Diario de Cuarentena: Ventanas y valores.

Estamos en la mitad de un año perdido. Un año sitiado por causas epidemiológicas pero también por malas decisiones políticas, de esas que nos dejan parados pensando si otra vez nuestro país vuelve al caos y al fracaso. ¿Qué nos pasa?, mientras la familia aún duerme, siento que la desolación me abruma y no encuentro un motivo para tanta deshonra. Anoche veía atónita los inescrupulosos manejos de nuestro ministro de Salud. Bodegas, universidades, empresas, contratos, enjuagues de dudosa moral para un hombre que está decidiendo nuestra vida. Por qué un ser humano que juró ante Hipócrates, tiene necesidad de tanto dinero mal habido. Hasta donde los argentinos vamos en contra de otros argentinos por dinero y poder…

Sigo pensando, tal vez no quiero resignarme a lo que mi racionalidad me pide a gritos. Por otra parte, un argentino arrepentido a medias, porque seguía lucrando y viviendo de dinero corrupto, es asesinado en los pagos de nuestra vice. Los que supuestamente lo matan se relacionan a ella. La fiscal es la sobrina, pero no podemos pensar mal. ¿Nadie se da cuenta, que esta gente que habla en nombre de los pobres, son todos multimillonarios a costa de ellos?¿tan ciegos estamos? Conozco a muchas personas valiosas que defienden lo indefendible. ¿Por qué la corrupción es aceptada tan livianamente en nuestro país? No tengo ganas de dejar pasar. Este es un momento histórico. Un momento donde cada uno de nosotros debe decidir si va a hacer patria o se queda del lado de los de siempre. Los que viven a costa de la buena fe de los pueblos.

Los hechos son hechos, no interpretaciones, Los corruptos son corruptos, no importa si están a la izquierda o a la derecha. Los totalitarios son dictadores. Los ladrones, ladrones. ¿Cómo podemos seguir permitiendo tanto atropello? ¿es que nos han paralizado la mente, al impedirnos circular? Leo comentarios terribles sobre la gente que se contagia, como si fueran asesinos por enfermarse y me doy cuenta, mate en mano, que es todo lo mismo. Nos faltan valores. Y los valores, son también el valor agregado de una sociedad. Nos cobran un dólar solidario, pero no tienen idea de lo que es la solidaridad. No es algo a lo que pueda obligarse. Es un valor. Valor humano, como la honradez, la empatía, la gratitud, la paciencia, el amor, el perdón, la bondad, la humildad, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia, la justicia, la equidad, la paz y la libertad.

Como sociedad, nos perdimos de vista. Y perdimos nuestros valores. La justicia debe ser rápida para ser justa, el congreso debe ser eco de la voz del pueblo que representa para ser responsable y el ejecutivo debe respetarnos y actuar con honestidad, equidad y empatía para asegurarnos la paz y la libertad. No nos conformemos con menos, pero comencemos por casa. Te propongo pensar juntos qué valores rigen nuestras vidas. Los políticos salen de nuestra sociedad, es responsabilidad de todos.

Marcelo se levanta y me dice si no me canso de escribir un día tras otro, de intentar cambiar el mundo. Y yo le digo que no, que no me canso. Escribo porque siento que esta es mi lucha, la que me toca, la que elijo. Voy a tomar una frase del gran escritor y político nicaragüense Sergio Ramírez, con quien tuve el gusto de compartir el Congreso Mundial de la Lengua en Córdoba, cuando recibió el premio Cervantes 2017 dijo:»Escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas, porque como novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo.»

Diario de Cuarentena: Solo otro ladrillo en la pared.

Un día como hoy, en otra época, donde los jóvenes podían juntarse a crear, se gestó y se lanzó una de las bandas que marcan la adolescencia, es atemporal, única, y sumamente artística: Pink Floyd. Uno de sus temas emblemas dice «No necesitamos que controlen nuestros pensamientos» . ¿Para vos también es sinónimo de libertad?

Tienen razón cuando dicen que como sociedad sólo somos un conjunto, y cada uno de nosotros solo somos otro ladrillo en el muro. Uno de muchos. Solos no llegamos a ser pared. Pero unidos podemos ser muralla. Por eso quiero recordar a Pink Floyd. Además de hacer la mejor música, había rebelión y contenido en sus letras, y tal vez sea bueno que por un rato nos sintamos adolescentes, nos animemos a construir ese muro, ladrillo por ladrillo, que necesita la sociedad argentina hoy. Un muro donde la libertad agite, tenga alas, sea real y contundente. Donde cada vida valga, cada decisión que afecta al otro se piense y donde la magia creativa nos obligue a crear para crecer. Hoy te invito a escuchar estos temas, a bailarlos, y ver si podemos parar a ese maestro interno que no nos deja en paz.

Mi tema preferido es Time y aquí va (no lo traduzco porque no sé si sería respetuoso para sus creadores, pero vos podés hacerlo). Gracias Pink Floyd

Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an offhand way.
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way.

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain.
You are young and life is long and there is time to kill today.
And then one day you find ten years have got behind you.
No one told you when to run, you missed the starting gun.

Diario de Cuarentena: Lo Profundo

«El único medio de conservar el hombre su libertad es estar siempre dispuesto a morir por ella» Edgar Allan Poe

Sábado por la mañana, día 107 de cuarentena obligatoria. Una que nos convoca a lo profundo, que pone a prueba convicciones, estamentos, ideales y diría que sacude el entramado social a tal punto que nadie sabe si hay lados y si los hay, de que lado ponerse. No es mi caso. Siempre estaré del lado de la libertad, de la república, del estado de derecho.

Más de tres meses y medio han alcanzado para avasallar poderes, vidas, empresas, comercios, costumbres, ahorros y hasta nos han dejado sin la capacidad de proyectar. Pero hay que volver otra vez a lo profundo para comprender quiénes somos y quiénes queremos ser. Allí veremos como personas, y como colectivo social de qué estamos hechos. ¿Somos un grupo alocado de mutantes que se mueve tras un líder poco carismático y apático que pone la cara para sostener el poder de otros? ¿O somos el pueblo lleno de raigambre gaucha, hibridado, construido por identidades migradas que nos fueron enfocando a una estructura llena de amalgamas pero firme que creía en la pluralidad de razas y en un futuro productivo en pos del bien común?

Mientras pienso que dormí horrible y que cada vez lo hago peor; aunque me ejercito, camino lo que puedo, trato de comer sano y veo poca tv., la vida de hoy me angustia. Mis hermanos argentinos fundidos me aturden. Los pobres sometidos a dádivas me escara y la suerte echada de un país que es rico en naturaleza y pobre en patriotas, hace que se me cierre la tráquea a la hora de respirar. Porque nos falta aire. Aire de todos.

Te propongo meternos bien hondo, en lo profundo, tocar fondo, y de una vez por todas, emerger.

Diario de Cuarentena: Libertad de expresión.

En un Estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres.

Suetonio

La libertad de expresión está contemplada en el artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos aprobada por la ONU en 1948, así como en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que entró en vigor en 1975. Según estas herramientas, son dos los niveles en los que debe aplicarse la libertad de expresión: el individual , es decir la libertad para que cada persona exprese libremente sus ideas y pensamientos, y el colectivo, que señala el intercambio de información para la participación de quienes integran la sociedad. Si te preguntás cuáles son las características de la libertad de expresión, podríamos destacar las siguientes: Es un derecho de toda la ciudadanía, no se refiere solamente a periodistas o profesionales de la comunicación. Es un derecho y a la vez un deber, puesto que los estados tienen la obligación de garantizarla. No solo se refiere al periodismo sino que alcanza a otras artes, como la música, la escultura, la pintura o la literatura. La libertad de expresión apuesta por la transparencia de la información, lo que genera confianza.

Hoy quiero dejar reflejeda mi posición frente a esto en Diario de Cuarentena, y es que sin libertad de expresión no hay democracia ni república posible. Es increíble algo que viene sistemáticamente ocurriendo y que lo hacen nuestro presidente y vicepresidenta. Acusar a los medios, al periodismo, la vice desde videos que sube a sus redes, como si fuera una ciudadana común. Señora, usted detenta poder, si usted cuestiona en redes o habla mal de alguien que no opina como usted, abusa. Y ese poder no se lo dimos para que nos censure, sino para que garantice nuestra libertad de expresión. Pero como yo no esperaba menos de quien ya lo ha hecho, no es eso lo que me asombra.

Me impresiona la cantidad de gente valiosa e intelectual que toma conductas que atentan contra la libertad de expresión como algo normal, y hasta avalan con razonamientos propios de épocas persecutorias las acciones de líderes que no merecen serlo. La palabra confianza es la clave. Los argentinos no tenemos confianza en nuestros propios criterios, entonces seguimos a otros que no siempre nos reflejan, pero que se acerca a lo que suponemos un ideal.

La confianza se logra con el equilibrio. Equilibrio de poder, equilibrio mental de los que detentan el poder, equilibrio de los ciudadanos, equilibrio en la economía, en la salud, en la vida social. Y estamos en un momento de desequilibrio total. En el que los que nos gobiernan generan confusión y abuso de poder. Cercenan libertades individuales y parecen querer ir por la libertad de expresión. No lo permitamos. No callemos. No miremos mansos el atropello de lo que tanto costó conseguir.

En lo personal, la palabra es mi medio de lucha, y no cejaré en el intento de hacerla respetar. Toda palabra vale. No solo la que responde al gobierno de turno.

Nadie como ella para cerrar este Diario: Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia. Simone de Beauvoir


Diario de Cuarentena: Sensatez y Sentimientos

Si la sensatez es el buen juicio, prudencia y madurez en actos y decisiones, estamos al horno. Mientras Mila ladra desde el patio, Nico duerme y Marcelo fue a buscar el pedido online al súper; intento reflexionar con equilibrio toda la ilógica situación que vivimos y que leemos en los diarios, o que oímos en la radio, ni hablar de las barbaridades que vemos. Pero creo que todo se reduce a la portada del libro de Jane Austen. A los argentinos nos faltan las dos cosas. Sensatez y sentimientos. Estamos en una lucha de veredas, al estilo de otro siglo. Enmarañados en discursos falsos que aturden el juicio crítico y con una inequidad creciente que no depende de los poderes de turno sino de la cultura reinante, donde y cito a Austen»La gente siempre vive eternamente cuando hay una pensión de por medio» y agrego, que vota eternamente al que le da prebendas, o pensiones, o subsidios, o como quieras llamarlo; con un presidente que habla con voz más agradable que su vice, pero volviendo a Jane, «Lo agradable de una ocupación no es siempre prueba de su corrección» y con ciudadanos que se callan y se tragan por miedo no se sabe a que, la posibilidad de cambiar un orden público que no solo no salva a nadie, sino que devasta la república y con ella a todos nosotros.

Cambio la yerba del mate mientras pienso que también tenemos el problema de los grandes pensadores nacionales y populares, que viven en una nube nada nacional ni popular, y busco en el libro desesperada una frase que leí hasta que la encuentro para copiarla textualmente: «Un hombre que no sabe qué hacer con el tiempo ignora lo que es meterse con el de los demás». Y acto seguido me vienen a la cabeza los muchos más de 60 atentados a silo bolsas de campesinos que laburan de sol a sol para obtenerlos y que tienen el derecho adquirido de venderlos cuando les convenga, más aún con los atropellos y confiscatorios impuestos y retenciones que padecen; pero que los nacionales y populares se han encargado de demonizar a tal punto que haya vándalos que creen que destruyendo el trabajo ajeno van a obtener riqueza. Sin producción, sin empresas, sin trabajo genuino, ¿de qué creen que vivirá el estado? Lamento tanto que haya generaciones que no tengan idea del sentido que el trabajo otorga, de la consecuencia directa en la sensatez que tiene ganarse el pan, y de los sentimientos magnánimos que trae consigo una buena jornada laboral, ese cansancio productivo, consecuente.

Me cebo otro mate para mitigar la angustia que provoca pensar en todo lo que vivimos, sumada a 105 días de cuarentena-el término quedó muy corto- obligatoria y punitiva, tomo nota de cuántos sufren y cómo sufro por ellos, por eso cierro con el sentimiento a flor de piel y las palabras de Jane Austen «Los que poco sufren pueden ser tan orgullosos e independientes como quieran; pueden resistir los insultos o humillar a su vez…yo no puedo»

Diario de Cuarentena: nos ata el pasado.

Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad. Así comienza nuestro himno, pero lamentablemente no hemos roto todas nuestras cadenas. Seguimos atados a un pasado reciente que esta lleno de intertextualidades y metarrelatos, que son absorbidos por generaciones enteras que perdieron la conciencia del trabajo y del esfuerzo, que sumidas en la ignorancia de una educación pública ineficiente, o sin educación, creen que la prebenda es la salida. No comprenden que se encadenan a un sistema que los pisa y que los humilla sin retornos posibles. Las ataduras culturales que los últimos treinta años crearon en nuestra sociedad no podrán ser desatadas por décadas.

Oíd mortales el grito sagrado: Libertad Libertad Libertad. Sartre decía que el hombre estaba condenado a ser libre. Lo traería a la Argentina, para que me explique cómo. En un país donde crecer está mal visto, en cualquiera de los sentidos. Si crecés económicamente, con trabajo y decencia, el estado te castiga y la sociedad ve bien que te confisquen o retengan. Si avanzás intelectualmente y te animás a cuestionar, te callan o te denigran porque no asentís como bobo los arrebatos totalitarios del poder de turno. Si querés cambiar de condición o de estilo de vida, querés cagar más alto que el culo. Nada nos viene bien si es otro el que avanza, pero no avanzamos.

Tenemos problemas con un discurso donde ser sucio, barato, violento, delincuente, ignorante, asistido por el estado es lo que está bien; y ser educado, esforzarte, cambiar, trabajar, querer crecer está mal. En un mundo del revés que sostiene una política populista y agobiante que castiga la riqueza y la grandeza per se, es muy difícil hablar de libertad. No nos encadena el COVID, nos encadena el pasado, que nos quieren hacer vivir como presente una y otra vez.

En esa cuestión me siento ajena, porque creo en el futuro, pero debemos exorcizar el pasado, como si hubiera que quemar todo en un intento salvador, para purificarnos. Porque la grandeza, el esfuerzo, el trabajo, el crecimiento parecen ser ácido en la sociedad actual. Tal vez tenga razón Sartre, enfrentándolo a sí mismo, cuando dice: «No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros».

Diario de Cuarentena: Seamos Borges

Un día como hoy Einstein publicaba su teoría y comenzaba a dimensionarse la relatividad inherente al espacio-tiempo, entre otras cuestiones gravitatorias, En este momento histórico el tiempo y el espacio están cobrando un significado diferente para cada uno de nosotros. Lo mismo sucede con el espacio. Nuestro espacio temporalidad tiene reducidas sus proporciones. Tenemos menos espacio, menos territorio de acción en un tiempo que parece infinito.

Y así vamos transitando el día 103 de cuarentena obligatoria. Esta característica no es menor, lo obligatorio, aquello que se vuelve punitivo en democracia, debe justificarse. Llevamos más de tres meses encerrados, aterrados, desconsolados, sosteniendo una política pública que dado los hechos no pudo cumplir su parte. Nuestro tiempo y nuestros espacio, por separado o en el juego relativo que los enlaza están en una línea continua de no acción que somete voluntades y construye imaginarios. Porque el miedo siempre paraliza.

Como sociedad, debemos ser críticos, pero con la administración pública, no con nuestros vecinos, sumidos en el mismo fango que nosotros. Nos señalamos con el dedo de la justicia, y caemos en el error de hacer justicia por mano propia, juzgando, creando historias. Mientras, en este espacio impuesto por un gobierno, la verdadera justicia deja que flagelen instituciones, o suelta delincuentes. El congreso, se transforma en una pantomima deleznable. No nos representan. Los intendentes deben honrar sus mandatos y no estar supeditados a la chequera provincial, pero por sobretodo, los ciudadanos debemos estar a la altura, si aquellos a los que empleamos para representarnos no pueden. Nosotros somos el río, no ellos, nosotros somos el tiempo, seamos Borges:

«Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.»

Diario de cuarentena: amor.

“El amor es parecido a cuando ves una niebla en la mañana cuando despiertas antes de que salga el Sol. Es sólo un pequeño momento, y luego desaparece… El amor es una niebla que se incendia con la primera luz del día de la realidad”, decía el gran Charles Bukowski , Y hoy me pregunto adónde ha quedado reducido ese destello, ese incendio necesario del amor, con tanta realidad brutal que nos invade.

El amor es factible porque existe la posibilidad utópica de ser feliz, de buscar esa piel que te eriza, el sentir de un otro en tus brazos, la fuerza de extrañarlo, la vuelta a esa esquina gloriosa del primer beso. Pero ¿qué pasa cuando el amor está vedado, qué siniestros designios lo mutam? Los que ya somos grandes tuvimos alguna experiencia amorosa, buena u olvidable. Pero aquellos que están floreciendo, y a los que este mundo confinado de nuestra sociedad, que no es lo mismo que un mundo pandémico, les dice que tocar a un otro, rozar a un otro, besar a otro es matarlo o morir, ¿qué lugar deja al amor?

En una tarde cualquiera llega alguien a la vida de alguien que le mueve la estantería, lo refleja o lo atrae o lo tensa. Quieren probarse, pero solo atinan a mirarse, se colocan los barbijos y rozan unos con otros. enseguida se separan y se rocían con alcohol. ¿Serán así las escenas de las nuevas películas de amor?

Me da mucha gracia cuando la gente habla de otra normalidad, la humanidad ha pasado tantas pestes, tantos virus, tantas tragedias. Esto no es una guerra. Esto es una conspiración, y por supuesto, para que la gente tema, lo primero que hay que quitarle, es la posibilidad de amar. Yo invito a celebrar el amor. Amor de pareja, de padres, de hijos, de hermanos, de amigos, amor a DIos, cualquiera sea. Este momento sanitario es un momento. Es banal. Parafraseando a Manuel Puig no dejemos que una banalidad pase a definir lo esencial

Diario de cuarentena: Eterno

«Una obra de arte es un gozo eterno». *John Keats.

El concepto de eternidad, relacionado con el de inmortalidad, se refiere, popularmente, unas veces a una duración infinita y sin límites, y otras designan una existencia sin tiempo o fuera del tiempo. Como sociedad estamos en un oxímoron porque la eternidad en este caso se juega con el concepto de finitud. Nos encierran no sabemos hasta cuando, una eternidad, porque somos mortales.

Mientras pienso esto en el día 101 de cuarentena, temo, otro temor más, que mi diario se vuelva eterno y deje de tener sentido. Porque lo eterno aburre. La vida es interesante y es un reto deseable porque tiene un fin. La conciencia de venir con una muerte al hombro es lo que hace tan gozable la vida. Pero si a diario, nos contamos como sociedad las muertes, nos mostramos las muertes, hablamos solo de muerte, ya estamos muriendo, porque matamos el deseo. Y si le agregamos el encierro, las prohibiciones, el autoritarismo, las selecciones arbitrarias sobre lo que es esencial, sobre quien puede o no ser libre de circular, trabajar, vivir; eso abruma de una forma inexplicable, nos aísla, nos encierra aún más. Estamos sometidos a un experimento pavloviano, de condicionamiento clásico, con la típica propaganda necesaria para tal fin. Salgamos de la cama que nos tiende el poder.

Por eso sigo escribiendo, a pesar del sinsentido de la repetición constante, para no quedarme en la inacción, en la búsqueda de un aroma a libertad que se pierde, que se va alejando, mientras la clase política cuida su miserable espacio de poder, a costa de la vida. De nuestra vida. Que no es eterna.

Diario de Cuarentena: Cien días de soledad

Buendía, Aureliano, era un liberal que intentaba cambiar el mundo. Creo que nos hallamos viviendo en un Macondo en el que nos pretenden estatizar. Porque tomando las palabras del gran Alejo Carpentier estamos en un proceso donde lo real imaginario se parece: «(…) al estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano.»

Como si debiéramos dejar de lado nuestra etapa de Macondo bananero en el que mágicamente se nos permitió desear el progreso y eso fuera un pecado que no somos capaces de sostener. Porque el deseo de crecer es mal visto, la generación de riqueza nos exacerba y en un proyecto sin sentido al que llaman unidad nacional dejan afuera a todos los que pueden engrandecer, producir, creer en la movilidad de clases, como si fuera una quimera maniática.

Jugando con la historia del García Márquez podemos decir que la ilusión de prosperidad del pueblo existe, pero una huelga de trabajadores hará que todo esto acabe en una auténtica masacre. Los inversionistas, se retiran con su dinero y Macondo vuelve a la pobreza.Pasan los años y poco a poco el pueblo se va vaciando. Otro Aureliano, que se caracterizaba por ser sabio, pasa la vida descifrando los pergaminos que había escrito Melquíades-nuestra historia es un continuo descifrar-, nos haría falta un sabio para contrarrestar tanta ignorancia.

Pero, como estoy en una etapa donde elijo el positivismo, aunque cien días después suene quimérico, creo que podemos evitar que nazca un niño con cola de cerdo, un niño en un chiquero que no pudimos limpiar por no desterrar a una estirpe fracasada de políticos sin visión de estado-con su permiso, don Gabo- «porque las estirpes condenadas a cien días de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra».