Diario de Cuarentena: el Ogro filantrópico

Hoy para escribir mi diario, me basé en uno de los autores mexicanos que me ayudan a pensar y al que releo en cuarentena,Octavio Paz, que obtuvo el premio Nobel en 1990, fue también un premio al ensayo hispanoamericano. Si bien compuso poemas de gran factura, como ‘Piedra de sol’, su fama radica particularmente en el ensayo ‘El laberinto de la soledad’. Publicado en 1950, un ensayo pionero e inquisidor. Lo traigo a colación porque el autor, explorando la identidad de sus colegas, desmitifica el nacionalismo de los países hispanoamericanos, demostrando cómo lo que países que hoy nombramos México o Colombia fueron construcciones políticas y militares de oligarquías locales del siglo XIX.

Dos siglos después, nos dice Paz, “nadie puede explicar satisfactoriamente en qué consisten las diferencias nacionales entre argentinos y uruguayos, peruanos y ecuatorianos, guatemaltecos y mexicanos”. Y luego subraya: “la mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño moral ha sido incalculable y alcanza zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con regularidad”. Si Octavio conociera nuestra Argentina de hoy comprendería la premonición de sus palabras.Trataba de interpretar el paisaje mexicano entendido como construcción social,y hablaba de la centralidad de su patria: “(…) Se levanta entre dos mares como una enorme pirámide trunca: sus cuatro costados son los cuatro puntos cardinales, sus escaleras son los climas de todas las zonas, su alta meseta la casa del Sol y de las constelaciones”.

‘El ogro filantrópico’ publicado en 1978 es el más brillante de sus ensayos políticos. Denunció que el Estado mexicano –y lo extiende al de los países hispanoamericanos– ha sido tan contradictorio y tan ambiguo que, parece precipitarse en el totalitarismo, bajo la imagen de un monstruo con varias caras, a veces generoso otras despótico, siempre paternalista . El autor pedía en ese ensayo dejar de imitar modelos ajenos de otras realidades y sociedades, para construir nuestra propia modernidad. Recomendaba despojarnos del complejo de inferioridad de ser latinos dado que solo en la observación de las formas de vivir, trabajar, gastar y gozar de nuestros pueblos está el secreto del Estado adecuado. Por eso insistía en la observación de la realidad. La crítica y la imaginación, si nacen de una mirada límpida de la realidad, nos desintoxican de las ideologías y los fanatismos de nuestros tiempos. Sus palabras reflejan aún hoy, más de cuarenta años después la realidad de la mayoría de los países de centro y sudamérica y pone a prueba la función de estado paternalista que nos quieren imponer.

Octavio Paz en el Ogro filantrópico afirma que los liberales creían que gracias al desarrollo de la libre empresa, florecería la sociedad civil y simultáneamente, la función del Estado se reduciría a la de simple supervisor de la evolución espontánea de la humanidad. Los marxistas, con mayor optimismo, pensaban que el siglo de la aparición del socialismo sería también el de la desaparición del Estado. Esperanzas y profecías evaporadas: el Estado del siglo pasado se mostró como una fuerza superior, y se transformó en el nuevo siglo al que no visualizó en su obra, en un amo sin rostro,que obra, esto sí lo supuso. que actúa como máquina .

Este Estado del siglo XX que nos mostró Paz no es exclusivo de ciertos Estados totalitarios; se refiere, también, a lo que en las democracias occidentales se ha llamado Estado de Bienestar. Por Estado de Bienestar se entiende a un Estado que redistribuye la producción otorgando subsidios principalmente para ciertos servicios de educación y de salud. De aquí que sea filantrópico. Pero es ogro porque muchas veces la distribución la hace independientemente de las necesidades, deseos y preferencias de los ciudadanos. SI el gran autor mexicano pudiera ver el Estado argentino de hoy, que lejos de la filantropía en educación y salud, avanza gigantesco subsidiando todo aquello que le asegure un voto clientelista, sin visión más que la idea perpetuarse en un continuo desarrollo de la burocracia populista. Cada vez que pienso en el papel de Estado de Bienestar me pregunto qué tipo de intervenciones estamos dispuestos a justificar. ¿No te parece que hoy, con este Estado que pretende ser nuestro padre, decidir por nosotros, abolir nuestros representantes, simular protegernos; se nos está eliminando de la acción democrática? Yo no quiero un estado padre. El problema político y filosófico del paternalismo en el siglo XXI que Paz no llegó a cuestionar, aparece para destruir democracias en Latinoamérica.No se cumplieron los sueños de los marxistas ni de los liberales, que intuitivamente buscaban dar solución a ciertas contradicciones que se presentan en la relación gobernantes-gobernados.

Es necesario establecer ajustes a un sistema que en Argentina al menos, donde tendemos a el Pater Estado por derecha o por izquierda, tenemos que conquistar una nueva visión política y social. Una que nos de más poder a los ciudadanos, para enfrentar los arrebatos locos del poder de turno. No necesita la ciudadanía un Estado Ogro filantrópico, sino ideales de justicia e igualdad de oportunidades. Los logros después dependerá del trabajo y del esfuerzo individual. Con brindar condiciones igualitarias es suficiente para el ciudadano. Claro que esto implica un cambio cultural que necesitamos debatir. Nos debemos una discusión social que proyecte un consenso a cincuenta años, para no seguir viviendo de emergencia en emergencia.

Escribo y leo y estudio para pensar, para pensarnos. Para crear en mi diario una búsqueda, con preguntas que no pretenden ser definiciones pero si reflejo de lo que acontece, en esta cuarentena que nos agota y nos deja parados mirando un solo aspecto de la realidad. Insisto. Es momento de estar atentos.

Diario de Cuarentena: El amor en los tiempos del cólera

Cada domingo, una recomendación literaria, este domingo previo al día del lector, un clásico. Una de las novelas más logradas de García Márquez es “El amor en los tiempos del cólera”, escrita al tiempo de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, con fama alcanzada gracias a “Cien años de soledad”. Todo un reto literario que esta obra, sobrelleva con altura. Establece una punzante crítica a una sociedad -que parece sostenida en el tiempo- con inequidades sociales, urgencias específicas y bordes que permiten paralelismos con la realidad actual.

   El argumento es simple: una historia de amor no consumado entre Florentino Ariza, hombre sencillo y sin fortuna, y Fermina Daza, una joven de buena y adinerada familia. Lo interesante de la novela es el tiempo, que transcurre mostrando contextos y parámetros culturales, mientras Fermina sueña con Florentino, lo idealiza y cuando logra regresar a su pueblo, magistralmente llamado “moridero de pobres”, donde el cólera ha provocado la muerte de incontables seres y padece una epidemia incontrolable, intenta reunirse con él ese hombre al que ama, pero conocerá a un Florentino sombrío, encorvado y envuelto en una extrañeza que la aleja. Mientras tanto, y debido al cólera, vuelve al pueblo natal el notable doctor Juvenal Urbina, hombre educado, de alcurnia y un preciado soltero. Fermina inicia una relación que desencadena en matrimonio y un viaje de bodas de dos años por Europa. Otra vez el tiempo. Florentino se cree burlado y aunque lo que desea es dar a ella su amor virgen, termina refugiado en las prostitutas, pero determinado a conquistar a Fermina en un futuro incierto. 

   La fuerza, la tensión verdadera de “El amor en los tiempos del cólera” radica en el contexto social y político en que la historia se desarrolla. El cólera es consecuencia de la miseria de la clase trabajadora, que en esta obra paradójica, es metáfora de la pobreza. Cuando Gabo nos relata las circunstancias en que los personajes se conocen, nos muestra una epidemia de grandes dimensiones que ha dejado miles de muertos en el pueblo; los cuerpos apilados o flotando en los ríos. Cadáveres que hace notar que pertenecen a la masa trabajadora, a la que no pudo medicarse o enterrarse. El amor entre dos personas de distinta clase social en una sociedad conservadora es, improbable. Y ahí está la fuerza del amor de Florentino Ariza que esperará 53 años, siete meses y 11 días con sus noches para que Fermina Daza corresponda a su amor. La epidemia sigue su curso y continúa visitando al pueblo y provocando la muerte de incontables seres ante la indiferencia gubernamental, temporada tras temporada. Nos muestra que ese amor es probable que tenga condena, ante las divisiones de clases de la sociedad.

   Pero Gabriel García Márquez nos deja conclusiones: el amor no es más fuerte que los intereses económicos de la clase en el poder. A pesar de todo lo que sentía por Florentino, Fermina Daza acepta casarse con el doctor Juvenal Urbino, junto a quien permanece más de medio siglo. Por otro lado, la clase que ha ascendido al poder a través de corruptos manejos está representada por Florentino Ariza quien, en pos de su amor por Fermina,hace de todo hasta ser dueño de la compañía pesquera. Es decir esta clase humilde en definitiva sueña ser la clase que detesta, adquirir dinero y poder, que para Florentino y para Gabo lo representa Fermina.

   La maestría del autor en el final deja clara su calidad literaria: Cuando muere el doctor, Fermina recibe otra vez las cartas de Florentino Ariza y,las palabras escritas la vuelven a enamorar primero, e interminables horas de conversación, después. Se embarcan en un viaje a bordo de uno de los barcos de la compañía de Florentino para materializar su amor; lejos sin miradas sociales y lo prolongan indefinidamente. Saben que no podrán realizar su amor en tierra, se suben al bote sin regreso, en el que cuelgan una bandera amarilla (avisando que a bordo viajan enfermos de cólera) para disfrutar para siempre ese amor tardío.

Todo transcurre en Cartagena de Indias, Colombia, una ciudad que “seguía siendo igual al margen del tiempo: la misma ciudad ardiente y árida de sus terrores nocturnos y los placeres solitarios de la pubertad, donde se oxidaban las flores y se corrompía la sal, y a la cual no le había ocurrido nada en cuatro siglos, salvo el envejecer despacio entre laureles marchitos y ciénagas podridas”.

  García Márquez, nos hace vivir una historia de amor que se realiza en el fracaso, porque no pudo sobreponerse a lo social. Un amor que se vale de una epidemia para consumar deseos postergados en el tiempo. Valiosa, interesante e histórica novela, que propone un transcurrir que parece de otra época pero que puede establecer paralelas situaciones con lo que acontece en este nuevo siglo.

Diario de Cuarentena: Sentido Común

Anoche me dormí angustiada por Solange, por la falta de lógica de esa muerte en soledad. Ver a una joven cadavérica, rogar por un padre a quien una norma dictada por decreto, le impidió abrazar antes de su partida. Por la madre de Facundo, que descubre esqueletos tratando de encontrar en huesos algo de su hijo perfecto de veintidós años, que un control policial de cuarentena detuvo y nunca más apareció. Por las víctimas de género, que superan las 100 pero no las nombran más, por los niños del hambre que no pueden achacar a la pandemia, porque crecen y crecen y se ven condenados a ollas populares sin control alguno. Y por cada argentino padeciente, que no puede realizar su vida cotidiana, mientras sus derechos son asaltados por quienes deben garantizarlos.

Me doy cuenta que hay intencionalidad en mucho de lo que vivimos y también que hemos perdido el sentido común de la vida en sociedad. Ese sentido común que es la capacidad para juzgar razonablemente las situaciones de la vida y decidir con acierto. Nada ha sido acertado durante la pandemia. Vivimos entre permisos burocráticos y abusos de poder. No podemos practicar deportes pero podemos hacer colas por horas para pagar impuestos. No vemos a nuestros familiares pero conversamos con los delivery. No hay justicia civil que resuelva visitas de padres e hijos o divorcios pero sí la hay para soltar presos o corruptos. No hay posibilidad de abrir algunos negocios pero las grandes cadenas nunca cerraron. Todo ridículo y de los pelos, todo embarazoso y complicado. Turbio, sería la palabra.

Sin sentido común, estamos viviendo la tragedia de los comunes. La tragedia de los comunes describe una situación en la que los individuos, motivados solo por su interés personal, acaban sobreexplotando un recurso limitado que comparten con otros individuos. La tragedia de los comunes refleja un conflicto social sobre el uso de los recursos comunes, en donde los intereses personales entran en conflicto con el interés común. La sobreexplotación de un recurso común por un individuo en muchas ocasiones acaba reduciendo el bienestar social e incluso perjudicando al propio individuo que está provocando esa sobreexplotación. Hoy estamos padeciendo una tragedia de los derechos comunes, como el de recibir justicia que solo está disponible para una persona, el derecho al trabajo, a la libre circulación y miles de derechos avasallados. También hay recursos que pretenden transformarse en tragedia. Las tierras están siendo tomadas. El biólogo Garrett Hardin aplicó la idea al análisis de temas como la carrera de armamento, la contaminación y la sobrepoblación. Y podemos aplicar hoy a la energía, la producción y la justicia. La tragedia de los comunes nos aqueja.

Y es entonces que se afectan los sentidos, entre ellos, este sentido tan preciado que es el común. Cualquier persona que lo tenga comprende la descabellada defensa de los ciegos a un gobiernos que los destruye a ellos también. Que nos obliga a vivir y morir en soledad. ¿Con qué derecho?. no hay certezas sobre el virus que nos aqueja, ni siquiera son ciertos los análisis para detectarlo. La ciencia no ha acordado todavía, sus trascendencias. Los países con sentido común, volvieron con cuidado a la vida diaria, con respeto y protección de los derechos individuales. Nosotros nos estamos hundiendo en una ciénaga mentirosa y tan feroz que ni alguno de los aliados del gobierno quieren entran en ella.

Esta mañana me desperté con la certeza de que nos quieren envenenar la vida, que pretenden desarmar la trama social para que mientras nosotros, los comunes, discutimos, los corruptos se aseguran la impunidad. La vida se nos pasa, la muerte nos arrebata personas queridas que no podemos despedir, y el miedo nos paraliza, debemos apelar a nuestro sentido común para cortar con tanta locura.

Les dejo un párrafo de la canción de Molotov

Perros callejeros,
Topes y baches,
Tops permanente y migrañas constantes,
Tenis colgados del poste de luz,
Como yo del cable como el metro bus,
Te retordillan con los aerosoles,
Un cuadro en blanco una cuadra de colores,
Licorerías en cada esquina,
Limosneros piden limosna al de la limosina,
Los diputados ellos viven muy bien,
Y desde sus mansiones eso es lo que no ven,
Que somos muchos muchos más de cien,
Que creen que el cambio esta adentro de cada quien,

El sentido común, no ha sido tan común
No ha sido tan común, el sentido común
El sentido común, no ha sido tan común
Últimamente

Diario de Cuarentena: Rango

Creo que es el día 154 de la cuarentena que dicen que no existe pero que sí existe porque tenemos muchas libertades prohibidas, incluso podemos ir preso por lo normal, o matan gente por un control de cuarentena, podría seguir con demostraciones a lo largo y ancho del país pero prefiero hablar de algo que me viene molestando. Una cuestión de Rango, entre ministerio y secretaría parece que para el populismo gobernante significa calidad. Vamos a ahondar en el tema. La RAE permite las siguientes acepciones de rango:

  1. m. Categoría de una persona con respecto a su situación profesional o social.
  2. m. Nivel o categoría. Una ley de rango constitucional.
  3. m. Situación social elevada.
  4. m. Garbo, desinterés, desprendimiento.
  5. m. Estad. Amplitud de la variación de un fenómeno entre un límite menor y uno mayor claramente especificados.
  6. m. Ec. Fila de escolares colocados en línea.

Ante las chicanas constantes de que Salud, Cultura y otros Ministerios volvieron a ese rango, como si el hecho de tenerlo garantizara más de idoneidad, algo que claramente no ocurre, voy a analizar cada acepción de la RAE.

Categoría de una persona con respecto a su situación profesional o social: Bueno, primer conflicto de intereses, en un gobierno nac and pop que pretende que seamos todos iguales, esto de categorizar suena a discriminación. Como mínimo.

Nivel o categoría. Una ley de rango constitucional: acá entraría esto de que un ministerio es más que una secretaría porque el ministro no debe pedir a nadie autorización y el secretario sí. En un gobierno en el que estamos pidiendo permiso hasta para respirar, resulta cuanto menos, una ironía.

Situación social elevada: aclarar esto parece ridículo, pero no lo es, el populismo vive hablando de pobreza, pero es para otros, ni los gobernantes, ni los ministros ni los secretarios son ajenos a una necesidad de sentirse, como mínimo, elevados en lo económico respecto a nosotros. Por las buenas, que serían abultados sueldos y de lo contrario apelan a la corrupción.

Garbo, desinterés, desprendimiento: en el caso de nuestra actualidad, es una acepción que desconocen ampliamente.

Estad. Amplitud de la variación de un fenómeno entre un límite menor y uno mayor claramente especificados: Bueno, si de algo saben, es de límites. Lástima que no se los auto apliquen. El avance sobre la justicia federal es el mejor ejemplo.

Fila de escolares colocados en línea: esta varian de rango la aplican con nosotros, en las filas de jubilados, de acceso a los supermercados, de farmacias y de todo tipo de cuestiones de la vida cotidiana.

Parece una broma, pero es muy serio. La situación de nuestra salud, educación y cultura demuestra que denominar Ministerio no implica otra cosa más que más gasto público discrecional, dado que estamos sin salud, sin educación y sin cultura. De hecho como actor cultural que soy, no tengo trabajo, ni posibilidad de generarlo, mucho menos de obtener los mínimos recursos que el estado otorga con los impuestos de los ciudadanos. Sin embargo los nuevos Ministros de esas áreas, gozan de altísimos sueldos y gastos reservados, asesores, choferes y demases por no hacer nada.

La hipocresía en su máxima expresión, encima el presidente amenaza a los que alzamos la voz. Si esto no es totalitarismo, que es, y en alto rango. Voy a citar a una frase que se le atribuye a Karl Popper: «Aquellos que nos prometieron el paraíso no trajeron otra cosa que el infierno»

Diario de Cuarentena: Gente que no

Resulta complicado mantener este diario después de más de ciento cincuenta días largos. Más aún si a diario estamos contando la gente que se enferma y la gente que muere. Estos hechos ocurren desde el inicio de la humanidad, pero no nos pasamos la vida contabilizando sus datos. Lo cierto es que hay gente que enferma y gente que no. Gente que muere y gente que no. Y como ocurre desde que el mundo es mundo, nos puede tocar a todos, en especial durante una pandemia, que no es la primera, y no va a ser la última mientras exista la humanidad. Vivir aterrado no es vivir. Estamos en una estación del año, donde todos tosemos, o nos resfriamos, pero en 2020 eso parece sinónimo de asesinato, y así anda la humanidad desconociendo rostros porque no nos vemos detrás de los barbijos. Desconociendo sueños y alegrías. Si quisiéramos terminar con esto, bastaba con políticas de test masivos que por supuesto no fue realizada. ¿Ahora bien, como vamos a salvarnos como sociedad si no somos libres? No podemos transitar, no podemos viajar, no , no, no. Somos gente que no.

Es muy difícil no ser autoreferencial en un diario personal, pero lo voy a intentar. Como liberal, he soportado desde mis 17 años muchos agravios. En un país en el que el populismo nacional es vedette, soy considerada hereje. El liberalismo arrastra el sambenito de que su afirmación de la libertad y la responsabilidad individual, como pilares fundamentales de la sociedad, y de la primacía de mercado sobre el estado, en la asignación de los recursos y la distribución de los bienes y servicios, supone desentenderse de la suerte de los pobres y los menos afortunados.Pero nada más contrario a la verdad. En el corazón del pensamiento liberal está, como lo señala Bertrand de Jouvenel, “la idea de que los que sufren necesidades apremiantes deben ser atendidos es inherente al concepto mismo de sociedad”. No debe haber ninguna duda al respecto. La discusión tiene que ver con sobre la forma en atender esas necesidades: por la familia, la acción solidaria de la comunidad o la coacción del estado. Esa atención solidaria de los necesitados, que hoy en día son millones, gracias a planes que dicen defenderlos, no puede confundirse con el ideal, rechazado ese sí por cualquier liberal, de igualación de rentas y patrimonios por la acción del estado, por obra del asistencialismo ilimitado del estatismo parasitario que aqueja a la argentina y gran parte de américa latina.

Nada puede ir contra el valor más relevante de una sociedad liberal: la responsabilidad de cada uno de su propio destino.

En nuestro país hace décadas que vamos por la gente que no. La que vive de ayudas o empleos poco demandantes del gobierno que sin dudas socava la dignidad personal y el sentido de libertad, y predispone a la aceptación de la sumisión y la servidumbre. Los ideólogos totalitarios son los ideólogos del asistencialismo, que busca hacer a las personas dependientes del gobierno porque esa dependencia moldea también, las actitudes políticas.

La idea no es transformar el diario en clase de economía que tampoco podría dar, pero si defendernos un poco de una política brutal que nos está desprotegiendo en todos los sentidos y desmitificar la historia vieja de que ser liberal o capitalista es odiar al necesitado, o destruirlo, por el contrario, creemos que hay que propiciar la movilidad de clases y la educación para que eso se logre. los liberales tenemos que atraer a la gente a nuestros ideales. La seducción del populismo en su forma moderna de expropiación de los resultados de la producción, mediante la acción de un estado parasitario, clientelista y corrupto es muy grande y seguramente se avivará en esta crisis.

No debemos temer enfrentarla si queremos un país mejor. No es cuestión de partidismos, es hora de ser racionales y emocionales a la vez. Podemos seguir con la historia nefasta de revictimizar al pobre, o ayudarlo a crecer, con esfuerzo, con estudio, con mérito. Basta de contar enfermos o muertos. Hay que luchar por la libertad, que no significa dejar de cuidarse, pero sí, rechazar esta cuarentena espantosa que nos cercena la mente, el cuerpo y el corazón. No quiero ser gente que no. Que no puede ir a ver a sus hermanos. Que no puede ir de una ciudad a otra. Que no puede moverse en el país con libertad. Que no puede trabajar. Que no puede proyectar. Que no puede visitar una provincia. Que no puede salir del país. Que no puede elegir cómo vivir. Estamos en una pandemia. Se manejó mal, nos burlábamos de paises que estan mejor que nosotros. Seguimos soberbios. Incompetentes. 300000 contagiados que debemos multiplicar por diez como mínimo. Y no producen cambios, ya se equivocaron, el virus circula, basta de ineficacia. Déjennos vivir eligiendo quienes queremos ser. Decía Einstein:

Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes

Diario de Cuarentena: Manifestación

Cuando un grupo de individuos se convierte en una unidad social reconocible es porque hubo un proceso dinámico anterior que lo fue gestando. Ayer gran parte del pueblo argentino se manifestó, en una ceremonia propia de los movimientos sociales, que aunque insistan en no reconocerlo, un movimiento social es todo aquel en el que el pueblo se manifiesta y no es propiedad de una izquierda que usa la calle como propia, sino que es esa transformación de individuo en sociedad reunida para la protesta. Es raro ver al populismo gobernante, que siempre utilizó la manifestación como modo de intervención política., desconocerla cuando otros la realizan. Solo muestra la relevancia que adquirió ayer esa unidad social apartidaria y hasta sin un lema único, sinónimo de pluralidad, fue una masa social organizada como en un ritual, personas unidas cargadas simbólicamente y escenificadas en la esfera pública por tercera o cuarta vez en un momento necesario para defender valores, la gente lucha como actor colectivo, en pos de la supervivencia de un modo de vida que está suspendido y se ve amenazado por conductas totalitarias. Las emociones desencadenadas en el curso de estas manifestaciones coadyuvan a reforzar la identidad y la solidaridad colectivas de un grupo social que se percibe a sí mismo vulnerado cuando trata de preservar lo que amenaza las fronteras de un sistema en el que desea vivir.. En la medida en que los actos de masas cohesionan a sus participantes, las autoridades, azoradas porque la calle fue tomada por aquellos que usualmente no lo hacen, intentan banalizar o desconocer el hecho, como si la manifestación hubiera sido un suicidio colectivo.

Ahora cuando estos mismos actos, son realizados para amedrentar empresarios por parte de sindicatos, o para apoyar los pensamientos únicos y reduccionistas del actual gobierno, es el pueblo que se manifiesta.

Yo fui al banderazo de ayer. Volvería a ir las veces que sean necesarias para defender la libertad y la república. No hace falta rotularse. Con ser libre alcanza. Hay mucho miedo a un virus, que es pandémico e inevitable, pido que también temamos a los destrozos que podemos evitar. El destino es todavía una quimera pero la realidad nos azota con la fortaleza habitual: la enfermedad que asola al mundo no es elegida ni nos pertenece, pero la sumisión, el destrato, el autoritarismo, el encierro, las inequidades, las malas decisiones, los idiotas al poder, y las insistentes políticas de miedo y el desoir a una ciudadanía que se adelanta al gobierno , toda ésta locura que supera ya los 150 días es soslayable. Reducir la manifestación de ayer a lo sanitario, habla de un gobierno que no tiene destino. Y como decía Borges:

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.”

Diario de Cuarentena: Cosmópolis

150 días pasaron del primer diario, pero seguimos con restricciones a derechos fundamentales, como reunirnos, trabajar, transitar. Hace tiempo que dedico los domingos a recomendar un libro. Hoy voy a recomendar uno que leí en su idioma original del autor Don DeLillo, queha escrito hasta la fecha una quincena de novelas, cinco obras de teatro, más de veinte ensayos, un guión cinematográfico, panfletos en defensa de Salman Rushdie y Wei Jingsheng y trece relatos. Su nombre, sin embargo, ha alcanzado fama y reconocimiento académico únicamente en su faceta de novelista. DeLillo es hoy uno de los novelistas norteamericanos mejor considerados por la crítica de su país y con mayor proyección internacional. La popularidad de su obra, no obstante, ha ido creciendo progresivamente a lo largo de los años, especialmente a partir de la publicación de Libra en 1988, que marca un punto de inflexión en términos del volumen de lectores y de la atención académica . Recomiendo, como todos los domingos de esta interminable cuarentena, una de sus obras Cosmópolis (2003).

Después de tres décadas a la sombra de Pynchon, DeLillo se revela al inicio del siglo XXI como padre de
una nueva generación de autores que se consideran sus herederos: Jonathan Franzen, David Foster Wallace o Richard Powers. Pero hoy nos dedicamos a una novela en partícular.

Cosmópolis transcurre en un solo día, el último de una época, símbolo del intervalo entre el final de la guerra fría y la era de terror, de los años 90, momento en que el mercado financiero se desploma y la «nueva economía» comienza a agonizar. Es una historia intensa que surca los temas capitales del autor: la alienación, la paranoia, el sexo, la muerte, el mercado global, el terrorismo y la relación entre poder y tecnología.

El joven Eric Packer emprende su viaje en limusina para cortarse el pelo en su antiguo barrio, el Bronx, sin saber que este viaje será más largo e incluirá inversiones con una divisa asiática, prostitutas y traiciones de sus antiguos aliados.

Don DeLillo es uno de mis favoritos dentro de los escritores contemporáneos. Cualquiera que haya leído Ruido de Fondo sabe su genialidad. Esas frases disruptivas y poéticas, que nos remiten a Hemingway cuando entrecorta una frase , a Thomas Pynchon, en la maligna y paranoica mirada de la realidad que nos rodea, DeLillo es un grande, con diálogos increíbles, con un humor particular y una visión del mundo llena de personajes encerrados y roles que se intercambian a lo Samuel Beckett.

Pero sigo con la novela que recomiendo hoy. Este viaje en limusina que es la historia abreviada del capitalismo tardío, en la visión del autor, con un joven de Wall Street ignorando las protestas de la calle al tiempo que sigue una inversión peligrosa con el valor de una divisa china. Porque, dice De Lilo, con el valor oro enterrado, el dinero ya solamente vale lo que alguien dice que vale. ¿Qué nos dicen sus abstracciones, sus frases seculares? Tantas transacciones, ambiciones y movimientos económicos, que ponen a este joven de un barrio bajo, lejos de un ciudadano promedio, algo significan. DeLillo lejos de ofrecer visiones más o menos claras de lo que sucede, nos ilumina por dentro, como si pudiera ver la forma en la que vamos comprendiendo , sintiendo y procesando lo que sucede.

Durante su viaje, el protagonista se enfrenta a una odisea , queda atrapado en un embotellamiento producido por la llegada del Presidente a la ciudad, el funeral de un ídolo de la música, el rodaje de una película y una violenta manifestación política. Cuatro parangones de una realidad que fue escrita en 2003, pero que sigue representando la sociedad actual, llena de parámetros impuestos, de ídolos de papel y de violencia política, Cosmópolis profetiza en dos mil tres, un mundo veinte veinte, convulsionado y caótico, carente de futuro. Imperdible la obra y el autor.

Mecenazgo Cultural: Que la cultura sea

Desde la antigua Grecia, tal vez antes, el arte y el dinero han mantenido una intensa relación.

PorGrupo La Verdad

Desde la antigua Grecia, tal vez antes, el arte y el dinero han mantenido una intensa relación.

El intercambio de obras de arte por dinero u otros bienes ha sido una constante a lo largo de los siglos, y ha ido evolucionando con la historia. Fue en el Renacimiento cuando el gusto y apoyo a las artes tomó una dimensión diferente.

Algunas de las familias más acaudaladas del momento tomaron la decisión de acoger bajo su protección a artistas que, por su nombre o su talento, destacaban del resto.

Este es el caso de la familia Medici, cuya fortuna fue destinada al apadrinamiento de artistas. valiéndoles para pasar a la historia como unos de los primeros mecenas. Sin embargo, algunos de los motivos por los que los renacentistas realizaban esa labor de mecenazgo siguen vigentes hoy en día, La finalidad del mecenas, en un principio, siempre es altruista; en cambio, es sabido que dicha filantropía viene acompañada de un reconocimiento de sus semejantes, y que reporta el necesitado prestigio, en aquel tiempo, por la nobleza, y hoy el status social derivado del mecenazgo, lo tomaron las empresas, que crean una imagen social con este método.

El arte y la cultura, en general, se convierten, por lo tanto, en “la otra cara de la moneda” de las empresas.

Continuando la historia, la actividad de mecenazgo prosiguió los siglos posteriores, pero, en los siglos XVIII y XIX, se produjeron una serie de acontecimientos que harían cambiar el rumbo histórico y que desembocarían en el siglo XX con variantes en el apoyo a los artistas e, incluso, en el concepto de mecenazgo.

La llegada de los museos y la ruptura de los artistas con la sumisión a crear un arte predeterminado por sus mecenas, trajeron en consecuencia el nacimiento de nuevas figuras: los galeristas.

El galerismo provocó cambios que, marcarían el mundo del Arte. La burguesía, que hasta entonces no había sido tomada en cuenta en sus gustos artísticos, comienza a ostentar un gran poder económico y demanda la existencia de un arte para ellos. Con figuras como Durand-Ruel, Vollard o Kahnweiler, los galeristas empiezan a convertirse en los nuevos mecenas del entrante siglo XX. Este hecho, unido a la democratización del arte, generará un nuevo sentido del mecenazgo, y consolidará el patrocinio. Pero qué significa el término “Mecenazgo”: “En el mecenazgo, al menos en teoría, existe una contribución, o donación sin otra contrapartida que la satisfacción de ayudar a un artista a desarrollar sus capacidades de expresión. No debiera haber una contrapartida directa o cuantificable económicamente”.

En este sentido, el mecenazgo queda encuadrado como una actividad altruista en beneficio de los artistas. Sin embargo, el comentario “al menos en teoría”, indica el hecho de que no siempre el mecenas realiza sin ánimo de lucro su labor, sino que, se busca un reconocimiento o determinados beneficios fiscales. Aun así, el mecenazgo es actualmente una actividad minoritaria en lo que a volumen económico se refiere ya que, generalmente, es realizado por personas físicas cuyo poder adquisitivo es notablemente inferior al de las compañías patrocinadoras.

Ley de Promoción Cultural de la Provincia de Buenos Aires
En la actualidad, la discusión sobre la participación del sector privado en el financiamiento de los proyectos culturales permitió pensar en los alcances y las modalidades para la sanción de una legislación cultural que alentara el Mecenazgo cultural.

El tema, recurrente en algunos países de Latinoamérica como Brasil y Chile, que tienen regímenes de mecenazgo de alcance nacional mientras que, en Argentina y Uruguay los regímenes son regionales o locales. Venezuela, Perú, Colombia, México, Bolivia, Ecuador y Paraguay tienen distintas modalidades de mecenazgo en marcha.

Nuestro país no cuenta con una Ley de Mecenazgo Cultural de alcance nacional, sin embargo, desde el año 2006 la Ciudad Autónoma de Buenos Aires posee una ley que ha beneficiado a varios y diversos proyectos culturales.

Al pensar determinada política cultural se debe atender la necesidad de financiamiento de los proyectos culturales donde esté la presencia del sector privado para ello hay que modificar la mirada sobre el rol del Estado como único proveedor. Es menester, buscar nuevas soluciones que atiendan a la producción cultural desde una perspectiva centrada en la acción del Estado a través del desarrollo de políticas públicas, pero con la suma del aporte privado a la hora de financiarlas.

La provincia de Buenos Aires sancionó en diciembre del año 2016 la Ley Provincial Nº14904/2016 el Régimen de Promoción Cultural en cuyo texto deja expresado el alcance a los fines de: “(…) regular el mecenazgo cultural de la provincia y a estimular e incentivar la participación privada en el financiamiento de todos aquellos proyectos que se enmarquen en las distintas áreas de cultura (…)” y la definición de Mecenazgo sobre la cual se sustenta la Ley. Articulo N.º 2: “A los fines de esta ley, por mecenazgo cultural se entiende la financiación con aportes dinerarios que realizan personas físicas o jurídicas para la realización de todo tipo de proyecto cultural a cambio de un beneficio fiscal y bajo la modalidad de una donación y/o un patrocinio.”

El Régimen de Promoción Cultural llegará a los proyectos culturales sin fines de lucro presentados por personas físicas o personas jurídicas que estén encuadrados en las siguientes categorías: Teatro, Circo-murgas-mímica y afines, Danza, Música, Letras poesía-narrativa-ensayos y toda otra expresión literaria, Artes visuales, Artes audiovisuales, Artesanías, Diseño, Arte digital, Publicaciones, radio y televisión, Sitios de internet con contenido artístico y cultural y finalmente, Patrimonio Histórico Cultural. Mantenimiento, apertura y difusión de establecimientos educativos, museos, monumentos y cualquier sitio que puede ser considerado de interés cultural.

El Mecenazgo se presenta bajo dos formas, que son: a través de los benefactores quienes realicen aportes sin relacionar su imagen con el mismo y los patrocinadores que relacionan su imagen o la de sus productos con el proyecto patrocinado.

La Ley provincial esta promulgada y publicada en el boletín oficial desde el 02 de marzo de 2017 y toma como ejemplo a la Ley N.º 2264/06 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para que se aplique hay que definir los requisitos de operatividad de dicha Ley. Y ése es el desafío con el que los actores de la cultura nos encontramos. La ley tal vez no sea la que nos abarque a todos, es posible que tenga fallas que deban salvarse a medida que la podamos poner en práctica, pero es necesario que se operativice, la cultura lo amerita. Ahora bien: ¿Por qué y para qué es necesario financiar la cultura?

Porque es factor de desarrollo y fuente de identidad, porque es uno de los motores de crecimiento y, además, la cultura es un derecho humano. Necesitamos comprender el valor de la cultura, comprender que el desarrollo cultural de una comunidad se basa en hechos culturales, en patrimonios tangibles y/o intangibles.

Debemos crear nuevas alternativas de financiamiento, que valoren la creación y el talento de los ciudadanos, sumar a la idea de cultura público a privada un nuevo concepto colaborativo, para que más cultura emerja y los nuevos modelos económicos apunten al desarrollo cultural participativo, Qué lugar se le asigna a la cultura desde lo público es lo que se viene, debemos repensarlo, reformularlo e insistir en que esta ley se ponga de pie de una buena vez, para ver el alcance final del Mecenazgo Cultural.

Nuestra ciudad debe apelar a sus legisladores y nuestros colectivos culturales, deberán observar cuán participativos son, si quieren que la acción cultural devenga en construcción de ciudadanía y democracia cultural. Que la cultura sea.

(*) Escritora
Miembro de AAGECU

Diario de Cuarentena: Lo que es no es.

Ante la irrupción en escena de nuestro nuevo paradigma de lo no real, creado por el presidente y sus dos adláteres, al decir que prolongan por quince días lo que no existe, según ellos, la neológica palabra posverdad, que no figura en el Diccionario de la Real Academia Española de Letras, adquiere una nueva significación, o más de una y también nuevas relaciones con las ciencias y con lo comunicacional.
Este término “irrumpió”, porque fue de esa manera feroz que el mote posverdad comenzó a utilizarse por comunicadores y políticos de todo el mundo.Claramente hablamos de posverdad cuando se trata del rol de las emociones o las creencias al momento de moldear la opinión pública en detrimento de los hechos objetivos. Por ejemplo, la cuarentena no existe, pero la extiendo.
Es aquí que puntualizo, la necesidad de repensar el valor de la objetividad en el hecho comunicacional y no“comunicativo”, porque no deseo tener una mirada unidimensional de la comunicación, que sólo se base en lo referente a la información. Por otra parte, es desde la percepción que la modernidad le otorga al sujeto, como protagonista escindido del mundo y capaz de observarlo objetivamente, que se vuelve posible propender a que los medios se alejen de una estética representacionalista.
Parecemos envueltos en una especie de metamorfosis de nuestro concepto y de nuestra vivencia de sujeto, nos cuestionamos sobre otras formas de vivir los mismos paradigmas y otras maneras de cognición y producción. Ningún hecho o un objeto es independiente de nosotros si queremos que lo que afirmemos sea válido. Toda afirmación es una petición de obediencia, en cambio, cuando la mirada nos incluye, las afirmaciones son invitaciones a experiencias participativas.

Nuestro gobierno viene pidiendo obediencia, nos deja afuera, Nos destrata. Y los medios de comunicación y la sociedad se interpelan para determinarse y, los conocimientos que construyen no deberían ser el resultado de un reflejo del mundo sino el de la creación surgida por la interacción y, de hecho, una nueva invitación a la participación.
Si indagamos el origen de la posverdad encontraremos una vasta cantidad de respuestas, ¿pero cuáles de estas nos interesan desde la realidad que acontece?
La zona gris de indefinición entre lo que es verdad y lo que no, entre lo engañoso y lo sincero, es uno de los gérmenes de la manipulación estratégica a la que estamos sometidos, la base sobre la que está montada la legitimidad del gobierno está llena de posverdades. Aristóteles describe a la mentira como la correspondencia de la proposición sobre aquello a lo que se refiere, cuando ésta no se da, la proposición es falsa, o sea es una mentira. Pero el planteo es : ¿cuál es la verdad?Hay quienes sostienen que la verdad es una sola y precisamente coincide con la propia, entonces, lo que consideran certeza, se vuelve frontera infranqueable para la disidencia o la existencia de otras verdades, otras miradas del mundo.

Nos han propuesto mucho, y se ha hecho muy poco. ¿Quién puede medir la relación entre lo propuesto y el hecho?, ¿quién puede dar fin a algunas certezas y comienzo a otras. Le podemos dar estas atribuciones tan relevantes para la sociedad a políticos que ya mostraron sus flaquezas o medios de comunicación parciales?
Se dice que la posverdad es la nueva ecología mediática que propone a las redes sociales como los nuevos y súper- poderosos medios de este siglo, como la existencia palpable del universo personal y social transformado en una red fluyente. ¨Para muchos, las redes “detentan” el poder para construir agenda, por ciertos motivos: la facilidad para la publicación de noticias falsas, la debilidad de las barreras de acceso para publicar; la complicación para detectar falsas noticias por el público y las consecuencias de una tremenda crisis cultural de conocimiento que padecen las instituciones y la comunicación.
Slavoj Zizek sostiene que la gente ya sabe todo y aún así cínicamente, actúa como si las mentiras fuesen verdades ¿Será la posverdad una metáfora que eluda la eternización del status quo?

En nuestro presente, parece que lo que es, no es, y ese discurso lo sostienen los medios de comunicación y los estratos de poder. El propio presidente se ahoga en su mar contradictorio y falaz, el gobernador se calienta con la indolencia de los débiles ante un fracaso evidente y el supuesto líder de la oposición coquetea con su propio poder hasta quedar al desnudo. Tanta posverdad me lleva a creer que estamos viviendo en una paradoja, similar a la de Epiménides, con líderes que aparentan auto contradecirse si se siguen un razonamiento, pero podemos fácilmente mostrar que dicho razonamiento no es correcto.
En este devaneo entre lo falso y de lo verdadero, queda la realidad pandémica de un pueblo hastiado de contradicciones, de promesas incumplidas, de comparaciones tan dramáticas como falsas y sin respuestas para lo que acontece hoy, de verdad, con la palpabilidad de lo cierto, que ya no admite más la flojera de adalides que viven de relatos.

Diario de Cuarentena: Cerealistas

Hoy es el Día del Cerealista fecha fijada el 14 de agosto de 1926 con motivo de recordarse el primer embarque de trigo desde Argentina al extranjero. Esa primera exportación fue el resultado de la política de intercambio comercial llevada a cabo por Nicolás Avellaneda, quien conducía el país desde 1874. Con la intención de dedicarle a los trabajadores del agro un día para homenajear y reconocer su actividad, el Consejo Directivo de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires resolvió instaurar el 14 de agosto como la fecha en que se celebrara el Día del Cerealista.

Los agricultores son las personas que gracias a su labor y compromiso apuestan al desarrollo de la producción de la Argentina, y no los tiranos de la oligarquía que pretende demonizar cierto sector de la política.

La palabra ‘cerealista’, define con certeza una serie de valores, algunos de los cuales son difíciles de explicar a aquellos que no forman parte del agro, pero es necesario que se comprenda que hablar de cerealista es hablar de quien busca el consenso de los sectores productivos, el orden y resolución de los negocios, sus formas y sus normas, bogando por la transparencia de lo que se gestione. Esta actividad se fue perfeccionando y es importante recordar la tarea de cada una de las personas que intervienen en algún eslabón de la cadena que relativa al agro, que engloba a los productores, acopiadores, cooperativas, corredores, industriales aceiteros, molineros y finalmente a los exportadores que son quienes concretan la venta al exterior y el traslado de los productos, que luego llegan a las mesas del mundo. En decir, todo un sistema que requiere que cada uno de los actores cumpla con su estapa. Es una tarea que incluye al mundo, que nos conecta. El productor de cualquier zona de nuestro país, tal vez no tenga en cuenta que el pan que surgió del trigo que cultivó, tal vez sea comido por un niño en el otro extremo del mundo; demostrando que todos estamos relacionados, al fin de cuentas, todos somos consumidores de lo que el ‘cerealista’ produce, comercia, industrializa.

Vos pensarás por qué le dedico el diario del 14 de agosto a una conmemoración, pero no es casual. En un país que gobierna con medidas confiscatorias contra la producción y el campo, que impide el crecimiento de un sector que es el único que otorga divisas al país aun en los momentos más críticos, sería importante que el resto de la sociedad también celebre que la tierra sigue siendo la principal fuente de riqueza y que la tarea cotidiana de aquellos que forman parte del sistema agroproductivo hace que sea posible que exista confianza, a pesar del gobierno mismo, en que se pueda lograr un país grande, con el esfuerzo diario y silencioso de todos los ciudadanos.

El vocablo cerealista contiene valores, tales como esfuerzo, acuerdo, compromiso, palabra empeñada, empeño ante la adversidad. Representa una tradición acuñada y transmitida por generaciones a lo largo de la historia y de la cadena de valor que comienza en el productor y finaliza en la exportación.

Es que para un cerealista, lo que produce no tiene nada más que el valor de las pizarras, una semilla o un producto elaborado a partir de ella, lleva en su interior todo la ciencia, la investigación, la inversión de criaderos, la biotecnología, el conjunto de las innovaciones de la industria, y además el anhelo, los rezos, el yugo del trabajo, la alianza profunda con la tierra, una verdadera saga de eslabones en pos de la concreción de riqueza productiva, que lamentablemente, está subvalorada y apaleada por impuestos distorsivos, retenciones y otras yerbas, y desgraciadamente utilizada para generar odios de clase, y divisiones, en un país que una y otra vez vuelve a depender del campo, sus cerealistas y sus divisas para salvar las papas calientes de una economía populista y prebendaria que arrasa con la clase productiva y trabajadora de la sociedad.

Hoy hago honor a la palabra cerealistas, a la necesidad de su valorización, a la tierra que nos da en su fértil accionar la posibilidad de crecer, de comer, y de sentir en nuestras manos que el futuro es posible. Los cerealistas lo saben y lo traducen en logros, a todos ellos, incluyendo el hombre que amo: Feliz día!