Diario de Cuarentena: nos ata el pasado.

Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad. Así comienza nuestro himno, pero lamentablemente no hemos roto todas nuestras cadenas. Seguimos atados a un pasado reciente que esta lleno de intertextualidades y metarrelatos, que son absorbidos por generaciones enteras que perdieron la conciencia del trabajo y del esfuerzo, que sumidas en la ignorancia de una educación pública ineficiente, o sin educación, creen que la prebenda es la salida. No comprenden que se encadenan a un sistema que los pisa y que los humilla sin retornos posibles. Las ataduras culturales que los últimos treinta años crearon en nuestra sociedad no podrán ser desatadas por décadas.

Oíd mortales el grito sagrado: Libertad Libertad Libertad. Sartre decía que el hombre estaba condenado a ser libre. Lo traería a la Argentina, para que me explique cómo. En un país donde crecer está mal visto, en cualquiera de los sentidos. Si crecés económicamente, con trabajo y decencia, el estado te castiga y la sociedad ve bien que te confisquen o retengan. Si avanzás intelectualmente y te animás a cuestionar, te callan o te denigran porque no asentís como bobo los arrebatos totalitarios del poder de turno. Si querés cambiar de condición o de estilo de vida, querés cagar más alto que el culo. Nada nos viene bien si es otro el que avanza, pero no avanzamos.

Tenemos problemas con un discurso donde ser sucio, barato, violento, delincuente, ignorante, asistido por el estado es lo que está bien; y ser educado, esforzarte, cambiar, trabajar, querer crecer está mal. En un mundo del revés que sostiene una política populista y agobiante que castiga la riqueza y la grandeza per se, es muy difícil hablar de libertad. No nos encadena el COVID, nos encadena el pasado, que nos quieren hacer vivir como presente una y otra vez.

En esa cuestión me siento ajena, porque creo en el futuro, pero debemos exorcizar el pasado, como si hubiera que quemar todo en un intento salvador, para purificarnos. Porque la grandeza, el esfuerzo, el trabajo, el crecimiento parecen ser ácido en la sociedad actual. Tal vez tenga razón Sartre, enfrentándolo a sí mismo, cuando dice: «No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros».

Diario de Cuarentena: Seamos Borges

Un día como hoy Einstein publicaba su teoría y comenzaba a dimensionarse la relatividad inherente al espacio-tiempo, entre otras cuestiones gravitatorias, En este momento histórico el tiempo y el espacio están cobrando un significado diferente para cada uno de nosotros. Lo mismo sucede con el espacio. Nuestro espacio temporalidad tiene reducidas sus proporciones. Tenemos menos espacio, menos territorio de acción en un tiempo que parece infinito.

Y así vamos transitando el día 103 de cuarentena obligatoria. Esta característica no es menor, lo obligatorio, aquello que se vuelve punitivo en democracia, debe justificarse. Llevamos más de tres meses encerrados, aterrados, desconsolados, sosteniendo una política pública que dado los hechos no pudo cumplir su parte. Nuestro tiempo y nuestros espacio, por separado o en el juego relativo que los enlaza están en una línea continua de no acción que somete voluntades y construye imaginarios. Porque el miedo siempre paraliza.

Como sociedad, debemos ser críticos, pero con la administración pública, no con nuestros vecinos, sumidos en el mismo fango que nosotros. Nos señalamos con el dedo de la justicia, y caemos en el error de hacer justicia por mano propia, juzgando, creando historias. Mientras, en este espacio impuesto por un gobierno, la verdadera justicia deja que flagelen instituciones, o suelta delincuentes. El congreso, se transforma en una pantomima deleznable. No nos representan. Los intendentes deben honrar sus mandatos y no estar supeditados a la chequera provincial, pero por sobretodo, los ciudadanos debemos estar a la altura, si aquellos a los que empleamos para representarnos no pueden. Nosotros somos el río, no ellos, nosotros somos el tiempo, seamos Borges:

«Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.»

Diario de cuarentena: amor.

“El amor es parecido a cuando ves una niebla en la mañana cuando despiertas antes de que salga el Sol. Es sólo un pequeño momento, y luego desaparece… El amor es una niebla que se incendia con la primera luz del día de la realidad”, decía el gran Charles Bukowski , Y hoy me pregunto adónde ha quedado reducido ese destello, ese incendio necesario del amor, con tanta realidad brutal que nos invade.

El amor es factible porque existe la posibilidad utópica de ser feliz, de buscar esa piel que te eriza, el sentir de un otro en tus brazos, la fuerza de extrañarlo, la vuelta a esa esquina gloriosa del primer beso. Pero ¿qué pasa cuando el amor está vedado, qué siniestros designios lo mutam? Los que ya somos grandes tuvimos alguna experiencia amorosa, buena u olvidable. Pero aquellos que están floreciendo, y a los que este mundo confinado de nuestra sociedad, que no es lo mismo que un mundo pandémico, les dice que tocar a un otro, rozar a un otro, besar a otro es matarlo o morir, ¿qué lugar deja al amor?

En una tarde cualquiera llega alguien a la vida de alguien que le mueve la estantería, lo refleja o lo atrae o lo tensa. Quieren probarse, pero solo atinan a mirarse, se colocan los barbijos y rozan unos con otros. enseguida se separan y se rocían con alcohol. ¿Serán así las escenas de las nuevas películas de amor?

Me da mucha gracia cuando la gente habla de otra normalidad, la humanidad ha pasado tantas pestes, tantos virus, tantas tragedias. Esto no es una guerra. Esto es una conspiración, y por supuesto, para que la gente tema, lo primero que hay que quitarle, es la posibilidad de amar. Yo invito a celebrar el amor. Amor de pareja, de padres, de hijos, de hermanos, de amigos, amor a DIos, cualquiera sea. Este momento sanitario es un momento. Es banal. Parafraseando a Manuel Puig no dejemos que una banalidad pase a definir lo esencial

Diario de cuarentena: Eterno

«Una obra de arte es un gozo eterno». *John Keats.

El concepto de eternidad, relacionado con el de inmortalidad, se refiere, popularmente, unas veces a una duración infinita y sin límites, y otras designan una existencia sin tiempo o fuera del tiempo. Como sociedad estamos en un oxímoron porque la eternidad en este caso se juega con el concepto de finitud. Nos encierran no sabemos hasta cuando, una eternidad, porque somos mortales.

Mientras pienso esto en el día 101 de cuarentena, temo, otro temor más, que mi diario se vuelva eterno y deje de tener sentido. Porque lo eterno aburre. La vida es interesante y es un reto deseable porque tiene un fin. La conciencia de venir con una muerte al hombro es lo que hace tan gozable la vida. Pero si a diario, nos contamos como sociedad las muertes, nos mostramos las muertes, hablamos solo de muerte, ya estamos muriendo, porque matamos el deseo. Y si le agregamos el encierro, las prohibiciones, el autoritarismo, las selecciones arbitrarias sobre lo que es esencial, sobre quien puede o no ser libre de circular, trabajar, vivir; eso abruma de una forma inexplicable, nos aísla, nos encierra aún más. Estamos sometidos a un experimento pavloviano, de condicionamiento clásico, con la típica propaganda necesaria para tal fin. Salgamos de la cama que nos tiende el poder.

Por eso sigo escribiendo, a pesar del sinsentido de la repetición constante, para no quedarme en la inacción, en la búsqueda de un aroma a libertad que se pierde, que se va alejando, mientras la clase política cuida su miserable espacio de poder, a costa de la vida. De nuestra vida. Que no es eterna.

Diario de Cuarentena: Cien días de soledad

Buendía, Aureliano, era un liberal que intentaba cambiar el mundo. Creo que nos hallamos viviendo en un Macondo en el que nos pretenden estatizar. Porque tomando las palabras del gran Alejo Carpentier estamos en un proceso donde lo real imaginario se parece: «(…) al estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano.»

Como si debiéramos dejar de lado nuestra etapa de Macondo bananero en el que mágicamente se nos permitió desear el progreso y eso fuera un pecado que no somos capaces de sostener. Porque el deseo de crecer es mal visto, la generación de riqueza nos exacerba y en un proyecto sin sentido al que llaman unidad nacional dejan afuera a todos los que pueden engrandecer, producir, creer en la movilidad de clases, como si fuera una quimera maniática.

Jugando con la historia del García Márquez podemos decir que la ilusión de prosperidad del pueblo existe, pero una huelga de trabajadores hará que todo esto acabe en una auténtica masacre. Los inversionistas, se retiran con su dinero y Macondo vuelve a la pobreza.Pasan los años y poco a poco el pueblo se va vaciando. Otro Aureliano, que se caracterizaba por ser sabio, pasa la vida descifrando los pergaminos que había escrito Melquíades-nuestra historia es un continuo descifrar-, nos haría falta un sabio para contrarrestar tanta ignorancia.

Pero, como estoy en una etapa donde elijo el positivismo, aunque cien días después suene quimérico, creo que podemos evitar que nazca un niño con cola de cerdo, un niño en un chiquero que no pudimos limpiar por no desterrar a una estirpe fracasada de políticos sin visión de estado-con su permiso, don Gabo- «porque las estirpes condenadas a cien días de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra». 

Diario de Cuarentena: Casi cien

Ayer le prometí a mi amiga Mariana ver lo positivo de nosotros, los argentinos. Así que hoy voy a dedicar mi diario a eso. A Nosotros.

A los que nos levantamos todos los días con proyectos, a los que hemos sido capaces de superar enfermedades, a los que seguimos abrazando la idea de la libertad posible, a los que estudiamos y seguimos haciéndolo porque el aprendizaje construye realidades. A los emprendedores, tantas veces castigados y aún así siguen en pie. A los empresarios que apuestan al país , no matter what, una y mil veces para que otros tengan empleo. A los chacareros, campesinos, agropecuarios todos, que con su trabajo muchas veces esquivo y azotado por la naturaleza y los gobiernos siguen firmes. A los empleados públicos ( gracias Elisa) como los trabajadores de la salud, los policías, los educadores, los penitenciarios, las fuerzas militares, la justicia, a todos los que desde el estado aportan para que funcione el país, a los otros, los que son corruptos, cargos a dedo, ñoquis,prefiero olvidarlos.

A los que están en la informalidad, pero aspiran a más. Al argentino aspiracional, ese que desea crecer, crear, cambiar. A esos les hablo. No importa si pudiste hasta ahora o no. No te rindas.No nos rindamos.

Tenemos un país que nos cruza delante maravillas, que se mete en la piel con sus paisajes, que nos puebla de mar, de sierras, de mesetas, de selva, de altiplano, cataratas, glaciares, picos, volcanes, playas, pampa.

Y somos muchos más que los que quieren vernos caer. No te rindas. No nos rindamos. No seamos convidados de piedra. A casi cien días del encierro, brillemos. Yo creo en vos, creo en nosotros.

Diario de cuarentena: la hora del Pueblo

Me teñí. No soy mujer de peluquería así que no es un gran cambio en mi vida. Siempre lo hago sola. Mientras cubría algunas canas en las raíces, pensaba en las nuestras. En las de nuestra patria. Una patria que desde sus inicios temió la grandeza, la prosperidad, la riqueza. Nunca comprendí porqué dividimos en vez de multiplicar. Éramos un todo que nacía en el Alto Perú, con salida bioceánica, ¿se imaginan que potencia? Pero ya ahí se pensó con divisionismo. Luego vendría la época de Unitarios y Federales que sigue hasta hoy disfrazada de otros colores. ¿Por qué tenemos que pensar todos iguales? ¿Por qué deberíamos resignarnos a la pobreza? ¿Por qué tenemos que aguantar atropellos de gobiernos que mienten? Una y otra vez.

Me pregunto si vos que estás leyendo, tenés tan claro lo que pasa hoy, si yo lo tengo. Hay una posmetafísica continua que nos envuelve. Y no avanzamos si no resignificamos. Si no releemos el pasado, si no somos capaces de madurar. Siento que el miedo, que siempre paraliza, en este caso debería ser impulsor. ¿Porqué insistimos en creer que alguien va a venir a salvarnos? Para los amantes de cada gobierno de turno les preguntaría qué los vuelve indiscutibles.

Creo, porque no hay verdad en lo mío sino pensamiento crítico, que es hora de sincerarnos. De dejarnos de joder con los discursos cool y la linda idea de una revolución progresista hipócrita. Las villas no nacieron con la pandemia. La falta de trabajo tampoco. La ignorancia del pueblo menos. Y a esos gobiernos de las provincias que expulsan a los ciudadanos hacia las áreas metropolitanas porque no tienen oportunidades, ni siquiera agua, y que están con el culo en el poder hace décadas, hay que enjuiciarlos. No sólo desde el criterio personal, sino desde la justicia, que hoy no existe. Y a la capital, que reúne todos los privilegios, como pagar menos luz, menos gas menos todo, y retiene cánones unitarios, hay que equilibrarla al resto. Pero para eso, hay que poder mirar sin partidismos. Pensando en grande, en un país pujante. Con una historia que demuestra la receta a la que los actuales intentan destruir.

No puedo hablar de tintura y de recetas cuando nos estamos muriendo de hambre, cuando los medios nos muestran camas de pino berreta para meternos miedo, cuando los líderes callan, es nuestra hora, la hora del pueblo. El pueblo debe hablar.

Diario de Cuarentena: Verdad o consecuencia.

Hay sol, se escucha el equipo de calefacción de fondo y tengo seca la garganta. Pienso en todo lo que voy a hacer en el día de hoy, aunque se que voy a hacer mucho menos. Porque estamos viviendo entre pensamientos platónicos. En una realidad aparente, en un mundo de mentiras prolijamente construidas.

Hay maneras oficiales de entender lo verdadero y otras visiones que ya han sido derrotadas. La historia de la verdad en Occidente es la historia de un concepto que nace de la dicotomía entre lo real y lo aparente, inclinándose por el primer polo en desmedro del segundo. Claro que Argentina se sume aún más en ésta dicotomía, porque tenemos una construcción binaria que no nos permite crecer.

Para Platón lo verdadero es lo real, y lo real no es de este mundo. Nuestro mundo sensible es irreal, pero aparenta realidad. La verdadera realidad no es ésta, la de este diario que escribo, la de mis ojos, la de esta materia. Si comprendemos que todo lo sensible es aparente, se establece el mundo de lo verdadero como un mundo ideal, hecho de Ideas reales y perfectas, propias de un mundo sin devenir ni imperfecciones. Otro mundo.

Y en un ida y vuelta entre lo que parece y lo que es, me estiro antes de comenzar el día, sabiendo que lo que deseo no será lo que haga, que lo que aspiro quedará relegado por las malas decisiones de los líderes, y la vida seguirá rodando entre cuestiones que distan de ser verdaderas. Al fin de cuentas, el problema es doble: no sólo la verdad no es de este mundo, sino que, además, los hombres lo ignoramos y confundimos realidad con apariencia.

Diario de Cuarentena: el tiempo pasa

Un día gris es como ese sweater que amás y no podés tirar. No te gusta, esta viejo, tiene bolitas, pero te abraza. Y los días grises siempre nos dejan así, colgados de los recuerdos, abrazados a ellos, enfundados en prendas calientes que nos hagan sentir menos solos.

La magia del tiempo consiste en su independencia. El tiempo pasa. No le importa qué estemos haciendo, si los chicos tienen varicela o si la casa es un lío. No mide nuestros vaivenes, ni se juega en él la urgencia que nos concierne. Pasa. Y en ese paso nos va dejando quietos. No podemos alcanzarlo. Aunque luchemos con cremas antiarrugas y ondas rusas, aunque los satélites del mundo se freezen y no nos retransmitan más. el tiempo pasa.

Por eso hoy quiero que lo recuerdes. Para que no lo pierdas, y seas consciente que tenemos un sólo tiempo en esta vida. Y que es valioso. No lo desperdicies con miedos. Pasalo con quienes ames. Con los que te hagan bien. Tirá todo lo accesorio en tu vida, menos ese pullover mimoso que te envuelve con recuerdos.

Acordate…

El tiempo pasa
Nos vamos poniendo viejos
Y el amor
No lo reflejo como ayer
En cada conversación
Cada beso cada abrazo
Se impone siempre un pedazo
De razón

Vamos viviendo
Viendo las horas
Que van muriendo
Las viejas discusiones
Se van perdiendo
Entre las razones
Porque años atrás
Tomar tú mano
Robarte un beso
Sin forzar el momento
Formaban parte de una verdad

Porque el tiempo pasa
Nos vamos poniendo viejos
Yo el amor
No lo reflejo como ayer
En cada conversación
Cada beso cada abrazo
Se impone siempre un pedazo
De razón

A todo dices que sí
A nada digo que no
Para poder construir
Esta tremenda armonía
Que pone viejo los corazones

Porque el tiempo pasa
Nos vamos poniendo viejos
Yo el amor
No lo reflejo como ayer
En cada conversación
Cada beso cada abrazo
Se impone siempre un pedazo
De razón

Diario de Cuarentena: Heridas

Me desperté contracturada, como si mi cuello intentara resolver la economía, mi espalda fuera el FMI y cada vértebra un acreedor de Vicentín. Es que cuando te duele tu patria, las heridas no pasan solamente por vos. En lo últimos días, ya llegando a un centenar en confinamiento, se me escapa solo el pensamiento y no refleja siempre lo que deseo.

Estoy angustiada por lo que veo, por la barbarie de las medidas y la desazón de los que están perdiendo todo. Por supuesto que me preocupan los que enferman. La diferencia es que un virus es algo inevitable. La debacle económica es una elección. Tal vez es hora de que los argentinos nos lamamos las heridas, unos a otros, para poder crecer. Porque en la vorágine discursiva siempre quedamos colgados de la política inescrupulosa constructora de pobreza. Me da mucha impresión la ceguera de la democracia argentina. Nunca valoran lo que de verdad nos definiría como una potencia, es más, lo castigan. Empecinados una y otra vez en crear una falsa conciencia de clase con falsas premisas vestidas de pueblo. Pero no nos confundamos, el progresismo en américa solo trajo hambre, y no hay dignidad en la miseria. Ni oportunidades. Parece que hablar de calidad, mérito, esfuerzo, trabajo independiente, libertad fueran cuestiones locas. Sin embargo lo loco es continuar con un asistencialismo insostenible que nos vas a llevar al fracaso sin límites.

La búsqueda debería ser superadora, y que éste virus y éste momento histórico sean solo un puño que interrumpe el tronco en desarrollo de nuestra sociedad, para que únicamente en ese punto de nuestro tiempo homérico dejemos de crecer. Y de una vez por todas, aprendamos.