Manos que sabrán

La literatura de Soledad Vignolo es oscura, poderosa y necesaria. Nos hiere con una y más puñaladas, nos amordaza, nos lame con la «punta de una lengua hambrienta». Al recorrer estas páginas sentiremos «un dolor esencial», pero las palabras son de una belleza tan abrasiva que, inevitablemente, vamos a ingresar en un estado de gracia, aquel que, sabemos, solo producen los libros excepcionales.

Agustina Basterrica

https://www.lapalestranoticias.com/product-page/manos-que-sabr%C3%A1n

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No me cuentes que sos feliz

Lili forma parte de lo sagrado. Los golpes le dan las piedras del Himalaya, los gritos suenan como chirridos masticados y las uñas sobre las paredes se vuelven charco. Un olor a orina no deja dudas. El borde entre placer y dolor es íntimo. El silencio, en cambio, siempre es brutal. Un globo fláccido flota, debe ser de un cumpleaños viejo, todos lo son. Nadie los ve. Nadie soy yo, apoyada sobre el banco del pasillo. Tengo esta cosa adentro.

Como si la solución para tanto fuera estar cerca. Elásticos y rondas en mi cabeza, un diente de leche tragado por Lili. Tres tornillos clavados en la cruz de madera en la que estaqueamos al grillo. Todo, de algún modo, encaja. Las veces que la vi gozar con hombres desconocidos en la ruta y las veces que lo hice yo. El sexo como magia. Necesitaba desgarrarme para ser virgen y restaurar mi cristal. Por eso estoy con Lili.

Ella sabe. Y una alquimia entre nosotras hace que cada contracción tenga sentido.

Delfines en Venecia

Leer a Moulia es como meterse en un volcán, las emociones no necesitan eclosión, la realidad que cuenta las hace nacer en el lector, y más aún en este diario donde un escritor argentino viaja a Italia a buscar a su novia para separarse (las paradojas maravillosas que crea), a Colellongo, un pueblo de montaña cercano a Roma. El hombre pretende ser frontal, pero también lo es el destino, la primera ola de Covid llega a Italia y todo se vuelve entre satírico y dramático.

Así la separación se ve postergada y tomada por conspiraciones, miedos, delirios, noticias, alarmas, desasosiego y en medio de eso, la deliciosa vida familiar de la novia del escritor en la casa de su nona y los increíbles personajes del pueblo, nos atrapan en historias entrañables.

El escritor termina confinado con la chica que quiere abandonar, y su familia en una casa pequeña que habla dialectos frente a su nariz. Ajeno y encariñado, por momentos odiado, humano hasta lo innombrable, el protagonista padece el desarraigo pandémico en el que lo verdadero, la vereda, la calle, el tránsito quedan prohibidos. No puede volver a su país, vive con extraños y con alguien que dejó de amar. Solo le restaba como opción escribir un diario donde narrar sus peripecias. Delfines en Venecia es el resultado. Y la novela trascienda la pandemia, la encasilla en lo vulgar, ¿o acaso es la primera que padece la humanidad? Al final de cuentas siempre nos llevamos, somos esa extraña ficción que desplegamos al mundo y el gesto íntimo que nos delata. En un pueblo tan paralítico que la pandemia no lo modifica, este escritor transita sus propios afanes y lo hace con la riqueza narrativa del autor.

Ver delfines nadando en Venecia, cuestión que sostiene Pietro, el astrónomo o afirmar que es una Fake News, como lo hace Luigi, el carnicero, es la excusa para un apocalipsis campesino. Animales muertos, un oso que pulula y una nona de 90 años que cuenta cada noche su amor por un espía inglés, su relación con soldados nazis que le revelaron un tesoro que eligió desestimar. Tal vez en un único cuento moral que se narra ante el fin de su vida. Una noche de alcohol, le dice al argentino, pareja de su nieta ypobre como son los escritores: al tesoro lo rodea de cerca el oso asesino.

Francisco Moulia afila sus garras y vuelve feroz a su novela, que por supuesto no develaré. Hay un tesoro, hay un virus, el invierno blanco es relieve y tiempo, todos son peligrosos, todos pueden ser más de lo que parecen en Delfines en Venecia, un diario de escritor que no pretende contar la realidad, sino la manera en que la literatura salva del olvido.

Muy buena, para leer en un fin de semana.  

Que nadie duerma

 Juan José Millás es uno de los autores más laureados por los lectores y por la crítica. Que nadie duerma es una novela que utiliza a un personaje impresionante, Luicía, para romper las barreras entre lo cotidiano y lo sobrenatural. Lucía, una «falsa delgada», es el eje de toda la novela, su infancia, sus extrañezas, su psiquis y porqué no, su cartografía creada para soportar la realidad madrileña transformandola en Pekín. Lucía inicia la novela siendo una informática cuya vida no dista de un algoritmo más. Pero enseguida nos cuenta que de pequeña, vio cómo un pájaro negro caía sobre su madre mientras hacía pis en el jardín de la casa familiar. De allí a la muerte materna hay un paso y un suspiro que destruye la corporalidad de la madre y la convierte en una en una mujer pájaro. Ahí comienza la historia, una maravillosa serie de reflexiones, fantasía y lírica interesantísima que nos transporta toda la novela en taxi. El que compra Lucía al ser despedida. Las vidas de sus pasajeros, pequeñas, inmensas, tensas, terminales, tejen una trama entusiasta que logra que lo onírico y lo tremendo sean paralelas interminables. Algo va a suceder, dice la protagonista, y ahí quedamos jadeantes esperándolo. Millás, poco a poco, construye una narración que se arremolina en el surrealismo sin perder contacto con la realidad. El punto de partida de esta historia es un beso fugaz que se le escapó a Lucía, la protagonista. Una vez despedida de su trabajo, llora en su baño, por los conductos de ventilación le llegan fragmentos de Turandot de Puccini, que escucha su vecino. La ópera late en su cuerpo y se transforma en su obsesión. Bajar a ver quién es el sujeto que la oye y que canta , allí comienza a gestarse este actor de mala muerte como su Calaf.

Millás  rompe los límites entre la realidad y la ficción, se anima a delirar y nos deja inquietos, desesperados buscando de donde asirnos como lectores, yendo a escuchar la ópera «Turandot»que en su argumento se vuelve Lucía, de Millás.

«Que nadie duerma» hibrida pájaros y ópera, dentro de un taxi, que se transforma en el espacio donde la historia explota, entre la ficción y la realidad, entre Pekín y Madrid, con Lucía vuelta pájaro, vuelta china, vuelta aire, humo espeso, madre tal vez. Los pasajeros, como oyentes de las historias de Lucía, sin espantarse las convalidad, y la fantasía acontecer.

Una novela cautivante, de esas que nos obligan a leer sin respiro.

De ganados y de hombres

“De ganados y de hombres” tiene 120 páginas indispensables. La acción dentro de una matadero, comulga con la cotidiana reflexión silenciosa de un hombre rudo. Un hombre capaz de matar. Edgar Wilson, aturdidor quien les da un mazazo en la frente a las vacas para que no sufran en el paso siguiente de la cadena, es decir el sacrificio. Pero no es un aturdidor cualquiera, él las comprende, las mas ve, las acaricia y hasta siente por ellas, de una forma que roza el sadismo rústico de la gente que vive de la sangre. Un sadismo compasivo. En la cadena de montaje de un matadero, las vacas y Edgar son solo un engranaje necesario, y el hombre cumple con creces su parte, mecánica y descorazonada, pero siempre antes de, tiene una mirada de animal libre. Libre dentro de un corral de espera.

Edgar bien puede ser lo oculto, lo no dicho, aquello que preferimos ignorar. Un matadero metafórico que nos muestra que cada uno al fin de cuentas, tiene una porción de culpa en el todo cotidiano. Una realidad que como el matadero huele mal, está llena de polvo, huesos, muerte, hedores, visceras descompuestas. Ambos, matadero y sociedad, se encargan de que todo se vuelva necio y corrupto, personal y descarnado.

Ana Paula Maia integra además, dentro de la brutalidad del contexto, una vuelta a la historia, intrigando con un comportamiento suicida en el ganado, humanizado, ante tanta animalización humana que los rodea. Creo que si hubiese ido más lejos en ese sentido, el libro tendría alas más potentes. De todas formas, está lleno de imágenes difíciles de olvidar, que nos invitan a incomodarnos con nuestra alimentación, o al menos, a repensar métodos y sentidos. Somos todos animales dispuesto a ser aturdidos por un Edgar, en un sentido Steinbeckiano, que nos haga conocer el límite.

“De ganados y de hombres” es difícil de leer, nos enfrenta con las miserias, la autora describe y acciona con lucidez y sin juicios, un mundo que pretendemos que no exista, solo porque no elegimos verlo. Duro, contundente, para leer.

Campo del cielo

El Chaco Austral se encuenta entre los ríos Bermejo y Salado, y entre las provincias argentinas de Chaco; parte de Santiago del Estero y Santa Fe, En el límite sur de las provincias argentinas de Chaco y Santiago del Estero, está la dispersión meteórica de Campo del Cielo.Se originó por el impacto de un meteoroide metálico de notables dimensiones, probablemente, hace unos 5800 años. Las características, como el tamaño y la alineación de los cráteres, la gran masa y el alto contenido de hierro de los fragmentos encontrados, vienen llamando la atención. Mucho se ha escrito sobre el fenómeno, y en particular siempre se menciona el conocimiento que poseían los aborígenes que habitaban la zona, sobre este hecho. El autor escribe sobre Campo del Cielo, pero los femómenos sirven solo como excusa para contar la vida de los seres, humanoides, aborígenos o extraños que habitan el lugar.

Mariano Quirós (Resistencia, 1979) construye este libro de relatos con el que viajamos a la localidad, casi una cápsula de tiempo donde lo mínimo protagoniza la vida. Los relatos, cansinos, sin apuro por finalizar nos van poniendo al día de los personajes y sus relaciones, de los miedos, las torpezas y los horrores del pueblo. El registro es de otra época, pero porque Quirós se vale de las relaciones personales, de los placeres prohibidos, de las traiciones sin precisar grandiosidad. Sus narraciones son muy sólidas por eso no requiere adornos. Están las historias suspendidas en el tiempo, como Campo del cielo, que desde los meteoritos, hace miles de años, no tuvo muchas novedades. Lo endógeno del lugar, su falta de aire, queda expuesto en las historias de estos personajes que no pueden irse, o que llegan. Son raros, de cualquier edad, difíciles de definir, como si otros seres se les inocularan en sus pieles a través de las píedras celestes. No es posible la norma en Campo del cielo, donde la fantasía es cotidiana y aquello ominoso es natural, en este pueblo de lúmpenes, Mariano Quirós rescata a la mayoría para volverlos interesantes, laberínticos, en esta obra que se vuelve sobre sí, se enrolla y crece.

Un Quirós impecable, puro, sin maniqueísmos, concreto y con la belleza de lo natural. Me encantó este libro, que recomiendo con aplausos.

Baltazar contra el olvido

“Lo que yo pueda acordarme y lo que me cuenten de ella va a ser todo lo que tenga de ahora en más. Todo lo que no sea olvido será mamá”.

Baltazar contra el olvida, Mauricio Koch

Mauricio Koch (Villa Ballester, 1974) narra la historia del asesimato de una mujer en un pueblo entrerriano, y lo hace la voz en primera persona de uno de sus hijos. En Baltasar contra el olvido, Koch camina seguro y sin género, en esta historia profunda que, no apela a recursos trillados, para hablar de todos los temas de hoy: injusticia, violencia, desamparo, soledad, bulling. Y los trata como si solo fueran la trastienda de lo único que importa, que es la vida simple de una familia de pueblo, destrozada por un asesinato impune.

Baltazar no busca consuelo divino por su madre, Renata, ella ya no está y se llevó con ella lo cotidiano, la vida sencilla, la queja, la caricia, la ternura. Pero no le pueden quitar el recuerdo y él no va a olvidar. Baltasar escribe en su cuaderno alado: «Todo lo que no sea olvido, eso serás».

Y sí, con el tiempo se pierden momentos, olores, sonidos, pero otros aparecen para traernos memoria, y con la memoria emotiva de este hijo desmadrado vuelve el mundo de su Renata y del pueblo, uno que se nos clava hondo, porque es universal. Así, el autor nos va mostrando pequeñas historias, silencios, luchas, la fuerza de la abuela en la casa, el hermano con ciertos y peligrosos hábitos, todo lo que pueda contarnos para evitar el olvido es contado, y en ese quehacer del narrador, Renata vive, su hijo nos la regala, antes de lo inefable.

Baltazar sabe que la respuesta no es la violencia. Y sus batallas son otras, la frente alta, el recuerdo presente, la palabra concreta.

Koch baja línea, una que no parece políticamente correcta, una que se basa en la ternura y el amor. La memoria ímplicita en los hechos de la vida diaria, en las voces retos, voces con mermelada, voces que ya no están, pero que son estandarte para seguir viviendo. La narración y el arte como herramientas de memoria, en una novela que no pretende, es, y es una historia que no debe ser olvidada.

Kryptonita

Kryptonita (2011), de Leonardo Oyola, es una obra con variaciones de género que va y viene entre el realismo y un no realismo al estilo superhéroes americano. No falta nada de lo que un cómic tendría, familia, amigos y enemigos, injusticia, amor, todos los condimentos. La novela tiene una idea interesante, y por momento logra con maestría viajar de un género a otro, de la realidad a la no realidad, incluso en sus diálogos. Hay un hallazgo del autor en la forma de esos pasajes, que no incomodan ni parecen forzados.

Kryptonita entra dentro de la llamada “narración de los márgenes” que algunos autores ubican en el inicio del milenio, siendo un estilo que pretende acercar la realidad al lector saliendo del realismo, en este caso Oyola utiliza una especie de ciencia ficción, ya que produce un choque en el lector, lo estremece, tomando a este mundo ficcional que crea para lograr el extrañamiento y romper con paradigmas que automaticamente aparecen en el lector. La referencia con lo real, el narrador y distintos integrantes de la banda, que nos narran historias secundarias sobre su vida o la de Nafta Súper, la construyen con apelaciones sociológicas, antropológicas e históricas –respecto a lugares o personajes del entorno marginal del conurbano en la década precedente al 2000; lo vemos cuando se refleja la crisis de 2001 y aparencen elementos culturales para ser asociados, como los recitales o la televisión,o el apodo que le ponen al médico del hospital,,“Socolinsky”.

 Kryptonita dialoga con el realismo, se apoya en hechos empíricos, pero postula un mundo propio, con inequidades también, que posee una especie de cofradía justiciera que enfrenta las injusticias del sistema opresor en el que viven los personajes. Éstos sigue tras una justicia equitativa que los iguale a los demás. En Kryptonita, Nafta Súper y sus cófrades tratan de volverse y enfrentar ese sistema social que los expulsa desde la marginalidad en la que se criaron. La novela cuestiona el orden del realismo literario y lo hace desde voces verosímiles. El médico nochero, Nafta súper, el diablo amarillo y cada uno de los personajes aportan a la construcción de una historia marginal, que cada vez queda más cerca de casa.

Para leer de un tirón entre superpoder y superpoder.

El bosque infinitesimal

La trama narra las peripecias de un médico joven, su maestro Blavatski y el mendigo secuestrado Gut, apunta contra la ciencia positivista y con una elocuencia rebuscada, nos regala un experimento Frankesteiniano, en el que se valen del cuerpo del menesteroso para confirmar que solo la ciencia puede mejorar la humanidad. Por supuesto, habrá obstáculos.
La novela transcurre en una ciudad inventada de este europeo, cuentan además con una asistente que viene a mostrar el lugar femenino de esos tiempos, Ávida, personaje que le sirve al narrador para que veamos las obsesiones y neurosis del joven médico, elaborando su deseo lacaniano en la mirada que tiene sobre la mujer. Es sumisa, ayuda con el reo, encerrado en un sótano, a merced de los delirios científicos. Todo resulta válido en pos de la investigación y la ciencia. El saber es mucho más importante que Gut.
En el texto hay un clima reservado a las grandes obras del gótico, y se cuelan en ese vocabulario desde Storni a Lacan, por momentos está logrado y en otros, tal vez por ser de una meticulosidad extrema, se vuelve de artificio. Sin embargo, sólo por el vocabulario excelso y el riesgo que Julián López toma, saliendo de su voz habitual, esta novela merece nuestra lectura, concienzuda, elaborando página a página, la estimulante imaginación de López en ese ir y venir de los tiempos y de las palabras, como significantes en sí mismas.


El bosque infinitesimal es la tercera novela del narrador y poeta argentino Julián López (Buenos Aires, 1965). La prosa de López siempre conmueve, elaborada, elegida, capaz de sintetizar una época, esta novela no escapa a esa norma. Las reflexiones del médico, sus inquietudes, deseos, muestran la poética del autor, su base literaria y deslumbran. El bosque infinitesimal fue escrito antes que sus obras reconocidas, y retomada para su publicación, tiene en su haber las cuestiones que el autor elabora una y otra vez, lo animal, el deseo, la ciencia. Ahora buscando una nueva lengua, que a veces entorpece la lectura, volviéndola densa.


Es exuberante, rebuscada, inquietante, y con una interesante narración oscura, que promueve, tal vez, la necesidad de que la literatura busque nuevos caminos, alejándose del que, ya sabemos, funciona.

Bajar es lo peor

«Iba a hacer calor otra vez; el sol empezaba a quemarle los ojos y, aunque Narval odiaba eso, nunca podía conservar un par de anteojos negros, siempre los perdía. Dio vuelta los bolsillos para buscar algo de plata. Encontró unas monedas y una papela. La idea era iniciar el día con un vino y un pico. Empezó a caminar y, aunque a la cuadra se dio cuenta de que le dolía demasiado todo el cuerpo, decidió seguir. En un kiosco abierto las veinticuatro horas compró un vino y con el vuelto se preparó para esperar el colectivo, odiando el amanecer casi tanto como la resaca que tenía encima. Un viaje interminable y el pánico de haber perdido las llaves que, después de cuadras y cuadras de revolver los bolsillos, aparecieron en el de atrás. El olor de su departamento se estaba volviendo insoportable y, además, tenía que cambiarse los pantalones de una buena vez. Siempre es tan complicado picarse sólo, pensó Narval, frunciendo la nariz ante el intenso olor a fritura que llegaba desde la calle y le daba arcadas. Sintió un sabor amargo en el fondo de la boca y aguantó las ganas de vomitar; siempre es tan complicado picarse borracho, pensó. La cucharita le temblaba en la mano, la impaciencia no le dejaba cargar la jeringa. Rió satisfecho cuando lo logró”

La primera Novela de Mariana Enríquez ya la muestra en su oscuridad, claro que es una de jóvenes obsesionados, delirados, drogados por su propia existencia además de sustancias. La categorización de Facundo como un dios moderno, que es deseado y no desea es muy interesante, pero Narval es quien muestra apenas de lo que la autora sería capaz en el futuro. A pesar de que remite a otras obras continuamente y de que tiene momentos que queremos tirarla, es valioso pensar que tras esas voces había una escritora adolescente, que intentaba exorcizarse.

Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) es una escritora, periodista y docente argentina, parte del grupo de escritores conocidos como «nueva narrativa argentina».​ Sus cuentos se enmarcan dentro del género del terror,​ y se han publicado en revistas internacionales como Granta, Electric Literature,​ AsymptoteMcSweeney’s,​ Virginia Quarterly Review y The New Yorker. Entre sus obras más reconocidas destacan el libro de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego (2016), que la consolidó como la escritora argentina de terror más relevante de la actualidad,​ y la novela Nuestra parte de noche (2019), por la que ganó el Premio Herralde de Novela

Bajar es lo peor nos trae la noche, los excesos y una especie de amor o pasión necesario para ellos, en este mundo esotérico, emo, gótico diría, que crea la autora con sus descripciones, a veces inmaduras, de lo dark, el intento de terror en Narval, las fobias de Mauri o las inseguridades y la autoflagelación de única mujer que personifica. Hay visiones que pueden ser realidades, sueños que nunca van a cumplirse, abusos y maltrato, mucho desamor, y una cuota mínima de fantasía para que no duela tanto.