Los niños 6

“Un niño no es más que lo que le ponen dentro”

Jesse Ball

Jesse Ball pone en voz de los niños toda la frustración del mundo adulto. Entonces ellos lo saben, no hay futuro. Y ese posible desconcierto que padecen los vuelve profetas. Son seres epifánicos, necrománticos, increibles enanos sabiondos que pueden esperar la muerte con la resignación que nunca tendremos. Ellos mismos son los primeros en saberlo: no queda futuro para nadie, el futuro ya pasó o nunca fue una posibilidad. Los humanos, niños incluidos, no somos el centro del universo, apenas somos parte y nos estamos extinguiendo.  Los niños 6, le da a los niños la última voz de la humanidad, y eso cuenta como un plus.

Aúin cuando la consabida protagonizacion de infantes en la obra de Ball es brillante, en este caso tal vez es extrema la sabiduría del hermano mayor, ya que se torna inverosímil en algunas reflexiones sobre lo que acontece, en este suicidio colectivo de adultos y adolescentes que nos muestra desde la primera página. Los sobrevivientes son todos menores de edad: la especie es vencida por una onda de sonido. Los adultos se arrancan las orejas, cabecean paredes y se tiran por las ventanas. Las calles por las que caminan los hermanos Devlin y Mina están llenas de cadáveres y de niños que reconocen este nuevo mundo apocalíptico, un mundo acosado por el fuego. Las llamas asegurarán la purificación total, y los pequeños desolados tratan de encontrar un líder que los represente. Al final de cuentas, “¿Quién dijo que un niño es algo?”.

Todo va a la par, y se acoplan la trama y la prosa de la novela, asi también vemos como la estructura se descompone y deja atrás las normas que la propia humanidad había puesto. Los niños 6 nos deja parados, helados, sin certezas, y en esa búsqueda del arca salvadora, ya no hay fe, sólo una plaza, un escenario y una pila de niños muertos, que vieron morir la civilización, la nuestra, que ya es pasado. . Traducido por Virginia Rech, inédito todavía en su inglés nativo, este libro del autor de Toque de queda construye un escenario sin respuestas pero con la callada finitud como destino.

Allende, el retorno

Salvador Allende resucita o algo así, en un Santiago de Chile que se alejó cuarenta años del golpe militar. Ahí nace esta ucronía de Omar Pérez Santiago, que ubica al ex presidente en una nueva realidad, y lo transforma en un hipster atractivo que puede enamorar jovencitas con sus lentes de marcos gruesos

El único recuerdo que acompaña al personaje cuando llega a este siglo es imagen del palacio de gobierno en medio de “humo, grietas y escombros», y ahí se produce un giro en la novela que va a cambiar la mirada del protagonista. Allende se entera por internet, que él murió esa mañana de septiembre de 1973, como víctima del golpe militar, ese golpe que lo transmutó y de su pasado, de su vida anterior, vuelven a él nombres de amigos, los tangos y el amor de su mascota.

En Santiago, Allende es creído imitador, casi una morisqueta del destino que les trae a Salvador en la imagen de este simpático viejo parecido el prócer. Para el protagonista, el mundo nuevo que lo rodea lo entristece, pero a pesar de no comprender que la gente no crea en él como tal, es práctivo y consigue sobrellevarlo. No busca a sus hijos, no pretende incorporarse a sus vidas, por el contrario comienza una nueva vida en este nuevo siglo. Vive como cualquier chileno, a pesar de su mente inquiriéndolo, no entra en política y si pretende una vida cotidiana. No hay motivo concreto para que el tiempo nos haya devuelto a Salvador Allende, aunque deja entrever una maléfica cuestion yanqui que puede haberlo suscitado. El autor nos regala un Allende inocente, lleno de vivencias raras, un tanto incongruente, que le aporta encanto, su novia embarazada de un varón, como si eso significara descendencia digna, puede ser cuestionada, pero es rico ver como va tomando cuerpo este viejo que transformó Chile y ahora lo hace en una empresa de soda, incluso con una onda que el propio Allende no tuvo.

En la novela, la ideología subyace siempre y hasta hay un intento de revalorizar su figura, buscando una especie de aggiornamiento, de mito a marca pop, Allende, el retorno es una parodia trágica, en tono liviano, que deja entrever la fuerte historia del ex presidente Salvador Allende en la pluma de Omar Pérez Santiago.

La trama, a mi juicio, podría haberse justificado con otra claridad, pero es atractivo pensar en estas posibilidades temporales, en la cabeza flexible de un hombre que trasciende épocas y en el reconocimiento que significa esta historia.

Al pie de la escalera

«El frío llegó tarde aquel otoño y a los pájaros cantores los cogió desprevenidos. Cuando la nieve y el viento empezaron a ser intensos, demasiados habían sido engañados para quedarse, y en vez de partir hacia el sur, en vez de haber volado ya hacia el sur, estaban acurrucados en los jardines de las casas, con las alas ahuecadas para conseguir un poco de calor. Yo estaba buscando trabajo. Era estudiante y necesitaba trabajo de canguro, de modo que pasé algún tiempo caminando por esos atractivos pero invernales vecindarios, de entrevista en entrevista, al tiempo que inquietantes multitudes de petirrojos picoteaban la tierra congelada, pardogrisáceos y desvalidos —aunque qué pájaro no parece, incluso en las mejores de las circunstancias, algo des

Moore, Académica de las Letras de América, intenta, en esta novela, mostrar el ser americano promedio en la vida de Tassie, una chica de pueblo del Medio Oeste que vive con sus padres y hermano; se marcha , a la universidad con sus valores a cuesta, quiere madurar y crecer. Allí conoce Sarah, que buscaadoptar a un hijo, la contrata como niñera hasta que el pasado lamentable de la mujer aflora y desestabiliza la adopción y el trabajo de Tassie. Los secretos de los personajes, su empleadora, su esposo, el chico con el que sale, dejan ver más que lo que la propia autora nos permite. Moore dejo claro que pretendía con esta novela “dar un pequeño golpe bajo a la vida estadounidense”. Y lo hace, es terriblemente crítica, con el humor interesante de la autora, tal vez repetitiva en sus descripciones contexturales, pero sin dudas hace pie con un criterio brillante y mordaz en el tema que aturde a la literatura norteamericana, que es el racismo. También utiliza el tema de la adopción y no escatima en dejar posición sobre el comercio subyecente.La peor hipocresía burguesa queda expuesta en la obra realista, descriptiva y concreta y en la magnífica prosa de la escritora que nos permite ver sin velos la miseria de la sociedad. Narra tan bien, utiliza el showing con maestría y así nos muestra escenas memorables.

Es una novela franca, y lastima, pero tiene un cariz humorístico que permite al lector no desfallecer ante la brutalidad de algunas conversaciones que acontecen. Las comparaciones son hitos en el texto y nos muestran como somos los humanos ante los otros de manera brillante. Es de lectura ágil, sin desperdicio, pero aún así siento que Lorrie Moore es mejor cuentista, las historias en sus relatos tienen un peso que no logra de la Sarah y Tassie, a pesar de los dimes y bemoles que las interpelan. Es una buena novela pero lo que muestra ya lo hizo Roth o Carver, la diferencia es su voz irónica, divertida que vuelve menos trágica la negativa realidad.

Un párrafo especial mereces las conversaciones del grupo de apoyo que están tan bien logradas que molestan, y nos interpelan como sociedad. La guerra, la muerte, el amor, la traición y la hipocresía. Tiene todo, Lorrie Moore no decepciona. Una buena lectura para iniciar el otoño.

Una reina Perfecta

«El hombre está perdido, no tiene a donde ir, no tiene casi ni mujer. Todo eso sabe ella con sólo mirarlo».

Una reina perfecta-Inés Garland

La literatura de Garland es irresistible. Este libro, publicado en el año 2005 y reeditado, las mujeresprotagonizan historias en todas las edades de la vida, y lo hacen desde un lugar que no intenta quedar bien con los cánones de moda. La autora fluye en sus historias como un cauce quer permite una lectura relajada, atenta, diría que trata al lector amorosamente. Narrar bien los simple es muy difícil, y hacerlo con registro poético sin caer en lo cursi, mucho más. Inés Garland resume la buena literatura clásica, prolija, bien narrada, con una cuota de novedad en el registro de hechos cotidianos.

Los trece relatos que integran Una reina perfecta  tienen la sencillez de lo verdadero, y y Garland se las trae con todo tipo de situaciones que resuelve gentil y eficaz, atmósferas densas, complicadas historias de vida sin contar demás, sin descripciones tortuosas, con lo necesario y las herramientas justas para que la literatura sea.

Los problemas de estas niñas, o mujeres de Garland se nos meten en la piel, podemos sentir con las protagonistas los vaivenes de sus vidas. Y nos muestra lo rídiculo del ser, pero sin crítica, simplemente narrando, como si la vida perfecta fuera la que nos cuenta, la de las mujeres en busca del amor, la de las hijas deseando padres, la de los tiempos sin tiempo, las que pueden valerse de un gesto para construirse y cito:  «Pero lo único que podía pensar, que se me repetía como un mantra, era ‘por fin’, ‘por fin’. A mi vida siempre le había faltado humor: el humor apasionado que promeían las comisuras de la boca de Adolfo». 

Una reina perfecta ganó en 2005 el premio del Fondo Nacional de las artes y fue publicado por primera vez en 2008. Reeditado por ClubCinco editorial y se agradece,

La autora construye desde lo no dicho, o mejor aún, desde lo apenas sugerido, como si esa pequeña punta de iceberg que nos muestra sostuviera la vida misma. La vida de las mujeres, es más. Inés Garland escribe con la crueldad necesaria, la soledad equilibrada, la tristeza en proporción justa, con escenas contemporáneas pero a la vez universales. Se sale del corredor de la búsqueda de formas nuevas para poner el foco en la claridad y potencia de historias de vida que se vuelven piel, que nos anidan y en especial a las mujeres, nos interpela.

Los relatos son complejos y los recursos son mínimos, es estoica la escritura de Garland, que por momentos tiene vetas de Silvina Ocampo, en ese afán de no decir todo, de no cuestionar a los personajes, en la búsqueda de lo simple como sinónimo de calidad.

Les regalo un párrafo y recomiendo con fuerza esta colección de cuentos entrañables: “Mamá es una actriz atrapada en la vida de una esposa cualquiera y está convencida de que la miran permanentemente. Por eso está siempre impecable y no haría nunca nada que no pudiera ser tapa de revista.”

Una reina perfecta. Cuentos perfectos.

Una casa llena de gente

Una casa llena de gente  es una historia en coro, que narra la historia de una relación madre hija Charo-Leila en la vida cotidiana que se desarrolla entre citas muy atractivas, muchos libros, un ambiente intelectual que choca con vecinos opulentos o perdidos, y entrelaza a Musil con Sting, a Vila-Matas con Perec y a una Granny intolerante que pretende de su hija lo que no es ni desea ser.

Charo, que es dramaturga en su adultez, recibe de su padre el legado de Leila, escritora frustrada, que usa su pasión literaria para escribir su voz en esta historia, una voz que acabó en el sótano hasta su muerte, empaquetada en cartón. Los diarios, cartas, fotografías y películas que deja su madre le abren la puerta al alma de esa mujer que la marcó pero que recién ahora podrá conocer.

Es interesante como Sández utiliza los testimonios alternado los personajes de la historia, como si nuestras vidas y las de los Almeida y su familia y vecinos fuese una crónica. Termina siendo una sutil metáfora de la casa, la vida, la muerte, el amor, la familia, las infidelidades, pero por sobre todo la novela honra a esa madre, y con ella a la literatura.

Una casa llena de gente «crece y avanza, a veces silenciosamente en las voces de los personajes, en las cartas de Leila a Charo, que nos devuelve el pasado rompiendo el orden temporal; y cierto grado de tensión que trae a la novela algo más que cuestiones afectivas, para volverse, sobre el final, una historia que nos atrapa, con suspenso incluido en lo que de verdad pasa entre las paredes mal construidas de un edificio que por momentos se vuelve de papel.

La relación madre y su hija, primero con Leila y Charo, y luego con Leila y su propia madre “la Granny” se lleva la parte más interesante de la novela, pero también es clara la tensión entre las familias del llamado “sandcastle”, muy particularmente entre y los Vilendi, destaco la voz de Gloria, bien lograda y construida como personaje en todos los aspectos.

Mariana Sández (Buenos Aires, 1973) es también autora de Algunas familias normales, pero hoy recomiendo Una casa llena de gente” (Impedimenta), que nos va a hacer presenciar cómo una hija adulta, pone a prueba su memoria perceptiva infantil para pararse sobre la herencia de una mujer, su madre, que fue más importante de lo que ella y su hija misma pensaban. De a poco, la novela, sin estridencia, nos va tomando como lectores para resolvernos las dudas en las treinta páginas finales, que hacen las veces de justificación y sostén de tantas voces, tantos recuerdos y de una historia mínima, que al fin de cuentas, es universal.

La presa

La presa, una de las mejores novelas de Kenzaburo Oé, logra amalgamar el realismo crudo y olorosos de los ambientes del autor, con lo simbólico y las capas poéticas de la historia, la humanidad expuesta que propone sin eufemismos, está tan bien plasmada que lo perverso, la edad de transición, donde perdemos la mirada inocente y la ridícula conducta adulta descuidando la infancia hacen daño. Porque Oé tiene una magnífica prosa que nos hace estrellarnos como ese avión en la guerra del Pacífico. Nos volvemos primates, niños, negros de su mano y nos suelta de golpe para que caigamos en cuenta. La adoración de los niños por el soldado negro, no exenta de crueldad, lo vuelve totem, ídolo, animal dios.

Esta obra de pocas páginas, habla de la Segunda Guerra Mundial, cuando un avión americano se estrella en un pueblo rural en Japón. Es una zona sin tiempo, aislada por las lluvias, y al soldado lo encierran en un sótano que pasa a ser sitio de juego, de miedos, y a la vez de aprendizaje. Kenzaburo Oé (Oshe, 1935) es una de las voces imperdibles de Japón y Premio Nobel de Literatura 1994, que se le otorgó con la siguiernte argumentación: «la fuerza poética con que ha creado un mundo imaginario, donde la vida y el mito se condensan en una imagen estremecedora de la situación del hombre en el mundo contemporáneo». Deberíamos leer toda su obra, para aprender de la belleza de sus textos, de la disciplina especial de sus construcciones y de la solvencia con la que escribe.

La presa es un claroscuro entre lo rural y lo urbano, en el que la naturaleza sobresale poéticamente y a la vida cotidiana de un pueblo que a pesar de su aislamiento cumple con honrar cada jornada. La distancia que crea entre los dos mundos, el adulto y el infantil, vuelve brusco el paso de uno de los niños de un mundo a otro, producto de la experiencia que vive con el soldado negro, simiente del cambio y de otros probables y no descriptos. La guerra envejece, sin dudas, y Oé lo describe en forma impecable.

El autor plantea un juego de emociones, la excitación, el miedo, el recelo y la confianza que mata la niñez. Todo contado en forma virtuosa, con imágenes sutiles, con la prosa justa, sin tomar posición ni reflexionar, narrando.

La presa  es una novela corta, que cuenta una anécdota para hablar de la vida, de la muerte, de la discriminación y de los sueños, una gran obra, que espero lean muchos escritores, porque es modelo a seguir. Recomiendo la novela, y descarto el interminable y explicativo prólogo.

La tierra hundida ya vuelve a levantarse

La tierra hundida ya vuelve a levantarse, del escritor inglés M. John Harrison (Rugby, 1945) y traducida con la eficacia de Cohen, no es una obra sencilla para ubicar en un género. Pensamos en ciencia ficción pero no lo es, a pesar de sus premoniciones futuras, y además no es de este género porque no cumple con lo que se espera. Es mucho, muchísimo más, porque la historia la vemos según la mirada humana de sus dos personajes principales, Shaw y Victoria.

Shaw se recupera de una crisis nerviosa. Se muda a una pensión, consigue un trabajo en una cocina montada en un barco en ruinas y conoce íntimamente a Victoria, una mujer se presenta como a alguien que vio su primer muerto a los catorce años. Shaw tiene una vida. O algo así, pero su trabajo lo involucrará en una teoría extraña que, en las noches junto al río, parece cada vez más real. Uno de los primeros encargos de su jefe es asistir al juicio público de un hombre que afirma haber visto extrañas criaturas acuáticas en el inodoro de su baño. Victoria, en cambio, abandona Londres y se va a vivir a un pueblo. Quiere renovar la casa que heredó de su madre, vivir en la naturaleza, hacer amigos. Pero el día a día del poblado la atormenta,: qué le ocurrió a su madre? Cómo puede ser que su nueva amiga desaparezca delante de su vista en un estanque de agua? Por qué los vecinos parecen actuar extraños? Shaw y Victoria acumulan. El estado mental de ellos, define la historia, sus manías, sus depresiones, sus manipulaciones incluso, esas psiquis privadas que pueden como un gran tsunami a dúo desarticular cualquier teoría que en la lectura nos vayamos construyendo. Y hablo de tsunami porque el agua sube, nos hunde, nos trae nuevos seres y nos ahoga durante toda la novela, el desastre no puede evitarse, y más leemos, más enigmático se vuelve todo, no hay soluciones, no hay respuestas. Con los vaivenes mentales de los protagonistas, incluso los secundarios, se va escapando el planeta, insalvable, recurrentemente asediado por el agua, como nos enumera Harrison sin escrúpulos, una y otra vez. Y no solo los protagonistas nos lo dicen, el narrador en tercera persona nos plantea un “desteñido paisaje psíquico” y nos muestra con claridad brutal como Shaw o Victoria se sienten y se ven ante esas escenas irracionales a las que a veces tildan de pesadillas. La inundación va a ocurrir, Noé no aparece, los dioses ya nos abandonaron, los supuestos monstruos acuáticos, los peces, las algas, las peceras, las cascadas, todo nos hace tragar agua, de la manera más dolorosa, lo inefable está presente porque no hay respuestas.

La tierra hundida ya vuelve a levantarse, celebrada unánimemente por la crítica, ganó el premio Goldsmith a la ficción innovadora y significó la consagración definitiva de M. John Harrison, maestro indiscutido del fantástico y lo inquietante

La tierra hundida… no logra el cometido, no se alza, la humanidad cae en quimeras, los ríos se alzan, las casas se humedecen y derrumban, las personas pueden desaparecer en charcos -tal vez como siempre- y Londres se vuelve fango, los pueblos también, la destrucción es inherente a la depresión poscapitalista que nos subyuga, y cada vez la incomunicación se vuelve la realidad más concreta, las relaciones no se dan, los encuentros virtuales se cortan, los mails no llegan, las palabras nos mienten. Todo es desasosiego, desesperanza, el título tiene una cita de C. Kingsley: “ya vuelve a levantarse” que viene a confirmar el final, uno no narrado, tal vez temiendo construir una realidad que se viene, no importa que hagamos.  La tierra hundida ya vuelve a levantarse, nos deja como testigos a todos nosotros. Testigos de lo inevitable.

Las tierras arrasadas

Novela ganadora del IX Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska.

Esta novela trata el drama de la migración con la fiereza y la hermosura del tránsito, en un lugar en donde la miseria humana se vuelve espacio y especie y en donde el amor tiene lugar a pesar de.

En la oscura selva varios reflectores apuntan a un grupo de inmigrantes, los atacan es sorprendido y atacado por otro grupo de hombres y mujeres, esclavos de sus historias.Una road novel que atraviesa una nación donde las personas son moneda de cambio, la violencia es el hogar de la historia humana y nada parece que pueda cambiar, en ese sitio Emiliano Monge brilla.

Lo peor de nuestro siglo, hehco novela, las bajezas terribles y el desasociego sin embargo, no puede con el amor: ek de Estela y Epitafio, jefes de la banda de secuestradores, terribles, despiadados y amorosos por igual. El estilo concluyente de Monge, de nivel superlativo nos atrapa en esta historia que documenta y ficciona, para crear una trama impresionante. Las voces inmigrantes van gesgranándose, los protagonistas también, nadie gana, nadie puede ser libre en ese horror.

Las tierras arrasadas habla de la violencia, de la decadente condición mercante de las personas, de la muerte como redención y de la esperanza incluída en el holocausto constante de estas vidas perdidas.  Nadal Suau en El Cultural, define con perfección la novela“en Las tierras arrasadas se nos explica la historia de una pareja de enamorados que viven al margen de la ley, capturando a hombres y mujeres que huyen de la historia de sus países miserables y topan con hombres y mujeres como ellos, Epitafio y Estela, dispuestos a despojarlos de identidad, humanidad o futuro. Sobre los protagonistas se teje una traición de tragedia clásica o shakespeariana, con sus epítetos épicos y su final terrible y metafórico; a su alrededor, la corrupción del país envuelve a las autoridades, el ejército y los parias desesperados por igual; bajo sus botas, sigue asfixiándose una corriente infinita de nuevos esclavos sacrificados en nombre de una esperanza falsa”.

Monge es tan personal como Bolaño y ese estilo indiscutible del autor es lo que erige la novela, sin desmerecer la trama, es un placer leer tanta maestría, tanto detalle y una prosa que no puede ser mejor, la hermosura en el espanto, eso logra Monge con su modo de escribir. Dice Ernesto Ayala-Dip en Babelia, Monge actúa con “la voluntad de hacer de la novela sobre la violencia en su país, un ejercicio no solo de denuncia y testimonio (que también), sino sobre todo de subversión de la lengua, como si la escritura tradicional ya no sirviera para representar las nuevas formas de violencia humana (… ) la forma y la escritura que mejor cree Monge que encaja con ese material humano inefable consiste en quebrantar el bello estilo y reemplazarlo por un discurso narrativo contaminado de slang, de feroz cinismo y de esa metódica inhumanidad, que el lenguaje coloquial absorbe, y que se va extendiendo por el mundo, llámese narco, yihadismo o terrorismo de estado”.

Pero además el autor usa citas de la Divina Comedia, que se intercalan en cursiva como un respiro que al final, termina siendo ahogo. Porque la novela denuncia, las migraciones mafiosas, la trata, el desquicio político social, el autor nos interpela y concluímos su obra con la ira en la lengua, capaces de volvernos Epitafios o Estelas, solamente para creer que el amor existe.

Es inmensa. Gran autor.

Un Amor

“Fuera el silencio no es como esperaba. De hecho, no es silencio. Hay un rumor lejano, como de carretera… También se oyen grillos, ladridos, el claxon de algún coche, los gritos de un vecino arreando el ganado, ya de recogida”

Sara Mesa (Madrid, 1976) es una autora relevante en la literatura española contemporánea. Su obra, profunda, comprometida, de una exigencia a veces brutal viene rompiendo cánones. Si bien nació en Madrid, pero su familia se trasladó en su infancia a Sevilla, donde se crió,y vive hasta hoy. Estudió Periodismo y Filología hispánica. Siembre fue lectora pero escribe desde los treinta.

En esta novela ultra galardonada, Nat, la protagonista, escapa de la ciudad y de sí. Busca tranquilidad para una traducción en la que trabaja. Pero la paz no llega, y queda enroscada en situaciones incómodas e inquietantes que lastiman su frágil equilibrio emocional. Se deja llevar por el miedo al casero, juzga y es juzgada por sus vecinos; excepto Peter, un personaje que no es tal, construido con maestría en su ambigüedad.

El alemán, un vecino duro y enquistado es con quien se relaciona de una forma atractiva para el lector, aunque llena de vertientes obsesivas para la protagonista. Nat es habitada por cada vecino, es espejo de ellos, y en el caso de Andreas, el alemán, incluso es vulnerada. Es que aún viniendo de un mundo de independencia y cultura, ella se precipita en conductas básicas, rusticas, machistas y hasta promiscuas con tal de pertenecer.

La casa es un protagonista más de la novela, por ella y en ella se juegan miedos, renuncias, secretos y también aparece la inocencia pendenciera de Nat respecto al pueblo, representada en los objetos, las plantas, los movimientos. Cada párrafo dedicado a esa casa nos habla de ella y su vida, de ella y su interior complejo.

Ella es extraña entre extraños, elije a un perro que también se le impone, no logra comprender, no encaja, ¿encajaba antes? ¿en ese mundo ordenado y citadino del que huyó ante el primer error? Tal vez Nat nos representa porque es universal, contradictoria, humana, voluble, neurótica e infeliz como nosotros. Su sumisión también engendra violencia en el lector, lo emociona, lo interpela, y lleva a la trama de tal forma que a veces nos sentimos Nat, nos preguntemos que hacer, como vivir, donde está lo buscado, cómo seguir.

Sara Mesa nos propone una lectura ágil y reflexiva, con un dejo de Lispector en su prosa. Sugiero una lectura intensa y aplicada, para esta novela exquisita, llena de nuevos encuentros y giros que la autora logra en su voz y que la vuelven única.

Panza de Burro

 Panza de burro tiene la frescura de su título, promete y cumple con una voz joven, nueva, llena de frescura que construye un texto a partir de la prosa sin miedo de la autora. Un aplauso a Andrea Abreu por permitirse creer en su texto y a la editorial por la apuesta. Es una novela breve, alegre, oral y sin encasillamientos. No puede definirse entre los cánones tradicionales y eso la transforma en asombrosa.

La mirada concreta de la autora sobre lo local, vuelve a esta novela un proyecto interesante, ese modo de decir como en el barrio, el aroma a resto que crea, los modos, el ambiente, nos lleva a sentirnos partes de esas pre adolescencias complicadas y sin respiro. Panza de burro es la primera novela de Abreu, y vuelve a esta autora una promesa, el riesgo es claro, veremos si la novela es tan única por ser primera o si nos trae aparejadas más novelas como ésta.

Estas chicas canarias nos hablan directo, y ese es el mayor logro de la obra, la oralidad local con la que construye a los personaje, una apuesta al lenguaje como viene, sin puntuaciones ni ortografía, sin temor. Las jovencitas viven soñando la playa, dentro de una isla, eso ya ambienta un mundo de inequidades, que las envuelve a diario con injusticias y malos olores. El mar, con toda su simbología es la zanahoria de estas vidas, que transcurren entre pares y perros sarnosos.

Andrea Abreu pega dos veces, con la brevedad y la claridad de su novela. Con el lenguaje infantil de Isora y la protagonista, con las abuelas abusivas y los juegos sexuales de niñas que se vuelven sueños entre dedos y pepes.

Les queda la vida por aprender, pero nos enseñan en cada página, una el deseo de la otra, los fisquitos, los besos y los desprecios en la búsqueda de conocimiento, nos van atando a estas chicas, hasta no querer dejarlas ir.

Los padres están pero no, hablan pero no, porque no las crían, ni las reprenden, no se hacen cargo, existen en su invisibilidad.

Panza de burro, es una historia sencilla y profunda que además tiene una forma 2.0, que rompe las reglas de la gramática para brillar. Es una novela hermosa, que nos lleva de la nariz y nos hace pensar que se puede escribir diferente, sin prejuicios para contar lo cotidiano.

Les dejo un párrafo para que se mareen y no puedan dejar de comprarla.

suspiró de nuevo y se sacó las bragas (…) Y se dio media vuelta y se fue caminando por la calle pabajo. Y yo la observé descender en sisá, con esa especie de cojera que le daba rascarse el culo cada tres pasos. Ya a la altura del cruce se dio la vuelta, despacio, se dio la vuelta despacio como un hombre viejo con bastón y gorra de la ferrería Los Dos Caminos. Shit, acompáñame hasta cas Melva, por fa, que yo siempre te acompaño”, hasta el fondo de sus formas de ser, “alimentarse de una misma hasta darse la vuelta como un calcetín hasta desaparecerse hasta que los dientes de una misma se comiesen a una misma empezando desde dentro después botar los intestinos pa fuera pol culo como una cabra con la matriz desprendida y hacerse un collar de burgados con los intestinos y pensar en regalarle el collar a isora pensar en regalarle el juguito de las jieles a isora que es lo último que le queda a una cuando ya no le queda nada”.