EL VIENTO QUE ARRASA

“El miedo seguía ahí como una comadreja adentro de su cueva, podía ver los ojitos brillosos en la oscuridad.”

Selva Almada

El viento que arrasa es una novela que convierte los silencios en prosa, la escritora Selva Almada (1973), propone en esta obra breve, un ejercicio contra la indiferencia. El vacío se vuelve más que hueco, y así son los personajes que nos trae, estos cuatro cuerpos llenos de desdicha. La trama, un accidente casual y un mecánico en medio de la nada, reúne las almas en ese paraje. No desean hallarse, lo fortuido o lo divino, los dejan allí, enredados en las circunstancias que marcarán un nuevo orden para ellos.

Almada pone el ojo ficcional en las oposiciones para crear un mundo narrativo con su prosa. Y nos va arrasando con cada uno de estos seres solos que ahora se reflejan en otros: Tapioca y Leni, apenas creciendo, el Reverendo Pearson y el Grinco Brauer, padres a la fuerza, las madres, que están a pesar de la ausencia y se respiran, adquieren un peso extraño, son éter y voz en off.

Selva Almada nos cuenta momentos con una poética austera y sin atajos, son distintos, son puntuales. Escenas en el taller, en otro mundo afuera de ese, y el mágico momento de la lluvia redentora. La fé pulula en el paisaje, en los animales, juega con los tiempos pretéritos y viene al ahora para decirnos que tal vez no existe. No son casuales los golpes sobre el final, esos hombres están en puja contra lo natural y lo celestial.

Los hijos, Tapioca y Leni viven sin madres, las santifican, pero esa falta los talla en forma diferente. Leni acepta lo suyo, se amolda, aprendió a convivir con el Reverendo y sus bemoles. Tapioca, por su parte, agradece que lo recogiera Brauer pero necesita más, quiere irse. Tal vez busca a su madre en ese afuera del taller perdido en que lo dejó, y la urgencia religiosa de Pearson le viene desde el cielo como excusa. Leni juega a quedarse, florea la posibilidad pero no es su voluntad, Tapioca parte. Ella se consuela, él se atreve, una de las oposicones en la novela. Se oponen la resignación de ella frente a la osadía de él.

El mecánico asume a Tapioca y lo educa como hijo. No cuestiona a la madre. Se hace cargo de él aún ante la duda. Simple y abierto. El Reverendo, por su parte, vuelve a Leni su reflejo, la pretende moldear a imagen y semejanza . Pero conoce a Tapioca, lo quiere llevar más allá del otro padre, más allá del mismo Tapioca, este supuesto hombre de fé dejó de ser empático y se volvió autoritario, quiere posesiones. El mecánico, más básico y sincero asume su suerte. Dos hombres, dos mundos. Un fanático religioso, hipócrita, miente y se vuelve viudo para dar lástima; Pearson, un pastor indigno que propina sermones interminables pero es incapaz de un diálogo intra familiar. El grindo rudo, no tiene matices. Todo su creer está en la naturaleza, ahí ve a su Dios y lo comparte con su hijo. Las madres son el silencio, de ambas se ven dos escenas y se sabe poco, una deja a su hijo, la otra es echada.

El viento que arrasa  transcurre en el taller y lo que está fuera de él; Brauer vive aislado. La autora deja claro el concepto de exclusión de uno y otro espacio. El taller es el basurero de las cosas que usaron en ese afuera que es incógnita, y que aterra y regocija a la vez. Está en el campo, pero falta aire, como si fuera la memoria de la vida que otros perdieron..

“El paisaje era desolador. Cada tanto un árbol negro y torcido, de follaje irregular, sobre el que se posaba algún pájaro que parecía embalsamado de tan quieto.”

Pesa el aire, pesa y duele hasta la tormenta. La lluvia obliga a los personajes a unirse por refugio, entran, interaccionan, todo se vuelve sombra, encierro y vicio. Los padres dejan de ser solo eso, el Reverendo y el mecánico se miden, y llueve, cae agua del cielo, que no es detalle menor, naturaleza y creencia se manifiestan. El Gringo Brauer, vuelve a quedar solo.

Para contar esta historia, Almada utiliza al mundo animal y llena las páginas de comparaciones, metáforas e idas y vueltas entre hombres y animales, lo hace de maravillas. Nos sitúa y nos afecta su decir. Utiliza un narrador omnisciente, en tercera persona. Pero cada uno de los cuatro personajes tiene una voz propia, pensada, elaborada con paciencia constructiva. Su lenguaje claro, permite identificarlos. Selva Almada se vuelve poética sobre el final, para hacernos oler su historia a través de un perro y todo el tiempo va dejando huella porque es muy eficaz en la construcción de momentos narrativos claves.

Una muy buena novela, gran novela, diría. Para cerrar dejo a la autora con su propio texto:

“Por alguna razón no seguí mirando por encima del nudo si no que volví a los hombros, relajados, los brazos laxos, los puños de la camisa, con sus gemelos de brillantes, cayendo sobre las manos venosas.”

No se la pierdan.

Degenerado

Ariana Harwicz encarna a la escritura despojada, no enjuicia a sus personajes, los narra brutales, monstruosos, poéticos, malditos, y nos deja en guardia, con los puños apretados. Así escribe.

 

 Degenerado es la historia de un acusado, un “perverso”. Y este hombre es un hombre con el cuerpo en juego. La autora argentina, que resiente las normas de la literatura hecha para vender, para encajar, nos convida con emociones desbocadas, nos vuelve metáfora, nos deja sin tiempos. Y lo que propone no es temerario, sino que atraviesa los miedos morales para encender la llama del deseo per se.

En Matate AmorPrecoz o La débil mental, nos dio una punta para comenzar a descifrarla, y en ésta novela, en la que aparece el hombre real, no elige cualquier hombre. Es uno que viola y mata, pero que fue vulnerado. Podemos sentir todo: amor, odio, bronca, lo aciago y lo real, y los sentimientos son tan descontrolados como las vidas de los vecinos tras los muros. Y eso es lo que da el alerta al lector. La culpabilidad deja de ser relevante cuando se cuestiona lo moral. La sociedad hipócrita encarnada en la justicia se nos viene encima y nos obliga a pensar en el actuar del hombre frente a tanta mujer expuesta. ¿Qué desea? ¿Qué hace?

Ariana Harwicz construye a su protagonista en un entorno donde el castigo social es ley, tal vez porque la normalidad es una cuestión difícil de llevar. En un entorno pacífico, que parece de cuento, es el escenario para la explicitación de toda nuestra humanidad y de sus voluptuosidades paganas. Lo pacato se vuelve irresistible para fiscales, jueces, vecinos y el hombre condenado, termina siendo la víctima de un status quo social que trasciende fronteras.

En Degenerado, el peso está puesto en la libertad con que está escrito. Sin culpar ni exonerar, sin preconcebir. Nos cuestiona nuestros gustos privados, nos invita a tocarnos de verdad, para saber también, quienes seríamos de no censurar nuestros deseos con lo político. Este hombre tuvo un padre que lo violentó desde pequeño, ¿eso lo convierte en lo que es o lo vuelve un farsante? Es excusa o prueba, él mismo aparece mintiéndose un cómo y cuestiona su verdad creándose otra, que es historia narrada. En un lenguaje nuevo, quebrado y sustancioso que se aleja de tradiciones literarias, Harwicz fluye, no escribe para norma.

Y acierta en todo, esta historia debía ser escrita así, sin tibiezas: es la historia de un pedófilo que le escupe su asco a la sociedad, para reivindicar el deseo. Ni más ni menos.

Ceremonia Secreta

“Pero a menudo enferma de soledad, había soñado que en ese poblado mundo había alguien que conocía nuestra existencia, que necesitaba de ella, que la esperaba y la buscaba, y que alguna vez la encontraría y se la llevaría consigo. Y ahora esa loca fantasía dejaba de serlo. Pero no hay que interferir en la delicadísima mecánica de la magia con su pedido de explicaciones. Hay que someterse y dejarse gobernar”

Ceremonia secreta de Marco Denevi, premiada en 1963 por la Revista Life, es mucho más que una breve obra teatral, y no lo digo por la película policial que dirigió Joseph Losey, sino por el manejo maravilloso de la iniciación o descubrimiento de identidades que logra el autor, con cuadros que pueden parecer grotescos.

La loca santificación del mundo con la que el personaje de Denevi inicia la novela, juega con dos miradas: la de la figura que promueve exorcismos florales y rezos, hechos sin permiso para salvar vecinos en un barrio de Buenos Aires y por otra parte la religiosidad que intenta mover o modificar conciencias.

La trama narrativa intenta resolver secretos que van apareciendo como luces, algunos rituales, lo policial en el grupo de sicarios, robos, violaciones y traiciones novelescas algo góticas, que lo religioso sumado a casonas cavernarias otorgan a la historia. Es una novela sobre andamiajes narrativos que se superponen, con actores que pueden venir de cualquier pretérito, creando planos inigualables, al mejor estilo Denevi para distorisionar la realidad.

Leonides Arrufat en su diario deambular va cuestionando la vida y obra de todo lo que no sea santo, santo como ella lo concibe, es la voz de la religión en la novela, una voz abrumadoramente sola, que en su propio eje santurrón deja entrar espíritus y nuevas identidades para poder seguir con lo que cree es un designio divino. Su desvarío hace posilble la relación con Cecilia Engelhardt. Así asume un rol primero, otro después, hasta confundirse en tres mujeres y sentir que la vida, en el encuentro con Cecilia, le dio un sentido a su existencia.

El enigma,es el que nos lleva a leerla con voracidad, acá no desciframos un misterio sino planos de realidad, o realidades posibles en uno y otro tiempo. Muy pronto aparece la idea de oculto, en Cecilia, cuando acosa a Leonides en el tranvía. Y es allí que se sella la trama, y nos propone el autor comprender ese vínculo contraído desde lo secreto, uniendo lo esotérico con lo religioso, mezclano lo mundano con lo celestial. Ceremonia Secreta está llena de yeites o guiños para que entendamos un mundo que nos excede.

Las escenas iniciales ya nos dejan un margen de dudas por la elección de como contarnos, con que palabras, por parte del narrador,para que comprendamos la mente de estos personajes: “La muchacha lloraba. Lloraba silenciosamente, sin un gesto sin un movimiento. Lloraba con las manos en los bolsillos. Encogida en su asiento, lloraba. Lloraba y miraba a la señorita Leonides. Miraba a la  señorita Leonides y amargamente le reprochaba no cumplir con el pacto. ¿Con el pacto? ¿Con qué pacto? La señorita Leonides perdió la cabeza: Bruscamente se puso de pie, pasó por delante y por encima de la joven, literalmente la aplastó, sintió bajo sus pies los pies de la otra, le pareció que la muchacha intentaba detenerla, que murmuraba algo, pero ella no debía escucharla, porque si la escuchaba estaría perdida, perdida para siempre.” 

Aquí aparece el narrador mostrándonos el enigma propuesto, ¿de dónde viene esta relación, de que habla la resistencia de Leonides, qué percibe?

Cecilia exige que Leonides cumpla un supuesto pacto, claro que los pactos Leonides los hace con Dios, para salvarse, para salvar al mundo del pecado. Por ahí va la cuestión. La escena que cito es el resumen secreto que sostiene toda la novela. No voy a referirme al final, pero es allí donde Cecilia da sentido a toda la trama.

Denevi muestra en esta narración conocer el sentido de la enigmación, la profundidad a la que llega con sus personajes, y como va enhebrando los hechos, es sabia. Como a Cecilia y a Leonides, esta novela consagra al autor, elevándolo. La brevedad de la obra, que la agiliza sin discursos filosofales, sumada al tono poético la tornan redonda. Estas dos mujeres se necesitan, y un sumun que las trasciende es lo que las une. Lo figurativo, aquello que es signo y señal, las analogías, van creando capas en la conciencia de los personajes y del lector,

No es casual la mención al juego de la oca, porue toda la novela es lúdica. Todo tiene la suerte y la verdad como posibles. estructura de la novela. “Después todo sucedió como en el juego de la oca loca, en el que una ficha avanza lentamente, caprichosamente, deslizándose aquí, deteniéndose allá, por un camino zigzagueante dibujado sobre un cartón multicolor, y otra ficha, más atrás, la sigue,  marchando ella también a intervalos, hasta que de súbito, y cuando el azar lo dispone, la segunda ficha alcanza a la primera y entonces las dos, la perseguida y la perseguidora saltan fuera del camino y van a encerrarse juntas en un escaque como en una fortaleza”. Pero tiene otras posibles razones para comprender la realidad, además de la lúdica, por ejempo la conciencia, la iniciación que hace el padre sobre Cecilia, la categórica creencia de Leonides, diferentes pero extremas tramas secretas que moviendo las fichas de las vidas de los personajes, con detalles, como el Arcángel Miguel en la casa, que está para señalar y castigar el mal. La trama llega hasta el sacrificio. El pacto entre Cecilia y Leonides  es un pacto elevado. La novela nos lleva por los caminos del conocimiento y las verdades de un orden trascendental. Ceremonia secreta es un entrelazamiento de acciones cotidianas, signadas por el mal; con voces de locura y de profunda conciencia divina,tal vez solo se trata como toda gran obra, del bien y del mal.

Marco Denevi, sin dudas, un iluminado.

Pregúntale al Polvo

Fante solo tuvo trascendencia después de su muerte, es probable que gracias a Charles Bukowski que consideraba a John Fante un escritor verdadero, sin remilgos, con la autenticidad reveladora de lo cierto.

Fante era prácticamente contemporáneo con Bukowski, pero resuena sin embargo en la obra del último, como si fuera más de una década la que los separaba, aunque el segundo no contaba con su humor. Probablemente esté Fante en Bukowski en esta cuestión de los alter ego que tienen ambos autores aunque el de Fante, Arturo Bandini, no puede con sus miedos y fracasa en las relaciones al punto de huir aterrorizado de las prostitutas pagándoles extra, o mantiene romances inalcanzables con mujeres que desprecia por no poder amar, construyendo un alter ego tal vez invisibilizado por los prejuicios. La incomunicación lo es todo en el personaje de Pregúntale al Polvo, escritor improbable y autor de sueños imposibles.

Hijo de italianos, pero nacido en EE.UU, la complejidad del inmigrante está en su obra, y él se ve y se siente norteamericano, y desde allí denigra a otras etnias minoritarias, como sus padres,tal vez por el propio desprecio que siente por sí, es que lo refleja en una desgarrada contienda contra mexicanos, filipinos, japoneses; y lo hace sin disimular su racismo. A él lo llaman “macarroni”, aclara varias veces. Nacido en un pueblo de Colorado, Bandini (Fante) parte a buscar suerte a donde todos iban en esa época, es decir a Los Ángeles. Una valija humilde su máquina de escribir y veinte años tibios. Llega y cree que va a lograr el éxito como escritor. Todas las novelas de Bandini muestran la descarnada ciudad meca de los años treinta. Estos libros son: Espera a la primavera, BandiniPregúntale al polvoSueños de Bunker Hill y Camino de los Ángeles, el último publicado recién en 1986, en forma póstuma.

Pregúntale al polvo narra en primera persona las travesías del joven Bandini, en una pensión de mala muerte en Bunker Hill, con tan intricada construcción que Bandini sale de su habitación por la ventana, para tirarse al césped y soñar un futuro que supone glorioso aunque una naranja sea su alimento diario.

Bandini vende su relato “Y el perrito rió” a una revista reconocida, y compra una enorme cantidad de ejemplares que reparte a todos tratando de impresionar. Nadie lo lee. Le escribe eternas cartas al editor que no conoce, reconociendo sus miserias y su falta de inspiración para concretar la novela que nunca comienza a escribir. En tanto, conoce a Camila, una moza de ascendencia mexicana y tal vez su mayor contradicción. La ve como una “diosa Maya” pero la destroza por “sudaca” , mientras que Camila le dice que ambos nacieron en Norteamérica. Bandini siente mucho por Camila, pero mucho malo, porque es una voraz decisión obsesa de poseerla, que incluye el rechazo y el miedo más sublime. Camila vive, es libre, se atreve, y Bandini tras su sueño americano, es un italiano católico militante. Camila vuela sobre las mesas, baila, juega, nada, ríe, Camila ama a otro. Un mozo enfermo, un tipo sin sueños, pero libre, todo lo que Bandini no es.

Bandini se envuelve con tanto desamor en las páginas de Pregúntale al polvo, harto de hambre, desolado por las mentiras a su madre, pidiendo perdón a Dios sin poder confesarse, y se transforma en agobio e impudicia. Es el que no puede nada. Enamorado y despechado. Aún así, en medio de la ignominia, el editor le envía un cheque: convirtió en un cuento una de sus cartas y se publicará próximamente. Y le pide que escriba una novela. Bandini se siente en el cielo como escritor, mientras se pierde en los escarnios del infierno con Camila.

Toda la novela de Fante transita la vida, el amor, la escritura, los miedos, la Norteamérica prejuiciosa pos depresión y logra mostrarnos todo eso, con un solo personaje: Bandini. Un tipo que nos da pena, al que despreciamos y también un joven incierto al que deseamos abrazar. Contradictorio y por lo tanto humano, Pregúntale al polvo es una novela cruda, pero llena de verdad, una novela de un Fante auténtico, tal vez es la novela Fante por excelencia.

Si sos lector, no te la pierdas, si escribís, es una necesidad.

Mi abandono

 Mi abandono de Peter Rock (Utah, 1967), autor con quien tuve hace unos días la posibilidad de comentar su obra, gracias a la generosidad del Taller Bazterrica Caride, es una novela que nos lleva a una especie de relanzamiento del estilo bucólico, contrario al mundo capitalista, al que aún en esta historia, basada en la vida real, le cuesta esquivar.

Caroline y Padre habitan los bosques de Oregon leyendo diccionarios, caminan y, se preparan como en un ritual para situaciones de escape forzoso. Caroline es una preadolescente que nos cuenta su presente de actividades que componen su día; su mirada es muy particular y es como si tuviera una cámara en la frente que va relatando todo.

Pero día el balance perfecto de esta vida en los bosques se ve intervenido: Mientras Caroline lee sobre un árbol, unas ramas caen y hacen salir de su trance a un corredor que estaba cerca. Este hecho rompe el sistema que mantenía el funcionamiento de éstos dos personajes y comienza una nueva etapa, podría decirse de «civilización» en la que se los detiene y terminan obligados a la sociedad que tanto evitaban.

Rock trabaja en una hipótesis límite entre la domesticación y una forma innombrable de vida en la que el ejercicio, la alimentación y la educación resultan relevantes. Esta comparación criticable de la sociedad actual se viene realizando desdee Thoreau hasta la hoy. El epígrafe del libro “Es notable cuántas criaturas viven libres y salvajes en secreto en los bosques, pero se alimentan en los alrededores de los pueblos bajo la sola sospecha de los cazadores” nos pone en evidencia y nos obliga a comprometernos. De qué lado estamos, podemos aplacar el avance del capital o solo lo atrasamos.

Mi Abandono, está editado por Godot, y es una obra que nos tensiona desde diversos lugares, y esa tensión se sostiene más allá de la página final, es muy interesante la primera parte en el bosque, que no es una vida idílica, sino que es real, que ese bosque lo habitan los personajes en todos los sentidos, y que es utilizado por el autor para poner en evidencia inequidades y cuestiones socioculturales que corrompen la trama de afuera de ese mismo bosque. Los conflictos que cruzan a los personajes no son ajenos a los nuestros, las cuestiones humanas no resueltas de estos personajes, ¿padre? ¿Hija?, el propio autor descree de una relación sanguínea al consultarle al respecto, tienen el común denominador de todos los seres humanos. Lo relativo aparece para interpelarnos y descorrer verdades de perogrullo.

Padre e hija llevan cuatro años viviendo juntos. Durante ese tiempo aprenden de l la naturaleza y le otorgan valor a sus días.. Son vegetarianos y los viernes ayunan, llevan un reloj cada uno marcando la misma hora, que no es la que usa el resto de la sociedad; o usan la ubicación de la luna o el sol. Juegan ajedrez, y Caroline estudia, Padre le enseñó todo hasta esa edad y ahora comienza su auto aprendizaje, a veces, visitan la ciudad.

Todo el libro florece en pequeños relatos, y aún ante el momento de terrible desasosiego, cuando los hallan, la escritura de Rock está trazada sobre un borde en el que la libertad individual y la esclavitud se rozan. La creación de ambientes, las luces que le da al bosque y a las relaciones humanas, los hábitos que narra, nos embadurnan de literatura al punto que al cerrar el libro vamos a tener que tomar contacto con lo natural, y respirar bien hondo, antes de continuar viviendo.

La sombra de las ballenas

Conocí a Cynthia Matayoshi cuando hice un taller con ella, me apasionó el mundo que puso a mi disposición y comencé a leerla, pequeños artículos, un par de cuentos, hasta llegar a La Sombra de las Ballenas.

Esta escritora argentina, especialista en cultura y literatura japonesa, escribió su primer novela con la madurez despiadada de una mujer, con la magia del animé, la trascendencia de lo eterno y la búsqueda incesante de la humanidad.

Lo hace sin derrochar, su narración precisa no impide la alucinación o la distopía, pero tampoco la fuerza. Las oraciones breves en tercera persona, copulan con párrafos en primera, y muta a la poesía con la naturalidad con que sus personajes pasan de un reino a otro, de un mundo a otro, sin tapujos. A pesar de esa linealidad narrativa, las elipsis se agigantan-como ballenas tal vez- para que la historia se vuelva un infinito complejo, rico, atrapante. Los tentáculos babosos -parafraseando a la autora- de la historia construyen nuevas normas en este universo friccionado, lleno de simbolismos, que crea Matayoshi para permitirse lenguajes propios. Así, lo literal y lo fantástico, en estos mundos que se parecen subjetivamente al nuestro, en estos ambientes cargados de pasiones, amores, recelos, miedos y locura, se funden para que, como lectores, atravesemos membranas hasta comprender lo que sucede.


La historia se cuenta en dos planos. Uno es el mundo real, el barrio chino de Buenos Aires, donde el Deseo Puro es alimento, pero también es criatura, alimaña, procaz o naif, y es vendido por Fantasías que recorren el Barrio. Este deseo, corrupto al fin, es contagioso y peligroso para el orden. Uno de los personajes intenta salvar a su hermana, aislada por consumirlo. Otro plano, el fantástico, alberga dioses y máquinas y seres alucinados producto de la hibridación de reinos y categorías. Los personajes de la novela se nos presentan en un cosmos, pasan al otro, y vuelven al real, solamente para hacernos saber que todo puede retroalimentarse, que somos materia al fin, escualos y dioses, mujeres y máquinas, deseosos, obscenamente maleables y que todo, lo primario y lo complejo, puede suceder.

El universo que me abrió Cynthia en su taller, florece en La sombra de las Ballenas, con una narrativa tan original y poética que nos embriaga. Y sí, puede parecer demasiado, puede resultarnos abrumador, porque se atreve a traspasar muchas puertas blancas, con autoridad, y así atraviesa cultura, mito, creencias y se vuelva en cada oración un mundo desbordado, que se come a si mismo, lame al lector y vuela.

Esta novela oscura, plagada de sentido y sólida, nos obliga a enfrentarnos con la sordidez de los deseos que ocultamos, la categoría de lector va siendo captada, hasta zambullirnos en un Océano, donde Shiva escupirá nuestros huesos si no nos atrevemos a más, después de leerla.
Excelente obra, querida Cynthia Matayoshi, recomiendo tu libro y cierro con tu voz alucinada, en la que la imaginación se vuelve causa:

Marian escucha el canto de las ballenas, en la profundidad del tímpano oye los rugidos en una lengua indescifrable. Las ballenas no cantan palabras, cantan el silencio del mar. No les teme. Sentada en la cama, escuchando la vibración en las paredes del oído, no les teme. Tampoco las comprende. Aprendió a escuchar sin comprender, como los niños antes de hablar. 

Antes del lenguaje, rugidos. Antes del lenguaje, el sentido es la marca de un animal que se arrastra. Una hendidura en la superficie.  

Siempre es distinto. Los cantos de ballenas en las paredes de la boca, pegados a la lengua, tienen forma ovalada, como de luna invertida. Copulan con otras formas en el mar. Una vez, un sonido parecido a un pájaro, extirpado de raíz. Ballenas de pico alargado y ojos cubiertos de dientes, ojos blancos y dientes negros, alas inmaduras. Un pichón de ballena está muerto, eso imagina Marian, se cayó del nido del océano. Lo comerán otros animales o quizás lo devore la corriente. 

Cómo provocar un incendio y por qué

¿Acaso no somos todos iguales? ¿Acaso no nos esforzamos todos por tener lo suficiente?

Jesse Ball

Cuando Luis Mey me recomendó leer a Jesse Ball entre otros autores, no dudé en buscar su novela y comprarla. Jesse Ball- 1978 Port Jefferson (New York, USA)- es novelista y poeta. Ha publicado novelas, volúmenes de poesía, cuentos y dibujos. Sus obras se distinguen por el uso de un estilo sobrio y han sido comparadas con las de Jorge Luis Borges e Italo Calvino. A mi juicio, comparaciones exageradas. Es un autor de calidad y prosa ágil, inteligente, si es que significa algo, y muy creativa, que es lo que más me atrajo de su novela. Lo que dice y como lo muestra, para ir envolviendo la historia en nuestro cuerpos, hasta que le pertenecemos.

Lucía Stanton es demasiado Holden Caulfield como para que una reseña esquive ese bulto, sin dudas hay una ilimitada inspiración en J.D. Salinger al crear la protagonista de la historia que narra Ball, con una voz que no podemos dejar de oír, una voz que la traiciona y todo el tiempo muestra un espíritu que prefiere ocultar. Frases como «La gente tiene muy poca agudeza hoy en día; no pueden siquiera reconocer a una persona digna cuando la tienen enfrente» o «La historia solo es gente portándose mal» se le escabullen a Lucía a lo largo de la narración. También tiene ese lado inexorable del personaje del El club de la pelea, de Chuck Palahniuk, que declara «Así es tu vida, y se consume minuto a minuto». Otra referncia que los relaciona es que existe un club secreto como semblanza, en el caso de la obra de Ball es La Sociedad del Fuego. Una vez señalados mis reparos, que son más filosóficos que reales, voy a reseñar con brevedad la trama:

Lucía Stanton es una adolescente desposeída, con una madre en el loquero, un padre muerto y una tía ácrata con la que vive y que le regala la frase que la define: «No hagas cosas de las que no te sientas orgullosa». Su bien más preciado y el que la sume en pensamientos incendiarios es un Zippo que heredó de su padre, y que le permite sobrevivir a un mundo que para ella, está perdido. Luego de ser expulsada por haberle clavado un lápiz a un compañero que le faltó el respeto, a Lucia la aceptan en un nuevo colegio en donde toma contacto con la Sociedad del Fuego, una misteriosa organización de incendiarios que quiere terminar con las desigualdades y los privilegios. La propuesta la fascina. Como lo ha perdido todo, Lucia está dispuesta a quemarlo todo. Así nos describe la historia la editorial, así de atrapante es.

No puedo dejar pasar el inicio del folleto instructivo para incendios que escribe Lucía: «Cuando tenía nueve años mi amiga y yo nos inventamos un juego. Cada una tenía una capa: capas ridículas que nos habían confeccionado en la víspera de Halloween. Qué tal, dijo ella, si las prendemos fuego y salimos corriendo y la primera en quitarse la capa pierde. En aspiraciones como esa radica la alegría del fuego: sentimos que el fuego nos pondrá a prueba».

¿Cuántas veces pensamos lo mismo? Jesse Ball le da voz a una jovencita de dieciséis años, pero también es la voz inconforme que llevamos dentro, ella descree del capital, pero amaría vivir mejor, ella dice «Ir a la escuela es horrible y aterraría a cualquiera en su sano juicio» pero amaría ser aceptada, o argumente «Odio cómo habla la mayoría de la gente. De solo escucharlos dan ganas de volverse ermitaña», sabiendo que prácticamente lo es, y no le da privilegios ni felicidad. Lucía Stanton somos todos.

No quiero dejar pasar la relevancia otorgada en la novela a los objetos, los que tiene, como el encendedor, y los que faltan, en una búsqueda constante de comprensión sobre la vida, sobre la enfermedad, la soledad y la muerte, que puede desatar en un vestido de novia una tragedia.

Jesse Ball es un escritor atractivo, su prosa ligera, eficaz, tal vez con semejanzas innegables, es sin embargo una piel que se te pega, una rápida vuelta a ideales perdidos, marcados por la sarcástica realidad a la que nos enfrentamos en la adolescencia y que se nos queda hasta la muerte. En especial si no pudimos incendiar nada.

Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball, vale la pena. Aunque queme.