Diario de Cuarentena: Sensatez y Sentimientos

Si la sensatez es el buen juicio, prudencia y madurez en actos y decisiones, estamos al horno. Mientras Mila ladra desde el patio, Nico duerme y Marcelo fue a buscar el pedido online al súper; intento reflexionar con equilibrio toda la ilógica situación que vivimos y que leemos en los diarios, o que oímos en la radio, ni hablar de las barbaridades que vemos. Pero creo que todo se reduce a la portada del libro de Jane Austen. A los argentinos nos faltan las dos cosas. Sensatez y sentimientos. Estamos en una lucha de veredas, al estilo de otro siglo. Enmarañados en discursos falsos que aturden el juicio crítico y con una inequidad creciente que no depende de los poderes de turno sino de la cultura reinante, donde y cito a Austen»La gente siempre vive eternamente cuando hay una pensión de por medio» y agrego, que vota eternamente al que le da prebendas, o pensiones, o subsidios, o como quieras llamarlo; con un presidente que habla con voz más agradable que su vice, pero volviendo a Jane, «Lo agradable de una ocupación no es siempre prueba de su corrección» y con ciudadanos que se callan y se tragan por miedo no se sabe a que, la posibilidad de cambiar un orden público que no solo no salva a nadie, sino que devasta la república y con ella a todos nosotros.

Cambio la yerba del mate mientras pienso que también tenemos el problema de los grandes pensadores nacionales y populares, que viven en una nube nada nacional ni popular, y busco en el libro desesperada una frase que leí hasta que la encuentro para copiarla textualmente: «Un hombre que no sabe qué hacer con el tiempo ignora lo que es meterse con el de los demás». Y acto seguido me vienen a la cabeza los muchos más de 60 atentados a silo bolsas de campesinos que laburan de sol a sol para obtenerlos y que tienen el derecho adquirido de venderlos cuando les convenga, más aún con los atropellos y confiscatorios impuestos y retenciones que padecen; pero que los nacionales y populares se han encargado de demonizar a tal punto que haya vándalos que creen que destruyendo el trabajo ajeno van a obtener riqueza. Sin producción, sin empresas, sin trabajo genuino, ¿de qué creen que vivirá el estado? Lamento tanto que haya generaciones que no tengan idea del sentido que el trabajo otorga, de la consecuencia directa en la sensatez que tiene ganarse el pan, y de los sentimientos magnánimos que trae consigo una buena jornada laboral, ese cansancio productivo, consecuente.

Me cebo otro mate para mitigar la angustia que provoca pensar en todo lo que vivimos, sumada a 105 días de cuarentena-el término quedó muy corto- obligatoria y punitiva, tomo nota de cuántos sufren y cómo sufro por ellos, por eso cierro con el sentimiento a flor de piel y las palabras de Jane Austen «Los que poco sufren pueden ser tan orgullosos e independientes como quieran; pueden resistir los insultos o humillar a su vez…yo no puedo»

Diario de Cuarentena: nos ata el pasado.

Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad. Así comienza nuestro himno, pero lamentablemente no hemos roto todas nuestras cadenas. Seguimos atados a un pasado reciente que esta lleno de intertextualidades y metarrelatos, que son absorbidos por generaciones enteras que perdieron la conciencia del trabajo y del esfuerzo, que sumidas en la ignorancia de una educación pública ineficiente, o sin educación, creen que la prebenda es la salida. No comprenden que se encadenan a un sistema que los pisa y que los humilla sin retornos posibles. Las ataduras culturales que los últimos treinta años crearon en nuestra sociedad no podrán ser desatadas por décadas.

Oíd mortales el grito sagrado: Libertad Libertad Libertad. Sartre decía que el hombre estaba condenado a ser libre. Lo traería a la Argentina, para que me explique cómo. En un país donde crecer está mal visto, en cualquiera de los sentidos. Si crecés económicamente, con trabajo y decencia, el estado te castiga y la sociedad ve bien que te confisquen o retengan. Si avanzás intelectualmente y te animás a cuestionar, te callan o te denigran porque no asentís como bobo los arrebatos totalitarios del poder de turno. Si querés cambiar de condición o de estilo de vida, querés cagar más alto que el culo. Nada nos viene bien si es otro el que avanza, pero no avanzamos.

Tenemos problemas con un discurso donde ser sucio, barato, violento, delincuente, ignorante, asistido por el estado es lo que está bien; y ser educado, esforzarte, cambiar, trabajar, querer crecer está mal. En un mundo del revés que sostiene una política populista y agobiante que castiga la riqueza y la grandeza per se, es muy difícil hablar de libertad. No nos encadena el COVID, nos encadena el pasado, que nos quieren hacer vivir como presente una y otra vez.

En esa cuestión me siento ajena, porque creo en el futuro, pero debemos exorcizar el pasado, como si hubiera que quemar todo en un intento salvador, para purificarnos. Porque la grandeza, el esfuerzo, el trabajo, el crecimiento parecen ser ácido en la sociedad actual. Tal vez tenga razón Sartre, enfrentándolo a sí mismo, cuando dice: «No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros».

Diario de Cuarentena: Seamos Borges

Un día como hoy Einstein publicaba su teoría y comenzaba a dimensionarse la relatividad inherente al espacio-tiempo, entre otras cuestiones gravitatorias, En este momento histórico el tiempo y el espacio están cobrando un significado diferente para cada uno de nosotros. Lo mismo sucede con el espacio. Nuestro espacio temporalidad tiene reducidas sus proporciones. Tenemos menos espacio, menos territorio de acción en un tiempo que parece infinito.

Y así vamos transitando el día 103 de cuarentena obligatoria. Esta característica no es menor, lo obligatorio, aquello que se vuelve punitivo en democracia, debe justificarse. Llevamos más de tres meses encerrados, aterrados, desconsolados, sosteniendo una política pública que dado los hechos no pudo cumplir su parte. Nuestro tiempo y nuestros espacio, por separado o en el juego relativo que los enlaza están en una línea continua de no acción que somete voluntades y construye imaginarios. Porque el miedo siempre paraliza.

Como sociedad, debemos ser críticos, pero con la administración pública, no con nuestros vecinos, sumidos en el mismo fango que nosotros. Nos señalamos con el dedo de la justicia, y caemos en el error de hacer justicia por mano propia, juzgando, creando historias. Mientras, en este espacio impuesto por un gobierno, la verdadera justicia deja que flagelen instituciones, o suelta delincuentes. El congreso, se transforma en una pantomima deleznable. No nos representan. Los intendentes deben honrar sus mandatos y no estar supeditados a la chequera provincial, pero por sobretodo, los ciudadanos debemos estar a la altura, si aquellos a los que empleamos para representarnos no pueden. Nosotros somos el río, no ellos, nosotros somos el tiempo, seamos Borges:

«Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.»

Diario de cuarentena: amor.

“El amor es parecido a cuando ves una niebla en la mañana cuando despiertas antes de que salga el Sol. Es sólo un pequeño momento, y luego desaparece… El amor es una niebla que se incendia con la primera luz del día de la realidad”, decía el gran Charles Bukowski , Y hoy me pregunto adónde ha quedado reducido ese destello, ese incendio necesario del amor, con tanta realidad brutal que nos invade.

El amor es factible porque existe la posibilidad utópica de ser feliz, de buscar esa piel que te eriza, el sentir de un otro en tus brazos, la fuerza de extrañarlo, la vuelta a esa esquina gloriosa del primer beso. Pero ¿qué pasa cuando el amor está vedado, qué siniestros designios lo mutam? Los que ya somos grandes tuvimos alguna experiencia amorosa, buena u olvidable. Pero aquellos que están floreciendo, y a los que este mundo confinado de nuestra sociedad, que no es lo mismo que un mundo pandémico, les dice que tocar a un otro, rozar a un otro, besar a otro es matarlo o morir, ¿qué lugar deja al amor?

En una tarde cualquiera llega alguien a la vida de alguien que le mueve la estantería, lo refleja o lo atrae o lo tensa. Quieren probarse, pero solo atinan a mirarse, se colocan los barbijos y rozan unos con otros. enseguida se separan y se rocían con alcohol. ¿Serán así las escenas de las nuevas películas de amor?

Me da mucha gracia cuando la gente habla de otra normalidad, la humanidad ha pasado tantas pestes, tantos virus, tantas tragedias. Esto no es una guerra. Esto es una conspiración, y por supuesto, para que la gente tema, lo primero que hay que quitarle, es la posibilidad de amar. Yo invito a celebrar el amor. Amor de pareja, de padres, de hijos, de hermanos, de amigos, amor a DIos, cualquiera sea. Este momento sanitario es un momento. Es banal. Parafraseando a Manuel Puig no dejemos que una banalidad pase a definir lo esencial

Diario de cuarentena: Eterno

«Una obra de arte es un gozo eterno». *John Keats.

El concepto de eternidad, relacionado con el de inmortalidad, se refiere, popularmente, unas veces a una duración infinita y sin límites, y otras designan una existencia sin tiempo o fuera del tiempo. Como sociedad estamos en un oxímoron porque la eternidad en este caso se juega con el concepto de finitud. Nos encierran no sabemos hasta cuando, una eternidad, porque somos mortales.

Mientras pienso esto en el día 101 de cuarentena, temo, otro temor más, que mi diario se vuelva eterno y deje de tener sentido. Porque lo eterno aburre. La vida es interesante y es un reto deseable porque tiene un fin. La conciencia de venir con una muerte al hombro es lo que hace tan gozable la vida. Pero si a diario, nos contamos como sociedad las muertes, nos mostramos las muertes, hablamos solo de muerte, ya estamos muriendo, porque matamos el deseo. Y si le agregamos el encierro, las prohibiciones, el autoritarismo, las selecciones arbitrarias sobre lo que es esencial, sobre quien puede o no ser libre de circular, trabajar, vivir; eso abruma de una forma inexplicable, nos aísla, nos encierra aún más. Estamos sometidos a un experimento pavloviano, de condicionamiento clásico, con la típica propaganda necesaria para tal fin. Salgamos de la cama que nos tiende el poder.

Por eso sigo escribiendo, a pesar del sinsentido de la repetición constante, para no quedarme en la inacción, en la búsqueda de un aroma a libertad que se pierde, que se va alejando, mientras la clase política cuida su miserable espacio de poder, a costa de la vida. De nuestra vida. Que no es eterna.

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El silencio de los inocentes

Cuando brindamos por un año mejor para dar comienzo al 2020 ya había un virus instalado entre nosotros, pero no lo sabíamos. Probablemente muchos estuvieron de vacaciones en sitios donde el virus era comunitario, pero no lo sabíamos. Tuvimos unos meses de ignorancia que fueron los que aquellos que sabían, los líderes de las organizaciones de salud más importantes del mundo, los líderes de China, los mandatarios de algunos estamentos internacionales e incluso todo el universo mass media sabía, pero eligió el silencio.

Luego estalló la instalación mediática de la muerte en cuenta gotas, y así estamos hace casi cien días. Una recorrida por el mundo nos hace ver que la cuarentena que vivimos en nuestro país es excesiva. Y las consecuencias serán tremendas. Pero quedarse en la queja es un sin sentido. Por eso hay que salir del silencio.

Porque mientras el miedo instalado nos va mostrando quienes somos, la salud se resiente. Y la salud según la OMS, la misma que algunos idolatran y otros cuestionan, es «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». La cuarentena, en medicina, es un término para describir el aislamiento de personas o animales durante un período de tiempo no específico como método para evitar o limitar el riesgo de que se extienda una enfermedad o una plaga. Por lo general se aplica a personas que son mayores de edad o que tienen síntomas, y consiste no solamente el aislamiento de los enfermos en centros específicos, sino también la aplicación de medidas de prevención como el saneamiento de lugares y objetos o el tratamiento adecuado de los cadáveres. Es una medida complementaria. Para que sea efectiva hay que tener datos certeros, que se obtienen con los testeos y con una evaluación muy específica de la situación.

En nuestro país, el confinamiento se extiende indefinidamente, no da los resultados esperados, no contamos con el volumen de test necesarios para un análisis eficiente y tampoco con las condiciones económicas para que esto perdure. En el medio de decisiones muy serias que afectan nuestras vidas, entre la OMS, las luchas de poder y la manipulación de la información estamos nosotros. Con la salud en crisis. Pero no solo por el coronavirus.

La incertidumbre, el encierro, la perdida del trabajo, de los sueños, de los comercios, del bienestar, nos enferma. Y además no nos están cuidando. Los anuncios no alcanzan. Aunque prohíban el despido las empresas o comercios fundidos van a despedir. Aunque pongan doble indemnización la gente no va a recibirla. Aunque nos quedemos en casa, el virus, como vemos en la realidad, circula igual. Estamos en democracia, pero no funcionan los poderes.

Y lo más grave de todo es el silencio. Las mujeres siguen siendo violadas o golpeadas. No es agenda. Los ancianos tienen jubilaciones que perdieron la movilidad y los sumen en la miseria. No son agenda. La corrupción se lava las manos en la justicia. No hay reclamos. Los niños en el encierro se siguen maltratando. Silencio. La gente se está enfermando psíquicamente. No se habla. Los sueldos, cuando hay suerte y no se perdió el empleo, bajan o se pagan en cuotas. No hay ninguna movilización al respecto. Los colectivos que tan bien nos defendían en cada aspecto de nuestra vida están en silencio. Que el miedo no nos tape la boca. La pandemia pasará. Los virus siempre existieron y van a existir. La vida sigue. No podemos sentirnos inocentes si nos callamos. Defendamos la salud en su concepción completa. Y la dignidad, que nos otra cosa que la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Estamos en un proceso terrible de degradación social, moral y económica que ninguna cuarentena podrá prevenir. No cambiemos silencio por palabras, pongamos en agenda los temas sociales, las realidades, las cuestiones de salud que nos importan, las libertades que no queremos perder, dejemos de lado la quietud para no ser ruines, porque de lo contrario será verdad lo que describe magistralmente Saramago en Ensayo sobre la ceguera: “De esa manera estamos hechos, mitad indiferencia mitad ruindad.”

Diario de Cuarentena: Cien días de soledad

Buendía, Aureliano, era un liberal que intentaba cambiar el mundo. Creo que nos hallamos viviendo en un Macondo en el que nos pretenden estatizar. Porque tomando las palabras del gran Alejo Carpentier estamos en un proceso donde lo real imaginario se parece: «(…) al estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano.»

Como si debiéramos dejar de lado nuestra etapa de Macondo bananero en el que mágicamente se nos permitió desear el progreso y eso fuera un pecado que no somos capaces de sostener. Porque el deseo de crecer es mal visto, la generación de riqueza nos exacerba y en un proyecto sin sentido al que llaman unidad nacional dejan afuera a todos los que pueden engrandecer, producir, creer en la movilidad de clases, como si fuera una quimera maniática.

Jugando con la historia del García Márquez podemos decir que la ilusión de prosperidad del pueblo existe, pero una huelga de trabajadores hará que todo esto acabe en una auténtica masacre. Los inversionistas, se retiran con su dinero y Macondo vuelve a la pobreza.Pasan los años y poco a poco el pueblo se va vaciando. Otro Aureliano, que se caracterizaba por ser sabio, pasa la vida descifrando los pergaminos que había escrito Melquíades-nuestra historia es un continuo descifrar-, nos haría falta un sabio para contrarrestar tanta ignorancia.

Pero, como estoy en una etapa donde elijo el positivismo, aunque cien días después suene quimérico, creo que podemos evitar que nazca un niño con cola de cerdo, un niño en un chiquero que no pudimos limpiar por no desterrar a una estirpe fracasada de políticos sin visión de estado-con su permiso, don Gabo- «porque las estirpes condenadas a cien días de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra». 

Diario de Cuarentena: Casi cien

Ayer le prometí a mi amiga Mariana ver lo positivo de nosotros, los argentinos. Así que hoy voy a dedicar mi diario a eso. A Nosotros.

A los que nos levantamos todos los días con proyectos, a los que hemos sido capaces de superar enfermedades, a los que seguimos abrazando la idea de la libertad posible, a los que estudiamos y seguimos haciéndolo porque el aprendizaje construye realidades. A los emprendedores, tantas veces castigados y aún así siguen en pie. A los empresarios que apuestan al país , no matter what, una y mil veces para que otros tengan empleo. A los chacareros, campesinos, agropecuarios todos, que con su trabajo muchas veces esquivo y azotado por la naturaleza y los gobiernos siguen firmes. A los empleados públicos ( gracias Elisa) como los trabajadores de la salud, los policías, los educadores, los penitenciarios, las fuerzas militares, la justicia, a todos los que desde el estado aportan para que funcione el país, a los otros, los que son corruptos, cargos a dedo, ñoquis,prefiero olvidarlos.

A los que están en la informalidad, pero aspiran a más. Al argentino aspiracional, ese que desea crecer, crear, cambiar. A esos les hablo. No importa si pudiste hasta ahora o no. No te rindas.No nos rindamos.

Tenemos un país que nos cruza delante maravillas, que se mete en la piel con sus paisajes, que nos puebla de mar, de sierras, de mesetas, de selva, de altiplano, cataratas, glaciares, picos, volcanes, playas, pampa.

Y somos muchos más que los que quieren vernos caer. No te rindas. No nos rindamos. No seamos convidados de piedra. A casi cien días del encierro, brillemos. Yo creo en vos, creo en nosotros.

Diario de cuarentena: la hora del Pueblo

Me teñí. No soy mujer de peluquería así que no es un gran cambio en mi vida. Siempre lo hago sola. Mientras cubría algunas canas en las raíces, pensaba en las nuestras. En las de nuestra patria. Una patria que desde sus inicios temió la grandeza, la prosperidad, la riqueza. Nunca comprendí porqué dividimos en vez de multiplicar. Éramos un todo que nacía en el Alto Perú, con salida bioceánica, ¿se imaginan que potencia? Pero ya ahí se pensó con divisionismo. Luego vendría la época de Unitarios y Federales que sigue hasta hoy disfrazada de otros colores. ¿Por qué tenemos que pensar todos iguales? ¿Por qué deberíamos resignarnos a la pobreza? ¿Por qué tenemos que aguantar atropellos de gobiernos que mienten? Una y otra vez.

Me pregunto si vos que estás leyendo, tenés tan claro lo que pasa hoy, si yo lo tengo. Hay una posmetafísica continua que nos envuelve. Y no avanzamos si no resignificamos. Si no releemos el pasado, si no somos capaces de madurar. Siento que el miedo, que siempre paraliza, en este caso debería ser impulsor. ¿Porqué insistimos en creer que alguien va a venir a salvarnos? Para los amantes de cada gobierno de turno les preguntaría qué los vuelve indiscutibles.

Creo, porque no hay verdad en lo mío sino pensamiento crítico, que es hora de sincerarnos. De dejarnos de joder con los discursos cool y la linda idea de una revolución progresista hipócrita. Las villas no nacieron con la pandemia. La falta de trabajo tampoco. La ignorancia del pueblo menos. Y a esos gobiernos de las provincias que expulsan a los ciudadanos hacia las áreas metropolitanas porque no tienen oportunidades, ni siquiera agua, y que están con el culo en el poder hace décadas, hay que enjuiciarlos. No sólo desde el criterio personal, sino desde la justicia, que hoy no existe. Y a la capital, que reúne todos los privilegios, como pagar menos luz, menos gas menos todo, y retiene cánones unitarios, hay que equilibrarla al resto. Pero para eso, hay que poder mirar sin partidismos. Pensando en grande, en un país pujante. Con una historia que demuestra la receta a la que los actuales intentan destruir.

No puedo hablar de tintura y de recetas cuando nos estamos muriendo de hambre, cuando los medios nos muestran camas de pino berreta para meternos miedo, cuando los líderes callan, es nuestra hora, la hora del pueblo. El pueblo debe hablar.

Diario de Cuarentena: Verdad o consecuencia.

Hay sol, se escucha el equipo de calefacción de fondo y tengo seca la garganta. Pienso en todo lo que voy a hacer en el día de hoy, aunque se que voy a hacer mucho menos. Porque estamos viviendo entre pensamientos platónicos. En una realidad aparente, en un mundo de mentiras prolijamente construidas.

Hay maneras oficiales de entender lo verdadero y otras visiones que ya han sido derrotadas. La historia de la verdad en Occidente es la historia de un concepto que nace de la dicotomía entre lo real y lo aparente, inclinándose por el primer polo en desmedro del segundo. Claro que Argentina se sume aún más en ésta dicotomía, porque tenemos una construcción binaria que no nos permite crecer.

Para Platón lo verdadero es lo real, y lo real no es de este mundo. Nuestro mundo sensible es irreal, pero aparenta realidad. La verdadera realidad no es ésta, la de este diario que escribo, la de mis ojos, la de esta materia. Si comprendemos que todo lo sensible es aparente, se establece el mundo de lo verdadero como un mundo ideal, hecho de Ideas reales y perfectas, propias de un mundo sin devenir ni imperfecciones. Otro mundo.

Y en un ida y vuelta entre lo que parece y lo que es, me estiro antes de comenzar el día, sabiendo que lo que deseo no será lo que haga, que lo que aspiro quedará relegado por las malas decisiones de los líderes, y la vida seguirá rodando entre cuestiones que distan de ser verdaderas. Al fin de cuentas, el problema es doble: no sólo la verdad no es de este mundo, sino que, además, los hombres lo ignoramos y confundimos realidad con apariencia.