y terminan obligados a la sociedad que tanto evitaban.

Rock trabaja en una hipótesis límite entre la domesticación y una forma innombrable de vida en la que el ejercicio, la alimentación y la educación resultan relevantes. Esta comparación criticable de la sociedad actual se viene realizando desdee Thoreau hasta la hoy. El epígrafe del libro “Es notable cuántas criaturas viven libres y salvajes en secreto en los bosques, pero se alimentan en los alrededores de los pueblos bajo la sola sospecha de los cazadores” nos pone en evidencia y nos obliga a comprometernos. De qué lado estamos, podemos aplacar el avance del capital o solo lo atrasamos.

Mi Abandono, está editado por Godot, y es una obra que nos tensiona desde diversos lugares, y esa tensión se sostiene más allá de la página final, es muy interesante la primera parte en el bosque, que no es una vida idílica, sino que es real, que ese bosque lo habitan los personajes en todos los sentidos, y que es utilizado por el autor para poner en evidencia inequidades y cuestiones socioculturales que corrompen la trama de afuera de ese mismo bosque. Los conflictos que cruzan a los personajes no son ajenos a los nuestros, las cuestiones humanas no resueltas de estos personajes, ¿padre? ¿Hija?, el propio autor descree de una relación sanguínea al consultarle al respecto, tienen el común denominador de todos los seres humanos. Lo relativo aparece para interpelarnos y descorrer verdades de perogrullo.

Padre e hija llevan cuatro años viviendo juntos. Durante ese tiempo aprenden de l la naturaleza y le otorgan valor a sus días.. Son vegetarianos y los viernes ayunan, llevan un reloj cada uno marcando la misma hora, que no es la que usa el resto de la sociedad; o usan la ubicación de la luna o el sol. Juegan ajedrez, y Caroline estudia, Padre le enseñó todo hasta esa edad y ahora comienza su auto aprendizaje, a veces, visitan la ciudad.

Todo el libro florece en pequeños relatos, y aún ante el momento de terrible desasosiego, cuando los hallan, la escritura de Rock está trazada sobre un borde en el que la libertad individual y la esclavitud se rozan. La creación de ambientes, las luces que le da al bosque y a las relaciones humanas, los hábitos que narra, nos embadurnan de literatura al punto que al cerrar el libro vamos a tener que tomar contacto con lo natural, y respirar bien hondo, antes de continuar viviendo.

Fantasmal

En la vida pretendemos saberlo todo, como si lo justo fuera realmente fehaciente y como si el bien o el mal pudieran despegarse uno del otro. Es que no podemos dejar de ser materialistas dialécticos obsesionados con categorizar todo, y como buenos proletarios nada nos resulta más temible que lo incomprensible del mundo. Damos tanto por sentado, que cuando algo nos trae de los pelos cuestionando la lógica nos damos cuenta de que la mayoría de las cosas por las que nos preocupamos pueden ser despreciadas. Otra cosa es hablar de fantasmas, en especial de los fantasmas tal como nos los pintaron en el siglo pasado.

Este pequeño cuadernillo violeta, sencillo, valioso, consta de dos cuentos sobre fantasmas. Esos que nos ponen a prueba, los que nos interpelan porque son simples como los textos, y así de inexorables.

Los fantasmas (del griego φάντασμα, «aparición»), en el folclore de muchas culturas, son supuestos espíritus o almas errantes de seres muertos (más raramente aún vivos) que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo; visual, a través de sonidos, aromas o desplazando objetos —poltergeist—), principalmente en lugares que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercana.

Pero esas definiciones no abarcan a los propios fantasmas, o a los que adquirimos con muebles, objetos, o elecciones.

El cuento de Anahí nos pone en juego el valor histórico (fantasmagórico) de nuestras cosas, para unir rutinas, para acompasar momentos. El de Maumy nos pone en el paralelo del doble plano, del espacio como espejo, de esa infinitud que aparece con el miedo, y con el peor de todos, que es el justificado.

No se pierdan estas historias que nos harán sentir el frío de presencias, que tal vez tengamos en nuestro entorno, sin reconocerlas.

Los cuentos de Anahí Flores y de Maumy González nos traen dos vidas, con todo lo que acarrean, que se vuelven fantasmales en el transcurso del relato, y lo que acontece es verosímil, tensiona, incomoda, y nos deja girando el rostro o intentando discernir un minúsculo sonido por varios días.

Al fin y al cabo, citando a Stephen King: Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan.

Vasectomía (una novela inconcebible)

No quiero tener hijos, ni pensar en la posibilidad de que ese (no) deseo vaya a cambiar, porque implicaría cambiar de pareja, algo que espero no me pase nunca.

Ariel Magnus

La novela trata de una pareja ya adulta, ella profesora de filosofía, él un actor alemán, que se van a hacer un aborto a Uruguay, algo común en el momento en que la escribió Magnus, allá por el 2016. En la novela se discute el tema del aborto en la intimidad de una pareja, y como un tema de a dos, que dista de como lo discutieron los congresales y de como se promulgó la ley. Las excepciones terrible ya estaban tipificadas, lo aclaro para no caer en golpes bajos que esta novela no merece. Habla de una cuestión personalísima, de elección privada, con todo lo que conlleva, miedos, contradicciones y también telúricas cuestiones de a pie, que Magnus maneja con una voz avezada, llena de ironía cotidiana e intelectual a la vez.

“La vasectomía (una novela inconcebible)” es una continuación de “El aborto (una novela ilegal)”. El fluir de consciencia de un actor alemán la noche previa a ir a la cirugía, es el nudo trágico y risueño de esta obra que fluye como debe ser. Tiene un diálogo muy interesante con el feminismo y lo hace desde las miradas de los dos integrantes de la pareja, hasta aparece una tercera persona en la historia que coquetea con la ridiculez de algunas cuestiones de las que las posturas inflexibles no están ajenas.

Vasectomía nos cuenta la historia de Lara y Tom, que viven hace años, cuarentones, y son felices solos, son hijos. El título nombra el procedimiento que equilibrará por fin el delgado hilo que pone en crisis a esta pareja, que no es otro que el de la anticoncepción, injustamente pesado para la mujer, que soporta hormonas, alambres y otras yerbas para que el hombre no se queje por la insensibilidad del profiláctico. No se discute la inequidad, sino que se concentra la novela en los detalles, que nos pasean por un montón de épocas que incluyen a los Castrati, aparecidos pro el temor al bisturí del protagonista.

Las propias preguntas que nos dejan la puerta abierta al racionalismo y las opiniones de terceras personas, van creando una filosofía argumental que echa mano a todo. Incluyendo el auto convencimiento y justificación forzada, enlechada y llena de puntos y comas, que no logran más que alargar esa noche previa a la vasectomía, en la que transcurre la historia.

Es de la editorial Tren en Movimiento, y es ágil, interesante, bien escrita, con la extensión justa para no volverse alegato. Es una historia íntima, una historia de amor, contada sin reparos, que deja atrás normas y vicios literarios para ser verdadera.

Tengo un cagazo padre. El último en su tipo, al menos, ya que a partir de mañana no voy a poder ser padre de nada. 

Gran autor, para leer.

Políticas del discurso. Intervenciones filosóficas en la escuela

Las aventuras son posibles cuando el conocimiento empieza a temblar.

Diego Singer

Cuando compré el libro que reseño, tardé en leerlo, tal vez porque María me dijo: no sé si acordarás con sus posturas. Esta semana decidí probar con unas páginas y lo terminé rapidísimo. Claro que ella me conoce y es cierto, hay mucho que discutiría con el autor sobre algunos discursos que tienen que ver con la historia de nuestro pueblo, con la memoria que se va generando selectivamente, con lo que se olvida. Pero sin embargo, agradezco su recomendación y agradezco a Singer su libro, que llena de preguntas, que invita a la reflexión y que propone como línea de acción a la palabra. Nada más interesante.

También es cierto que, en algunos puntos, lo que este autor atribuye al neoliberalismo yo lo atribuiría al populismo, con sus mismos argumentos, y eso me lleva a pensar que al final, tenemos fines similares y terminamos discutiendo qué. Por qué nos atenemos a creencias o relatos preconcebidos por otros, en vez de animarnos a repensar, a resignificar la historia desde los propios saberes. Dice Singer:

“No existe comunidad que pueda vivir en la simple igualación de todo, necesitamos orientación y formas de valorar: mejor o peor, justo o injusto. Y efectivamente, esas jerarquías se han articulado de forma terrible, pero no sabemos cómo articular otras”

¿Quién podría estar en desacuerdo? me parece magnífica su introducción, la posibilidad que evidentemente brinda a los jóvenes de cuestionar en libertad, la búsqueda fresca que recobra la potencia de la palabra como territorio. Sus intervenciones atraen a pensar. Y qué importa si uno piensa distinto, ahí está la palabra para expresarlo, para poder desconocer y conocer, para atravesar destinos y comprender que un pueblo es pueblo si es diverso, y en esa diversidad está puesta también la ideología.

Los párrafos en los que cita la voz de sus alumnos, deslumbran, cuestionan, interpelan. Muy buen primer libro. Interesante, disparador. Este filósofo y docente autor de Políticas del discurso, Intervenciones filosóficas en la escuela es además realizador del ciclo Filosofía a la gorra, que circula por espacios culturales hace aproximadamente diez años y que hoy continúa virtualmente, se pregunta en su libro:

¿Qué potencia tiene la palabra para ir más allá de la experiencia propia del aula escolar y abrir otro tipo de escucha? ¿Qué capacidad tiene la filosofía para dislocar el sentido común que articula el orden del discurso? Hay un entramado que enlaza lo que sucede entre filosofía y educación: el uso de la palabra como práctica de transformación subjetiva.


Singer, se vale de discursos escolares, cartas y otras formas de la escritura que pretenden revitalizar la dimensión material de la palabra y se transforman en un campo donde lo emocional es posible. Pone en cuestión lo que se supone debemos decir y callar, e invitan a revisar conceptos centrales de nuestra cultura, me interesa el especial hincapié en el 24 de marzo, y revalué, tras la lectura, muchas de las cuestiones respecto a la sociedad civil y su papel en los golpes de estado. Claro que siento que no se pone ningún interés en cuestiones anteriores que derivaron en esa actuación social lamentable, y que también fueron fracciones de esa misma civilidad las que la originaron. Me atrevo a disentir porque creo que sería irrespetuoso con el autor no hacerlo. En su obra la honestidad intelectual es una bandera a enarbolar, la historia hegemónica que hoy también estamos viviendo en otras facetas, y que se cuenta siempre sin pensar en la verdad, ni en la justicia, debe cuestionarse, y no lo estamos haciendo, tal vez por esa pérdida del valor de la palabra que viene sucediendo en la trama social.

Cierro con su propia voz, y recomiendo, es un autor para leer, porque convida al crecimiento, y en un tiempo líquido y decadente como el nuestro, es mucho.
«El discurso puede aparecer como una de las formas más autoritarias de la enseñanza, como uno de los residuos que todavía sobreviven de la escuela decimonónica, disciplinaria y homogeneizante. Obligaría a los alumnos a permanecer en silencio, como pasivos receptores de una palabra a la que no se puede cuestionar, ni criticar. Pero es verdad también que permite dar nuevamente un valor a la palabra, allí donde circulan y nos atraviesan infinitos datos, informaciones y otros modos de la banalidad discursiva.
Ese valor es posible de instaurar si somos capaces de hacer que el discurso abra una escucha generosa, se dirija a sus interlocutores sin subestimarlos, se comprometa con la propia subjetividad exigiendo una franqueza que implica un riesgo, dispute los sentidos de lo que se dice y lo que se silencia, enlace sus interrogantes con una memoria viva, e interpele a toda una comunidad de enseñanza incluyendo la institución en la que esa comunidad se encuentra. Entonces el discurso podrá erigirse en una forma de enseñanza especialmente antiautoritaria, desarticulando la política del discurso unívoca y totalizante que caracteriza a todo autoritarismo.»

Pd: Lo pueden encontrar en la Editorial Nido de Vacas o en #188 ruta editorial.

La sombra de las ballenas

Conocí a Cynthia Matayoshi cuando hice un taller con ella, me apasionó el mundo que puso a mi disposición y comencé a leerla, pequeños artículos, un par de cuentos, hasta llegar a La Sombra de las Ballenas.

Esta escritora argentina, especialista en cultura y literatura japonesa, escribió su primer novela con la madurez despiadada de una mujer, con la magia del animé, la trascendencia de lo eterno y la búsqueda incesante de la humanidad.

Lo hace sin derrochar, su narración precisa no impide la alucinación o la distopía, pero tampoco la fuerza. Las oraciones breves en tercera persona, copulan con párrafos en primera, y muta a la poesía con la naturalidad con que sus personajes pasan de un reino a otro, de un mundo a otro, sin tapujos. A pesar de esa linealidad narrativa, las elipsis se agigantan-como ballenas tal vez- para que la historia se vuelva un infinito complejo, rico, atrapante. Los tentáculos babosos -parafraseando a la autora- de la historia construyen nuevas normas en este universo friccionado, lleno de simbolismos, que crea Matayoshi para permitirse lenguajes propios. Así, lo literal y lo fantástico, en estos mundos que se parecen subjetivamente al nuestro, en estos ambientes cargados de pasiones, amores, recelos, miedos y locura, se funden para que, como lectores, atravesemos membranas hasta comprender lo que sucede.


La historia se cuenta en dos planos. Uno es el mundo real, el barrio chino de Buenos Aires, donde el Deseo Puro es alimento, pero también es criatura, alimaña, procaz o naif, y es vendido por Fantasías que recorren el Barrio. Este deseo, corrupto al fin, es contagioso y peligroso para el orden. Uno de los personajes intenta salvar a su hermana, aislada por consumirlo. Otro plano, el fantástico, alberga dioses y máquinas y seres alucinados producto de la hibridación de reinos y categorías. Los personajes de la novela se nos presentan en un cosmos, pasan al otro, y vuelven al real, solamente para hacernos saber que todo puede retroalimentarse, que somos materia al fin, escualos y dioses, mujeres y máquinas, deseosos, obscenamente maleables y que todo, lo primario y lo complejo, puede suceder.

El universo que me abrió Cynthia en su taller, florece en La sombra de las Ballenas, con una narrativa tan original y poética que nos embriaga. Y sí, puede parecer demasiado, puede resultarnos abrumador, porque se atreve a traspasar muchas puertas blancas, con autoridad, y así atraviesa cultura, mito, creencias y se vuelva en cada oración un mundo desbordado, que se come a si mismo, lame al lector y vuela.

Esta novela oscura, plagada de sentido y sólida, nos obliga a enfrentarnos con la sordidez de los deseos que ocultamos, la categoría de lector va siendo captada, hasta zambullirnos en un Océano, donde Shiva escupirá nuestros huesos si no nos atrevemos a más, después de leerla.
Excelente obra, querida Cynthia Matayoshi, recomiendo tu libro y cierro con tu voz alucinada, en la que la imaginación se vuelve causa:

Marian escucha el canto de las ballenas, en la profundidad del tímpano oye los rugidos en una lengua indescifrable. Las ballenas no cantan palabras, cantan el silencio del mar. No les teme. Sentada en la cama, escuchando la vibración en las paredes del oído, no les teme. Tampoco las comprende. Aprendió a escuchar sin comprender, como los niños antes de hablar. 

Antes del lenguaje, rugidos. Antes del lenguaje, el sentido es la marca de un animal que se arrastra. Una hendidura en la superficie.  

Siempre es distinto. Los cantos de ballenas en las paredes de la boca, pegados a la lengua, tienen forma ovalada, como de luna invertida. Copulan con otras formas en el mar. Una vez, un sonido parecido a un pájaro, extirpado de raíz. Ballenas de pico alargado y ojos cubiertos de dientes, ojos blancos y dientes negros, alas inmaduras. Un pichón de ballena está muerto, eso imagina Marian, se cayó del nido del océano. Lo comerán otros animales o quizás lo devore la corriente. 

Amuleto

“Esta será una historia de terror. Será una historia policía, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz”

Así da inicio Bolaño a su novela, que transcurre en lo cotidiano hasta que, haciendo honor a su propia pluma, se eleva a lo irreal, a lo imposible, hasta vestirse de verdes que son visiones y pasados y futuros ciertos.

Muy Bolaño. Muy bueno.

Los diferentes episodios deshabitan las leyes de la causalidad narrativa para cumplir con el entramado simbólico que el autor propone, y que parece montado a una relajada temporalidad. Esta obra es una oda a la generación de jóvenes latinoamericanos sacrificados por dictaduras, no solo en el país que transcurre la historia, México, sino en el continente, y para ello sus protagonistas tiene diferentes nacionalidades..

Auxilio Lacouture es una musa alegórica y verdadera, amiga de la poesía y de los poetas, tal vez es ella la poesía misma y es quien nos cuenta. El texto tiene concretos significantes (las relaciones de la protagonista con los poetas españoles León Felipe y Pedro Garfias, con la poeta Lilian Serpas, amante del Che, con espacios de una oscura muestra de la homosexualidad de la época); pero son solo hitos donde apoyar otra historia, la que subyace, la que vuela, como cuando hace referenica a Orestes y Erígone, iluminando así fábulas de amor , venganza y muerte.

Los vínculos con su escritura anterior aparecen con Arturo Belano, uno de los dos detectives salvajes de su celebrada novela , y obsesiones que repite en sus obras. La clave de orientación que da en el párrafo inicial Bolaño se explica al final de obra con un crimen que nos queda demasiado tiempo sin llegar, pero todo el libro carga una poética histórica, existencial, tal vez la propia mochila del autor, que necesita exorcizar en este Amuleto.

“Desde el lavabo de mujeres de la cuarta planta de la Facultad de Filosofía y Letras, mi nave del tiempo desde la que puedo observar todos los tiempos” anuncia Auxilio para contarnos que la cronología se rompe en la novela y une el episodio y las muertes que desde el baño de la facultad de Filosofía y Letras vive la protagonista en 1968 en México, hasta la onírica amistad con la muerta Remedios Varo.

La protagonista principal de esta obra es la noche de Tlateltoco. Bolaño reivindica así a las personas muertas en esa noche convirtiendo el canto de esos muertos en su amuleto. “Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer. Y ese canto es nuestro amuleto”.

No es el único autor en literatura hispanoamericana que ha tratado este tema. Elena Poniawtoska tiene titulada La noche de Tlateloco. Pero claro, Bolaño es Bolaño. Y es el autor que da nombre a mi sitio web, ese autor que une como nadie ficción y realidad, para encantarnos con su obra.

No les pienso adelantar más, porque quiero que lean Amuleto, que pasen por sus páginas anecdóticas y que se animen a continuar conociendo una historia, tal vez autobiográfica de este latinoamericano chileno, que en sus obras, se volvió sueño universal.

El árbol de botellas de whisky

Los 21 relatos que conforman El árbol de botellas de whisky, de Katharina Bendixen, brotan página a página para llenarnos de espinas. La economía de sus textos, que no miden a la hora de narrar, se componen de la más vieja de las instituciones: la familia.

Katharina Bendixen nació en Leipzig, Alemania, en 1981. Luego de pasar su infancia en Laos y de finalizar sus estudios secundarios en el colegio Humboldt de Leipzig, Bendixen estudió bibliología y filología hispánica en Alicante y Leipzig. Publicó en revistas literarias y antologías. Actualmente vive en Leipzig y trabaja como autora, traductora de inglés de literatura infantil y juvenil y periodista. Sus dos libros de relatos (Der Whiskyflaschenbaum y Gern, wenn du willst) fueron editados por la editorial Poetenladen en 2009 y 2012 respectivamente. Ha recibido hasta el momento numerosas distinciones y subsidios en Alemania.

En su libro, madres, padres, hijos, hermanos, abuelas, personas sin nombres, son la casta universal que Bendixen nos va mostrando, austera, humana y limítrofe. Pero eso no significa que el contenido se pierda, al contrario, se hace raíz en la voz del lector. Duelen, muestran, nos asfixian, tanto el apilamiento de un joven que engendra hijos sin parar, la incomunicación de El perro come carne fría, la siniestra simpleza de lo inefable en el bebé de El asunto con la Alfombra, la muerte accidental de un hijo en manos del tractor que maneja su padre en La Gramínea, como el miedo a la partida de los hijos y a no tener qué decir en Historia de ciudad…. o en África postal, en las que el silencio se elige para no saber, para no morir, o matar.

Esta autora de breves relatos tiene mucho simbolismos sin metáforas. Es tan cruel su manera de ponernos la historia frente a nuestros ojos que no podemos dejar de hacernos cargo. Ni podemos evitar ver que hay padres que desean que sus hijos vuelen, bebés que nacen para tomar propiedades, mujeres prisioneras de otros y de sí mismas, esposos que elijen su perro aún ante una esposa moribunda. El cuento que le da nombre al libro habla de la familia y sus roles, los que aceptamos y los que disimulamos. Hay mucho femenino en sus cuentos, pero pulula César Aira en los desvaríos de sus personajes, en el desconcierto, la culpa, ese dolor escondido tras la ironía. Sus personajes pasan a la acción y lo hacen de un modo inesperado. Y digo Aira, porque sé que la autora lo ha leído.

Aún en los cuentos más desconcertantes siempre aparece, sin embargo, un mínimo de humanidad, un sentir, algo prohibido pero sensible que nos cala para siempre. Los ambientes que crea, tienen que ver con un halo primigenio que Bendixen implanta en sus historias. Lo objetivo se lo deja a sus seres reales que en cocinas, patios, fábricas o calles de pueblo, accionan siempre.

Lo exterior es normal, lo privado abruma, perturba, incomoda.

Se agradece la buena traducción, que no nos impide la distancia que la autora impone a sus relatos, raros, fríos, únicos.

Yo era una mujer casada

“Por increíble que suene, el infierno sin atenuantes de mi matrimonio… podría haber sido peor. No puedo explicarlo bien, y menos podría describir qué sería eso ‘peor’, pero era algo que sentía cuando contemplaba la clase de violencia que él ejercía sobre mí. Era una violencia puramente física; no quiero decir que me pegara, aunque no creo que se hubiera resistido al impulso en caso de tenerlo…”  César Aira

 La historia la cuenta Gladys, una narradora del espanto irónico del que Aira hace gala. El relato parece asemejarse a una la confesión que la tal Gladys va perfilando sin preámbulos sobre una pareja que se asemeja al supuesto promedio de otras de de cualquier lugar del mundo: ese encierro encuarentenado de la vida doméstica que lleva a la eterna repetición de lo mismo.

Claro que aquí los supuestos abusos continuos a los que la protagonista se ve sometida por parte de un esposo que parece una figura sin tiempo atrapada en este siglo, un tipo distante y sarcástico preso de un embotamiento permanente, de droga y alcohol, tal como los personajes de Burroughs en Naked Lunch.Este drogadicto incierto no sabes si existe o si es una ensoñación propia de una mujer proletaria que no puede con su vida.

Las distorsiones del argumento van desde la claustrofobia hogareña de la protagonista hacia su deriva citadina; desde el descubrimiento de un parricidio que no es tal fraude hasta la extasis observatorio de la lucha alegórica entre La Recomendación y La Compasión en la terraza de un edificio.

Aira pulula sin temor al delirio y juega con la inverosimilitud en su historia descontrolada, de modo tal que en su ficción, no basta la realidad si no es para volverla parte de un laberinto irresoluto o de asombrosa resolución. Las sutilezas exclusivas del autor, sostienen sin temor a la rima poética, la extraña realidad del argumento.

Por momentos uno se siente dentro de una película de Buñuel, en otros, creemos caer en efectos psicotrópicos, pero nunca nos quedamos indiferentes ante este escritor inusual, único, definitorio.

Cierro la recomendación con la voz predominante de una mujer casada:  Ninguna clase de amanecer me era ajeno; con los años había llegado a conocerlos todos, los blancos, los amarillos, los rosados, con agua, nubes, sol, niebla, pesados o livianos, opacos o transparentes, con franjas, manchas, velados por las lágrimas, atorbellinados, llenos, vacíos…

No hay nada para decir, Aira es Aira.

Las Inseparables

“No se nace mujer; se llega a serlo”. Simone de Beauvoir

Esta novela inédita, íntima, de la gran Simone de Beauvoir, escritora galardonada con el Premio Goncourt que es ejemplo del feminismo y que sin dudas produjo muchos de los mejores libros que he leído, fue escrita en 1954, cinco años después de la publicación de El segundo sexo.

Las inseparables narra la amistad apasionada que une a Sylvie y a Andrée -alter ego de la propia Simone de Beauvoir y de Élisabeth Lacoin (Zaza)- desde que, con nueve años se conocen en la escuela.

Andrée es alegre, inteligente y atrevida, y Sylvie, una niña formal que se siente irremediablemente atraída por su personalidad. Para librarse de las normas y las expectativas del entorno, y desconociendo el precio de la libertad, la vida intelectual y las cuestiones de la existencia, traman juntas una forma diferente de vivir.

Simone de Beauvoir vivió su vida como filósofa, una libre y singular, lo que le significaba reflexionar y medir al mundo, el amor, las relaciones con los otros y consigo mismo, por ejemplo decía… “No hay divorcio entre la filosofía y la vida. Cada paso es una elección filosófica”. Y en ese contrapunto juega fuerte la amistad en esta obra, en el de elección o deber.

Para una de las Inseparables, Sylvie , esa amistad se transformó en su primer amor, en la primera vez que sintió pasión por alguien. Años después le confesaría a Andrée que desde el día en que la conoció “lo ha sido todo para mí. Tenía decidido que si se moría, yo me moriría acto seguido”.

Las preguntas filosóficas del libro son algunas de las que universalmente nos seguimos haciendo: ¿Qué pasa si, como le ocurrió a Andrée, las contradicciones entre la personalidad y las reglas sociales comienzan a descuartizar a una persona? ¿Hay que someterse a la voluntad de la familia, de la sociedad o de Dios a costa de olvidarse de uno mismo, o debe imponerse el yo?

Las inseparables no explora a profundidad el mundo de Sylvie que parece tener el papel de darnos como lectores la oportunidad de conocer a la despampanante Andrée, y a su entorno. Se intuye que la sociedad no espera lo mismo de Sylvie que de Andrée, que no tiene la libertad de la primera para ser.

Esta historia sin dudas exorciza a la autora, tal vez por eso no la publicó en vida y recuperarla -junto con algunas fotografías y cartas que sirven de testimonio- nos beneficia como lectores.

Es un gran hallazgo literario que recomiendo disfrutar.

Las Voladoras

«Amar es morder, uno quiere comerse lo que ama, incorporarlo a tu cuerpo aunque eso implique desaparecerlo”

Mónica Ojeda

Las voladoras reúne ocho cuentos que se ubican en ciudades, pueblos, páramos, volcanes. Todos espacios transformados en no lugares, porque en ellos, lo sobrenatural, un cierto terror que tiene que ver con nuestras raíces latinas, la violencia, lo terrenal y lo místico, se unen en el mismo universo ritual e indudablemente poético.

Mónica Ojeda (Ecuador, 1988) es autora de las novelas La desfiguración Silva (Premio Alba Narrativa, 2014), Nefando (2016) y Mandíbula (2018), así como de los poemarios El ciclo de las piedras (2015) e Historia de la leche (2020). Sus cuentos han sido recogidos en Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (2014) y Caninos (2017). Ha sido seleccionada como una de las voces literarias más relevantes de Latinoamérica por el Hay Festival, Bogotá39 2017 y premiada con el Next Generation Prize del Prince Claus Fund 2019 por su trayectoria literaria.

En lo personal, la considero una adicción, al nivel de Gabriela Cabezón Cámara, o Selva Almada. Son autoras que nos van envolviendo en sus propios miedos, en sus oscuros deseos hasta que no podemos vivir sin ellas. Sus narraciones son las nuestras, las que no nos animamos a contar.

En Las Voladoras hay criaturas que se suben a los tejados y vuelan, una adolescente que se enamora de la sangre, una profesora que recoge la cabeza de la vecina en su patio y la fotografía, una chica incapaz de separarse de la dentadura de su padre perro, dos gemelas ruidistas en un festival de música experimental con la particular experiencia de una de ellas, sordomuda. Hay mujeres que se lanzan desde lo alto de una montaña, suceden terremotos y hombres chamanes aparecen, conjuros, silencios y la inefable certeza de que todo esto que es ajeno, también es posible.

En varios de los relatos, lo familiar asusta . Es que, como todo lo fundacional, la familia no deja el terror de lado. Sus relatos lo van contando, en ‘Caninos’, con padres que inevitablemente muerden, nos muestra Ojeda la violencia intrínseca del amor. En ‘Slasher’, aparece la estética gore, pero con su particular mirada y utiliza el sonido para que nuestras entrañas se muevan al compás.

Disfruté mucho el cuento ‘Soroche’, que documenta voces femeninas. La voz de Ana duele por su profundo odio, el que produce un mundo cruel con el género, sin embargo, como en la vida, estas mujeres son incapaces de amarse, se lastiman entre ellas. Lo andino está siempre presente en sus historias, pero no es paisaje, es un mundo que no pudo evitar el embate globalizador de la tecnología, a la que no hay chamán que se le resista. En ‘Terremoto’, el apocalipsis de la madre tierra y el incesto se unen para dejarnos sin palabras.

En el ‘El mundo de arriba y el mundo de abajo’, se hace presente la voz masculina. Este cuento de duelo vuelve necesaria la magiam en el afán desesperado por revivir un cuerpo. La conciencia de la finitud, Mónica Ojeda la lleva a una expresión única.

En fin, en Las Voladoras, nos encontramos con una autora que es capaz de unir la mitología tradicional con la andina, hacer sangrar la tierra, desgarrarla, su voz nos obligará a comprender el asesinato de una hermana como una obra en pos de la identidad. Para Ojeda, infierno, paraíso y familia son sinónimos. Y son mundos que narra con fiereza y poesía. Esta autora es alucinada, errante, también es una voz estética y concreta que nos representa, que nos visibiliza y que escribe como la puta madre.

Impresionante.