Diario de Cuarentena: Patria

La patria (del latín patrĭafamilia o clan) suele designar la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole, como afectivosculturaleshistóricos o lugar donde se nace. Hoy es el Día de la Patria en nuestra Argentina. Un día de Revolución, controvertida, cuestionada, como todas las revoluciones fueron. Las lecturas históricas varían de acuerdo a las significaciones que deseamos dar los historiadores, los gestores culturales o los ciudadanos.

Yo siento mi patria por casi todos los motivos. Es el lugar donde nací, me ligan a ella su cultura, su historia que como muchos en la juventud primero, y en la vida adulta después, he ayudado a construir, con la fortuna de haber sido un componente social activo en la facultad, y en la vida social de mi país. Y afectivo porque es la patria que adoptaron mis abuelos, en la que nacieron mis padres, la que elegí para mis hijos. Y espero sea la patria donde viva para siempre. Por eso la cuido y cuido sus libertades y sus valores.

¿Cómo te sentís vos hoy? Me importa el otro, porque la patria, como la familia, no la forman las personas con las que acordamos en las cuestiones principales de la vida, la patria la hacemos todos. Los que piensan como yo y los que no, los que me quieren y los que me detestan, los que ven la vida desde un ángulo similar y los que odian mi mirada. La familia es igual, no somos afines a todos los que la componen, somos familia. Me gustaría que un 25 de Mayo de 2020 nos demos cuenta de una vez y para siempre, que estamos juntos en esto de la Patria. Y que, aunque nos separen matices, en este momento delicado hay que ser amplios, y comprender que la lucha excede colores, que quede el celeste y blanco en nuestros pensamientos, para seguir siendo libres, soberanos y republicanos. Por nuestra familia, por nuestra patria.

Diario de Cuarentena: Olores

Domingo. Un día de aromas en mi recuerdo, el tuco de mamá en la cocina de Coronel Suárez, la abuela que venía a la mesa enfundada en batones floreados y cuentos de oriente. Mis hermanos pequeños corriendo alrededor de la mesa, mientras hacía las tareas para el hogar. La santa rita del patio florecía leve y se sostenía por bastones que le ponía mamá. Un Farol iluminaba las noches de patio, pero esas ya son otra historia.

Hoy quiero detenerme en el sentido olfativo de la vida. Ese que nos hace permanecer los recuerdos, el que ayuda a que un domingo cualquiera sea inolvidable. Mientras me propongo, a pesar de mi poca destreza hacer un tuco en casa, percibo un mal olor.

Pero este es distinto, es del otro tipo de olfato que tenemos, ese que viene con el instinto, el que avisa desde la amígdala cerebral que estamos en peligro. El que pone a prueba nuestra supervivencia. El olor a carroña y a peste perpetua. Uno que atraviesa la piel para erizarla y nos vuelve fieras. Un olor poderoso a trama incestuosa y política que abruma todo mi ser.

Siento olor a encierro, como esos placares viejos, pero lo siento en la entraña. Pretenden encerrarnos para siempre en una caja a presión. Una de la que pocas sociedades pudieron salir, y necesitaron siglos para hacerlo. Me da pavor sentir este olor. Tiene en su piel el sudor de los esclavos, la estupidez de los totalitarios, la sincera sumisión de la ignorancia y la violencia despiadada de los dictadores. No puedo olerlo más sin desmayarme. Por eso me corro, para seguir luchando. Y volver a sentir el jazmín y la violeta y el álamo plateado. Para volver a ser libre, primero en mi mente. Y desde allí, como siempre, luchar con la palabra como vehículo de ideales que alejan el confinamiento y la mentira de la sociedad.

Ya estoy por la parte en que revuelvo el tuco de domingo, corrí el miedo de mi esencia, y ahora aspiro el tomate y la albahaca, sin hacer caso al deseo de otros y viviendo el mío, libre. Sin mal olor

Diario de cuarentena: Suspendida

Anoche me quedé dormida en el sillón con Mila, mi perra. Dormimos hasta que la casa comenzó a despertar, los hombres se iban al campo con una alegría inusitada. Lograron permiso para hacerlo tras más de dos meses. Nos quedamos solas. Y la vida adquirió otro ritmo, femenino, cadencioso. Preparé mate, saqué unas cerealitas de lino del armario y desayuné mirando el final de una serie francesa. No tengo que ocuparme del almuerzo, así que voy a escribir un rato, leer otro, hacer gimnasia y limpiar la casa con música para estimularme.

Disfrutar lo simple siempre fue mi secreto para ser feliz. O lo feliz que se pueda, en las realidades que nos construimos solos o que nos construye la sociedad. Igual te cuento que esto de no tener poder sobre el confinamiento me angustia y hace que sueñe con un mundo donde los permisos no sean necesarios, las muertes no se cuenten en tv y los logros no se castiguen con impuestos. A pesar de todo eso, te invito a buscar momentos de felicidad.

Un recuerdo caído en tu memoria, ese primer beso apasionado, el ronroneo de un hijo tras amamantarlo, la mirada de tu amor una madrugada, el aroma a jazmín en la vereda, tu mamá arrugada pero tuya. La facilidad de abrazo de tu amiga, una ida al colegio compartida, la vecina con la torta recién horneada o la urgencia de rey mago antes de que despierten ellos. Tanto hay para ser feliz, que elegir la tristeza es casi un sacrilegio.

Por eso esta mañana de soledad perruna, voy a beberme el sol en mates leídos y a fortalecer los glúteos aunque no se levanten. Voy a necesitar poco, para poder ser feliz un rato. Aunque no olvide la libertad suspendida.

La pandemia y las identidades culturales

El mundo global, líquido y en movimiento que teníamos se vio súbitamente interrumpido por un enemigo externo. La amenaza que nos confina y nos vuelve uno, ha tomado todo el protagonismo y logró que la contabilización continua de nuestra salud y nuestras muertes tomen la opinión pública y la acción política. Para poder construir una idea comprensible de lo que nos está pasando todo el día esperamos los datos finales, la opinión de científicos, pareciera que estamos en una especie de una vuelta al conocimiento.

Pero no tenemos en cuenta que la objetividad de estos datos puede estar como mínimo interferida, por no decir modificada por procesos de construcción de identidad que pueden ser tan globalizados como el mundo que sacudió la pandemia, y que esas identidades que estamos construyendo hoy tendrán relevancias importantes en lo político, social y económico.

Para pensar en las estrategias y sus consecuencias, es necesario tener en cuenta algunos datos que hacen a un itinerario científico: El 27 de diciembre de 2019 el Departamento de Neumología del Hospital Provincial de Hubei, comunicó a las autoridades sanitarias chinas que se había detectado un clúster de enfermos con neumonía atípica de origen desconocido. Tres días después, se notificó a la oficina local de la Organización Mundial de la Salud que el día 5 de enero lanzó una alerta internacional.

Actividad científica
Ahí, en ese momento se dispara una actividad científica basada en el método científico: identificar regularidades en los fenómenos de forma tal que se puedan prever los resultados que sucederán a determinadas acciones. Los logros en el plazo de pocos meses han sido impresionantes. En diez días el virus fue aislado y su genoma secuenciado.

Se han descrito en detalle mecanismos fisiopatológicos, manifestaciones clínicas, comorbilidades, mediadores, factores predictores y pautas terapéuticas. Al mismo tiempo, están en marcha diversos proyectos de vacuna. Los datos y su distribución a través de las mejores revistas científicas han generado en tiempo récord un conocimiento aplicado que está salvando muchas vidas.

Otro tema es el itinerario público de esos mismos datos y logros, donde los intereses territoriales y políticos llevan a países, mercados y regiones a una lucha de poder en el medio de la cual se halla una ciudadanía ávida de respuestas.
La fuerte relación causa-efecto que permite la investigación biomédica básica se cae a pedazos cuando entran en juego las ciencias sociales. La epidemiologia y la gestión de la salud pública deben comprender en la ecuación, cuestiones de comportamiento humano, decisiones políticas, y rasgos cultuales o identidades que llevan a que la acción que pudo ser factible en una región no lo sea en otra.

Datos científicos
El recorrido de los datos científicos sobre el COVID-19 en el espacio público es una cuestión diferente. Plataformas nacionales e internacionales ofrecen datos por país, región, comunidad o ciudad que cambian minuto y a minuto y dan la impresión de una enorme transparencia de la información, que supuestamente está al alcance de todos. Pero, cuando se intenta investigar de forma concreta de cómo las instituciones los producen, todo se vuelve esmerilado.

Los datos siguen diversas definiciones y estrategias de testeo. Algunas instituciones no responden con precisión determinadas preguntas. Y todo esto nos sugiere que, tras lo que parecen datos objetivos y hechos con valor científico, se esconden batallas y estrategias culturales con importantes implicaciones políticas y económicas.

Lo anteriormente expuesto apunta a que la gestión de la crisis pandémica mundial por COVID-19 está teniendo una tremenda capacidad de asignación simbólica en términos de construcción de identidad nacional, en cada país que afecta.
Por ejemplo, la reacción inicial de China ante las primeras señales del brote fue ocultarlo. Los dos médicos que levantaron las primeras sospechas fueron censurados. Ya en 2002 ocultó el SARS durante tres meses a la OMS. Un nuevo brote desacreditaría su imagen de nación moderna; reforzaría la idea de China como fuente de potenciales pandemias futuras por zoonosis debido a la persistencia de tradiciones culturales ancestrales que motivan el comercio de animales salvajes vivos en mercados de dudosa higiene y nula supervisión.

Pero la China de 2020 no es la de hace dieciocho años. China compite hoy con Estados Unidos por la hegemonía del mundo, apunta a ser la primera potencia mundial. La lucha contra la epidemia toma un valor simbólico relevante. Quiere mostrar su capacidad tecnológica y científica junto a una política de transparencia y cooperación internacional. Entonces tomó el control férreo de la población, puso a disposición de la OMS toda la información disponible y equipos científicos comenzaron una carrera contra el tiempo para producir una vacuna y la mayor parte del conocimiento que hoy tenemos sobre el COVID-19, y que está ocupando las portadas de las publicaciones científicas más reconocidas, curiosamente casi todas de ellas de Estados Unidos.

Y así, en pocos meses un país con 1.400 millones de personas ha doblegado la epidemia. Pudiendo volver a su actividad económica y productiva, mostrar ante el mundo su eficacia y ser bueno ante Occidente como el gran proveedor de recursos que nos socorre y ayuda.

En Europa por otro lado hay una gran división norte-sur, que viene desde la gran recesión, donde la fuerte identidad alemana que se extiende a los países nórdicos se contrapone a la Europa sureña desenfrenada y poco predecible.

En el marco de la pandemia por COVID-19, habría que cuestionar en qué medida los países han sido conscientes del impacto que en términos de imagen podrían producir sus datos y si han o no, acomodado sus metodologías para no resultar penalizados por ellos. Al principio de la crisis, la disonancia entre los datos de unos países y otros provocaba cierta extrañeza, sin embargo, no se reflejaba en la información. A medida que se han ido conociendo los efectos devastadores que tendrá la pandemia en las economías y el empleo de los distintos países, y se han endurecido las negociaciones sobre el plan de choque europeo, se ha ido prestando atención a la calidad y no a la cantidad de los datos.

Dificultad
Hay una evidente dificultad, que tal vez parta de lineamientos de la OMS, sobre qué y cómo se están construyendo los indicadores por países. Es posible advertir que los datos ofrecidos de cada país dependen de las “definiciones aplicadas y las estratégicas de testeo de cada uno de ellos”, pero a nadie le preocupa homogeneizarlas. El número de pruebas realizadas, los criterios de conteo de casos positivos (mediante criterios clínicos o con test positivo) y qué muertes se asignan al COVID-19 se diferencian en los principales indicadores que se están utilizando: grado de extensión de la enfermedad y tasa de mortalidad.

Algunos países solo registran las muertes que tienen lugar en el ámbito hospitalario –al menos Francia y Alemania– con lo cual las muertes en residencias de mayores (una de las poblaciones con mayor mortalidad) quedarían fuera del recuento. Existen dudas sobre la forma en la que se están asignando las causas de muerte en personas con patologías previas. En Alemania incluyen tanto a las personas que han muerto por el virus como a las personas infectadas y con problemas de salud subyacentes, donde no se ha podido determinar la causa precisa de la muerte”. Tampoco se realizan test post mortem a las personas fallecidas en las que se sospecha infección por coronavirus.

¿Y en américa? No nos diferenciamos mucho, tenemos nuestras propias cuestiones idealizadas de un Norte maligno y capitalista y un sur populista que lucha contra una pandemia con ideales.

Argentina, tiene graves problemas de testeo, aunque aplicó una política exitosa de confinamiento inicial, se realizan test post mortem de casos sospechosos, como si tuviéramos test en cantidad, pero el personal sanitario se ve descuidado en testeo y en equipamiento. No es alocado pensar que Argentina ha asumido un confinamiento estricto y de primera mano, para reforzar frente a terceros su imagen de país serio y con altos estándares de salud, aunque la estrategia se le puede estar volviendo en su contra.

Empieza a resultar evidente que las cifras disponibles hasta ahora están siendo utilizadas por los países sur para apuntalar los clichés de una América del Norte indolente que prefiere el capital económico al humano. Todas estas cuestiones, en regiones diferentes del mundo tienen un mismo fin político, y una misma intención de construcción de identidades.
Seguramente, futuros análisis retrospectivos de las series de datos originales, con sus respectivas definiciones y criterios de notificación, darán cuenta de la dimensión exacta de la pandemia en cada país. Pero será demasiado tarde.

Lo que está hoy en pantalla de la imagen pública y lo que quedará en la memoria serán esas cifras gruesas que sitúan a Italia y España –de nuevo los países del sur– como los dos con peores cifras de extensión y mortalidad de la enfermedad en Europa, y a Estados Unidos y Brasil como los caóticos países americanos que pusieron en riesgo a su población.

Estos sesgos culturales identitarios que sostienen la imagen y la reputación de países son difíciles de desarticular o modificar. Ya sea en un sentido positivo como negativo.

Ejemplos
Como uno solo de muchos ejemplos y porque hace al tema, hace tiempo que se sabe que la última gran pandemia de 1918, que recibió el nombre de Gripe Española y mató a 50 millones de personas en el mundo, no surgió en España. Investigaciones recientes apuntan un probable origen chino llegado a Europa debido a la movilización de casi 100.000 trabajadores chinos para apoyar en la retaguardia de las líneas inglesa y francesa de la I Guerra Mundial. Sin embargo, ni tan siquiera un siglo ha servido para borrar la vinculación española.

En nuestro país, estamos profundizando diferencias y creando una crisis económica sin precedentes. ¿Podría Argentina haber evitado esta situación o jugado mejor sus cartas? Tal vez podría haber forzado desde el comienzo de la crisis el establecimiento de criterios comunes a salud y producción o economía y no abocarse de lleno al confinamiento sin test. Pero la historia nos dirá que resultado es el mejor. La perspectiva futura establecerá cual fue la verdad sobre ésta terrible pandemia. Nuevos paradigmas surgirán, muchas pantallas caerán, otras lograrán sostenerse a costa de mensajes épicos y de ignorancia, Pero los gestores de cultura nos vemos en la obligación moral de cuestionar la manipulación de la identidad.

Antes que sea demasiado tarde.

Diario de Cuarentena: como en el 83

Vino el frío, como siempre. Pero éste año tiene aditivos, estamos confinados. Porque hay un virus que circula en el mundo. Y porque en nuestro país parece que nos quieren confinar para siempre. De paso la clase política se apropia de todo, se clava en el poder como si fueran cristo pero sin salvarnos.

Frases como «no existe más la normalidad» «el que sale es un asesino» salen de la boca de gobernantes y científicos con una liviandad que asombra, por ejemplo un ministro de salud aseguró que una ciudad capital «irradia» virus. Circula una pos verdad como mínimo dudosa, mientras la humanidad sigue con sus vidas y sus muertes, como siempre, porque no dejaron de existir otras enfermedades a pesar del coronavirus.

Eso no importa, lo único relevante es quedarte en casa. No jodas, digamos, que tenemos que salvar a procesados, estimular la ignorancia y volvernos todopoderosos. A mi, no me preocupa que estos políticos se enamoren de la autocracia que el miedo del otorga. Me asusta nuestro silencio.

¿Vos vas a ser cómplice por miedo? ¿O te vas a animar a resignificar los logros democráticos del 83? Nos dicen que estamos en peligro como especie, pero no tienen idea de como salvarnos. Nos dicen que nos van a cuidar, pero solo entienden el encierro y el silencio como cuidado. Es hora de ser ciudadanos de pie. Y eso no significa arriesgar la salud. Pero sin libertad ni república, ¿de que salud hablamos?

Me resisto a contar muertos y mirar para otro lado. Cuando otros países tenían 600 contagios estaban colapsando, parece que el nuestro no. Los medios pautan la información con el bolsillo y los oyentes quedamos expuestos a falsas premisas. Los que nos gobiernan se cuidan para seguir viviendo de la política mientras los trabajadores que pueden se arriesgan y los que no mueren de hambre. La igualdad no es lo que nos quieren hacer creer. Igualdad es educación y cultura, es libertad de expresión y oportunidad abiertas para todos, pero no quiere decir que a vos te vaya igual que a mi. Podemos tener deseos y capacidades diferentes, podemos esforzarnos más o menos, y no tenemos porqué tener los mismos resultados. Como sociedad nos aferramos a mentiras dichas por personas que hablan de patria enfundadas en trajes importados, pusilánimes.

Es hora de alzar la voz y no bajar los brazos. La comunidad científica no nos da respuestas. La política menos. La economía se destroza. No perdamos los valores, por favor.

Diario de Cuarentena: Cicatrices

Los gritos de dos gasistas matriculados y un representante estatal me hicieron saltar de un sueño. Estaba contando mis cicatrices. Esas que adquirimos por vivir, teniendo como posible cura borrarlas. Pero me gustan, me encariño con ellas. La del golpe a los diez, el tajo contra la espina de la rosa a los once, la caída de la bicicleta yendo al parque y las cesáreas que dieron vida.

Pero están las otras, las que van quedando adentro. Amores perdidos, sueños rotos. Dos o tres proyectos embolsados para siempre y la espera de aquello que no va a llegar. Una injusticia mal curada, tres instintos fallidos, la bocanada de aire cuando la vida casi me ahogó. Un ataque de pánico y las cruces quebradas de fe,

SI Saer me leyera diría que con tanto orden en mi diario, interrumpo la psiquis, y tendría razón. Estoy leyendo su libro, tal vez por eso pienso en las cicatrices propias, porque con ese fluir que un autor tan inmenso propone entre las relaciones y el caos, entre varios mundos propios y la fuerza de su voz, no pude escaparme.

¿Cuántas cicatrices te definen? ¿Las contaste?, yo me las toco, rozo mi mano sobre esos cordones de carne usada y transito el recuerdo. Me atormenta la idea de que desaparezcan. Mis cicatrices son trazos de la historia que viví y me convierten. Son las estrías de auto conocerme, los puntos y aparte de amores, las multiplicaciones de mi dolor.

Como pueblo también tenemos cicatrices, algunas intocables. Otras que nos acompañarán siempre desde una distancia introspectiva social. Pero en este ahora, estamos generando una herida tan profunda, que me preocupa que no llegue a cicatrizar. Nos estamos partiendo en mil pedazos y tomando prestada la voz a Saer » los pedazos no se pueden juntar».

Diario de Cuarentena: Revolución

La Revolución estaba en marcha tras las palabras de Saavedra y la renuncia de Cisneros un veinte de mayo de 1810. La libertad y la independencia se acercaban. Recuerdo con mucha emoción la semana de mayo escolar, donde la patria, vestida de celeste y blanco nos engalanaba. Recuerdo llevar la bandera con el guardapolvo impecable y almidonado por mamá.

Hoy nos encuentra la fecha, tras sesenta días de confinamiento con todas nuestras libertades restringidas, el mundo convulsionado, hambre y poca posibilidad de independencia y futuro. Pero tal vez sirva vestir nuestras casas con los colores patrios, para despertar en nosotros un poco de la grandeza de otros tiempos, donde hasta al Virrey que se le pidió la renuncia se le aseguró salario e integridad. Nuestra Argentina esta necesitando líderes, hombres y mujeres de bien que intenten pensar en el futuro, dejar de quedarnos siempre en las cuestiones cotidianas, en las chicanas políticas, para proyectar. Para resolver desde el estado de justicia y la república la coyuntura complicada que venimos arrastrando.

Vienen tiempos difíciles, no podemos mirar al costado. Ponete la mano en el pecho y si sos juez, impartí justicia, si sos político, representá a tus votantes, si sos docente, educá en valores, si sos un simple ciudadano controlá. Nunca debemos olvidar que los que nos gobiernan son nuestros empleados, a quienes les pagamos para representarnos. No son nuestros padres ni nuestros amigos. Deben cumplir una tarea que es la de administrar la República, no ponerla en peligro. Embanderá tu corazón y pedí justicia, libertad y honor para todos los ciudadanos del pueblo argentino. Y en un mundo mentiroso, animate a decir tu verdad. ¡Viva la Patria!

Diario de cuarentena: pensamiento lateral

Anoche me quedé dormida en el living viendo la serie finlandesa Sorjonen, donde el pensamiento lateral de un investigador hace posible el análisis de los casos desde ángulos nuevos. A pesar de estar contracturada, amanecí con una tristeza maloliente. Esa que no te deja dudas de que estás en otra dimensión. Es que nuestro país, tan lineal que avergüenza, va y viene hace años entre monopolios políticos populistas que tienen el fracaso como único destino. Sería un análisis claro si no fuera el país en el que viven la mayoría de mis afectos, de las personas que hacen posible sostener mi equilibrio emocional. Y el de mis proyectos y logros, y el de mis padres, el que eligieron mis abuelos como pujante y productivo.

¿Te pusiste a pensar como nos convertimos en lo que somos hoy? ¿cuántos años de desidia, corrupción, dobles discursos y pérdida de valores nos llevaron hasta acá?

Lo que me queda claro es que así no se puede seguir. Pero depende de los ciudadanos. La indiferencia y la falta de compromiso hace que nos quejemos sin participar, pero también hay una porción participativa a la que no dejan acceder al poder porque no quieren cambios. No será una lucha fácil y va a ser desigual, pero los comunes, aquellos que trabajamos en forma independiente, a los que nos importa el prójimo, que somos capaces de creer en los valores, el esfuerzo y la capacitad de la producción propia y colectiva como factor de cambio, no podemos cejar en el intento y dejar nuestra futuro en manos sucias.

Te invito a buscar tu pensamiento lateral, ese que hila lo que fuiste recogiendo a lo largo de tu vida y por nuevas interacciones te permite la creatividad a la hora de resolver problemas. Pensemos sin miedo, sin estereotipos, sin trampas, pero actuemos. Y cuando actuemos, visualicemos por favor, un mundo con valores, donde la honestidad, no sea un sueño.

Soledad Vignolo y el mal momento de los escritores

Más allá de seguir con la producción literaria desde los hogares, la actividad de los escritores está literalmente parada. No pueden dar charlas, talleres ni promocionar libros.

La escritora local Soledad Vignolo contó que no la están pasando bien y dijo que “nos estamos muriendo de hambre. De tener cuatro trabajos, pasé a no tener ninguno. El dictado de los talleres de extensión está cerrado porque no hay posibilidad de cercanía. Intenté con los talleres virtuales, donde tengo unos pocos alumnos, pero la realidad es que la gente no tiene dinero. Además, virtualmente es difícil transmitir muchas cuestiones que tienen que ver con la emoción, que con eso tiene que ver la escritura”.

“Estos son momentos de mucha introspección y producción, terminé una novela y comencé con otra, estoy haciendo cursos. El gobierno está ofreciendo muchas plataformas de capacitación gratuitas pero con eso no podemos comer, porque desde SADE conozco la realidad de los escritores locales y zonales. Están en situaciones lamentables y somos casi todos monotributistas que no estamos contemplados en ninguna ayuda. Nadie habla de los escritores y formamos parte del grupo de artistas”, expresó.

Editores
Sobre las editoriales, puntualizó que “tampoco están trabajando, toda la industria está parada. Hubo una feria del libro de editoriales independientes on line que fue promocionada y la gente la visitó, pero lo único que hizo fue oír las charlas o participar de algún taller, no hubo ventas. No hay dinero y lo último que a uno se le ocurre comprar es un libro”.

Diario de cuarentena : Otoño perdido

Nos perdimos el otoño, dijo Bere ayer por la tarde al pasar. Pero quedó en mí. Las verdades simples son las que se acuñan. Tanta contabilidad de la enfermedad y la muerte nos hizo olvidar de la estación colorida y nostálgica que nos llena de crujidos, aromas a eucalipto y roble viejo, preciosos dorados y rojos intensos. La estación de los soles sin pecado y la lenta muerte del verano. Nos quedamos sin otoño, para muchos no va a ser el último, pero nunca lo sabremos. Y éste, el otoño que estamos atravesando, que es brillante y cálido, con brisas amarillentas y sueños postergados, lo habremos perdido.

Queda un tiempo de otoño aún, pero toda esta cuestión pandémica y tensional, casi como un tango sin final, nos está haciendo olvidar del verdadero sentido de la vida, que es el presente. Porque la posibilidad de muerte nunca es ajena, la de enfermedad mucho menos, pero la vida….

¿Vos te perdiste el otoño? ¿querés seguir dejando de lado tu vida? ¿el miedo te atrapó? Te cuento que yo estoy en la mitad de esas preguntas, tal vez como casi todos, salvo los poderosos, que están haciendo uso de nuestro tiempo, nuestro miedo y nuestras vidas. Yo creo que siempre logré ver los otoños, incluso éste, y estoy entrando en mi propio otoño, entre plata y oro mi cabello, mi suerte y mi poesía. Pero para nuestros hijos es importante dejar un mensaje de libertad. De posibilidad de cambio y de proyectos. Hay que enseñarles a luchar contra las hegemonías culturales, y a pelear por las que ellos elijan como bandera. Pero es necesario que hoy peleemos por la libertad para no sentir que éste, es un otoño perdido.