Diario de Cuarentena: Gaucho

Hoy es feriado por Martín Miguel de Güemes, que murió a los treinta y pico enfrentando invasores, un tipo rebelde y con sus matices pero que tenía claro por lo que debía luchar. Estaría muy bien que hoy nos dediquemos a la historia. A veces el pasado nos da la perspectiva que el futuro necesita.

Este patriota gaucho, fue un hombre con agallas y con errores, como todos nosotros, pero que tenía claro que debía defender, así fue que escribió algo que quiero rescatar porque parece actual: “¿Cuándo llegará el día en que veamos reunido nuestro Congreso compuesto de sabios y virtuosos que formen una Constitución libre, dicten sabias leyes y terminen con las diferencias de las provincias?”

La Constitución la tenemos, las diferencias siguen. El Congreso lo tenemos, el problema es quienes llegan a él. Nuestros congresistas están lejos de ser sabios, pero más aún de ser virtuosos. Hace más de treinta años que rotan las sillas y los partidos para poder seguir atados a sus bancas que les aseguran impunidad. El año próximo votamos, que tanto contar muerte no nos someta a olvidarnos de la vida. Y que votemos sabios y virtuosos, al menos algunos, porque les cuesta estar en una lista donde los prebendarios pululan.

Estamos en un momento político importante. Porque nos afectan varias pandemias. La real, la infodemia, y la peor de todas es la del intento contra la justicia y la propiedad. No tiene nombre, porque la ruptura de la ley en nombre del pueblo es tan grave, que solo puede ser ominosa.

Hoy es feriado por Martín Miguel de Güemes, un caudillo que luchaba por su tierra. No dejemos que nos roben la nuestra. Este día en mi diario, lo dedico a todos los que peleamos con la palabra contra la corrupción, la ignorancia, la falta de ilustración en la política, la deshonra, el avasallamiento de los derechos y la esclavitud de los pueblos. Hay una máxima al respecto que hoy les comparto: «podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera si se pierde una vez» (Jean-Jacques Rousseau)

Diario de Cuarentena: Como un día de domingo.

Un domingo que es lo mismo que lunes, martes, miércoles o viernes. Un domingo que dejó de tener las reuniones en familia, el aroma de los nuestros, los abrazos, los silencios. Cómo extraño mis domingos de asados con amigos, en los que la vida se ponía sobre la mesa. Que los chicos, que las salidas, si volvieron tarde, porque las madres dormíamos a media los sábados por la noche. Un domingo de juntada con hermanos, o de viajes a La Minervetta, para compartir con esa amistad que nunca pudo desvanecer el tiempo. Un vino conversado con muchos. Y brindis y alegría.

Nos quitaron la calidez de la vida. En especial en argentina. Nuestra marca registrada es el contacto. La expresividad y la sincera cercanía. Entonces cuando voy a comprar por mi barrio, porque si no soy casi hereje, y veo a la gente correrse de la gente, con ese espantoso artefacto que usamos para protegernos pero que hace dos meses no servía, y ahora hace magia. Porque los chinos lo usan y les sirve, aunque los datos no son confiables porque es un estado dictatorial, pero ellos propagaron el virus, pero la OMS dice que salva, pero decía que no era útil, pero Ginés dice que capaz sirve, capaz no, pero tiene hematoma subdural y le dejamos la salud en sus manos y tres meses después de encerrarnos como hacían dos siglos o tres atrás, dice que que capaz deberían haber testado más. ¡Pero la pelota!.

No sé que pensar. O tal vez si pienso, molesto. Porque en la argentina pensar parece ser de gente mal habida, y decir que sos librepensadora, si no estás alineada con el gobierno, ni te cuento. Ahora si los votaste, apoyás, podes matar gente en nombre de la cuarentena, ser retrógrado y machista y bajar sueldos sin que las organizaciones de derechos humanos, los movimientos feministas o los sindicatos te molesten. No vaya a ser cosa que se pierdan alguna tajada.

Me da tanto asco la sociedad actual, que extraño aún más los domingos. Esa sensación de que todo puede suceder, de ver la vida acontecer. por eso para cerrar el diario, te dejo la letra de una canción de Pires que hablaba de cosas que extraño: encuentro, aire, respirar, piel, sol, caricia, domingo.

Si pudiéramos hablar
Encontrarnos un momento
Te podría confesar
El amor que estoy sintiendo
Yo preciso respirar
El aire que a ti te rodea
Y en la piel quiero tener
El mismo sol que te broncea
Yo preciso acariciarte
Y otra vez verte sonriendo
Dentro del sueño mas lindo
Ya no quiero mas vivir
Un sentimiento sin sentido
Yo preciso descubrir
La emoción de estar contigo
Juntos ver amanecer
Que todo pueda suceder
Como un día de domingo
Haz de cuenta que aun hay tiempo
Y que solo nos importa esta emoción
Haz de cuenta que aun hay tiempo
Y dejemos que nos hable el corazón

Diario de Cuarentena: en el fondo.

Sábado 6 de Junio, verano y otoño fueron tomados por el virus. Con las estaciones se llevaron también la vista, que tanto zoom y tanta pantalla está afectando. Se llevaron la lealtad, ya que nos estamos apuntando con el dedo, denunciando, discriminando como fieras enjauladas. Nos arrebataron la fé, la comunión de la oración conjunta, la posibilidad del abrazo fuerte y cálido, la entereza que da la verdadera solidaridad que no está basada en el miedo o la desconfianza sino en el amor.

Cuando digo nos llevaron o nos quitaron, hablo de los que nos gobiernan tan irrespetuosamente. A ciegas, sin proyecto, sin hoja de ruta, sin otra meta más que la construcción de poder para salvarse ellos mismos. Y para eso nos necesitan en el fondo del mar. De un mar profundo y enfermo en el que nos creemos todos capaces de todo. Un mar donde la agresión está permitida por el anonimato y la distancia hace que nos olvidemos de la piel del otro, del olor del otro, y del propio.

En el trayecto de estos meses de forzada restricción a la libertad solo vi miserias y miserables. La injusticia, la destrucción de la república y de la economía, y la falsa ideología de algunos que suspiran por pobres en un mundo de ricos. Ayer se corrió la voz de que hay un caso de la COVID-19, sí, la, es una enfermedad, y lo mínimo que dicen de este trabajador es que es un asesino. Les tengo una pregunta: ¿le dicen lo mismo a quien contrae gripe o neumonía? o pensamos que estamos ante algo que no es una enfermedad. ¿Por qué vamos a estar exentos? elijamos pelear contra el poder desmedido, la falta de test, de orden político, de división de poderes. No nos agredamos, o nos denunciemos entre nosotros volviéndonos fascistas de perogrullo. Luchemos contra los que se eligieron para hacernos más libres, los que deben apoyar la construcción de riqueza y no de villas, los que deben fomentar el trabajo y no el asistencialismo. De lo contrario seguiremos caminando ciegos en el fondo de un mar ficticio creado por los que nos quieren así. Quietos y sin fe.

Diario de Cuarentena: Soy feliz

La mañana soleada invita a salir. Mi amor prepara mate y Nico duerme. La perra se despereza en el sillón del cuarto de estar. Me estiro y decido comenzar el día sonriendo. Pensando en la felicidad de estar vivos, en que en una de esas me dejan salir a caminar a la madrugada y a la noche plena en pleno invierno y en que tenemos suerte en vivir en una ciudad donde casi todo el mundo está fundido y me quedé sin trabajo pero no importa porque respiro.

Me lavo la cara con alegría, y canto Buen día día de Miguel Abuelo para ser feliz. Cepillo mis dientes con Odol y ahí soporto el primer golpe de la vida. Me acuerdo que tengo que hacerme implantes por 200000 pesos porque ninguna obra social o prepaga los cubre, y eso que estamos en el país con la mejor salud del mundo. Luego pienso que ahora no voy a poder hacerlos, no es momento y que aumentan en dólares. Decido entonces comenzar a ahorrar. Serían unos 2800 dólares, puedo ahorrar 200 por mes porque en el mejor y más libre país del mundo tenemos cepo cambiario, así que necesito unos 14 meses para lograrlo. Pienso que bueno, capaz en un año y pico no me duele la boca y lo logro, porque hoy me levanté optimista, pero luego recuerdo que no tengo trabajo y que en general me falta plata para llegar a fin de mes, porque aunque el nuevo Indec del país más justo del mundo dice que no hay inflación de una semana a otra el mismo pedido cuesta más, el seguro de la casa y el auto aumenta y la luz, gas, cable, etc. suben como cohetes. Ya se me empieza a borrar la sonrisa de Buen día día.

Mientras me tomo un mate, entro con mi notebook al diario y leo que hay que preguntarle a Axel, si podemos hacer algo en mi ciudad. Me pregunto para que votamos a los locales si lo van a decidir los gobernadores, pero decido seguir contenta, entonces busco con ahínco una buena noticia. Pero el presidente dice que todavía no llego el pico, casi 80 días después y que no sabe como va a seguir todo, pienso que el comité científico debe haber tardado en recibirse, para seguir positiva y digo bueno, no importa, vamos, adelante con la sonrisa. Decido ir a comprar el pan, no tengo permiso porque no soy chanta y como no trabajo y mi papá vive frente a mí no lo necesito, me pongo el barbijo con asco, y salgo. En la esquina de mi casa una mujer policía me dice dónde va, a comprar pan, respondo, tiene permiso de circulación pregunta, no pero voy a una cuadra. Y yo como lo sé, me dice, no lleva bolsa. Y qué tiene que ver le preguntó. Vuelva a su casa me responde. Volví porque hoy soy feliz. Le cuento a mi amor que me dice hubieras seguido de largo, no te va a matar. Y entonces pienso para que existen las normas y las leyes.

Entro, me tiro con la perra y como hoy soy feliz, tan feliz como una vaca, sonrío, sin implantes.

Diario de Cuarentena: Salud

Los anteojos, la colita, el mate, el celular y la crema antiarrugas sobre la mesa de apoyo. En la silla cuelgan dos abrigos y un bolso gigante gris. El espejo devuelve la pálida imagen de lo que fui. De lo que fuimos. Afuera el sol brilla más, la naturaleza emerge y se cobra lo que le debemos. Me imagino los diálogos entre garzas y cocodrilos. Nos tienen como antes estaban ellos, encerrados. Pero nos encerraron otros hombres. En el silencio de las multitudes sanas reside el poder de los tiranos.

No puedo negar que el encierro, para una escritora o para un persona que milita el intelecto significa producción. Pero tiene límite. Y está cerca, porque cuando la asfixia crece, la mente se anula.

El sombrero de plaza me ve desde arriba del mueble y añora mis rulos. Como si él y la playa supieran que pasará tiempo sin vernos. Por otra parte, mucha gente sigue su vida normal, porque así lo decidieron hombres que no sé si tienen idea de lo que hacen. ¿Por qué unos pueden trabajar y otros no? ¿Por qué vemos a comerciantes, a trabajadores del delivery y a cobradores, al canillita por ejemplo, pero no a nuestra familia. ¿La familia, la unión, el amor es una amenaza? ¿Nos quieren débiles, sin inmunidad afectiva? ¿sin recursos emocionales?

Me miro las manos, ya no tienen la piel tersa, porque la lavandina y el alcohol las lastimaron, soy alérgica a ellos, al barbijo, a las decisiones absurdas, a los pueblos sumisos, a la falta de horizonte y de límite, a la vida eterna pero sin libertad. La salud es mucho más que un respirador si te estás muriendo, mucho más que un virus, mucho más que el cuidado físico. La salud es poder elegir, sentir, expresar, trabajar, decidir como cuidarte. Voy a cerrar con las palabras de nuestra canción patria, es hora que le demos ¡al gran pueblo argentino salud!

Diario de cuarentena: Libertad, libertad, libertad.

El sol es radiante. Un sol de otoño deslumbrado por los colores de los árboles y la falta de prejuicio de los hombres. La gente sigue naciendo, atrevida, y nos hace más fuertes. Los abuelos no pueden conocer a sus nietos recién nacidos. No pueden abrazarlos, pero pueden confraternizar con médicos, con otros abuelos si están en una institución o con el que les vende el pescado. El sol tampoco comprende esta locura del mundo.

Voy a tratar de tomar aire, y no rezongar. Mi hija me dijo que rezongo. Entonces, como valoro su mirada mora, además de amarla, me puse a investigar por qué. Descubrí primero que rezongar o refunfuñar es emitir [una persona] sonidos no articulados o palabras murmuradas entre dientes en señal de enojo o desagrado. En realidad yo me quejo, porque la queja es la reclamación o protesta que se hace ante una autoridad a causa de un desacuerdo o inconformidad. Me quejo en forma oral y escrita y también con descaro ante una realidad que cercena mi libertad. Es probable que mi hermosa hija, justiciera y abogada, tenga otra forma de hacerlo. Pero los de mi generación sabemos que la violencia solo engendra violencia y que nos queda la palabra en un país donde la justicia brilla por su ausencia.

Me quejo entonces, aunque tome aire, porque siento en él otros aires, algunos conocidos, porque no es necesaria la extrema derecha para el totalitarismo, es lo mismo si va hacia una izquierda disfrazada. Yo siento, y se lo dijo a ella, que la república está en riesgo, que nuestra vida como la conocíamos está en riesgo y es por eso que hay un tango quejoso en cada escrito que produzco. porque huelo el peligro a pesar de amanecer en un hermoso día de sol. Más aún cuando la justicia desaparece, y nos deja solos ante el atropello a nuestras libertades.

Nadie va a impedir que ame, que abrace a mis amores, que use mi voz y mi libertad para escribir. Estamos recordando la revolución de mayo de 1810, ésto decía Mariano Moreno sobre la libertad en la escritura :“Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración; no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente el mérito y la virtud, porque hablando por el mismo en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán al polvo los escritos de los que indignamente osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.”

Sigo quejándome hija mía.

Diario de Cuarentena: Olores

Domingo. Un día de aromas en mi recuerdo, el tuco de mamá en la cocina de Coronel Suárez, la abuela que venía a la mesa enfundada en batones floreados y cuentos de oriente. Mis hermanos pequeños corriendo alrededor de la mesa, mientras hacía las tareas para el hogar. La santa rita del patio florecía leve y se sostenía por bastones que le ponía mamá. Un Farol iluminaba las noches de patio, pero esas ya son otra historia.

Hoy quiero detenerme en el sentido olfativo de la vida. Ese que nos hace permanecer los recuerdos, el que ayuda a que un domingo cualquiera sea inolvidable. Mientras me propongo, a pesar de mi poca destreza hacer un tuco en casa, percibo un mal olor.

Pero este es distinto, es del otro tipo de olfato que tenemos, ese que viene con el instinto, el que avisa desde la amígdala cerebral que estamos en peligro. El que pone a prueba nuestra supervivencia. El olor a carroña y a peste perpetua. Uno que atraviesa la piel para erizarla y nos vuelve fieras. Un olor poderoso a trama incestuosa y política que abruma todo mi ser.

Siento olor a encierro, como esos placares viejos, pero lo siento en la entraña. Pretenden encerrarnos para siempre en una caja a presión. Una de la que pocas sociedades pudieron salir, y necesitaron siglos para hacerlo. Me da pavor sentir este olor. Tiene en su piel el sudor de los esclavos, la estupidez de los totalitarios, la sincera sumisión de la ignorancia y la violencia despiadada de los dictadores. No puedo olerlo más sin desmayarme. Por eso me corro, para seguir luchando. Y volver a sentir el jazmín y la violeta y el álamo plateado. Para volver a ser libre, primero en mi mente. Y desde allí, como siempre, luchar con la palabra como vehículo de ideales que alejan el confinamiento y la mentira de la sociedad.

Ya estoy por la parte en que revuelvo el tuco de domingo, corrí el miedo de mi esencia, y ahora aspiro el tomate y la albahaca, sin hacer caso al deseo de otros y viviendo el mío, libre. Sin mal olor

Diario de cuarentena: Suspendida

Anoche me quedé dormida en el sillón con Mila, mi perra. Dormimos hasta que la casa comenzó a despertar, los hombres se iban al campo con una alegría inusitada. Lograron permiso para hacerlo tras más de dos meses. Nos quedamos solas. Y la vida adquirió otro ritmo, femenino, cadencioso. Preparé mate, saqué unas cerealitas de lino del armario y desayuné mirando el final de una serie francesa. No tengo que ocuparme del almuerzo, así que voy a escribir un rato, leer otro, hacer gimnasia y limpiar la casa con música para estimularme.

Disfrutar lo simple siempre fue mi secreto para ser feliz. O lo feliz que se pueda, en las realidades que nos construimos solos o que nos construye la sociedad. Igual te cuento que esto de no tener poder sobre el confinamiento me angustia y hace que sueñe con un mundo donde los permisos no sean necesarios, las muertes no se cuenten en tv y los logros no se castiguen con impuestos. A pesar de todo eso, te invito a buscar momentos de felicidad.

Un recuerdo caído en tu memoria, ese primer beso apasionado, el ronroneo de un hijo tras amamantarlo, la mirada de tu amor una madrugada, el aroma a jazmín en la vereda, tu mamá arrugada pero tuya. La facilidad de abrazo de tu amiga, una ida al colegio compartida, la vecina con la torta recién horneada o la urgencia de rey mago antes de que despierten ellos. Tanto hay para ser feliz, que elegir la tristeza es casi un sacrilegio.

Por eso esta mañana de soledad perruna, voy a beberme el sol en mates leídos y a fortalecer los glúteos aunque no se levanten. Voy a necesitar poco, para poder ser feliz un rato. Aunque no olvide la libertad suspendida.

Diario de cuarentena: pensamiento lateral

Anoche me quedé dormida en el living viendo la serie finlandesa Sorjonen, donde el pensamiento lateral de un investigador hace posible el análisis de los casos desde ángulos nuevos. A pesar de estar contracturada, amanecí con una tristeza maloliente. Esa que no te deja dudas de que estás en otra dimensión. Es que nuestro país, tan lineal que avergüenza, va y viene hace años entre monopolios políticos populistas que tienen el fracaso como único destino. Sería un análisis claro si no fuera el país en el que viven la mayoría de mis afectos, de las personas que hacen posible sostener mi equilibrio emocional. Y el de mis proyectos y logros, y el de mis padres, el que eligieron mis abuelos como pujante y productivo.

¿Te pusiste a pensar como nos convertimos en lo que somos hoy? ¿cuántos años de desidia, corrupción, dobles discursos y pérdida de valores nos llevaron hasta acá?

Lo que me queda claro es que así no se puede seguir. Pero depende de los ciudadanos. La indiferencia y la falta de compromiso hace que nos quejemos sin participar, pero también hay una porción participativa a la que no dejan acceder al poder porque no quieren cambios. No será una lucha fácil y va a ser desigual, pero los comunes, aquellos que trabajamos en forma independiente, a los que nos importa el prójimo, que somos capaces de creer en los valores, el esfuerzo y la capacitad de la producción propia y colectiva como factor de cambio, no podemos cejar en el intento y dejar nuestra futuro en manos sucias.

Te invito a buscar tu pensamiento lateral, ese que hila lo que fuiste recogiendo a lo largo de tu vida y por nuevas interacciones te permite la creatividad a la hora de resolver problemas. Pensemos sin miedo, sin estereotipos, sin trampas, pero actuemos. Y cuando actuemos, visualicemos por favor, un mundo con valores, donde la honestidad, no sea un sueño.

Diario de cuarentena : Otoño perdido

Nos perdimos el otoño, dijo Bere ayer por la tarde al pasar. Pero quedó en mí. Las verdades simples son las que se acuñan. Tanta contabilidad de la enfermedad y la muerte nos hizo olvidar de la estación colorida y nostálgica que nos llena de crujidos, aromas a eucalipto y roble viejo, preciosos dorados y rojos intensos. La estación de los soles sin pecado y la lenta muerte del verano. Nos quedamos sin otoño, para muchos no va a ser el último, pero nunca lo sabremos. Y éste, el otoño que estamos atravesando, que es brillante y cálido, con brisas amarillentas y sueños postergados, lo habremos perdido.

Queda un tiempo de otoño aún, pero toda esta cuestión pandémica y tensional, casi como un tango sin final, nos está haciendo olvidar del verdadero sentido de la vida, que es el presente. Porque la posibilidad de muerte nunca es ajena, la de enfermedad mucho menos, pero la vida….

¿Vos te perdiste el otoño? ¿querés seguir dejando de lado tu vida? ¿el miedo te atrapó? Te cuento que yo estoy en la mitad de esas preguntas, tal vez como casi todos, salvo los poderosos, que están haciendo uso de nuestro tiempo, nuestro miedo y nuestras vidas. Yo creo que siempre logré ver los otoños, incluso éste, y estoy entrando en mi propio otoño, entre plata y oro mi cabello, mi suerte y mi poesía. Pero para nuestros hijos es importante dejar un mensaje de libertad. De posibilidad de cambio y de proyectos. Hay que enseñarles a luchar contra las hegemonías culturales, y a pelear por las que ellos elijan como bandera. Pero es necesario que hoy peleemos por la libertad para no sentir que éste, es un otoño perdido.