Seda

Seda es una joya, una preciosa advertencia de lo posible en literatura. Alessandro Baricco relata este viaje entre mundos desde una mirada inmóvil, casi íntima, que nos revela con igual hermosura los paisajes transitados, en la construcción del relato; cuidado, armonios, único. Esta quietud con la que cuenta genera la distancia necesaria para encantarnos con la voz de su obra y tal vez para que no le duela como autor.

Hervé Joncour, protagonista de esta novela, viaja en busca de aventuras bajo el ala de comprar huevos de gusanos de seda, fuente del sustento en las hilanderías de su pueblo. Es muy probable que lo que busque encontrar sea el laberinto esencial que lo moviliza, el que todos deseamos hallar. Seda está ambientado en el siglo XIX, los viajes los realiza a Japón, un lugar remoto y extraño en esa época para el mundo occidental, prácticamente el fin del mundo.

Baricco construye esta novela sin ansiedad, pero con un ritmo firme, de capítulos cortos, llenos de sutilezas y apelando a los sentidos. Vuelvo a llamar joya a esta novela corta, que nos envuelve, con descripciones de Japón asombradas y ricos contrastes. El director francés François Girard llevó la historia al cine, en 2007 bajo el título de Silk y es una obra literaria traducida a muchos idiomas . Baricco dijo de su libro: “Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento”.

Me atrevo a contradecirlo. Es una novela corta maravillosa, que nos deja extáticos, llenos de posibilidades. Creyendo que las historias siempre pueden ser narradas de una forma preciosa. No sé si tan lograda como la de Baricco con Seda, pero invita a quien escribe a intentar ese salto de calidad equisita.

Para leer y releer.

Aura

Aura es una novela corta escrita por Carlos Fuentes. Tiene todos los recursos que engalanan un texto: ágil, misteriosa, maga. Esta obra, escrita en 1962 es además de referencia, es la novela que vuelvo a releer cada vez que quiero comprender como escribir para que un lector no pueda evitar leer y sorprenderse una y otra vez con una misma historia. Una que se lleva adherida en la piel, para siempre. Aura fue escrita al mismo tiempo que  La muerte de Artemio Cruz  y ambas apelan a lo tangente, a aquello que nos deja incómodos, como tratando de tragar lo leído, de procesarlo.

Es una obra que no quiero contar, porque el autor la narra de tal forma, que deben sorprenderse en cada una de sus páginas, en cada supuesta mirada, hechizada o no, de esos ojos verdes llenos de memoria y de tiempos.

Felipe Montero es un joven historiador al límite en su vida, halla un anuncio de diario que el mismo define como hecho para él, algo predestinado aparece sin que nos extrañe. Cuando llega, siente que es tragado por una oscuridad fría, y una anciana lo guía a su cuarto. Es Consuelo Llorente, la mujer del anuncio, luego conoce a Aura, la joven de la que se enamora y que lo prenda lo suficiente para quedarse a organizar las memorias del esposo muerto de la anciana, el General Llorente.

Todo es subyugante, la casa, los conejos, las ratas, Aura. Pero se enamora, y las memorias del general lo llevarán a su propio futuro. en una vuelta cíclica de la vida que propone Fuentes magistralmente. Lo raro y lo erótico se vuelven objeto de atención, la oscuridad y la luz, excusas. Aura y Consuelo, o debería decir ella, envuelven a Felipe y a nosotros, los lectores, en la brujería más interesante y reflexiva contada nunca. ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué mirada nos construye?

Novela obligada, en la que el escritor mexicano encarna como nadie el mito y la historia, la vida y la muerte, y ese encuentro con el otro que siempre es uno, en la historia pasada. Exótica, siniestra, incomparable.

Pregúntale al Polvo

Fante solo tuvo trascendencia después de su muerte, es probable que gracias a Charles Bukowski que consideraba a John Fante un escritor verdadero, sin remilgos, con la autenticidad reveladora de lo cierto.

Fante era prácticamente contemporáneo con Bukowski, pero resuena sin embargo en la obra del último, como si fuera más de una década la que los separaba, aunque el segundo no contaba con su humor. Probablemente esté Fante en Bukowski en esta cuestión de los alter ego que tienen ambos autores aunque el de Fante, Arturo Bandini, no puede con sus miedos y fracasa en las relaciones al punto de huir aterrorizado de las prostitutas pagándoles extra, o mantiene romances inalcanzables con mujeres que desprecia por no poder amar, construyendo un alter ego tal vez invisibilizado por los prejuicios. La incomunicación lo es todo en el personaje de Pregúntale al Polvo, escritor improbable y autor de sueños imposibles.

Hijo de italianos, pero nacido en EE.UU, la complejidad del inmigrante está en su obra, y él se ve y se siente norteamericano, y desde allí denigra a otras etnias minoritarias, como sus padres,tal vez por el propio desprecio que siente por sí, es que lo refleja en una desgarrada contienda contra mexicanos, filipinos, japoneses; y lo hace sin disimular su racismo. A él lo llaman “macarroni”, aclara varias veces. Nacido en un pueblo de Colorado, Bandini (Fante) parte a buscar suerte a donde todos iban en esa época, es decir a Los Ángeles. Una valija humilde su máquina de escribir y veinte años tibios. Llega y cree que va a lograr el éxito como escritor. Todas las novelas de Bandini muestran la descarnada ciudad meca de los años treinta. Estos libros son: Espera a la primavera, BandiniPregúntale al polvoSueños de Bunker Hill y Camino de los Ángeles, el último publicado recién en 1986, en forma póstuma.

Pregúntale al polvo narra en primera persona las travesías del joven Bandini, en una pensión de mala muerte en Bunker Hill, con tan intricada construcción que Bandini sale de su habitación por la ventana, para tirarse al césped y soñar un futuro que supone glorioso aunque una naranja sea su alimento diario.

Bandini vende su relato “Y el perrito rió” a una revista reconocida, y compra una enorme cantidad de ejemplares que reparte a todos tratando de impresionar. Nadie lo lee. Le escribe eternas cartas al editor que no conoce, reconociendo sus miserias y su falta de inspiración para concretar la novela que nunca comienza a escribir. En tanto, conoce a Camila, una moza de ascendencia mexicana y tal vez su mayor contradicción. La ve como una “diosa Maya” pero la destroza por “sudaca” , mientras que Camila le dice que ambos nacieron en Norteamérica. Bandini siente mucho por Camila, pero mucho malo, porque es una voraz decisión obsesa de poseerla, que incluye el rechazo y el miedo más sublime. Camila vive, es libre, se atreve, y Bandini tras su sueño americano, es un italiano católico militante. Camila vuela sobre las mesas, baila, juega, nada, ríe, Camila ama a otro. Un mozo enfermo, un tipo sin sueños, pero libre, todo lo que Bandini no es.

Bandini se envuelve con tanto desamor en las páginas de Pregúntale al polvo, harto de hambre, desolado por las mentiras a su madre, pidiendo perdón a Dios sin poder confesarse, y se transforma en agobio e impudicia. Es el que no puede nada. Enamorado y despechado. Aún así, en medio de la ignominia, el editor le envía un cheque: convirtió en un cuento una de sus cartas y se publicará próximamente. Y le pide que escriba una novela. Bandini se siente en el cielo como escritor, mientras se pierde en los escarnios del infierno con Camila.

Toda la novela de Fante transita la vida, el amor, la escritura, los miedos, la Norteamérica prejuiciosa pos depresión y logra mostrarnos todo eso, con un solo personaje: Bandini. Un tipo que nos da pena, al que despreciamos y también un joven incierto al que deseamos abrazar. Contradictorio y por lo tanto humano, Pregúntale al polvo es una novela cruda, pero llena de verdad, una novela de un Fante auténtico, tal vez es la novela Fante por excelencia.

Si sos lector, no te la pierdas, si escribís, es una necesidad.

Memorias del Subsuelo

Memorias del subsuelo narra la vida insignificante de un funcionario cualquiera. Dostoievski hizo de este personaje un análisis psicosocial tal que permite entender desde las primeras páginas ante que historia nos encontramos; y, aún así nos van a ir sorprendiendo sus acciones y divagues hasta la última palabra. Dostoievski limita la caracterización del «habitante del subsuelo», no podemos adivinar como va a actuar, hasta el gran giro final de la obra.

Tomada como precursora del existencialismo; estas Memorias se devanean entre lo conceptual y lo histórico del mismo que lo hace Nietzsche respecto a la moral del amo-esclavo ; y anuncia lo que aún no se estudiaba, como la sombra de Jung o las cuestiones de la psicopatía, a quiénes considera amorales. Nos vamos cuestionando con el personaje lo dicho y lo callado. Nos deja en un éxtasis filosófico constante. A pesar de una rara estructura en dos partes: «El subsuelo», de once capítulos, se sostiene y tensiona. Un tipo de monólogo introspectivo del protagonista que se abalanza al lector, aterroriza hasta sublimar, este hombre filosofa y se contradice, nos muestra sus pensamientos que van de la arrogancia a la derrota. El personaje le habla al lector en ocasiones, dejando sin pared límite a la relación, apela de tanto en cuanto al lector y lo hace de forma más o menos explícita. En «A propósito del aguanieve», la segunda parte, diez capítulos más convencionales con diálogos, descripciones de acciones y situaciones, se somete al lector a una agilidad que equilibra el reflexivo Subsuelo inicial, a pesar de que pasar de un estilo a otro incomoda, hay organicidad entre las partes, siendo la segunda, la que nos da claridad sobre los temas que la obra trata.

Memorias del subsuelo no deja dudas, su protagonista, el habitante del subsuelo, es deleznable. Típico personaje dostoievskiano (tal vez el inicial), no llega a salvarse con sus pequeños detalles saludables. Él mismo lo anuncia confesando: «Soy un hombre enfermo… Soy malo. No tengo nada de simpático.» Pero según él, lo vemos así nosotros, que vivimos con la moral y la razón a mano, y nos alerta que la vida sólo es interesante por su condición negada. No somos libres si estamos atados a la razón y al constructivismo, dice este antihéroe ruso. El hombre del subsuelo convierte en amoral su forma de ser. Y, eso lo pone en alto respecto al resto. Es un personaje que se nos presenta quebrado, física y emocionalmente, permanentemente en estado de frustración y culpa, claro que, en vez de ser víctima de ello; lo vuelve su filosofía de vida. Aunque se justifica no parece estar consciente de hacerlo, es una hombre con tanto miedo al dolor que prefiere herir primero, tan aislado por temor al rechazo que él rechaza a la sociedad, aunque muy pocas veces en la obra lo admite.

El habitante del subsuelo, ve un mudo connotado por él. Y a través de esa mirada, Dostoievski nos deja impresiones sobre el amor, la civilización, la sociedad, la traición, y otros temas universales, y esas ideas pueden ser consideradas nihilistas, aún cuando sea un atrevimiento de mi parte intentar analizar semejante obra y autor. Dentro del paraguas que crea, Dostoievski se mantiene neutral, no alaba a su personaje, sus opiniones, ni lo enjuicia. Lo deja con la historia en sus manos. Expone las contradicciones del hombre del subsuelo para que el lector decida sobre él. Memorias del subsuelo es uno de esos libros que nos rompen los esquemas y nos obliga a interpelarnos. No podemos quedarnos al margen una vez que lo leemos. Debemos repensarnos, en realidad lo hacemos ya mientras lo vamos leyendo, porque la pregunta constante es qué tipo de subsuelo habitamos y qué persona queremos ser.

Nos deja con la memoria de este hombre en los hombros, nos deja solos, enfrentados a nuestra vida en forma permanente. Al fin de cuentas, así es como vivimos. Lo sepamos o no.

El fin del amor. Querer y Coger

…le dije
que lo que yo quería era “tener lo mejor de los dos mundos”.

Tamara Tenenbaum

En el ensayo «El fin del amor. Querer y coger», la filósofa y escritora Tamara Tenenbaum profundiza sin reparos, en el mundo afectivo, para ofrecer una estudio minucioso la subjetividad a la hora de relacionarnos. La autora sostiene que nos hallamos en el final de un paradigma: «la pareja era la única forma de entender el amor y en el cual las mujeres tenían que pasar la vida buscando una pareja y ese tenía que ser el objetivo vital«. Pero también filosofa sobre muchas cuestiones inherentes al poder del dinero y la libertad económica con que cuentan las mujeres a la hora de decidir sobre el amor.

Tenenbaum nació en una comunidad judía ortodoxa en el Once, barrio típico de Buenos Aires, y pudo eludir muchas de las normas que atraviesan otras chicas de la misma comunidad, por eso en este ensayo  cuestiona las dinámicas del amor desde un lugar específico y demarcado: como parte de una generación con curiosidad y deseos de ponerse a cambiar paradigmas y modelos de relación, fuera de los que están establecidos como típicos para las parejas y la monogamia heterosexual. Esta generación, a su vez, no puede con la retórica del amor  y supone que los ideales morales fueron cambiados por los de consumo en la vida en de relación. Así, visto, tener pareja es ser exitosa y ser soltera es un fracaso. La pregunta sería: ¿esto no es igual a dos siglos atrás?

Hablar sobre religión, exponer la sexualidad en su esplendor y las relaciones abiertas es sencillo ahora, en la época en que Tenenbaum escribe, por lo que el mayor mérito se lo doy a como lo narra. Nos mete en su mundo, en sus lecturas y cita y conversa con nosotros sobre lo que va exponiendo, a veces concordamos, y a veces no.
El fin del amor es un libro cuestionador, que nos llama a reflexionar, pero donde la autora deja un convite lleno de convicciones propias. Nos habla de un cambio inevitable, tal vez por cuestiones generacionales, mantengo cierto respeto hacia las tradiciones y no estoy tan segura de lo inexorable, pero rescato de este libro (que considero un ensayo, aunque algunos lo llamen novela contemporánea), la claridad del texto, la inevitable relación que establece con nuestra subjetividad y la necesidad de establecer voces respecto a muchas cuestiones abusivas que antes se normalizaban. No alcanza. Pero es un paso. Y merece la lectura. Cierro esta reseña con la voz de Tamara:

Es un privilegio también animarse a soñar con hacer
política, pintar cuadros, construir edificios, escribir novelas, viajar por el
mundo con una mochila y acumular aventuras sexuales o amores increíbles, y
soñar también aventuras colectivas, construcciones comunitarias, felicidades
que no pasen solo por vos misma. De esto hay que llenar el mundo: de
historias de mujeres que no amen ni odien sus cuerpos, y que los acepten como
son en cualquier formato; de mujeres que tengan la libertad, la libertad
verdadera, de hablar de otra cos
a.

Los cuerpos del verano

A raíz de un cuento que estoy trabajando, Anahí me recordaba que debía leer Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet, y yo me resistía porque no me gusta leer sobre los temas que escribo. Prejuicios inevitables en nuestro arte. Pero esta semana me lancé a estos cuerpos propuestos, de lectura veloz, que nos interpelan, porque son la concreción de lo soñado, de aquello que no nos atrevemos a decir.

La breve novela es inmensa. Llena de cuestionamientos filosóficos, arrebatada por un montón de problemáticas irresolutas que nos persiguen a diario. Creencias, amor, sexo, alma, constructivismo, traición. Nada queda afuera de la obra, nada podemos hacer después de leerla para esquivar lo que pensamos y es ése el logro primordial del autor.

De quién nos vengaríamos si no estuviésemos obligados a morir. Cómo soportaríamos cuerpos de otro género. Podríamos ver morir a nuestros hijos. Enamorarnos de quienes serían nuestros bisnietos, volvernos animales o reencarnar en la web. La pregunta podría ser si tiene sentido una vida sin muerte obligada. Si elegiríamos un limbo o nos volveríamos carnívoros en un sentido metafórico.

Ramiro, el protagonista de esta historia, vuelve a la vida décadas después pero en el rollizo cuerpo de una abuela, y comprueba que a pesar de la inteligencia artificial las personas siguen igualmente insatisfechas, llenas de dudas y de miedos. Los grandes dilemas no se resolvieron, y los restos de su antigua existencia. sus amores, sus dolores, una hija que solo puede encontrar en internet, en una especie de cielo internauta, y muchas presiones que no cesan con el cambio de cuerpo. Su hijo que prefiere morir para siempre antes que flotar y ser reciclado, como un revolucionario futurista con conciencia de finitud.

El mundo de Catagnet es un mundo que critica al capitalismo, sin embargo se vale de él para poder crearlo, y a pesar de tal crítica, es emocionante la historia, la continua vida de Ramiro, que aunque habite senos sigue siendo un hombre confundido y melancólico. De Azufre que prueba las inequidades de los tiempos y de cada uno de los personajes que sorprenden y nos dejan llenos de incomodidades. Sobre los cuerpos, la eternidad, la memoria, el espacio que ocupamos, los no lugares, pero sobre todo Los cuerpos del verano llega para recordarnos que no tenemos otra cosa que tiempo. Un tiempo propio, que será eterno o efímero de acuerdo a como elijamos vivir.

El Lector

A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque solo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?

En los barrios de Berlín, la guerra ha finalizado, el pasado muta en nuevas construcciones que pisan los restos, y esos barrios atestiguan. Es en este contexto que Bernhard Schlink narra una historia fascinante que une amor, nazismo con todo el horror que significa, todo el miedo y toda la culpa sobre una herencia que no puede evitarse, y que solo puede remediarse sino a través de las generaciones del futuro.

La historia comienza cuando Michael Berg (quien narra en primera persona), un chico quinceañeros, conoce por desmayarse a la salida del colegio, a Hanna, una mujer mayor con la que comienza una relación amorosa secreta, y tal vez sumisa, en el departamento de ella. El amor es rutina, parece decirnos el autor: primero se bañan, luego hacen el amor y tras el sexo, Michael lee a Hanna clásicos de la literatura, el ritual continua hasta que Hanna, desaparece con la misma intrepidez con la que comenzó a ser parte de su vida. Cuando Michael estudia Derecho, comienza un juicio contra mujeres acusadas de matar a cientos de prisioneras durante su época de guardianas de la SS en campos de concentración. Hanna está entre las acusadas. El juicio lo pone frente al dolor del abandono, de cara a un pasado en llaga, y comprende que amó a una desconocida.

La novela está narrada en tres tiempos coincidentes con los momentos de la vida del Michael, cuando conoce a Hanna, casi niño, como universitario en el juicio, y cuando ya cincuentón, vuelve a contactarla y mirando atrás nos narra toda la historia.. Los meses del amor adolescente, son tan pasionales que piensa que nadie será como ella, cuando Hanna está en el juicio, él comprende que no vio lo obvio, que todas las pistas eran claras y que El lector las intuye, y siente que su extrema juventud, lo impidió y su inocencia quedo en las paredes de aquel departamento.

Al principio conocemos una Hanna treintañera, sexual y que vibra con la lectura, con los clásicos, con la cultura. La mujer que se reencuentra con Michael es una que está desarraigada, avergonzada, que nota sus faltas pero no puede reconocerlas, La complejidad de Hanna atraviesa a la tibia mirada de Michael Y El lector va comprendiendo, aunque no pueda perdonar, los vaivenes y las carencias de la vida de una mujer que tiene la piel llena de restos, de fisuras, por las que la ignorancia, el horror y la muerte gotean entre ellas.

Es una obra maestra que nos cuenta la posguerra, que nos hace responsables, al leerla, de esa sociedad que llegó hasta tal límite, a ese nivel de degradación. En mi caso ante la decadencia actual, me llevó a pensar el qué bordes elegimos limitar como sociedad.. En cuánta ignominia nos rodea e ignoramos, o dejamos en el costado oscuro del olvido. A pesar de su rigurosa historicidad, es una historia de amor, de horror y de piedad, entre Michael y Hanna, juntos, en y sus vidas por separado. Una historia de amor desgarrado, prohibido, que el autor exhibe sin prejuicios y con destreza narrativa. Nos lleva a soñar, nos vuelve inocentes, hasta que comenzamos a cuestionarnos, nos molesta, odiamos los abusos y sin embargo festejamos el amor, las aciagas decisiones y torturas. Pero además, es una historia llena de libros, y son amados, producen cambios, enriquecen, acompañan, incomodan. Como si no fuera ficción. El lector de Bernard Schlink. Un libro necesario.

Maniobras de evasión

«Hago como que corro con todos, pero siempre me siento al margen, soñando otra cosa, nunca me creo la vida, ese juego tan raro que practican los demás.»

Pedro Mairal

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970), autor entre otros, de  Una noche con Sabrina Love, libro que alguna vez reseñaré y que leí hace bastante más de quince años, es un autor interesante. No puedo decir que está entre mis favoritos, a veces noto una excesiva tendencia autobiográfica, o crónica en su obra, y esto lo digo desde lo personal, tal vez una mirada por demás subjetiva la mía. Pero me propuse leer y reseñar
Maniobras de evasión, que recoge textos escritos y publicados por revistas, otros que fueron parte de un blog del autor, llamado El Señor de abajo; y algunos escritos para el libro. 

Maniobras de evasión ha sido editado por la escritora juninense Leila Guerriero. Mairal en sus presentaciones, contó que Leila descartaba textos que Mairal quería que entraran en el libro, con una conciencia de selección muy ajustada. O le proponía escribir nuevos textos para volver sólidos algunos de los tema que se trataban.
En Maniobras de evasión, hay algunas secciones no definidas, tras una intro donde Mairal nos cuenta sus problemas para sentarse a narrar en concreto, el libro habla de infancia, adolescencia y una primera edad joven. Es evocativo, con la dureza que el autor habla de si mismo. Un niño que es elegido último para armar el equipo de fútbol, que simula jugar rugby, que esta primero en la fila. Un loser setentoso que nos vuelve cómplices en cada historia de los desaires sufridos.
En Maniobras de evasión se caracteriza por los finales de los textos, cada uno deja un cierre pulcro y consolidados. Grandes finales.

El sobrino de Bioy, es un texto de regodeo donde Mairal nos cuenta lo que significó ganar el premio premio Clarín, a los veintiocho años con Una noche con Sabrina Love. Adolfo Bioy CasaresAugusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante lo eligieron y por supuesto lo criticaron y decidieron los rumores volverlo sobrino de Bioy, yo lo quitaría del libro. Pero es el libro de Mairal, y una reseña es solo la impresión de un lector más o menos avezado sobre una obra.

La adolescencia y la juventud se coronan como tema hablando de la madre, y su terrible perdida de la memoria y el habla. Babas del diablo o Desde el camión  son producto de artículos encargados por diarios o revista. que muestran la voz de Mairal a la hora de narrar historias, íntimas, reales.
Uno de los temas del libro es el sexo, porque el autor aceptó encargos para hablar en un artículo sobre «tetas» y en otro sobre «culos». Son textos políticamente incorrectos, tal vez por eso me gustaron mucho, a pesar de lo limitados del tema y el humor.
Mairal escribe sobre el trasfondo, la periferia de los viajes literarios o ferias, donde el sexo, y las fiestas vuelven a tomarlo, y su desdén hacia la propia imagen de macho desdicen cualquier posición machista anterior. En Es Ahora nos incomoda con la urgencia, con la vida del hoy, suspendida en un tiempo que no admite la espera.
Otro tema es la continua lucha del autor con su texto. Los plazos impuestos como límite a la calidad, las idas y vueltas, las distracciones, las redes. Y me gustó mucho su respeto al lector, cierro esta reseña con sus palabras. «Aunque hay autores que confrontan al lector, y lo hacen bien, yo prefiero ir desplegando las escenas delante de los ojos, a la par del lector, sin obstruir el paisaje, prefiero hacerme a un lado, quedar hombro con hombro, escribir como quien va manejando un camión y lleva al lector de acompañante.»


 Maniobras de evasión es un libro coherente, con un Mairal en evidencia, que se acerca al lector. No me atrevo a pensarlo valioso, sin embargo lo leí de corrido y forzando la sonrisa.

Claus y Lucas

¿Quién dijo que la infancia carece de maldad? No hay personas más crueles que los niños, que los niños entre sí y con los adultos, y es eso lo que los vuelve entrañables y verdaderos. Pero Agota Kristof va hacía otros bemoles y utiliza la infancia para hablar de la guerra, el totalitarismo, la tortura psicológica y una especie de iniciación en la que la vida aparece como por arte de magia dando respingos en una historia tan dura como trascendente. Este libro pertence a una trilogía, que tiene un mismo conflicto recurrente, y si leen las tres obras verán que se interrumpen, se roban, mienten y generan una tensión insoportable.

El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1992) es claro que leer cualquiera de los libros solos cambiaría la reseña de hoy hecha sobre el conjunto. La obra de de la autora, no está conformando una novela única, se pueden notar escisiones de por lo menos cuatro dentro del total de páginas, con diferentes efectos en el lector.

El gran cuaderno abre la historia que conocemos, dos hermanos son abandonados por su madre en la casa de la abuela mientras la Segunda Guerra Mundial oscurece Europa. Son voces espejadas, como si Claus y Lucas narrararn frente a frente, tal vez son eso. Un espejo del mundo. No pueden estar separados el uno del otro o sobrevienen desmayos y estos hermanos son fuertes e increíblemente astutos para su edad, pícaros, intensos, taimados, capaces de generar un relato sociológico que envuelve al otro, sea niño o adulto, con solvencia. El contexto de muerte, hambre y estallido son un complemento perfecto para las bravas displicencias de Claus y Lucas que nos parecen al fin de cuenta, una simpática respuesta a la destrucción más terrible. Ellos no se contienen, lastiman, matan, poseen una sexualidad explícita, Kristof logra que la voz de la novela sea despojada, y sin tapujos morales.

La traducción a cuatro manos de Ana Herrera y Roser Berdagué es impecable.

La prueba y La tercera mentira  logran quebrar el texto y los meta textos aparecen en las voces. No nos queda claro si es Lucas o Claus quien narra y no importa eso para la credibilidad de la historia, algo muy difícil de lograr. Nos puebla de momentos, bares, apariciones, amores, escritores que lo son o no, meras descripciones de algo que es nada. Agota K. logra dar sentido a una novela que posee una celula de gestación ambigua, abstracta, imposible de descifrar. Todo puede ser creible o puede ser refutado. ¿Cual es la verdad? La obra es verdad, es una alegoría de la misma. Y nos pasea por un cruel siglo 20, por ideologías opuestas, por la propia lectura de la posmodernidad.

Después de leer por segunda vez a esta novela, pude pensar en reseñarla, en la relectura comprendí que el error que cometía era intentar explicarla, asirla, porque es una obra maestra que hay que dejar desvanecer.

Agota Kristof, Claus y Lucas, traducción de Ana Herrera y Roser Berdagué, Libros del Asteroide, 2019, 472 págs.

Discusión

Las escritura de Borges para la fecha de publicación del libro ya había comenzado a madurar, sin los excesos jóvenes del los que él mismo hablo, Un año antes comenzó su colaboración con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, que sería un hito cultural en toda la América hispanohablante. Pero lo cierto es que en 1932 se atreve a un nuevo libro de ensayos. El primero, Inquisiciones (1925),no volvió a reeditarlo en vida.

Discusión trata todos los temas del universo borgiano: el Martín Fierro, sus antecesores, las comparaciones, es muy interesante ver como a la metafísica, Whitman, las traducciones de Homero o las paradojas lógicas, los invaden la poesía gauchesca, y los temas que a Borges lo desvelaron en esa época. Imperdible las comparaciones entre Lussich y Hernández y como se divierte desestimando la copia y hablando de evolución.  Es un libro que nos ilustra, a veces diría que alumbra, como en el ensayo «El arte narrativo y la magia», en el que el maestro nos muestra su filosa mirada para encontrar los yeites de la escritura, esas técnicas que los normales no vemos y que el logra unir para hacer posible su magia. Nos atiborra de ejemplos de cómo un narrador se ve obligado a una determinada causalidad, que asienta sobre detalles , que le otorgan pequeños encuadres espejados a los relatos. Pero son pequeños amagues, porque deja claro que el caos natural de la causalidad de la realidad, sería tan aplastante que el lector descreería. Borges atisba lo que otros no, y se vale de autores como Frazer y de libros como La rama dorada, por ejemplo para mostrar una magia amigable y hechizada.

Trata una cuestión interesante sobre todo cuando rescata la figura del paisano en los antecesores de Hernández y es el hecho de tomar la literatura como acto (como Roland Barthes, Borges denuncia el artificio del lenguaje, el abuso del estructuralismo, la forma y el dogma para catalogarse como «literario»); la cábala (una práctica antigua que se cree obsoleta pero de lógica impecable: si la Biblia fue escrita por Dios, una inteligencia perfecta no hubiera dejado ningún atributo al azar: «un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos, de variaciones infalibles, de revelaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿Cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico?»), es uno de los temas que trata, y por supuesto a Whitman y Flaubert.

Este libro es una gran clase de Borges, de la que se vale para refutar una vez más, el realismo y el psicologismo en la novela, y arguye tan genialmente que es factible creerle. ¿La realidad no sería verosímil? es una de las cuestiones que nos deja Discusiones. Por otra parte, la reseña que hace el gran autor de Luces de la Ciudad (1931), de Charles Chaplin, es increíble, dice Borges; «Su carencia de realidad sólo es comparable a su carencia, también desesperante, de irrealidad.»