Diario de Cuarentena: Cosmópolis

150 días pasaron del primer diario, pero seguimos con restricciones a derechos fundamentales, como reunirnos, trabajar, transitar. Hace tiempo que dedico los domingos a recomendar un libro. Hoy voy a recomendar uno que leí en su idioma original del autor Don DeLillo, queha escrito hasta la fecha una quincena de novelas, cinco obras de teatro, más de veinte ensayos, un guión cinematográfico, panfletos en defensa de Salman Rushdie y Wei Jingsheng y trece relatos. Su nombre, sin embargo, ha alcanzado fama y reconocimiento académico únicamente en su faceta de novelista. DeLillo es hoy uno de los novelistas norteamericanos mejor considerados por la crítica de su país y con mayor proyección internacional. La popularidad de su obra, no obstante, ha ido creciendo progresivamente a lo largo de los años, especialmente a partir de la publicación de Libra en 1988, que marca un punto de inflexión en términos del volumen de lectores y de la atención académica . Recomiendo, como todos los domingos de esta interminable cuarentena, una de sus obras Cosmópolis (2003).

Después de tres décadas a la sombra de Pynchon, DeLillo se revela al inicio del siglo XXI como padre de
una nueva generación de autores que se consideran sus herederos: Jonathan Franzen, David Foster Wallace o Richard Powers. Pero hoy nos dedicamos a una novela en partícular.

Cosmópolis transcurre en un solo día, el último de una época, símbolo del intervalo entre el final de la guerra fría y la era de terror, de los años 90, momento en que el mercado financiero se desploma y la «nueva economía» comienza a agonizar. Es una historia intensa que surca los temas capitales del autor: la alienación, la paranoia, el sexo, la muerte, el mercado global, el terrorismo y la relación entre poder y tecnología.

El joven Eric Packer emprende su viaje en limusina para cortarse el pelo en su antiguo barrio, el Bronx, sin saber que este viaje será más largo e incluirá inversiones con una divisa asiática, prostitutas y traiciones de sus antiguos aliados.

Don DeLillo es uno de mis favoritos dentro de los escritores contemporáneos. Cualquiera que haya leído Ruido de Fondo sabe su genialidad. Esas frases disruptivas y poéticas, que nos remiten a Hemingway cuando entrecorta una frase , a Thomas Pynchon, en la maligna y paranoica mirada de la realidad que nos rodea, DeLillo es un grande, con diálogos increíbles, con un humor particular y una visión del mundo llena de personajes encerrados y roles que se intercambian a lo Samuel Beckett.

Pero sigo con la novela que recomiendo hoy. Este viaje en limusina que es la historia abreviada del capitalismo tardío, en la visión del autor, con un joven de Wall Street ignorando las protestas de la calle al tiempo que sigue una inversión peligrosa con el valor de una divisa china. Porque, dice De Lilo, con el valor oro enterrado, el dinero ya solamente vale lo que alguien dice que vale. ¿Qué nos dicen sus abstracciones, sus frases seculares? Tantas transacciones, ambiciones y movimientos económicos, que ponen a este joven de un barrio bajo, lejos de un ciudadano promedio, algo significan. DeLillo lejos de ofrecer visiones más o menos claras de lo que sucede, nos ilumina por dentro, como si pudiera ver la forma en la que vamos comprendiendo , sintiendo y procesando lo que sucede.

Durante su viaje, el protagonista se enfrenta a una odisea , queda atrapado en un embotellamiento producido por la llegada del Presidente a la ciudad, el funeral de un ídolo de la música, el rodaje de una película y una violenta manifestación política. Cuatro parangones de una realidad que fue escrita en 2003, pero que sigue representando la sociedad actual, llena de parámetros impuestos, de ídolos de papel y de violencia política, Cosmópolis profetiza en dos mil tres, un mundo veinte veinte, convulsionado y caótico, carente de futuro. Imperdible la obra y el autor.

Diario de cuarentena: Todo queda en Casa

«Creo que escribo naturalmente de una manera fácil, sin pensar en que eso tenga que ser fácil» Alice Munro

Como cada domingo dedico el diario a recomendar autores que he leído y que representan lo que considero interesante en la literatura, sin dudas una de mis autoras preferidas es Alice Munro, que se consagrara como una escritora universal gracias al premio Nobel, y en Todo queda en casa la propia narradora canadiense selecciona los que considera sus mejores cuentos. Siendo una gran maestra del género, a quien la crítica señala como una «Chéjov contemporánea», y desde esa mirada, ha elegido los 24 cuentos que configuran ‘Todo queda en casa’ (Lumen), un millar de páginas que invitan a disfrutar del universo de una escritora que ha hecho de las emociones de las vidas sencillas la temática de su obra,maravillosa en las historias cotidianas que nos acercan a sus cuentos, porque nos reflejan.

Es también el resumen de una vida dedicada a la literatura y una suerte de despedida de la gran dama de las letras canadienses, que, con 89 años, cree cerrado su círculo como narradora. La edición incluye, a modo de prólogo, ‘Alice Munro en sus propias palabras’, la entrevista que sirvió de discurso de agradecimiento de la autora a la Academia sueca tras la concesión del Nobel y en la que se presenta como «un ama de casa que aprendió a escribir en los ratos libres». Maravillosa descripción de una escritora increíble que comprende el valor de la vida real a la hora de contar historias. La selección toma el título de un cuento que apareció en ‘Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio’ y abarca toda su carrera con cuentos que se publicaron originalmente en sus libros más celebrados: ‘Mi vida querida’, ‘Demasiada felicidad’, ‘La vida desde Castle Rock’, ‘Escapada’ y ‘El amor de una mujer’.

Munro, como Chéjov jamás dejan ver la estructura que sostienen sus cuentos, con una sencillez solo aparente sostenida en frases precisas y un sentido crítico sin juicios morales. Se centran siempre en las relaciones humanas sobre las que Munro enfoca su lente de la vida cotidiana, un registro en el que la propia escritora se declara deudora de antecesoras como Flannery O’Connor, Katherine Anne Porter, Eudora Welty o Carson McCullers.

«Quiero que mis cuentos conmuevan a las personas; no me importa si son hombres, mujeres o niños… Quisiera que el lector, al terminar un cuento, sintiera que es una persona distinta», asegura la autora, que admite no conocía la palabra ‘feminismo’, mientras sin dudas, lo ejercía. Sus relatos los protagonizan gentes sencillas, anónimas y con problemas reconocibles. A menudo madres e hijas, mujeres valientes, y decididas habitantes de pequeñas ciudades. En esos ámbitos despliega un mundo emocional en el que el placer y el dolor se agazapan a menudo bajo el hule de una mesa de cocina. Esas emociones y sentimientos de personajes comunes en parajes lejanos son el alma de unos cuentos que encierran lo mejor y lo peor de nosotros. Lugares como Clinton, en Ontario, y Comox, en la Columbia británica, entre las que hoy reparte su tiempo Alice Munro, voluntariamente alejada de las grandes metrópolis y de los cenáculos literarios. «Pienso que cualquier vida, cualquier entorno, puede ser interesante», afirma Munro, que jamás pensó «en la escritura como un don» y que acaso «no hubiera sido tan osada si hubiera vivido en una ciudad, compitiendo con personas».

Alice Munro nació en 1931 en Wingham (Canadá). Hija de una profesora y un granjero de religión presbiteriana, cursó periodismo y filología inglesa en la universidad de Ontario, aunque abandonó los estudios al casarse en 1951. Madre de tres hijas, abrió junto a su marido una librería en Victoria y escribía en secreto mientras cuidaba de su casa y su familia. Divorciada en 1972 del padre de sus hijas, se casó cuatro años después con Gerald Fremlin. Es autora de de doce volúmenes de relatos, una novela y tres antologías a lo largo de medio siglo, sus relatos se han traducido a una veintena idiomas. Todos caracterizados por su «sutil narración caracterizada por la claridad y el realismo psicológico» a los que la Academia sueca aludió para justificar el premio.

Para mí, como lectora, Alice es una de nosotras, sufre las mismas frustraciones y los mismos sueños, pero elige contar su historia a través de la historia de otros, que se nos parecen, tanto que al leer sus relatos, tomamos conciencia de que Todo queda en casa.

Diario de Cuarentena: Angelus Novus

«Desde tiempos de Homero los grandes relatos han seguido las huellas de las grandes guerras, y los grandes narradores han emergido de ciudades destruidas y paisajes devastados». H. Arendt

Con el nuevo anuncio de prohibición, este lunes 3 de agosto se vuelve eterno. No podemos reunirnos. No se nos va a ocurrir querer ver a nuestros amigos o familia, porque nos volvemos sacrílegos. Y esa orden es emanada por decreto por un hombre o un grupo de hombres y mujeres que desde marzo viene errando en todo lo que dicen y hacen. Pero la sumisión de un pueblo con miedo y con su paisaje devastado, tal como reza H. Arendt, paraliza.

Nos hace falta un Angelus Novus que nos ilumine, al estilo de Paul Klee. Los ángeles son una forma de expresión directa, se acercan a la naturaleza sin corromper, tratando de compensar el mundo del progreso y de la tecnología con el del espíritu, tal como ha dicho Benjamín del autor. Para Klee y para nosotros como sociedad, ante tanta locura, se constituyen en un recurso simbólico para plasmar la indignación que sentimos por todo lo que está ocurriendo en un año lleno de incertidumbre, en el que las certezas han dejado de tener valor.

Digo que estamos como Klee porque cuando pintaba los angeles se hallaba en una época en la que necesitaba aferrarse a algo, tener fe, y los ángeles eran un vehículo para ir más allá de una realidad prosaica e inefable, tal como la nuestra por estos días.

Klee decía : «Para sacarme a mí mismo de entre las ruinas, tendría que volar. Y volé. En ese mundo destrozado ya sólo vivo en el recuerdo, así como a veces se piensa en algo pasado. Por eso soy abstracto con recuerdos» (1915). Las mismas ruinas en las que hoy, se ha convertido nuestra sociedad y nuestra vida tal y como la conocíamos, y que terminará pisando sobre los pies del ángel de la historia. Parece pensado para hoy, en la ciclicidad de la vida humana y social que repite los mismos errores. “Cuanto más terrible se hace este mundo, como ocurre ahora, tanto más abstracto se hace el arte” (1915).

Sus dichos marcan el camino para dar forma a mi pensamiento. klee nos muestra que lo que percibimos es una proposición, una posibilidad, no la verdad.

La verdad auténtica está en el fondo, es invisible y tal vez por eso es verdadera. ¿Cuál será la verdad que nos rodea hoy? Una vida que parece pausada, como si montados en las alas del Angelus, nos agitamos una y otra vez en la misma dirección, anulando las fuerzas.

De nuevo la imagen del ángel se nos aparece. La vida nos arroja a un tremendo dramatismo que deja al desnudo la miseria humana. No es una casualidad traer el Angelus Novus al diario de hoy, ni volver a Paul Klee cuando decía:“Algo nuevo se anuncia, lo diabólico se mezcla en simultaneidad con lo celeste, el dualismo no será tratado como tal, sino en su unidad complementaria. Ya existe la convicción. Lo diabólico ya vuelve a asomarse aquí y allá, y no es posible reprimir. Pues la verdad exige la presencia de todos los elementos en conjunto.”  Esto lo expresó en 1916, pasaron 104 años y el círculo cuántico de la historia, nos deja en la misma posición. Batiendo un duelo primario, que debió resolverse hace años, entre lo bueno y lo malo, lo cierto y la farsa, el pasado y el futuro. Negando la verdad, y eso es clave, porque aunque no se reprima esa verdad nos necesita a todos para que nos elevemos, como Angelus Novus, hacia una nueva construcción de identidad.

Diario de Cuarentena: Los unos y los otros

«Solo hay dos o tres historias en la historia de los seres humanos y se repiten tan cruelmente como si nunca hubieran sucedido.»
Willa Cather

Un diario es un diario, es decir cuenta una vida. Hoy me desperté riendo por un sueño alocado que no recuerdo y llamando a Marcelo como todas las mañanas. Saber que está cerca me hace sentir que despierto en casa. Porque mi casa es él, aunque me enoje, lo enoje y a veces nos digamos cosas que ambos sabemos que son falsas; somos nuestro hogar. Mi mano en su mano adquiere sentido, su mirada en la mía se embellece. El amor adulto tiene esas magias. Claro que después viene la realidad, y golpea. Nos enroscamos en las miserias del gobierno, en la tristeza de la pandemia, en la ineficacia de la cuarentena. Pero igual cocino algo para la familia, y me preocupa el exámen de Nico, que estudia solo en la quinta porque se ahoga en casa, y extraño a mi hija que trabaja e intenta crear su propia vida, gracias a dios pude darle las herramientas en educación y crianza para que no me extrañe y sea libre. Y Papá me llama con disimulo para ver que cociné, así se cruza. Mi mundo es pequeño, pero no difiere del de otros. Porque los unos y los otros vivimos una y otra vez las mismas vidas. Aburridas y Maravillosas.

Tengo parcial del posgrado y me estreso como si mamá viviera y me exigiera nota, me río cuando la pienso, porque ya comprendí que el amor no se va, y extraño mucho a mis amigas que son las que deseo tener a esta altura de la vida.

Les uns et les Autres (en español Los unos y los otros) es una película francesa del año 1981, dirigida por Claude Lelouch. Se trata de un musical épico, generalmente considerada como la obra maestra de Lelouch, junto con Un hombre y una mujer. Ha ganado el Gran Premio a la Técnica en el Festival de Cannes de 1981. Cuatro familias, cada una de ellas procedentes de un país distinto -Rusia, Alemania, Estados Unidos y Francia-, viven una relación intensa con la música que se ve perturbada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto bélico interrumpe sus carreras de músicos y bailarines y cambia sus vidas. A lo largo de los años y las generaciones, estas familias intentan superar los contratiempos mientras mantienen sus vínculos con la música. Las historias de los personajes, de distinta procedencia, se entrelazan hasta llegar varios de ellos a asistir a un mismo concierto benéfico, en el que coinciden un pianista con pasado nazi y un judío francés superviviente del Holocausto. Los unos y los otros, trata de un crisol de gentes, como nosotros.

Hoy atravesamos una pandemia, que es otro tipo de agresión, y por suerte sobrevivimos casi todos a esta nueva epidemia humana. El casi duele, pero el todos debe pesarnos más. Para comprender que en la unión podemos reconstruirnos, viviendo la vida, creyendo en el amor, la resistencia, el esfuerzo, el trabajo, los valores, porque en última instancia, los unos y los otros, somos iguales.

Diario de cuarentena: Parte de un todo

Un miércoles más en un mundo pandémico. Pero, por qué somos como somos en este contexto es mi cuestión del día. Me pregunto de qué manera nos está afectando el encierro y la incertidumbre como individuos y como especie, por qué extrañamos tanto ir a la cancha o a bailar, o cosas simples como un café con un amigo ocasional. La científica chilena Isabel Behncke dice que : «El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del covid-19 que se haya evitado«

Es innegable que muy pocas veces en la historia de la humanidad, el mundo adquiere la sinergia que la preocupación por éste virus logró, una cuestión política de acción colectiva que no suele suceder. a excepción de las guerras mundiales, aunque entonces existían dos bandos y ahora hay uno solo. El coronavirus, si bien está lleno de paradojas, revela el orden oculto de las cosas. Porque nos muestra que todo está unido, que desde China a Argentina no hay tanta distancia si de virus se trata y que la globalización muestra las interdependencias humanas, pero también las hay ecológicas. Nuestra salud depende de la salud del ecosistema, de la salud de nuestro grupo social, y de la de otros que están en latitudes impensadas. Muchas de estas interdependencias y relaciones estaban fuera de nuestra mirada. ¿Qué me importa lo que ocurre en un «mercado mojado» en China si yo vivo en Buenos Aires? Hay que comenzar a comprender que nuestra especie es una y que nuestro planeta es éste. Y es hora de humildad. Un minúsculo virus nos tiene prendados. Sometidos a sus deseos y encima respondemos con soberbia y sociedades fragmentadas. Hay países que no le sumaron al virus el confinamiento, y a pesar de la caída económica mundial, tienen capacidades que en el nuestro no abundan. Y si está presente un confinamiento excesivo. Es lo que estamos viendo ahora. Somos animales sociales inteligentes en cautiverio. Y vamos explicitando que somos mamíferos y primates estructurados para construirnos en movimiento y al aire libre, por lo que el encierro sin actividad ni sol nos enloquece. Pero no somos primates comunes, sino sociales, por lo que aislarnos trae graves efectos en nuestra salud física y mental. Y así estamos, mirando autómatas las redes, sin siquiera interactuar, repitiendo movimientos, somos seres cautivos. Nuestro sufrimiento es verdadero, profundo, somos animales sociales privados de estímulos y de movimiento.

Vos o yo, vivimos con tres o cuatro personas, pero nos relacionamos con unas 100 o 200 personas que forman nuestro núcleo de relación, aquellos a los que invitamos a nuestro matrimonio o que irán a nuestro funeral. Pero vamos interactuando con todos en nuestra vida, al levantarnos, con la familia, luego con el grupo laboral, tal vez almorzás con alguien por negocios y a la noche te ves con amigos. Es decir tenemos una comunidad grande, que vamos fisionando y separamos en grupos pequeños que luego se vuelven a juntar. Esta normalidad es la que nos quita la cuarentena, y la que nos enferma. La gente que está sola está sufriendo por el aislamiento, porque no están teniendo contacto físico ni interacción social. Y las personas que están encerradas con su grupo familiar o con otras personas también están sufriendo porque hay mayor conflicto en las relaciones. Encerrados aumenta nuestro estrés, no podemos evitar conflictos, no podemos simplemente irnos. Necesitamos separarnos, para extrañarnos, necesitamos festejar, jugar. Como humanos, junto con otros pocos animales, somos inusuales porque jugamos de por vida. El juego es muy importante para la salud física y mental, para la resiliencia y para la creatividad. En la pandemia jugamos en forma solitaria, pero cuando se extiende como la nuestra, y ya ordenamos todo, y jugamos a todo, y repetimos todo, podemos caer en conductas peligrosas, depresivas, o agresivas. Mi pregunta es ¿cuantas veces reiste la ultima semana? Tenemos que hacer lo que sea necesario para mantener el juego en la vida, sobre todo en tiempos donde es difícil hacerlo porque hay miedo e incertidumbre. Como ahora.

No podemos practicar nuestros rituales sociales como ir a recitales, a misa, a bailar o a bares. Y esos ritos colectivos nos sincronizan como sociedad. Nos une. Nos sentimos parte de algo que nos excede pero es nuestro, como cuando vamos al fútbol. Y ahora lo perdimos todo. En pocos meses, estamos atravesando un experimento social inédito. Estamos viviendo un trauma colectivo. Por eso creo que vamos a necesitar volver a restaurantes y pubs, al estadio, a recitales y a bailar en fiestas, lo antes posible.

Nos falta el tacto, tocar al otro, un abrazo que consuele, la piel es parte de lo cognitivo. Al no tocarnos, somos cerebros que flotan y piensan en un espacio donde el contacto físico no cuenta, y no alcanza el ver tras una pantalla. Hay que palpar, sentir. Nos hacemos falta.

La pandemia: nos recordó que somos parte y no aparte de la naturaleza, y que ser un animal de la misma especie es una fuerza muy democrática, porque el virus nos ataca a todos. La diferencia está siempre en las herramientas con que contábamos antes del virus. Y entonces aparecen las miserias, los violentos con estrés son más violentos, los solidarios más solidarios, los amorales lo mismo. Mostramos la hilacha como sociedad, y en una de las vueltas de la vida, el virus, que nos considera su casa, comienza a ser parte de nuestra vida, pero dejó tras él, y por malas decisiones, un larga secuela física, moral, económica y social. Por eso hoy miércoles 29 de Julio de 2020 voy a comenzar una nueva cruzada, La mía es porque no avasallen la justicia en Argentina, que no usen al virus para volverse impunes, Te invito a que me escribas y me cuentes la tuya, así cuando esto termine, la sinergia tal vez deje una sociedad más comprometida.

Diario de Cuarentena: Vida Sencilla

Estamos en una semana gris, de muchos grises, algunos negros y algunas profundidades ajenas al color. Siete inquietos días donde los que deben hablar callan, y los que hablan quiebran en tonos desagradables. Un par de meses atrás todavía creíamos. Ya no. No hay en quién creer ni en qué. Cuando los de siempre siguen construyendo inequidades y la sociedad toda se debate entre la razón y la locura, yo propongo retomar lo simple. La vida sencilla. La que tiene reglas claras. Un semejante soy yo con otra piel. No nos matemos, no nos robemos, no destruyamos la poca trama social que nos queda. La vida puede ser mejor, más limpia, sin tantos dobleces que nos hieran. No podemos llegar al poder hasta las próximas elecciones, pero podemos ser buenos ciudadanos, buenos vecinos. Comprender al otro en vez de juzgarlo. Escuchar al que disiente y no denostar, buscar el punto de coincidencia para construir desde allí. Comprender que la diversidad es la riqueza, y que si nos mantenemos en la ignorancia del otro, nos volvemos ignorante. Estos últimos meses, les cuento, he padecido muchas agresiones, solamente por disentir. Por no apoyar un proyecto que para mí, y a los hechos me remito, nos lleva al derrumbe. Pero no agrego a quienes lo profesan, solo digo lo que pienso. Eso hace que sea mucho más indeseable en mis ámbitos que hace seis meses o siete atrás. Pero no importa. No siempre las personas comprenden las diferencias, o las respetan. SIn embargo, sigo en pos de un mundo donde el otro, distinto, variopinto, estimado, sea tan importante como yo. Una vida en la que no irriten los hechos ciertos, y en la que no construyamos post verdades para pertenecer. Octavio Paz escribió como nadie de que se trata «La Vida Sencilla»

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes, papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Diario de Cuarentena: Ruido

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos.”
SÓFOCLES

Pongo en juego el día de ayer. A 125 días de la cuarentena, nuestra ciudad está en fase 5, por ahora, porque la inequidad llega hasta las arbitrarias fases. Este absolutismo aciago que nos rige los últimos meses , ya más de cuatro, parece escrito por Mariana Enríquez o algún otro maestro del terror. La noche de ayer. Día del amigo, hijo de 21 años. Primera salida en 125 días. Birrería con cuatro amigos. Aunque no dije nada, hasta lo alenté al festejo, sentí miedo.

Me quedé con esa sensación en la boca del estómago que tenemos las madres cuando los hijos salen, y lo resolví comiendo unos cereales -estoy tratando de ser saludable- y viendo una serie muy mala, pero es lo que va quedando por ver. Cuando llegó le dije como autómata: lavate las manos. Y ahí el miedo fue peor. Me dí miedo. ¿Qué estoy haciendo? Sí, amigos lectores, caí en la maquinaria propagandista maquiavélica de este gobierno. Tuve miedo por mi hijo, a pesar de estar en fase 5 (que no se aún porqué está tan cerca de la 3) y de combatir la construcción del temor y la falta de libertades. El engranaje del miedo nos pega donde está depositado nuestro amor. Por eso usan el miedo para que este pueblo siga quieto a pesar de las atroces políticas públicas, de la denigrante situación a la que nos someten y de la destrucción del país en pos de salvar algunas pocas cuestiones personales de dirigentes sin ética. Porque el miedo es ruido y aturde, confunde y altera las propias creencias.

Ya lo dijo Aristóteles: el miedo siempre permanece. Un hombre puede destruir todo lo que tiene dentro de sí mismo, el amor y el odio y las creencias, e incluso la duda; pero mientras se apega a la vida no puede destruir el miedo.

Toda la lógica que apliqué, en una ciudad con dos casos y sabiendo que estamos ante una pandemia exagerada por intereses políticos internacionales, y aprovechada por el licencioso gobierno nacional; no alcanzó para frenar el miedo creado tras cuatro meses de encierro totalitario. Me considero liberal, y respeto al liberalismo como la ideología que nació contra el miedo,  liberalidad que se encuentra hoy abatida ante el resurgimiento de un fascismo rejuvenecido y tecnologizado. Aunque no fui vehemente en transmitirlo, lo sentí. Y pienso trabajar en ese miedo para construir una libertad más firme, por mis hijos y por los hijos de otros. El miedo somete. Seamos libres.

Diario de Cuarentena: Los pasos perdidos

«Había grandes lagunas de semanas y semanas en la crónica de mi propio existir; temporadas que no me dejaban un recuerdo válido, la huella de una sensación excepcional, una emoción duradera; días en que todo gesto me producía la obsesionante impresión de haberlo hecho antes en circunstancias idénticas -de haberme sentado en el mismo rincón, de haber contado la misma historia, mirando al velero preso en el cristal de un pisapapel. Cuando se festejaba mi cumpleaños en medio de las mismas caras, en los mismos lugares, con la misma canción repetida en coro, me asaltaba invariablemente la idea de que esto sólo difería del cumpleaños anterior en la aparición de una vela más sobre un pastel cuyo saber era idéntico al de la vez pasada. Subiendo y bajando la cuesta de los días, con la misma piedra en el hombro, me sostenía por obra de un impulso adquirido a fuerza de paroxismos -impulso que cedería tarde o temprano, en una fecha que acaso figuraba en el calendario del año en curso-. Pero evadirse de esto, en el mundo que me hubiera tocado en suerte, era tan imposible como tratar de revivir, en estos tiempos, ciertas gestas de heroísmo o de santidad». Alejo Carpentier

Bueno, parece que el país va a comenzar a liberarse de a poco, después de tanta crónica espantada por la desidia y la pereza, Pero, aunque es un gran paso, es un paso que puede ser en falso si no somos capaces de controlar las cuestiones urgentes como sociedad. Parece que quieren reformar la justicia, como no tenemos problemas siguen insistiendo en crear nuevos. Esa manía argenta de tener justicia que coma de la mano del ejecutivo de turno. Por otra parte, le decimos al mundo que no tenemos plan económico, cosa de que se asusten más. A veces cuando hablo con mi familia y amigos que viven en países predecibles, no pueden creer la resistencia de nuestro pueblo. A veces me pregunto si no confunden resistencia con ignorancia.

Comenzamos a andar, con muletas, sin ilusiones y por senderos escabrosos, llenos de obstáculos de todo tipo. Expectantes, ese gran paso dará lugar a otros, para rehacernos, para volver a contar la vida y no la muerte, para descontrolar un poco las emociones, cafetear con amigos, y aún sin abrazarnos, sentir que estamos más cerca de lo natural. Aunque sea un rato de tu día podrá ser diferente. Y en el abanico de sensaciones con sabor a pasado vivido, subiendo con la misma piedra al hombro una y otra vez, tal vez hallemos un dejo de paz.

Diario de Cuarentena: Solo otro ladrillo en la pared.

Un día como hoy, en otra época, donde los jóvenes podían juntarse a crear, se gestó y se lanzó una de las bandas que marcan la adolescencia, es atemporal, única, y sumamente artística: Pink Floyd. Uno de sus temas emblemas dice «No necesitamos que controlen nuestros pensamientos» . ¿Para vos también es sinónimo de libertad?

Tienen razón cuando dicen que como sociedad sólo somos un conjunto, y cada uno de nosotros solo somos otro ladrillo en el muro. Uno de muchos. Solos no llegamos a ser pared. Pero unidos podemos ser muralla. Por eso quiero recordar a Pink Floyd. Además de hacer la mejor música, había rebelión y contenido en sus letras, y tal vez sea bueno que por un rato nos sintamos adolescentes, nos animemos a construir ese muro, ladrillo por ladrillo, que necesita la sociedad argentina hoy. Un muro donde la libertad agite, tenga alas, sea real y contundente. Donde cada vida valga, cada decisión que afecta al otro se piense y donde la magia creativa nos obligue a crear para crecer. Hoy te invito a escuchar estos temas, a bailarlos, y ver si podemos parar a ese maestro interno que no nos deja en paz.

Mi tema preferido es Time y aquí va (no lo traduzco porque no sé si sería respetuoso para sus creadores, pero vos podés hacerlo). Gracias Pink Floyd

Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an offhand way.
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way.

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain.
You are young and life is long and there is time to kill today.
And then one day you find ten years have got behind you.
No one told you when to run, you missed the starting gun.

Diario de Cuarentena: deseo

Todos los días comienzo la dieta y todos los días la abandono. Es complicado agregarse una nueva restricción al deseo. Y de eso tengo ganas de hablar hoy. Freud decía algo así como que de la prohibición al deseo… y sí. Todo lo prohibido es deseado. Aunque lo inhibamos, en el hacer cotidiano nos movemos propulsado por el deseo, y éste se encuentra propulsado por las prohibiciones. Por eso como. Me río sola mientras escribo una justificación intelectual a una conducta tal vez derivada de la ansiedad que provoca dejar nuestra libertad en manos de otros.

Todos los días me propongo hacer yoga, algunos días hago. Todos los días decido caminar, algunas veces cumplo. No puedo mentirte a vos, que me venís leyendo hace noventa y dos días, que a esta altura debes de comprender mi psiquis más que yo y que sabés bien que la cuarentena solo, es terrible, pero acompañado ni te cuento. Porque te falta privacidad. Esa que te permite deambular en bolas por la casa cuando se fueron a la facu, al colegio o al campo. Sentirte dueña del espacio, de los sonidos de tu casa y del olor, sobre todo. Y entonces te bañás en el perfume que te gusta para sentir glamour en soledad.

Ni hablar de las cuestiones de la economía noventenosa, que ya no existe y de los malabares para que lo que entra tenga algo que ver con lo que sale. Y vuelvo a reírme, sigo justificando el momento de prohibición antes que el deseo me tome entera y se transforme en mi nueva línea de hacer existencialista.

La rutina abruma, el tiempo pasa, y estamos cambiando estaciones sin saborearlas. desde mañana me voy a proponer registrar el clima, los humores y la cuestión social del día a día restrictivo que vivimos. No te prometo cumplirlo.