La construcción social del paisaje

Por Soledad Vignolo (*)

La construcción social del paisaje es un concepto que intenta proporcionar una exploración metodológica y de pensamiento crítico que contribuya al debate sobre un tema novedoso que pretende recuperar al paisaje como un elemento clave para reconstruir la geografía cultural de inicios del siglo XXI. Así el paisaje es tomado como el resultado de la transformación que la sociedad y su cultura imprimen sobre la naturaleza, constituyendo una dimensión paisajística cultural de la sociedad que amerita nuestro apoyo y reconocimiento.

Esto significa que hablar de paisaje es hablar no solo de los espacios que se ven y se evidencian, sino de los que son invisibles o se ocultan, de los efímeros paisajes metropolitanos, los que producen miedo, y acá amerita citar a Alex Richter-Boix cuando nos dice que la identificación de lugares peligrosos genera así unos “paisajes del miedo” o “geografías del terror” que se evitan. Unos paisajes que compartimos con el resto de los animales. El miedo es un factor ecológico más que moldea los ecosistemas. También aquellos paisajes que se generan a partir del sentimiento, esa ciudad oculta en la que aparecen los odios, los amores, la vulnerabilidad social, y se mezclan con los del género el cuerpo, o los paisajes que nos devuelve la nostalgia.

Todos ellos son piezas claves en la conformación de una nueva geografía paisajístico cultural que nos otorga miradas alternas a la tradicional del paisaje descriptivo, material, real y evidente que es al que veníamos acostumbrados. Esta nueva construcción habla de aquello que está sin estar, más subjetiva, más perceptiva, una geopolítica que se hace cargo de lo que se encuentra detrás de lo que parcialmente se ve, es entonces que podemos comprender, conociendo lo oculto, los espacios del control y de la planificación basados en los elementos que recomponen la parte evidente de los procesos crean ese paisaje determinado.

El paisaje ha sido un tema constantemente en la vida humana, representado a lo largo de la historia con diferentes estéticas e intenciones, modificándose su imagen en la historia del arte, la geografía, el patrimonio, lo cultural. Como afirma Joan Nogué en La construcción social del paisaje, de donde está tomo el título de esta reflexión, “el paisaje puede interpretarse como un producto social, como el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza y como la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado”. En ese sentido, “no solo nos muestra cómo es el mundo, sino que es también una construcción, una composición, una forma de verlo”.

Por lo antedicho, el paisaje no es la naturaleza o el lugar que se contempla, sino lo que se construye a partir de ello, una construcción cultural que debe ser interpretada, y a partir esa construcción ciertos universos físicos existentes se convierten en paisaje. Es decir, elaboramos un paisaje por medio de un proceso creativo en el que la intención, intervención e interpretación del observador de ese espacio territorial da como producto una visión o una idea.

Entre los asuntos a tratar en el futuro respecto al paisaje está el acercamiento a la naturaleza entendida a veces de forma concreta y otras de modo abstracto, la preocupación por la intervención del hombre o la memoria como elemento fundamental en su construcción, en el que lo importante no es lo que se ve, sino lo que no está presente, pero forma parte de la historia del lugar y de las personas.

Es relevante también comprender la ciudad posmoderna y su periferia llena de límites indefinidos se vuelven centro de atención que requieren una reflexión sobre esa transformación, esa ruina, y una construcción de lo degradado. Todos los paisajes, son paisajes construidos, porque es producto de una construcción social. Esta pandemia mundial nos permite reflexionar sobre lo que le hacemos al paisaje natural, sobre la necesidad de sostener políticas que conserven sin impedir el desarrollo, sobre una búsqueda sustentable en lo que se ve, pero también en aquello que esta como fondo de cocción del paisaje.

Nosotros tenemos en nuestra ciudad humedales, laguna, y mucho paisaje urbano que se modifica sin tener a veces una mirada amplia sobre el mismo. Dice Roberto Mulieri, presidente de la RAP Red Argentina del paisaje: “El mundo va a necesitar voces autorizadas, con carisma y fuerza simbólica, con una visión nueva sobre la relación de la sociedad con la naturaleza y también sobre este modelo de producción que lleva decenios de saqueo de los bienes de la tierra y la modificación del clima.”

Todo eso es cierto, pero agrego que debemos plantear soluciones que tengan trazabilidad, que mantengan la producción, aunque adecúen los métodos, que volvamos a pensar que somos una especie que debe preservar su hábitat, y que lo que puso en juego la pandemia, es mucho más que la certeza de la mortalidad. Podemos elegir cómo vivir. Y pensar la construcción social del paisaje es la llave para comenzar una nueva forma de existencia, posiblemente más igualitaria.

(*) Miembro de AAgeCu

La cultura de la razón y la mediación

Decidimos entonces tener una certeza: después de esto, el mundo no será igual.

En tiempos de pandemia todo se asemeja. Las semanas pasan volando y con ellas vuelan las certidumbres arraigadas. El virus reaparece en los lugares del mundo que creían haberlo superado. Los virus no pasan, esa es la cuestión.

Decidimos entonces tener una certeza: después de esto, el mundo no será igual. Pero ese futuro va a depender de las acciones del presente. No hay dioses que decidan por nosotros, como vemos, nada está escrito.

Y aquellos que creemos en la ciencia, vemos que es a partir del conocimiento y de la acción, que podremos modificar las cuestiones actuales para acercarnos a un futuro deseado. Pero claro, nada es para siempre.

Polanyi dice que en los últimos 50 años pasamos ‘De la gran transformación a la gran financierización’, pero olvida que hay también un pasaje de la modernidad de los grandes relatos a una posmodernidad que fluye, que deja atrás lo sólido, los mandatos de las grandes instituciones, donde el sujeto no es colectivo sino individual, esa “modernidad líquida” como la define Bauman, una corriente cultural que resalta al individuo, su subjetividad y su libertad emancipada de lo grupal.

Es fácil demonizar como neoliberal esa cuestión cultural individualista que poseemos, pero también es dejar de hacernos cargo de la desigualdad e indiferencia; la obsolescencia, la diferenciación y el narcisismo.

Tenemos que cuidarnos de los relatos ajenos, que afectan el sentido común. ¿Por qué estaría mal el mérito, la aspiración, el sacrificio y el deseo de un “país normal”?, tal vez el error es creer que eso puede lograrse sin lo comunitario. Y ahí caen todas las corrientes ideológicas. Ese híper, está hoy presente en ambos lados de una grieta que solo conviene a pocos.

El mérito propio y la solidaridad no son enemigos. Los valores morales no son sólo signos ególatras. A través de los valores, uno puede entrar a relacionar con la comunidad, sin caer en discursos vacíos que alejan la posibilidad de unión a través de la cultura. Los símbolos sociales y culturales son necesarios, pero deben ser verdaderos, para que no fragmenten el tejido social.

En el mundo de hoy hablamos todo el tiempo de consumo, pero no hablamos de qué consumimos. Y eso atraviesa la cultura y su problematización en todo el abanico ideológico. ¿Qué consumimos aquellos que decimos ser de una izquierda social, y los liberales? Sincerar los discursos en esta liquidez social que el virus desvanece, es menester. Los estatismos demostraron no poder resolver el golpe del coronavirus, tampoco el extremo individualismo. Ahora ambos, están amenazados y a su vez amenazan con necesitar de aquello mismo que anteriormente cuestionaban.

La política es razón y mediación. El individuo es productor de sí y es guardián de la acción pública, porque el estado somos todos. No es un resguardo creado por un lado de la grieta. Las políticas de estado son las que nos están faltando. Y no se consiguen con soberbia o con divisiones, se logran con consenso, con madurez, con todo el arco ideológico político trabajando en forma mancomunada.

Uno de los temas más debatidos respecto de los efectos de la pandemia se vincula con la conciencia de finitud, de la muerte, de la fragilidad que portamos. La decisión para tomar es si nos encerramos, en un concepto nacionalista obsoleto o si volvemos a encontrarnos como especie humana diversa y enriquecida por múltiples miradas.

La crisis del coronavirus trastoca el tiempo, pero también la reconfiguración del espacio. La pandemia, cualquier pandemia, es una experiencia muy territorial, pero debemos pensar que respuesta damos a esto como sociedad. Nos lavamos las manos o nos hacemos cargo. Somos seres finitos.
Hoy formamos parte de una sociedad en transición -en el sentido de Gramsci- donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo tarda en nacer.

En esta transición de la subjetividad individualista, ha decrecido la importancia de la apariencia, se diluye la inmediatez. Los tiempos van cambiando. Aparece como necesaria la paciencia para soportar la cuarentena, pero, tal vez, se requiera de una paciencia activa, porque considerar que solo guardándose se puede esperar, aguantar y llegar a la normalidad, puede ser exasperante.

Se requiere un sentido para afrontar los miedos cotidianos, la desaparición de las rutinas, el subsistir, aprender algo y ayudar, pero no todos pueden. Y entonces ese discurso pseudo social se desarma porque lo colectivo no alcanza, no llega a todos. Por eso digo que el estado no es un ente ajeno. Somos nosotros, aquellos individuos aspiracionales y tildados de muchas maneras los que con impuestos sostenemos el aparato estado para que dé respuestas en situaciones como ésta. ¿Las da en forma adecuada? ¿Hay justicia en las acciones del estado?

Siento que se va produciendo un quiebre con el sentido común anterior y en la cultura. La pandemia y el aislamiento forzado y protocolizado ha agudizado tendencias que ya estaban presentes antes de la aparición del Covid-19. La cuestión es que las respuestas dependerán de la reserva moral de nuestra sociedad, tal vez estemos ante una transición no solo de la subjetividad del modelo cultural, sino también con un cambio donde lo comunal adquiera un nuevo sentido que no desprecie el mérito, o lo individual, sino que a partir del mutuo apoyo y del esfuerzo personal construyamos sociedades más justas.

Hay una lucha cultural y política que deberemos llevar adelante en la pospandemia si queremos volver mejores. Y creo que debe redefinirse el rol del Estado. Comprender que Estado no es gobierno, que Estado es políticas a futuro, reservas a futuro, proyectos y crecimiento, de lo contrario, se transforma en un elemento de uso y abuso de los gobiernos de turno.

Como sociedad debemos mirarnos sin tapujos, y reconocer que las políticas todas, de cualquier abanico ideológico, desde la izquierda al mal llamado neoliberalismo, solo acrecentaron la desigualdad en los últimos cuarenta años. La corrupción y el desfalco a lo público fue moneda corriente, pero no llegan al poder agentes externos sino actores sociales, que forman parte de una moral colectiva que se viene deformando abarcada en discursos colectivistas pero vacíos que abusan de la ignorancia de gran parte de nuestra sociedad.

Ya no es cuestión de partidos, es de actitud. ¿Vamos a ser justos y fraternos? ¿O vamos a caer en la terrible inequidad de la sociedad actual donde es lo mismo ser ladrón que honesto, trabajador que vago, como un cambalache posmoderno y sin moral?

Esa nueva conciencia es necesaria, para que la solidaridad no sea una fake news. Más allá de la pandemia y de sus secuelas de miedo y cuarentena, los ciudadanos de a pie tienen la oportunidad de darse cuenta de que son más que los políticos y los gobiernos, que pueden transformarse en una fuerza social e imponer su voluntad al mundo que viene.

Nuevas rutas pueden abrirse, porque estos escenarios complejos y con nuevas incertidumbres, tan evidentes en la pandemia, no desaparecerán cuando esta concluya, forman parte ahora del mundo actual, pero no serán rutas que pasen solo por el Estado, el compromiso individual es decisivo para crear una sociedad donde la cuota de subjetividad sea la necesaria, sin ampulosas definiciones de izquierda ni de derecha, sino orientada a la búsqueda de un bien común, donde se utilicen los mejores recursos y los más sustentables, porque la desigualdad que va a dejar la cuarentena, es mucho más terrible que la pandemia, y nos va a sumir en un proceso de pobreza difícil de remontar.

Y no lo va a remontar un Estado omnipresente, por el contrario, el estado solo debe definir políticas a futuro, con eficacia y disminuyendo su estructura elefantiásica para poder crecer como sociedad, lo va a remontar una ciudadanía comprometida. Argentina debe cambiar su mirada, apoyar la creación de empleo genuino, el fortalecimiento de las industrias, el crecimiento de la producción, la generación de riqueza debe ser aplaudida, porque crea empleos, condiciones dignas, debemos volver a la cultura del trabajo, a la de los que forjaron este país. Sin temor de decirlo. El esfuerzo no es lo mismo que el asistencialismo. Llena el alma, crea conciencia, sentido y valor.

Un país que castiga el crecimiento está condenado al fracaso. Pero los argentinos no somos así. Debemos abrazarnos y ayudarnos a crecer, de pie, como hermanos, unidos por un fin de grandeza para nuestros hijos, que son los de todos y cada uno de los ciudadanos. El cambio es cultural, y es posible.

(*) Escritora/Gestora Cultural
Miembro de AAGeCu

Ciudad post coronavirus ¿Va a transformar la pandemia el diseño urbano?

La vida social y comunitaria, al menos por un tiempo se verá transformada. Las ciudades pospandemia parecen ser una sombra de lo que fueron. El miedo a las multitudes, la distancia social, el teletrabajo, la prohibición de alejarse a más de un kilómetro de la vivienda en algunas urbes lo muestran. La pandemia del coronavirus y el confinamiento han cambiado nuestra forma de relacionarnos con la ciudad y también su diseño. No siempre los cambios son buenos. Pero son. Las primeras modificaciones han sido vertiginosas y eventuales como las restricciones de paso, las mamparas en los supermercados, las marcas en el suelo o los balcones reconvertidos en centros de la actividad social. Pero muchos de estos cambios, que van desde los materiales constructivos hasta la circulación urbana, están cimentando las bases posibles de las ciudades post-coronavirus.

Las ciudades frente a la epidemia.

La arquitectura moderna tiene más que ver con la defensa de la salud que con cualquier otra cosa, suelen decirnos los arquitectos actuales. Y es muy posible que así sea. Las enfermedades y los cambios hacia adelante en el diseño de las ciudades han ido históricamente de la mano. A inicios del siglo XX, los arquitectos tomaron más ideas de médicos y enfermeras que de la teoría de la arquitectura. La tuberculosis provocó cambios en la forma de edificar y habitar con espacios más higiénicos, que evitaran la concentración de polvo y paredes blancas. La enfermedad es lo que modernizó la arquitectura, no sólo los nuevos materiales y tecnologías. Una de cada siete personas moría de tuberculosis en el mundo, pero en una gran metrópoli, era más bien una de cada tres. Los arquitectos tenían una muy buena razón para querer limpiar, no sólo en lo estético. Esta época no será excepción a la regla, y modificará la arquitectura futura y el comportamiento urbanístico de las ciudades. En especial de las megalópolis.

Siguiendo un hilo histórico, las primeras leyes urbanísticas nacieron en el siglo XIX durante la Revolución Industrial para controlar las enfermedades infecciosas. Se implantaron para aumentar el tamaño de las viviendas, como que hubiera ventilación o que llegara la luz del sol. Al respecto el sociólogo estadounidense Richard Sennet escribió que este poder transformador reside en que las epidemias afligen tanto a ricos como a pobres en las ciudades. Sennet dijo que teme que la ciudad sana que demanda la pandemia de coronavirus sea incompatible con la ciudad verde, que se basa en la concentración y densificación de los transportes colectivos. «La ciudad sana requiere que el sector del transporte garantice de alguna forma una distancia segura entre los viajeros, algo incompatible con la forma en la que los transportes públicos funcionan». Estos planteos fueron analizados en el “Repensando el Mañana” realizado en Madrid. Según el sociólogo, la solución para esto sería el concepto de “la ciudad de 15 minutos” en la cual es posible ir a pie o en bicicleta a los nodos de trabajo o compras. En Europa, Paris está probando este método. Pero Latinoamérica no está muy cerca de estas opciones. Tal situación está fuera del alcance de la mayoría de las ciudades pobres, donde los lugares de trabajo o los colegios se encuentran muy alejados de los barrios u otras formas de asentamiento irregular. No podemos pedirle a alguien que pase tres horas pedaleando al trabajo y luego tres horas para volver. «La cuestión y la gestión de la densidad es clave para entender lo que significa esta pandemia para las ciudades», concluye Sennet.

El problema radica en que la densidad es la forma más verosímil de habitar, ya que la concentración de los servicios permite su acceso a una mayor población. Es raro pensar en una solución basada en un mundo disperso, si la sociedad es cada vez más aglutinada y populosa.

Es muy probable que las ciudades post pandemia vuelvan a abrazar al vehículo privado. Una de las principales intervenciones higiénicas a corto plazo a raíz del coronavirus será el auge del transporte privado ante el miedo a los transportes públicos, pero no necesariamente debería ser auto. Hay otros medios sustentables como la bicicleta y las motos eléctricas que pueden efectivizarse sin cambiar la morfología urbana.

La pandemia no va a modificar los espacios “limpios” en las ciudades chicas o mediana, tal vez los consolide, pero los vehículos privados ocupan un espacio que se va a necesitar para ampliar las aceras del centro de las grandes capitales. En medio de la pandemia, es difícil imaginar la masificación a la que estaban habituados lugares como la Avenida 9 de Julio o la del Libertador, Corrientes y Córdoba en CABA. Pero con el tiempo esa masa de gente volverá.  Y en ciudades en que la bicicleta es medio de transporte como la capital, habrá que aumentar las sendas para hacerlo. Claro que nuestra inmensidad dificulta el uso masivo, que probablemente sea posible en las capitales europeas.

La arquitectura y el urbanismo de la ciudad post-coronavirus

A corto plazo veremos cómo los municipios experimentan con la instalación de elementos de segregación social en lugares públicos, tales como mamparas. También habrá un cambio de materiales. Se buscarán materiales que transmitan menos los virus, éste o cualquier otro del futuro.

Por otra parte, el impacto del coronavirus en el turismo se verá rápidamente reflejado en aquellas ciudades más dependientes del mismo. Ya está ocurriendo. Esto va a llevar a la reconversión de ciertos tipos de turismo de manera acelerada. Los hoteles van a tener que buscar soluciones temporales a su uso por la falta de demanda, y también todo el tejido de vivienda turística que ha producido procesos de gentrificación muy interesantes se verá afectado. Esto puede suponer el fin del predominio de los departamentos destinados a alquileres turísticos en los centros de las grandes ciudades a favor de su regreso al alquiler convencional, para dar un ejemplo concreto y de mediano plazo.

Con el paso del tiempo veremos que muchos de los cambios van a estar impulsados por el teletrabajo y el redescubrimiento del entorno más cercano a la vivienda. El hecho de que más personas trabajen desde casa va a impulsar cambios en las oficinas al tener que albergar menos puestos de trabajo y en el tejido urbano de restaurantes y cafeterías que se sustentaba en esos trabajadores que ahora se quedarán en sus barrios. Los barrios se comercializarán y se generarán nuevas centralidades. Los bienes cambiaran su valor y el centro original perderá preponderancia. Esto trae también un nuevo comportamiento social, y nuevas expresiones culturales descentralizadas.

La vivienda también va a cambiar a medio plazo hacia entornos más cómodos que demandarán un espacio para el teletrabajo y verde. Se modificará el urbanismo y la regulación debe estar acorde a estos nuevos parámetros de convivencia. Las ciudades post-coronavirus imagino que serán más verticales, con más árboles y mejores parques y más lugares para hacer actividad física en los barrios. Pero esta pandemia nos puede traer otra, que puede causar aun más muertes. Porque los cambios que deja apuntan al sedentarismo. Una conducta social quieta, en las cercanías. En un mundo en el que se van a reducir los desplazamientos al trabajo, esto será un reto aún mayor. Pero las ciudades saldrán reforzadas de la pandemia. Siempre lo hacen, se reconstruyen tras guerras o debacles climatológicas. Se sostienen en los cimientos de su historia y el poderío de sus habitantes.

Las epidemias son un big bang y sirven en muchos casos para que las ciudades se adapten con el fin de mejorar la vida de las personas. Que así sea. Este análisis pretende concientizar sobre cambios que vendrán, en los que todos debemos involucrarnos. Como dice el filósofo mediterráneo Nuccio Ordine: “El coronavirus nos muestra que las personas no son islas”.

Soledad Vignolo

Escritora/Gestora Cultural

Miembro de AAGECU

Vignolo participa el 9 de Julio en el ciclo «12 Poetas x Jueves»

El próximo jueves 9 de julio, nuestro país conmemora el Día de la Independencia Nacional.

Publicadoel 7 julio, 2020 Por Grupo La Verdad

Por Redacción Grupo La Verdad

El próximo jueves 9 de julio, nuestro país conmemora el Día de la Independencia Nacional.

Ese día, el ciclo virtual 12 Poetas x Jueves, ideado por el poeta local Darío Lobato, hará una edición especial con Poetas por la Patria.

Será una celebración virtual con poetas desde La Quiaca hasta la Patagonia. Lobato expresó que «el objetivo es el fluir de la poesía desde un espacio federal, que expresa también que la poesía es una expresión de vida».

Para esta plegaria dedicada a la Independencia, se ha organizado primero el Himno Nacional en la voz de Coqui Sosa, en honor al nacimiento de la voz de nuestra patria Mercedes Sosa, luego hablará la directora del Museo de Casa Histórica de la Independencia y comenzará el recital poético en las voces de Ernesto Rojas, Alfonso Nasiff, Roberto Espinosa, Lucía Carmona, Coqui Sosa, Melcy Ocampo, Mario Tolaba, Hilda García, Honoria Zelaya de Nader, Edith Albaini, Darío Oliva, Lidia Vinciguerra y Soledad Vignolo quién además actuará como moderadora del evento.

El recital será en vivo, a las 20, y se replicará en el canal de Youtube de 12 Poetas por Jueves y en todas las redes de los participantes.

https://laverdadonline.com/el-silencio-de-los-inocentes/

El valor de la cultura en tiempos de pandemia

Publicado

el 3 julio, 2020

PorGrupo La Verdad

Estos tres meses largos de confinamiento nos dejaron como saldo un auge de la creatividad virtual. Muchos artistas que han compartido sus obras de forma gratuita a través de las redes y un público que lo ha recibido gozoso. Sin embargo, la progresiva extensión de la pandemia hace difícil la reincorporación a la actividad y el sector cultural se topa con una nueva y dolorosa realidad: ¿Hay una vida laboral posible después de la pandemia?

Hay que tomar el pulso a la esfera de la cultura y cotejar las visiones sobre distintos aspectos del futuro que se abre en la pospandemia, como el grado de afección de la crisis en los distintos subsectores, las normas para volver a la normalidad o la búsqueda de los mecanismos de supervivencia económica de las instituciones culturales ya sean formales o informales, que, en Argentina, y en Latinoamérica en general, son un alto porcentaje de la cultura.

Es probable que la creatividad no se haya visto muy afectada, pero sí los medios de distribución y los espacios de muestra de las obras, o el mercado editorial. Va a ser un espinoso camino de reconstrucción de las industrias culturales, que se verá afectada por inexplorados protocolos y otros sentidos simbólicos de la comunidad.

Supongamos que ya estamos en la tan nombrada ‘nueva normalidad’, es necesario señalar “la confusión” en la que se encuentran los gestores culturales para afrontar los efectos de la pandemia. Porque la crisis no ha afectado por igual a todos los sectores. El teatro o la ópera tienen per se la reunión de muchas personas para funcionar. Una compañía baila durante muchos minutos y se rozan, lo que resulta improbable de pensar hoy. Es necesario ofrecer propuestas atractivas para que el público quiera volver a las butacas y no tener que quedarse en casa, pegado a la pantalla con posibilidad de consumir gratuitamente las propuestas culturales, o comenzar a acostumbrar a la gente al riesgo comunitario.

Todo esto no va en desmedro de lo emocionante que es, ver la necesidad de cultura que se plantea ante el confinamiento, y debería ser tenido en cuenta por los actores culturales futuros a la hora de diseñar políticas. El escritor, por su parte, siempre está solo. No tiene público cuando actúa o cuando escribe. a la actividad literaria aparentemente no le afecta esta situación; sin embargo, la concentración del escritor no es la misma. Hay interferencias que no lo dejan trabajar con normalidad, hay cierta sensación incómoda y es la de un encierro no elegido, la de una muerte probable. Además de la suspensión de las ferias y conferencias que apoyan la economía de los autores. Los museos son las instituciones con las que seguramente, aplicando protocolos, podrán disfrutar la cultura antes.

Es cada vez más necesaria una buena Ley de Mecenazgo, que siempre está sobre la mesa de todos los gobiernos, sin embargo, nunca se aprueba ni reglamenta. Como si la cultura no existiese en las prioridades políticas. Como si no fuera esencial.

La gestión cultural está llena de retos a futuro, y si pudiéremos abstraernos y concentrar en tres ítems a resaltar en la pospandemia, deberíamos hacer hincapié en la necesidad manifiesta que tenemos de los otros, la necesidad y consumo de cultura en todas sus expresiones, que en este tiempo de cuarentena demostró el público, y que se ha tornado un eje central en la vida de las personas. Ese latido debe ser aprovechado y la calidad de la obra exhibida en este tiempo con costos muchos más bajos.

Para cerrar este análisis, sugiero que definamos los temas a resolver en la pospandemia, porque la enfermedad COVID ha estallado en la cara de la sociedad y ha modificado los comportamientos culturales. El sociólogo pop Simon Reynolds escribió, respecto al hilo de la obsesión de nuestra cultura por su propio pasado y del reciclaje nostálgico que solemos tener en la humanidad: “El pop no acabará con un bang, sino con una caja recopiladora cuyo cuarto disco nunca llegamos a escuchar “. El covid ha sido ese bang y esa arca compendiada de pasado que estamos creando puede volverse excesiva. Estemos atentos, prioricemos la cultura.

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El silencio de los inocentes

Cuando brindamos por un año mejor para dar comienzo al 2020 ya había un virus instalado entre nosotros, pero no lo sabíamos. Probablemente muchos estuvieron de vacaciones en sitios donde el virus era comunitario, pero no lo sabíamos. Tuvimos unos meses de ignorancia que fueron los que aquellos que sabían, los líderes de las organizaciones de salud más importantes del mundo, los líderes de China, los mandatarios de algunos estamentos internacionales e incluso todo el universo mass media sabía, pero eligió el silencio.

Luego estalló la instalación mediática de la muerte en cuenta gotas, y así estamos hace casi cien días. Una recorrida por el mundo nos hace ver que la cuarentena que vivimos en nuestro país es excesiva. Y las consecuencias serán tremendas. Pero quedarse en la queja es un sin sentido. Por eso hay que salir del silencio.

Porque mientras el miedo instalado nos va mostrando quienes somos, la salud se resiente. Y la salud según la OMS, la misma que algunos idolatran y otros cuestionan, es «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». La cuarentena, en medicina, es un término para describir el aislamiento de personas o animales durante un período de tiempo no específico como método para evitar o limitar el riesgo de que se extienda una enfermedad o una plaga. Por lo general se aplica a personas que son mayores de edad o que tienen síntomas, y consiste no solamente el aislamiento de los enfermos en centros específicos, sino también la aplicación de medidas de prevención como el saneamiento de lugares y objetos o el tratamiento adecuado de los cadáveres. Es una medida complementaria. Para que sea efectiva hay que tener datos certeros, que se obtienen con los testeos y con una evaluación muy específica de la situación.

En nuestro país, el confinamiento se extiende indefinidamente, no da los resultados esperados, no contamos con el volumen de test necesarios para un análisis eficiente y tampoco con las condiciones económicas para que esto perdure. En el medio de decisiones muy serias que afectan nuestras vidas, entre la OMS, las luchas de poder y la manipulación de la información estamos nosotros. Con la salud en crisis. Pero no solo por el coronavirus.

La incertidumbre, el encierro, la perdida del trabajo, de los sueños, de los comercios, del bienestar, nos enferma. Y además no nos están cuidando. Los anuncios no alcanzan. Aunque prohíban el despido las empresas o comercios fundidos van a despedir. Aunque pongan doble indemnización la gente no va a recibirla. Aunque nos quedemos en casa, el virus, como vemos en la realidad, circula igual. Estamos en democracia, pero no funcionan los poderes.

Y lo más grave de todo es el silencio. Las mujeres siguen siendo violadas o golpeadas. No es agenda. Los ancianos tienen jubilaciones que perdieron la movilidad y los sumen en la miseria. No son agenda. La corrupción se lava las manos en la justicia. No hay reclamos. Los niños en el encierro se siguen maltratando. Silencio. La gente se está enfermando psíquicamente. No se habla. Los sueldos, cuando hay suerte y no se perdió el empleo, bajan o se pagan en cuotas. No hay ninguna movilización al respecto. Los colectivos que tan bien nos defendían en cada aspecto de nuestra vida están en silencio. Que el miedo no nos tape la boca. La pandemia pasará. Los virus siempre existieron y van a existir. La vida sigue. No podemos sentirnos inocentes si nos callamos. Defendamos la salud en su concepción completa. Y la dignidad, que nos otra cosa que la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Estamos en un proceso terrible de degradación social, moral y económica que ninguna cuarentena podrá prevenir. No cambiemos silencio por palabras, pongamos en agenda los temas sociales, las realidades, las cuestiones de salud que nos importan, las libertades que no queremos perder, dejemos de lado la quietud para no ser ruines, porque de lo contrario será verdad lo que describe magistralmente Saramago en Ensayo sobre la ceguera: “De esa manera estamos hechos, mitad indiferencia mitad ruindad.”

Soledad Vignolo participará del encuentro «12 poetas x jueves»

Por Redacción Grupo La Verdad

Los escritores juninenses Soledad Vignolo y Darío Lobato participarán hoy del encuentro «12 poetas x jueves», que se transmitirá en vivo por el Facebook de la Embajada de la República Argentina en México, con la presencia de poetas argentinos, mexicanos y españoles.

Vignolo contó a La Verdad que “este encuentro virtual de poesía se viene realizando todos los días jueves y sale en vivo para España, México y Argentina. Los países van variando porque hay poetas de distintas nacionalidades que van participando. Este circuito poético fue una iniciativa de Darío Lobato y yo me sumé junto a Claudia Tejeda, una poeta cordobesa. Junto a otros escritores de distintas latitudes, durante una hora en vivo, hacemos rondas poéticas”.

“En la edición de hoy, por Argentina estarán Guillermo Pilía, Martín Echeverría, Lidia Vinciguerra, Pedro Enríquez, Carolina Zamudio, Esteban Charpentier, Ana María Mayol, Lucía Carmona y Florencia Locelso.

Además, también participarán Vanesa Romero y Francisco Navarro, ambos mexicanos, por España estarán Pedro Enríquez y Ricardo Cuellar”, destacó.

La unión
La poeta juninense expresó que “la fuerza de este evento tiene que ver con la unión de continentes y es una idea que se está sosteniendo, porque la de hoy es la cuarta edición y se siguen sumando poetas de diversas partes del mundo. La idea de esta circulación de la palabra en cuarentena no es menor, porque estamos en un momento estático y queremos que las voces se escuchen a lo largo del mundo. Estos jueves poéticos son un aliciente para este momento donde ganan la angustia y la melancolía y las cuestiones del intelecto necesitan ser movidas”.

La cita es esta noche, a las 20, en el Facebook de la Embajada de la República Argentina en México, el de Darío Lobato y lo replican cada uno de los participantes.

La pandemia y las identidades culturales

El mundo global, líquido y en movimiento que teníamos se vio súbitamente interrumpido por un enemigo externo. La amenaza que nos confina y nos vuelve uno, ha tomado todo el protagonismo y logró que la contabilización continua de nuestra salud y nuestras muertes tomen la opinión pública y la acción política. Para poder construir una idea comprensible de lo que nos está pasando todo el día esperamos los datos finales, la opinión de científicos, pareciera que estamos en una especie de una vuelta al conocimiento.

Pero no tenemos en cuenta que la objetividad de estos datos puede estar como mínimo interferida, por no decir modificada por procesos de construcción de identidad que pueden ser tan globalizados como el mundo que sacudió la pandemia, y que esas identidades que estamos construyendo hoy tendrán relevancias importantes en lo político, social y económico.

Para pensar en las estrategias y sus consecuencias, es necesario tener en cuenta algunos datos que hacen a un itinerario científico: El 27 de diciembre de 2019 el Departamento de Neumología del Hospital Provincial de Hubei, comunicó a las autoridades sanitarias chinas que se había detectado un clúster de enfermos con neumonía atípica de origen desconocido. Tres días después, se notificó a la oficina local de la Organización Mundial de la Salud que el día 5 de enero lanzó una alerta internacional.

Actividad científica
Ahí, en ese momento se dispara una actividad científica basada en el método científico: identificar regularidades en los fenómenos de forma tal que se puedan prever los resultados que sucederán a determinadas acciones. Los logros en el plazo de pocos meses han sido impresionantes. En diez días el virus fue aislado y su genoma secuenciado.

Se han descrito en detalle mecanismos fisiopatológicos, manifestaciones clínicas, comorbilidades, mediadores, factores predictores y pautas terapéuticas. Al mismo tiempo, están en marcha diversos proyectos de vacuna. Los datos y su distribución a través de las mejores revistas científicas han generado en tiempo récord un conocimiento aplicado que está salvando muchas vidas.

Otro tema es el itinerario público de esos mismos datos y logros, donde los intereses territoriales y políticos llevan a países, mercados y regiones a una lucha de poder en el medio de la cual se halla una ciudadanía ávida de respuestas.
La fuerte relación causa-efecto que permite la investigación biomédica básica se cae a pedazos cuando entran en juego las ciencias sociales. La epidemiologia y la gestión de la salud pública deben comprender en la ecuación, cuestiones de comportamiento humano, decisiones políticas, y rasgos cultuales o identidades que llevan a que la acción que pudo ser factible en una región no lo sea en otra.

Datos científicos
El recorrido de los datos científicos sobre el COVID-19 en el espacio público es una cuestión diferente. Plataformas nacionales e internacionales ofrecen datos por país, región, comunidad o ciudad que cambian minuto y a minuto y dan la impresión de una enorme transparencia de la información, que supuestamente está al alcance de todos. Pero, cuando se intenta investigar de forma concreta de cómo las instituciones los producen, todo se vuelve esmerilado.

Los datos siguen diversas definiciones y estrategias de testeo. Algunas instituciones no responden con precisión determinadas preguntas. Y todo esto nos sugiere que, tras lo que parecen datos objetivos y hechos con valor científico, se esconden batallas y estrategias culturales con importantes implicaciones políticas y económicas.

Lo anteriormente expuesto apunta a que la gestión de la crisis pandémica mundial por COVID-19 está teniendo una tremenda capacidad de asignación simbólica en términos de construcción de identidad nacional, en cada país que afecta.
Por ejemplo, la reacción inicial de China ante las primeras señales del brote fue ocultarlo. Los dos médicos que levantaron las primeras sospechas fueron censurados. Ya en 2002 ocultó el SARS durante tres meses a la OMS. Un nuevo brote desacreditaría su imagen de nación moderna; reforzaría la idea de China como fuente de potenciales pandemias futuras por zoonosis debido a la persistencia de tradiciones culturales ancestrales que motivan el comercio de animales salvajes vivos en mercados de dudosa higiene y nula supervisión.

Pero la China de 2020 no es la de hace dieciocho años. China compite hoy con Estados Unidos por la hegemonía del mundo, apunta a ser la primera potencia mundial. La lucha contra la epidemia toma un valor simbólico relevante. Quiere mostrar su capacidad tecnológica y científica junto a una política de transparencia y cooperación internacional. Entonces tomó el control férreo de la población, puso a disposición de la OMS toda la información disponible y equipos científicos comenzaron una carrera contra el tiempo para producir una vacuna y la mayor parte del conocimiento que hoy tenemos sobre el COVID-19, y que está ocupando las portadas de las publicaciones científicas más reconocidas, curiosamente casi todas de ellas de Estados Unidos.

Y así, en pocos meses un país con 1.400 millones de personas ha doblegado la epidemia. Pudiendo volver a su actividad económica y productiva, mostrar ante el mundo su eficacia y ser bueno ante Occidente como el gran proveedor de recursos que nos socorre y ayuda.

En Europa por otro lado hay una gran división norte-sur, que viene desde la gran recesión, donde la fuerte identidad alemana que se extiende a los países nórdicos se contrapone a la Europa sureña desenfrenada y poco predecible.

En el marco de la pandemia por COVID-19, habría que cuestionar en qué medida los países han sido conscientes del impacto que en términos de imagen podrían producir sus datos y si han o no, acomodado sus metodologías para no resultar penalizados por ellos. Al principio de la crisis, la disonancia entre los datos de unos países y otros provocaba cierta extrañeza, sin embargo, no se reflejaba en la información. A medida que se han ido conociendo los efectos devastadores que tendrá la pandemia en las economías y el empleo de los distintos países, y se han endurecido las negociaciones sobre el plan de choque europeo, se ha ido prestando atención a la calidad y no a la cantidad de los datos.

Dificultad
Hay una evidente dificultad, que tal vez parta de lineamientos de la OMS, sobre qué y cómo se están construyendo los indicadores por países. Es posible advertir que los datos ofrecidos de cada país dependen de las “definiciones aplicadas y las estratégicas de testeo de cada uno de ellos”, pero a nadie le preocupa homogeneizarlas. El número de pruebas realizadas, los criterios de conteo de casos positivos (mediante criterios clínicos o con test positivo) y qué muertes se asignan al COVID-19 se diferencian en los principales indicadores que se están utilizando: grado de extensión de la enfermedad y tasa de mortalidad.

Algunos países solo registran las muertes que tienen lugar en el ámbito hospitalario –al menos Francia y Alemania– con lo cual las muertes en residencias de mayores (una de las poblaciones con mayor mortalidad) quedarían fuera del recuento. Existen dudas sobre la forma en la que se están asignando las causas de muerte en personas con patologías previas. En Alemania incluyen tanto a las personas que han muerto por el virus como a las personas infectadas y con problemas de salud subyacentes, donde no se ha podido determinar la causa precisa de la muerte”. Tampoco se realizan test post mortem a las personas fallecidas en las que se sospecha infección por coronavirus.

¿Y en américa? No nos diferenciamos mucho, tenemos nuestras propias cuestiones idealizadas de un Norte maligno y capitalista y un sur populista que lucha contra una pandemia con ideales.

Argentina, tiene graves problemas de testeo, aunque aplicó una política exitosa de confinamiento inicial, se realizan test post mortem de casos sospechosos, como si tuviéramos test en cantidad, pero el personal sanitario se ve descuidado en testeo y en equipamiento. No es alocado pensar que Argentina ha asumido un confinamiento estricto y de primera mano, para reforzar frente a terceros su imagen de país serio y con altos estándares de salud, aunque la estrategia se le puede estar volviendo en su contra.

Empieza a resultar evidente que las cifras disponibles hasta ahora están siendo utilizadas por los países sur para apuntalar los clichés de una América del Norte indolente que prefiere el capital económico al humano. Todas estas cuestiones, en regiones diferentes del mundo tienen un mismo fin político, y una misma intención de construcción de identidades.
Seguramente, futuros análisis retrospectivos de las series de datos originales, con sus respectivas definiciones y criterios de notificación, darán cuenta de la dimensión exacta de la pandemia en cada país. Pero será demasiado tarde.

Lo que está hoy en pantalla de la imagen pública y lo que quedará en la memoria serán esas cifras gruesas que sitúan a Italia y España –de nuevo los países del sur– como los dos con peores cifras de extensión y mortalidad de la enfermedad en Europa, y a Estados Unidos y Brasil como los caóticos países americanos que pusieron en riesgo a su población.

Estos sesgos culturales identitarios que sostienen la imagen y la reputación de países son difíciles de desarticular o modificar. Ya sea en un sentido positivo como negativo.

Ejemplos
Como uno solo de muchos ejemplos y porque hace al tema, hace tiempo que se sabe que la última gran pandemia de 1918, que recibió el nombre de Gripe Española y mató a 50 millones de personas en el mundo, no surgió en España. Investigaciones recientes apuntan un probable origen chino llegado a Europa debido a la movilización de casi 100.000 trabajadores chinos para apoyar en la retaguardia de las líneas inglesa y francesa de la I Guerra Mundial. Sin embargo, ni tan siquiera un siglo ha servido para borrar la vinculación española.

En nuestro país, estamos profundizando diferencias y creando una crisis económica sin precedentes. ¿Podría Argentina haber evitado esta situación o jugado mejor sus cartas? Tal vez podría haber forzado desde el comienzo de la crisis el establecimiento de criterios comunes a salud y producción o economía y no abocarse de lleno al confinamiento sin test. Pero la historia nos dirá que resultado es el mejor. La perspectiva futura establecerá cual fue la verdad sobre ésta terrible pandemia. Nuevos paradigmas surgirán, muchas pantallas caerán, otras lograrán sostenerse a costa de mensajes épicos y de ignorancia, Pero los gestores de cultura nos vemos en la obligación moral de cuestionar la manipulación de la identidad.

Antes que sea demasiado tarde.

Soledad Vignolo y el mal momento de los escritores

Más allá de seguir con la producción literaria desde los hogares, la actividad de los escritores está literalmente parada. No pueden dar charlas, talleres ni promocionar libros.

La escritora local Soledad Vignolo contó que no la están pasando bien y dijo que “nos estamos muriendo de hambre. De tener cuatro trabajos, pasé a no tener ninguno. El dictado de los talleres de extensión está cerrado porque no hay posibilidad de cercanía. Intenté con los talleres virtuales, donde tengo unos pocos alumnos, pero la realidad es que la gente no tiene dinero. Además, virtualmente es difícil transmitir muchas cuestiones que tienen que ver con la emoción, que con eso tiene que ver la escritura”.

“Estos son momentos de mucha introspección y producción, terminé una novela y comencé con otra, estoy haciendo cursos. El gobierno está ofreciendo muchas plataformas de capacitación gratuitas pero con eso no podemos comer, porque desde SADE conozco la realidad de los escritores locales y zonales. Están en situaciones lamentables y somos casi todos monotributistas que no estamos contemplados en ninguna ayuda. Nadie habla de los escritores y formamos parte del grupo de artistas”, expresó.

Editores
Sobre las editoriales, puntualizó que “tampoco están trabajando, toda la industria está parada. Hubo una feria del libro de editoriales independientes on line que fue promocionada y la gente la visitó, pero lo único que hizo fue oír las charlas o participar de algún taller, no hubo ventas. No hay dinero y lo último que a uno se le ocurre comprar es un libro”.

Plaza Veteranos de Malvinas: Un homenaje a los combatientes de la guerra de 1982

Corría el año 1950 cuando se inauguró la avenida San Martín durante el gobierno de Perón, y desde Almafuerte hasta Sáenz Peña incluyó una serie de plazas. Una de ellas era la Plaza Fuerzas Armadas. Nada hacía suponer que algunos líderes de esas mismas fuerzas, nos llevarían a una guerra desigual que no reivindicó nuestra soberanía, sino que logró la muerte de muchos jóvenes soldados y militares, decentes argentinos que, patrióticamente, lucharon por los colores de nuestra nación.

A fines de los años 70, durante la gestión del intendente de facto Roberto Antonio Sahaspé, se modernizó dicha plaza colocando en ella, un ancla, un cañón y un avión caza Gloster Meteor, representando a las tres fuerzas armadas: armada, ejército y fuerza aérea respectivamente. Esto también se realizaba sin saber lo que iba a ocurrir en 1982, el año de la fatídica guerra de las Malvinas o conflicto del Atlántico Sur, contienda bélica desarrollada entre Argentina y Reino Unido por la disputa de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

En esta batalla se calcula que murieron 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños. Fue una disputa homérica y la primera guerra de Argentina en más de cien años. El origen de la crisis fue un intento de la dictadura militar argentina de vincular las islas por la fuerza, islas que estaban en poder del Reino Unido desde 1833.

La dictadura argentina accionó para mantener el poder político y desarrollar la guerra a la vez, pero la reacción del Gobierno del Reino Unido y la falta de flexibilidad militar crearon un conflicto armado en las islas del Atlántico Sur.

Margaret Thatcher congregó la expedición militar más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Y esta guerra tiene también el triste récord de ser primera batalla aeronaval desde la contienda del Pacífico.

El ejército británico nos derrotó con apoyo de la OTAN. Nuestras fuerzas, sin una preparación adecuada, luchó con garra y desparpajo frente a un enemigo que se alzaba con poderío económico y numérico y nuestros valiosos soldados, hermanos, hijos, nietos, esposos, se rindieron tras férreas luchas y fueron desalojados del archipiélago.

Esta derrota épica adelantó la caída de la dictadura argentina y el inicio de recuperación del Estado de derecho, al tiempo que contribuyó a la reelección del gobierno conservador de Margaret Thatcher en 1983.

No tuvimos relaciones diplomáticas durante ocho años con los ingleses. Perdimos hombres y mujeres del futuro, y aprendimos poco, porque a los héroes que volvieron no los cuidamos como un estado debe hacerlo. Siguen luchando por sus derechos y reivindicando su guerra. Una guerra que nos dejó como legado que la Organización de las Naciones Unidas continúe considerando los tres archipiélagos con sus aguas circundantes como territorios disputados.

En Junín, la plaza se remodeló en el 2005, en el marco del concurso de ideas del área centro, cuyo objetivo era la generación de un lugar que permita el desarrollo de distintas actividades en el espacio público, tales como manifestaciones artísticas, música, danza y teatro. Se colocó un mástil de 16 m de alto para la ceremonia de izamiento de la bandera, pero recién en el 2017 se le cambió el nombre a la plaza, pasando a llamarse «Veteranos de Malvinas» en homenaje a los combatientes de la Guerra de Malvinas de 1982.

Con su anfiteatro y la bandera flameando en alto, la plaza rinde un simbólico homenaje a los que dieron su vida y a los que volvieron, y se puebla de arte y de jóvenes que expresan sus sueños con música, teatro, o simplemente debaten libres en un sector de la ciudad privilegiado, que tiene en su nombre la sangre de muchos, la soberanía en juego de unas islas lejanas que sin embargo todos tenemos clavadas en el alma.

Porque allí descansan nuestros hermanos en tumbas pobres sin mármoles, pero elevadas dignamente hacia el cielo sureño que ve en sus cruces nuestra patria. Honor a los Veteranos de Malvinas, siempre.