Los cuerpos del verano

A raíz de un cuento que estoy trabajando, Anahí me recordaba que debía leer Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet, y yo me resistía porque no me gusta leer sobre los temas que escribo. Prejuicios inevitables en nuestro arte. Pero esta semana me lancé a estos cuerpos propuestos, de lectura veloz, que nos interpelan, porque son la concreción de lo soñado, de aquello que no nos atrevemos a decir.

La breve novela es inmensa. Llena de cuestionamientos filosóficos, arrebatada por un montón de problemáticas irresolutas que nos persiguen a diario. Creencias, amor, sexo, alma, constructivismo, traición. Nada queda afuera de la obra, nada podemos hacer después de leerla para esquivar lo que pensamos y es ése el logro primordial del autor.

De quién nos vengaríamos si no estuviésemos obligados a morir. Cómo soportaríamos cuerpos de otro género. Podríamos ver morir a nuestros hijos. Enamorarnos de quienes serían nuestros bisnietos, volvernos animales o reencarnar en la web. La pregunta podría ser si tiene sentido una vida sin muerte obligada. Si elegiríamos un limbo o nos volveríamos carnívoros en un sentido metafórico.

Ramiro, el protagonista de esta historia, vuelve a la vida décadas después pero en el rollizo cuerpo de una abuela, y comprueba que a pesar de la inteligencia artificial las personas siguen igualmente insatisfechas, llenas de dudas y de miedos. Los grandes dilemas no se resolvieron, y los restos de su antigua existencia. sus amores, sus dolores, una hija que solo puede encontrar en internet, en una especie de cielo internauta, y muchas presiones que no cesan con el cambio de cuerpo. Su hijo que prefiere morir para siempre antes que flotar y ser reciclado, como un revolucionario futurista con conciencia de finitud.

El mundo de Catagnet es un mundo que critica al capitalismo, sin embargo se vale de él para poder crearlo, y a pesar de tal crítica, es emocionante la historia, la continua vida de Ramiro, que aunque habite senos sigue siendo un hombre confundido y melancólico. De Azufre que prueba las inequidades de los tiempos y de cada uno de los personajes que sorprenden y nos dejan llenos de incomodidades. Sobre los cuerpos, la eternidad, la memoria, el espacio que ocupamos, los no lugares, pero sobre todo Los cuerpos del verano llega para recordarnos que no tenemos otra cosa que tiempo. Un tiempo propio, que será eterno o efímero de acuerdo a como elijamos vivir.

Las Primas

…porque nunca falta lo feo en ningún paisaje por más bello que sea…

Aurora Venturini (1921-2015) psicolóloga y escritora argentina, que supo ser amiga de Eva Perón, y tuvo que exiliarse en París, publicó con la misma voracidad con la que escribió, más de cuarenta libros, entre ellos  Las primas, libro ganador del Premio Nueva Novela, Las amigas, El marido de mi madrastra; Nosotros, los Caserta; Los rieles; Eva, Alfa y Omega. Su prolífera obra es interesante para analizar, porque mantiene un hilo rojo que une cada historia, y que la hace única, dentro del mismo espacio ficcional..

Las primas es un vómito de genialidad sin puntos ni comas.. La autora toma la palabra para delirarla en un universo que nos muestra Yuna, la protagonista, que no es más que una artista ensimismada en su inefable realidad. La circunda, la rodea, hace de ella su vehículo para que el arte aparezca sin salvarla, pero mostrando en más de una ocasión lo deforme, retrasado, discriminado y prostituido que puede ser su mundo. Y el nuestro….

La docencia deja de ser para Yuna un remanso, y se vuelve madre, pedófilo, entonces este personaje desinstitucionaliza lo normado, lo vuelve lábil, para reflejarlo en cuadros alucinados de verdad. La hermana deforme con cola almada, la prima muerta tras abortar, la enana sin tapujos oralizando en sexo su desgracia, la tía censora, los ignorantes, la puta sociedad, es una cachetada que Aurora Venturine escribe con 80 como si tuviese 20 años. Y nos deja frente al espejo:

“En un espejo que nos enfrenta en la pared observé qué poca cosa éramos tanto tía Nené, con el traje que le ajustaba porque estaba gorda y los zapatos tortos y las uñas pintadas y la cara que se parecía a las caras que ella pintaba de vaca (no me vas a comer). Pero ahora una vocecita preguntaba porque me vas a matar, pero yo solo la oía de otra manera…”

Es un mundo de mujeres solas, abandonadas, como si no bastase con lo narrado, un hombre se traga su sexo asesino. Y todo esto que puede parecer terrible Venturini lo escribe con un candor que se vuelve insoportable, con el miedo al pecado, la tragedia descontrolada de los sueños imposibles y la exquisita bestialidad de su pluma.

Nos deja como lectores desnudos junto a sus terribles personajes que primero nos dan asco, luego verguenza, pasamos por la lastimería para terminar cómplices de tanta ignominia, de tanto no dicho, cuando parece haber dicho todo. Las Primas nos van envolviendo, y culminan siendo nuestras, para volvernos procaces, idiotas y miserables como ellas.

Aurora Venturini tenía 85 años cuando logró el Premio Nueva Novela organizado por el diario Página/12. Debimos leerla antes, es, porque su obra permanece, una gran escritora que se atrevió a romper todo aquellos que nos obligan a construir en un texto, Y en esta historia familiar atípica narró lo indecible, realizó lo improbable y paseó por especímenes de género femenino que se alejan de los estereotipos, para volverse hembras, asesinas, muertas, ajusticiadas o suspiros. Uno lee y siente que está leyendo algo primigenio, algo que no puede clasificarse, un texto que no teme hablar de minusválidas o taradas, que llama a las cosas por el nombre que Yuna Riglos quiere. Porque ella es quien tiene la palabra.

“… si la palabra escrita es tan fatigantemente bobalicona como la hablada por mí hacia adentro, quien termine esta melopea absurda me maldecirá por el tiempo que le hice perder sin poder negar que no pudo dejarme a un lado porque encontró en mis estúpidas amarguras de amor y de muerte, muchas de las vividas por sí mismo…”



La Vaca

«Yo había permitido que la vaca me mirara y que me viera —esto nos hizo iguales—, y de golpe yo mismo me convertí en animal».

Witold Gombrowicz

La Vaca es un ensayo editado en un libro bilingüe, con prólogo de Alan Pauls, y con una serie fotográfica que ilustra, con la significación de la imagen, lo dicho en sus tres secciones: «Carne viva», «Carne cruda» y «Carne asada». Podría ser, como el mismo ensayo lo sugiere, una composición al mejor estilo escolar con La Vaca como título, pero Becerra lo transforma, incomoda, y sostiene a partir de la vaca, una serie de discusiones sobre nuestra identidad.

Comienza con una línea histórica respecto al origen biológico del animal, desde sus arribo al continente, pasa por una pormenorizada clasificación de las razas, técnicas de producción y de explotación desde el siglo XIX hasta la actualidad y en ese devenir. describe como nadie, con una prosa que no deja dudas. los espacios en los que el animal es transformado en carne, en todo tipo de carne, así nos cuenta de las jaulas de hacienda, los saladeros, los mataderos y los frigoríficos. Por supuesto en Carne Asada también hay un discurrir histórico hasta llegar al asado, un cacho de carne, un cacho de identidad, y esto es licencia personal. Juan José Becerra detalla gustos, maderas, puntos de cocción, sabores, pero la crudeza del matadero, Echeverría incluido,. impide que se nos haga agua la boca.

La pampa, hábitat vacuno, es uno de los puntos en que se detiene el autor a la hora de marcar argentinidad y cito su mirada sobre la llanura: «produce el extraño hábito de reflexionar sobre ella, de intelectualizar su oferta inabordable de espacio».

Todo el ensayo de Becerra nos permite la reflexión y nos llena de citas de grandes autores que tienen que ver con la evolución y el arraigo, además del nombrado Echeverría, encontramos a Borges, Sarmiento, Darwin, Martínez Estrada, por citar a algunos.

En La vaca abunda la barbarie, paralela al avance tecnológico, hay sangre, hay violencia. Pero no moraliza, nos deja solos con nuestra conciencia pensando nuestras propias conductas animales, la naturalización de la matanza, la canibalización de la identidad. Para mostrar, elige a Stevenson, cuando argumenta: «comemos bebés que, sencillamente, no son los nuestros», y aquí sí cae tal vez, en un anti carnívoro decreto. Con auto crítica, buscando pensar, historizar, y siempre sin salir de la línea del ensayo, el autor termina sosteniendo que el asado, pilar de la reunión, símbolo de la argentinidad «es menos una operación alimenticia que una bacanal de ex caníbales».

Nos muestra tres momentos de un mismo ser: la vaca. Un animal propio de una pampa sangrienta, que nos sostiene en lo económico pero también en la tradición. Un ‘mamífero pasivo de dos dedos’ que es nuestro más preciado alimento. La Vaca es un libro de Juan José Becerra que con buena prosa, contundente y a veces irónica, fiel a su estilo, juega a investigar, pero a mi juicio, ensaya el derrotero del animal que come el argentino, y como tales terminamos preguntándonos ¿Qué o a quién comemos?

Cuentos completos de Lorrie Moore

“Si [el avión] no se estrellaba, si conseguías mantener en el aire toda tu inutilidad, se trataba simplemente de salir, localizar el equipaje y, en el tiempo de encontrar un taxi, haber dado con un motivo convincente para seguir viviendo

Lorrie Moore

Moore (Nueva York, 1957) es una cuentista, puede, como lectores, ponernos en la encrucijada de deshauciar el futuro o creer para siempre en el amor. Porque aunque es dura, y nos llena de muestras de las miserias de la vida, siempre abre una luz de esperanza. Es una autora premiada y que se la reconoce aún en plenitud. Desde 2006 es miembro de la American Academy of Arts and Letters  y enseña Lengua Inglesa en la Universidad de Wisconsin.

Cuentos completos, como su nombre indica, compila todos sus libros de relatos: Autoayuda (1985), Como la vida misma (1990), Pájaros de América (1998) y Gracias por la compañía (2004). Su humor es crocante, lleno de pequeñas desgracias, con las miserias de la posmodernidad pero también con su mordaz ironía.. Moore nos cuenta cómo somos con solo narrar escenas cotidianas de vidas mínimas. Aunque ella situa sus narraciones en Estados Unidos, su historia es universal, el tiempo pasando en ciudades ajadas, en no lugares, vino, reuniones, aeropuertos, nacimientos, senilidad. Lo de todos, esas vidas proletarias que tenemos todos, y que esta autora cuenta con las incuestionables sutilezas que una autora mujer puede detectar. No es lo mismo para una mujer el amor, la pareja, el tiempo, la muerte. Y Moore lo expresa.

Autoayuda está conformada por cuentos que se burlan de la cursilería de los libros que pretenden decirnos como vivir. En segunda persona, modo imperativo, nos cuenta como ser madres, amantes, enamoradas de un tipo casado, horrible, ególatra y generalmente viejo. Si se trata de madres que adoctrinan a sus hijas, recurre al testimonio en primera persona y nos dice por ejemplo: “los hombres de talento tienen la cabeza muy ocupada” por eso debemos cuidarlos. Todo pasa en este compilado, divorcios, esposas desahuciadas por una amante esquelética que comen sin parar, mastectomías. Hay vacios. Hay malas vidas, bien narradas. Nos indica donde mirar todo el tiempo.

Moore nos lleva a los extremos de la emoción, no sé si es una gran autora, tal vez repetitiva, o con recursos recurrentes, pero sin dudas emociona, conmueve y es para probar una tajada de su obra ant4es de desecharla Las mujeres de Moore son manifiestos, una de ellas dice que se siente como “una bomba nuclear colgada sobre todos y cada uno de nosotros”. ¿Por qué debemos vivir? ¿Por qué nos toca esta vida? Bien podrían ser las preguntas anticipadas que intenta responder la autora.

Al fin y al cabo nos estamos muriendo de a poco y de tristeza. Esa sensación aciaga de lo cotidiano, la americana sopa en latas, el pan con mantequilla, que acá puede ser un mate con facturas, no logran tapar ese día a día perdido, en el que lo gris nos come, nos deja sin aliento. Y el amor , para Moore, cualquier amor puede ser el salvavidas desesperado antes de volvernos huecos.

 Pájaros de América, vuelve pájaros a las actrices frustradas y alcohólicas, a las esposas que se hacen las dormidas para no morir con ellos, las mujeres de más de más de 40 sin amor. Todos estos pájaros son aludidos por la autora para que los lectores podamos comprenderlos, tal vez como reflejo de una empatía que no existe y que Moore busca instaurar, haciendo hincapié en el saludo, la cortesía, la posibilidad de mirar al otro en su propia otredad. La cito: “no había nada tan complejo en el mundo (ni una flor ni una piedra) como un simple hola de un ser humano”.

En Gracias por la compañía, nos da respiro con la ironía con que narra personajes cincuentones, semi jóvenes, semi viejos, llenos de nostalgia, enfermedades, cirugías y casamientos, todo da igual. Moore nos pone a prueba todo el tiempo y podemos escucharla susurrándonos que la vida, así, como es, despiadada y terrible, vale la pena.

Maniobras de evasión

«Hago como que corro con todos, pero siempre me siento al margen, soñando otra cosa, nunca me creo la vida, ese juego tan raro que practican los demás.»

Pedro Mairal

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970), autor entre otros, de  Una noche con Sabrina Love, libro que alguna vez reseñaré y que leí hace bastante más de quince años, es un autor interesante. No puedo decir que está entre mis favoritos, a veces noto una excesiva tendencia autobiográfica, o crónica en su obra, y esto lo digo desde lo personal, tal vez una mirada por demás subjetiva la mía. Pero me propuse leer y reseñar
Maniobras de evasión, que recoge textos escritos y publicados por revistas, otros que fueron parte de un blog del autor, llamado El Señor de abajo; y algunos escritos para el libro. 

Maniobras de evasión ha sido editado por la escritora juninense Leila Guerriero. Mairal en sus presentaciones, contó que Leila descartaba textos que Mairal quería que entraran en el libro, con una conciencia de selección muy ajustada. O le proponía escribir nuevos textos para volver sólidos algunos de los tema que se trataban.
En Maniobras de evasión, hay algunas secciones no definidas, tras una intro donde Mairal nos cuenta sus problemas para sentarse a narrar en concreto, el libro habla de infancia, adolescencia y una primera edad joven. Es evocativo, con la dureza que el autor habla de si mismo. Un niño que es elegido último para armar el equipo de fútbol, que simula jugar rugby, que esta primero en la fila. Un loser setentoso que nos vuelve cómplices en cada historia de los desaires sufridos.
En Maniobras de evasión se caracteriza por los finales de los textos, cada uno deja un cierre pulcro y consolidados. Grandes finales.

El sobrino de Bioy, es un texto de regodeo donde Mairal nos cuenta lo que significó ganar el premio premio Clarín, a los veintiocho años con Una noche con Sabrina Love. Adolfo Bioy CasaresAugusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante lo eligieron y por supuesto lo criticaron y decidieron los rumores volverlo sobrino de Bioy, yo lo quitaría del libro. Pero es el libro de Mairal, y una reseña es solo la impresión de un lector más o menos avezado sobre una obra.

La adolescencia y la juventud se coronan como tema hablando de la madre, y su terrible perdida de la memoria y el habla. Babas del diablo o Desde el camión  son producto de artículos encargados por diarios o revista. que muestran la voz de Mairal a la hora de narrar historias, íntimas, reales.
Uno de los temas del libro es el sexo, porque el autor aceptó encargos para hablar en un artículo sobre «tetas» y en otro sobre «culos». Son textos políticamente incorrectos, tal vez por eso me gustaron mucho, a pesar de lo limitados del tema y el humor.
Mairal escribe sobre el trasfondo, la periferia de los viajes literarios o ferias, donde el sexo, y las fiestas vuelven a tomarlo, y su desdén hacia la propia imagen de macho desdicen cualquier posición machista anterior. En Es Ahora nos incomoda con la urgencia, con la vida del hoy, suspendida en un tiempo que no admite la espera.
Otro tema es la continua lucha del autor con su texto. Los plazos impuestos como límite a la calidad, las idas y vueltas, las distracciones, las redes. Y me gustó mucho su respeto al lector, cierro esta reseña con sus palabras. «Aunque hay autores que confrontan al lector, y lo hacen bien, yo prefiero ir desplegando las escenas delante de los ojos, a la par del lector, sin obstruir el paisaje, prefiero hacerme a un lado, quedar hombro con hombro, escribir como quien va manejando un camión y lleva al lector de acompañante.»


 Maniobras de evasión es un libro coherente, con un Mairal en evidencia, que se acerca al lector. No me atrevo a pensarlo valioso, sin embargo lo leí de corrido y forzando la sonrisa.

Las fuerzas extrañas

“Despertar el misterio es una locura criminal, tal vez una tentación del infierno”

La estatua de sal, Leopoldo Lugones

En Las fuerzas extrañas cualquier interacción con las “ciencias (o artes) ocultas,” quiebra algunas leyes naturales. Y por consiguiente quien trasgrede se somete a una destrucción que puede ser física o emocional. Así lo plantea la dinámica de la narrativa de Lugones en cada uno de los cuentos de este volumen de 1906 que asusta por su actualidad.
Las inquietudes morales, religiosas y científicas recorren los relatos, y luego la transgresión de leyes naturales, morales o religiosas en Las fuerzas extrañas, es castigada por un orden fantástico. Podemos ver que cuenta con relatos de ciencia ficción, como “La fuerza Omega,” “La metamúsica,” “El origen del diluvio,” “Viola acherontia,” “Yzur” y “El psychon;” cuentos fantásticos como “La lluvia de fuego,” “Un fenómeno inexplicable;” y relatos maravillosos como “La lluvia de Fuego,” “La estatua de sal,” “El milagro de San Wilfrido” y “Los caballos de Abdera.” Los clasifico aproximadamente de acuerdo a Todorov, y deja a las claras la tremenda versatilidad de Lugones como autor de ficciones. Logra homogeneizar este compendio con algunos elementos comunes a la mayoría de los cuentos presentes como tratamiento ambiguo de la imagen del científico y los castigos ya mencionados.
Los científicos de Las fuerzas extrañas son personas misteriosas ; son la voz de la ciencia y del desarrollo tecnológico, pero también creyentes alocados que usan el método científico para transgredir leyes naturales y lograrresultados sobrenaturales. Claro que la justicia divian los castiga. El introspectivo físico que protagoniza “La fuerza Omega,” al igual que Juan, el sensible científico músico de “La metamúsica,” no demuestran intención de daño con sus descubrimientos; nos identificamos con ellos. Aun así sufren las consecuencias de sus maravillosas trasgresiones de las leyes naturales. Lugones nos presenta las circunstancias, conflictivas o no, la trasgresión de alguna “ley” natural, divina o moral, y la aparición del castigo y esa es su intención todo el tiempo, en cada relato, logrando así una linea de unidad narrativa.
En “El escuerzo” y “La metamúsica” el lector se encuentra con dos personajes que pasan un límite, el joven leñador de “El escuerzo” paga con su vida el haber matado a este ser pseudo-sobrenatural. Juan, el apasionado científico y músico de “La metamúsica,” paga con sus ojos el haber descubierto y expuesto la dimensión lumínica del sonido, además practica la Numerología para descubrir la luz de la música, algo prohibido por la religión.
Juan se acerca a cierta comprensión de “la expresión matemática del alma humana,” pero al parecer este es un conocimiento que el universo le ha negado al ser humano.
En “Yzur,” el sádico negociante dueño de un chimpancé recurre hasta a la tortura para obligar a su
mono a expresarse en la lengua de los hombres; pero no hay tal castigo. Lugones no parece tomar una posición específica , pero deja claro que romper con lo posible para la tradición judeocristiana, trae consecuencias.
En cuentos de carácter maravilloso tales como “La lluvia de fuego,” “El milagro de San Wilfrido,” “Los caballos de Abdera” y “La estatua de sal” también determina la suerte de los personajes el mismo patrón filosófico narrativo. En “La lluvia de fuego” el narrador presencia la destrucción de Gomorra, y al final se suicida . Pero da cuenta de que conocemos la historia de Sodoma y Gomorra, de lo contrario, , el personaje narrador sería el testigo de un hecho fantástico sin explicación lógica o natural.

Todas las historias generan en nosotros, lectores, sentimientos de desasosiego y confusión. ¿Qué constituye
una transgresión de las leyes de Dios? . ¿Cómo podría un Dios justo castigar a un hombre—a una ciudad entera—que
no es consciente de sus propias faltas? Nos deja en un limbo de ambigua soledad.
“El milagro de San Wilfrido” hace referencia a la tradición épica construida a partir de las batallas de los caballeros cruzados en el Medioevo. “Cortad maderos […] haced una cruz y clavad en ella a este perro. Que muera como su Dios”
reza uno de los personajes, hay una farsa que tiene como base la escena de la crucifixión. La trasgresión
en “El milagro de San Wilfrido” es la desacralización de uno de los pasajes bíblicos más importantes del imaginario cristiano, la crucifixión de Jesucristo. “La estatua de sal,” al igual que “El milagro
de San Wilfrido” y “La lluvia de fuego,” apela al conocimiento que el lector pueda tener acerca de los mitos y leyendas de la tradición judeocristiana.

La fascinación de Lugones con la ciencia corre paralela a la gran desconfianza de la misma. Esta ambigüedad en dichos temas es una constante en esta obra de Lugones, y puede verse en otros autores de la región rioplatense, tales como Eduardo L. Holmberg y Horacio Quiroga.

Nos vemos en esta obra obligados a decidir qué tiene más valor: los principios cristianos de la caridad y del amor al prójimo, o la obediencia ciega y absoluta ante los actos de la divinidad. ¿O la ciencia ? “Despertar el misterio es una locura criminal, tal vez una tentación del infierno.” Esta frase no sólo contiene una verdad profunda acerca de los relatos escritos por Lugones; la idea de ver el acto de “despertar el
misterio” como “una locura criminal” explica gran parte de los relatos fantásticos escritos en el continente americano durante el siglo XIX y el Fin de Siglo. En autores de diferentes generaciones y nacionalidades, como Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Nathaniel Hawthorne o Ambrose Bierce. El Positivismo se afianzaba y la ciencia y la razón con él. El resto era trasgresión.
El mismo Lugones parece fascinado por la fe positivista en el método científico. El Dr. Paulin en “El Psychon,” y en “Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones” Lugones intenta reconciliar el mundo espiritual con el mundo
de la materia.
Tal vez no sea este el Lugones al que estamos acostumbrados, pero es un libro impresionante, con estilo , géneros y sub géneros ,muy bien logrados, que sin dudas recomiendo para un fin de semana, de esos en los que tenemos ganas de salir del confort diario y proponernos pensar más allá de las leyes naturales que adquirimos como únicas en la educación formal.

Vencé

“la oración ensancha el corazón,
hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios”
.

Madre Teresa de Calcuta

La reseña de este sábado es particular, excede lo literario y tiene que ver con esas cuestiones que la vida nos pone delante para que no perdamos la fe. Conozco y quiero al autor, Nicolás Martín y fui testigo del proceso de enfermedad y sanación que cuenta en su libro. El tiene su propia fe, que no es la mía, o la tuya tal vez, pero que a la vez es la de todos los que creemos que no basta con la ciencia y que no se puede sin ella.

Nicolás relata su historia, maravillosa y entrañable, desde su propia voz, una voz inquieta, única, luminosa y perdurable. Recuerdo con claridad su cara frente al viento en la costa del Este el día que lo conocimos, su sonrisa perfecta, y su abrazo al saludar, con la confianza que da la fortaleza del amor. Nicolás no escribió en vano sobre David y Goliat, o sobre el esfuerzo por creer, ni es inútil la constante referencia a Dios en su libro. Josué es un ángel que lo acompaña y su hermanos, sus maravillosos padres, un ejemplo para otras familias que atravesamos dolores, porque como bien dice Nico, cada uno tiene su gigante delante.

Nicolás cita la Biblia, pero yo creo que la Biblia lo cita a él, he visto su lucha, he comprendido su causa y ha sido ejemplo para mi familia y mis hijos su valor y su energía. ¿Quién dijo que flaquear es no vencer? Nico tuvo miedos, los superó, Nico tuvo dudas, las reemplazó por certezas, Nico tuvo recaídas, y las pasó con la fuerza del amor y la fe.

Esta reseña no es nada más que eso. El libro de Nico es muy interesante, en especial cuando en primera persona nos cuenta su padecer, sus dolores en plena adolescencia, sus proyectos truncados, esas luchas dispares a las que se vio obligado por la vida. Pero también nos habla de familia, de amigos, de hermanos, de padres, abuelos, compañías preciadas para atravesar sus bemoles. Nico es testimonio y por suerte lo dice, lo escribe, deja registro. Porque la historia no es memoria viva, y en su libro Nicolás Martin une lo inexplicable, la histórica pelea desigual de David con el gigante y la memoria concreta de un joven rosarino, que puede ser tu hijo, el mío, o vos, que se volvió historia para vencer.

En casa queremos mucho a Nicolás y sus hermanos, todos amigos de mis hijos, pero además estamos orgullosos de conocerlos. Y en este libro Nico demuestra a otros lo que vimos durante años, la fuerza es una comunión de carácter, creencia, amor, historia y memoria. Si somos capaces de enfocarnos en lo bueno de la vida, a pesar de lo que pase, como ahora, en pandemia, si podemos hacer pie en lo mejor de una experiencia, estoy segura de poder decirte a vos lo que dice Nico en su libro, que recomiendo fuerte: anda, hermano, andá y Vencé.

Les dejo el poema de Rubén Darío, te lo regalo a vos Nicolás Martin

En medio del abismo de la duda
lleno de oscuridad, de sombra vana
hay una estrella que reflejos mana
sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
alienta y guía a la conciencia humana,
cuando el genio del mal con furia insana
golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
de la humana creación? ¿ Bajó del cielo
a iluminar el porvenir oscuro?

¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
ya sabéis, ya sabéis, la Fe se llama.

Claus y Lucas

¿Quién dijo que la infancia carece de maldad? No hay personas más crueles que los niños, que los niños entre sí y con los adultos, y es eso lo que los vuelve entrañables y verdaderos. Pero Agota Kristof va hacía otros bemoles y utiliza la infancia para hablar de la guerra, el totalitarismo, la tortura psicológica y una especie de iniciación en la que la vida aparece como por arte de magia dando respingos en una historia tan dura como trascendente. Este libro pertence a una trilogía, que tiene un mismo conflicto recurrente, y si leen las tres obras verán que se interrumpen, se roban, mienten y generan una tensión insoportable.

El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1992) es claro que leer cualquiera de los libros solos cambiaría la reseña de hoy hecha sobre el conjunto. La obra de de la autora, no está conformando una novela única, se pueden notar escisiones de por lo menos cuatro dentro del total de páginas, con diferentes efectos en el lector.

El gran cuaderno abre la historia que conocemos, dos hermanos son abandonados por su madre en la casa de la abuela mientras la Segunda Guerra Mundial oscurece Europa. Son voces espejadas, como si Claus y Lucas narrararn frente a frente, tal vez son eso. Un espejo del mundo. No pueden estar separados el uno del otro o sobrevienen desmayos y estos hermanos son fuertes e increíblemente astutos para su edad, pícaros, intensos, taimados, capaces de generar un relato sociológico que envuelve al otro, sea niño o adulto, con solvencia. El contexto de muerte, hambre y estallido son un complemento perfecto para las bravas displicencias de Claus y Lucas que nos parecen al fin de cuenta, una simpática respuesta a la destrucción más terrible. Ellos no se contienen, lastiman, matan, poseen una sexualidad explícita, Kristof logra que la voz de la novela sea despojada, y sin tapujos morales.

La traducción a cuatro manos de Ana Herrera y Roser Berdagué es impecable.

La prueba y La tercera mentira  logran quebrar el texto y los meta textos aparecen en las voces. No nos queda claro si es Lucas o Claus quien narra y no importa eso para la credibilidad de la historia, algo muy difícil de lograr. Nos puebla de momentos, bares, apariciones, amores, escritores que lo son o no, meras descripciones de algo que es nada. Agota K. logra dar sentido a una novela que posee una celula de gestación ambigua, abstracta, imposible de descifrar. Todo puede ser creible o puede ser refutado. ¿Cual es la verdad? La obra es verdad, es una alegoría de la misma. Y nos pasea por un cruel siglo 20, por ideologías opuestas, por la propia lectura de la posmodernidad.

Después de leer por segunda vez a esta novela, pude pensar en reseñarla, en la relectura comprendí que el error que cometía era intentar explicarla, asirla, porque es una obra maestra que hay que dejar desvanecer.

Agota Kristof, Claus y Lucas, traducción de Ana Herrera y Roser Berdagué, Libros del Asteroide, 2019, 472 págs.

La sombra de las ballenas

Conocí a Cynthia Matayoshi cuando hice un taller con ella, me apasionó el mundo que puso a mi disposición y comencé a leerla, pequeños artículos, un par de cuentos, hasta llegar a La Sombra de las Ballenas.

Esta escritora argentina, especialista en cultura y literatura japonesa, escribió su primer novela con la madurez despiadada de una mujer, con la magia del animé, la trascendencia de lo eterno y la búsqueda incesante de la humanidad.

Lo hace sin derrochar, su narración precisa no impide la alucinación o la distopía, pero tampoco la fuerza. Las oraciones breves en tercera persona, copulan con párrafos en primera, y muta a la poesía con la naturalidad con que sus personajes pasan de un reino a otro, de un mundo a otro, sin tapujos. A pesar de esa linealidad narrativa, las elipsis se agigantan-como ballenas tal vez- para que la historia se vuelva un infinito complejo, rico, atrapante. Los tentáculos babosos -parafraseando a la autora- de la historia construyen nuevas normas en este universo friccionado, lleno de simbolismos, que crea Matayoshi para permitirse lenguajes propios. Así, lo literal y lo fantástico, en estos mundos que se parecen subjetivamente al nuestro, en estos ambientes cargados de pasiones, amores, recelos, miedos y locura, se funden para que, como lectores, atravesemos membranas hasta comprender lo que sucede.


La historia se cuenta en dos planos. Uno es el mundo real, el barrio chino de Buenos Aires, donde el Deseo Puro es alimento, pero también es criatura, alimaña, procaz o naif, y es vendido por Fantasías que recorren el Barrio. Este deseo, corrupto al fin, es contagioso y peligroso para el orden. Uno de los personajes intenta salvar a su hermana, aislada por consumirlo. Otro plano, el fantástico, alberga dioses y máquinas y seres alucinados producto de la hibridación de reinos y categorías. Los personajes de la novela se nos presentan en un cosmos, pasan al otro, y vuelven al real, solamente para hacernos saber que todo puede retroalimentarse, que somos materia al fin, escualos y dioses, mujeres y máquinas, deseosos, obscenamente maleables y que todo, lo primario y lo complejo, puede suceder.

El universo que me abrió Cynthia en su taller, florece en La sombra de las Ballenas, con una narrativa tan original y poética que nos embriaga. Y sí, puede parecer demasiado, puede resultarnos abrumador, porque se atreve a traspasar muchas puertas blancas, con autoridad, y así atraviesa cultura, mito, creencias y se vuelva en cada oración un mundo desbordado, que se come a si mismo, lame al lector y vuela.

Esta novela oscura, plagada de sentido y sólida, nos obliga a enfrentarnos con la sordidez de los deseos que ocultamos, la categoría de lector va siendo captada, hasta zambullirnos en un Océano, donde Shiva escupirá nuestros huesos si no nos atrevemos a más, después de leerla.
Excelente obra, querida Cynthia Matayoshi, recomiendo tu libro y cierro con tu voz alucinada, en la que la imaginación se vuelve causa:

Marian escucha el canto de las ballenas, en la profundidad del tímpano oye los rugidos en una lengua indescifrable. Las ballenas no cantan palabras, cantan el silencio del mar. No les teme. Sentada en la cama, escuchando la vibración en las paredes del oído, no les teme. Tampoco las comprende. Aprendió a escuchar sin comprender, como los niños antes de hablar. 

Antes del lenguaje, rugidos. Antes del lenguaje, el sentido es la marca de un animal que se arrastra. Una hendidura en la superficie.  

Siempre es distinto. Los cantos de ballenas en las paredes de la boca, pegados a la lengua, tienen forma ovalada, como de luna invertida. Copulan con otras formas en el mar. Una vez, un sonido parecido a un pájaro, extirpado de raíz. Ballenas de pico alargado y ojos cubiertos de dientes, ojos blancos y dientes negros, alas inmaduras. Un pichón de ballena está muerto, eso imagina Marian, se cayó del nido del océano. Lo comerán otros animales o quizás lo devore la corriente. 

Diario de Cuarentena: Junín

Hoy mi ciudad, la tuya si vivís acá, cumple 193 años desde su fundación. Como casi siempre en mi vida, primero por mi madre, a la que molestaba mucho por ser patriota, docente, participativa y desde hace algunos años por mi propia iniciativa, estoy presente en el acto oficial frente al busto del Comandante Escribano. Este año costó reconocer a los representantes de otras instituciones y fuerzas vivas, todos tras barbijos que dieron color a rostros circunspectos. Algunos por el esfuerzo de la era en peste que les toca gobernar, otros por sus propias oscuridades.

Sin embargo ahí estábamos, todos, convidados por nuestra ciudad, los oficialistas, los contra, los productivos, los comerciantes, los culturales, los cooperativistas, la comunidad en pocos nombres para poder celebrar a este Junín que nos da cobijo, que nos permite crecer, construir y seguir en la vida social aunque la peste arrecie.

No creo en odios, ni en rencores, vi bajar la vista a los arrogantes, y pude alzarla ante la soberbia de los envidiosos y los mendaces, pero en realidad todos, con luces y sombras, hacemos de ésta nuestra ciudad.

Ojala nos unamos para sembrar en ella jóvenes comprometidos y que quieran arraigarse para siempre, en vez de emigrar. Siempre estaré a disposición de mi ciudad. Nací, crecí y viví siempre en Junín, aunque como muchos de mi generación, estudié en Buenos Aires, nunca cambié mi domicilio, volví siempre a votar. Mi ciudad y mi gente son mi identidad. ¡Feliz cumpleaños Junín!