Pepe Corvina

Enrique Estrázulas, nacido Montevideo en 1942, publicó seis novelas, tres libros de relatos, dos ensayos, algunos libros de poesía y una obra de teatro. Fue traducido a varios idiomas. Periodista, cronista y diplomático, apreció el viajar y lo utilizó en su obra. Un autor que sostuvo la cultura, y que fue agregado cultural en Roma, París, Buenos Aires y embajador en Cuba.

Aunque me jacto de ser un lectora abnegada llegué a Estrázulas por un compañero de la Licenciatura en Gestión Cultural, Luis Nogueira a quien le agradezco su recomendación. Un escritor al que Cortázar, Rulfo y el mismo Juan Carlos Onetti, consideraron indispensable. Su obra teatral «Borges y Perón: entrevista secreta» se estrenó en Buenos Aires. Y varias ediciones se hicieron en Cuba. La antología de cuentos «La cerrazón humana» reúne algunos textos fundamentales y el libro que nos ocupa «Pepe Corvina», es uno de sus clásicos publicado por primera vez en 1973.

Se trata de una historia alucinada, escrita en dos meses, propia de la narrativa uruguaya, esas vidas mínimas y enloquecidas que Estrázulas volcó en el mundo de la escritura. Tal vez por sus ambiguas condiciones, esta novela que no podemos definir dentro de género alguno, tiene toda la magia y la potencia para ser estandarte de la obra del autor.

La historia, instalada en las costas uruguayas, nos muestra todos los matices propios de la literatura costumbrista, se nos viene el Macondo de Gabriel García Márquez, tal vez la verdadera esencia de un Rulfo. Es que el autor de una cuestión ínfima, local, despliega toda su narración con tal potencia, en esta novela desde varios protagonistas cuentan la misma historia desde sus diversas miradas, y lo hace de modo tal que nos envuelve, y nos sentimos responsables de esa narrativa naufragada, tan responsables como los personajes que la cuentan. Pepe Corvina, el caracter, es una excusa para secuenciar situaciones y desvíos. Este pescador, castigado por el hambre, la soledad, el clima de la costa y un desgarrador desamparo, se aferra a la búsqueda del paraíso encarnado en una fragata hundida en la que yace cierta extraña pieza de cobre olvidada que tiene ese secreto, el que nos vuelve seres dignos del paraíso perdido, donde la felicidad es una posibilidad; y él sabe que el mapa lleva al lugar exacto del naufragio.

La locura, el delirio, o tal vez la demente idea de ser felices contagia a otros habitantes tan desolados como Pepe, ensimismados en una vida opaca, miserable. Un psiquiatra, tal vez testigo y loco a la vez, sostiene la utópica visión. La historia del hallazgo y de la ubicación del paraíso, atrae aun grupo variopinto denominado «Sociedad de Amigos de la Arqueología». Son tres personajes, pseudo intelectuales, que deciden avalar la historia que Pepe Corvina no logró. Las metáforas son contundentes en su simpleza, la descripción avezada del autor lo acerca a los grandes, es despojado pero a la vez tiene lo inefable de Onetti.

Enrique Estrázulas retrata la realidad, una que subyace bajo la forma de un pueblo de pescadores, en el que se sumerge a reflexionar, y lo hace con ironía, fabulando con los propios, con los suyos, esos uruguayos que amo en lo personal y a los que es difícil considerar verosímiles, cuando relatan historias como éstas. Tal vez porque no nos atrevemos a los paralelos de la imaginación.

Sin dudas, la recomiendo.

La Vaca

«Yo había permitido que la vaca me mirara y que me viera —esto nos hizo iguales—, y de golpe yo mismo me convertí en animal».

Witold Gombrowicz

La Vaca es un ensayo editado en un libro bilingüe, con prólogo de Alan Pauls, y con una serie fotográfica que ilustra, con la significación de la imagen, lo dicho en sus tres secciones: «Carne viva», «Carne cruda» y «Carne asada». Podría ser, como el mismo ensayo lo sugiere, una composición al mejor estilo escolar con La Vaca como título, pero Becerra lo transforma, incomoda, y sostiene a partir de la vaca, una serie de discusiones sobre nuestra identidad.

Comienza con una línea histórica respecto al origen biológico del animal, desde sus arribo al continente, pasa por una pormenorizada clasificación de las razas, técnicas de producción y de explotación desde el siglo XIX hasta la actualidad y en ese devenir. describe como nadie, con una prosa que no deja dudas. los espacios en los que el animal es transformado en carne, en todo tipo de carne, así nos cuenta de las jaulas de hacienda, los saladeros, los mataderos y los frigoríficos. Por supuesto en Carne Asada también hay un discurrir histórico hasta llegar al asado, un cacho de carne, un cacho de identidad, y esto es licencia personal. Juan José Becerra detalla gustos, maderas, puntos de cocción, sabores, pero la crudeza del matadero, Echeverría incluido,. impide que se nos haga agua la boca.

La pampa, hábitat vacuno, es uno de los puntos en que se detiene el autor a la hora de marcar argentinidad y cito su mirada sobre la llanura: «produce el extraño hábito de reflexionar sobre ella, de intelectualizar su oferta inabordable de espacio».

Todo el ensayo de Becerra nos permite la reflexión y nos llena de citas de grandes autores que tienen que ver con la evolución y el arraigo, además del nombrado Echeverría, encontramos a Borges, Sarmiento, Darwin, Martínez Estrada, por citar a algunos.

En La vaca abunda la barbarie, paralela al avance tecnológico, hay sangre, hay violencia. Pero no moraliza, nos deja solos con nuestra conciencia pensando nuestras propias conductas animales, la naturalización de la matanza, la canibalización de la identidad. Para mostrar, elige a Stevenson, cuando argumenta: «comemos bebés que, sencillamente, no son los nuestros», y aquí sí cae tal vez, en un anti carnívoro decreto. Con auto crítica, buscando pensar, historizar, y siempre sin salir de la línea del ensayo, el autor termina sosteniendo que el asado, pilar de la reunión, símbolo de la argentinidad «es menos una operación alimenticia que una bacanal de ex caníbales».

Nos muestra tres momentos de un mismo ser: la vaca. Un animal propio de una pampa sangrienta, que nos sostiene en lo económico pero también en la tradición. Un ‘mamífero pasivo de dos dedos’ que es nuestro más preciado alimento. La Vaca es un libro de Juan José Becerra que con buena prosa, contundente y a veces irónica, fiel a su estilo, juega a investigar, pero a mi juicio, ensaya el derrotero del animal que come el argentino, y como tales terminamos preguntándonos ¿Qué o a quién comemos?

Cuentos completos de Lorrie Moore

“Si [el avión] no se estrellaba, si conseguías mantener en el aire toda tu inutilidad, se trataba simplemente de salir, localizar el equipaje y, en el tiempo de encontrar un taxi, haber dado con un motivo convincente para seguir viviendo

Lorrie Moore

Moore (Nueva York, 1957) es una cuentista, puede, como lectores, ponernos en la encrucijada de deshauciar el futuro o creer para siempre en el amor. Porque aunque es dura, y nos llena de muestras de las miserias de la vida, siempre abre una luz de esperanza. Es una autora premiada y que se la reconoce aún en plenitud. Desde 2006 es miembro de la American Academy of Arts and Letters  y enseña Lengua Inglesa en la Universidad de Wisconsin.

Cuentos completos, como su nombre indica, compila todos sus libros de relatos: Autoayuda (1985), Como la vida misma (1990), Pájaros de América (1998) y Gracias por la compañía (2004). Su humor es crocante, lleno de pequeñas desgracias, con las miserias de la posmodernidad pero también con su mordaz ironía.. Moore nos cuenta cómo somos con solo narrar escenas cotidianas de vidas mínimas. Aunque ella situa sus narraciones en Estados Unidos, su historia es universal, el tiempo pasando en ciudades ajadas, en no lugares, vino, reuniones, aeropuertos, nacimientos, senilidad. Lo de todos, esas vidas proletarias que tenemos todos, y que esta autora cuenta con las incuestionables sutilezas que una autora mujer puede detectar. No es lo mismo para una mujer el amor, la pareja, el tiempo, la muerte. Y Moore lo expresa.

Autoayuda está conformada por cuentos que se burlan de la cursilería de los libros que pretenden decirnos como vivir. En segunda persona, modo imperativo, nos cuenta como ser madres, amantes, enamoradas de un tipo casado, horrible, ególatra y generalmente viejo. Si se trata de madres que adoctrinan a sus hijas, recurre al testimonio en primera persona y nos dice por ejemplo: “los hombres de talento tienen la cabeza muy ocupada” por eso debemos cuidarlos. Todo pasa en este compilado, divorcios, esposas desahuciadas por una amante esquelética que comen sin parar, mastectomías. Hay vacios. Hay malas vidas, bien narradas. Nos indica donde mirar todo el tiempo.

Moore nos lleva a los extremos de la emoción, no sé si es una gran autora, tal vez repetitiva, o con recursos recurrentes, pero sin dudas emociona, conmueve y es para probar una tajada de su obra ant4es de desecharla Las mujeres de Moore son manifiestos, una de ellas dice que se siente como “una bomba nuclear colgada sobre todos y cada uno de nosotros”. ¿Por qué debemos vivir? ¿Por qué nos toca esta vida? Bien podrían ser las preguntas anticipadas que intenta responder la autora.

Al fin y al cabo nos estamos muriendo de a poco y de tristeza. Esa sensación aciaga de lo cotidiano, la americana sopa en latas, el pan con mantequilla, que acá puede ser un mate con facturas, no logran tapar ese día a día perdido, en el que lo gris nos come, nos deja sin aliento. Y el amor , para Moore, cualquier amor puede ser el salvavidas desesperado antes de volvernos huecos.

 Pájaros de América, vuelve pájaros a las actrices frustradas y alcohólicas, a las esposas que se hacen las dormidas para no morir con ellos, las mujeres de más de más de 40 sin amor. Todos estos pájaros son aludidos por la autora para que los lectores podamos comprenderlos, tal vez como reflejo de una empatía que no existe y que Moore busca instaurar, haciendo hincapié en el saludo, la cortesía, la posibilidad de mirar al otro en su propia otredad. La cito: “no había nada tan complejo en el mundo (ni una flor ni una piedra) como un simple hola de un ser humano”.

En Gracias por la compañía, nos da respiro con la ironía con que narra personajes cincuentones, semi jóvenes, semi viejos, llenos de nostalgia, enfermedades, cirugías y casamientos, todo da igual. Moore nos pone a prueba todo el tiempo y podemos escucharla susurrándonos que la vida, así, como es, despiadada y terrible, vale la pena.

Flores que se abren de noche

«En mi casa no van a hacer chanchadas, dice, te conozco, te veo la porquería en la mirada, como tu mamá, igualita a tu mamá. Cuando papá le daba con el cinto, ella gritaba de contenta».

Flores que se abren de noche, Tomás Downey


Tomás Downey nació en Buenos Aires en 1984. Es escritor, guionista de cine y traductor. Publicó dos libros de cuentos, Acá el tiempo es otra cosa (Interzona, 2015), que obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes y fue finalista del III Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez (Colombia), y El lugar donde mueren los pájaros (Fiordo, 2017), que obtuvo una mención en los Premios Nacionales 2014-2017 y fue traducido al italiano.
Además de esos datos biográficos, Tomás Downey es un gran escritor. De esos que te hacen sudar las manos, que crean universos únicos, que pueden volver cotidiana la extrañeza. No es mi primera reseña sobre Downey y estoy segura que es otra de muchas, porque este autor tiene sabiduría vieja, de esa que se adquiere cuando uno se atreve a lo profundo de la vida, sin elegir entre luces y sombras.


El libro que nos ocupa, Flores que se abren de noche, se compone por el cuento que lo nombra, una historia de primos que dudan ser hermanos en el Delta, un relato donde la crueldad, la belleza y la maldad son partes de lo cotidiano, con mucha mística, con mucha destreza, el autor nos hace sentir cómodos en un mundo que pertenece a lo inefable, y terminamos comprendiendo a Anahí, y a Migue y a Liliana, terminamos apropiándonos de su historia inmensa por ambigua, por posible, por feroz.


En CET, la segunda narrativa, una lluvia de meteoritos descarga huevos de los que nacen seres tubulares que sirven para hablar del amor y el desamor, la familia, las contradicciones de pareja entre Pedro y Lucas, que pueden ser otros o volverse ellos mismos CET, estos organismos que nunca son reconocidos por nadie, y sin embargo viven en medio de todos. Así como llegaron, de la nada, un día se van. Y no es extraño.
La paciencia nos viene a contar que a los muertos se los puede reanimar. Si tu hijo hubiese muerto, ¿ lo reanimarías? Ir contra las leyes naturales es un hecho posible en Downey, que nos lleva a pensar en “reanimados” sin temor, pero que sin embargo nos llena de preguntas a responder. La belleza del texto, construido con solidez es que es posible, es aterrador, perturba y cuestiona. Gran trabajo de narración, que me remitió a lo mejor de Samanta Schweblin.
Por último, Hombrecitos, nos pone a los humanos como mascotas, o juguetes, nos vuelve nimios, frágiles, dependientes, en una historia de pérdidas y otra vez la familia, la amistad, las relaciones primarias son ambientes propicios para la extraña creatividad de Tomás Downey, que nos vuelve muñecos de juego, o nos cuenta que lo somos ya.
Cada uno de los cuentos, nos indaga, nos convierte en títeres, su prosa humanista no le impide pasearse por mundos futuros, sueños impropios, y hasta delitos, si es necesario, para hablar de desencuentros, falta de comunicación, vida. Estas historias son novelas mínimas que con una verosimilitud asombrosa nos dejan entrar a ambientes únicos, reales, impropios, lacerantes, logrados por una observación exacerbada que Downey ejecuta además, con una narración impecable.
Flores que se abren de noche, es de lectura obligada, y tal vez con el tiempo, de culto

Las fuerzas extrañas

“Despertar el misterio es una locura criminal, tal vez una tentación del infierno”

La estatua de sal, Leopoldo Lugones

En Las fuerzas extrañas cualquier interacción con las “ciencias (o artes) ocultas,” quiebra algunas leyes naturales. Y por consiguiente quien trasgrede se somete a una destrucción que puede ser física o emocional. Así lo plantea la dinámica de la narrativa de Lugones en cada uno de los cuentos de este volumen de 1906 que asusta por su actualidad.
Las inquietudes morales, religiosas y científicas recorren los relatos, y luego la transgresión de leyes naturales, morales o religiosas en Las fuerzas extrañas, es castigada por un orden fantástico. Podemos ver que cuenta con relatos de ciencia ficción, como “La fuerza Omega,” “La metamúsica,” “El origen del diluvio,” “Viola acherontia,” “Yzur” y “El psychon;” cuentos fantásticos como “La lluvia de fuego,” “Un fenómeno inexplicable;” y relatos maravillosos como “La lluvia de Fuego,” “La estatua de sal,” “El milagro de San Wilfrido” y “Los caballos de Abdera.” Los clasifico aproximadamente de acuerdo a Todorov, y deja a las claras la tremenda versatilidad de Lugones como autor de ficciones. Logra homogeneizar este compendio con algunos elementos comunes a la mayoría de los cuentos presentes como tratamiento ambiguo de la imagen del científico y los castigos ya mencionados.
Los científicos de Las fuerzas extrañas son personas misteriosas ; son la voz de la ciencia y del desarrollo tecnológico, pero también creyentes alocados que usan el método científico para transgredir leyes naturales y lograrresultados sobrenaturales. Claro que la justicia divian los castiga. El introspectivo físico que protagoniza “La fuerza Omega,” al igual que Juan, el sensible científico músico de “La metamúsica,” no demuestran intención de daño con sus descubrimientos; nos identificamos con ellos. Aun así sufren las consecuencias de sus maravillosas trasgresiones de las leyes naturales. Lugones nos presenta las circunstancias, conflictivas o no, la trasgresión de alguna “ley” natural, divina o moral, y la aparición del castigo y esa es su intención todo el tiempo, en cada relato, logrando así una linea de unidad narrativa.
En “El escuerzo” y “La metamúsica” el lector se encuentra con dos personajes que pasan un límite, el joven leñador de “El escuerzo” paga con su vida el haber matado a este ser pseudo-sobrenatural. Juan, el apasionado científico y músico de “La metamúsica,” paga con sus ojos el haber descubierto y expuesto la dimensión lumínica del sonido, además practica la Numerología para descubrir la luz de la música, algo prohibido por la religión.
Juan se acerca a cierta comprensión de “la expresión matemática del alma humana,” pero al parecer este es un conocimiento que el universo le ha negado al ser humano.
En “Yzur,” el sádico negociante dueño de un chimpancé recurre hasta a la tortura para obligar a su
mono a expresarse en la lengua de los hombres; pero no hay tal castigo. Lugones no parece tomar una posición específica , pero deja claro que romper con lo posible para la tradición judeocristiana, trae consecuencias.
En cuentos de carácter maravilloso tales como “La lluvia de fuego,” “El milagro de San Wilfrido,” “Los caballos de Abdera” y “La estatua de sal” también determina la suerte de los personajes el mismo patrón filosófico narrativo. En “La lluvia de fuego” el narrador presencia la destrucción de Gomorra, y al final se suicida . Pero da cuenta de que conocemos la historia de Sodoma y Gomorra, de lo contrario, , el personaje narrador sería el testigo de un hecho fantástico sin explicación lógica o natural.

Todas las historias generan en nosotros, lectores, sentimientos de desasosiego y confusión. ¿Qué constituye
una transgresión de las leyes de Dios? . ¿Cómo podría un Dios justo castigar a un hombre—a una ciudad entera—que
no es consciente de sus propias faltas? Nos deja en un limbo de ambigua soledad.
“El milagro de San Wilfrido” hace referencia a la tradición épica construida a partir de las batallas de los caballeros cruzados en el Medioevo. “Cortad maderos […] haced una cruz y clavad en ella a este perro. Que muera como su Dios”
reza uno de los personajes, hay una farsa que tiene como base la escena de la crucifixión. La trasgresión
en “El milagro de San Wilfrido” es la desacralización de uno de los pasajes bíblicos más importantes del imaginario cristiano, la crucifixión de Jesucristo. “La estatua de sal,” al igual que “El milagro
de San Wilfrido” y “La lluvia de fuego,” apela al conocimiento que el lector pueda tener acerca de los mitos y leyendas de la tradición judeocristiana.

La fascinación de Lugones con la ciencia corre paralela a la gran desconfianza de la misma. Esta ambigüedad en dichos temas es una constante en esta obra de Lugones, y puede verse en otros autores de la región rioplatense, tales como Eduardo L. Holmberg y Horacio Quiroga.

Nos vemos en esta obra obligados a decidir qué tiene más valor: los principios cristianos de la caridad y del amor al prójimo, o la obediencia ciega y absoluta ante los actos de la divinidad. ¿O la ciencia ? “Despertar el misterio es una locura criminal, tal vez una tentación del infierno.” Esta frase no sólo contiene una verdad profunda acerca de los relatos escritos por Lugones; la idea de ver el acto de “despertar el
misterio” como “una locura criminal” explica gran parte de los relatos fantásticos escritos en el continente americano durante el siglo XIX y el Fin de Siglo. En autores de diferentes generaciones y nacionalidades, como Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Nathaniel Hawthorne o Ambrose Bierce. El Positivismo se afianzaba y la ciencia y la razón con él. El resto era trasgresión.
El mismo Lugones parece fascinado por la fe positivista en el método científico. El Dr. Paulin en “El Psychon,” y en “Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones” Lugones intenta reconciliar el mundo espiritual con el mundo
de la materia.
Tal vez no sea este el Lugones al que estamos acostumbrados, pero es un libro impresionante, con estilo , géneros y sub géneros ,muy bien logrados, que sin dudas recomiendo para un fin de semana, de esos en los que tenemos ganas de salir del confort diario y proponernos pensar más allá de las leyes naturales que adquirimos como únicas en la educación formal.

Reseña de Lamberti

El loro que podía adivinar el futuro

Por mucho tiempo quedó una depresión en el lugar donde habían estado los árboles, algo que hacía difícil el juego, pero después la marca se fue borrando y hoy ya nadie se acuerda de nada..

Luciano Lamberti.

Es muy interesante reseñar este libro porque cada uno de sus relatos me llevó a otros autores que admiro, pero sin que el autor cordobés pierda su esencia, su propio decir. Pasé por momentos donde Roberto Bolaño, quien da origen al nombre de mi página, susurraba los personajes de Lamberti a mi oído, jugueteé con Stephen King en algunos momentos de tensión, me volví una especialista en mundos extraños, en enanos, loros y sentí latir a Dick entre sus páginas, antes de comprender que el autor, sin dudas, quiere dejar claro que el mundo no es blanco y negro, que el espacio y el tiempo le pertenecen a quien narra, a las historias mismas, y a los lectores, que no hay realidad posible sin dejar un lugar a lo extraño, a universos nuevos, con humanoides, miedos, y bosques perversos rodeándola.

El Loro que podía adivinar el futuro contiene seis relatos. Voy a intentar dejar una impresión personal de cada uno de ellos: “Perfectos accidentes ridículos”, es un conjunto de relatos que se nos clavan, como un cristal estallado en el medio del barrio en que sitúa las historias. Lo psicológico y la telekinesis en un pibe con claras dificultades, otro que no para de atraer la mala suerte, y el fantasma del suicidio cotidiano. Todo relatado con una prosa limpia, sin adornos, que hace la lectura llevadera. “La canción que cantábamos todos los días”, me resultó de tal ambigua crudeza que lo leí dos veces. La hermandad percibida desde un hecho que produce una ruptura familiar y genera una extrañeza de la que ninguno puede volver, padre, madre y el protagonista, modifican el ecosistema familiar y la relación de cuatro, deja a uno de los hermanos en otro orden. El suspenso, y las capas que aparecen en los personajes, crean un ambiente único.

Y me atrevo a pensar que allí reside el gran acierto del libro, Luciano Lamberti tiene una propuesta de mundos, de climas subterráneos, acuáticos, fantásticos y aciagos, pero personales. Y lo hace muy bien. “Algunas notas del país de los gigantes” es una obra maestra del esfuerzo por complementar tiempos, historias que corren a la par, diversos géneros, y logra encuentros ficcionales memorables.

Lo más atractivo de leer a Lamberti es reconocer en el autor a un gran lector. Los guiños, las influencias percibidas, son sutilezas que solo pueden resultar de lecturas sublimes. El cuento “La feria integral de Oklahoma” nos pone a prueba, ilumina los bordes de los personajes y los entrelaza con la pureza de su narrativa. No hay remilgos para hablar de un abuelo capaz de comprender a todo tipo de animales, ni en definir a un enano sin escrúpulos, todo es posible en sus historias y todo es a la vez de una rareza que intriga y subyuga, ¿Quién puede desconocer que en una feria o en un circo todo puede suceder?

“La vida es buena bajo el mar”, un nuevo mundo creado por ficción bien escrita, con reglas particulares, que parece contar algo y de golpe se nos escapa, vuela y termina en otra dimensión que no habíamos previsto. Una raza convive con los humanos, son obreros calificados muy capaces, pero que viven con un desasosiego inquietante, extrañando la humedad de su entorno original. Un psicólogo especializado en estos seres, se vuelve adicto a sus disloposibilidades mentales, que son viajes hacia lo líquido, lo materno tal vez. Toda la descripción del placer de esa adicción me remitió al útero. Como broche, “El loro que podía adivinar el futuro” nos cuenta la locura en forma de loro sobrenatural, que es viejo como la peste y puede ver más allá, o justificarnos en misiones obligadas que rompen las leyes de nuestro orden, como si lo ancestral y lo divino tuvieran como aliado a este loro cósmico. El protagonista termina siendo un hombre con cabeza de loro. Y no nos hace ruido, porque Lamberti prueba que con ideas claras, lo real puede ser ambiguo, volverse extraño y atractivo como una atmósfera que pesa pero de la que no queremos escapar.

Vencé

“la oración ensancha el corazón,
hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios”
.

Madre Teresa de Calcuta

La reseña de este sábado es particular, excede lo literario y tiene que ver con esas cuestiones que la vida nos pone delante para que no perdamos la fe. Conozco y quiero al autor, Nicolás Martín y fui testigo del proceso de enfermedad y sanación que cuenta en su libro. El tiene su propia fe, que no es la mía, o la tuya tal vez, pero que a la vez es la de todos los que creemos que no basta con la ciencia y que no se puede sin ella.

Nicolás relata su historia, maravillosa y entrañable, desde su propia voz, una voz inquieta, única, luminosa y perdurable. Recuerdo con claridad su cara frente al viento en la costa del Este el día que lo conocimos, su sonrisa perfecta, y su abrazo al saludar, con la confianza que da la fortaleza del amor. Nicolás no escribió en vano sobre David y Goliat, o sobre el esfuerzo por creer, ni es inútil la constante referencia a Dios en su libro. Josué es un ángel que lo acompaña y su hermanos, sus maravillosos padres, un ejemplo para otras familias que atravesamos dolores, porque como bien dice Nico, cada uno tiene su gigante delante.

Nicolás cita la Biblia, pero yo creo que la Biblia lo cita a él, he visto su lucha, he comprendido su causa y ha sido ejemplo para mi familia y mis hijos su valor y su energía. ¿Quién dijo que flaquear es no vencer? Nico tuvo miedos, los superó, Nico tuvo dudas, las reemplazó por certezas, Nico tuvo recaídas, y las pasó con la fuerza del amor y la fe.

Esta reseña no es nada más que eso. El libro de Nico es muy interesante, en especial cuando en primera persona nos cuenta su padecer, sus dolores en plena adolescencia, sus proyectos truncados, esas luchas dispares a las que se vio obligado por la vida. Pero también nos habla de familia, de amigos, de hermanos, de padres, abuelos, compañías preciadas para atravesar sus bemoles. Nico es testimonio y por suerte lo dice, lo escribe, deja registro. Porque la historia no es memoria viva, y en su libro Nicolás Martin une lo inexplicable, la histórica pelea desigual de David con el gigante y la memoria concreta de un joven rosarino, que puede ser tu hijo, el mío, o vos, que se volvió historia para vencer.

En casa queremos mucho a Nicolás y sus hermanos, todos amigos de mis hijos, pero además estamos orgullosos de conocerlos. Y en este libro Nico demuestra a otros lo que vimos durante años, la fuerza es una comunión de carácter, creencia, amor, historia y memoria. Si somos capaces de enfocarnos en lo bueno de la vida, a pesar de lo que pase, como ahora, en pandemia, si podemos hacer pie en lo mejor de una experiencia, estoy segura de poder decirte a vos lo que dice Nico en su libro, que recomiendo fuerte: anda, hermano, andá y Vencé.

Les dejo el poema de Rubén Darío, te lo regalo a vos Nicolás Martin

En medio del abismo de la duda
lleno de oscuridad, de sombra vana
hay una estrella que reflejos mana
sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
alienta y guía a la conciencia humana,
cuando el genio del mal con furia insana
golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
de la humana creación? ¿ Bajó del cielo
a iluminar el porvenir oscuro?

¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
ya sabéis, ya sabéis, la Fe se llama.

El origen del mundo

Es un ejemplar sencillo, sin pretensiones, uno accede a su texto en busca de un milagro: y se produce. Michon muestra que no hay temas imposibles para poetizar sobre el cosmos y se lanza a la belleza en su texto que es un climax literario y maduro, que abanica, mece, maravilla. La modernidad, siempre economizando significados, nos invita a una búsqueda en el aislamiento, despojada, corriendo tras la quietud. Por eso Pierre Michon, probablemente el maestro coetáneo en lo que hace a estructuras metafórica, ambienta El origen del mundo en un pueblo de la Dordoña, cerca de Lascaux, con sus cuevas rupestres, y sus grafías primigenias.

Cuando el narrador de esta novela llega a Castelnau, muy cerca de Lascaux, tiene veinte años y encara su primer trabajo. En estas comarcas, donde aún se representa a la manera antigua el origen del mundo, el sexo separa dos universos: el de los hombres, depredadores, frustrados pero terriblemente astutos, y el de las mujeres. Así ha sido la crítica del libro que reseñaré: «Con una prosa a la que la madurez ha llevado a la cima de la precisión carnal, de la sensualidad en sus evocaciones tiernas o brutales, Pierre Michon describe un universo de evidencias y de misterios cuyo recuerdo nos perseguirá» (Jorge Semprún).

«La lujuria, el deseo, son un tema común en la literatura, pero rara vez han sido expresados con tanta poesía y profundidad» (San Francisco Chronicle).

«El poder de la imaginación que sostiene la escritura de Michon no decae jamás» (Roger Shattuck, Harper’s Magazine).

La historia transcurre a principios de los sesenta. Esta década loca de ilusiones no alcanza a Castelnau, donde lo simple es la norma en una paz solo perturbada por la irrupción del profesor protagonista, que cree en el paraíso lento de la localidad, y aquí el autor, maestro absoluto, discurre como nadie en el terreno deseado y nos regala como lectores una experiencia única.

Hay una tendencia literaria que utiliza lo rural para bordear y resumir el universo, donde las personas son casi mitos y las féminas son objeto central de observación. En El origen del mundo la historia ocurre rodeando a tres mujeres. Hélène, la posadera madre constante con la paciencia de los que comprendieron su finitud. Su posada es un espacio de borracheras y consejos escondidos tras las puertas de sus habitaciones.

En una de ellas el profesor profesa intenciones a su compañera ocasional, un goce transitorio para no morir en la espera de su sueño hecho mujer, llamada Yvonne. Ella trabaja en una especie de kiosco donde vende diarios, cigarrillos, y otros placeres, todo lo hace detrás de un mostrador que la potencia, la vuelve intocable y la expone a los ocasionales visitantes. En un texto la voz es todo, pero la escritura contiene, y el autor logra lo propuesto. Transforma a Yvonne en un símbolo de la decadencia. Las frases cortas y vertiginosas, el sistema nervioso a prueba, la pulsión entre Marlboros e incomprobables amenazas.

El profesor, además se perpetúa en sus jóvenes alumnos, el hijo de Yvonne sufre la frustración prolongada de noche en un bosque cercano donde la lujuria cede al rito. Es tan capaz Michon que transforma el deseo momentáneo en poesía. Magnífico, intrigante.

Los simbolismos continúan en Jean el pescador y JeanJean , nombres pensados, elegidos. Uno por su persistencia a sobrevivir, el otro guiando hacia un pasado relacionado al ocio. Los artistas de Montignac pintaban tras ir de caza. También conscientes de su cuota en el mundo, colgaban los animales que dibujaban como prueba de amor, como oda asesina agradecida.

Pierre Michon establece toda una relación con lo pionero, lo antiguo para narrar El origen del mundo, nos lleva desde lo cotidiano a lo épico, sin escala. Nuestros instantes serán calendario, lo que hoy es nimio para cada uno de nosotros será cultura. La astucia del autor es animarse a sublimarlo en un libro que como reza, nos plantea lo más intrínseco de nuestra existencia: el origen.

La Gallina Degollada

Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 – Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. ; maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.

Sus relatos, que a menudo retratan a la naturaleza bajo rasgos temibles y horrorosos, y como enemiga del ser humano, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe. Sin pecar de ambiciosa reseñista considero que Quiroga es particular e incomparable, y eso responde a la fantástica interpretación que hace de la naturaleza y su afectación a las personas. Por eso me encantó hallar esta edición de bolsillo de La Ganilla Degollada como libro en sí mismo, no como parte de un libro de cuentos, la hizo la UNGS, dentro de la colección Contra Tiempos, y tiene especial calidad.

Durante dos años Horacio Quiroga trabajó en multitud de cuentos, muchos abocados al terror rural, pero otros en forma de deliciosas historias infantiles provistas de animales que hablan y piensan sin perder las características naturales de su especie. A esta época pertenecen la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y el terrible y magistral El almohadón de pluma, publicado en la revista argentina Caras y Caretas en 1905. A poco de comenzar a publicar en ella, Quiroga se convirtió en un colaborador famoso y prestigioso.

La gallina degollada es un cuento que fue publicado por primera vez en Cuentos de amor de locura y de muerte, en 1917. Relata los acontecimientos que viven los   hijos del matrimonio de Mazzini y Berta, un matrimonio feliz, que a los tres meses de casados deciden tener hijos. Los cuatro hijos primeros del matrimonio Mazzini-Ferraz quedan con retraso mental a causa de una meningitis. Lo único que saben hacer es imitar, sus padres se desilusionan con la vida y entre ellos y amargan la relación . Al quinto intento nace una beba y la niña crece sana y salva. Los padres pierden todo interés por sus cuatro hijos mayores, adorándola como primogénita.
Un día los cuatro varones observan como la sirvienta degolla una gallina para preparar una comida. Tiempo después, los padres salen on su hija. Al regresar, mientras Berta saluda a unos vecinos, la niña regresa sola a su casa, donde se cruza con sus hermanos. Estos acaban por hacer algo aterrador.

Es un cuento de terror, pero el terror de Quiroga incluye verdad, locura, amor, hipocresía y se nos vuelve propio, al punto de incomodarnos porque nos reflejamos en alguna de las cuestiones que sus personajes poseen. CIto su propio texto.

Después de algunos días los miembros los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aún el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante [..] (p. 116) 

Esta vez Mazzini se expresó claramente:

—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!… ¡No faltaba más!… —murmuró.

—¡Qué, no faltaba más?

—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.

Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla. (p. 118) 

Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba a dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio (p. 122)

La soledad, la angustia y la vida difícil se sobrelleva en este cuento con una niña que es la luz de la pareja. Pero la vida…

Quiroga sabe que para aterrar solo basta mostrar un momento cotidiano que desencadena la tragedia.

Este cuento es una obra maestra del terror, con hilos invisibles que inquietan y cuentan pero en justa medida, con un desenlace impecable que descuartiza literalmente cualquier posibilidad de redención.

Merecía una reseña.

El precio de la amistad

La última entrega de relatos de Kjell Askildsen, “El precio de la amistad”, consta de cuentos escritos cuando el eEl escritor noruego tenía más de setenta años. Esta obra nos lleva a un territorio conocido para sus lectores y es ese retorno constante a una especie de malestar que propone en su obra. La parquedad ruidosa de su voz, cierta frialdad persistente, lo inevitable, de lo que no podremos huir. “La tranquilidad ha desaparecido”, nos advierte el narrador de “La casa roja”. Así de inescrupuloso es este gran escritor a la hora de hacer declarar a sus personajes. Puede mirar por la grieta en la pared o el agujero de la cerradura, o nos pueden clavar una pasa en el ojo, pero aún así mirar es la constante, intensamente, viendo lo que no deseamos, pero que atrae por su llana intelectualidad.

El precio de la amistad es un condensado breve que contiene doce nuevos cuentos (en total no son más de 90 páginas) de este estupendo escritor noruego, uno de los más grandes cuentistas de la actualidad.

Loa cuentos con nombres propios, como “Gerhard P.” son alegatos: “Había planeado de antemano cómo iba a dejarlo, y cuando al cabo de un rato se dio cuenta de que su plan no era viable, volvió a dejar todos los muebles donde estaban.” Lo inevitable, lo que no podemos evitar, es aquello a lo que nos invitan los personajes de Askildsen que permanecen en su austeridad absoluta, como ascetas modernos. Los párrafos, los relatos, nos van atrapando pero no nos alcanzan ningún eureka, solo nos muestran su propia infelicidad. Los bienes materiales, hasta los mares contaminados por derrames, o el sexo en plenitud, no pudieron impedirles la inconformidad constante que el estado de bienestar nórdico no puede tapar. La desolación emocional es casi necesaria por esos lares, la soledad una constante, y el mutismo una realidad.

Todo es vacío y simulada quietud, todo es soledad. Askildsen es silencio, vejez, muerte, desamor. Pero sobre todo es tedio. Los cuentos de Askildsen tienen un personaje principal o dos bocetados en líneas que se sientan frente a una taza de café. Suele ser alguien que está comiendo con un amigo o con su propia esposa, para hacer que conversan, en realidad están muriendo. Otros miran por la ventana de su cuarto o van a ver a su padre enfermo, a entierros o se escapan comprando cigarros. Siempre están por estallar. El pasado o la incomunicación, el desencanto de la vida en general los abruman.

Los cuentos parecen nacer de la mueca de un rostro ante una mala sensación frente a la vida, al igual que su otro volúmen No soy asi. Askildsen nos deja su prosa fría pero inevitable, llena de sombras kafkeanas, o de presunciones desacomplejadas similares a las propuestas por el gran Camus, Y nos invita a no parar.

En “Willy Hassel” aparecen sus temas de relatos pasados, el trato con la autoridad policial. El temor autoinducido, esa sospecha indecible.  “Después del entierro” , cuentazo, sin dudas inicia rememorando a “L’étranger”, de Camus. Los protagonistas de los relatos de Askildsen fuman mucho y beben mucho. O se matan a café. Son austeros, pero eso no les evita la desgracia de sentirse vacíos, No hay cuestiones habituales en nosotros para emborracharnos, no hay desamores o deudas, ellos se beben la culpa de la prosperidad.

Y la historia termina cuando no hay más que decir, el autor no se justifica. Porque escribe un resumen de la existencia de sus personajes, en los que no pretende que comprendamos nada. “Yo no las entendí, y esa es la razón por la que las recuerdo”, dice el protagonista de “Después del entierro”; para saber hay que seguir leyendo Askildsen, y volver a quedar sin conocimiento, el autor no escribe para lectores necesitados de verdad, como cierra en su cuento “El neceser”: “Tampoco vio nada”.

Kjell Askildsen es un gran escritor. “El precio de la amistad”, es un libro para tener como cabecera.

PD: Nos regala al final un diccionario propio que es otro libro en sí mismo: matrimonio, familia, realismo, definidos a lo Askildsen.