Plaza 25 de mayo: donde conviven la memoria y el futuro

Toda ciudad que se precie tiene su origen comercial e institucional en torno a una plaza. Nuestra plaza, aquella a la que nos referimos como “la plaza del centro”, es la 25 de Mayo. En esa manzana verde de la ciudad se encontraba la antigua Plaza de Armas del Fuerte Federación, fundado el 27 de diciembre de 1827 y que nos da origen como urbe. Otrora, alrededor de la plaza se encontraban los cuarteles, la escuela y la capilla. Y hoy sigue estando rodeada por instituciones similares.

Si nos remontamos al siglo XIX, en su centro tenía una pirámide cuyo tope contaba con una escultura que significaba la libertad y que era la primera obra de ese tipo en la ciudad y sus espacios comunes. Pero con el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, nuestra metrópoli comenzó a florecer, y el entorno de la plaza se modificó, sobre Benito de Miguel el Palacio Municipal primero y la actual Iglesia San Ignacio unos años después, generaban un nuevo escenario simbólico y arquitectónico a la plaza.

Cuando se demuele la pirámide central, ya la fisonomía era otra, con calles mejoradas y ciudadanos de pie en la plaza que pasó de ser de armas a ser espacio de manifestación y sociedad. El 17 de agosto de 1940 se inauguró el monumento al General José de San Martín, reemplazando el poliedro y se le agregaron a la plaza los ejes transversales que hoy contiene, algunas pérgolas e iluminaciones y se comenzó a parquizar.

La plaza ya estaba transformándose en eje de la vida de Junín, allí se daban las noticias los amantes, se conocían los progresos políticos y acontecían las cuestiones que cambiaban las vidas personales y políticas de la ciudad. Ya no era de armas, pero seguía defendiendo nuestros intereses. Desde la vida pública, desde la participación. En 1996 se inauguró el Monumento a la Memoria, un homenaje a los desaparecidos durante el gobierno militar de 1976 y pasó definitivamente a representar un espacio democrático que nos ponía de pie ante la defensa de la libertad.

Hoy nuestra plaza 25 de Mayo, cuenta con obras de artistas reconocidos, a fines de 2007 la plaza se sometió a una obra de puesta en valor con la finalidad de mejorar su funcionamiento, revalorizarla desde lo ambiental y reconocerla como nuestra plaza principal, conservando el carácter y la estructura, de manera que hoy conviven la memoria y el futuro en ella. La estatua de la libertad volvió a su seno, tal vez por eso es el lugar que elegimos para manifestarnos. Donde la política se hace presente, sin vergüenza y proponiendo voces plurales, para defender la república o para reclamar derechos, para caminar juntos por la justicia o para gritar a viva voz por nuestros ideales.

Allí realizamos nuestros actos, honramos al libertador, nos resguardamos del sol o respiramos el perfume de los tilos mientras nuestros hijos en bici sueñan volar. En su interior los cedros, las palmeras y el roble, nos recuerdan la importancia de oxigenarnos y la belleza de lo natural. En el contorno, los bancos poblados de historias, nos ofrecen su solidez y su arquitectura sencilla invitando al sosiego. Muchas veces la llamamos plaza “San Martín”, pero que importa. Si sabemos dónde es, si sabemos para qué la usamos, si la vida comercial, política, administrativa, judicial y financiera de Junín se desarrolla en sus alrededores. La región la conoce, nosotros los juninenses la vivimos.

Y el monumento central, que origina la confusión en su nomenclatura, en honor al General José de San Martín, consiste en un pedestal sobre el cual se encuentra la estatua ecuestre, réplica de la que tiene la Plaza San Martín de la ciudad de Buenos Aires, y que realizó el francés Louis Joseph Daumas en 1862. El Banco Nación y su magnífica arquitectura, es el fondo perfecto para una plaza, y se funde con la pirámide trunca de Salvador Roselli. Aunque todos sepamos por el monolito que fue la Plaza de Armas, lo que la diferencia es que si vos necesitás encontrarte, descansar, citar, o marchar es a la plaza 25 de mayo adonde te dirigís, Una plaza que es conciencia de la historia y de los proyectos ciudadanos, que marca el ritmo de la vida local.
Los juninenses sabemos que la plaza 25 de mayo es algo más que la esquina del punto cero, es nuestra cómplice, es la plaza de los sueños y las oraciones, la de las rupturas dolorosas, la del inicio de la vida en comunidad. Es la plaza, nuestra plaza, la que nos pone de pie, en la que entonamos el himno, flameamos banderas, o donde las carpas cobijan reclamos con integridad.
Siempre hay una historia que contar en su ortogonal existencia. Hoy, intenté que ella, nuestra plaza, sea la protagonista.

Plaza del Sesquicentenario: Donde los niños de Junín permanecen eternos

Entre las calles Liliedal, Belgrano, Rivadavia y la Avenida San Martín, los niños de Junín permanecen eternos. Sus gritos alegres, sus manos entrelazadas, las rodillas manchadas y las carreras por el túnel que tenían con los tambores acostados de hace años, no se marchan y al grito de pluma pluma vuelven a quitar la sortija en la calesita perfecta, esa que nos permitió a todos ser felices, disfrutar de un caballo alado y sentirnos Reutemann en un autito, Una calesita que nos incluía, que no diferenciaba clases con sus caramelos regalados, que prometía sorpresas y maravillosas tardes o noches en familia.PUBLICIDAD

Y sigue siendo nuestra esa manzana perfecta, donde los chicos planean y se cuelgan y se ríen sobre toboganes coloridos recién remodelados, con la misma alegría de otras décadas.

El terreno formaba parte del predio del Ferrocarril Central Argentino. Al construirse la Avenida San Martín quedó como un espacio sin urbanizar, que era utilizado por los circos que visitaban a la ciudad y se instalaban allí.

Por 1977 se construyó la plaza, siendo su nombre un homenaje a los 150 años de la fundación de Junín. Una plaza siempre es un proyecto de vida, y ésta que se destinó totalmente a juegos infantiles, es un proyecto de niñez feliz, por eso es conocida por los juninenses como la «plaza de los niños».

Con su remodelación en el 2007, la plaza dejó de lado los giros de la calesita y se avocó a juegos integradores, a símbolos de los nuevos paradigmas de la infancia, que hoy tienen que ver más con la seguridad y el orden. Sin embargo, en alguna esquina, es posible ver la creatividad nacer en una charla ininteligible entre Juancito y Alegra, que proponen que el mundo se vuelva verde y los manche para siempre con sus plantas, o los helados de tierra que sigue fabricando ese Nacho inmortal que trasciende generaciones.

Porque los niños, son niños, no se contaminan fácilmente, no se impregnan de metales que no tienen nada de valioso.

Y en una escalera mágica suena María Elena Walsh para invitarlos a jugar, pero despacito, pluma pluma, sin caerse, subiendo a la nave del futuro con el corazón lleno de pasados que no conocieron aún, gloriosos y perfectos. Juninenses. Nuestros.

Ciclo «Noche de poesía»

Les comparto la entrevista que el diario Democracia nos realizó en vísperas de la primera jornada de «Noche de poesía», junto a Mauro Fernández.

Mauro Fernández y Soledad Vignolo visitaron la redacción de Democracia y contaron detalles del certamen, que se realizará a las 21, en Lugares Comunes. También describieron el panorama literario local, el rol del Estado y la necesidad de reflexionar sobre el mundo actual.

Con el objetivo de generar un espacio para los poetas locales, comienza hoy el ciclo “Noche de poesía”, desde las 21, en Lugares Comunes (Rivadavia 448), con lecturas a cargo de los poetas juninenses. “Lucho” Toledo, Valentín Jáuregui, Néstor Casalino, Nancy Cánepa, Darío Lobato, Alejandro Miguel, María Rosa Fernández, Mauro Fernández, Soledad Vignolo, Manuela Suárez y Silvia Terribile. Luego, el divulgador literario Andrés Russo brindará una charla sobre Ars Poética de Octavio Paz.

“Lo más destacable de esto es que nos une el hecho poético, más allá de las diferencias, no solo generacionales, sino a veces las diferencias que no son ajenas a la sociabilidad, que hacen mella incluso dentro de la propia familia. Por suerte estas asperezas se han limado, porque de hecho nos vamos a juntar”, señaló Mauro Fernández, que acaba de publicar el libro de poemas “El tiempo es un mal perdedor”.

Y Vignolo agregó: “En lo personal nunca me importaron las diferencias, pero es verdad que lo social, lo político y hasta lo poético pueden generar divisiones. Hay una vieja vanguardia poética muy apegada al soneto, a las estructuras, y por ahí cuando venís a romper eso te miran como diciendo ‘eso no es poesía’”. “En la poesía hay que abrazarlos a todos”, resumió Fernández.

“No noto que las temáticas de los poetas más jóvenes sean distintas, quizás hay otra mirada. La poesía siempre atraviesa las tragedias y las cuestiones humanas”, apuntó la secretaria general de la SADE local.

Según Fernández, de los poetas que leerán esta noche “el que más representa una voz generacional es Lucho Toledo, que además tiene –y en eso se diferencia un poco del resto- una voz más social, más comprometida con lo político, por eso me parece un exponente más de lo nuevo”. Y completó: “Los demás somos quizás más líricos, tocamos temas existenciales si se quiere”. “Lucho tiene un poema que habla del suegro peronista, que está en su libro ‘El amor en los tiempos de Messi’, que espero que lo lea porque es muy bueno”, comentó Vignolo.

El rol del Estado

«Faltan políticas de Estado, que trasciendan los gobiernos”, señaló Vignolo.
Y Fernández amplió: “Primero hay que generar un colectivo, una movida, una pertenencia, que muestre músculo, porque si no el Estado a veces se guía por el mainstream o por la corriente cultural del momento, o por lo que rinda más rédito político”.
“Hay un público en Junín para la poesía, para cualquier manifestación artística, Junín es muy grande, y los juninenses no nos damos cuenta. La Universidad también amplió la mirada a la región. Hay que promover que haya Humanidades en la Universidad, porque la reflexión pasa por esas carreras”, afirmó Vignolo.


“No hay mala poesía, me puede gustar más o menos, pero todo lo que puede generar una persona, toda manifestación artístico-poética es válida, es digna de admirar y de leer con inocencia, con pureza, con ojos de asombro. Después los críticos podrán decir que una determinada palabra suena mal, y está bien, pero eso se lo dejo a los críticos literarios”, cerró Fernández.

Fuente: https://www.diariodemocracia.com/locales/junin/218434-lecturas-11-escritores-juninenses-comienza-hoy-cic/

entre todas

La tumba de mi madre, usted sabe

Es una más, igual a otras tumbas.

Tiene el mármol grabado porque

Le robaron el bronce

Y tiene una lata de tomates perita

Como florero.

El pasto se sumerge en sus esquinas

Y rompe los ángulos que la nombran

La tumba de mi madre, le digo en serio

Se reconoce por el dolor que la baña.

Conserva mis lagrimas clavadas en cada hueso

Y largos pensamientos que hacen memoria.

No tema usted acercarse, venga, suspire,

No es una tumba diferente,

No hay oro en sus manijas,

ni esta hecha en madera de nogal,

No propone epitafios que la lloren,

Es de mi madre, nomás.

Plaza Ferrocarriles Argentinos: Un sitio de encuentros

Los ferrocarriles son inherentes a la historia de nuestra ciudad, fueron motor de progreso y de crecimiento, pero también de desazón y fastidio. De partidas, de regresos, de amores desencontrados, y la Plaza Ferrocarriles Argentinos fue reflejando la historia en su seno.

En 1884, cuando el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico llegó a Junín para instalar sus talleres un par de años más tarde, arribaron técnicos y directivos ingleses que comenzaron a radicarse en el pueblo, que en 1905 pasaría por la revolución que el ferrocarril trajo, a ser ciudad. En ese entonces, se inicia el Club Inglés, que estaba ubicado a menos de cien metros de la estación, donde hasta el 2012 funcionó el rectorado de la UNNOBA, que reunía a la colectividad sajona.

Frente al club, se situaban las canchas de tenis, que dieron origen a la plaza, en un principio llamada Británica. La plaza se halla, a su vez, frente a la estación ferroviaria en el barrio Pueblo Nuevo, y entre las calles Newbery, Sáenz Peña, General Paz y el pasaje La Porteña. Constituyó en su momento, un espacio organizador de las actividades ferroviarias, ya que en torno a ella se ubican los edificios de la estación, la casa del ingeniero seccional, el Club Social Ferroviario y el edificio Vías y Obras, Tráfico, y Sanidad.

Esta plaza se mantuvo sin cambios manifiestos por varias décadas, hasta que para el primer centenario de la llegada del ferrocarril a Junín (1984) se puso en valor y rebautizó como Plaza Ferrocarriles Argentinos. En 2011 fue reformada y se colocó la escultura El origen, obra de los arquitectos locales Salvador Roselli y Julio Lazcano, realizada con materiales íntegramente ferroviarios, mediante técnicas de ensamblado y soldadura.

Hoy la plaza sigue siendo sitio de encuentro, se realizan en ella festivales de música independiente, campeonatos de hip hop, el Mercado de la Estación y muchas otras actividades que involucran diferentes actores sociales.

Y entre artesanos, músicos, escultores o simplemente pasajeros en espera, se suelen oír las voces de los ingleses de antaño, que sentían orgullo por su hacer, por el aporte silencioso y eficiente que dejó huella histórica en la ciudad, reflejada en un recorrido que muestra esa obra. Si alguien se sienta en la plaza, y se queda en silencio, un raquetazo al olvido lo sacude y le cuenta que dos siglos atrás, hubo pioneros que trabajaron para forjar unión entre pueblos por medio del ferrocarril, lejos de cuestiones políticas, se encargaban de hacer funcionar las máquinas, los rieles, los silbatos, para que nuestros abuelos llegaran, de muchos países del mundo y en ese tren, lleno de ilusiones, arribaban a Junín para cohesionarse y formar el tramado social que hoy nos une. Para trabajar por un futuro que es presente y para que sus bisnietos toquen la viola en un recital sobre la antigua cancha de tenis, con la misma esperanza en el mañana que trajeron sentados en un vagón sus ancestros.

Junín es producto del Ferrocarril, y la plaza Ferrocarriles Argentinos lo refleja.

Agua Salada

Mientras en la olla se olía hervir papas y batatas, el microondas cocinaba calabazas naranjas y una pequeña vela oraba por su padre muerto, Cata intentaba meditar para salvarse.

El cansancio por el día a día no facilitaba el intento, pero le permitía pensar en su búsqueda. Salud principalmente, pero ni siquiera eso lo buscaba para ella. Pensaba siempre: “Dios, dame salud para criar a mis hijos, aún tienen 12 y 18 años”.

No la quería para viajar, divertirse, hacer el amor, divorciarse, buscar un nuevo desafío, crear una fundación. Nada. Cata había perdido el deseo, no había algo propio, ella vivía para…

Para Martín y sus viajes que la desarmonizaban. Para Nadia, sus tareas, deportes y rutinas, para responder todas las preguntas con paciencia infinita (aunque alguna vez se irritaba).

Para Pablo y sus planteos, su necesidad de crecer, gritando desaforadamente pensando que así lo lograba. Para su madre viuda, que la requería a diario, que le informaba sus tristezas casi con regocijo, que hacía de ella una madre, una esposa, hasta una amiga, sin considerar su orfandad. Para sus tíos que reclamaban atención y mimos, para accionar socialmente, para oír, calmar, ayudar, buscar, traer, bañar, alimentar y limpiar.

¿Dónde se escondió el sueño de libertad que la poseía? Cuando el cabello volaba sin tener que pedir permiso, y las puestas en escena se usaban para lograr cometidos.

Una noche en especial, Cata sintió que la vida le corría por dentro, agitada y doliente, peleando por derechos en la explanada de la facu, rogando que sí, que la maten esos milicos de mierda, que la transformen en mártir, llena de sangre y sudor con el cartel en la mano. Ahí quedo todo.

Porque la vida se encarga de descascararnos y llenarnos de sinsentidos cotidianos que nos muelen. Cata era molienda.

—¡Señora! —se oyó.

—Hola, José, tratá de no cortarme los plantines esta vez.

José era el hijo de Juana, la señora que ayudaba a Cata, un chico de unos veintiséis años, ruliento y maloliente, que arreglaba los patios del barrio. “Poco seso y mucho músculo”,

pensó Cata. Pero en seguida subió su mano y se acomodó la trenza cosida.

Mientras movía cosas en la mesada, Cata comenzó a sentirse joven y darse cuenta que tenía curvas, y que su ropa maternal no impedía nada. No prohibía nada. Ofreció mate para pasar el rato, y en el momento en que cebó noto la suave mano de José sobre la suya.

Y pasó. Ya en la cama, los cuerpos se atraparon en un concierto de tierra y piel, para gritar juntos la ignominia de lo cotidiano y revolucionar lo propio. Cuerpos sin mente. Solo momentos. Que se pudren si se continúan. Que se llaman así.

Un acertijo de pieles que pudieron y se atrevieron. El olor y el hervor eran justos. Pecadores.

Y así Cata comprendió que la salud la necesitaba ella, que el día seguía igual si no lo modificaba y que los sueños de cambios los llevaba dentro, apretados en la uña del dedo meñique que nunca quedaba bien pintada.

La cama revuelta era la revolución. La suerte echada. La potencia del ser. Una patada a lo cotidiano. Insolencia. Desgarro. Y privacidad. Privacidad, lo que más extrañaba de aquella Cata sola.

—Señora, el mate —oyó a lo lejos.

—Gracias —dijo—. ¿Tomás otro?

—No, deje, se me hace tarde.

Cata tomó el mate, caminó hacia la cocina, se paró frente a la mesada, las ollas seguían hirviendo, metió un dedo en la de las calabazas y lo chupó. “Sí —pensó sonriendo—, el agua está salada”.


Cuento que pertenece a Una más Una, publicado en 2017 por Editorial Rama Negra, que relata 22 historias de mujeres diversas y únicas, con sus grises y sus deseos, algunos postergados por la violencia ajena.

La Plaza Marcilla

La idea de generar un nuevo encuentro en este año que comienza, enseguida me llevó pensar en las plazas como sinónimo de expresión y libertad, como espacio que desde la civilización creta minoica en adelante, congrega a los ciudadanos y los invita a expresarse, para ser libres de reunión y socializar.

Las ágoras actuales a veces cumplen otras funciones, pero ante las inequidades vuelven a ser aquellas que sirvieron para dar cita a la polis a la hora de la reflexión.

El deseo es siempre motor de cambios, y en este 2020 sería una vuelta a la ética y la caballerosidad. Por eso elegí esta plaza para comenzar los domingos de Espacios Urbanos. La Plaza Eusebio Marcilla.

El primer recuerdo que llega a mí es mi padre contándome su historia sentados en un banco blanco rodeados de pinos, tendría seis años y miraba su escultura con interés. “El caballero del Camino”, me decía, lo conocí hija, era un hombre impactante, sencillo, lleno de paz. Fue mi primer super héroe, lo imaginaba ayudando a quien necesitara montado en su vehículo mágico. Con el tiempo la plaza fue risas, payanas, la soga, escondidas y la picardía de un beso robado a la salida del club, pero siempre estuvo esa historia latiendo, esperando para ser contada en mateada de amigos, que se sorprendían de los detalles que daba. La escuela me trajo a la señora de Marcilla como vice rectora y tuve allí nuevos datos para agregar a mi abundante historia mitad cierta mitad ficcionada sobre Eusebio.

Siempre sentí que ir a la Plaza Marcilla era ir a su encuentro, y hoy que escribo sobre este espacio que pobló mi infancia y me adolescencia de imágenes y momentos, vuelvo a su historia, una historia que es fiel espejo del valor de la virtud, del ejemplo de vida que fue este hombre que trascendió siglos y que es recordado no sólo en el monumento de la plaza, o el Día de la Caballerosidad Deportiva, o el Autódromo, sino en cada conversación donde se habla de moral incuestionable, sobre bonhomía, sobre ética. Parecen cuestiones básicas, pero muy pocos seres en el mundo las ejercen como es menester. Eusebio Marcilla fue uno.

Y la plaza me resulta el espacio más trascendente para recordarlo, porque la plaza es un espacio donde confluyen la alegría y la queja, la franqueza y el destierro. Marcilla era un hombre especial. Algunos datos lo demuestran. En la carrera Buenos Aires-Caracas auxilió a Juan Manuel Fangio, a Urrutia, una carrera que venía muy bien, y dejó todo para asistir a sus rivales, los auxilió y volvió a la ruta junto a Marimón animándolo a continuar y ganar quedando él en segundo lugar. Pero sus logros deportivos no pudieron opacar su espíritu, su imprevisible bondad, con la que cautivaba a todos. Fue subcampeón de Turismo Carretera en los años 1947 y 1948, ambas ediciones por detrás de Oscar Alfredo Gálvez y en 1952 por detrás de Juan Gálvez. Al mismo tiempo, obtuvo 9 victorias en competencias finales entre 1941 y 1953. Pasó a la historia como El Caballero del Camino. Era un hombre que prefería se fiel a sus principios aunque perdiera la gloria del triunfo, pero logró así una mayor. La eternidad.

Y ahí, en la Plaza Eusebio Marcilla, es posible eternizarse. En sus historias la ética no es cuestión menor. La ética que construye lazos limpios, es posible en esa plaza, el amor es posible en esa plaza, el deporte también, hoy colorida y teñida de niños que saltan y cantan y que del colegio se tiran en sus verdes laderas, la plaza emana a Marcilla. Entonces, si cierro los ojos puedo verme con Vero, Mela, Loly, Claudia, Chelo, el Colo, Pathy, Sata y algunos más corriendo llenos de vida en pos de un pido mancha. O contando con ojos semiabiertos apoyada en un tronco que Marcilla nunca tocó, pero que naturaleza obliga, tiene su ética, y me susurra: no hagas trampa, son tus amigos. Entonces cierro los ojos y me cantan piedra libre. Pero vivo en paz.

Plaza Eusebio Marcilla, enfrente, el colegio Marianista, en el otro frente, el Club Junín, a dos cuadras, Fátima, en pleno corazón de un barrio que sabe de un hombre que alza a otro en un monumento.

Invito a ir a esta magnifica y renovada plaza, a disfrutar su espacio, a ver a nuestros niños y jóvenes hacerlo, pero también a transitar en las cercanías del monumento, recordando valores que parecen perdidos, como la solidaridad, la amistad, el compañerismo, y la honestidad. Valores que le sobraban al gran Eusebio Marcilla. Y que el mundo veloz de hoy, donde todo es fugaz, éste universo líquido que estamos construyendo y que nos diluye sin darnos cuenta que son esas calidades las que nos diferencian.

Las ágoras deben ser espacios libres, para reflexionar, para que el pueblo lo haga, para que muestre quién es, tal vez los breves relatos propuestos en este espacio de un periódico local, sean el inicio de una era donde la valentía, la ética y la paz no sean utopías.

OPINIÓN: Cambios y contrastes

Desde el 1 al 24 de diciembre los cristianos nos hallamos en tiempo de adviento. ¿Pero que es el adviento? Etimológicamente, la palabra Adviento es de origen latín “adventum” que significa “llegada” y se supone que es tiempo dedicado a la reflexión, penitencia y oración como preparación para recibir al Señor Jesucristo. Pero para nosotros, los transeúntes comunes de la vida, el adviento puede transformarse en un tiempo interesante. Un tiempo que nos interpele, proponiendo cambios y contrastes que discutan paradigmas y principios.
¿Somos lo que decimos ser? Realmente en el día a día nos vamos ahuecando en otras pieles y si nos tomamos el tiempo para reflexionar, tal vez no reconozcamos nuestra esencia en la persona con la que caminamos la vida. Es una cuestión atractiva repensarnos. Porque en la resignificación individual reside sin duda, el cambio social. Ese que tan a menudo planteamos como una necesidad imprescindible y con el que tan poco nos comprometemos.
Pedimos justicia, pero ¿somos justos? ¿O sólo queremos justicia unilateral? ¿Tratamos en forma justa a los que amamos como a los demás? ¿Nos tratamos con justicia? Gritamos por la igualdad de derechos, sin embargo, es muy probable que en el día a día no veamos las inequidades que nos rodean. O terminemos discriminando a otro por diversas razones, raza, altura, peso, edad, género, no importa qué. Añoramos honradez en los otros. ¿Y la nuestra? El ego generalmente nos obnubila de tal forma que dejamos pasar amores, familia, oportunidades únicas y cambios solo por él. Exigimos igualdad, ¿por qué? ¡Es tan valiosa la diversidad!
Tiempo de adviento, tiempo de cambios, de espera, de propuestas, pero esta vez, hazlas con el dedo apuntándote. Y entonces, entre vos y yo, es decir uno con el otro, tal vez comencemos a crear el mundo que hace siglos proclamamos como humanidad, y del que nos alejamos día a día por no vernos en espejo. Sin vos no existo, sin mí, no existís. Somos ese otro social que nos refleja. Por eso te invito, seas o no cristiano, a pensar con el alma abierta, con los brazos abiertos, con el corazón latiendo en pos de una sociedad que nos cobije y nos devuelva el reflejo solidario de un mundo mejor.
Construyamos juntos la realidad que deseamos, no es cuestión de pedir, sino de hacer.

Presentación del libro «El Fantasma del Bernabéu»

Junto a Juan Pablo De Luca en la presentación de su segundo libro.

Les comparto la crónica realizada por la prensa a cargo del evento.

El Fantasma del Bernabéu” visitó el MUMA

En el Auditorio del MUMA se realizó la presentación del libro que recorre dos continentes tras los avatares del deporte, la política y personajes sobrenaturales. Se trata de la segunda novela del juninense Juan Pablo De Luca.

Parecía que “el Fantasma” no quería ser presentado en sociedad. Horas antes del encuentro, un copioso granizo cubrió la ciudad de Junín. Sin embargo a la hora pautada para el miércoles 11 de diciembre, el autor Juan Pablo De Luca, acompañado por la escritora Soledad Vignolo, ya estaban en el Auditorio presentando “El Fantasma del Bernabéu”. Aparecieron las preguntas, las cargadas, alguna camiseta de River y reproches de otros bandos, que no esperaron el silbato inicial y ya estaban sobrevolando la mesa antes de toda ceremonia. El fútbol tocaba las fibras íntimas de muchos, en la literatura también.

En ese sentido fue la apertura de Soledad Vignolo: “Nos convoca hoy un fantasma, que tiene colores relacionados con la idiosincrasia de los argentinos, un fastama de Boca o de River, un fantasma que tiene que ver con lo que no nos animamos a decir, que forma parte de nuestra historia, porque la historia del fútbol, sin quererlo, pasa a ser la historia de cada uno de nosotros y de los momentos vividos en familia, de los momentos vividos con amigos, de las emociones que muchas veces trascienden lo propio del deporte y se transforman en cuestiones personales”.

Mientras “el Fantasma” permitía que mermara la lluvia y más gente se acercara al Auditorio, Vignolo brindó una comparación entre las dos novelas de De Luca: “Esta nueva novela de Juan Pablo revela otra faceta de este escritor juninense, más picante, por ahí menos introspectiva que Misión Tilcara, con su nostalgia del 86. Este libro tiene mucho humor, así que presenciamos un giro en su escritura, ya que se anima a divertirse en el texto y puebla a la novela con historias que van cambiando de acuerdo al tiempo del protagonista, Juan Barbicano, este personaje que no llega a ser un alter ego, pero casi”.

El Fantasma… fue publicado por Hat-Trick, una editorial especializada en libros sobre deporte. Aunque la historia se encuentra centrada en la final jugada en el Bernabéu entre Boca y River, está rodeada de desencuentros cómicos y tiene una continuidad con lo fantástico que se abrió en Misión Tilcara.

Rodeado de símbolos y elementos que trajo de Madrid, como un mini estadio Bernabéu para armar y las bufandas que se usaron el día de la final del 9/12/2018, De Luca contó al Auditorio cómo nació esta historia: “Esta novela se comenzó a pensar el mismo día de la final en Madrid y comencé a desarrollarla a partir de preguntas básicas, como por qué somos del equipo que somos, si por vueltas de la vida o por la tradición familiar”.

“Desde ahí -siguió De Luca- me interesó la historia de los River-Boca, y luego el nudo, que es la pregunta de si algo o alguien ayudó a que River ganara el partido”. Respecto de la relación con Tilcara, agregó: “Entra el protagonista de la novela anterior, en una especie de ‘policial tragicómico’ donde se atraviesan muchas cuestiones, como la historia del Real Madrid y de River, dentro de una psicología muy especial que tiene el protagonista, porque es un excombatiente de Malvinas”.

Para dar cuenta de esa dimensión tragicómica, el autor leyó el primer capítulo, momento en el cual el personaje Barbicano es detenido por la policía de Madrid, justamente en la búsqueda del Fantasma del Bernabéu: “Me pregunté: ¿qué estoy haciendo acá, recibiendo el 2019 en las entrañas del Bernabéu? Ya tengo 55 años, soy un tipo grande para estas aventuras. Por seguirle el juego a Héctor Plasma y a su teoría del Fantasma. Sé que debo agotar todas las hipótesis, pero creo tener en claro lo que pasó el 9 de diciembre”.

El autor invitó a leer la novela y a pensarla más allá de una celebración partidaria por parte de un bando futbolero. Y también a descifrar qué o quién es “el Fantasma”, que hasta granizo puede crear en una tarde calurosa, en una ciudad alejada de Europa, llamada Junín.

Historias de barrio: «Ricardo Rojas: el arrabal del oriente juninense»

Ellos proyectan, y se imaginan un barrio pujante, que pretende derechos y que sostiene que sus más de 1500 habitantes son ciudadanos con iguales responsabilidades que el resto, por lo que desean las mismas condiciones.

Es un barrio bien barrio, en el que las pelotas cruzan la calle, un barrio de trabajadores, de gente humilde y algunas quintas. Se puede adivinar el deseo de progreso en la mirada de su gente, en el trabajo de la sociedad de fomento y en el sacrificio diario para que alcance el pan.
Este arrabal del oriente juninense, fue golpeado duro por un crimen sin sentido, Camila es el nombre de todos los niños que debemos cuidar. La barbarie acecha siempre, pero es necesario trascender el dolor para crecer.
Lo delimitan las calles 6 de Agosto, que continúa en Marín Fierro, 12 de Octubre, 27 de Diciembre, la Avenida de Circunvalación y las vías. Viene creciendo con el siglo este sector de familias que no siempre tienen los servicios necesarios para una vida digna. Pero sobran sueños.
Es un barrio sin escuelas, sin clubes, sin salas, es un barrio con necesidad de ser.
Pero su gente, que es la que desde el fomentismo crece, que es la que sufre, la que puebla sus calles, no piensa que el futuro será igual.
Ellos proyectan, y se imaginan un barrio pujante, que pretende derechos y que sostiene que sus más de 1500 habitantes son ciudadanos con iguales responsabilidades que el resto, por lo que desean las mismas condiciones. Hay nuevos pozos de bombeo proyectados que pueden beneficiar a esta comunidad local, que ha sido relegada en muchas ocasiones.
El barrio Ricardo Rojas, que lleva el nombre de un hito de la cultura nacional que supo enfrentar la adversidad desde pequeño en su Tucumán natal, y que en su primer obra literaria hablaba de “La Victoria del Hombre”, merece que su barrio en nuestra ciudad se alce superador y crezca, como lo hizo él, que supo estar preso en la isla Martín García, perseguido con otros miembros de la UCR, este polígrafo multifacético, intelectual orgánico, maestro de la juventud, demócrata convencido, seguramente iluminará a los pobladores de la zona que hoy lo nombra, para que en poco tiempo el progreso llegue, el trabajo abunde, y la vida digna sea cosa de todos los días.

Publicado en https://laverdadonline.com/ricardo-rojas-el-arrabal-del-oriente-juninense/