La tierra hundida ya vuelve a levantarse

La tierra hundida ya vuelve a levantarse, del escritor inglés M. John Harrison (Rugby, 1945) y traducida con la eficacia de Cohen, no es una obra sencilla para ubicar en un género. Pensamos en ciencia ficción pero no lo es, a pesar de sus premoniciones futuras, y además no es de este género porque no cumple con lo que se espera. Es mucho, muchísimo más, porque la historia la vemos según la mirada humana de sus dos personajes principales, Shaw y Victoria.

Shaw se recupera de una crisis nerviosa. Se muda a una pensión, consigue un trabajo en una cocina montada en un barco en ruinas y conoce íntimamente a Victoria, una mujer se presenta como a alguien que vio su primer muerto a los catorce años. Shaw tiene una vida. O algo así, pero su trabajo lo involucrará en una teoría extraña que, en las noches junto al río, parece cada vez más real. Uno de los primeros encargos de su jefe es asistir al juicio público de un hombre que afirma haber visto extrañas criaturas acuáticas en el inodoro de su baño. Victoria, en cambio, abandona Londres y se va a vivir a un pueblo. Quiere renovar la casa que heredó de su madre, vivir en la naturaleza, hacer amigos. Pero el día a día del poblado la atormenta,: qué le ocurrió a su madre? Cómo puede ser que su nueva amiga desaparezca delante de su vista en un estanque de agua? Por qué los vecinos parecen actuar extraños? Shaw y Victoria acumulan. El estado mental de ellos, define la historia, sus manías, sus depresiones, sus manipulaciones incluso, esas psiquis privadas que pueden como un gran tsunami a dúo desarticular cualquier teoría que en la lectura nos vayamos construyendo. Y hablo de tsunami porque el agua sube, nos hunde, nos trae nuevos seres y nos ahoga durante toda la novela, el desastre no puede evitarse, y más leemos, más enigmático se vuelve todo, no hay soluciones, no hay respuestas. Con los vaivenes mentales de los protagonistas, incluso los secundarios, se va escapando el planeta, insalvable, recurrentemente asediado por el agua, como nos enumera Harrison sin escrúpulos, una y otra vez. Y no solo los protagonistas nos lo dicen, el narrador en tercera persona nos plantea un “desteñido paisaje psíquico” y nos muestra con claridad brutal como Shaw o Victoria se sienten y se ven ante esas escenas irracionales a las que a veces tildan de pesadillas. La inundación va a ocurrir, Noé no aparece, los dioses ya nos abandonaron, los supuestos monstruos acuáticos, los peces, las algas, las peceras, las cascadas, todo nos hace tragar agua, de la manera más dolorosa, lo inefable está presente porque no hay respuestas.

La tierra hundida ya vuelve a levantarse, celebrada unánimemente por la crítica, ganó el premio Goldsmith a la ficción innovadora y significó la consagración definitiva de M. John Harrison, maestro indiscutido del fantástico y lo inquietante

La tierra hundida… no logra el cometido, no se alza, la humanidad cae en quimeras, los ríos se alzan, las casas se humedecen y derrumban, las personas pueden desaparecer en charcos -tal vez como siempre- y Londres se vuelve fango, los pueblos también, la destrucción es inherente a la depresión poscapitalista que nos subyuga, y cada vez la incomunicación se vuelve la realidad más concreta, las relaciones no se dan, los encuentros virtuales se cortan, los mails no llegan, las palabras nos mienten. Todo es desasosiego, desesperanza, el título tiene una cita de C. Kingsley: “ya vuelve a levantarse” que viene a confirmar el final, uno no narrado, tal vez temiendo construir una realidad que se viene, no importa que hagamos.  La tierra hundida ya vuelve a levantarse, nos deja como testigos a todos nosotros. Testigos de lo inevitable.

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