Diario de Cuarentena: No hay más tiempo

Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Y aquí nos encontramos, llenos de contagios de no sabemos bien qué, con ineficiencia científica y muertes rondando, perdiendo el tiempo. Nuestro único y valioso tiempo. Somos ese río, ese tigre y nos destrozamos, pero también somos el fuego. No podemos negar la esencia, aquello que nos construye y en este universo de desesperación y secreto, como país, nos estamos quedando sin tiempo.

Diario de Cuarentena: Middlesex

Este domingo recomiendo un libro que me recomendó mi amigo y maestro Luis Mey, que voy a releer mucho. Porque los libros que interpelan, y que juegan con nuestros valores y pensamientos fijos, esos que arrastramos por mandato, son aquellos que releo una y otra vez. Ha ganado el Man Pulitzer Book Award . Y es lectura de la buena. Me voy a comprar Las vírgenes suicidas y luego se los comento. Pero leer este libro fue un deleite. Pero paso a contar un pogo de esta obra de Jeffrey Eugenides:
Calíope Stephanides, de familia griega, nació con una mutación que lo hace diferente a los demás: Es hermafrodita. Nació con el fenotipo de mujer, pero con el genotipo de hombre. Después de una vida con singularidades, Cal se propone explicarnos su historia y la de sus antepasados, sumándole una biografía de Estados Unidos, Detroit en particular, desde los años veinte hasta finales de los setenta. El autor
parte de un principio que se cree sencillo (la biografía de un hermafrodita) para complejizar la historia que se llena de personajes, bordes y sombras donde la sexualidad es un tema más entre la integración social, los guetos o el racismo. La historia está narrada por Cal,que se vuelve omnisciente al contar sobre sus abuelos y padres.

Este libro es mucho más que el hermafroditismo del protagonista, nos arrastra a las cuestiones ancestrales que llevaron a que Cal porte ese gen. Las mutaciones, ese gen, las cuestiones científicas que rodean la historia, nos permite confiar en lo que se cuenta. La calidad narrativa no decae y la atención de uno como lector, se sostiene en sus seiscientas páginas.
Los personajes son reales, emocionan y accionan, como Lefty y también Capítulo Once -el rarp hermano de Callie- estos y otros personajes junto a el / la protagonista soportan el peso de la historia con solidez.
Eugenides sabe cómo ambientar la novela, describe Detroit o Bursa y nos lleva allí, o nos hace recorrer la casa de los Stephanides.Impecable. Es un libro largo, cargado de ironía y universalidad. Nos cuenta una y miles de historias dentro de ella, tiene la preciosidad de lo que un amigo valioso te aconseja leer, y la magia de un gran autor. Imperdible.

Diario de Cuarentena: Frutos extraños

La humildad no es algo que nos sobre a los juninenses, pero a ella sí. Como cada domingo, recomiendo un libro, hoy recurro a una vecina que además es autora y periodista de renombre, a la que admiro por su impecable prosa y por el oficio de muchos de sus libros, pero voy a dejar que sus palabras presenten este: Leila Guerriero, asegura que no hay nada «más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad». Frutos extraños es una antología que hace honor a lo que la autora piensa de la crónica, ella dice que debe tener «la forma de la música, la lógica de un teorema, y la eficacia letal de un cuchillazo en la ingle». Este libro nos descubre la cara más sensible, tensional e inquietante de una profesión que atraviesa tiempos difíciles, el periodismo.

La primera parte contiene dieciséis crónicas y perfiles de esos frutos extraños que a Leila la fascinan: un mago con un solo brazo, un gigante que supo ser de la NBA y ahora sobrevive aburrido en un pueblo olvidado, el baterista con síndrome de Down de una banda de rock indescriptible , la amable señora que que asesinó a sus amigas con cianuro en el té, la inmensa y pavorosa Patagonia. Cada crónica es un mundo, un exquisito estilo las construye, pero está asentado todo en un gran trabajo de investigación. En cada crónica abunda la buena escritura, la realidad o un cuidado acercamiento a la misma. La niña que escondió su embarazo y mató a su bebé no es una asesina despiadada o bruta, es una chica del interior con una inocencia probada por la vida que paga su condena, en una cárcel donde no la hay. El Rey de la Carne, tiene modales mafiosos, pero también es un padre amoroso y un buen vecino y de allí caemos en el retrato de un médico playboy que se hace pasar por Freddie Mercury. No es fácil el salto de una historia a otra que nos propone Guerriero. La tercera nos instruye “Sobre el periodismo” abarca cuatro reflexiones donde intenta explicar cómo hace lo que hace. Y comprendemos mejor lo que nos vino sucediendo con estos frutos de la realidad que nos cuenta.Como llevó la vida a Romina Tejerina,de niña a asesina: “Me voy a poner porno: lo difícil no es entender que una víctima puede no ser monolíticamente un santo, sino entender que un dictador puede no ser monolíticamente un hijo de puta”. Leila Guerriero es sólida, potente. Y lo es porque trabaja para ello.

“Discusiones”, contiene cinco ensayos breves donde controvierte costumbres que deben estar bien –y debemos aceptar– por corrientes: contra los guardianes de la salud, contra las chicas Cosmo, contra los city tours y la última es a favor de decir no. Son breves textos bien sostenidos por esta artesana del lenguaje, de la idea eureka y de la investigación obsesiva. Dice textualmente: “Erradicadas las pestes más o menos peores, la clase media occidental ha salido a buscar nuevos peligros, y los ha encontrado: carnes rojas, baños de sol” y “Las ciudades existen más allá de sus lugares comunes”.

Leila Guerriero es un orgullo para Junín y para cualquiera que ame la literatura, y Frutos extraños, otra de mis relecturas de cuarentena, lo demuestra.

Diario de Cuarentena: Buscando la Justicia

Hoy voy a manifestarme, a las 16, como vengo haciendo cada vez que el pueblo se planta ante la desidia de los tribunales, de la justicia y de una clase política ocupada en sostener su sustento eterno en lo público más que en proteger la república. La ciudadanía marca agenda y la justicia mira para otro lado.

La justicia (del latín iustitĭa, que, a su vez, viene de ius —derecho— y significa en su acepción propia «lo justo») tiene varias acepciones en el Diccionario de la lengua española. Es un valor determinado como bien común por la sociedad. Nació de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes y se conformó como el conjunto de pautas y criterios que establecen el marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de estos. Estas reglas tienen un fundamento cultural -basado en un consenso amplio en los individuos de una sociedad sobre lo bueno y lo malo y aspectos prácticos de cómo deben organizarse las relaciones entre personas. Se supone que en toda sociedad humana, la mayoría de sus miembros tienen una concepción de lo justo y se considera una virtud social el actuar de acuerdo con esa concepción- y, en la mayoría de las sociedades modernas, un fundamento formal-el codificado en varias disposiciones escritas, que son aplicadas por jueces y personas especialmente designadas, que tratan de ser imparciales con respecto a los miembros e instituciones de la sociedad y los conflictos que aparezcan en sus relaciones-, que intervienen dentro del mismo concepto. En Argentina esto no se cumple y estaríamos buscando un corpus judicial que no se acomode a los políticos de turno. La ciudadanía en cambio, es juzgada con fiereza y terminan siendo castigados justos por pecadores.

¿Dónde está la Justicia? si nos ponemos a filosofar la justicia es una virtud y «lo propio de toda virtud y hábito es ser una disposición que inclina de un modo firme y permanente a sus actos».​ Y es una virtud cardinal, una virtud principal, ya que sobre ella gira la vida moral de la persona. La justicia, como virtud, reside en la voluntad, es decir, en el «apetito racional» según Santo Tomás de Aquino; no es justo quien «conoce» lo que es recto sino quien obra rectamente. Es justo quien ejerce su facultad apetitiva y al no poder radicar en el apetito sensible, reside en el apetito racional, es decir, en la voluntad.Es una virtud en la que, al inclinar a dar a cada uno lo suyo, predomina la objetividad. Bueno, nuestro aborrecible senado duerme el sueño de los justos pero obra con un apetito sensible a su presidenta y destroza cualquier objetividad posible. Golpea institucionalmente la república y se abraza al autoritarismo desconociendo para que fueron convocados por el pueblo. Los tribunales, casi siempre cerrados y con sus miembros sentados sobre sus opulentos sueldos están a disposición del poder y no de la verdad y la gente, como nosotros, como vos, como yo, tenemos que gritar más fuerte y arriesgarnos a más para evitar el descalabro de la república. No hay peste más peligrosa que una justicia dominada por el poder político de turno, ni más injusta. Albert Camus decía: Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.

Diario de Cuarentena: Antropofauna impune.

Ayer la sociedad civil se asqueó ante la impunidad.¿Pero de qué se trata ? Las graves violaciones de los derechos humanos acontecidas a lo largo de la historia y que han quedado sin castigo fueron las que hicieron relevante el concepto de impunidad. En la actualidad este concepto ya no se relaciona únicamente con la ausencia de castigo, sino con la existencia del estado de derecho y la eficacia de los órganos jurisdiccionales. El problema por combatir la impunidad de los graves crímenes cometidos por los Estados empezó a tomar relevancia y popularidad a raíz de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Comunidad
Internacional inició el trabajo de encontrar un mecanismo que justicializara las atrocidades cometidas por las partes en conflicto. A raíz de la experiencia de los Tribunales de Núremberg y Tokio se empiezan a
concretar los esfuerzos internacionales para evitar la impunidad, sin embargo, el término no se acuña hasta años después, luego de que Naciones Unidas decide darle importancia a la lucha contra la impunidad.
Recién en los 90´s con el informe de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección de las Minorías titulado “La Administración de Justicia y los Derechos Humanos de los Detenidos se la tomó en cuenta. Es Louis Joinet quien logra introducir en un instrumento internacional la definición de impunidad desde el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Pero en cuanto al concepto impunidad queda una deuda pendiente a nivel de investigación científica, ya que se debe profundizar doctrinariamente en la aplicación del concepto impunidad, así como conocer la eficacia de la lucha contra la impunidad, analizar la aplicación de los instrumentos e instituciones creadas para este fin, por medio del estudio y evaluación de casos concretos, complementándolo con análisis estadístico de resultados y avances concretos en cada país en la consolidación del respeto a los derechos humanos, en la búsqueda de un mundo cada vez más justo. Vemos en todos los antecedentes que siempre se habla de la impunidad y de su análisis cuando los afectados son los detenidos. Y está muy bien, pero ¿qué ocurre, como en nuestro país, cuando la impunidad es hacia el ciudadano que tributa y ve libre a los corruptos detenidos? ¿Cuando quedan impunes atropellos contra la república? Nos debemos un debate profundo sobre por qué toleramos con facilidad la impunidad económica. Para poder enfrentar con éxito los graves problemas de impunidad que afecta día a día los derechos humanos de las personas, los organismos internacionales recomiendan a los Estados dar a esta grave problemática el lugar que les
corresponde dentro del marco de interés socio político, porque las luchas individuales no bastan para combatir la impunidad. Entonces, en este diario de hoy, propongo pensar la impunidad como inherente a la antropofauna argentina, tan amiga de lo ajeno y de la «avivada» y con tanta inclinación para hablar de derechos humanos propios y desconocer los de otros, y desde ese lugar de lo propio, analizarla, castigarla aún en los que consideramos amigos y comenzar una revolución desde lo social contra lo impune. Tal vez así la Nación tenga futuro.

Diario de Cuarentena: Desde el Jardín

Conozco muy bien el jardín —dijo Chance con firmeza—. He trabajado
en él toda mi vida. Es un buen jardín y, además, lozano; sus árboles se
mantienen florecientes, lo mismo que los arbustos y las flores, siempre que
se los pode y riegue cuando corresponde. Estoy totalmente de acuerdo con
el Presidente: a su debido tiempo, todo volverá a medrar. Además, hay en
el bastante lugar para más árboles Y flores de todo tipo.

Como lo hago en la última etapa de estos cinco meses y medio de cuarentena, los domingos me remito a hablar de un libro. El de hoy lo leí en mi adolescencia y releí en ésta cuarentena. Es la nouvelle Desde el Jardín [1970] 2011) de Jerzy Kosinski en la que se nos presenta a Chance, un jardinero de gran simpleza con graves disfunciones cognitivas y una absoluta carencia de competencia pragmática, que se ve expulsado del jardín que ha constituido su único contexto social y laboral y es lanzado al gran mundo que desconoce.

El azar lo relaciona con miembros de la élite económica y política norteamericana, es tomado por uno de ellos y goza de un incomparable éxito a pesar de no comprender su nuevo contexto, ni mucho menos adecuarse a él. Precisamente, su fulgurante ascenso social, que lo llevará a ser proclamado candidato a la vicepresidencia de los Estados Unidos, se debe al modo en el que mantiene un discurso relativo a sus quehaceres de jardinería en lenguaje literal –completamente descontextualizado en su nueva situación– y su audiencia realiza una serie de relaciones implícitas que dan sentido a lo que dice—entextualizándolo—, interpretando solidariamente unas aparentes violaciones voluntarias de máximas griceanas, y viendo así en
su discurso un inspiradísimo uso del lenguaje figurativo desarrollado alrededor de la metáfora conceptual.

LA ECONOMÍA ES UN JARDÍN, que se muestra afín a los propios contextos y expectativas de estos. La obra de Kosinski se ha visto analizada desde un punto de vista literario por Lazar (2007) y Ozieblo Rajkowska (1984, 1986), pero no así desde una mirada discursiva y pragmática, a pesar de la vigencia de su exposición humorística del uso y abuso de una metáfora vegetal que en los últimos años no ha hecho más que
“crecer” y “florecer” en el discurso político y económico.

La novela se construye alrededor de situaciones siempre mal resueltas cuando se enfrentan a ambivalencias prácticas generales y lo que resulta atractivo identificarlas y exponerlas. En el caso de la metáfora, lo risible de las interpretaciones que se moldean entorno a las supuestas metáforas de Chance nos facilita un análisis crítico de su uso en el discurso público actual, que no debe obviar el hecho de que el fenómeno de la convencionalización de una metáfora provoca efectos en la cognición al desarrollar nuevas comprensiones en mentes alienadas por el fanatismo., su aplicación en el discurso económico-político,
y la actualidad que todo ello otorga a la propuesta de Desde el jardín, aturde y preconiza un universo político en decadencia que parece elevar a muchos Chances a la categoría de líderes.

Si bien irremediablemente “vivimos en metáforas” (Lakoff y Johnson, 1980), el estudio crítico de estas debería permitirnos analizar por qué vivimos en unas y no en otras. Como apuntó Bourdieu (2001: 327), el uso falaz del lenguaje es un instrumento en el abuso de poder que no consiste en simplemente decir lo falso, sino en decirlo con toda la apariencia lógica de lo verdadero, y que requiere de toda la pericia del
lógico para desenmascarar tal hecho. Probablemente, a través del análisis discursivo de la narración de Desde el jardín, o incluso de su lectura atenta, encontremos maneras de desacralizar mediante el humor metáforas reconocibles en nuestra sociedad que deberemos considerar si actúan a modo de traje
para nuevos o actuales líderes sin contenido. Muy recomendable de leer en un mundo convulsionado por palabras y juegos metafóricos y muy poca verdad.

Diario de Cuarentena: Los Miserables

Cuando se llega a cierto grado de miseria, lo invade a uno algo así como una indiferencia espectral y se ve a las criaturas como si fueran larvas.

Víctor Hugo

Cuando la vida nos enfrenta a situaciones impensadas, como una pandemia, podemos ser civilizados, medidos, cuidadosos, buscar consensos, equilibrios, practicar la empatía y dedicarnos a construir un futuro. La mayoría de los argentinos, estamos en una búsqueda superadora. Una que resuelva los problemas sanitarios sin destrozar otros. Y vamos buceando en la oscuridad que nos propone un gobierno politiquero y una oposición que no define con claridad su postura. Y por supuesto que, como en toda pandemia, es importante tomar decisiones adecuadas y transversales, que abarquen todos los aspectos sociales de tal situación.

Y claro que hay enfermos y lamentablemente hay muertes. Ante una pandemia, son inevitables. Lo que es evitable es la mentira sistemática, el abuso de poder, la agresión gratuita, la construcción de odios, la búsqueda de rispideces, el avasallamiento a la república y la división de poderes, todo amparados en el miedo a un desastre sanitario que llegó igual. Con cerca de 9000 muertos y más de 400000 casos deberían pedir perdón a todos los países que nombraron como desastrosos. Estamos en un top ten lamentable y doloroso, con ciudadanos que se creen policías y fuerzas cuestionadas.

Pero no es un tema que atañe sólo al gobierno, es también una problemática social. Cuando una crisis de estas avanza los miserables muestran la hilacha. Y usan los muertos para sus inmundos fanatismos y crean discordia y se mofan de otros, y buscan la forma de herir.

Como persona que cree en la libertad, estos largos meses he aguantado todo tipo de barbaridades y agresiones, pero hoy decidí que hay un límite, y en mi caso, el límite es cuando el fervor político o partidario cede paso a la miseria. Espero que mañana sea un día mejor, al menos uno que no duela.

Diario de Cuarentena: Ficciones

Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes.

Jorge Luis Borges

Me siento en una ficción de la que no puedo salir. Una creada por la propia gente, inconsciente de los peligros del nacionalismo populista con el que nos gobiernan. Ayer limitaron otra vez la importación de libros, creo que se basan en un concepto erróneo. No nos hace mejores que no podamos competir, por el contrario, nos minimiza, nos obliga a la resignación. Mientras en este país laberíntico vemos como las ruinas se nos vuelven círculos concéntricos que nos aprietan hasta asfixiarnos.

Borges decía «Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable»y esa frase se asemeja a lo que siento. Nunca me rindo, pero las falsas ficciones con las que los jóvenes se están edificando me hace pensar en que la libertad en el país, es un reflejo falseado de la verdadera, mutilada por los relatos de presuntos paraísos que no llegan. Y este proceso realmente comienza a ser irrecuperable.

Me aturden los lamentos de los que penan y las circunstancias de aquellos que ven avasalladas por falsos profetas sus tierras y sus casas, la alienación gana terreno y es difícil distinguir bajo las capas discursivas la verdad.

Tambien cito a Borges: «(…) Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.» Y lo hago para ser comprendida así, como fantasma que intenta ser una y otra vez la persona libre que fue.

Al fin de cuentas, a esos mecías del subdesarrollo les llegará su hora, porque, como decía el maestro: «La gloria es una incomprensión y quizá la peor.»

Diario de Cuarentena: Que no gane la peste.

«El siglo del miedo». Así designó Albert Camus al siglo XX. Sin embargo el nuestro, este siglo actual y nuestro mundo sigue estando en manos del miedo.

Pero primero voy a contarles mi mañana, que tuvo condimentos. Me hacían una nota en UNNOBA radio por el taller de escritura creativa que comienza en breve. Me encontraba en mi cuarto y escucho que mi cocina es una debacle, golpes terribles y ruidos varios. Al estar al aire, no me quedaba otra que disimular. Mi amor querido y adorado-léase lo odio- había citado a un desprejuiciado gasista a la misma hora. Me impactó el ruido, pero también la falta de miedos de esta gente que se gana el mango sin prejuicios ni tapujos y que con claridad te dice: hay que laburar.

Y sí, tienen razón, hay que trabajar. La vuelta al taller después de cinco meses no significa solamente un ingreso. Me llena de dignidad. EL trabajo es una fuerza de vida, que debemos tener. Nos propone cambios, nos energiza y nos permite proyectar. Pero dejo la magia de lo cotidiano y vuelvo a Camus.

Camus quien supo brindarnos, en su novela La peste , un ambiente lleno de conflictos que se asemejan a los actuales, a nuestro agobio y desazón. Nuestra especie se ve atacada por el coronavirus y destierra esa idea de que el hombre es el que desencadena todos los males. Y todos los miedos. Somos criaturas subordinadas a más leyes que las establecidas por la razón y las pasiones. Estamos expuestos a riesgos y formas de exterminio que tiene que ver con nuestra fragilidad orgánica. A lo largo de la historia, diversos males nos aquejaron para aniquilarnos. Algunas veces hemos vencido pagando con valiosas muertes. La pandemia actual nos viene venciendo.La ciencia no da respuestas y no sabemos qué le pondrá fin. ¡Seguirá el miedo siendo nuestra única opciön? Tal vez los hombres debamos detenernos a examinar que pretendemos,. hacia dónde vamos, como conservaremos nuestra especie. Y vuelvo a Camus para obtener una respuesta: «Vivimos en el terror porque la persuasión ya no es posible».

Nos venimos caracterizando por la pérdida de valor de la vida humana, Y eso es porque nos importa más el poder que todo lo demás. Entonces lo ético, el desarrollo ético, se supedita al poder. Creíamos que al tener un mayor saber, al entrar en la era del conocimiento, que nos iba a dar bienestar y salud, desaparecería el miedo. Pero hoy vemos que no es así y estamos bañados de miedo, un miedo que sirve para controlarnos, como en los dos siglos pasados. Poco hemos avanzado. Pero el miedo actual es el miedo a lo inesperado. Estamos indefensos y no creemos en la ciencia politizada que pretende ser palabra sabia pero se equivoca frente a un virus una y otra vez.

Estamos ante una peste inédita que parece invencible. Es invisible a simple vista, y genera un pánico tal al contagio que, auspiciado por gobiernos ineptos nos hace señalarnos como fachos virales unos a otros. . Somos todos sospechosos para todos. Todo aquello que expresa amor, un beso un abrazo, un saludo, una caricia puede llevar a contagiarnos. El otro es una amenaza.

La vida cotidiana, los momentos de vida, como el que conté hoy, se evaporan ante el miedo.El amor se vuelve distante y peligroso.Pero el hambre y la falta de certezas oficiales nos llevan a ser solidarios con ese otro. La humanidad se enfrenta a una elección. ¿Nos volvemos panicosos y encerrados, o seguimos luchando y apoyando a nuestros hermanos? Laburando, como dijo el gasista. Laburando para seguir. Porque si no, gana la peste.