Diario de cuarentena: Angustia

Y sí, hoy me levanté sintiendo al enemigo en casa, ¿no te pasa que todo lo que que antes ni oías ahora es ruido? Tal vez sea porque la vida en cuarentena es otra. La rutina tiene peso específico y los afectos, aún los más amados comienzan a molestar. Falta aire, y no tiene que ver con salir al patio, es una cuestión más fuerte, de horizonte.

Cumplí años este mes, y durante el verano había proyectado ahorrar para pasar dos días, dos nada más, en el mar. Respirando esas gotas de sal que tiene la brisa en la costa. Sintiendo el viento en la cara, comprobando mi mínima existencia en la inmensidad oceánica, No lo pude hacer, por prohibición. Y te juro que el ruido que escucho es más alto que el de las voces de mi casa. Es un ruido que ahoga, como si algo en el correr de mi sangre estuviera al acecho, y todos mis líquidos en alerta. Entonces mis latidos se hacen ruido, el estertor de mi respiración, el sonido de la tecla al escribir, el agua subiendo por la bombilla al succionar se vuelve ruido insoportable.

Termino siendo mi propio enemigo, tenso y transpirado, con las manos crispadas y tapones en los oídos, porque no puedo más. No quiero saber más, no puedo leer más, no me alcanza el patio. Me tiemblan los labios cuando llamo a una amiga, de esas a las que podés contar todo esto sin que corte y me resume lo que me pasa, en una palabra que parece también estar prohibida; angustia.

Diario de cuarentena: Libertad, libertad, libertad.

El sol es radiante. Un sol de otoño deslumbrado por los colores de los árboles y la falta de prejuicio de los hombres. La gente sigue naciendo, atrevida, y nos hace más fuertes. Los abuelos no pueden conocer a sus nietos recién nacidos. No pueden abrazarlos, pero pueden confraternizar con médicos, con otros abuelos si están en una institución o con el que les vende el pescado. El sol tampoco comprende esta locura del mundo.

Voy a tratar de tomar aire, y no rezongar. Mi hija me dijo que rezongo. Entonces, como valoro su mirada mora, además de amarla, me puse a investigar por qué. Descubrí primero que rezongar o refunfuñar es emitir [una persona] sonidos no articulados o palabras murmuradas entre dientes en señal de enojo o desagrado. En realidad yo me quejo, porque la queja es la reclamación o protesta que se hace ante una autoridad a causa de un desacuerdo o inconformidad. Me quejo en forma oral y escrita y también con descaro ante una realidad que cercena mi libertad. Es probable que mi hermosa hija, justiciera y abogada, tenga otra forma de hacerlo. Pero los de mi generación sabemos que la violencia solo engendra violencia y que nos queda la palabra en un país donde la justicia brilla por su ausencia.

Me quejo entonces, aunque tome aire, porque siento en él otros aires, algunos conocidos, porque no es necesaria la extrema derecha para el totalitarismo, es lo mismo si va hacia una izquierda disfrazada. Yo siento, y se lo dijo a ella, que la república está en riesgo, que nuestra vida como la conocíamos está en riesgo y es por eso que hay un tango quejoso en cada escrito que produzco. porque huelo el peligro a pesar de amanecer en un hermoso día de sol. Más aún cuando la justicia desaparece, y nos deja solos ante el atropello a nuestras libertades.

Nadie va a impedir que ame, que abrace a mis amores, que use mi voz y mi libertad para escribir. Estamos recordando la revolución de mayo de 1810, ésto decía Mariano Moreno sobre la libertad en la escritura :“Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración; no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente el mérito y la virtud, porque hablando por el mismo en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán al polvo los escritos de los que indignamente osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.”

Sigo quejándome hija mía.

Diario de Cuarentena: Olores

Domingo. Un día de aromas en mi recuerdo, el tuco de mamá en la cocina de Coronel Suárez, la abuela que venía a la mesa enfundada en batones floreados y cuentos de oriente. Mis hermanos pequeños corriendo alrededor de la mesa, mientras hacía las tareas para el hogar. La santa rita del patio florecía leve y se sostenía por bastones que le ponía mamá. Un Farol iluminaba las noches de patio, pero esas ya son otra historia.

Hoy quiero detenerme en el sentido olfativo de la vida. Ese que nos hace permanecer los recuerdos, el que ayuda a que un domingo cualquiera sea inolvidable. Mientras me propongo, a pesar de mi poca destreza hacer un tuco en casa, percibo un mal olor.

Pero este es distinto, es del otro tipo de olfato que tenemos, ese que viene con el instinto, el que avisa desde la amígdala cerebral que estamos en peligro. El que pone a prueba nuestra supervivencia. El olor a carroña y a peste perpetua. Uno que atraviesa la piel para erizarla y nos vuelve fieras. Un olor poderoso a trama incestuosa y política que abruma todo mi ser.

Siento olor a encierro, como esos placares viejos, pero lo siento en la entraña. Pretenden encerrarnos para siempre en una caja a presión. Una de la que pocas sociedades pudieron salir, y necesitaron siglos para hacerlo. Me da pavor sentir este olor. Tiene en su piel el sudor de los esclavos, la estupidez de los totalitarios, la sincera sumisión de la ignorancia y la violencia despiadada de los dictadores. No puedo olerlo más sin desmayarme. Por eso me corro, para seguir luchando. Y volver a sentir el jazmín y la violeta y el álamo plateado. Para volver a ser libre, primero en mi mente. Y desde allí, como siempre, luchar con la palabra como vehículo de ideales que alejan el confinamiento y la mentira de la sociedad.

Ya estoy por la parte en que revuelvo el tuco de domingo, corrí el miedo de mi esencia, y ahora aspiro el tomate y la albahaca, sin hacer caso al deseo de otros y viviendo el mío, libre. Sin mal olor

Diario de cuarentena: Suspendida

Anoche me quedé dormida en el sillón con Mila, mi perra. Dormimos hasta que la casa comenzó a despertar, los hombres se iban al campo con una alegría inusitada. Lograron permiso para hacerlo tras más de dos meses. Nos quedamos solas. Y la vida adquirió otro ritmo, femenino, cadencioso. Preparé mate, saqué unas cerealitas de lino del armario y desayuné mirando el final de una serie francesa. No tengo que ocuparme del almuerzo, así que voy a escribir un rato, leer otro, hacer gimnasia y limpiar la casa con música para estimularme.

Disfrutar lo simple siempre fue mi secreto para ser feliz. O lo feliz que se pueda, en las realidades que nos construimos solos o que nos construye la sociedad. Igual te cuento que esto de no tener poder sobre el confinamiento me angustia y hace que sueñe con un mundo donde los permisos no sean necesarios, las muertes no se cuenten en tv y los logros no se castiguen con impuestos. A pesar de todo eso, te invito a buscar momentos de felicidad.

Un recuerdo caído en tu memoria, ese primer beso apasionado, el ronroneo de un hijo tras amamantarlo, la mirada de tu amor una madrugada, el aroma a jazmín en la vereda, tu mamá arrugada pero tuya. La facilidad de abrazo de tu amiga, una ida al colegio compartida, la vecina con la torta recién horneada o la urgencia de rey mago antes de que despierten ellos. Tanto hay para ser feliz, que elegir la tristeza es casi un sacrilegio.

Por eso esta mañana de soledad perruna, voy a beberme el sol en mates leídos y a fortalecer los glúteos aunque no se levanten. Voy a necesitar poco, para poder ser feliz un rato. Aunque no olvide la libertad suspendida.

Diario de Cuarentena: como en el 83

Vino el frío, como siempre. Pero éste año tiene aditivos, estamos confinados. Porque hay un virus que circula en el mundo. Y porque en nuestro país parece que nos quieren confinar para siempre. De paso la clase política se apropia de todo, se clava en el poder como si fueran cristo pero sin salvarnos.

Frases como «no existe más la normalidad» «el que sale es un asesino» salen de la boca de gobernantes y científicos con una liviandad que asombra, por ejemplo un ministro de salud aseguró que una ciudad capital «irradia» virus. Circula una pos verdad como mínimo dudosa, mientras la humanidad sigue con sus vidas y sus muertes, como siempre, porque no dejaron de existir otras enfermedades a pesar del coronavirus.

Eso no importa, lo único relevante es quedarte en casa. No jodas, digamos, que tenemos que salvar a procesados, estimular la ignorancia y volvernos todopoderosos. A mi, no me preocupa que estos políticos se enamoren de la autocracia que el miedo del otorga. Me asusta nuestro silencio.

¿Vos vas a ser cómplice por miedo? ¿O te vas a animar a resignificar los logros democráticos del 83? Nos dicen que estamos en peligro como especie, pero no tienen idea de como salvarnos. Nos dicen que nos van a cuidar, pero solo entienden el encierro y el silencio como cuidado. Es hora de ser ciudadanos de pie. Y eso no significa arriesgar la salud. Pero sin libertad ni república, ¿de que salud hablamos?

Me resisto a contar muertos y mirar para otro lado. Cuando otros países tenían 600 contagios estaban colapsando, parece que el nuestro no. Los medios pautan la información con el bolsillo y los oyentes quedamos expuestos a falsas premisas. Los que nos gobiernan se cuidan para seguir viviendo de la política mientras los trabajadores que pueden se arriesgan y los que no mueren de hambre. La igualdad no es lo que nos quieren hacer creer. Igualdad es educación y cultura, es libertad de expresión y oportunidad abiertas para todos, pero no quiere decir que a vos te vaya igual que a mi. Podemos tener deseos y capacidades diferentes, podemos esforzarnos más o menos, y no tenemos porqué tener los mismos resultados. Como sociedad nos aferramos a mentiras dichas por personas que hablan de patria enfundadas en trajes importados, pusilánimes.

Es hora de alzar la voz y no bajar los brazos. La comunidad científica no nos da respuestas. La política menos. La economía se destroza. No perdamos los valores, por favor.

Diario de Cuarentena: Cicatrices

Los gritos de dos gasistas matriculados y un representante estatal me hicieron saltar de un sueño. Estaba contando mis cicatrices. Esas que adquirimos por vivir, teniendo como posible cura borrarlas. Pero me gustan, me encariño con ellas. La del golpe a los diez, el tajo contra la espina de la rosa a los once, la caída de la bicicleta yendo al parque y las cesáreas que dieron vida.

Pero están las otras, las que van quedando adentro. Amores perdidos, sueños rotos. Dos o tres proyectos embolsados para siempre y la espera de aquello que no va a llegar. Una injusticia mal curada, tres instintos fallidos, la bocanada de aire cuando la vida casi me ahogó. Un ataque de pánico y las cruces quebradas de fe,

SI Saer me leyera diría que con tanto orden en mi diario, interrumpo la psiquis, y tendría razón. Estoy leyendo su libro, tal vez por eso pienso en las cicatrices propias, porque con ese fluir que un autor tan inmenso propone entre las relaciones y el caos, entre varios mundos propios y la fuerza de su voz, no pude escaparme.

¿Cuántas cicatrices te definen? ¿Las contaste?, yo me las toco, rozo mi mano sobre esos cordones de carne usada y transito el recuerdo. Me atormenta la idea de que desaparezcan. Mis cicatrices son trazos de la historia que viví y me convierten. Son las estrías de auto conocerme, los puntos y aparte de amores, las multiplicaciones de mi dolor.

Como pueblo también tenemos cicatrices, algunas intocables. Otras que nos acompañarán siempre desde una distancia introspectiva social. Pero en este ahora, estamos generando una herida tan profunda, que me preocupa que no llegue a cicatrizar. Nos estamos partiendo en mil pedazos y tomando prestada la voz a Saer » los pedazos no se pueden juntar».

Diario de Cuarentena: Revolución

La Revolución estaba en marcha tras las palabras de Saavedra y la renuncia de Cisneros un veinte de mayo de 1810. La libertad y la independencia se acercaban. Recuerdo con mucha emoción la semana de mayo escolar, donde la patria, vestida de celeste y blanco nos engalanaba. Recuerdo llevar la bandera con el guardapolvo impecable y almidonado por mamá.

Hoy nos encuentra la fecha, tras sesenta días de confinamiento con todas nuestras libertades restringidas, el mundo convulsionado, hambre y poca posibilidad de independencia y futuro. Pero tal vez sirva vestir nuestras casas con los colores patrios, para despertar en nosotros un poco de la grandeza de otros tiempos, donde hasta al Virrey que se le pidió la renuncia se le aseguró salario e integridad. Nuestra Argentina esta necesitando líderes, hombres y mujeres de bien que intenten pensar en el futuro, dejar de quedarnos siempre en las cuestiones cotidianas, en las chicanas políticas, para proyectar. Para resolver desde el estado de justicia y la república la coyuntura complicada que venimos arrastrando.

Vienen tiempos difíciles, no podemos mirar al costado. Ponete la mano en el pecho y si sos juez, impartí justicia, si sos político, representá a tus votantes, si sos docente, educá en valores, si sos un simple ciudadano controlá. Nunca debemos olvidar que los que nos gobiernan son nuestros empleados, a quienes les pagamos para representarnos. No son nuestros padres ni nuestros amigos. Deben cumplir una tarea que es la de administrar la República, no ponerla en peligro. Embanderá tu corazón y pedí justicia, libertad y honor para todos los ciudadanos del pueblo argentino. Y en un mundo mentiroso, animate a decir tu verdad. ¡Viva la Patria!

Diario de cuarentena: pensamiento lateral

Anoche me quedé dormida en el living viendo la serie finlandesa Sorjonen, donde el pensamiento lateral de un investigador hace posible el análisis de los casos desde ángulos nuevos. A pesar de estar contracturada, amanecí con una tristeza maloliente. Esa que no te deja dudas de que estás en otra dimensión. Es que nuestro país, tan lineal que avergüenza, va y viene hace años entre monopolios políticos populistas que tienen el fracaso como único destino. Sería un análisis claro si no fuera el país en el que viven la mayoría de mis afectos, de las personas que hacen posible sostener mi equilibrio emocional. Y el de mis proyectos y logros, y el de mis padres, el que eligieron mis abuelos como pujante y productivo.

¿Te pusiste a pensar como nos convertimos en lo que somos hoy? ¿cuántos años de desidia, corrupción, dobles discursos y pérdida de valores nos llevaron hasta acá?

Lo que me queda claro es que así no se puede seguir. Pero depende de los ciudadanos. La indiferencia y la falta de compromiso hace que nos quejemos sin participar, pero también hay una porción participativa a la que no dejan acceder al poder porque no quieren cambios. No será una lucha fácil y va a ser desigual, pero los comunes, aquellos que trabajamos en forma independiente, a los que nos importa el prójimo, que somos capaces de creer en los valores, el esfuerzo y la capacitad de la producción propia y colectiva como factor de cambio, no podemos cejar en el intento y dejar nuestra futuro en manos sucias.

Te invito a buscar tu pensamiento lateral, ese que hila lo que fuiste recogiendo a lo largo de tu vida y por nuevas interacciones te permite la creatividad a la hora de resolver problemas. Pensemos sin miedo, sin estereotipos, sin trampas, pero actuemos. Y cuando actuemos, visualicemos por favor, un mundo con valores, donde la honestidad, no sea un sueño.

Diario de cuarentena : Otoño perdido

Nos perdimos el otoño, dijo Bere ayer por la tarde al pasar. Pero quedó en mí. Las verdades simples son las que se acuñan. Tanta contabilidad de la enfermedad y la muerte nos hizo olvidar de la estación colorida y nostálgica que nos llena de crujidos, aromas a eucalipto y roble viejo, preciosos dorados y rojos intensos. La estación de los soles sin pecado y la lenta muerte del verano. Nos quedamos sin otoño, para muchos no va a ser el último, pero nunca lo sabremos. Y éste, el otoño que estamos atravesando, que es brillante y cálido, con brisas amarillentas y sueños postergados, lo habremos perdido.

Queda un tiempo de otoño aún, pero toda esta cuestión pandémica y tensional, casi como un tango sin final, nos está haciendo olvidar del verdadero sentido de la vida, que es el presente. Porque la posibilidad de muerte nunca es ajena, la de enfermedad mucho menos, pero la vida….

¿Vos te perdiste el otoño? ¿querés seguir dejando de lado tu vida? ¿el miedo te atrapó? Te cuento que yo estoy en la mitad de esas preguntas, tal vez como casi todos, salvo los poderosos, que están haciendo uso de nuestro tiempo, nuestro miedo y nuestras vidas. Yo creo que siempre logré ver los otoños, incluso éste, y estoy entrando en mi propio otoño, entre plata y oro mi cabello, mi suerte y mi poesía. Pero para nuestros hijos es importante dejar un mensaje de libertad. De posibilidad de cambio y de proyectos. Hay que enseñarles a luchar contra las hegemonías culturales, y a pelear por las que ellos elijan como bandera. Pero es necesario que hoy peleemos por la libertad para no sentir que éste, es un otoño perdido.

Diario de Cuarentena: Coronados de gloria

La cuarentena nos ha vuelto muchas cosas: todos limpiamos, todos somos capaces de cocinar algo, todos somos biólogos, todos apreciamos un rato al sol, todos cuidamos el planeta, nos acercamos a nuestras mascotas, nos volvimos musulmanes de tanto lavarnos las manos, hacemos gym en casa, vemos cine, series, programas de viajes, cocina, y noticieros. Todos nos tecnologizamos. Al fin de cuentas, la cuarentena nos volvió gloriosos y perfectos.

Hay otras variantes, también nos volvimos: irritables, quisquillosos, capaces de comer el doble, con cabellos de colores extraños, ya sea porque vuelven al natural sin aviso, o porque intentamos ser peluqueros, tenemos las manos secas, la cara blanca y las carnes fofas.

Pero algunos se vuelven violentos. Te pido acá que te detengas. Si hoy violencia, denunciala, casi ninguna victima es silenciosa, los callados somos aquellos que terminamos cómplices del agresor por oír sin empatía. Otros aprovechan la soledad de las calles para asaltar al prójimo. Y también hay otros, que se coronan con la gloria del poder para robar la libertad.

Que el miedo al corona no te vuelva indiferente, que las cuestiones domésticas no te achaten, cuidate, y cuidá a los otros, pero entre todos cuidemos la idiosincrasia de lo que nos dio la gloria, que tiene como base un juramento, en defensa de la independencia, de la república y de la grandeza que solo otorga el ser libres. Por supuesto que hay riesgos, pero esos los corremos siempre. Pensar, respetar normas, pero no callarse. Por vos, por nuestros hijos, por la patria. Qué triunfe la libertad.