Tierra Fresca de su tumba

“¿Era caliente el líquido viscoso que te dejaron ahí? (…) ¿Era un líquido como la clara de un huevo?”

Giovanna Rivero

¡Qué maravilloso libro!

Reseñar estos cuentos fantásticos, oscuros, terrosos y llenos de profundos encuentros de locura y naturaleza, raíces y miedos ancestrales, niñas y mujeres que exploran los bordes con una riqueza poética sublime, estepas, osos, buitres, ojos, manos, labios, frotaciones, sexo y dolor, familia y secretos, estupendas alucinaciones donde la etnia y el desgarro son lluvia constante, que a medida que leemos nos embebe en frustraciones, pasiones, arraigos, silencios extremos, enfermedad es un reto deseado. Rivero hace semejantes paisajes sociales con la maestría que caracteriza a esta boliviana, y nos enseña que está bien trasgredir cánones si lo hacemos con buena literatura.

Su estilo no puede definirse, en sus páginas sobrevuelan Rulfo, Quiroga y lo mejor de Lovecraft sin pudor. Qué alegría produce que esta escritora voluptuosa y creativa sea latinoamericana.

Giovanna Rivero se aventura con pastores y súbditos pecadores, la hipocresía está presente y sin dejar de mirar el entorno, porque lo colonial está y es clara la postura y la crítica, pero ella se zambulle en esas historias personales que abarcan la humanidad. Los locos, los desahuciados, los parias y los niños tienen voces temibles, roza lo gótico sin elegirlo, porque no hay encasillamiento en su poética alucinada, es a pesar de nosotros, de nuestras etiquetas, de nuestros ascos y de nuestro espantoso pudor.

Tierra fresca de su tumba es literatura, y de la buena. De esa que no queremos dejar de leer. Todos sus cuentos son muy buenos, si debo elegir uno, Socorro es, a mi juicio, el más logrado, tanto dolor y tanta ausencia en esos secretos prohibidos, esos gritos en pechos inflamados, habitados por lo no dicho. Truculento, con tantas capas que nos cuesta creer, el relato nos deja exhaustos y conmovidos.

Hermano ciervo también es impresionante, su estela que une puntos de américa que parecen extremos, y que sin embargo padecen iguales. Los seis cuentos valen la pena, no importa si van a lo weird o al slipstream, si son góticos o fantásticos. Son buenos.

Corran a comprarlo, pídanlo prestado o róbenlo por un día, pero no dejen de leerlo.

EL VIENTO QUE ARRASA

“El miedo seguía ahí como una comadreja adentro de su cueva, podía ver los ojitos brillosos en la oscuridad.”

Selva Almada

El viento que arrasa es una novela que convierte los silencios en prosa, la escritora Selva Almada (1973), propone en esta obra breve, un ejercicio contra la indiferencia. El vacío se vuelve más que hueco, y así son los personajes que nos trae, estos cuatro cuerpos llenos de desdicha. La trama, un accidente casual y un mecánico en medio de la nada, reúne las almas en ese paraje. No desean hallarse, lo fortuido o lo divino, los dejan allí, enredados en las circunstancias que marcarán un nuevo orden para ellos.

Almada pone el ojo ficcional en las oposiciones para crear un mundo narrativo con su prosa. Y nos va arrasando con cada uno de estos seres solos que ahora se reflejan en otros: Tapioca y Leni, apenas creciendo, el Reverendo Pearson y el Grinco Brauer, padres a la fuerza, las madres, que están a pesar de la ausencia y se respiran, adquieren un peso extraño, son éter y voz en off.

Selva Almada nos cuenta momentos con una poética austera y sin atajos, son distintos, son puntuales. Escenas en el taller, en otro mundo afuera de ese, y el mágico momento de la lluvia redentora. La fé pulula en el paisaje, en los animales, juega con los tiempos pretéritos y viene al ahora para decirnos que tal vez no existe. No son casuales los golpes sobre el final, esos hombres están en puja contra lo natural y lo celestial.

Los hijos, Tapioca y Leni viven sin madres, las santifican, pero esa falta los talla en forma diferente. Leni acepta lo suyo, se amolda, aprendió a convivir con el Reverendo y sus bemoles. Tapioca, por su parte, agradece que lo recogiera Brauer pero necesita más, quiere irse. Tal vez busca a su madre en ese afuera del taller perdido en que lo dejó, y la urgencia religiosa de Pearson le viene desde el cielo como excusa. Leni juega a quedarse, florea la posibilidad pero no es su voluntad, Tapioca parte. Ella se consuela, él se atreve, una de las oposicones en la novela. Se oponen la resignación de ella frente a la osadía de él.

El mecánico asume a Tapioca y lo educa como hijo. No cuestiona a la madre. Se hace cargo de él aún ante la duda. Simple y abierto. El Reverendo, por su parte, vuelve a Leni su reflejo, la pretende moldear a imagen y semejanza . Pero conoce a Tapioca, lo quiere llevar más allá del otro padre, más allá del mismo Tapioca, este supuesto hombre de fé dejó de ser empático y se volvió autoritario, quiere posesiones. El mecánico, más básico y sincero asume su suerte. Dos hombres, dos mundos. Un fanático religioso, hipócrita, miente y se vuelve viudo para dar lástima; Pearson, un pastor indigno que propina sermones interminables pero es incapaz de un diálogo intra familiar. El grindo rudo, no tiene matices. Todo su creer está en la naturaleza, ahí ve a su Dios y lo comparte con su hijo. Las madres son el silencio, de ambas se ven dos escenas y se sabe poco, una deja a su hijo, la otra es echada.

El viento que arrasa  transcurre en el taller y lo que está fuera de él; Brauer vive aislado. La autora deja claro el concepto de exclusión de uno y otro espacio. El taller es el basurero de las cosas que usaron en ese afuera que es incógnita, y que aterra y regocija a la vez. Está en el campo, pero falta aire, como si fuera la memoria de la vida que otros perdieron..

“El paisaje era desolador. Cada tanto un árbol negro y torcido, de follaje irregular, sobre el que se posaba algún pájaro que parecía embalsamado de tan quieto.”

Pesa el aire, pesa y duele hasta la tormenta. La lluvia obliga a los personajes a unirse por refugio, entran, interaccionan, todo se vuelve sombra, encierro y vicio. Los padres dejan de ser solo eso, el Reverendo y el mecánico se miden, y llueve, cae agua del cielo, que no es detalle menor, naturaleza y creencia se manifiestan. El Gringo Brauer, vuelve a quedar solo.

Para contar esta historia, Almada utiliza al mundo animal y llena las páginas de comparaciones, metáforas e idas y vueltas entre hombres y animales, lo hace de maravillas. Nos sitúa y nos afecta su decir. Utiliza un narrador omnisciente, en tercera persona. Pero cada uno de los cuatro personajes tiene una voz propia, pensada, elaborada con paciencia constructiva. Su lenguaje claro, permite identificarlos. Selva Almada se vuelve poética sobre el final, para hacernos oler su historia a través de un perro y todo el tiempo va dejando huella porque es muy eficaz en la construcción de momentos narrativos claves.

Una muy buena novela, gran novela, diría. Para cerrar dejo a la autora con su propio texto:

“Por alguna razón no seguí mirando por encima del nudo si no que volví a los hombros, relajados, los brazos laxos, los puños de la camisa, con sus gemelos de brillantes, cayendo sobre las manos venosas.”

No se la pierdan.

Antes de que se enfríe el café

«A través de sus cuatro personajes principales, Kawaguchi demuestra una profunda comprensión de las relaciones y del amor.»
The Straits Times

Toshikazu Kawaguchi nació en Osaka, Japón, en 1971. Ha sido productor, director y escritor para el grupo de teatro Sonic Snail. Como guionista, sus trabajos más importantes incluyen COUPLESunset Song y Family Time.

Antes de que se enfríe el café, su primera novela , está basada en la obra teatral homónima que ganó el en el festival de drama de Suginami y tiene su propia adaptación en el cine de su país, con secuela incluida. Se han vendido más de un millón de ejemplares del libro en Japón y está ganando el favor de legiones de lectores europeos, en especial en Italia.

Esta novela que trata sobre el amor, el tiempo que perdemos por miedos y las oportunidades que esperamos, basa toda su existencia en la premisa de que una mesa, un café a tiempo y la decision correcta bastarían para encontrar la felicidad.

Corre el rumor de la existencia de una pequeña cafetería en Tokio que merece la pena no solo por su café, sino porque, si esperás el tiempo adecuado y sabés donde sentarte, podés regresar al pasado. Sí. Al pasado, pero lo fantástico, fantasma incluído, tiene sus bemoles, hay muchad reglas que cumplir para ese viaje en el tiempo, deberás permanecer en la cafetería y solo estarás en el pasado mientras dure caliente el café. Por otro lado, nada de lo que digas cambiará el presente.

Son cuatro historias, de cuatro personas que nos va mostrando juntas y con punto y aparte este autor, las que se animan a volver en el tiempo por razones variadas.

Antes de que se enfríe el café se vuelve atemporal y habla de amor, de oportunidades perdidas y la esperanza. El presente no cambia, pero tal vez cambien los personajes que atraviesan el tiempo y tengan un mejor futuro.

Como siempre en los autores asiáticos, hay un tiempo diferente en el relato, la paciencia en la construición, las digresiones, el empleo de lo contado como recurso elegido sobre la narración nos pone en otro clima, la cafetería Finikuri Funikura es para mí el logro de la novela. Los personajes me resultaron simples, efectivos pero sin capas y la obra en sí es mucho menos de lo que anuncia la crítica.

De lectura fácil, la recomendaría para una vacación en la que querramos sentir. Es una historia intimista que puede o no llegar al lector.

Los llanos

“Atarse a algo. A una huerta, un bosque, una planta, una palabra. Atarse a algo que tenga raíz, anudarse para no perderse en el viento que sopla sobre la pampa y llama

Spoileo el final de esta novela de Federico Falco y podría anunciarla como las editoriales. algo asi: Finalista del 38.º Premio Herralde de Novela .Una novela sutil que aborda el duelo de una ruptura. Un libro sobre el tiempo que pasa y sobre el llano en el que habita un hombre que cultiva una huerta y mira y recuerda y escribe.

Sin embargo es una novela muy prolija, bien escrita, con imágenes poderosas, hasta poética que para mí, esta reseña es personal, ya fue escrita muchas veces. El viaje introspectivo ya lo hizo Alejo Carpentier, las elogiosas virtudes de la pampa tiene millones de escritores de todos los tiempos que las han descripto y las rupturas y duelos, los amores y los tiempos, los otoños, inviernos o primaveras que deben transcurrir para que el dolor cese, forman parte de la mayoría de las buenas novelas.

Me gusta como escribe Federico Falco, sin dudas, tiene sutileza y lleva el tiempo interno al paso justo. No voy a desaconsejar su lectura, solo pretendo bajar la expectativa. No se por qué a veces se supone que todo lo que alguno premia debe fascinarnos. Esta muy bien que solo nos guste, que la podamos leer, comentar, analizar, disfrutar incluso, sin decir es lo mejor que leí. No lo es. Y no es lo mejor que leí sobre los llanos, ni sobre la búsqueda interior.

Dicho esto, encontré belleza en la novela, como la cita del final, es extensa, tal vez lo cotidiano repetido tantas veces más que tiempo se vuelve peso. Pero miren que lindo escribe Falco:

«En la ciudad se pierde la noción de las horas del día, del paso del tiempo. En el campo es imposible»

“¿Por qué nos enamoramos de alguien? ¿Cuáles serán, cómo se llamarán, esas teclas ocultas, esas zonas secretas e inaccesibles para nosotros mismos, los receptores que se iluminan cuando alguien nos gusta?” (…) ¿Y con cuánto pesar nos despedimos de ellos, o con cuánta insistencia sostenemos, lo intentamos, le damos otra chance, porque nuestra cabeza dice que es la persona apropiada, pero no: los días se vuelven solo un carretear pesado que no logra levantar vuelo y no pasa nada.”

“Un cuerpo apenado, ¿cómo se escribe?

Algo que me encantó de los Llanos es el rescate de la historia familiar, de la memoria, en la búsqueda de ser quien uno es. Esa trascendencia que no puede pasar solo por el ahora está presente.

Una buena novela. Un buen autor.

Cometierra

«La golpiza le comió un montón de energía y en la pantalla apareció FINISH HIM! Raidem se tambaleaba en el medio de la escena y pude terminar de matarlo»

Dolores Reyes

Tardé en leerla, me resistí como la protagonista hizo con algunas de las botellas de tierra que le dejaban por su don. Es que hay algo empalagoso en la literatura argentina escrita por nosotras, las mujeres en el siglo XXI, parece que contamos una y otra vez lo mismo, que mostramos una y otra vez las mismas historias con nombres y pueblos cambiados. La pobreza, la villa, las mujeres maltratadas o asesinadas, y otra vez lo negro como telón de fondo de tramas similares. Por todo eso me resistí. La creí marquetinera, para vender a los de siempre. Y tardé todo lo que pude en tomarla de mi biblioteca. Más de lo que esperaba.

Mi mano asió el libro, me senté en el pasto como china, comencé a leer y esta joven escritora me hizo entrar en su mundo. En esos hermanos sufrientes, en la barbarie del alcohol, y en la tragedia de una niña hincada sobre la tumba de su madre que descubre al ponerse la tierra en su boca quién la mató.

De ahí en más hasta que terminé la lectura, la novela me transportó.

La historia transita por momentos gloriosos y otros que dieron la razón a mis dudas. Al ser breve, la repetición es nimia en comparación con los aciertos: la seriedad de la autora, que escribe muy bien, austera, sin perder poesía, jugando con lo mágico, sin ser calificable dentro del realismo mágico, con interesantes personajes muertos como Ana, educadora, valen la pena, aunque posee algunos golpes bajos que no suman.

Todo lo anterior es lo que fui sintiendo, Cometierra es un camino sinuoso , una vorágine de barro contenido en páginas escritas con calidad que deja con ganas de seguir leyendo a la autora, en especial sabiendo que es su primer novela.

Bien por Dolores Reyes, le ganó a mis prejuicios.

La prosa alucinada de la autora, es lo que me enamoró de esta novela, esos momentos donde la fiebre del pasado se apodera del personaje para volverlo universal.

Cometierra trata sobre una mujer que es discriminada y discrimina, casi sin darse cuenta, a otras mujeres que encuentra en la vida dura que la Argentina actual le depara, a ella y a muchos.

Interesante, llena de humus literario.

Donde retumba el silencio

«Donde retumba el silencio se incorpora a la sólida tradición de novelas de la intimidad, desarrolladas por escritoras como Virginia Woolf o Natalia Ginzburg.»
Clara Obligado

La novela ganadora del Premio Clarín no corta el aire del lector, tampoco recurre a grandilocuencias. Está escrita desde algún rincón del alma y por eso nos conmueve. Cuenta, además, con una prosa prolija y cuidada, que permite que la transitemos con fluidez.

Agustina Caride, su autora, estudió Letras, fue crítica literaria y colaboró en distintas revistas. Trabajó en editoriales; coordinó LiterAr junto a diversas editoriales para promover la literatura argentina; organizó eventos culturales para la agencia Schavelzon. Obtuvo tres premios y beca del FNA. Actualmente es correctora; dicta talleres de escritura y lectura y coordina eventos literarios en Literatura Bazterrica –Caride. Sus libros publicados son Y sin embargo no llovióCuentos con historiaCuando ella supo quién era GoldambeckPanambí y otros cuentos con historia (fue adaptado a la lectura fácil para personas con
incapacidad lectora), Última generación, Generación cero, Testigos invisibles, No habrá sino ausencias, La chica de papel, Los sueños también flotan (ganador del concurso Soy autor y editorial Quipu) y Donde retumba el silencio, novela objeto de esta reseña, publicada por Alfaguara.

Tiene herramientas de sobra para narrar la historia, y eso se agradece. Por momentos la intimidad, por momentos la crónica histórica, pero siempre sin perder la verdadera trama que es la amistad y la vida compartida entre estas amigas ahora enfrentadas: Leo y Vira. Caride construye un mundo familiar
verosímil, con personajes que terminamos llamando por su nombre de pila a medida que leemos. Y nos encontramos preguntándonos ¿Cuándo llega María? o ¿No le avisa a Gabriela?

Los simbolismos son impecables, por eso la novela nos retumba para llegar hasta el lugar donde todos fuimos o seremos una de estas dos mujeres de ochenta, que criaron a sus hijos desde donde pudieron, como sucede en esta Argentina que nos pesa, y que desde mediados del siglo veinte, nos va dejando
solos. Una arriba y la otra abajo, no es casual. Una emprendedora y ex dueña de un campo, la otra docente, peronista y sindicalista; tampoco es fortuita la elección. Somos nosotros, los argentinos, vos y yo, los Ríver-Boca, blanco-negro, las cuestiones que ni el mundo líquido nos deja disolver para
unirnos y no perder lo querido, lo valioso. 

Y de toda esa identidad habla Donde retumba el silencio, también muestra las consecuencias del orgullo, la soberbia, de la incomprensión, la rebeldía, la admiración y resulta que tras todo ese diálogo literario que propone Caride, lo entrañable termina siendo lo que se descuelga de la historia. Con las vidas
efímeras de dos amigas longevas se desmoronan silencios, miedos, deseos, sueños, alegatos y ridículas posturas políticas que a veces sostenemos para no desarmarnos, y que nos llevan a perder afectos únicos. O los postergamos como si fuéramos eternos, hasta que lo eterno llega.

No encontré a Virginia Woolf en la novela de Agustina Caride, aunque es clara la influencia de muchos autores que una gran lectora como ella tiene; yo sentí que Leo y Vira fueron susurradas al oído de la autora por Manuel Puig, para que no nos quedemos sin estas señoras memorables de la literatura
argentina.

Buena lectura, de calidad.

Nada que Corte

“Una novela cruda en la que se manifiesta la maquinaria laboral moderna, las cuestiones pendientes y el amor líquido.”

Luis Mey

Gloria Vaccarezza nació en Buenos Aires, estudió Comunicación Social en la UBA, es redactora, creadora de contenidos y productora. Nada que corte es su primera novela. Una en la que el relato de Débora, protagonista de la historia, nos lleva, de uno al otro lado de la locura y una supuesta razón.

Hay una identificación de época clara que hace las veces de sub trama en la historia y le agrega una capa a las dos existentes: psiquiátrico y vida laboral. Este nexo temporal construye un lazo invisible en el que más de una vez en la lectura, nos preguntamos que vida es más desquiciada, donde está la mentira y dónde la verdad.

Vaccarezza nos lleva por la historia en tono casi naif, con el que relata vidas duras, desangeladas, regadas con buena música y peinados locos. Las drogas, la liquidez del mundo, la perspicacia de lo inefable y el silencio como símbolo del miedo están siempre jugando el juego de la novela y la vuelven rápida, de esas obras que podemos transcurrir a pesar del dolor.

Muy interesante primera novela de una autora que tiene qué decir y que no teme bañar de registro personal una historia que sin dudas, maneja con sutileza y rigor social.

 “La realidad era dura, pero con eso no alcanzaba: había que mostrarla de manera cruda”, dice la protagonista en sus móviles de televisión, la autora nos cumple con lo dicho. Nada que corte habla de sentimientos, trayectos, lamentos, desintegración, pánico, ansiedad y de una profunda soledad.

Sin dudas habrá más novelas de Gloria Vaccarezza

Páradais

Qué bien escribe Fernanda Melchor. Es lo primero que diré sobre esta obra que trae dejos de Carpentier en algunos pasajes. Qué pena que una autora de tal talla haya caído en lugares comunes, es lo segundo.

Y en el medio, transcurre una novela interesante con unas diez páginas finales sublimes. Con voz propia, Melchor nos trae a Polo, un joven sin deseos ni futuro posible que es casi una parodia de sí mismo, su encuentro con otro, de otra clase ( confieso que el tema clases sociales ya me resulta recurrente en las novelas contemporáneas) y que se ve envuelto en la obsesión de Franco, su amigo de mamúas y de puchos, dando origen a la tragedia, que redime a la autora de las excesivos «aquellos» con los que nombra al narcotráfico, en un intento infructuoso por dejarlo en segundo plano.

Melchor dice: «Quería mostrar lo absurdo de la violencia, lo innecesario de estas violencias que ocurren todos los días» Y lo hace, Páradais se mete en el terreno de la violencia pero también en las diferencias sociales, usando la relación entre un adolescente que vive en un barrio privado y otro que es el jardinero del lugar, ellos están en Páradais para mostrarnos como la obsesión y la alienación llaman a la crueldad, sin posibilidad de vuelta atrás. Hay personajes que podrían no existir, no tienen una gran justificación en la trama, y en las primeras cien páginas utiliza demasiados de recursos descriptivos y vulgarismos, en especial porque escribe en tercera persona. Aunque cada crítica que hago siento que la realizo sobre algo que está bien hecho. Es que Fernanda Melchor tiene más que dar, una lucidez literaria y un manejo de las palabras específico admirable.

La novela sobre el final nos maravilla, la técnica, los tiempos narrativos, la fuerza de la voz, y una estructuración sin aliento, para mostrarnos lo que sin duda viene diciendo Melchor con el resto de su obra: no hay paraísos, no los hubo ni los habrá.

Tokio Blues

Esta obra de Murakami, que lo consagró en su propia tierra, trata sobre una historia de amor, como todas las grandes novelas de la literatura. Un triángulo adolescente, que se vuelve sinfonía para enseñarnos mostrarnos como vivir los sentimientos y las pérdidas necesarias para adquirir la madurez. Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha mientras aterriza en un aeropuerto europeo una vieja canción de los Beatles, Norwegian Wood, y la música lo lleva hacia su juventud dando origen a la trama, vuela en su mente hacia el turbulento Tokio de finales de los sesenta. Toru recuerda, entre nostálgico y agobiado, a Naoko, su amor torturado por la novia de su mejor amigo de la adolescencia, Kizuki. Este amigo, tal vez el único verdadero, se suicida y pone distancia entre los jóvenes hasta la universidad. La relación platónica entre Toru y Naoko se vuelve relación íntima; pero la frágil salud mental de Naoko la lleva a internarse en un centro de reposo. Toru conoce y se enamora de Midori, una joven de acción, contrapuesta a Naoko. Toda las dudas, miedos e indecisiones de Toru lo inician en la madurez, sus reflexiones sobre la vida, la muerte, la enfermedad, el amor, el sexo, la terrible levedad de la existencia y los valores, vuelven insostenible el triángulo en el que está inmerso. Necesitan, Toru pero también las dos jóvenes, lograr el sutil equilibrio entre las esperanzas adolescentes y el imprescindible lugar en el mundo adulto que deben hallar. Murakami, con la fina línea de humor que maneja, ha logrado en Tokio blues un manual de educación sentimental único. Pero vamos a volvernos más técnicos en esta novela para dar una idea cabal de su trascendencia.

Se ubica entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Hace referencia a la música de esa época, así como a la literatura y las protestas universitarias. Se ambienta en Japón y el autor nos induce con la lectura a recorrer junto a sus protagonistas muchísimas calles y barrios de Tokio: restaurantes, bares, hoteles, rincones, tiendas, barrios y líneas del tren, paisajes. Son las ciudades y pueblos de Japón que visita Toru Watanabe durante búsqueda adolescentes. El tiempo pasado le otorga agonía y los flashbacks nos muestran, como lectores, los hechos de un pasado antiguo. La intriga la otorgan las rupturas de la linea de tiempo hacia el futuro que nos atraen irremediablemente.

Utiliza el recurso del narrador protagonista, en este caso Watanabe. Él nos relata cada momento, cada suicidio, cada hecho con una perfecta descripción de detalles, sentimientos, sensaciones y memoria dialógica que nos sitúa allí, donde todo ocurre. Watanabe lee escritores; a Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald y Raymond Chandler, lo que justifica la deliciosa narración de sus vivencias.

La novela es verosímil por donde la veamos, cargada de grises en sus líneas, melancólica. El joven está claramente triste al narrar su vida y la de sus amigos. Pero encuentra el modo, Murakami, para insertar personajes que aflojan la historia y nos permiten sonreír. El lenguaje simple facilita una lectura liviana, y nunca pierde la línea impecable de descripción, aún narrando detallados momentos íntimos. La mayoría de los personajes, redondos, logrados, son jóvenes. Murakami trabajó sus características para que sean muy diferentes entre sí. Se ve la minuciosidad y es a través de éstos personajes que nos deja un mensaje positivo pero realista sobre la vida, el amor y la muerte. Tokio Blues pone la mira en la adolescencia. Cambios y confusiones, así su trama deja en evidencia los matices del proceso de maduración emocional, física y sicológica, en una época y una sociedad determinada.

La novela irrumpe en lo cotidiano y los dolores profundos desde una intención concreta, nos habla del suicidio, la locura, la sexualidad, la lealtad, la familia, la pérdida, la soledad y el amor. La trama principal gira entorno a la relación entre Watanabe, y su amor triangular hacia Naoko y Midori. Con este conflicto como base, las subtramas, que nos muestran la vida de los adolescentes, generan capas que aparecen a lo largo de la vida en la universidad, rememoradas por un Toru Watanabe adulto.

Las cartas, una elección acorde al tiempo histórico en el que se inscribe la novela, son una excusa para amar, para pedir consejos respecto al amor y para profundizar en la salud mental de una de las mujeres que ama. Tokio Blues nos deja pensando, nos interpela, y hasta puede que salgamos heridos tras su lectura. Murakami atraviesa la historia con técnicas narrativas que hacen crecer el interés mientras avanza la trama. Las situaciones no son predecibles, sorprenden. Lo mejor de la obra son los personajes, que se atreven a cuestionar la vida, filosofan, difieren y eso los une al fino hilo de la historia. No todo tiene sentido; como en la vida. La prosa del autor es única, poética, extrañada y claramente musical. Es una novela envuelta en sensaciones, que nos van generando remolinos mientras la leemos.

No es posible quedar inmune a Murakami, al menos al de Tokio Blues. Un antes y un después.

Matadero Cinco

Matadero Cinco o La cruzada de los niños es una novela necesaria, porque constituye el reflejo prohibido de la Segunda Guerra Mundial. Mostró al siglo XX, con la fiereza que otorga la parodia, lo que la sociedad debía saber.

Vonnegut no podía concluir el libro sobre el bombardeo de Dresde con la rapidez que la editorial pedía, es que las historias de vidas masacradas por supuestos aliados, no pueden ser contadas así porque sí. El autor tuvo que recurrir a nuevos mundos para contar éste, a nuevas vidas para mostrar cuan miserable es la nuestra. La novela trata sobre Billy Pilgrim, una vida sin tiempos. Nos ubica en 1944, cuando Pilgrim va a la guerra como ayudante de capellán, y volamos de golpe a su madurez de óptico con una existencia rutinaria en Ilium, ciudad inventada del estado de Nueva York donde Vonnegut sitúa otras obras. Los viajes en el tiempo ponen en perspectiva concreta y cruel el horror de la guerra, que atraviesa ese mismo tiempo hasta borrarlo. Desde el inicio nos revela principio y final, y las vicisitudes que atravesó para escribir la obra sobre Dresde.

«Me disgustaría decir lo que este asqueroso librito me ha costado en dinero, malos ratos y tiempo. Cuando volví a casa después de la Segunda Guerra Mundial, hace veintitrés años, pensé que me sería fácil escribir un libro sobre la destrucción de Dresde, ya que todo lo que debía hacer era contar lo que había visto. También estaba seguro de que sería una obra maestra o de que, por lo menos, me proporcionaría mucho dinero, por tratarse de un tema de tal envergadura. Pero cuando me puse a pensar en Dresde las palabras no acudían a mi mente, al menos no en número suficiente para escribir un libro.

La gente no debe mirar hacia atrás. Ciertamente, yo no volveré a hacerlo. Ahora que he terminado mi libro de guerra, prometo que el próximo que escriba será divertido.

Porque éste será un fracaso. Y tiene que serlo a la fuerza, ya que está escrito por una estatua de sal, empieza así:

Oíd:

Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo…

y termina así:

¿Pío-pío-pi?”

 Matadero Cinco no es sino dentro del tiempo histórico que cuenta. El bombardeo de Dresde abre la puerta a la posmodernidad. Por eso es posible esta historia sobre un hombre que raptan unos extraterrestres del planeta Trafalmadore y que cuenta los pormenores terribles de la Guerra. Un tema fundamental es el tiempo trafalmadoriano, un tiempo no lineal. Uno que va y viene, salta y salpica. Muy Vonnegut.

Billy es retenido por los habitantes de Trafalmadore para que viva sin miedo a la muerte y sin pensar en el mañana. Una vida sin suspenso. ¨Por lo que va y viene en su vida y en su ´propia muerte, y vuelve a vivir.

«–¿Dónde estoy? –preguntó Billy Pilgrim.

–Atrapado en otro bloque de ámbar, señor Pilgrim. Estamos precisamente donde debemos estar en este instante, a quinientos millones de kilómetros de la Tierra. Y nos dirigimos, por un hilo del tiempo, hacia Tralfamadore. Este viaje quizá nos lleve horas, o tal vez siglos.

–¿Cómo… he llegado hasta aquí?

–Eso, para usted, requeriría otra explicación terrenal. Los terrestres son grandes narradores; siempre están explicando por qué determinado acontecimiento ha sido estructurado de tal forma, o cómo puede alcanzarse o evitarse. Yo soy tralfamadoriano, y veo el tiempo en su totalidad de la misma forma que usted puede ver un paisaje de las Montañas Rocosas. Todo el tiempo es todo el tiempo. Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos, como he dicho anteriormente, insectos prisioneros en ámbar.«

Esta novela maravillosa, simboliza la guerra de una forma particular, inversa, única. No la expone, pero nos sensibiliza, parodiando, rediseñando la escritura y manera de narrar la verdad vivida, en un intento de volverla mucho más real sin mostrarla directamente.

Aviones americanos llenos de agujeros, de hombres heridos y de cadáveres, despegaban de espaldas en un aeródromo de Inglaterra. Al sobrevolar Francia se encontraban con aviones alemanes de combate que volaban hacia atrás, aspirando balas y trozos de metralla de algunos aviones y dotaciones. Lo mismo se repitió con algunos aviones americanos destrozados en tierra, que alzaron el vuelo hacia atrás y se unieron a la formación.

La formación volaba de espaldas hacia una ciudad alemana que era presa de las llamas. Cuando llegaron, los bombarderos abrieron sus portillones y merced a un milagroso magnetismo redujeron el fuego, concentrándolo en unos cilindros de acero que aspiraron hasta hacerlos entrar en sus entrañas. Los containers fueron almacenados con todo cuidado en hileras. Pero allí abajo, los alemanes también tenían sus propios inventos milagrosos, consistentes en largos tubos de acero que utilizaron para succionar más balas y trozos de metralla de los aviones y de sus tripulantes. Pero todavía quedaban algunos heridos americanos, y algunos de los aviones estaban en mal estado. A pesar de ello, al sobrevolar Francia aparecieron nuevos aviones alemanes que solucionaron el conflicto. Y todo el mundo estuvo de nuevo sano y salvo.

Cuando los bombarderos volvieron a sus bases, los cilindros de acero fueron sacados de sus estuches y devueltos en barcos a los Estados Unidos de América. Allí las fábricas funcionaban de día y de noche extrayendo el peligroso contenido de los recipientes. Lo conmovedor de la escena era que el trabajo lo realizaban, en su mayor parte, mujeres. Los minerales peligrosos eran enviados a especialistas que se encontraban en regiones lejanas. Su tarea consistía en enterrarlos y esconderlos bien para que así no volvieran a hacer daño a nadie.

Los pilotos americanos mudaron sus uniformes para convertirse en muchachos que asistían a las escuelas superiores. Y Hitler se transformó en niño, según dedujo Billy Pilgrim. En la película no estaba. Porque Billy extrapolaba.

Y se imaginó que todos se volvían niños, que toda la humanidad, sin excepción, conspiraba biológicamente para producir dos criaturas perfectas llamadas Adán y Eva.

No se puede menos que aplaudir semejante texto, la posmodernidad de Matadero Cinco estalla, rompe paradigmas y nos deja helados y llenos de metaliteratura. Hasta el autor interrumpe en la novela, como un llamado al lector. La ficción es perfecta para comprender lo real y Vonnegut es magistral a la hora de utilizarla. El personaje de Kilgore Trout, un escritor inventado de novelas de ciencia ficción, que vive sin penas ni glorias en la ciudad de Billy, parece ser el alter ego del autor. Un escritor con ideas de avanzada casi distópicas en esa época de la publicación de la obra, que hoy podrían ser normales. Propone una actualización del Nuevo Testamento cambiando el momento en el que Jesucristo es reconocido como el Hijo de Dios o un el diagnóstico de algunas enfermedades mentales que solo podían ser detectadas en la cuarta dimensión y no por la estructurada mente de la medicina terrestre. Matadero Cinco recurre tambien a otras obras verdaderas o no y está lleno de párrafos de un supuesto libro de un miembro ficticio del Ministerio de Propaganda nazi, Howard W. Campbell, Jr., americano traidor que vuelve a usaer Vonnegut; el discurso del Presidente Truman tras probar la bomba atómica en Hiroshima; de Delirios Populares Extraordinarios y la Locura de las Masas, de Charles Mackay ; o Dresde: arte, historia y paisaje de Mary Endel. Hasta juega con la literatura y hace que la propia novela llegue con Billy a la tv.

«–Puede representar el toque de color en una habitación de paredes blancas.

Y otro:

–Puede enseñar a las esposas de los ejecutivos novatos lo que deben comprar y cómo han de comportarse en un restaurante francés.

Finalmente, le concedieron la palabra a Billy. Y empezó, con aquella maravillosa voz que tanto había estudiado, a hablar de los platillos volantes y de Montana Wildhack, etc.«

Matadero Cinco es contracultura. Publicada en 1969 representa todo el movimiento social de los años 60 americanos. Es antibélica, pero también es una reclamo, a los gritos, aún con gritos novedosos y estrafalarios, sobre la II Guerra Mundial, contra la Guerra de Vietnam. Vonnegut lo deja claro: las guerras están mal.

«Al paso de los años, la gente que he conocido me ha preguntado muchas veces en qué trabajo, y por lo general yo he contestado que la obra más importante que tengo entre manos es un libro sobre Dresde.

Una vez le dije eso a Harrison Starr, el productor de cine, y él levantó las cejas inquiriendo:

–¿Es un libro anti-guerra?

–Sí –contesté–. Me parece que sí.

–¿Sabes lo que les digo a las personas que están escribiendo libros anti-guerra?

–No. ¿Qué les dices, Harrison Starr?

–Les digo, ¿por qué no escriben ustedes un libro anti-glaciar en lugar de eso?

Lo que quería decir es que siempre habría guerras y que serían tan difíciles de eliminar como lo son los glaciares. Desde luego, también yo lo creo.

Los trafalmadorianos, piensan en un mundo en paz alejando lo malo y basado en lo bueno, pero la obra satiriza la guerra y a los soldados de forma tal que se gano la censura del Gobierno estadounidense, fue prohibido en colegios y bibliotecas públicas, y criticada con saña.

 Matadero Cinco muestra en son de parodia una generación fundamental en el cambio social occidental. Tiene momentos brillantes, como la mirada cómica de la guerra que da de un grupo de soldados ingleses, que llevan cuatro años viviendo encerrados por los alemanes:

«Los ingleses iban limpios, estaban de buen humor y se veían decentes y fuertes. Cantaban rugiendo a pleno pulmón. Y eso que llevaban cantando juntos, cada noche, desde hacía años. También habían levantado pesos y hecho gimnasia durante aquel tiempo. (…) Además todos eran maestros del ajedrez, del juego de damas, del bridge, del dominó, de los crucigramas, del ping-pong, del billar e incluso del morse.

Se les podía contar entre la gente más sana de Europa, en términos de alimentación. Pues un error burocrático cometido a principios de la guerra, cuando todavía llegaban alimentos a los prisioneros, había sido causa de que la Cruz Roja les enviara cada mes quinientas raciones de comida en lugar de las cincuenta que les correspondían.(…) Los alemanes les adoraban, pues creían que eran exactamente lo que los ingleses tienen que ser. Sabían transformar la guerra en una cosa elegante, razonable y divertida. Por eso les dejaban ocupar cuatro cobertizos, aun cuando todos juntos cabían perfectamente en uno solo. Además, a cambio de café, chocolate o tabaco, les daban pintura, lumbre, clavos y materiales para que pudieran instalarse cómodamente.

Doce horas antes se les había comunicado que estaban en camino unos huéspedes americanos. Y como hasta entonces jamás habían tenido huéspedes, en seguida se pusieron a trabajar como perfectas amas de casa, barriendo, lavando, cocinando, horneando, haciendo colchones de paja y sacos, y colocando mesas y distribuyendo y colocando regalos festivos para sus próximos compañeros.«

Kurt Vonnegut nos lleva a pensar en el mundo que nos rodea de otra forma. Billy Pilgrim tras ser raptado por los trafalmadorianos y reconocer otra visión del tiempo cambia, establece una personalidad que contempla en calma. Sabe lo que va a pasar. decide evidenciar lo que sabe en los medios, hasta anunciar su propia muerte para otorgarle sentido a la vida. La gente es tan esquiva como lo fue él con los trafalmadorianos ante la explicación final sobre el destino universal:

(…) Si los demás planetas aún no están en peligro por causa de la Tierra, pronto lo estarán. Así pues, les ruego me digan el secreto para llevarlo a la Tierra cuando regrese y conseguir nuestra salvación. ¿Cómo puede vivir en paz un planeta?

Billy se sentía como si hubiera hecho un gran discurso. Por lo tanto quedó desconcertado al ver que los tralfamadorianos cerraban sus manecitas visuales. Sabía ya, por experiencia, lo que ello significaba: que estaba diciendo estupideces.

–¿Le importaría… le importaría decirme –le preguntó al guía desanimado– qué es lo que hay de estúpido en esto?

–Conocemos el fin del Universo –contestó el guía–, y la Tierra no tiene nada que ver con él, a excepción de que también será su fin.

–¿Cómo… cómo será el fin del Universo? –preguntó Billy.

–Lo haremos estallar experimentando un nuevo combustible para nuestros platillos volantes. Un piloto de pruebas tralfamadoriano aprieta un botón de puesta en marcha, y todo el Universo desaparece.

Y así será.

–Si lo saben ustedes –insistió Billy–, ¿no pueden evitarlo de alguna forma? ¿No pueden evitar que el piloto apriete ese botón?

–Siempre lo ha presionado y siempre lo presionará. Siempre hemos dejado que lo hiciera y siempre dejaremos que lo haga. El momento ha sido estructurado así.

 Matadero Cinco es una gran novela que interpela y entretiene, pero que deja claro que debemos temer a la guerra, siempre peleada por niños, siempre con corderos que marchan sin saber hacia que muerte van, Guerras que llevan más de 70 millones de muertos y que hoy en día parecen estar más vigentes que nunca. Y más siniestras. Vonnegut lo anunció.