Brujas de Carupá

Releer Brujas de Carupá, la gran novela de mi maestro y mi amigo Luis Mey, es aprendizaje y sorpresa, es volver a concebir estos mundos desgarrados y sobrenaturales que imaginó para desacomodarnos, obliga a ir y venir descontrolados en su febril escritura para volvernos perceptivos. Mey abruma, enloquece, entretiene y enseña a cualquier escritor que lo lea. Y sus lectores no pueden evitar la sonrisa, el miedo, la esperanza a pesar del terror. La novela nos muestra mundos, hay uno externo que Arnaldo, un personaje entrañable con evidentes problemas cognitivos, intenta comprender, y lo hace desde una mirada única. Vive en un barrio pobre y como a todos, le tocó ese lugar en el mundo, lleno de situaciones grotescas, asistentes sociales, vecinos infames, un mundo complicado y disfuncional. Pero la verdad es su mundo interior, uno lleno de ciénagas y secreto no develados que nos hace bordear la fantasía y el terror durante toda la novela.

 Brujas de Carupá es voz de la entereza de la la infancia tanto como de su vulnerabilidad, con esa necesidad extrema que los niños representan, intentando escapar del mundo hostil que construimos los adultos. La eficacia y la maestría de Luis Mey en esta novela reside en no saber nunca en que realidad o en qué plano de la misma nos encontramos como lectores.

Con un narrador en primera persona, Arnaldo, Brujas nos propone poderes sobrenaturales como su título promete, hechizos y lo siniestro de la mano de una paródica mirada infantil, que va a contar lo pavoroso de un universo de adultos en problemas, y que nos hace transitar de la risa al miedo, de la paz al sobresalto.

Luis Mey se lanza a un suspenso en una doble existencia , que nos hace dudar sobre el pensamiento del niño, lo que cuenta, respecto a lo que le ocurre aunque no lo desee, en forma sobrenatural. Ahora, ¿esto es fantástico, o realmente su familia consta de una abuela bruja y una madre heredera de poderes que desprecia?

Si como lector, deseás conocer a un gran autor, es una obligación leer Brujas de Carupá, que vale la pena por muchos motivos, pero el ambiente que Mey crea es mérito suficiente. Les dejo una muestra de la voz que el autor impone en toda la historia. Y espero comentarios cuando la lean. Una gran novela. Un gran escritor.

“Mami puede decirme estúpido porque ella es la que dice que los demás no pueden. Eso ya me lo explicó hace un montón y yo le digo que sí y me dice entendiste y yo digo sí, sí, sí porque ella es la que dice lo que se hace mal, que es lo que le pone la cara cuando decimos Carupá o abuelo”

Pequeña flor

José y Laura son los protagonistas de esta historia escrita de un tirón -en un solo párrafo- y que nos permite leerla de corrido, es breve, fantástica y tuerce el destino más de una vez.

José pierde su empleo y Laura vuelve a uno que no desea, tienen una hija Antonia, que queda al cuidado del padre. La construcción amorosa de esa relación me hizo pensar en la novela todo el tiempo en la sublimación del yo. En sublimar deseos, monstruos, pormenores, hasta mandatos. Cuando en las últimas páginas Havilio escribe la palabra, todo adquiere para mí, el sentido contrario.

El autor asesina y ve resucitar a su vecino, cree tener poderes, cree habérselos trasmitido a su hija, supone y proyecta en un juego maravilloso con el lenguaje y los hechos. Es de una construcción tan arriesgada como la historia. Lo cotidiano nos va contando locuras, pasiones, excesos y también el día a día de un matrimonio más.

Sin dudas es un gran relato, con las ambigüedades de la época y con la fuerza retórica de un buen escritor. No creo que el final abierto aporte a la obra, sin embargo reconozco el vértigo que logra en tan pocas páginas.

Recomiendo su lectura, y la búsqueda de Iosi Havilio, autor de Opendoor, Estocolmo y otros buenos libros que he leído y seguramente reseñaré.

Les dejo un párrafo:

No recuerdo bien cuál fue el disco que produjo el clic generándome un irresistible impulso de volver a escuchar. Es probable que haya sido uno de Manal. O las rapsodias de Liszt. El efecto fue inmediato, como un pase de magia. ¡Ahí estaba todo! En esos discos marginados dormía mi potencia. Gracias a la música, de la desidia pasé a la acción, de la depresión a la esperanza, al empleo ideal del tiempo. 

Pepe Corvina

Enrique Estrázulas, nacido Montevideo en 1942, publicó seis novelas, tres libros de relatos, dos ensayos, algunos libros de poesía y una obra de teatro. Fue traducido a varios idiomas. Periodista, cronista y diplomático, apreció el viajar y lo utilizó en su obra. Un autor que sostuvo la cultura, y que fue agregado cultural en Roma, París, Buenos Aires y embajador en Cuba.

Aunque me jacto de ser un lectora abnegada llegué a Estrázulas por un compañero de la Licenciatura en Gestión Cultural, Luis Nogueira a quien le agradezco su recomendación. Un escritor al que Cortázar, Rulfo y el mismo Juan Carlos Onetti, consideraron indispensable. Su obra teatral «Borges y Perón: entrevista secreta» se estrenó en Buenos Aires. Y varias ediciones se hicieron en Cuba. La antología de cuentos «La cerrazón humana» reúne algunos textos fundamentales y el libro que nos ocupa «Pepe Corvina», es uno de sus clásicos publicado por primera vez en 1973.

Se trata de una historia alucinada, escrita en dos meses, propia de la narrativa uruguaya, esas vidas mínimas y enloquecidas que Estrázulas volcó en el mundo de la escritura. Tal vez por sus ambiguas condiciones, esta novela que no podemos definir dentro de género alguno, tiene toda la magia y la potencia para ser estandarte de la obra del autor.

La historia, instalada en las costas uruguayas, nos muestra todos los matices propios de la literatura costumbrista, se nos viene el Macondo de Gabriel García Márquez, tal vez la verdadera esencia de un Rulfo. Es que el autor de una cuestión ínfima, local, despliega toda su narración con tal potencia, en esta novela desde varios protagonistas cuentan la misma historia desde sus diversas miradas, y lo hace de modo tal que nos envuelve, y nos sentimos responsables de esa narrativa naufragada, tan responsables como los personajes que la cuentan. Pepe Corvina, el caracter, es una excusa para secuenciar situaciones y desvíos. Este pescador, castigado por el hambre, la soledad, el clima de la costa y un desgarrador desamparo, se aferra a la búsqueda del paraíso encarnado en una fragata hundida en la que yace cierta extraña pieza de cobre olvidada que tiene ese secreto, el que nos vuelve seres dignos del paraíso perdido, donde la felicidad es una posibilidad; y él sabe que el mapa lleva al lugar exacto del naufragio.

La locura, el delirio, o tal vez la demente idea de ser felices contagia a otros habitantes tan desolados como Pepe, ensimismados en una vida opaca, miserable. Un psiquiatra, tal vez testigo y loco a la vez, sostiene la utópica visión. La historia del hallazgo y de la ubicación del paraíso, atrae aun grupo variopinto denominado «Sociedad de Amigos de la Arqueología». Son tres personajes, pseudo intelectuales, que deciden avalar la historia que Pepe Corvina no logró. Las metáforas son contundentes en su simpleza, la descripción avezada del autor lo acerca a los grandes, es despojado pero a la vez tiene lo inefable de Onetti.

Enrique Estrázulas retrata la realidad, una que subyace bajo la forma de un pueblo de pescadores, en el que se sumerge a reflexionar, y lo hace con ironía, fabulando con los propios, con los suyos, esos uruguayos que amo en lo personal y a los que es difícil considerar verosímiles, cuando relatan historias como éstas. Tal vez porque no nos atrevemos a los paralelos de la imaginación.

Sin dudas, la recomiendo.

Discusión

Las escritura de Borges para la fecha de publicación del libro ya había comenzado a madurar, sin los excesos jóvenes del los que él mismo hablo, Un año antes comenzó su colaboración con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, que sería un hito cultural en toda la América hispanohablante. Pero lo cierto es que en 1932 se atreve a un nuevo libro de ensayos. El primero, Inquisiciones (1925),no volvió a reeditarlo en vida.

Discusión trata todos los temas del universo borgiano: el Martín Fierro, sus antecesores, las comparaciones, es muy interesante ver como a la metafísica, Whitman, las traducciones de Homero o las paradojas lógicas, los invaden la poesía gauchesca, y los temas que a Borges lo desvelaron en esa época. Imperdible las comparaciones entre Lussich y Hernández y como se divierte desestimando la copia y hablando de evolución.  Es un libro que nos ilustra, a veces diría que alumbra, como en el ensayo «El arte narrativo y la magia», en el que el maestro nos muestra su filosa mirada para encontrar los yeites de la escritura, esas técnicas que los normales no vemos y que el logra unir para hacer posible su magia. Nos atiborra de ejemplos de cómo un narrador se ve obligado a una determinada causalidad, que asienta sobre detalles , que le otorgan pequeños encuadres espejados a los relatos. Pero son pequeños amagues, porque deja claro que el caos natural de la causalidad de la realidad, sería tan aplastante que el lector descreería. Borges atisba lo que otros no, y se vale de autores como Frazer y de libros como La rama dorada, por ejemplo para mostrar una magia amigable y hechizada.

Trata una cuestión interesante sobre todo cuando rescata la figura del paisano en los antecesores de Hernández y es el hecho de tomar la literatura como acto (como Roland Barthes, Borges denuncia el artificio del lenguaje, el abuso del estructuralismo, la forma y el dogma para catalogarse como «literario»); la cábala (una práctica antigua que se cree obsoleta pero de lógica impecable: si la Biblia fue escrita por Dios, una inteligencia perfecta no hubiera dejado ningún atributo al azar: «un libro impenetrable a la contingencia, un mecanismo de infinitos propósitos, de variaciones infalibles, de revelaciones que acechan, de superposiciones de luz, ¿Cómo no interrogarlo hasta lo absurdo, hasta lo prolijo numérico?»), es uno de los temas que trata, y por supuesto a Whitman y Flaubert.

Este libro es una gran clase de Borges, de la que se vale para refutar una vez más, el realismo y el psicologismo en la novela, y arguye tan genialmente que es factible creerle. ¿La realidad no sería verosímil? es una de las cuestiones que nos deja Discusiones. Por otra parte, la reseña que hace el gran autor de Luces de la Ciudad (1931), de Charles Chaplin, es increíble, dice Borges; «Su carencia de realidad sólo es comparable a su carencia, también desesperante, de irrealidad.»