Diario de Cuarentena: Así es como la pierdes

Como cada domingo del último tiempo de esta cuarentena que nos sorprende con su extensión hasta la primavera, aprovecho mi diario para recomendar un autor, hoy le voy a hablar de un libro sobre mujeres que quitan el sentido y sobre el amor y el ardor. Así es como la pierdes, de Junot Díaz, que ha escrito otras obras como La maravillosa vida breve de Oscar Wao (Premio Pulitzer 2008 y Premio National Book Critics Circle Award 2008) o Los Boys, es una obra de narrativa foránea sobre mujeres que quitan el sentido , sobre el amor y la pasión pero también sobre la traición, esa traición necesaria que ejecutamos sobre aquellos que amamos, y también es un libro sobre el suplicio que pasamos cuando nos damos cuenta del valor de lo perdido e intentamos recuperarlo..Nos habla sobre todo lo que creíamos que no queríamos, que no nos importaba. Estos cuentos nos enseñan las leyes fijas del amor: Esas cuestiones herenciales como la inevitable continuidad de la desesperanza de nuestros padres en nosotros, o la ley que indica que lo que les hacemos a nuestros ex amantes nos lo harán inevitablemente a nosotros, y «amar al prójimo como a uno mismo» no sería una premisa en el amor. Pero lo esencial de esta obra es el ardor, que siempre le gana a la experiencia, y en un sentido particular también hablan de la eternidad del verdadero amor. Los quiero introducir en la obra con palabras del autor: Le pregunta que si está enamorado de él y ella le responde que el amor es como los focos intermitentes del pueblo cuando anuncian un apagón: uno se queda sentado esperando la oscuridad, sin saber muy bien qué hacer, solo para confirmar que controlar lo que puede o no ocurrir jamás estará en nuestras manos. La luz no tiene dueño; el amor, tampoco.

Junot Díaz publicó Así es como la pierdes hace más de nueve años para darle continuidad a la vida de Yunior, su personaje predilecto desde mitad de los años noventa, un inmigrante dominicano en Estados Unidos, mujeriego y romántico que va por la vida incendiando colchones y corazones como método práctico para encontrar una mujer con la cual envejecer. El problema es que nadie es la misma persona a medida que pasa el tiempo. Y ahí es donde entran el sexo –inevitable–, ese personaje hablando de los apagones, otros personajes y otros incendios que iluminan estos nueve relatos independientes que son lazos de una temática ineludible para cualquiera de nosotros, y Yunior con su errática vida desde la adolescencia, es cada uno de nosotros, dominicanos o no. Así va de encuentro en encuentro: sexo con una profesora mayor. sexo con una mujer con un culo tan, pero tan grande que ocupa la cuarta dimensión. Sexo con la vecina con la que no debería tener sexo. Sexo con la chica insoportable y banal, que concibe la vida como un all inclusive.. Sexo con cincuenta mujeres mientras está en una relación de compromiso. Así es como la pierdes es el libro, que habla del fracaso de un sexo indiscriminado, pero esta vez la mirada que descubre el velo es masculina. A pesar de lo que acontece, el libro de Junot Díaz es una maratón emocional y afectiva profunda, y la búsqueda del amor real, ese que es cotidiano y que nos da miedo perder.

El autor lo deja claro con frases como “Nuestra relación no era el sol, la luna y las estrellas, pero tampoco era una mierda”; “Ahí es cuando sé que se acabó. Tan pronto empiezas a pensar en el comienzo, es el final”; o “Sabes dentro de tu corazón de infiel que a veces todo lo que podemos tener es un comienzo”. Es como si quisiera ahorrarle a la mujer la investigación sobre las cuestiones de sexo y amor, aclarándose en cada relato una de ellas. Pero sobre todo, estos cuentos nos recuerdan que el ardor siempre triunfa sobre la experiencia, y que el amor, si es amor, no muere con la vida.

Diario de Cuarentena: Revolución

Revolución procede del latín revolutĭo, -ōnis, es un cambio social organizado, masivo, intenso, repentino y generalmente no exento de conflictos violentos para la alteración de un sistema político, gubernamental o económico. En argentina, estamos gobernados por personas que se dicen revolucionarios. Pero que sin embargo mantienen a raja tabla su propio status quo.

Revolución es usado como vocablo sinónimo de ‘inquietud’, ‘revuelo’ o ‘alboroto’ y por otro lado es usado como ‘cambio’, ‘renovación’ o ‘vanguardia’ y por ello su significado depende del lado en que se está de la historia de la revolución. Los revolucionarios gobernantes piensan ahora que aquellos que tenemos intenciones libertarias o liberales somos los que revolucionamos su tranquilo populismo.

La diferencia entre revolución y rebelión, dentro del ámbito de las ciencias sociales y ciencias políticas, radica en que la revolución implica necesariamente un cambio concreto y generalmente radical y profundo, en cambio la rebelión no es organizada y se caracteriza por la revuelta como característica esencial humana. Esta aclaración viene a colación en mi diario de hoy porque creo que necesitamos una revolución cultural. Dejar de lado un montón de parámetros anquilosados en los culos pesados y millonarios de los que se dicen progresistas, pero sostienen un estado monarca y lleno de corrupción y avalan líderes de pacotilla que se creen pastores de un rebaño servil. Habemos aún muchos ciudadanos independientes que no nos creímos relatos construidos para devaluar la educación, que padece sindicatos nocivos y degradantes, la salud, que dicen defender pero que, a costa de sus propios bolsillos, dejan sin un salario digno, la seguridad, llena de jóvenes que se suman por falta de trabajo, sin vocación y a los que exponen a morir con sueldos miserables, el transporte, que hoy en día no existe, ante el aislamiento y las fronteras creadas, pero que vive constantes abusos de un sindicato que destrata y amenaza como método. Hay que desterrar el mito de que el progresismo pasa por alejarse de la ley y de políticas culturales realistas y libres, que no construyan falsas retóricas. Las demagogias construidas es para un grupo de dirigentes que se enquistó en el poder y hambrea al pueblo. Debemos salir de esas falsas premisas. Hay que educar, pensar, repensar y cuestionar para poder crecer.

Según los antiguos griegos hasta la edad media, como Platón y Aristóteles, la revolución fue considerada como una consecuencia evitable de la decadencia e incerteza del sistema de valores, los fundamentos morales y religiosos de un Estado. ¿No les suena conocido?

En la época del Renacimiento que empieza el pensamiento revolucionario moderno. El inglés John Milton (1608 – 1674) fue uno de los primeros en considerar la revolución como: una habilidad de la sociedad para realizar su potencial y un derecho de la sociedad para defenderse de los tiranos abusivos. Milton asumía la revolución como la manera de la sociedad para alcanzar la libertad asociándose al concepto de la ‘utopía’.

Pero yo hoy escribo mi diario para proponer una revolución en la cultura, en la educación, en la mirada social, no una que conlleve violencia, en un mundo donde se somente al ciudadano a rebaño, pensar es revolucionario. Pensar distinto es un arma poderosa. En mecánica, por otro lado, una revolución es un giro o una vuelta completa de una pieza sobre su eje. Eso necesitamos. Dar vuelta una historia construida a costa de la riqueza de un país y de los sueños de los ciudadanos. Nos nos cuidan, nos destruyen, en salud, basta ver los números, en economía, miremos nuestros bolsillos, en política, estamos aislados del mundo, cada vez más y en seguridad, para muestra sobran botones. Para no caer en lo mismo que quienes nos gobiernan, recordemos al maestro Carlos Fuentes cuando dijo: Las revoluciones las hacen hombres de carne y hueso, no santos, y todas terminan por crear una nueva casta privilegiada.

Diario de cuarentena: Si de Justicia se trata…

“El hombre es libre si sólo tiene que obedecer a las leyes y no a las personas.” Friedrich von Hayek

El Senado ayer, siendo quienes deben velar por nosotros promulgó reformas que pretenden solucionar entuertos judiciales privados, en nombre de lo público y apelando a la Justicia Social.

Hayek decía que la razón por la cual la mayoría de la gente continúa creyendo firmemente en la «justicia social», incluso después de haber descubierto que no saben realmente lo que significa la frase, es que piensan que si casi todos creen en ella, por algo debe ser. La base para esta aceptación de una creencia casi
universal, cuyo significado no es comprendido por la gente, es que todos hemos heredado de un tipo anterior y diferente de sociedad, en la cual el hombre existió por mucho más tiempo que en la presente, hay algunos instintos hoy profundamente arraigados que son inaplicables a nuestra civilización actual.

De hecho, el hombre emergió de una sociedad primitiva cuando, en ciertas condiciones, un número cada vez mayor de individuos tuvo éxito, descartando aquellos mismos principios que habían mantenido unidos a los grupos más antiguos.

El total vacío de la frase «justicia social» se demuestra en el hecho de que no existe ningún acuerdo sobre lo que requiere la justicia social en cada instancia particular; también en que no existe ningún test conocido a través del cual decidir quién está en lo correcto si las personas difieren, y que ningún esquema preconcebido de distribución puede ser efectivamente diseñado en una sociedad cuyos hombres son libres. Esto en el sentido que les es permitido usar su propio conocimiento para sus propios propósitos. En efecto, la responsabilidad moral individual por las acciones de cada uno es incompatible con la realización de cualquier modelo general de distribución.

¿En manos de quiénes estamos dispuestos a dejar esa supuesta justicia distributiva, que dista de ser social?

La palabra justicia, vilipendiada y destratada por los sucesivos gobiernos se refiere a lo justo. ¿Es justo que la ciudadanía esté viviendo la pandemia en estas condiciones? ¿es justo que, con la gente temiendo por su vida y carente de libertad se realice una reforma a la justicia? ¿ Hay siquiera algo de sentido de lo justo en la inconducente sucesión de decretos para definir la vida de una sociedad republicana? Los miedos por un virus no pueden tapar lo obvio. Necesitamos urgente una nueva mirada cultural. La evolución cultural a través del aprendizaje es la que nos enfrenta con los instintos naturales que poseemos. No vamos a crecer por creencias populistas.

La civilización creció, no por la prevalencia de aquello que el hombre pensaba que podría ser más exitoso, sino por el crecimiento de aquello que se demostró como tal, y que, precisamente porque el hombre no lo entendía, lo llevó más allá de lo que hubiera podido jamás concebir. Si de justicia se trata, en este país hay que empezar por los líderes, que todo el tiempo tratan de esquivarla. Por eso no vivimos en paz, porque «La verdadera paz no es simplemente la ausencia de guerra, es la presencia de la justicia».1

1-La frase corresponde a Jane Addams.

Diario de Cuarentena: Que no gane la peste.

«El siglo del miedo». Así designó Albert Camus al siglo XX. Sin embargo el nuestro, este siglo actual y nuestro mundo sigue estando en manos del miedo.

Pero primero voy a contarles mi mañana, que tuvo condimentos. Me hacían una nota en UNNOBA radio por el taller de escritura creativa que comienza en breve. Me encontraba en mi cuarto y escucho que mi cocina es una debacle, golpes terribles y ruidos varios. Al estar al aire, no me quedaba otra que disimular. Mi amor querido y adorado-léase lo odio- había citado a un desprejuiciado gasista a la misma hora. Me impactó el ruido, pero también la falta de miedos de esta gente que se gana el mango sin prejuicios ni tapujos y que con claridad te dice: hay que laburar.

Y sí, tienen razón, hay que trabajar. La vuelta al taller después de cinco meses no significa solamente un ingreso. Me llena de dignidad. EL trabajo es una fuerza de vida, que debemos tener. Nos propone cambios, nos energiza y nos permite proyectar. Pero dejo la magia de lo cotidiano y vuelvo a Camus.

Camus quien supo brindarnos, en su novela La peste , un ambiente lleno de conflictos que se asemejan a los actuales, a nuestro agobio y desazón. Nuestra especie se ve atacada por el coronavirus y destierra esa idea de que el hombre es el que desencadena todos los males. Y todos los miedos. Somos criaturas subordinadas a más leyes que las establecidas por la razón y las pasiones. Estamos expuestos a riesgos y formas de exterminio que tiene que ver con nuestra fragilidad orgánica. A lo largo de la historia, diversos males nos aquejaron para aniquilarnos. Algunas veces hemos vencido pagando con valiosas muertes. La pandemia actual nos viene venciendo.La ciencia no da respuestas y no sabemos qué le pondrá fin. ¡Seguirá el miedo siendo nuestra única opciön? Tal vez los hombres debamos detenernos a examinar que pretendemos,. hacia dónde vamos, como conservaremos nuestra especie. Y vuelvo a Camus para obtener una respuesta: «Vivimos en el terror porque la persuasión ya no es posible».

Nos venimos caracterizando por la pérdida de valor de la vida humana, Y eso es porque nos importa más el poder que todo lo demás. Entonces lo ético, el desarrollo ético, se supedita al poder. Creíamos que al tener un mayor saber, al entrar en la era del conocimiento, que nos iba a dar bienestar y salud, desaparecería el miedo. Pero hoy vemos que no es así y estamos bañados de miedo, un miedo que sirve para controlarnos, como en los dos siglos pasados. Poco hemos avanzado. Pero el miedo actual es el miedo a lo inesperado. Estamos indefensos y no creemos en la ciencia politizada que pretende ser palabra sabia pero se equivoca frente a un virus una y otra vez.

Estamos ante una peste inédita que parece invencible. Es invisible a simple vista, y genera un pánico tal al contagio que, auspiciado por gobiernos ineptos nos hace señalarnos como fachos virales unos a otros. . Somos todos sospechosos para todos. Todo aquello que expresa amor, un beso un abrazo, un saludo, una caricia puede llevar a contagiarnos. El otro es una amenaza.

La vida cotidiana, los momentos de vida, como el que conté hoy, se evaporan ante el miedo.El amor se vuelve distante y peligroso.Pero el hambre y la falta de certezas oficiales nos llevan a ser solidarios con ese otro. La humanidad se enfrenta a una elección. ¿Nos volvemos panicosos y encerrados, o seguimos luchando y apoyando a nuestros hermanos? Laburando, como dijo el gasista. Laburando para seguir. Porque si no, gana la peste.

Diario de Cuarentena: En el país de los monstruos

Un monstruo (del latín monstrum) es un concepto muy amplio ligado a la mitología y la ficción. Se aplica a cualquier ser que presente características, por lo general negativas, ajenas al orden regular de la naturaleza.

En Argentina somos afectos a volverlos presidenciables o políticos. Y a juzgar por los hechos de los últimos meses, podría decirse el último año, estos monstruos, que se describen como seres híbridos que pueden combinar elementos o adquirir tamaño anormal y facultades sobrenaturales, se han perfeccionado. Su malignidad llega a utilizar una pandemia para su beneficio. Como llevo un diario, tengo una cronología exacta de los aconteceres argentinos desde marzo hasta aquí. Y de lo que no se hizo. Se nos encerró enseguida, pero no se nos hicieron test, se nos continuó encerrando pero no se nos bajaron impuestos, seguimos por tercer mes encerrados, pero liberaron presos y corruptos, y en el cuarto, como si fueran dioses, sin congreso y sin justicia, emitiendo lo que no hay en reservas, siguieron impidiendo el trabajo y el libre tránsito, en el quinto fueron por más, la impunidad de la vicepresidenta es su agenda y se enorgullecen de las ollas populares, gente con prontuario promulga leyes que impiden la libertad de expresión y la miseria creada por el gobierno no solo no impidió un gran avance del virus sino que lo agravó. Y en los más humildes o rurales es donde más se padece.

Pero los monstruos que son en general seres que inspiran miedo o repugnancia, también son compulsivos, y a pesar de las evidencias no pueden parar, entonces nuestro presidente decide no contar que era el abogado de acusados que salva con su reforma, o persiste en ser titular de una sociedad anónima, y mantener su cargo en la UBA. Porque contra todos, creo que es peor que la vice, él mostró una faceta amable y moderada para ser votado, y ahora muestra sus cuitas. Sé que monstruo es un descalificativo, lo uso para referirme a personas cuyos actos van en contra de los valores morales propios, como el caso amerita.

Amnistía Internacional reconoce que Argentina atraviesa una profunda crisis con retracción de la actividad
económica; el aumento de los índices de pobreza; el deterioro en las jubilaciones y otras prestaciones sociales; la pérdida de empleo; la caída del salario real y del poder adquisitivo frente al aumento de la inflación que produjo un deterioro en la agenda social y económica del país y se encuentra elaborando en este momento un estudio sobre el impacto de esta crisis en algunos derechos humanos, y sostiene que nuestro mundo enfrenta problemas complejos que sólo pueden abordarse si abandonamos la idea de que los derechos humanos se refieren algunas formas de injusticia que enfrentan algunas personas, pero no otras.Los derechos humanos son de todos. Debe haber una decisión política, un compromiso de hacer de ésta un área relevante y no marginal. Si alguna vez hubo un tiempo para que el gobierno demuestre una resolución firme en promover una agenda de derechos humanos integral, transversal y sólida, este es el momento.

Con esto aclarado, me cuesta sostener la idea de que van a hacer algo por el otro, más que atropellarlos en pos de sus propios y miserables intereses. Y digo esto con mucha tristeza, porque en este país de monstruos, podríamos ser de los otros, de los que apelan al vocablo en un modo positivo, podríamos tener monstruos sagrados que descuellen por su esfuerzo, trabajo y excelencia. Los ciudadanos, en su mayoría somos monstruos para bien, el problema está en la cabeza de los monstruos que gobiernan. O dictan.

Diario de Cuarentena: Pequeñas cosas

Uno se cree que las mató, el tiempo y la ausencia.Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas: En un rincón, en un papel o en un cajón, Como un ladrón, te acechan detrás de la puerta, te tienen tan a su merced, como hojas muertas. Que el viento arrastra allá o aquí, que te sonríen tristes y, nos hacen que, lloremos cuando nadie nos ve.

Esta letra de Serrat, refleja lo que siento hoy. Releí mi diario y me dio pena ver como mi alegría se iba transformando, primero en queja, en bronca, hasta llegar al dolor. Me duele la realidad, me duele la muerte de las pequeñas cosas, su ausencia, ese tren perdido en la ignorancia de los poderosos que no resuelven nada pero nos dejaron sin lo nuestro. Este boleto de ida que ya no tiene vuelta, es tortuoso y descuidado, no esta picado por un guarda prolijo y amigable, tiene marcas de sangre, de tiempo perdido, de muertos dolientes y de vidas desmembradas. Es un boleto sucio.

Y entonces es que siento que perdimos el tiempo de rosas ese en el que, en nuestros rincones favoritos podíamos disfrutar, pero para no desesperar, busquemos en algún cajón, un papel plateado por el tiempo que nos vuelva menos robóticos y más amorosos, menos temerosos y más temerarios, para que que esta realidad que nos tiraniza con números símbolos de sometimiento, no pueda tenernos a merced, como personas muertas. Que el viento nos arrastre hacia un lugar mejor, y no nos bambolee en nuestros principios. Debemos vernos unos a otros, para sonreirnos y ayudarnos, luchar juntos por un futuro.

Y tal vez después, cuando nadie nos ve…

Diario de Cuarentena: el Ogro filantrópico

Hoy para escribir mi diario, me basé en uno de los autores mexicanos que me ayudan a pensar y al que releo en cuarentena,Octavio Paz, que obtuvo el premio Nobel en 1990, fue también un premio al ensayo hispanoamericano. Si bien compuso poemas de gran factura, como ‘Piedra de sol’, su fama radica particularmente en el ensayo ‘El laberinto de la soledad’. Publicado en 1950, un ensayo pionero e inquisidor. Lo traigo a colación porque el autor, explorando la identidad de sus colegas, desmitifica el nacionalismo de los países hispanoamericanos, demostrando cómo lo que países que hoy nombramos México o Colombia fueron construcciones políticas y militares de oligarquías locales del siglo XIX.

Dos siglos después, nos dice Paz, “nadie puede explicar satisfactoriamente en qué consisten las diferencias nacionales entre argentinos y uruguayos, peruanos y ecuatorianos, guatemaltecos y mexicanos”. Y luego subraya: “la mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño moral ha sido incalculable y alcanza zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con regularidad”. Si Octavio conociera nuestra Argentina de hoy comprendería la premonición de sus palabras.Trataba de interpretar el paisaje mexicano entendido como construcción social,y hablaba de la centralidad de su patria: “(…) Se levanta entre dos mares como una enorme pirámide trunca: sus cuatro costados son los cuatro puntos cardinales, sus escaleras son los climas de todas las zonas, su alta meseta la casa del Sol y de las constelaciones”.

‘El ogro filantrópico’ publicado en 1978 es el más brillante de sus ensayos políticos. Denunció que el Estado mexicano –y lo extiende al de los países hispanoamericanos– ha sido tan contradictorio y tan ambiguo que, parece precipitarse en el totalitarismo, bajo la imagen de un monstruo con varias caras, a veces generoso otras despótico, siempre paternalista . El autor pedía en ese ensayo dejar de imitar modelos ajenos de otras realidades y sociedades, para construir nuestra propia modernidad. Recomendaba despojarnos del complejo de inferioridad de ser latinos dado que solo en la observación de las formas de vivir, trabajar, gastar y gozar de nuestros pueblos está el secreto del Estado adecuado. Por eso insistía en la observación de la realidad. La crítica y la imaginación, si nacen de una mirada límpida de la realidad, nos desintoxican de las ideologías y los fanatismos de nuestros tiempos. Sus palabras reflejan aún hoy, más de cuarenta años después la realidad de la mayoría de los países de centro y sudamérica y pone a prueba la función de estado paternalista que nos quieren imponer.

Octavio Paz en el Ogro filantrópico afirma que los liberales creían que gracias al desarrollo de la libre empresa, florecería la sociedad civil y simultáneamente, la función del Estado se reduciría a la de simple supervisor de la evolución espontánea de la humanidad. Los marxistas, con mayor optimismo, pensaban que el siglo de la aparición del socialismo sería también el de la desaparición del Estado. Esperanzas y profecías evaporadas: el Estado del siglo pasado se mostró como una fuerza superior, y se transformó en el nuevo siglo al que no visualizó en su obra, en un amo sin rostro,que obra, esto sí lo supuso. que actúa como máquina .

Este Estado del siglo XX que nos mostró Paz no es exclusivo de ciertos Estados totalitarios; se refiere, también, a lo que en las democracias occidentales se ha llamado Estado de Bienestar. Por Estado de Bienestar se entiende a un Estado que redistribuye la producción otorgando subsidios principalmente para ciertos servicios de educación y de salud. De aquí que sea filantrópico. Pero es ogro porque muchas veces la distribución la hace independientemente de las necesidades, deseos y preferencias de los ciudadanos. SI el gran autor mexicano pudiera ver el Estado argentino de hoy, que lejos de la filantropía en educación y salud, avanza gigantesco subsidiando todo aquello que le asegure un voto clientelista, sin visión más que la idea perpetuarse en un continuo desarrollo de la burocracia populista. Cada vez que pienso en el papel de Estado de Bienestar me pregunto qué tipo de intervenciones estamos dispuestos a justificar. ¿No te parece que hoy, con este Estado que pretende ser nuestro padre, decidir por nosotros, abolir nuestros representantes, simular protegernos; se nos está eliminando de la acción democrática? Yo no quiero un estado padre. El problema político y filosófico del paternalismo en el siglo XXI que Paz no llegó a cuestionar, aparece para destruir democracias en Latinoamérica.No se cumplieron los sueños de los marxistas ni de los liberales, que intuitivamente buscaban dar solución a ciertas contradicciones que se presentan en la relación gobernantes-gobernados.

Es necesario establecer ajustes a un sistema que en Argentina al menos, donde tendemos a el Pater Estado por derecha o por izquierda, tenemos que conquistar una nueva visión política y social. Una que nos de más poder a los ciudadanos, para enfrentar los arrebatos locos del poder de turno. No necesita la ciudadanía un Estado Ogro filantrópico, sino ideales de justicia e igualdad de oportunidades. Los logros después dependerá del trabajo y del esfuerzo individual. Con brindar condiciones igualitarias es suficiente para el ciudadano. Claro que esto implica un cambio cultural que necesitamos debatir. Nos debemos una discusión social que proyecte un consenso a cincuenta años, para no seguir viviendo de emergencia en emergencia.

Escribo y leo y estudio para pensar, para pensarnos. Para crear en mi diario una búsqueda, con preguntas que no pretenden ser definiciones pero si reflejo de lo que acontece, en esta cuarentena que nos agota y nos deja parados mirando un solo aspecto de la realidad. Insisto. Es momento de estar atentos.

Diario de Cuarentena: El amor en los tiempos del cólera

Cada domingo, una recomendación literaria, este domingo previo al día del lector, un clásico. Una de las novelas más logradas de García Márquez es “El amor en los tiempos del cólera”, escrita al tiempo de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, con fama alcanzada gracias a “Cien años de soledad”. Todo un reto literario que esta obra, sobrelleva con altura. Establece una punzante crítica a una sociedad -que parece sostenida en el tiempo- con inequidades sociales, urgencias específicas y bordes que permiten paralelismos con la realidad actual.

   El argumento es simple: una historia de amor no consumado entre Florentino Ariza, hombre sencillo y sin fortuna, y Fermina Daza, una joven de buena y adinerada familia. Lo interesante de la novela es el tiempo, que transcurre mostrando contextos y parámetros culturales, mientras Fermina sueña con Florentino, lo idealiza y cuando logra regresar a su pueblo, magistralmente llamado “moridero de pobres”, donde el cólera ha provocado la muerte de incontables seres y padece una epidemia incontrolable, intenta reunirse con él ese hombre al que ama, pero conocerá a un Florentino sombrío, encorvado y envuelto en una extrañeza que la aleja. Mientras tanto, y debido al cólera, vuelve al pueblo natal el notable doctor Juvenal Urbina, hombre educado, de alcurnia y un preciado soltero. Fermina inicia una relación que desencadena en matrimonio y un viaje de bodas de dos años por Europa. Otra vez el tiempo. Florentino se cree burlado y aunque lo que desea es dar a ella su amor virgen, termina refugiado en las prostitutas, pero determinado a conquistar a Fermina en un futuro incierto. 

   La fuerza, la tensión verdadera de “El amor en los tiempos del cólera” radica en el contexto social y político en que la historia se desarrolla. El cólera es consecuencia de la miseria de la clase trabajadora, que en esta obra paradójica, es metáfora de la pobreza. Cuando Gabo nos relata las circunstancias en que los personajes se conocen, nos muestra una epidemia de grandes dimensiones que ha dejado miles de muertos en el pueblo; los cuerpos apilados o flotando en los ríos. Cadáveres que hace notar que pertenecen a la masa trabajadora, a la que no pudo medicarse o enterrarse. El amor entre dos personas de distinta clase social en una sociedad conservadora es, improbable. Y ahí está la fuerza del amor de Florentino Ariza que esperará 53 años, siete meses y 11 días con sus noches para que Fermina Daza corresponda a su amor. La epidemia sigue su curso y continúa visitando al pueblo y provocando la muerte de incontables seres ante la indiferencia gubernamental, temporada tras temporada. Nos muestra que ese amor es probable que tenga condena, ante las divisiones de clases de la sociedad.

   Pero Gabriel García Márquez nos deja conclusiones: el amor no es más fuerte que los intereses económicos de la clase en el poder. A pesar de todo lo que sentía por Florentino, Fermina Daza acepta casarse con el doctor Juvenal Urbino, junto a quien permanece más de medio siglo. Por otro lado, la clase que ha ascendido al poder a través de corruptos manejos está representada por Florentino Ariza quien, en pos de su amor por Fermina,hace de todo hasta ser dueño de la compañía pesquera. Es decir esta clase humilde en definitiva sueña ser la clase que detesta, adquirir dinero y poder, que para Florentino y para Gabo lo representa Fermina.

   La maestría del autor en el final deja clara su calidad literaria: Cuando muere el doctor, Fermina recibe otra vez las cartas de Florentino Ariza y,las palabras escritas la vuelven a enamorar primero, e interminables horas de conversación, después. Se embarcan en un viaje a bordo de uno de los barcos de la compañía de Florentino para materializar su amor; lejos sin miradas sociales y lo prolongan indefinidamente. Saben que no podrán realizar su amor en tierra, se suben al bote sin regreso, en el que cuelgan una bandera amarilla (avisando que a bordo viajan enfermos de cólera) para disfrutar para siempre ese amor tardío.

Todo transcurre en Cartagena de Indias, Colombia, una ciudad que “seguía siendo igual al margen del tiempo: la misma ciudad ardiente y árida de sus terrores nocturnos y los placeres solitarios de la pubertad, donde se oxidaban las flores y se corrompía la sal, y a la cual no le había ocurrido nada en cuatro siglos, salvo el envejecer despacio entre laureles marchitos y ciénagas podridas”.

  García Márquez, nos hace vivir una historia de amor que se realiza en el fracaso, porque no pudo sobreponerse a lo social. Un amor que se vale de una epidemia para consumar deseos postergados en el tiempo. Valiosa, interesante e histórica novela, que propone un transcurrir que parece de otra época pero que puede establecer paralelas situaciones con lo que acontece en este nuevo siglo.

Diario de Cuarentena: Sentido Común

Anoche me dormí angustiada por Solange, por la falta de lógica de esa muerte en soledad. Ver a una joven cadavérica, rogar por un padre a quien una norma dictada por decreto, le impidió abrazar antes de su partida. Por la madre de Facundo, que descubre esqueletos tratando de encontrar en huesos algo de su hijo perfecto de veintidós años, que un control policial de cuarentena detuvo y nunca más apareció. Por las víctimas de género, que superan las 100 pero no las nombran más, por los niños del hambre que no pueden achacar a la pandemia, porque crecen y crecen y se ven condenados a ollas populares sin control alguno. Y por cada argentino padeciente, que no puede realizar su vida cotidiana, mientras sus derechos son asaltados por quienes deben garantizarlos.

Me doy cuenta que hay intencionalidad en mucho de lo que vivimos y también que hemos perdido el sentido común de la vida en sociedad. Ese sentido común que es la capacidad para juzgar razonablemente las situaciones de la vida y decidir con acierto. Nada ha sido acertado durante la pandemia. Vivimos entre permisos burocráticos y abusos de poder. No podemos practicar deportes pero podemos hacer colas por horas para pagar impuestos. No vemos a nuestros familiares pero conversamos con los delivery. No hay justicia civil que resuelva visitas de padres e hijos o divorcios pero sí la hay para soltar presos o corruptos. No hay posibilidad de abrir algunos negocios pero las grandes cadenas nunca cerraron. Todo ridículo y de los pelos, todo embarazoso y complicado. Turbio, sería la palabra.

Sin sentido común, estamos viviendo la tragedia de los comunes. La tragedia de los comunes describe una situación en la que los individuos, motivados solo por su interés personal, acaban sobreexplotando un recurso limitado que comparten con otros individuos. La tragedia de los comunes refleja un conflicto social sobre el uso de los recursos comunes, en donde los intereses personales entran en conflicto con el interés común. La sobreexplotación de un recurso común por un individuo en muchas ocasiones acaba reduciendo el bienestar social e incluso perjudicando al propio individuo que está provocando esa sobreexplotación. Hoy estamos padeciendo una tragedia de los derechos comunes, como el de recibir justicia que solo está disponible para una persona, el derecho al trabajo, a la libre circulación y miles de derechos avasallados. También hay recursos que pretenden transformarse en tragedia. Las tierras están siendo tomadas. El biólogo Garrett Hardin aplicó la idea al análisis de temas como la carrera de armamento, la contaminación y la sobrepoblación. Y podemos aplicar hoy a la energía, la producción y la justicia. La tragedia de los comunes nos aqueja.

Y es entonces que se afectan los sentidos, entre ellos, este sentido tan preciado que es el común. Cualquier persona que lo tenga comprende la descabellada defensa de los ciegos a un gobiernos que los destruye a ellos también. Que nos obliga a vivir y morir en soledad. ¿Con qué derecho?. no hay certezas sobre el virus que nos aqueja, ni siquiera son ciertos los análisis para detectarlo. La ciencia no ha acordado todavía, sus trascendencias. Los países con sentido común, volvieron con cuidado a la vida diaria, con respeto y protección de los derechos individuales. Nosotros nos estamos hundiendo en una ciénaga mentirosa y tan feroz que ni alguno de los aliados del gobierno quieren entran en ella.

Esta mañana me desperté con la certeza de que nos quieren envenenar la vida, que pretenden desarmar la trama social para que mientras nosotros, los comunes, discutimos, los corruptos se aseguran la impunidad. La vida se nos pasa, la muerte nos arrebata personas queridas que no podemos despedir, y el miedo nos paraliza, debemos apelar a nuestro sentido común para cortar con tanta locura.

Les dejo un párrafo de la canción de Molotov

Perros callejeros,
Topes y baches,
Tops permanente y migrañas constantes,
Tenis colgados del poste de luz,
Como yo del cable como el metro bus,
Te retordillan con los aerosoles,
Un cuadro en blanco una cuadra de colores,
Licorerías en cada esquina,
Limosneros piden limosna al de la limosina,
Los diputados ellos viven muy bien,
Y desde sus mansiones eso es lo que no ven,
Que somos muchos muchos más de cien,
Que creen que el cambio esta adentro de cada quien,

El sentido común, no ha sido tan común
No ha sido tan común, el sentido común
El sentido común, no ha sido tan común
Últimamente

Diario de Cuarentena: Hogar

«La libertad es el medio no el fin de la política de nuestra Constitución. Cuando decimos que ella ha hecho de la libertad un medio, queremos decir que ha impuesto al Estado la obligación de no intervenir por Leyes ni Decretos restrictivos al ejercicio de la producción, pues en economía la libertad del individuo y la no intervención del Estado, son dos locuciones que expresan un mismo hecho» Juan Bautista Alberdi

Anoche viví un encuentro poético sobre el Éxodo Jujeño, que fue ejemplo de pluralidad, de respeto por la patria, por los valores. Todas las voces fueron oídas, desde las instituciones Belgranianas, hasta la sangre quechua perdida en los intentos libertarios del general. En un hilo histórico y poético se construyó un lazo virtuoso con el pasado, que mejoró un presente donde la libertad es escasa.

Una vez pasado el evento, me quedé pensando en esas voces y las contrapuse al arrebato que intenta el gobierno con la reforma de la justicia federal, como si en este momento nos interesara que algunos corruptos se salven. Los jujeños dieron sus vidas y sus casas por nuestra libertad. Y ahora pretenden salvar a quienes roban a la patria. Porque no presentaron una reforma laboral, ni de ninguna otra parte de la justicia, solo la federal. Manotazos de ahogados de corruptos totalitarios que lamentablemente tienen mayoría dada por un pueblo al que prometieron otras cuestiones. Vivimos un momento de gran avasallamiento a la constitución de Alberdi, que no era un ingenuo soñador. Pero mucho menos demagogo. No pretendía agradar sino asegurar un futuro lleno de garantías ciudadanas. No sólo proponía preceptos sino que dejaba claro los medios para lograrlos, porque conocía el fracaso de otras cartas magnas latinoamericanas:»Así, en América gobernar es poblar. Definir de otro modo el gobierno, es desconocer su misión sud-americana» y añadió: «Para poblar el desierto son necesarias dos cosas capitales: abrir las puertas para que entren y asegurar el bienestar de los que en él penetren, la libertad en la puerta y la libertad adentro«. Hemos hecho tan mal las cosas, que hoy tenemos un país despoblado y un AMBA superpoblado que es sinónimo de esclavitud política y pobreza. La inmensa mayoría de los argentinos provenimos de una inmigración permitida la Constitución que abrazó a nuestros ancestros para que poblaran el país y ellos, con trabajo , ayudaron a edificar esta gran Nación que hace cien años estaba entre las primeras potencias del mundo, una que se fundó con bases liberales, de apertura, de bienvenida, como reza nuestro Preámbulo, «… para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino». Para el Dr. Juan Bautista Alberdi la inmigración significó población,trabajo, ahorros y capitales que permitirían ayudar a comunicar el país con ferrocarriles que nos unificaron y que están hoy parados. Cómo está parado el libre tránsito, la circulación y la libertad. El gobierno argentino está avasallando nuestra Constitución. Atentos. No es una liviandad.

Me considero una persona comprometida con la realidad y de apertura política. No pertenezco a fuerza alguna pero he pertenecido a varias. Creo en los ideales, aunque me importan más los hombres que los respetan y ayudan a construirlos. Doy bienvenida a las críticas, me construyen y me ayudan a crecer. Pero si hay algo que rechazo de plano es la falta de libertad y la corrupción pública. El espíritu de nuestra Carta Magna, no sólo es actual, sino que fue el que llevó al país a la grandeza, a la producción y al crecimiento. Una República debe aspirar al equilibrio entre seguridad jurídica, confianza económica y estabilidad política, estamos con todos los parámetros en crisis. Y le sumo un Estado omnipresente que destruye a quien debe defender. Según Alberdi, el estado debe tener cinco funciones primordiales, tres monopólicas: Justicia, Defensa y Seguridad y dos subsidiarias: Educación y Salud. El Estado debe hacerse cargo de la Educación (Ley 1.420 – Laica y Gratuita) y de la Salud de los más necesitados, recordando siempre que todos los seres humanos hemos sido creados iguales en derecho y distintos en capacidades. Decía con claridad: «El Gobierno no ha sido creado para hacer ganancia sino para hacer justicia. No ha sido creado para hacerse rico sino para ser guardián y centinela de los derechos del hombre».

El populismo actual, que trata de reemplazar el trabajo con prebendas que empobrecen la dignidad y los bolsillos de los necesitados, le dan a nuestra Constitución una vigencia tremenda. Y van por ella. Estamos ante avances totalitarios, de un clasismo intolerable y con embates diarios en los últimos ocho meses contra la libertad.  Recordemos a Alberdi, protejamos nuestros derechos. La libertad genera igualdad, son una, consecuencia de la otra. El Tucumano decía: «Realicen las transformaciones imprescindibles con coraje y determinación. El gobierno anterior no tuvo ese coraje, el actual tiene intenciones descabelladas. Pero los pobladores, nosotros, los ciudadanos, debemos ponernos de pie. No permitamos que nos mientan, no podemos seguir rifando el futuro de nuestros hijos. Es menester levantarnos contra la impunidad, contra el irrespeto a la propiedad, contra la creación de odio al ciudadano que trabaja, que crece, que amerita. No fue así el espíritu que nos transformó en una gran Nación.

Alertemos a nuestros conciudadanos, pongamos un cono de atención contra los que nos quieren pisar. Actuemos en conjunto, con y para los otros, sin odios. Vecino con vecino, en paz. Aprendamos de los norteños. Ellos fueron parte de un éxodo doloroso y trágico que ayudó a gestar libertad. Dejaron su hogar y volvieron a construirlo. Ayudaron a crear una Nación. Y esta Nación es nuestro Hogar. En el que, al menos yo, quiero vivir.