Diario de Cuarentena: Los pasos perdidos

Diario de Cuarentena: Los pasos perdidos

«Había grandes lagunas de semanas y semanas en la crónica de mi propio existir; temporadas que no me dejaban un recuerdo válido, la huella de una sensación excepcional, una emoción duradera; días en que todo gesto me producía la obsesionante impresión de haberlo hecho antes en circunstancias idénticas -de haberme sentado en el mismo rincón, de haber contado la misma historia, mirando al velero preso en el cristal de un pisapapel. Cuando se festejaba mi cumpleaños en medio de las mismas caras, en los mismos lugares, con la misma canción repetida en coro, me asaltaba invariablemente la idea de que esto sólo difería del cumpleaños anterior en la aparición de una vela más sobre un pastel cuyo saber era idéntico al de la vez pasada. Subiendo y bajando la cuesta de los días, con la misma piedra en el hombro, me sostenía por obra de un impulso adquirido a fuerza de paroxismos -impulso que cedería tarde o temprano, en una fecha que acaso figuraba en el calendario del año en curso-. Pero evadirse de esto, en el mundo que me hubiera tocado en suerte, era tan imposible como tratar de revivir, en estos tiempos, ciertas gestas de heroísmo o de santidad». Alejo Carpentier

Bueno, parece que el país va a comenzar a liberarse de a poco, después de tanta crónica espantada por la desidia y la pereza, Pero, aunque es un gran paso, es un paso que puede ser en falso si no somos capaces de controlar las cuestiones urgentes como sociedad. Parece que quieren reformar la justicia, como no tenemos problemas siguen insistiendo en crear nuevos. Esa manía argenta de tener justicia que coma de la mano del ejecutivo de turno. Por otra parte, le decimos al mundo que no tenemos plan económico, cosa de que se asusten más. A veces cuando hablo con mi familia y amigos que viven en países predecibles, no pueden creer la resistencia de nuestro pueblo. A veces me pregunto si no confunden resistencia con ignorancia.

Comenzamos a andar, con muletas, sin ilusiones y por senderos escabrosos, llenos de obstáculos de todo tipo. Expectantes, ese gran paso dará lugar a otros, para rehacernos, para volver a contar la vida y no la muerte, para descontrolar un poco las emociones, cafetear con amigos, y aún sin abrazarnos, sentir que estamos más cerca de lo natural. Aunque sea un rato de tu día podrá ser diferente. Y en el abanico de sensaciones con sabor a pasado vivido, subiendo con la misma piedra al hombro una y otra vez, tal vez hallemos un dejo de paz.

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