Un homenaje virtual para conmemorar el 9 de Julio a través de textos

El próximo viernes, bajo la consigna “Poetas por la Patria”, escritores santiagueños participarán de una edición especial del ciclo virtual de “12 poetas x jueves”.

Escritores santiagueños participarán de una edición especial del ciclo virtual de “12 poetas x jueves”, que se llevará a cabo el próximo viernes bajo la consigna “Poetas por la Patria” y que contará con la participación de autores desde La Quiaca hasta la Patagonia.

Una de las santiagueñas es Melcy Ocampo, quien en diálogo con Télam, explicó que “esta celebración es una idea del poeta Darío Lobato de Buenos Aires y está coordinada por Ernesto Rojas”.

“El objetivo es el fluir de la poesía desde un espacio virtual federal, porque participan poetas de todo el país”, dijo y agregó que será “nuestro homenaje, una plegaria dedicada a nuestra independencia”.

“La poesía es una actitud de vida como dice Lobato y yo le agrego que es como la chacarera que nace desde el vientre de la madre”, remarcó.

Ocampo comentó que también en esta edición especial se recordará “el nacimiento de Mercedes Sosa, la voz de América, la voz que llevó al mundo de manera inigualable todo un espacio y un tiempo de nuestra música folclórica”.

Algunos otros poetas que también recitarán son Lucia Carmona, “Coqui” Sosa, Roberto Espinosa, Soledad Vignolo, Fernanda Agüero, Mario Tolaba, Honoria Honoria Zelaya de Nader, Edith Albaini, Hilda Garcia, Lidia Vinciguerra y Darío Oliva.

Finalmente, Ocampo remarcó que estos jueves poéticos son una forma de acompañar a todo el país en este momento especial en donde muchas veces la gente se siente sola y necesita este tipo de «movidas culturales» que podrán seguirse por las redes sociales.

Vignolo participa el 9 de Julio en el ciclo «12 Poetas x Jueves»

El próximo jueves 9 de julio, nuestro país conmemora el Día de la Independencia Nacional.

Publicadoel 7 julio, 2020 Por Grupo La Verdad

Por Redacción Grupo La Verdad

El próximo jueves 9 de julio, nuestro país conmemora el Día de la Independencia Nacional.

Ese día, el ciclo virtual 12 Poetas x Jueves, ideado por el poeta local Darío Lobato, hará una edición especial con Poetas por la Patria.

Será una celebración virtual con poetas desde La Quiaca hasta la Patagonia. Lobato expresó que «el objetivo es el fluir de la poesía desde un espacio federal, que expresa también que la poesía es una expresión de vida».

Para esta plegaria dedicada a la Independencia, se ha organizado primero el Himno Nacional en la voz de Coqui Sosa, en honor al nacimiento de la voz de nuestra patria Mercedes Sosa, luego hablará la directora del Museo de Casa Histórica de la Independencia y comenzará el recital poético en las voces de Ernesto Rojas, Alfonso Nasiff, Roberto Espinosa, Lucía Carmona, Coqui Sosa, Melcy Ocampo, Mario Tolaba, Hilda García, Honoria Zelaya de Nader, Edith Albaini, Darío Oliva, Lidia Vinciguerra y Soledad Vignolo quién además actuará como moderadora del evento.

El recital será en vivo, a las 20, y se replicará en el canal de Youtube de 12 Poetas por Jueves y en todas las redes de los participantes.

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El valor de la cultura en tiempos de pandemia

Publicado

el 3 julio, 2020

PorGrupo La Verdad

Estos tres meses largos de confinamiento nos dejaron como saldo un auge de la creatividad virtual. Muchos artistas que han compartido sus obras de forma gratuita a través de las redes y un público que lo ha recibido gozoso. Sin embargo, la progresiva extensión de la pandemia hace difícil la reincorporación a la actividad y el sector cultural se topa con una nueva y dolorosa realidad: ¿Hay una vida laboral posible después de la pandemia?

Hay que tomar el pulso a la esfera de la cultura y cotejar las visiones sobre distintos aspectos del futuro que se abre en la pospandemia, como el grado de afección de la crisis en los distintos subsectores, las normas para volver a la normalidad o la búsqueda de los mecanismos de supervivencia económica de las instituciones culturales ya sean formales o informales, que, en Argentina, y en Latinoamérica en general, son un alto porcentaje de la cultura.

Es probable que la creatividad no se haya visto muy afectada, pero sí los medios de distribución y los espacios de muestra de las obras, o el mercado editorial. Va a ser un espinoso camino de reconstrucción de las industrias culturales, que se verá afectada por inexplorados protocolos y otros sentidos simbólicos de la comunidad.

Supongamos que ya estamos en la tan nombrada ‘nueva normalidad’, es necesario señalar “la confusión” en la que se encuentran los gestores culturales para afrontar los efectos de la pandemia. Porque la crisis no ha afectado por igual a todos los sectores. El teatro o la ópera tienen per se la reunión de muchas personas para funcionar. Una compañía baila durante muchos minutos y se rozan, lo que resulta improbable de pensar hoy. Es necesario ofrecer propuestas atractivas para que el público quiera volver a las butacas y no tener que quedarse en casa, pegado a la pantalla con posibilidad de consumir gratuitamente las propuestas culturales, o comenzar a acostumbrar a la gente al riesgo comunitario.

Todo esto no va en desmedro de lo emocionante que es, ver la necesidad de cultura que se plantea ante el confinamiento, y debería ser tenido en cuenta por los actores culturales futuros a la hora de diseñar políticas. El escritor, por su parte, siempre está solo. No tiene público cuando actúa o cuando escribe. a la actividad literaria aparentemente no le afecta esta situación; sin embargo, la concentración del escritor no es la misma. Hay interferencias que no lo dejan trabajar con normalidad, hay cierta sensación incómoda y es la de un encierro no elegido, la de una muerte probable. Además de la suspensión de las ferias y conferencias que apoyan la economía de los autores. Los museos son las instituciones con las que seguramente, aplicando protocolos, podrán disfrutar la cultura antes.

Es cada vez más necesaria una buena Ley de Mecenazgo, que siempre está sobre la mesa de todos los gobiernos, sin embargo, nunca se aprueba ni reglamenta. Como si la cultura no existiese en las prioridades políticas. Como si no fuera esencial.

La gestión cultural está llena de retos a futuro, y si pudiéremos abstraernos y concentrar en tres ítems a resaltar en la pospandemia, deberíamos hacer hincapié en la necesidad manifiesta que tenemos de los otros, la necesidad y consumo de cultura en todas sus expresiones, que en este tiempo de cuarentena demostró el público, y que se ha tornado un eje central en la vida de las personas. Ese latido debe ser aprovechado y la calidad de la obra exhibida en este tiempo con costos muchos más bajos.

Para cerrar este análisis, sugiero que definamos los temas a resolver en la pospandemia, porque la enfermedad COVID ha estallado en la cara de la sociedad y ha modificado los comportamientos culturales. El sociólogo pop Simon Reynolds escribió, respecto al hilo de la obsesión de nuestra cultura por su propio pasado y del reciclaje nostálgico que solemos tener en la humanidad: “El pop no acabará con un bang, sino con una caja recopiladora cuyo cuarto disco nunca llegamos a escuchar “. El covid ha sido ese bang y esa arca compendiada de pasado que estamos creando puede volverse excesiva. Estemos atentos, prioricemos la cultura.

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El silencio de los inocentes

Cuando brindamos por un año mejor para dar comienzo al 2020 ya había un virus instalado entre nosotros, pero no lo sabíamos. Probablemente muchos estuvieron de vacaciones en sitios donde el virus era comunitario, pero no lo sabíamos. Tuvimos unos meses de ignorancia que fueron los que aquellos que sabían, los líderes de las organizaciones de salud más importantes del mundo, los líderes de China, los mandatarios de algunos estamentos internacionales e incluso todo el universo mass media sabía, pero eligió el silencio.

Luego estalló la instalación mediática de la muerte en cuenta gotas, y así estamos hace casi cien días. Una recorrida por el mundo nos hace ver que la cuarentena que vivimos en nuestro país es excesiva. Y las consecuencias serán tremendas. Pero quedarse en la queja es un sin sentido. Por eso hay que salir del silencio.

Porque mientras el miedo instalado nos va mostrando quienes somos, la salud se resiente. Y la salud según la OMS, la misma que algunos idolatran y otros cuestionan, es «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». La cuarentena, en medicina, es un término para describir el aislamiento de personas o animales durante un período de tiempo no específico como método para evitar o limitar el riesgo de que se extienda una enfermedad o una plaga. Por lo general se aplica a personas que son mayores de edad o que tienen síntomas, y consiste no solamente el aislamiento de los enfermos en centros específicos, sino también la aplicación de medidas de prevención como el saneamiento de lugares y objetos o el tratamiento adecuado de los cadáveres. Es una medida complementaria. Para que sea efectiva hay que tener datos certeros, que se obtienen con los testeos y con una evaluación muy específica de la situación.

En nuestro país, el confinamiento se extiende indefinidamente, no da los resultados esperados, no contamos con el volumen de test necesarios para un análisis eficiente y tampoco con las condiciones económicas para que esto perdure. En el medio de decisiones muy serias que afectan nuestras vidas, entre la OMS, las luchas de poder y la manipulación de la información estamos nosotros. Con la salud en crisis. Pero no solo por el coronavirus.

La incertidumbre, el encierro, la perdida del trabajo, de los sueños, de los comercios, del bienestar, nos enferma. Y además no nos están cuidando. Los anuncios no alcanzan. Aunque prohíban el despido las empresas o comercios fundidos van a despedir. Aunque pongan doble indemnización la gente no va a recibirla. Aunque nos quedemos en casa, el virus, como vemos en la realidad, circula igual. Estamos en democracia, pero no funcionan los poderes.

Y lo más grave de todo es el silencio. Las mujeres siguen siendo violadas o golpeadas. No es agenda. Los ancianos tienen jubilaciones que perdieron la movilidad y los sumen en la miseria. No son agenda. La corrupción se lava las manos en la justicia. No hay reclamos. Los niños en el encierro se siguen maltratando. Silencio. La gente se está enfermando psíquicamente. No se habla. Los sueldos, cuando hay suerte y no se perdió el empleo, bajan o se pagan en cuotas. No hay ninguna movilización al respecto. Los colectivos que tan bien nos defendían en cada aspecto de nuestra vida están en silencio. Que el miedo no nos tape la boca. La pandemia pasará. Los virus siempre existieron y van a existir. La vida sigue. No podemos sentirnos inocentes si nos callamos. Defendamos la salud en su concepción completa. Y la dignidad, que nos otra cosa que la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Estamos en un proceso terrible de degradación social, moral y económica que ninguna cuarentena podrá prevenir. No cambiemos silencio por palabras, pongamos en agenda los temas sociales, las realidades, las cuestiones de salud que nos importan, las libertades que no queremos perder, dejemos de lado la quietud para no ser ruines, porque de lo contrario será verdad lo que describe magistralmente Saramago en Ensayo sobre la ceguera: “De esa manera estamos hechos, mitad indiferencia mitad ruindad.”

Soledad Vignolo participará del encuentro «12 poetas x jueves»

Por Redacción Grupo La Verdad

Los escritores juninenses Soledad Vignolo y Darío Lobato participarán hoy del encuentro «12 poetas x jueves», que se transmitirá en vivo por el Facebook de la Embajada de la República Argentina en México, con la presencia de poetas argentinos, mexicanos y españoles.

Vignolo contó a La Verdad que “este encuentro virtual de poesía se viene realizando todos los días jueves y sale en vivo para España, México y Argentina. Los países van variando porque hay poetas de distintas nacionalidades que van participando. Este circuito poético fue una iniciativa de Darío Lobato y yo me sumé junto a Claudia Tejeda, una poeta cordobesa. Junto a otros escritores de distintas latitudes, durante una hora en vivo, hacemos rondas poéticas”.

“En la edición de hoy, por Argentina estarán Guillermo Pilía, Martín Echeverría, Lidia Vinciguerra, Pedro Enríquez, Carolina Zamudio, Esteban Charpentier, Ana María Mayol, Lucía Carmona y Florencia Locelso.

Además, también participarán Vanesa Romero y Francisco Navarro, ambos mexicanos, por España estarán Pedro Enríquez y Ricardo Cuellar”, destacó.

La unión
La poeta juninense expresó que “la fuerza de este evento tiene que ver con la unión de continentes y es una idea que se está sosteniendo, porque la de hoy es la cuarta edición y se siguen sumando poetas de diversas partes del mundo. La idea de esta circulación de la palabra en cuarentena no es menor, porque estamos en un momento estático y queremos que las voces se escuchen a lo largo del mundo. Estos jueves poéticos son un aliciente para este momento donde ganan la angustia y la melancolía y las cuestiones del intelecto necesitan ser movidas”.

La cita es esta noche, a las 20, en el Facebook de la Embajada de la República Argentina en México, el de Darío Lobato y lo replican cada uno de los participantes.

Diario de Cuarentena: Patria

La patria (del latín patrĭafamilia o clan) suele designar la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole, como afectivosculturaleshistóricos o lugar donde se nace. Hoy es el Día de la Patria en nuestra Argentina. Un día de Revolución, controvertida, cuestionada, como todas las revoluciones fueron. Las lecturas históricas varían de acuerdo a las significaciones que deseamos dar los historiadores, los gestores culturales o los ciudadanos.

Yo siento mi patria por casi todos los motivos. Es el lugar donde nací, me ligan a ella su cultura, su historia que como muchos en la juventud primero, y en la vida adulta después, he ayudado a construir, con la fortuna de haber sido un componente social activo en la facultad, y en la vida social de mi país. Y afectivo porque es la patria que adoptaron mis abuelos, en la que nacieron mis padres, la que elegí para mis hijos. Y espero sea la patria donde viva para siempre. Por eso la cuido y cuido sus libertades y sus valores.

¿Cómo te sentís vos hoy? Me importa el otro, porque la patria, como la familia, no la forman las personas con las que acordamos en las cuestiones principales de la vida, la patria la hacemos todos. Los que piensan como yo y los que no, los que me quieren y los que me detestan, los que ven la vida desde un ángulo similar y los que odian mi mirada. La familia es igual, no somos afines a todos los que la componen, somos familia. Me gustaría que un 25 de Mayo de 2020 nos demos cuenta de una vez y para siempre, que estamos juntos en esto de la Patria. Y que, aunque nos separen matices, en este momento delicado hay que ser amplios, y comprender que la lucha excede colores, que quede el celeste y blanco en nuestros pensamientos, para seguir siendo libres, soberanos y republicanos. Por nuestra familia, por nuestra patria.

La pandemia y las identidades culturales

El mundo global, líquido y en movimiento que teníamos se vio súbitamente interrumpido por un enemigo externo. La amenaza que nos confina y nos vuelve uno, ha tomado todo el protagonismo y logró que la contabilización continua de nuestra salud y nuestras muertes tomen la opinión pública y la acción política. Para poder construir una idea comprensible de lo que nos está pasando todo el día esperamos los datos finales, la opinión de científicos, pareciera que estamos en una especie de una vuelta al conocimiento.

Pero no tenemos en cuenta que la objetividad de estos datos puede estar como mínimo interferida, por no decir modificada por procesos de construcción de identidad que pueden ser tan globalizados como el mundo que sacudió la pandemia, y que esas identidades que estamos construyendo hoy tendrán relevancias importantes en lo político, social y económico.

Para pensar en las estrategias y sus consecuencias, es necesario tener en cuenta algunos datos que hacen a un itinerario científico: El 27 de diciembre de 2019 el Departamento de Neumología del Hospital Provincial de Hubei, comunicó a las autoridades sanitarias chinas que se había detectado un clúster de enfermos con neumonía atípica de origen desconocido. Tres días después, se notificó a la oficina local de la Organización Mundial de la Salud que el día 5 de enero lanzó una alerta internacional.

Actividad científica
Ahí, en ese momento se dispara una actividad científica basada en el método científico: identificar regularidades en los fenómenos de forma tal que se puedan prever los resultados que sucederán a determinadas acciones. Los logros en el plazo de pocos meses han sido impresionantes. En diez días el virus fue aislado y su genoma secuenciado.

Se han descrito en detalle mecanismos fisiopatológicos, manifestaciones clínicas, comorbilidades, mediadores, factores predictores y pautas terapéuticas. Al mismo tiempo, están en marcha diversos proyectos de vacuna. Los datos y su distribución a través de las mejores revistas científicas han generado en tiempo récord un conocimiento aplicado que está salvando muchas vidas.

Otro tema es el itinerario público de esos mismos datos y logros, donde los intereses territoriales y políticos llevan a países, mercados y regiones a una lucha de poder en el medio de la cual se halla una ciudadanía ávida de respuestas.
La fuerte relación causa-efecto que permite la investigación biomédica básica se cae a pedazos cuando entran en juego las ciencias sociales. La epidemiologia y la gestión de la salud pública deben comprender en la ecuación, cuestiones de comportamiento humano, decisiones políticas, y rasgos cultuales o identidades que llevan a que la acción que pudo ser factible en una región no lo sea en otra.

Datos científicos
El recorrido de los datos científicos sobre el COVID-19 en el espacio público es una cuestión diferente. Plataformas nacionales e internacionales ofrecen datos por país, región, comunidad o ciudad que cambian minuto y a minuto y dan la impresión de una enorme transparencia de la información, que supuestamente está al alcance de todos. Pero, cuando se intenta investigar de forma concreta de cómo las instituciones los producen, todo se vuelve esmerilado.

Los datos siguen diversas definiciones y estrategias de testeo. Algunas instituciones no responden con precisión determinadas preguntas. Y todo esto nos sugiere que, tras lo que parecen datos objetivos y hechos con valor científico, se esconden batallas y estrategias culturales con importantes implicaciones políticas y económicas.

Lo anteriormente expuesto apunta a que la gestión de la crisis pandémica mundial por COVID-19 está teniendo una tremenda capacidad de asignación simbólica en términos de construcción de identidad nacional, en cada país que afecta.
Por ejemplo, la reacción inicial de China ante las primeras señales del brote fue ocultarlo. Los dos médicos que levantaron las primeras sospechas fueron censurados. Ya en 2002 ocultó el SARS durante tres meses a la OMS. Un nuevo brote desacreditaría su imagen de nación moderna; reforzaría la idea de China como fuente de potenciales pandemias futuras por zoonosis debido a la persistencia de tradiciones culturales ancestrales que motivan el comercio de animales salvajes vivos en mercados de dudosa higiene y nula supervisión.

Pero la China de 2020 no es la de hace dieciocho años. China compite hoy con Estados Unidos por la hegemonía del mundo, apunta a ser la primera potencia mundial. La lucha contra la epidemia toma un valor simbólico relevante. Quiere mostrar su capacidad tecnológica y científica junto a una política de transparencia y cooperación internacional. Entonces tomó el control férreo de la población, puso a disposición de la OMS toda la información disponible y equipos científicos comenzaron una carrera contra el tiempo para producir una vacuna y la mayor parte del conocimiento que hoy tenemos sobre el COVID-19, y que está ocupando las portadas de las publicaciones científicas más reconocidas, curiosamente casi todas de ellas de Estados Unidos.

Y así, en pocos meses un país con 1.400 millones de personas ha doblegado la epidemia. Pudiendo volver a su actividad económica y productiva, mostrar ante el mundo su eficacia y ser bueno ante Occidente como el gran proveedor de recursos que nos socorre y ayuda.

En Europa por otro lado hay una gran división norte-sur, que viene desde la gran recesión, donde la fuerte identidad alemana que se extiende a los países nórdicos se contrapone a la Europa sureña desenfrenada y poco predecible.

En el marco de la pandemia por COVID-19, habría que cuestionar en qué medida los países han sido conscientes del impacto que en términos de imagen podrían producir sus datos y si han o no, acomodado sus metodologías para no resultar penalizados por ellos. Al principio de la crisis, la disonancia entre los datos de unos países y otros provocaba cierta extrañeza, sin embargo, no se reflejaba en la información. A medida que se han ido conociendo los efectos devastadores que tendrá la pandemia en las economías y el empleo de los distintos países, y se han endurecido las negociaciones sobre el plan de choque europeo, se ha ido prestando atención a la calidad y no a la cantidad de los datos.

Dificultad
Hay una evidente dificultad, que tal vez parta de lineamientos de la OMS, sobre qué y cómo se están construyendo los indicadores por países. Es posible advertir que los datos ofrecidos de cada país dependen de las “definiciones aplicadas y las estratégicas de testeo de cada uno de ellos”, pero a nadie le preocupa homogeneizarlas. El número de pruebas realizadas, los criterios de conteo de casos positivos (mediante criterios clínicos o con test positivo) y qué muertes se asignan al COVID-19 se diferencian en los principales indicadores que se están utilizando: grado de extensión de la enfermedad y tasa de mortalidad.

Algunos países solo registran las muertes que tienen lugar en el ámbito hospitalario –al menos Francia y Alemania– con lo cual las muertes en residencias de mayores (una de las poblaciones con mayor mortalidad) quedarían fuera del recuento. Existen dudas sobre la forma en la que se están asignando las causas de muerte en personas con patologías previas. En Alemania incluyen tanto a las personas que han muerto por el virus como a las personas infectadas y con problemas de salud subyacentes, donde no se ha podido determinar la causa precisa de la muerte”. Tampoco se realizan test post mortem a las personas fallecidas en las que se sospecha infección por coronavirus.

¿Y en américa? No nos diferenciamos mucho, tenemos nuestras propias cuestiones idealizadas de un Norte maligno y capitalista y un sur populista que lucha contra una pandemia con ideales.

Argentina, tiene graves problemas de testeo, aunque aplicó una política exitosa de confinamiento inicial, se realizan test post mortem de casos sospechosos, como si tuviéramos test en cantidad, pero el personal sanitario se ve descuidado en testeo y en equipamiento. No es alocado pensar que Argentina ha asumido un confinamiento estricto y de primera mano, para reforzar frente a terceros su imagen de país serio y con altos estándares de salud, aunque la estrategia se le puede estar volviendo en su contra.

Empieza a resultar evidente que las cifras disponibles hasta ahora están siendo utilizadas por los países sur para apuntalar los clichés de una América del Norte indolente que prefiere el capital económico al humano. Todas estas cuestiones, en regiones diferentes del mundo tienen un mismo fin político, y una misma intención de construcción de identidades.
Seguramente, futuros análisis retrospectivos de las series de datos originales, con sus respectivas definiciones y criterios de notificación, darán cuenta de la dimensión exacta de la pandemia en cada país. Pero será demasiado tarde.

Lo que está hoy en pantalla de la imagen pública y lo que quedará en la memoria serán esas cifras gruesas que sitúan a Italia y España –de nuevo los países del sur– como los dos con peores cifras de extensión y mortalidad de la enfermedad en Europa, y a Estados Unidos y Brasil como los caóticos países americanos que pusieron en riesgo a su población.

Estos sesgos culturales identitarios que sostienen la imagen y la reputación de países son difíciles de desarticular o modificar. Ya sea en un sentido positivo como negativo.

Ejemplos
Como uno solo de muchos ejemplos y porque hace al tema, hace tiempo que se sabe que la última gran pandemia de 1918, que recibió el nombre de Gripe Española y mató a 50 millones de personas en el mundo, no surgió en España. Investigaciones recientes apuntan un probable origen chino llegado a Europa debido a la movilización de casi 100.000 trabajadores chinos para apoyar en la retaguardia de las líneas inglesa y francesa de la I Guerra Mundial. Sin embargo, ni tan siquiera un siglo ha servido para borrar la vinculación española.

En nuestro país, estamos profundizando diferencias y creando una crisis económica sin precedentes. ¿Podría Argentina haber evitado esta situación o jugado mejor sus cartas? Tal vez podría haber forzado desde el comienzo de la crisis el establecimiento de criterios comunes a salud y producción o economía y no abocarse de lleno al confinamiento sin test. Pero la historia nos dirá que resultado es el mejor. La perspectiva futura establecerá cual fue la verdad sobre ésta terrible pandemia. Nuevos paradigmas surgirán, muchas pantallas caerán, otras lograrán sostenerse a costa de mensajes épicos y de ignorancia, Pero los gestores de cultura nos vemos en la obligación moral de cuestionar la manipulación de la identidad.

Antes que sea demasiado tarde.

Soledad Vignolo y el mal momento de los escritores

Más allá de seguir con la producción literaria desde los hogares, la actividad de los escritores está literalmente parada. No pueden dar charlas, talleres ni promocionar libros.

La escritora local Soledad Vignolo contó que no la están pasando bien y dijo que “nos estamos muriendo de hambre. De tener cuatro trabajos, pasé a no tener ninguno. El dictado de los talleres de extensión está cerrado porque no hay posibilidad de cercanía. Intenté con los talleres virtuales, donde tengo unos pocos alumnos, pero la realidad es que la gente no tiene dinero. Además, virtualmente es difícil transmitir muchas cuestiones que tienen que ver con la emoción, que con eso tiene que ver la escritura”.

“Estos son momentos de mucha introspección y producción, terminé una novela y comencé con otra, estoy haciendo cursos. El gobierno está ofreciendo muchas plataformas de capacitación gratuitas pero con eso no podemos comer, porque desde SADE conozco la realidad de los escritores locales y zonales. Están en situaciones lamentables y somos casi todos monotributistas que no estamos contemplados en ninguna ayuda. Nadie habla de los escritores y formamos parte del grupo de artistas”, expresó.

Editores
Sobre las editoriales, puntualizó que “tampoco están trabajando, toda la industria está parada. Hubo una feria del libro de editoriales independientes on line que fue promocionada y la gente la visitó, pero lo único que hizo fue oír las charlas o participar de algún taller, no hubo ventas. No hay dinero y lo último que a uno se le ocurre comprar es un libro”.

Leer en cuarentena: De Ingenieros a Cabezón Cámara

El confinamiento al que nos somete el virus también otorga oportunidades, pequeñas, aunque placenteras. La lectura es una de ellas. El encuentro con los clásicos es bienvenido, para releer las bondades de lo tradicional, y así redescubrir autores. Este es el caso de José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg.

Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En El Hombre Mediocre, Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insustanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter.

No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”. Estas definiciones que van desde el humor, dejando constancia que seriedad no necesariamente es pomposidad, hasta el acento final en la envidia, que, a mi humilde entender personal, se parece mucho a la horizontalidad; esa cuestión de igualarnos en una línea infinita donde todos debemos tener lo mismo, como si el mérito o el talento fueran cuestiones ominosas.

Se vislumbra en la obra de Ingenieros la importancia de la libertad de pensamiento, considerando que la mediocridad tiene lugar cuando nos dejamos influenciar por el medio, perdiendo de vista nuestro propio ideal. Esta lectura lleva a pensar nuevamente en la búsqueda de la perfección evolutiva que da sentido a la vida. En los procesos que los idealistas se permiten desde la fuerza de la juventud a la crítica madura y los mediocres sin evolución funcionando como quienes solo busca pertenecer. Podemos acordar o no con Ingenieros, pero lo que no permite es la indiferencia.

Y en este punto se une a una gran autora contemporánea, cuya novela Las aventuras de la China Iron es finalista del Premio Booker Internacional 2019 debido a que «(…) El jurado del Booker Prize lo definió con precisión: «maravillosa reelaboración feminista y querer de un mito fundacional americano (…) con un lenguaje y una perspectiva tan frescos que cambian 180 grados la idea de lo que una nueva nación americana podría ser”.

Se trata de Gabriela Cabezón Cámara, escritora y periodista argentina. Es considerada de una de las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana contemporánea, además de ser una destacada intelectual y activista feminista. “Las aventuras de la China Iron”, es una obra llena de intertextualidades que nos interpela como lectores y que sigue la línea iniciada por Kerouac en los cincuenta, contando un viaje transformador.

Desde el título, “Las aventuras de la China Iron” alude a otra obra literaria. Apenas leemos: “Me llamo China, Josephine Star Iron y Tararira ahora. De entonces conservo sólo, y traducido, el Fierro, que ni siquiera era mío, y el Star, que elegí cuando elegí a Estreya” ya hay algo más vislumbra la certeza de que se refiere a una obra fundacional. Cuando la autora se refiere a “la bestia de Fierro, mi marido” y dice que “se llevaron a la bestia de Fierro como a todos los otros” queda claro para un lector que se precie que hablamos del “Martín Fierro”. Desde ahí debe leerse la novela, para poder vivirla como la aventura que promete.

Cabezón Cámara se pasea en su narrativa por la profusión y el exceso, juega con la cómica popular en su lenguaje con la maestría suficiente para bordear el realismo grotesco de Bajtín sin consecuencias. El aprendizaje de la China Iron, más allá de las nuevas costumbres, lengua y ropas, atraviesa su cuerpo. Liz, la inglesa colorada y culta, la inicia y le abre a un universo inexplorado que es todo nuevo mundo.

Si tomamos a la “Intertextualidad” como “el conjunto de relaciones que un texto literario puede mantener con otros” y que algunas de sus formas son la cita explícita y la alusión implícita, entonces podemos convenir que “Las aventuras de la China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara es una de las grandes novelas intertextuales de los últimos tiempos. Esto se hace evidente con la aparición del mismísimo José Hernández y de su identidad discutida de autor/plagiador de Martín Fierro.

Como El Hombre Mediocre de José Ingenieros, Las aventuras de la China Iron se mueve en un territorio complejo y peligroso: el de proponer una cuestión de identidad. El primero nos invita a pensarnos como mediocres o idealistas, y Cabezón Cámara, se atreve a no temer que otros textos se coman el suyo, haciendo alarde de una voz propia y una originalidad excluyente. “La China Iron” supera con la claridad literaria de su autora a muchos textos conocidos, y dialoga con códigos propios y con los de otros, llevándonos como lectores a nadar en un mundo salvaje y despojado de prejuicios, poético y despiadado, que crea la escritora.

Leer en cuarentena no es tarea sencilla, el miedo impide a veces la concentración y los ruidos familiares promueven distracción, pero estas obras sin ninguna duda merecen el esfuerzo. Parafraseando a Borges, la lectura es una forma de felicidad.