La Plaza Marcilla

La idea de generar un nuevo encuentro en este año que comienza, enseguida me llevó pensar en las plazas como sinónimo de expresión y libertad, como espacio que desde la civilización creta minoica en adelante, congrega a los ciudadanos y los invita a expresarse, para ser libres de reunión y socializar.

Las ágoras actuales a veces cumplen otras funciones, pero ante las inequidades vuelven a ser aquellas que sirvieron para dar cita a la polis a la hora de la reflexión.

El deseo es siempre motor de cambios, y en este 2020 sería una vuelta a la ética y la caballerosidad. Por eso elegí esta plaza para comenzar los domingos de Espacios Urbanos. La Plaza Eusebio Marcilla.

El primer recuerdo que llega a mí es mi padre contándome su historia sentados en un banco blanco rodeados de pinos, tendría seis años y miraba su escultura con interés. “El caballero del Camino”, me decía, lo conocí hija, era un hombre impactante, sencillo, lleno de paz. Fue mi primer super héroe, lo imaginaba ayudando a quien necesitara montado en su vehículo mágico. Con el tiempo la plaza fue risas, payanas, la soga, escondidas y la picardía de un beso robado a la salida del club, pero siempre estuvo esa historia latiendo, esperando para ser contada en mateada de amigos, que se sorprendían de los detalles que daba. La escuela me trajo a la señora de Marcilla como vice rectora y tuve allí nuevos datos para agregar a mi abundante historia mitad cierta mitad ficcionada sobre Eusebio.

Siempre sentí que ir a la Plaza Marcilla era ir a su encuentro, y hoy que escribo sobre este espacio que pobló mi infancia y me adolescencia de imágenes y momentos, vuelvo a su historia, una historia que es fiel espejo del valor de la virtud, del ejemplo de vida que fue este hombre que trascendió siglos y que es recordado no sólo en el monumento de la plaza, o el Día de la Caballerosidad Deportiva, o el Autódromo, sino en cada conversación donde se habla de moral incuestionable, sobre bonhomía, sobre ética. Parecen cuestiones básicas, pero muy pocos seres en el mundo las ejercen como es menester. Eusebio Marcilla fue uno.

Y la plaza me resulta el espacio más trascendente para recordarlo, porque la plaza es un espacio donde confluyen la alegría y la queja, la franqueza y el destierro. Marcilla era un hombre especial. Algunos datos lo demuestran. En la carrera Buenos Aires-Caracas auxilió a Juan Manuel Fangio, a Urrutia, una carrera que venía muy bien, y dejó todo para asistir a sus rivales, los auxilió y volvió a la ruta junto a Marimón animándolo a continuar y ganar quedando él en segundo lugar. Pero sus logros deportivos no pudieron opacar su espíritu, su imprevisible bondad, con la que cautivaba a todos. Fue subcampeón de Turismo Carretera en los años 1947 y 1948, ambas ediciones por detrás de Oscar Alfredo Gálvez y en 1952 por detrás de Juan Gálvez. Al mismo tiempo, obtuvo 9 victorias en competencias finales entre 1941 y 1953. Pasó a la historia como El Caballero del Camino. Era un hombre que prefería se fiel a sus principios aunque perdiera la gloria del triunfo, pero logró así una mayor. La eternidad.

Y ahí, en la Plaza Eusebio Marcilla, es posible eternizarse. En sus historias la ética no es cuestión menor. La ética que construye lazos limpios, es posible en esa plaza, el amor es posible en esa plaza, el deporte también, hoy colorida y teñida de niños que saltan y cantan y que del colegio se tiran en sus verdes laderas, la plaza emana a Marcilla. Entonces, si cierro los ojos puedo verme con Vero, Mela, Loly, Claudia, Chelo, el Colo, Pathy, Sata y algunos más corriendo llenos de vida en pos de un pido mancha. O contando con ojos semiabiertos apoyada en un tronco que Marcilla nunca tocó, pero que naturaleza obliga, tiene su ética, y me susurra: no hagas trampa, son tus amigos. Entonces cierro los ojos y me cantan piedra libre. Pero vivo en paz.

Plaza Eusebio Marcilla, enfrente, el colegio Marianista, en el otro frente, el Club Junín, a dos cuadras, Fátima, en pleno corazón de un barrio que sabe de un hombre que alza a otro en un monumento.

Invito a ir a esta magnifica y renovada plaza, a disfrutar su espacio, a ver a nuestros niños y jóvenes hacerlo, pero también a transitar en las cercanías del monumento, recordando valores que parecen perdidos, como la solidaridad, la amistad, el compañerismo, y la honestidad. Valores que le sobraban al gran Eusebio Marcilla. Y que el mundo veloz de hoy, donde todo es fugaz, éste universo líquido que estamos construyendo y que nos diluye sin darnos cuenta que son esas calidades las que nos diferencian.

Las ágoras deben ser espacios libres, para reflexionar, para que el pueblo lo haga, para que muestre quién es, tal vez los breves relatos propuestos en este espacio de un periódico local, sean el inicio de una era donde la valentía, la ética y la paz no sean utopías.

OPINIÓN: Cambios y contrastes

Desde el 1 al 24 de diciembre los cristianos nos hallamos en tiempo de adviento. ¿Pero que es el adviento? Etimológicamente, la palabra Adviento es de origen latín “adventum” que significa “llegada” y se supone que es tiempo dedicado a la reflexión, penitencia y oración como preparación para recibir al Señor Jesucristo. Pero para nosotros, los transeúntes comunes de la vida, el adviento puede transformarse en un tiempo interesante. Un tiempo que nos interpele, proponiendo cambios y contrastes que discutan paradigmas y principios.
¿Somos lo que decimos ser? Realmente en el día a día nos vamos ahuecando en otras pieles y si nos tomamos el tiempo para reflexionar, tal vez no reconozcamos nuestra esencia en la persona con la que caminamos la vida. Es una cuestión atractiva repensarnos. Porque en la resignificación individual reside sin duda, el cambio social. Ese que tan a menudo planteamos como una necesidad imprescindible y con el que tan poco nos comprometemos.
Pedimos justicia, pero ¿somos justos? ¿O sólo queremos justicia unilateral? ¿Tratamos en forma justa a los que amamos como a los demás? ¿Nos tratamos con justicia? Gritamos por la igualdad de derechos, sin embargo, es muy probable que en el día a día no veamos las inequidades que nos rodean. O terminemos discriminando a otro por diversas razones, raza, altura, peso, edad, género, no importa qué. Añoramos honradez en los otros. ¿Y la nuestra? El ego generalmente nos obnubila de tal forma que dejamos pasar amores, familia, oportunidades únicas y cambios solo por él. Exigimos igualdad, ¿por qué? ¡Es tan valiosa la diversidad!
Tiempo de adviento, tiempo de cambios, de espera, de propuestas, pero esta vez, hazlas con el dedo apuntándote. Y entonces, entre vos y yo, es decir uno con el otro, tal vez comencemos a crear el mundo que hace siglos proclamamos como humanidad, y del que nos alejamos día a día por no vernos en espejo. Sin vos no existo, sin mí, no existís. Somos ese otro social que nos refleja. Por eso te invito, seas o no cristiano, a pensar con el alma abierta, con los brazos abiertos, con el corazón latiendo en pos de una sociedad que nos cobije y nos devuelva el reflejo solidario de un mundo mejor.
Construyamos juntos la realidad que deseamos, no es cuestión de pedir, sino de hacer.

Presentación del libro «El Fantasma del Bernabéu»

Junto a Juan Pablo De Luca en la presentación de su segundo libro.

Les comparto la crónica realizada por la prensa a cargo del evento.

El Fantasma del Bernabéu” visitó el MUMA

En el Auditorio del MUMA se realizó la presentación del libro que recorre dos continentes tras los avatares del deporte, la política y personajes sobrenaturales. Se trata de la segunda novela del juninense Juan Pablo De Luca.

Parecía que “el Fantasma” no quería ser presentado en sociedad. Horas antes del encuentro, un copioso granizo cubrió la ciudad de Junín. Sin embargo a la hora pautada para el miércoles 11 de diciembre, el autor Juan Pablo De Luca, acompañado por la escritora Soledad Vignolo, ya estaban en el Auditorio presentando “El Fantasma del Bernabéu”. Aparecieron las preguntas, las cargadas, alguna camiseta de River y reproches de otros bandos, que no esperaron el silbato inicial y ya estaban sobrevolando la mesa antes de toda ceremonia. El fútbol tocaba las fibras íntimas de muchos, en la literatura también.

En ese sentido fue la apertura de Soledad Vignolo: “Nos convoca hoy un fantasma, que tiene colores relacionados con la idiosincrasia de los argentinos, un fastama de Boca o de River, un fantasma que tiene que ver con lo que no nos animamos a decir, que forma parte de nuestra historia, porque la historia del fútbol, sin quererlo, pasa a ser la historia de cada uno de nosotros y de los momentos vividos en familia, de los momentos vividos con amigos, de las emociones que muchas veces trascienden lo propio del deporte y se transforman en cuestiones personales”.

Mientras “el Fantasma” permitía que mermara la lluvia y más gente se acercara al Auditorio, Vignolo brindó una comparación entre las dos novelas de De Luca: “Esta nueva novela de Juan Pablo revela otra faceta de este escritor juninense, más picante, por ahí menos introspectiva que Misión Tilcara, con su nostalgia del 86. Este libro tiene mucho humor, así que presenciamos un giro en su escritura, ya que se anima a divertirse en el texto y puebla a la novela con historias que van cambiando de acuerdo al tiempo del protagonista, Juan Barbicano, este personaje que no llega a ser un alter ego, pero casi”.

El Fantasma… fue publicado por Hat-Trick, una editorial especializada en libros sobre deporte. Aunque la historia se encuentra centrada en la final jugada en el Bernabéu entre Boca y River, está rodeada de desencuentros cómicos y tiene una continuidad con lo fantástico que se abrió en Misión Tilcara.

Rodeado de símbolos y elementos que trajo de Madrid, como un mini estadio Bernabéu para armar y las bufandas que se usaron el día de la final del 9/12/2018, De Luca contó al Auditorio cómo nació esta historia: “Esta novela se comenzó a pensar el mismo día de la final en Madrid y comencé a desarrollarla a partir de preguntas básicas, como por qué somos del equipo que somos, si por vueltas de la vida o por la tradición familiar”.

“Desde ahí -siguió De Luca- me interesó la historia de los River-Boca, y luego el nudo, que es la pregunta de si algo o alguien ayudó a que River ganara el partido”. Respecto de la relación con Tilcara, agregó: “Entra el protagonista de la novela anterior, en una especie de ‘policial tragicómico’ donde se atraviesan muchas cuestiones, como la historia del Real Madrid y de River, dentro de una psicología muy especial que tiene el protagonista, porque es un excombatiente de Malvinas”.

Para dar cuenta de esa dimensión tragicómica, el autor leyó el primer capítulo, momento en el cual el personaje Barbicano es detenido por la policía de Madrid, justamente en la búsqueda del Fantasma del Bernabéu: “Me pregunté: ¿qué estoy haciendo acá, recibiendo el 2019 en las entrañas del Bernabéu? Ya tengo 55 años, soy un tipo grande para estas aventuras. Por seguirle el juego a Héctor Plasma y a su teoría del Fantasma. Sé que debo agotar todas las hipótesis, pero creo tener en claro lo que pasó el 9 de diciembre”.

El autor invitó a leer la novela y a pensarla más allá de una celebración partidaria por parte de un bando futbolero. Y también a descifrar qué o quién es “el Fantasma”, que hasta granizo puede crear en una tarde calurosa, en una ciudad alejada de Europa, llamada Junín.

Historias de barrio: «Ricardo Rojas: el arrabal del oriente juninense»

Ellos proyectan, y se imaginan un barrio pujante, que pretende derechos y que sostiene que sus más de 1500 habitantes son ciudadanos con iguales responsabilidades que el resto, por lo que desean las mismas condiciones.

Es un barrio bien barrio, en el que las pelotas cruzan la calle, un barrio de trabajadores, de gente humilde y algunas quintas. Se puede adivinar el deseo de progreso en la mirada de su gente, en el trabajo de la sociedad de fomento y en el sacrificio diario para que alcance el pan.
Este arrabal del oriente juninense, fue golpeado duro por un crimen sin sentido, Camila es el nombre de todos los niños que debemos cuidar. La barbarie acecha siempre, pero es necesario trascender el dolor para crecer.
Lo delimitan las calles 6 de Agosto, que continúa en Marín Fierro, 12 de Octubre, 27 de Diciembre, la Avenida de Circunvalación y las vías. Viene creciendo con el siglo este sector de familias que no siempre tienen los servicios necesarios para una vida digna. Pero sobran sueños.
Es un barrio sin escuelas, sin clubes, sin salas, es un barrio con necesidad de ser.
Pero su gente, que es la que desde el fomentismo crece, que es la que sufre, la que puebla sus calles, no piensa que el futuro será igual.
Ellos proyectan, y se imaginan un barrio pujante, que pretende derechos y que sostiene que sus más de 1500 habitantes son ciudadanos con iguales responsabilidades que el resto, por lo que desean las mismas condiciones. Hay nuevos pozos de bombeo proyectados que pueden beneficiar a esta comunidad local, que ha sido relegada en muchas ocasiones.
El barrio Ricardo Rojas, que lleva el nombre de un hito de la cultura nacional que supo enfrentar la adversidad desde pequeño en su Tucumán natal, y que en su primer obra literaria hablaba de “La Victoria del Hombre”, merece que su barrio en nuestra ciudad se alce superador y crezca, como lo hizo él, que supo estar preso en la isla Martín García, perseguido con otros miembros de la UCR, este polígrafo multifacético, intelectual orgánico, maestro de la juventud, demócrata convencido, seguramente iluminará a los pobladores de la zona que hoy lo nombra, para que en poco tiempo el progreso llegue, el trabajo abunde, y la vida digna sea cosa de todos los días.

Publicado en https://laverdadonline.com/ricardo-rojas-el-arrabal-del-oriente-juninense/

La democracia no es un sistema que asegure el pan

Con la democracia se come y se educa, decía el gran Alfonsín, y era un deseo. Pero no es verdad. La democracia no es un sistema que asegure el pan. Aunque perfectible, es el mejor sistema posible, pero no es mágico.
Se come, se educa, se crece con trabajo, con esfuerzo, con conocimiento, con valor agregado. Y esa premisa nos dejó colgados de un encantamiento que no se produce.
Los mesías políticos no existen, son construcciones discursivas que aquietan la ansiedad de un pueblo que ha perdido el valor de la dignidad. Es necesario recobrarlo. Es menester educar, es una obligación moral social modificar este paradigma que desde la vuelta a la democracia, estamos sosteniendo y que nos demostró en cada crisis su falsedad.
No alcanza con la palabra democracia, debemos ser responsables, honestos, solidarios, honrados, porque es lo que hay que ser. No es un mérito. En Sudamérica nos hemos olvidado del concepto de valor, que no es el del blue ni el de ninguna moneda. Es el que intrínsecamente debemos tener como comunidad si pretendemos mejorar. ¿Y cuál es el valor de una sociedad?
Es el que los individuos que la componen le otorgan, es decir, si no valoramos nuestros héroes de Malvinas, si no valoramos nuestras familias, si no valoramos nuestros bienes públicos y los destrozamos exigiendo derechos pero destruyendo los de otros, si no valoramos a nuestros hijos, si no valoramos nuestro idioma, nuestros ancestros, nuestras costumbres, nuestra palabra, nuestros amigos, nuestra cultura, nuestros autores, nuestros vecinos, nuestros obreros, nuestras deudas, nuestras iglesias, nuestros amores. ¿Por qué pretendemos tanto?
Nos olvidamos del esfuerzo, de lo ganado con honra, de la fuerza de voluntad, de la experiencia de vida, del camino. Vivimos corriendo tras cosas que no tienen valor. Pero no valoramos la vida.
No tenemos derecho a quedarnos prendados de frases rimbombantes que políticos inescrupulosos de cualquier color nos regalen. No hay soluciones mágicas. No podemos vivir sin trabajar. No podemos pretender un estado padre que nos proponga ser hijos mantenidos a costa de la libertad.
Saquemos de una vez por todas la patria de las entrañas y unamos fuerzas para dejar un mundo mejor.
Para educar, comer, crecer y ser responsables de nuestra identidad.
¡Vamos Argentina Carajo!

Historias de Barrio El Molino, los fuelles, las letras, la bohemia y el fútbol

El barrio “El Molino” conlleva una historia forjada por nombres que quedaron sellados en el alma de los habitantes de su arrabal. Los hermanos Ernesto y Fortunato Tassara, inmigrantes italianos, instalaron un pequeño molino de piedra llamado San José. Con el tiempo y el trabajo, las tres bolsas iniciales se transformaron en exportaciones y empleo para muchos juninenses. Pero no era un sector que solo hablara de trabajo.
Los fuelles, las letras, la bohemia y el fútbol lo marcaban. La epopeya lo señala como particular entre otras barriadas de la ciudad. Supo de gloria deportiva en los pies de los grandes de Mariano Moreno, los Tablada, Fito Inglese, Orlando Giménez, los Gnazzo, Nuncio Cadile, Marchesse, los Zamparollo, Abel Pardini, Guzmán, Néstor Caporaletti, Ángel Tomeo, Rebecco, Reinaldo Caramelo, y los que batallaron el ascenso al Nacional de la AFA como Romero, Valdivia, Cabrera, López y Pondal. Los versos de Saborido lo vocean: “yo soy del barrio malevo y canyengue, más apartado de nuestra ciudad, que tiene historia de funyi y de lengue y fuera nido de un criollo zorzal… En este barrio las gauchas guitarras cantan de noche su triste canción en homenaje de aquellos muchachos que nos legaron a Moreno, el campeón”.
Pero El Molino, entre otras, también contiene a la plaza L.N. Alem, tradicional e histórica para nuestra ciudad, en ella remataba el Fuerte Federación que nos dio origen y se encontraba el cementerio. Durante años se la denominó Plaza de la Cruz porque había quedado una cruz de madera su antiguo rol. En el año 1900 por ordenanza municipal pasó a llamarse Leandro N. Alem, en homenaje al fundador de la Unión Cívica Radical. Y un monumento de bronce de una sola pieza, obra del gran escultor juninense Ángel María de Rosa, la enaltece.
La risa y el juego de los niños en la otra plaza les cuentan a Negreti historias, y se animan juntos a sortear la alcantarilla de la calle Chile, que es monumento de tradición y suburbio. Los Calderone, los Petraglia, los Rucci, los Stamboni, los Rusailh, y más nombres pasan por ella cantando sueños. Dicen que por la calle Uruguay, las noches de verano, se puede ver a Juan Ayala girando al compás del dos por cuatro, mientras se hace cargo de las cuestiones vecinales sin chistar.
Es un barrio de plazas, como la que recuerda a los Presidentes Constitucionales Argentinos, en clara referencia a la importancia de la república. Y las que perpetúan a Destéfani y el mencionado Negreti. Es un barrio que proletario y real, se erige creciente y temerario, consciente que la vida y la muerte están al lado, cuidando de mantener el equilibro. Nos recuerda el crecimiento y nos aloja en sus entrañas, se confunde con cada transeúnte que lo pisa.
Hoy los comercios cotidianos, esos que nos permiten el día a día, Hotel Colón, la Ferretería de Nalino y un par de bares mistongos, lo visten de modernidad adquirida.
Sin embargo, la cuenta regresiva de la historia siempre desgarra su quehacer en esas calles y en la Plaza del Sesquicentenario juegan de incógnito las nuevas generaciones juninenses con las voces del pasado.

Historias de barrio: «Villa Belgrano»

Como si fuera un país, Barrio Belgrano tiene vida propia, y sus vecinos la construyen con hidalguía.

Mi columna semanal del diario La Verdad.

Como si fuera un país, Barrio Belgrano tiene vida propia, y sus vecinos la construyen con hidalguía. Otrora Tierra del Fuego, pasando por Villa General Belgrano hasta llegar al Barrio Belgrano actual, su gente es de Villa, con orgullo y con conciencia. Siempre quedó en un estado de relativo aislamiento del resto de la ciudad debido a los talleres ferroviarios y se ha desarrollado como si se tratara de una pequeña ciudad. Alrededor de su plaza principal se encuentran una escuela, un club, una iglesia, una comisaría y una delegación municipal. Cuenta con sucursales bancarias, áreas comerciales y zonas residenciales. Es como si quisiera contarnos que del otro lado de la vía hay un mundo propio.
Y es que ser de Villa es tener calle, es salir a tomar mate a la vereda, conversar con vecinos, poblar la plaza Sarmiento que protege la Iglesia del Sagrado Corazón. Es saber que si te gusta el básquet, el pujante Club San Martín te aloja, o que el propio Villa o Rivadavia te van a enseñar a gambetear la vida, si de fútbol hablamos. En Villa hay cultura, por donde pases, la historia te abraza y te cuenta secretos. Te podés dar una vuelta en la calesita de Pichón, abrazar las letras en la Biblioteca Florentino Ameghino, que supo forjar don Dante Balestro, el sabio al que acudía la ciudad entera, porque su información era el Google de la época.
Los autos para ver de Elio Imperatori, que construyó una tradición junto a otros inmigrantes, Cirigliano, Marchetto, Di Marco, Piegari, Bocelli, el autoservicio de Lucaroni modernizando el Barrio. La Biblioteca Manuel Belgrano y su presidente incansable, don Armando de Miguel, espacio que aporta saber desde 1929. Casi medio siglo compramos en La Genovesa, delicias y pastas para la comunidad. Villa tiene una estrella propia, porque brilla en tono hierro de ferrocarril, Se armó con pensiones para sus empleados y hoy se recicla y crece con otros matices, En este Barrio, Barrio Belgrano, el celeste y blanco flamea en sus escuelas, en la educación universitaria que viste el antiguo edificio del Hospital Ferroviario y que cambió la fisonomía del lugar.
Soplan muchos vientos en este mundo actual, las políticas varían, la tecnología abruma, pero si necesitas volver a tus raíces, visitá el Barrio Belgrano, Observá como se plantan ante la actualidad, claramente de Villa, orgullosamente de Villa, sus vecinos exultan personalidad.
Barrio Belgrano, un barrio nacido del trabajo, el esfuerzo, la transculturación y que bajo la estirpe de un General, mantiene vivo el corazón sagrado de la ciudad. Conocelo. No te lo pierdas.

Publicada en https://laverdadonline.com/historias-de-barrio-barrio-belgrano-con-estrella-propia/

Historias de Barrio: 11 de Julio, la magia de la diversidad

Desde 1980, el 11 de Julio es el Día Mundial de la Población. Y una población se define como el conjunto de seres vivos que habitan en un lugar determinado. Porque hay algo que los une, algo que los conecta, que mantiene en un hilo conductor en ese sector habitacional que lo hace único. Sin dudas el barrio 11 de Julio tiene esa característica.
Es un barrio aguerrido, de cuestionamientos, capaz de sostener un Centro de Formación Profesional en su sede fomentista, de conservar el juego de los pibes en la vereda, de transitar el presente sin miedo al futuro. Es un barrio de arribos y de nuevos sueños. Un barrio barrio, ese en el que los vecinos saben quién es quién y en el que el antiguo Junín y el nuevo se funden entre San José Obrero y la plazoleta Héroes de Malvinas, para dar cuenta que la historia es de aquellos que la escriben. El 11 de Julio traza historia, y se amplió para adquirir otras, teñidas del verde Junín.
El verde Junín es un sentimiento, una cuestión de honor, una escuela de vida, no es solo un matiz. El verde Junín son Pocha y la tía Coca riendo a carcajadas por un chisme barrial, es el aroma a choripán de los sábados o domingos, o la familia vestida de verde Junín por la calle. La murga bullanguera que toma Gandini cantando para alentar al campeón. Es el Gallo Melillo, la fuerza de Cristian en Metrópoli, las ganas de llegar.
El verde Junín es Sarmiento, Club Atlético Sarmiento, nacido como Sarmiento Football Club en 1912 y que lleva su actual nombre desde 1933.
Casualmente también en 1980, consigue llegar a la Primera División del fútbol argentino, fue un día histórico. La ciudad festejó y agradeció vistiendo como nunca de verde; era un plantel de glorias del balompié: Toti Iglesias, Peremateu, Luciano Polo, Lorant y muchos más. Pero ese logro no hubiera sido posible sin su barrio, sin la comunidad. Una historia que se empezó a escribir con Coco Pelli, con Heber Pérez, que tuvo a Pasarella y a Funes como protagonistas, que brilló con el Tigre Gareca, que luchó la garra de Fito Pezzatti, que llevó al gran fútbol al Pocho Cerutti.
Sin embargo, es la población del club Sarmiento la que lo confirma, esa que construye cada peldaño de la tribuna, la que pisa su suelo, el socio, el simpatizante, los cientos de chicos juninenses que pueblan su escuelita y luego sus inferiores. La magia de la diversidad.
Imposible dejar fuera del barrio 11 de Julio al Estadio Eva Perón, el único que lleva el nombre de “esa mujer”, como diría Walsh, en la República. Un estadio que reúne a la ciudad, que crea lazos, y entre fútbol y formación, transcurre el barrio. Los Paggi, los Jonson, los Ogna, Bermúdez y su labor, la alegría rubia de Silvia Baldi y el aroma de los alfajores La Malocha.
En un rincón de la sociedad de fomento 11 de Julio, se encuentra agazapado el futuro, esperando por uno de los nuevos pobladores. Esos que compraron el terrenito de Arias para darse cuenta de que la casa propia no era quimera y hoy detectan que los años pasan y los chicos crecen, como el barrio, como la ciudad, y no es fácil crecer, hay tragedias, hay esfuerzo como siempre en la vida, pero descubrieron que se puede, con esperanza, con una ilusión verde. De ese increíble verde Junín.

Historias de barrio: El Prado Español, raigambre de fomento y ciudadanía

Cada barrio tiene su historia, sus refugios, esos recovecos que la vida va dejando como testimonio de lo que fue. En el Prado Español, ya no queda el magnífico arco que oraba de entrada y que era testigo de fiestas, amores y desdichas de antaño, sus bailes dieron paso a loteos y progreso, y muchos inmigrantes en ese juego interminable con el tiempo, construyeron sus vidas al ritmo de paso doble.
Pero no es la única historia de piedra y cemento que se descolgó del pasado para crear mitos. La loba es todo un hito en el barrio Prado Español, transformándolo en el Monte Platino de Rómulo y Remo. Esa loba, que está en la sede central del Club River Plate, tiene en su haber la fuerza de los obreros que colocaban los adoquines de nuestra ciudad, la sombra de los aromos de Frías y Levalle, donde el obrador se había emplazado; la pérdida del lobo que la acompañaba en aquel predio que posteriormente se dice también que se utilizaba para espectáculos.
La loba hizo famoso al boliche de los Zaccardi cuando la emplazaron en su local de calle Alemania, y ha escuchado historias de los trabajadores de “La Elvira” y de miles de ciudadanos que resumían la historia en un vaso compartido. Los sueños de la antigua Escuela 27 que quedaron truncos. Los actuales proyectos de la pujante Escuela N° 29 que promete futuro.
La placita de los juegos en las que tantos de nosotros supimos divertirnos, y la Biblioteca Esteban Echeverría, que de la mano de Oscar Soulet y su fomentismo epopéyico, otorga sabiduría a la población.
El Prado Español que antaño recibía a los artistas destacados de la ciudad y el país, cubría con su arco desde Eusebio Marcilla presentando su auto hasta la presencia del coronel Juan Domingo Perón.
Siempre fue un barrio de apoyo a sus vecinos, y de raigambre de fomento y ciudadanía, que desde hace años la aporta don Osvaldo Giapor que tiene una frase magnífica que lo pinta “La única forma de progresar es estando todos juntos”, dice convencido y contundente.
Pero el barrio Prado español es también el futbol del fin de semana en la cancha de “La Loba”, es la charla de vecinas queridas, algunas ya cabalgando en un cielo de placeres infinitos, como Viducha y la Pelada, o Doña Nina; que nos dejaron cuentos interminables y recetas de tortas donde la vida tenía sabor a limón.
Hoy otras jóvenes señoras lo pueblan, lo transitan niños protegidos por la Virgen del Rosario de San Nicolás, que bicicletean en el boulevard 12 de Octubre hasta Posadas, convirtiéndose en cometas de un mundo que puede ser mejor.
Ojalá nos trascienda el espíritu de este barrio, y nos embeba de proyectos y de colaboracionismo, y haya muchos Soulet o Giapor en el futuro, para construir con conciencia la vuelta a lo humano, al otro como uno y valor ante la adversidad.

Historias de Barrio: El Picaflor, el guardián del tiempo

Dicen que El Picaflor es un guardián del tiempo, que puede contener en su pequeño cuerpo colorido el pasado, el presente y el futuro, sin dejar de transmitir alegría y amor.
Los que vivimos en El Picaflor, no tenemos dudas. Irigoyen e Yrigoyen, Pellegrini, Tedín, Remedios de Escalada, Gandini, nos van chismeando cuentos y momentos, ocurridos entre sus adoquines y nuestros sueños. La historia misma de Junín puebla este barrio, que se enorgullece a diario de ser.
Podemos también recordar al abuelo del gran Borges, al maestro Sarmiento, al Comandante Escribano, a Quintana, y descubrir por Italia, que la patria es un crisol. Nos embriaga el espíritu de Margarita Colombo y en el hacer cotidiano, Jorge Libonatti nos inspira con su amor por la gestión.
Es un honor pertenecer al barrio del gran Edgar Aramburu que sigue dando clases de fútbol y educación. A un barrio que cuenta con un mago que hacía del baloncesto y del Club los Indios una gloria. Quién no soñó con un mundial de básquet de la mano de Aréjula. Tantos niños formados en la calle Borges y tanta pasión puesta en transmitir el valor de la disciplina y la solidaridad.
No debemos olvidar a las personas comunes, las señoras del barrio, las maestras, las Catas, los Guerriero y su fábrica monumental, la sastrería Malizia, la universalidad.
Un barrio es una sumatoria de vidas suspendidas en el tiempo, son las alumnas de las Parrilli haciendo ballet en el ventanal, es la tía Negra cantando un castillo de arena, los chicos García Bazzano jugando sin cesar. Los Álvarez Rea, las tradiciones, es el gran Hospital San José, que vio nacer a media ciudad. Las vacunas con chupetines, que el tiempo transformó en Tribunal. Las bicis en esa manzana que sirve para aprender, en la que caminamos, sufrimos, nos revisamos, nos casamos y nos juzgan a la vez. Cómo no sorprenderse en El Picaflor.
Los que pueden, recuerdan el entubamiento de calle Italia y lo que significó, recuerdan a los vecinos ilustres que pasaron por el barrio, como don Edgar Calvo, Don Pepe Buono, Miguel Lonegro o la estrella veloz de Eusebio Marcilla que aún transita por la ciudad.
Los que vivimos en el barrio, sabemos de su comunidad. De seguir viendo al vecino a diario y tener su teléfono, de la tristeza por la partida de Don Raúl Capogrosso, que ayudaba a construir realidades, nosotros sentimos que aún nos cruzamos caminando con el increíble Pico Aguiar, que la noche nos trae bochas en el Club Gimnasia y que en Gandini y Dorrego nos encontrábamos para noviar.
La historia de un barrio la componen sus obras, sus calles, sus edificios, sus clubes, sus comercios, sus sedes, sus escuelas, sus capillas y muchos registros materiales del tiempo, que va quedando atrás.
Pero la verdadera historia, es la que cuenta su gente, la que escribe día a día con su accionar. Las tazas de azúcar prestadas, el auto compartido para llevar a los chicos del barrio a estudiar, las conversaciones de a cuatro barriendo la vereda en la mañana, las posibles traiciones; esos amores prohibidos, la paciencia con las obras, la búsqueda de seguridad. La gente viendo a la gente, el hombre siendo humanidad.
El Picaflor, que guarda tiempos, es un barrio que nos puebla y nos ayuda a poblarlo. En el que los nacimientos, las heridas, los triunfos y las partidas, se viven en congregación, protegido por la Virgen Niña, pero sabiendo que todos somos responsables por los demás.
Aquí nacieron mis hijos, y los hijos de tantos otros, inevitable pensar en el barrio como mío. Un barrio que tiene una cortada muy particular. Se llama Fortín Federación. Nuestro primer nombre como ciudad. Allí viven amigos, allí se quiebra la grieta social. Cada vez que pasamos por esa calle, una voz nos invita a reflexionar.
Guardemos el tiempo, protejámoslo, porque el tiempo no para. Seamos como El Picaflor, guardianes de nuestra sociedad.