Diario de cuarentena: Físico

Me desperté sin poder mover un músculo. Ayer decidí dejar la quietud y comenzar el fitness y mi hijo me sugirió tomar clases de gym online con Juli Puente. Hay que reconocer que la chica transmite energía y que me sentí muy estimulada. De la hora propuesta logré llegar a veinte minutos sin morir, transpirada y al borde del colapso. Luego encaré abdominales y algunos ejercicios laterales de piernas. Con pesitas de un kilo hice brazos. Toda una entrenada mujer de hoy.

Como sigue, es otro tema, le pido permiso a los brazos para alzar el termo, el tríceps parece sugerirme calma, la muñeca pesa, y cuando la pierna derecha rota levemente, se siente como un torniquete militar. Es posible que me haya pasado de rosca. Juli Puente debe llegar apenas a los treinta, y pesa cuarenta kilos máximo. Pero lo intenté.

Y entre tanta cuestión con olor a lavandina y alcohol, y tanta paranoia que la llegada de un gasista a casa puede ser vista como el enemigo mundial de la OMS, un dolor de cuerpo por actividad física suena muy bien.

Hoy volveré a intentarlo, necesito cansarme para dormir, porque aunque uno use la mente, el cuerpo necesita fatigarse, el insomnio acecha y la música no alcanza, por más zen que sea. Así que en medio de sentadillas y estocadas, le voy a dar batalla a la cardio de la felicidad.

Diario de Cuarentena: Carne

Mi casa parece un espacio para congelar carne, claro que la carne somos nosotros. Antes de la cuarentena, estábamos modificando cuestiones que hacen a nuevas regulaciones de gas. Pero decretaron la cuarentena, y aquí quedamos mi casa y yo esperando la reapertura de los organismos oficiales muertos de frío. Achis!

Por las mañana tiendo a leer los diarios, todos los que puedo, incluso los locales, para tener un panorama informativo local, regional y mundial. Y lo que leo es como mínimo, devastador. Cuánta tristeza ver la humanidad sin una mínima conciencia de su propia construcción, política, social, humana.

Una vez convencida de que no voy a poder cambiar todo esto, (es que por las mañanas a veces me levanto todopoderosa hasta que la vida me cachetea sola), comienzo a planificar mi día, y me doy cuenta que tengo dos zoom maravillosos por la tarde y que debo terminar una novela, y que la clase con Betina González es la última. Y entonces me gusto un poco yo, y la humanidad que habito.

Al fin de cuentas, somos los que la conformamos, y si lográramos mejorarnos en lo mínimo cada uno, toda la carne que habita el planeta dejaría de ser monstruosa y fagocitante y podría ser finalmente, enriquecedora y productiva. Es cuestión de aprender.

¿Vos planeaste algún aprendizaje para hoy? te dejo un poema de Sylvia Plath

Una vida

Tócala: no se encogerá como pupila
esta rareza oviforme, clara como una lágrima.
He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,
azucena, como flora distinta
de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

Toca este vaso con los dedos: sonará
como campana china al mínimo temblor del aire
aunque nadie lo note o se anime a contestar.
Los indígenas, como el corcho graves,<<<<

A sus pies las olas, en fila india,
no reventando nunca de irritación, se inclinan:
en el aire se atascan,
frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.
Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia
de rostros habituales, a un coleccionista,
por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

En otros lugares el paisaje es más franco.
Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo
platillo de hospital en torno, parece
la luna o una cuartilla de papel intacto.
Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.
Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa
anticuada, el mar, plano como una postal,
que una dimensión de más le impide penetrar.
Dolor y cólera neutralizadas,
ahora dejad la en paz.

El porvenir es una gaviota gris, charla
con voz felina de adioses, partida.
Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,
y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa
saliendo a la orilla.

Diario de Cuarentena: equilibrio

 La responsabilidad es el precio de la libertad.Elbert Hubbard

La libertad como palabra carga un simbolismo impresionante, que a veces lleva a excesos. Por eso me gusta la frase del gran promotor del Arts and Crafts que le pone un precio. Y es el de ser responsables con ella. ¿Vos sos libre? seguramente crees serlo, como todos, ¿libre y responsable de esa libertad? ¿Cambia no?

Es difícil la responsabilidad, hacernos cargo de que en el ejercicio de nuestra libertad somos responsables de lo que con ella generamos. Y ahí viene también otra cuestión que es no confundir ser responsables con ser esclavos. Uf, hoy me levanté filosófica y no puedo parar.

Por ejemplo, hice un risotto libremente para mi familia, me encanta decir que buena soy con esa comida que seguramente vi cocinar. Y entonces después cuando mi hijo puso cara de que feo esto, me sentí esclava.

Sin embargo ambas cosas resultaron falsas, no era tan libre cuando cociné, porque culturalmente nací obligada a hacerlo, ni fuí tan esclava cuando no me salió como quería.

Al fin de cuentas ejercer la libertad es un equilibrio difícil y maravilloso, en el que las personas de bien, comprendemos que el otro tiene sus derechos, y que nuestra libertad termina cuando los coartamos.

Una pena que los gobiernos del mundo no puedan pensar la libertad Arts and Crafts que propongo, ¿y vos?

Diario de Cuarentena: Zoom

Un nueva normalidad dicen algunos, aunque lo más novedoso son las reuniones de Zoom, claro que el zoom existe casi desde los Lumiére, y mi fotógrado infantil me explicaba que el zoom de una cámara de fotos permite tomar imágenes a diferentes distancias sin desplazarse. Me parece que eso estamos haciendo, vivimos de fotos que tomamos a distancia sin desplazarnos.

Y entonces me pregunto, ojalá coincidas, si estas fotos son confiables, zoom con amigos y con grupos de gestión, de ayuda, de posgrado, de estudio, les vemos lo que nos muestran. A veces que imagino que tienen abajo. Y así en mi mente aparecen pijamas floreados, calzoncillos con corazones y algún desnudo también.

Me asombra también esto de maquillarse y plancharse el pelo para los zoom, tal vez la nueva normalidad podría ser, tras algo tan serio como una pandemia, la grata experiencia de lo verdadero. Y entonces salir como vivimos la cuarentena, con raíces crecidas, y cabello al viento, un poco demacrados por la falta de aire y sol y sin labial.

Pero es un zoom, entonces igual, en ese acercamiento atrevido y a pesar de posar para la foto, las miradas aparecen y nos develan lo verdadero. El hastío y la preocupación, el brillo perdido, la sonrisa impuesta, la arruga atrevida y vos, él, ellos, yo, nos convertimos en seres estaqueados que no podemos más con la sensación de que la vida se quedó sin hoja de ruta.

Te invito a realizar un zoom directo al corazón para que cuando la normalidad, que no va a ser nueva, vuelva, algo de basura y de ruido hayamos quitado a los sentimientos, y así tal vez, construyamos paradigmas que mejoren nuestra sociedad.

Diario de Cuarentena: a destajo

Cumplir años es como tirarse de un tobogán gastado. Podés trabarte en alguna parte, pero terminás cayendo. Y se te mezclan saludos que te recuerdan que te quieren, pérdidas de esas que nadie puede reemplazar ni calmar, momentos únicos que se agolpan en las neuronas buscando ser protagonistas, historias cotidianas que se vuelven mágicas y una lágrima cedida al festejo por lo que ya no sos.

Pero cumplir tiene otras acepciones : es hacer aquello que determina una obligación, una ley, una orden, un castigo, un compromiso, una promesa. De todas esas palabras escupo la orden y el castigo y elijo el compromiso y la promesa.

Por eso me comprometo a seguir aprendiendo, día a día de mi vida, todo lo que pueda aprender, pero en especial lo que tiene que ver con las emociones. Aprender a ser más feliz con menos, a ser menos crítica con más personas, a aceptar la otredad como propia, me comprometo a seguir amando, es más me comprometo a amar más. Mucho más.

Y prometo serme fiel, acariciar ldeales, volver a reconstruir aquellos que la vorágine del tiempo y la vida quebró. Insistir en la belleza de lo simple y revolucionar al mundo con palabras. Me prometo vivir, que no es transitar sino ser, y en ese ser implico el compromiso de cumplir la promesa. Creo que la vida tiene el sentido que le demos, y que es trascendente cuidarla, tanto como vivirla a destajo, a corazón abierto, sangrando a veces pero latiendo a la par de los que amo, de los que amé y del mundo que me queda por amar.

Mi cumpleaños sigue con asado y familia, pero éste, es mi festejo personal que hoy, comparto con vos.

Diario de Cuarentena: Silencio

¿Cómo va la vida virtual? ¿ ya te acostumbraste a las personas en cuadraditos, a los espacios mínimos o a los recorridos movidos por casas ajenas que proponen los medios? Lo bueno es que los museos nos abren las puertas y las bibliotecas del mundo nos invitan a pasar. Entre otras cuestiones. Y que seguimos teniendo al sol de nuestro lado, atrasando el invierno y la tristeza.

Pero, no hay con qué darle, a mi me gusta la gente real, tocar la carne, abrazar, oler, oír la respiración entrecortada del que miente, bucear en la mirada, cosas que la virtualidad no permite. En este mundo en caja podemos ser lo que no somos, podemos vivir en un basurero y aparecer limpios, llevar días sin bañarnos y que no se note, entre otras cosas, las virtualidad nos impide sentidos, y los sentidos en conjunto son la verdad.

Pero bueno, somos animales de costumbre al fin y al cabo, y terminamos aferrados a lo poco que tenemos para no morir. Entonces escuchar los gritos de la vecina a su marido, los chicos llorando del otro lado, el ruido del portón del garaje de enfrente o la moto del delivery que llegó a la esquina, pasan a ser importantes. Así de jodidos estamos.

Siempre pensé que iba a disfrutar el silencio y vos? Ahora que hay mucho, me hace ruido. Me astilla los oídos tanto espacio hueco de sonido. Me perfora el aliento y me lo vuelve fétido. Porque claro, la vida suena, la vida ensucia, la vida estalla. Por eso cuidémonos como sociedad, a ver si los gobiernos se acostumbran a ser los únicos que hablan y nos cortan la lengua.

Hoy te regalo un poema de Benedetti sobre el silencio:

Qué espléndida laguna es el silencio

allá en la orilla una campana espera

pero nadie se anima a hundir un remo

en el espejo de las aguas quietas

Diario de cuarentena: Trabajo

Este no es un día más, hubo mártires anarquistas en Chicago que lo nominaron. Es junto al capital y la tierra factor de producción. Es dignidad, valor ecónomico y social, y es manutención y solvencia. Trabajo. También es lo que nos falta. Y lo que nos prohíben. Y lo que nos pone en peligro según muchos. Una definición sencilla de trabajo sería decir que es el conjunto de actividades que son realizadas con el objetivo de alcanzar una meta, solucionar un problema o producir bienes y servicios para atender las necesidades humanas. En el mundo convulsionado de hoy hay gente privilegiada que sigue trabajando. Personal de la salud, personal de la industria alimentaria, algunos pocos en la rural, estamentos policiales, ejército, penitenciarios y gendarmes, transporte entre otros. Pero nos está faltando la fuerza media del trabajo, que es la que paga los impuestos, la que sostiene la educación, la que hace posible el hospital público, la propone los cambios al status quo.

Hay una terrible cantidad de desempleados en el mundo fruto de un confinamiento que como mínimo es dudoso. ¿Cuántos trabajadores podrán volver al mercado después de esto.?¿cuántos empleadores, que también son trabajadores, podrán mantener sus empresas? ¿cuántos comercios seguirán en pié? ¿ será el estado, como en la antigua Unión Soviética, el único empleador posible? ¿Y entonces quién lo mantendrá a él?. Tenemos un oscuro panorama por resolver.

Como aquel día de 1886 en Chicago, no hay mucho para festejar. Pero sí hay mucho por reivindicar. El trabajo es necesario, nos alimenta en cuerpo y espíritu. Trabajar es cuestionar la quietud, es promover el futuro, es accionar contra lo obsoleto, es revolucionar los hechos, y en este momento la revolución verdadera es no quedarnos callados. Que los tapabocas no impidan el pensamiento crítico y no nos quiten el aire.

Mi deseo en un día como hoy, es que no haya más seguros de desempleos, ni prohibiciones, ni odios a las empresas, ni castigo a los productores, que podamos vivir en libertad, cuidando la salud sin atentar contra la dignidad laboral. Sin seleccionar quién puede y quién no, acceder a la fuerza más revolucionaria del mundo: el trabajo.

Diario de cuarentena

Llevo cuatro horas buscando un otorrino/a para que resuelva un tema auditivo. Pero parece que en confinamiento, solo podés agarrarte covid-19, si te pasa cualquier otra cuestión de salud, aunque mínima, jodete. Los profesionales de la salud están en sus cuchas y nosotros a merced de la suerte. Entre tanta búsqueda descubrí unas cuantas cosas distópicas, que ni Huxley se hubiera animado a soñar.

Las clínicas están abiertas pero no te atienden por teléfono, los profesionales solo con turnos, que no tenés donde sacar y que son a partir de fines de mayo. La única solución es ir a una guardia que es donde dicen que no vayas porque hay un virus terrible, y además no podés cruzar sin permiso. La puta madre, estamos en el mundo del revés. Mientras nadie oye mis reclamos, no sé si todos con están con auriculares selectivos y sólo escuchan lo que quieren, o el mundo a decidido ser sordo para mi persona; comienzo la odisea de recetas caseras. Agua oxigenada al 10 con agua tibia, gotas de grandes farmacéuticas que no sirven para nada, soplar fuerte tapándote la nariz y otras yerbas.

Pero la pregunta final sería ¿que queremos oír? Tal vez uno se termine auto creando tapones para no absorber más cuestiones que las propias. Y entonces, alejarse de la ironía de lo cotidiano en un vuelo personal y privado donde la música interna nos indique el camino a seguir. O quizá comprendamos lo de la oreja de Van Gogh en su locura magnética y creativa y comencemos a vivir sin prestar nuestra oreja a todos, para no llegar a cortárnosla como él.

En fin, la búsqueda sigue, parece que la ciencia también anda buscando y los pobres oídos de los conejos humanos seguiremos oyendo nimiedades sin verdad, hasta que nos volvamos sordos. Amén.

Diario de cuarentena: animaladas

Por suerte volvió el sol. Y como en las mañanas tengo mis mejores deseos, le deseo feliz día a la perra que cohabita mi hogar, con alimento de buena calidad. Y entonces pienso que el día del animal en mi vida es una fecha especial. Me doy cuenta que quiero mucho el mundo animal, y también a nosotros, los animales sociales. Pero hoy se los voy a dedicar a los otros, a aquellos que poblaron mi sencilla existencia de lamidas, ladridos, estiradas gatunas, trinos, mugidos, erguidas cabalgatas, corderos de dios y otras especies.

Desde pequeña rescaté cuanto bicho hallaba en condiciones de necesidad, perros y gatos tirados, palomas con perdigones en sus alas, hasta tengo lagartos que atraviesan mi mundo sigilosos bajo el sol. El patio de mi casa de infancia, era un cementerio de animales que hubiera asustado al mismísimo Stephen King. Me tomaba el trabajo de ponerle cruz, piedra y papelito con nombre a cada mascota que moría, no importaba si era ave, gato o renacuajo.

Con Cachilo, el cachorrito caniche de barrio de la infancia, conocí el aliento a leche cortada y el amor incondicional de las mascotas. Lloraba abrazada a él en la terraza por las injusticias de la vida. Y sucedieron otros, Chula, Chuli, Teo, Oso, Cocó, representando algunos del mundo gato, Lula, Wilson, Flor, Bonzo, Roco, Kispe, Kaira, Dago, Mississipi, Mila y Reina, como perrunas muestras, la vaca Domitila, Naranjo, el caballo del barrio, la yegua Margarita, y muchos más.

También es cierto, que una jauría atacó a mi amor una noche y que no todos los animales son maravilloso, pero ¿acaso nosotros somos todos iguales? Prefiero seguir llena de amor animal en mi vida a pesar de los riesgos. Y por si fuera poco, ¡me casé con un veterinario! ¿A vos que te pasa con los animales? ¿compartís tu vida? ¿les temés? Claro que me interesa, por eso el diario, para compartir. Pensamientos, experiencias, momentos, poemas y también cuestionarnos. Hoy te invito a contar tus propias animaladas, yo ya te mostré algunas de las mías. Las otras me las guardo.

Diario de cuarentena: Frases hechas

La crisis es necesaria para que la humanidad avance. Solo en momentos de crisis surgen las grandes mentes. A. Einstein

Pero pensar que la crisis es una oportunidad es otra cosa. Tal vez para los chinos, pero para nosotros, occidentales sencillos, normalmente las crisis no nos traen oportunidades. Me resulta hasta gracioso la cantidad de personas que van de frase hecha en frase hecha por la vida. ¿Vos no tenés algún conocido que te dice por ejemplo: «y bueno, no hay mal que por bien no venga», o » la vida es una lucha»?, también están los más creativos que rehacen las frases y les cambian una o dos palabritas.

Si me remito a los hechos, y a mi vida, las crisis por lo general me dejaron más pobre en lo económico y en lo espiritual y realmente prefiero vivir en armonía. No en crisis. Lamento que la razón no me permita creer en estas cuestiones de las oportunidades. Tal vez porque vivimos inmersos en tantas declaraciones altisonantes de unidad, hermandad, bondad que son sólo publicitarias y no puedo por eso ver que realmente hay personas que mejoran con una crisis.

La palabra “crisis” viene del griego, donde encontramos exactamente el mismo término (“κρίσις”): con el significado de: separación, distinción, elección, discernimiento, disputa, decisión, juicio, resolución. sentencia. El verbo correspondiente a este sustantivo es “κρίνω” (“krino”), que significa separar,distinguir, esoger, preferir, decidir, juzgar, acusar, explicar, interpretar, resolver.
En principio, esta palabra no tiene un significado negativo. La crisis es el momento en que la rutina ha dejado de servirnos como guía y necesitamos optar por un camino y renunciar a otro.

Ahora, que camino elegimos puede transformar la crisis en algo transformador o en un desastre. Te dejo pensando en esto y me voy a cocinarle a la familia. Pobre familia con esta chef que la crisis les regaló. Y como me falta sapiencia, me voy rápido a la cocina porque «no hay que dormirse en los laureles».