Las Inseparables

Las Inseparables

“No se nace mujer; se llega a serlo”. Simone de Beauvoir

Esta novela inédita, íntima, de la gran Simone de Beauvoir, escritora galardonada con el Premio Goncourt que es ejemplo del feminismo y que sin dudas produjo muchos de los mejores libros que he leído, fue escrita en 1954, cinco años después de la publicación de El segundo sexo.

Las inseparables narra la amistad apasionada que une a Sylvie y a Andrée -alter ego de la propia Simone de Beauvoir y de Élisabeth Lacoin (Zaza)- desde que, con nueve años se conocen en la escuela.

Andrée es alegre, inteligente y atrevida, y Sylvie, una niña formal que se siente irremediablemente atraída por su personalidad. Para librarse de las normas y las expectativas del entorno, y desconociendo el precio de la libertad, la vida intelectual y las cuestiones de la existencia, traman juntas una forma diferente de vivir.

Simone de Beauvoir vivió su vida como filósofa, una libre y singular, lo que le significaba reflexionar y medir al mundo, el amor, las relaciones con los otros y consigo mismo, por ejemplo decía… “No hay divorcio entre la filosofía y la vida. Cada paso es una elección filosófica”. Y en ese contrapunto juega fuerte la amistad en esta obra, en el de elección o deber.

Para una de las Inseparables, Sylvie , esa amistad se transformó en su primer amor, en la primera vez que sintió pasión por alguien. Años después le confesaría a Andrée que desde el día en que la conoció “lo ha sido todo para mí. Tenía decidido que si se moría, yo me moriría acto seguido”.

Las preguntas filosóficas del libro son algunas de las que universalmente nos seguimos haciendo: ¿Qué pasa si, como le ocurrió a Andrée, las contradicciones entre la personalidad y las reglas sociales comienzan a descuartizar a una persona? ¿Hay que someterse a la voluntad de la familia, de la sociedad o de Dios a costa de olvidarse de uno mismo, o debe imponerse el yo?

Las inseparables no explora a profundidad el mundo de Sylvie que parece tener el papel de darnos como lectores la oportunidad de conocer a la despampanante Andrée, y a su entorno. Se intuye que la sociedad no espera lo mismo de Sylvie que de Andrée, que no tiene la libertad de la primera para ser.

Esta historia sin dudas exorciza a la autora, tal vez por eso no la publicó en vida y recuperarla -junto con algunas fotografías y cartas que sirven de testimonio- nos beneficia como lectores.

Es un gran hallazgo literario que recomiendo disfrutar.

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