Pepe Corvina

Enrique Estrázulas, nacido Montevideo en 1942, publicó seis novelas, tres libros de relatos, dos ensayos, algunos libros de poesía y una obra de teatro. Fue traducido a varios idiomas. Periodista, cronista y diplomático, apreció el viajar y lo utilizó en su obra. Un autor que sostuvo la cultura, y que fue agregado cultural en Roma, París, Buenos Aires y embajador en Cuba.

Aunque me jacto de ser un lectora abnegada llegué a Estrázulas por un compañero de la Licenciatura en Gestión Cultural, Luis Nogueira a quien le agradezco su recomendación. Un escritor al que Cortázar, Rulfo y el mismo Juan Carlos Onetti, consideraron indispensable. Su obra teatral «Borges y Perón: entrevista secreta» se estrenó en Buenos Aires. Y varias ediciones se hicieron en Cuba. La antología de cuentos «La cerrazón humana» reúne algunos textos fundamentales y el libro que nos ocupa «Pepe Corvina», es uno de sus clásicos publicado por primera vez en 1973.

Se trata de una historia alucinada, escrita en dos meses, propia de la narrativa uruguaya, esas vidas mínimas y enloquecidas que Estrázulas volcó en el mundo de la escritura. Tal vez por sus ambiguas condiciones, esta novela que no podemos definir dentro de género alguno, tiene toda la magia y la potencia para ser estandarte de la obra del autor.

La historia, instalada en las costas uruguayas, nos muestra todos los matices propios de la literatura costumbrista, se nos viene el Macondo de Gabriel García Márquez, tal vez la verdadera esencia de un Rulfo. Es que el autor de una cuestión ínfima, local, despliega toda su narración con tal potencia, en esta novela desde varios protagonistas cuentan la misma historia desde sus diversas miradas, y lo hace de modo tal que nos envuelve, y nos sentimos responsables de esa narrativa naufragada, tan responsables como los personajes que la cuentan. Pepe Corvina, el caracter, es una excusa para secuenciar situaciones y desvíos. Este pescador, castigado por el hambre, la soledad, el clima de la costa y un desgarrador desamparo, se aferra a la búsqueda del paraíso encarnado en una fragata hundida en la que yace cierta extraña pieza de cobre olvidada que tiene ese secreto, el que nos vuelve seres dignos del paraíso perdido, donde la felicidad es una posibilidad; y él sabe que el mapa lleva al lugar exacto del naufragio.

La locura, el delirio, o tal vez la demente idea de ser felices contagia a otros habitantes tan desolados como Pepe, ensimismados en una vida opaca, miserable. Un psiquiatra, tal vez testigo y loco a la vez, sostiene la utópica visión. La historia del hallazgo y de la ubicación del paraíso, atrae aun grupo variopinto denominado «Sociedad de Amigos de la Arqueología». Son tres personajes, pseudo intelectuales, que deciden avalar la historia que Pepe Corvina no logró. Las metáforas son contundentes en su simpleza, la descripción avezada del autor lo acerca a los grandes, es despojado pero a la vez tiene lo inefable de Onetti.

Enrique Estrázulas retrata la realidad, una que subyace bajo la forma de un pueblo de pescadores, en el que se sumerge a reflexionar, y lo hace con ironía, fabulando con los propios, con los suyos, esos uruguayos que amo en lo personal y a los que es difícil considerar verosímiles, cuando relatan historias como éstas. Tal vez porque no nos atrevemos a los paralelos de la imaginación.

Sin dudas, la recomiendo.

Memorias del Subsuelo

Memorias del subsuelo narra la vida insignificante de un funcionario cualquiera. Dostoievski hizo de este personaje un análisis psicosocial tal que permite entender desde las primeras páginas ante que historia nos encontramos; y, aún así nos van a ir sorprendiendo sus acciones y divagues hasta la última palabra. Dostoievski limita la caracterización del «habitante del subsuelo», no podemos adivinar como va a actuar, hasta el gran giro final de la obra.

Tomada como precursora del existencialismo; estas Memorias se devanean entre lo conceptual y lo histórico del mismo que lo hace Nietzsche respecto a la moral del amo-esclavo ; y anuncia lo que aún no se estudiaba, como la sombra de Jung o las cuestiones de la psicopatía, a quiénes considera amorales. Nos vamos cuestionando con el personaje lo dicho y lo callado. Nos deja en un éxtasis filosófico constante. A pesar de una rara estructura en dos partes: «El subsuelo», de once capítulos, se sostiene y tensiona. Un tipo de monólogo introspectivo del protagonista que se abalanza al lector, aterroriza hasta sublimar, este hombre filosofa y se contradice, nos muestra sus pensamientos que van de la arrogancia a la derrota. El personaje le habla al lector en ocasiones, dejando sin pared límite a la relación, apela de tanto en cuanto al lector y lo hace de forma más o menos explícita. En «A propósito del aguanieve», la segunda parte, diez capítulos más convencionales con diálogos, descripciones de acciones y situaciones, se somete al lector a una agilidad que equilibra el reflexivo Subsuelo inicial, a pesar de que pasar de un estilo a otro incomoda, hay organicidad entre las partes, siendo la segunda, la que nos da claridad sobre los temas que la obra trata.

Memorias del subsuelo no deja dudas, su protagonista, el habitante del subsuelo, es deleznable. Típico personaje dostoievskiano (tal vez el inicial), no llega a salvarse con sus pequeños detalles saludables. Él mismo lo anuncia confesando: «Soy un hombre enfermo… Soy malo. No tengo nada de simpático.» Pero según él, lo vemos así nosotros, que vivimos con la moral y la razón a mano, y nos alerta que la vida sólo es interesante por su condición negada. No somos libres si estamos atados a la razón y al constructivismo, dice este antihéroe ruso. El hombre del subsuelo convierte en amoral su forma de ser. Y, eso lo pone en alto respecto al resto. Es un personaje que se nos presenta quebrado, física y emocionalmente, permanentemente en estado de frustración y culpa, claro que, en vez de ser víctima de ello; lo vuelve su filosofía de vida. Aunque se justifica no parece estar consciente de hacerlo, es una hombre con tanto miedo al dolor que prefiere herir primero, tan aislado por temor al rechazo que él rechaza a la sociedad, aunque muy pocas veces en la obra lo admite.

El habitante del subsuelo, ve un mudo connotado por él. Y a través de esa mirada, Dostoievski nos deja impresiones sobre el amor, la civilización, la sociedad, la traición, y otros temas universales, y esas ideas pueden ser consideradas nihilistas, aún cuando sea un atrevimiento de mi parte intentar analizar semejante obra y autor. Dentro del paraguas que crea, Dostoievski se mantiene neutral, no alaba a su personaje, sus opiniones, ni lo enjuicia. Lo deja con la historia en sus manos. Expone las contradicciones del hombre del subsuelo para que el lector decida sobre él. Memorias del subsuelo es uno de esos libros que nos rompen los esquemas y nos obliga a interpelarnos. No podemos quedarnos al margen una vez que lo leemos. Debemos repensarnos, en realidad lo hacemos ya mientras lo vamos leyendo, porque la pregunta constante es qué tipo de subsuelo habitamos y qué persona queremos ser.

Nos deja con la memoria de este hombre en los hombros, nos deja solos, enfrentados a nuestra vida en forma permanente. Al fin de cuentas, así es como vivimos. Lo sepamos o no.

Los cuerpos del verano

A raíz de un cuento que estoy trabajando, Anahí me recordaba que debía leer Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet, y yo me resistía porque no me gusta leer sobre los temas que escribo. Prejuicios inevitables en nuestro arte. Pero esta semana me lancé a estos cuerpos propuestos, de lectura veloz, que nos interpelan, porque son la concreción de lo soñado, de aquello que no nos atrevemos a decir.

La breve novela es inmensa. Llena de cuestionamientos filosóficos, arrebatada por un montón de problemáticas irresolutas que nos persiguen a diario. Creencias, amor, sexo, alma, constructivismo, traición. Nada queda afuera de la obra, nada podemos hacer después de leerla para esquivar lo que pensamos y es ése el logro primordial del autor.

De quién nos vengaríamos si no estuviésemos obligados a morir. Cómo soportaríamos cuerpos de otro género. Podríamos ver morir a nuestros hijos. Enamorarnos de quienes serían nuestros bisnietos, volvernos animales o reencarnar en la web. La pregunta podría ser si tiene sentido una vida sin muerte obligada. Si elegiríamos un limbo o nos volveríamos carnívoros en un sentido metafórico.

Ramiro, el protagonista de esta historia, vuelve a la vida décadas después pero en el rollizo cuerpo de una abuela, y comprueba que a pesar de la inteligencia artificial las personas siguen igualmente insatisfechas, llenas de dudas y de miedos. Los grandes dilemas no se resolvieron, y los restos de su antigua existencia. sus amores, sus dolores, una hija que solo puede encontrar en internet, en una especie de cielo internauta, y muchas presiones que no cesan con el cambio de cuerpo. Su hijo que prefiere morir para siempre antes que flotar y ser reciclado, como un revolucionario futurista con conciencia de finitud.

El mundo de Catagnet es un mundo que critica al capitalismo, sin embargo se vale de él para poder crearlo, y a pesar de tal crítica, es emocionante la historia, la continua vida de Ramiro, que aunque habite senos sigue siendo un hombre confundido y melancólico. De Azufre que prueba las inequidades de los tiempos y de cada uno de los personajes que sorprenden y nos dejan llenos de incomodidades. Sobre los cuerpos, la eternidad, la memoria, el espacio que ocupamos, los no lugares, pero sobre todo Los cuerpos del verano llega para recordarnos que no tenemos otra cosa que tiempo. Un tiempo propio, que será eterno o efímero de acuerdo a como elijamos vivir.

El Lector

A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque solo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?

En los barrios de Berlín, la guerra ha finalizado, el pasado muta en nuevas construcciones que pisan los restos, y esos barrios atestiguan. Es en este contexto que Bernhard Schlink narra una historia fascinante que une amor, nazismo con todo el horror que significa, todo el miedo y toda la culpa sobre una herencia que no puede evitarse, y que solo puede remediarse sino a través de las generaciones del futuro.

La historia comienza cuando Michael Berg (quien narra en primera persona), un chico quinceañeros, conoce por desmayarse a la salida del colegio, a Hanna, una mujer mayor con la que comienza una relación amorosa secreta, y tal vez sumisa, en el departamento de ella. El amor es rutina, parece decirnos el autor: primero se bañan, luego hacen el amor y tras el sexo, Michael lee a Hanna clásicos de la literatura, el ritual continua hasta que Hanna, desaparece con la misma intrepidez con la que comenzó a ser parte de su vida. Cuando Michael estudia Derecho, comienza un juicio contra mujeres acusadas de matar a cientos de prisioneras durante su época de guardianas de la SS en campos de concentración. Hanna está entre las acusadas. El juicio lo pone frente al dolor del abandono, de cara a un pasado en llaga, y comprende que amó a una desconocida.

La novela está narrada en tres tiempos coincidentes con los momentos de la vida del Michael, cuando conoce a Hanna, casi niño, como universitario en el juicio, y cuando ya cincuentón, vuelve a contactarla y mirando atrás nos narra toda la historia.. Los meses del amor adolescente, son tan pasionales que piensa que nadie será como ella, cuando Hanna está en el juicio, él comprende que no vio lo obvio, que todas las pistas eran claras y que El lector las intuye, y siente que su extrema juventud, lo impidió y su inocencia quedo en las paredes de aquel departamento.

Al principio conocemos una Hanna treintañera, sexual y que vibra con la lectura, con los clásicos, con la cultura. La mujer que se reencuentra con Michael es una que está desarraigada, avergonzada, que nota sus faltas pero no puede reconocerlas, La complejidad de Hanna atraviesa a la tibia mirada de Michael Y El lector va comprendiendo, aunque no pueda perdonar, los vaivenes y las carencias de la vida de una mujer que tiene la piel llena de restos, de fisuras, por las que la ignorancia, el horror y la muerte gotean entre ellas.

Es una obra maestra que nos cuenta la posguerra, que nos hace responsables, al leerla, de esa sociedad que llegó hasta tal límite, a ese nivel de degradación. En mi caso ante la decadencia actual, me llevó a pensar el qué bordes elegimos limitar como sociedad.. En cuánta ignominia nos rodea e ignoramos, o dejamos en el costado oscuro del olvido. A pesar de su rigurosa historicidad, es una historia de amor, de horror y de piedad, entre Michael y Hanna, juntos, en y sus vidas por separado. Una historia de amor desgarrado, prohibido, que el autor exhibe sin prejuicios y con destreza narrativa. Nos lleva a soñar, nos vuelve inocentes, hasta que comenzamos a cuestionarnos, nos molesta, odiamos los abusos y sin embargo festejamos el amor, las aciagas decisiones y torturas. Pero además, es una historia llena de libros, y son amados, producen cambios, enriquecen, acompañan, incomodan. Como si no fuera ficción. El lector de Bernard Schlink. Un libro necesario.

Cuentos completos de Lorrie Moore

“Si [el avión] no se estrellaba, si conseguías mantener en el aire toda tu inutilidad, se trataba simplemente de salir, localizar el equipaje y, en el tiempo de encontrar un taxi, haber dado con un motivo convincente para seguir viviendo

Lorrie Moore

Moore (Nueva York, 1957) es una cuentista, puede, como lectores, ponernos en la encrucijada de deshauciar el futuro o creer para siempre en el amor. Porque aunque es dura, y nos llena de muestras de las miserias de la vida, siempre abre una luz de esperanza. Es una autora premiada y que se la reconoce aún en plenitud. Desde 2006 es miembro de la American Academy of Arts and Letters  y enseña Lengua Inglesa en la Universidad de Wisconsin.

Cuentos completos, como su nombre indica, compila todos sus libros de relatos: Autoayuda (1985), Como la vida misma (1990), Pájaros de América (1998) y Gracias por la compañía (2004). Su humor es crocante, lleno de pequeñas desgracias, con las miserias de la posmodernidad pero también con su mordaz ironía.. Moore nos cuenta cómo somos con solo narrar escenas cotidianas de vidas mínimas. Aunque ella situa sus narraciones en Estados Unidos, su historia es universal, el tiempo pasando en ciudades ajadas, en no lugares, vino, reuniones, aeropuertos, nacimientos, senilidad. Lo de todos, esas vidas proletarias que tenemos todos, y que esta autora cuenta con las incuestionables sutilezas que una autora mujer puede detectar. No es lo mismo para una mujer el amor, la pareja, el tiempo, la muerte. Y Moore lo expresa.

Autoayuda está conformada por cuentos que se burlan de la cursilería de los libros que pretenden decirnos como vivir. En segunda persona, modo imperativo, nos cuenta como ser madres, amantes, enamoradas de un tipo casado, horrible, ególatra y generalmente viejo. Si se trata de madres que adoctrinan a sus hijas, recurre al testimonio en primera persona y nos dice por ejemplo: “los hombres de talento tienen la cabeza muy ocupada” por eso debemos cuidarlos. Todo pasa en este compilado, divorcios, esposas desahuciadas por una amante esquelética que comen sin parar, mastectomías. Hay vacios. Hay malas vidas, bien narradas. Nos indica donde mirar todo el tiempo.

Moore nos lleva a los extremos de la emoción, no sé si es una gran autora, tal vez repetitiva, o con recursos recurrentes, pero sin dudas emociona, conmueve y es para probar una tajada de su obra ant4es de desecharla Las mujeres de Moore son manifiestos, una de ellas dice que se siente como “una bomba nuclear colgada sobre todos y cada uno de nosotros”. ¿Por qué debemos vivir? ¿Por qué nos toca esta vida? Bien podrían ser las preguntas anticipadas que intenta responder la autora.

Al fin y al cabo nos estamos muriendo de a poco y de tristeza. Esa sensación aciaga de lo cotidiano, la americana sopa en latas, el pan con mantequilla, que acá puede ser un mate con facturas, no logran tapar ese día a día perdido, en el que lo gris nos come, nos deja sin aliento. Y el amor , para Moore, cualquier amor puede ser el salvavidas desesperado antes de volvernos huecos.

 Pájaros de América, vuelve pájaros a las actrices frustradas y alcohólicas, a las esposas que se hacen las dormidas para no morir con ellos, las mujeres de más de más de 40 sin amor. Todos estos pájaros son aludidos por la autora para que los lectores podamos comprenderlos, tal vez como reflejo de una empatía que no existe y que Moore busca instaurar, haciendo hincapié en el saludo, la cortesía, la posibilidad de mirar al otro en su propia otredad. La cito: “no había nada tan complejo en el mundo (ni una flor ni una piedra) como un simple hola de un ser humano”.

En Gracias por la compañía, nos da respiro con la ironía con que narra personajes cincuentones, semi jóvenes, semi viejos, llenos de nostalgia, enfermedades, cirugías y casamientos, todo da igual. Moore nos pone a prueba todo el tiempo y podemos escucharla susurrándonos que la vida, así, como es, despiadada y terrible, vale la pena.

Flores que se abren de noche

«En mi casa no van a hacer chanchadas, dice, te conozco, te veo la porquería en la mirada, como tu mamá, igualita a tu mamá. Cuando papá le daba con el cinto, ella gritaba de contenta».

Flores que se abren de noche, Tomás Downey


Tomás Downey nació en Buenos Aires en 1984. Es escritor, guionista de cine y traductor. Publicó dos libros de cuentos, Acá el tiempo es otra cosa (Interzona, 2015), que obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes y fue finalista del III Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez (Colombia), y El lugar donde mueren los pájaros (Fiordo, 2017), que obtuvo una mención en los Premios Nacionales 2014-2017 y fue traducido al italiano.
Además de esos datos biográficos, Tomás Downey es un gran escritor. De esos que te hacen sudar las manos, que crean universos únicos, que pueden volver cotidiana la extrañeza. No es mi primera reseña sobre Downey y estoy segura que es otra de muchas, porque este autor tiene sabiduría vieja, de esa que se adquiere cuando uno se atreve a lo profundo de la vida, sin elegir entre luces y sombras.


El libro que nos ocupa, Flores que se abren de noche, se compone por el cuento que lo nombra, una historia de primos que dudan ser hermanos en el Delta, un relato donde la crueldad, la belleza y la maldad son partes de lo cotidiano, con mucha mística, con mucha destreza, el autor nos hace sentir cómodos en un mundo que pertenece a lo inefable, y terminamos comprendiendo a Anahí, y a Migue y a Liliana, terminamos apropiándonos de su historia inmensa por ambigua, por posible, por feroz.


En CET, la segunda narrativa, una lluvia de meteoritos descarga huevos de los que nacen seres tubulares que sirven para hablar del amor y el desamor, la familia, las contradicciones de pareja entre Pedro y Lucas, que pueden ser otros o volverse ellos mismos CET, estos organismos que nunca son reconocidos por nadie, y sin embargo viven en medio de todos. Así como llegaron, de la nada, un día se van. Y no es extraño.
La paciencia nos viene a contar que a los muertos se los puede reanimar. Si tu hijo hubiese muerto, ¿ lo reanimarías? Ir contra las leyes naturales es un hecho posible en Downey, que nos lleva a pensar en “reanimados” sin temor, pero que sin embargo nos llena de preguntas a responder. La belleza del texto, construido con solidez es que es posible, es aterrador, perturba y cuestiona. Gran trabajo de narración, que me remitió a lo mejor de Samanta Schweblin.
Por último, Hombrecitos, nos pone a los humanos como mascotas, o juguetes, nos vuelve nimios, frágiles, dependientes, en una historia de pérdidas y otra vez la familia, la amistad, las relaciones primarias son ambientes propicios para la extraña creatividad de Tomás Downey, que nos vuelve muñecos de juego, o nos cuenta que lo somos ya.
Cada uno de los cuentos, nos indaga, nos convierte en títeres, su prosa humanista no le impide pasearse por mundos futuros, sueños impropios, y hasta delitos, si es necesario, para hablar de desencuentros, falta de comunicación, vida. Estas historias son novelas mínimas que con una verosimilitud asombrosa nos dejan entrar a ambientes únicos, reales, impropios, lacerantes, logrados por una observación exacerbada que Downey ejecuta además, con una narración impecable.
Flores que se abren de noche, es de lectura obligada, y tal vez con el tiempo, de culto

Reseña de Lamberti

El loro que podía adivinar el futuro

Por mucho tiempo quedó una depresión en el lugar donde habían estado los árboles, algo que hacía difícil el juego, pero después la marca se fue borrando y hoy ya nadie se acuerda de nada..

Luciano Lamberti.

Es muy interesante reseñar este libro porque cada uno de sus relatos me llevó a otros autores que admiro, pero sin que el autor cordobés pierda su esencia, su propio decir. Pasé por momentos donde Roberto Bolaño, quien da origen al nombre de mi página, susurraba los personajes de Lamberti a mi oído, jugueteé con Stephen King en algunos momentos de tensión, me volví una especialista en mundos extraños, en enanos, loros y sentí latir a Dick entre sus páginas, antes de comprender que el autor, sin dudas, quiere dejar claro que el mundo no es blanco y negro, que el espacio y el tiempo le pertenecen a quien narra, a las historias mismas, y a los lectores, que no hay realidad posible sin dejar un lugar a lo extraño, a universos nuevos, con humanoides, miedos, y bosques perversos rodeándola.

El Loro que podía adivinar el futuro contiene seis relatos. Voy a intentar dejar una impresión personal de cada uno de ellos: “Perfectos accidentes ridículos”, es un conjunto de relatos que se nos clavan, como un cristal estallado en el medio del barrio en que sitúa las historias. Lo psicológico y la telekinesis en un pibe con claras dificultades, otro que no para de atraer la mala suerte, y el fantasma del suicidio cotidiano. Todo relatado con una prosa limpia, sin adornos, que hace la lectura llevadera. “La canción que cantábamos todos los días”, me resultó de tal ambigua crudeza que lo leí dos veces. La hermandad percibida desde un hecho que produce una ruptura familiar y genera una extrañeza de la que ninguno puede volver, padre, madre y el protagonista, modifican el ecosistema familiar y la relación de cuatro, deja a uno de los hermanos en otro orden. El suspenso, y las capas que aparecen en los personajes, crean un ambiente único.

Y me atrevo a pensar que allí reside el gran acierto del libro, Luciano Lamberti tiene una propuesta de mundos, de climas subterráneos, acuáticos, fantásticos y aciagos, pero personales. Y lo hace muy bien. “Algunas notas del país de los gigantes” es una obra maestra del esfuerzo por complementar tiempos, historias que corren a la par, diversos géneros, y logra encuentros ficcionales memorables.

Lo más atractivo de leer a Lamberti es reconocer en el autor a un gran lector. Los guiños, las influencias percibidas, son sutilezas que solo pueden resultar de lecturas sublimes. El cuento “La feria integral de Oklahoma” nos pone a prueba, ilumina los bordes de los personajes y los entrelaza con la pureza de su narrativa. No hay remilgos para hablar de un abuelo capaz de comprender a todo tipo de animales, ni en definir a un enano sin escrúpulos, todo es posible en sus historias y todo es a la vez de una rareza que intriga y subyuga, ¿Quién puede desconocer que en una feria o en un circo todo puede suceder?

“La vida es buena bajo el mar”, un nuevo mundo creado por ficción bien escrita, con reglas particulares, que parece contar algo y de golpe se nos escapa, vuela y termina en otra dimensión que no habíamos previsto. Una raza convive con los humanos, son obreros calificados muy capaces, pero que viven con un desasosiego inquietante, extrañando la humedad de su entorno original. Un psicólogo especializado en estos seres, se vuelve adicto a sus disloposibilidades mentales, que son viajes hacia lo líquido, lo materno tal vez. Toda la descripción del placer de esa adicción me remitió al útero. Como broche, “El loro que podía adivinar el futuro” nos cuenta la locura en forma de loro sobrenatural, que es viejo como la peste y puede ver más allá, o justificarnos en misiones obligadas que rompen las leyes de nuestro orden, como si lo ancestral y lo divino tuvieran como aliado a este loro cósmico. El protagonista termina siendo un hombre con cabeza de loro. Y no nos hace ruido, porque Lamberti prueba que con ideas claras, lo real puede ser ambiguo, volverse extraño y atractivo como una atmósfera que pesa pero de la que no queremos escapar.

Un dulce olor a muerte

Voy a comenzar esta reseña hablando de su autor, el novelista mexicano Guillermo Arriaga,un autor polifacético, con aspecto recio, que fue boxeador, futbolista, basquetbolistas y que él mismo se define como un tipo con calle, que no se define como escritor sino como un «cazador que escribe», al que le molestan las etiquetas,  reniega de ser guionista aunque hya ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2005 y ha sigo nominado para Globos de Oro o a los Óscar con películas comoAmores perrosBabel, 21 gramos, o Los tres entierros de Melquíades Estrada lo prueban.

Me atrevo a pensar que Arriaga escribe siempre novelas, historias a las que le dedica tiempo y corrección no importan cual sea su destino final, si un libro o un guión cinematográfico.

Un dulce olor a muerte, que tuvo también su versión cinematográfica, es la narración de los acontecimientos que acontecen indefectiblemente, casi como una premonición inevitable en un lejano y en apariencia tranquilo pueblo mexicano, Loma Grande, cuando una mañana aparece muerta de un cuchillazo un a joven desnuda en medio del cañaveral. Se trata de Adela. Es maravilloso como el autor logra que sus personajes, tras hallar el cuerpo, y con pureza perversa, van generando equívocos, falsos supuestos que el boca a boca transfroma en verdad absoluta, hasta para los propios involucrados que comienzan a dudar de sus propios actos y sentimientos.Todo esto va creando un rara clima donde la venganza adquiere peso. En este juego de falacias todos le otorgan al adolescente Ramón Castaños la calidad de novio de la chica y al Gitano la culpabilidad del hecho. La construcción colectiva de un relato hace relativa a la verdad, y una posverdad profética se eleva como gigante en el pueblo.

No es una novela larga, en especial porque cada personaje es verosímil, y vivo. El autor narra sin dejar la intención a la vista,creyendo en el lector. Toda la acción sucede en un corto período de tiempo donde los personajes se trasladan fluidos de escena en escena, creando el ambiente de una vida pueblerina. El narrador explica poco y solo cuando es necesario para lograr el ambiente.

El clima que logra en el comienzo de la novela le da a Guillermo Arriaga el territorio perfecto para su narración con profundas raices en la vida misma, en las cuestiones lugareñas. Toda su obra mama el paisaje agreste, el habla llena de mexicanismos que aprovecha para contar como Rulfo, la realidad y la otra verdad de esos parajes que no parecen pisados por dios alguno. Toda la novela es la historia de rumores de pueblo, escritos en maravillosa narrativa, cada capitulo nos deja cuenta que la verdad no importa que si o sí tal afrenta y tal culpa, ambas inexistentes, debe vengarse, porque es un “crimen equivocado” (p.105) que llevará a una verdadera locura. El “juicio inobjetable” (p.98) de todo un pueblo, Loma Grande, nos viene a contar como podemos construir una conciencia social ( toda una sociedad creyéndola) basada en una gran mentira, y entonces esa comunidad sospecha, juzga y “da caza” al Gitano, autor de muchas travesuras pero no del crimen.

Tal vez Guillermo Arriaga juegue con la idea de cazadores en sus obras, en esta misma, pero lo cierto es que la ficción que nos cuenta no dista de la lamentable realidad que muchas veces padecemos los latinoamericanos, en hechos más pudientes que la muerte de una Adela en un pueblo perdido.

Gran autor. Para no perderse nada de lo que escriba.

Marguerite Duras La Pasión suspendida

Entrevistas con Leopoldina Pallota della Torre

“Me dije que uno escribe siempre sobre el
cuerpo muerto del mundo, y también sobre el cuerpo muerto del amor. Que es en los estados de
ausencia donde se hunde el escrito, no para reemplazar nada de lo que ha sido vivido o
supuestamente ha sido, sino para consignar el desierto dejado por ello.” Marguerite Duras

Si te interesa la autora, no podés dejar de leer La pasión suspendida, un libro en el que su vida se abre al lector como una amante, como si todo sus textos estuvieran condensados en respuestas vehementes, irónicas pero jamás indiferentes, que Marguerite otorga a la entrevistadora controversial,

Décadas después de su muerte, la escritora de “El Amante” continua como una de las voces más importantes de la literatura francesa. “La pasión suspendida” la celebra contando su vida.

«Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir” dice Duras en Escribir.

La ganadora del premio Goncourt en 1984, revelada en 40 idiomas, consagrada en el cine es capaz de decir cosas terribles con la simpleza de lo cotidiano :“Fue esa tarde cuando Léo me besó en la boca. Lo hizo por sorpresa. Experimenté una repulsión verdaderamente indescriptible”, escribió guiones y dirigió, pero su lugar permanente lo halló en la literatura desde la adolescencia y cuando el alcoholismo  y la enfermedad la atrapaban, la literatura continuaba salvándola. Su Saigón iniciático (4 de abril de 1914) le otorgó el territorio para desplegar sus alas literarias.

En “Marguerite Duras, la pasión suspendida / Entrevistas con Leopoldina Pallota Della Torre”, prologado por Silvio Mattoni y traducido por César Aira, cuando hablab de cómo fue su infancia, Duras responde: “A veces creo que toda mi escritura nace de ahí, entre los arrozales, las selvas, la soledad. De esa niña flaca y despistada que era, pequeña blanca de paso, más vietnamita que francesa, siempre descalza, sin horarios, sin modales, habituada a contemplar el largo crepúsculo sobre el río, la cara quemada por el sol.”

Viviendo en París, su marido Jean Mascolo terminó en un campo de concentración. Ella lo asistió cuando recuperó la libertad, en 1945, y cuarenta años después, pudo describir lo acontecido con el desgarro de “El dolor” (1985): “El cuerpo de Robert L. 35 kilos. Raspadura. Transparencia. Gluten. Hueso a través. Cómo puede un cuerpo. Cómo puede un hombre. Cómo pueden un cuerpo un hombre volver a ser. Cómo puede un hombre volver a ser cuerpo volver a ser hombre. ¿Puede?”.

Duras compartió sus ficciones con artículos periodísticos que fueron publicados en medios como Le Monde, France Observateur y revistas femeninas como Vogue. Al respecto nos cuenta en este libro que reseño: “Siempre me gustó eso –dijo- la urgencia del periodismo. El texto debe tener en sí la fuerza, y por qué no, los límites del apuro con el que ha sido redactado. Antes de ser consumido y descartado”. Para ella lo periodístico la completaba, y le resultaba necesario: “Empecé a redactar artículos en momentos de vacío, en las pausas de mi escritura cotidiana.Cuando escribía un libro, ni siquiera leía los diarios. Pero los artículos, no puede imaginarse el tiempo que me llevaban, la tensión era muy fuerte, aún cuando llevaba años haciéndolo”.

De a poco su escritura se modificó y fue otra vez territorio, uno en el que podía opinar sobre todo. Con columnas polémicas y hasta insidiosas, como las que hablaban sobre una mujer acusada de haber matado a su hijo después de haber sido violada, lo dijo así en Libération: “Ningún hombre en el mundo puede saber lo que significa para una mujer ser tomada por un hombre que ella no desea. La mujer penetrada sin deseo está en el crimen. El peso cadavérico del goce viril encima de cuerpo tiene el peso del crimen que ella no tiene la fuerza de devolver: el de la locura”.

Duras  se volcó con entusiasmo al cine promediando los 50 y colaboró con Alain Resnais en “Hiroshima Mon Amour” (1959), historia antibelicista fundacional de la nouvelle vague, el guion, basado en la relación de una actriz francesa y un arquitecto japonés, Marguerite lo escribió en nueve semanas. Cine y libros se entrelazan en la autora, asi tanto que, “India Song”, terminó en un guion reescrito y transformado en libro en el 73. Varios de sus largometrajes y cortometrajes, resultaron textos que se publicaron con el nombre de “El navío Night” (1979).

Margarite en 1982, se enfrentó a la muerte por coma etílico. Siguió escribiendo, pero en 1988, una traqueotomía por fumadora la hospitalizó un años. Durante las desintoxicaciones, escribía. Siempre escribía. “El arrebato de Lol V. Stein”, su novela más compleja en el estilo , cuenta que la desarrollo mientras quería dejar el alcohol: “Yo estaba desintoxicándome cuando la escribí. Y siempre asociaré el libro al miedo de vivir sin alcohol. Es una novela en sí, la historia de una mujer que se vuelve loca por un amor latente, que no enuncia nunca, que no pasa al acto”. Duras vivió su final junto a Yann Andréa, homosexual, 40 años menor que ella. “Todos los hombres son homosexuales en potencia, solo les falta saberlo”, dijo ella. Vivían en París, la ciudad que le permitía ser, la que la iluminaba.

Marguerite Duras es la escritura, no importa cómo, no importa qué y no importa cuando, y éste libro nos cuenta todo sobre ella.

El origen del mundo

Es un ejemplar sencillo, sin pretensiones, uno accede a su texto en busca de un milagro: y se produce. Michon muestra que no hay temas imposibles para poetizar sobre el cosmos y se lanza a la belleza en su texto que es un climax literario y maduro, que abanica, mece, maravilla. La modernidad, siempre economizando significados, nos invita a una búsqueda en el aislamiento, despojada, corriendo tras la quietud. Por eso Pierre Michon, probablemente el maestro coetáneo en lo que hace a estructuras metafórica, ambienta El origen del mundo en un pueblo de la Dordoña, cerca de Lascaux, con sus cuevas rupestres, y sus grafías primigenias.

Cuando el narrador de esta novela llega a Castelnau, muy cerca de Lascaux, tiene veinte años y encara su primer trabajo. En estas comarcas, donde aún se representa a la manera antigua el origen del mundo, el sexo separa dos universos: el de los hombres, depredadores, frustrados pero terriblemente astutos, y el de las mujeres. Así ha sido la crítica del libro que reseñaré: «Con una prosa a la que la madurez ha llevado a la cima de la precisión carnal, de la sensualidad en sus evocaciones tiernas o brutales, Pierre Michon describe un universo de evidencias y de misterios cuyo recuerdo nos perseguirá» (Jorge Semprún).

«La lujuria, el deseo, son un tema común en la literatura, pero rara vez han sido expresados con tanta poesía y profundidad» (San Francisco Chronicle).

«El poder de la imaginación que sostiene la escritura de Michon no decae jamás» (Roger Shattuck, Harper’s Magazine).

La historia transcurre a principios de los sesenta. Esta década loca de ilusiones no alcanza a Castelnau, donde lo simple es la norma en una paz solo perturbada por la irrupción del profesor protagonista, que cree en el paraíso lento de la localidad, y aquí el autor, maestro absoluto, discurre como nadie en el terreno deseado y nos regala como lectores una experiencia única.

Hay una tendencia literaria que utiliza lo rural para bordear y resumir el universo, donde las personas son casi mitos y las féminas son objeto central de observación. En El origen del mundo la historia ocurre rodeando a tres mujeres. Hélène, la posadera madre constante con la paciencia de los que comprendieron su finitud. Su posada es un espacio de borracheras y consejos escondidos tras las puertas de sus habitaciones.

En una de ellas el profesor profesa intenciones a su compañera ocasional, un goce transitorio para no morir en la espera de su sueño hecho mujer, llamada Yvonne. Ella trabaja en una especie de kiosco donde vende diarios, cigarrillos, y otros placeres, todo lo hace detrás de un mostrador que la potencia, la vuelve intocable y la expone a los ocasionales visitantes. En un texto la voz es todo, pero la escritura contiene, y el autor logra lo propuesto. Transforma a Yvonne en un símbolo de la decadencia. Las frases cortas y vertiginosas, el sistema nervioso a prueba, la pulsión entre Marlboros e incomprobables amenazas.

El profesor, además se perpetúa en sus jóvenes alumnos, el hijo de Yvonne sufre la frustración prolongada de noche en un bosque cercano donde la lujuria cede al rito. Es tan capaz Michon que transforma el deseo momentáneo en poesía. Magnífico, intrigante.

Los simbolismos continúan en Jean el pescador y JeanJean , nombres pensados, elegidos. Uno por su persistencia a sobrevivir, el otro guiando hacia un pasado relacionado al ocio. Los artistas de Montignac pintaban tras ir de caza. También conscientes de su cuota en el mundo, colgaban los animales que dibujaban como prueba de amor, como oda asesina agradecida.

Pierre Michon establece toda una relación con lo pionero, lo antiguo para narrar El origen del mundo, nos lleva desde lo cotidiano a lo épico, sin escala. Nuestros instantes serán calendario, lo que hoy es nimio para cada uno de nosotros será cultura. La astucia del autor es animarse a sublimarlo en un libro que como reza, nos plantea lo más intrínseco de nuestra existencia: el origen.