Un dulce olor a muerte

Voy a comenzar esta reseña hablando de su autor, el novelista mexicano Guillermo Arriaga,un autor polifacético, con aspecto recio, que fue boxeador, futbolista, basquetbolistas y que él mismo se define como un tipo con calle, que no se define como escritor sino como un «cazador que escribe», al que le molestan las etiquetas,  reniega de ser guionista aunque hya ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2005 y ha sigo nominado para Globos de Oro o a los Óscar con películas comoAmores perrosBabel, 21 gramos, o Los tres entierros de Melquíades Estrada lo prueban.

Me atrevo a pensar que Arriaga escribe siempre novelas, historias a las que le dedica tiempo y corrección no importan cual sea su destino final, si un libro o un guión cinematográfico.

Un dulce olor a muerte, que tuvo también su versión cinematográfica, es la narración de los acontecimientos que acontecen indefectiblemente, casi como una premonición inevitable en un lejano y en apariencia tranquilo pueblo mexicano, Loma Grande, cuando una mañana aparece muerta de un cuchillazo un a joven desnuda en medio del cañaveral. Se trata de Adela. Es maravilloso como el autor logra que sus personajes, tras hallar el cuerpo, y con pureza perversa, van generando equívocos, falsos supuestos que el boca a boca transfroma en verdad absoluta, hasta para los propios involucrados que comienzan a dudar de sus propios actos y sentimientos.Todo esto va creando un rara clima donde la venganza adquiere peso. En este juego de falacias todos le otorgan al adolescente Ramón Castaños la calidad de novio de la chica y al Gitano la culpabilidad del hecho. La construcción colectiva de un relato hace relativa a la verdad, y una posverdad profética se eleva como gigante en el pueblo.

No es una novela larga, en especial porque cada personaje es verosímil, y vivo. El autor narra sin dejar la intención a la vista,creyendo en el lector. Toda la acción sucede en un corto período de tiempo donde los personajes se trasladan fluidos de escena en escena, creando el ambiente de una vida pueblerina. El narrador explica poco y solo cuando es necesario para lograr el ambiente.

El clima que logra en el comienzo de la novela le da a Guillermo Arriaga el territorio perfecto para su narración con profundas raices en la vida misma, en las cuestiones lugareñas. Toda su obra mama el paisaje agreste, el habla llena de mexicanismos que aprovecha para contar como Rulfo, la realidad y la otra verdad de esos parajes que no parecen pisados por dios alguno. Toda la novela es la historia de rumores de pueblo, escritos en maravillosa narrativa, cada capitulo nos deja cuenta que la verdad no importa que si o sí tal afrenta y tal culpa, ambas inexistentes, debe vengarse, porque es un “crimen equivocado” (p.105) que llevará a una verdadera locura. El “juicio inobjetable” (p.98) de todo un pueblo, Loma Grande, nos viene a contar como podemos construir una conciencia social ( toda una sociedad creyéndola) basada en una gran mentira, y entonces esa comunidad sospecha, juzga y “da caza” al Gitano, autor de muchas travesuras pero no del crimen.

Tal vez Guillermo Arriaga juegue con la idea de cazadores en sus obras, en esta misma, pero lo cierto es que la ficción que nos cuenta no dista de la lamentable realidad que muchas veces padecemos los latinoamericanos, en hechos más pudientes que la muerte de una Adela en un pueblo perdido.

Gran autor. Para no perderse nada de lo que escriba.

Marguerite Duras La Pasión suspendida

Entrevistas con Leopoldina Pallota della Torre

“Me dije que uno escribe siempre sobre el
cuerpo muerto del mundo, y también sobre el cuerpo muerto del amor. Que es en los estados de
ausencia donde se hunde el escrito, no para reemplazar nada de lo que ha sido vivido o
supuestamente ha sido, sino para consignar el desierto dejado por ello.” Marguerite Duras

Si te interesa la autora, no podés dejar de leer La pasión suspendida, un libro en el que su vida se abre al lector como una amante, como si todo sus textos estuvieran condensados en respuestas vehementes, irónicas pero jamás indiferentes, que Marguerite otorga a la entrevistadora controversial,

Décadas después de su muerte, la escritora de “El Amante” continua como una de las voces más importantes de la literatura francesa. “La pasión suspendida” la celebra contando su vida.

«Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir” dice Duras en Escribir.

La ganadora del premio Goncourt en 1984, revelada en 40 idiomas, consagrada en el cine es capaz de decir cosas terribles con la simpleza de lo cotidiano :“Fue esa tarde cuando Léo me besó en la boca. Lo hizo por sorpresa. Experimenté una repulsión verdaderamente indescriptible”, escribió guiones y dirigió, pero su lugar permanente lo halló en la literatura desde la adolescencia y cuando el alcoholismo  y la enfermedad la atrapaban, la literatura continuaba salvándola. Su Saigón iniciático (4 de abril de 1914) le otorgó el territorio para desplegar sus alas literarias.

En “Marguerite Duras, la pasión suspendida / Entrevistas con Leopoldina Pallota Della Torre”, prologado por Silvio Mattoni y traducido por César Aira, cuando hablab de cómo fue su infancia, Duras responde: “A veces creo que toda mi escritura nace de ahí, entre los arrozales, las selvas, la soledad. De esa niña flaca y despistada que era, pequeña blanca de paso, más vietnamita que francesa, siempre descalza, sin horarios, sin modales, habituada a contemplar el largo crepúsculo sobre el río, la cara quemada por el sol.”

Viviendo en París, su marido Jean Mascolo terminó en un campo de concentración. Ella lo asistió cuando recuperó la libertad, en 1945, y cuarenta años después, pudo describir lo acontecido con el desgarro de “El dolor” (1985): “El cuerpo de Robert L. 35 kilos. Raspadura. Transparencia. Gluten. Hueso a través. Cómo puede un cuerpo. Cómo puede un hombre. Cómo pueden un cuerpo un hombre volver a ser. Cómo puede un hombre volver a ser cuerpo volver a ser hombre. ¿Puede?”.

Duras compartió sus ficciones con artículos periodísticos que fueron publicados en medios como Le Monde, France Observateur y revistas femeninas como Vogue. Al respecto nos cuenta en este libro que reseño: “Siempre me gustó eso –dijo- la urgencia del periodismo. El texto debe tener en sí la fuerza, y por qué no, los límites del apuro con el que ha sido redactado. Antes de ser consumido y descartado”. Para ella lo periodístico la completaba, y le resultaba necesario: “Empecé a redactar artículos en momentos de vacío, en las pausas de mi escritura cotidiana.Cuando escribía un libro, ni siquiera leía los diarios. Pero los artículos, no puede imaginarse el tiempo que me llevaban, la tensión era muy fuerte, aún cuando llevaba años haciéndolo”.

De a poco su escritura se modificó y fue otra vez territorio, uno en el que podía opinar sobre todo. Con columnas polémicas y hasta insidiosas, como las que hablaban sobre una mujer acusada de haber matado a su hijo después de haber sido violada, lo dijo así en Libération: “Ningún hombre en el mundo puede saber lo que significa para una mujer ser tomada por un hombre que ella no desea. La mujer penetrada sin deseo está en el crimen. El peso cadavérico del goce viril encima de cuerpo tiene el peso del crimen que ella no tiene la fuerza de devolver: el de la locura”.

Duras  se volcó con entusiasmo al cine promediando los 50 y colaboró con Alain Resnais en “Hiroshima Mon Amour” (1959), historia antibelicista fundacional de la nouvelle vague, el guion, basado en la relación de una actriz francesa y un arquitecto japonés, Marguerite lo escribió en nueve semanas. Cine y libros se entrelazan en la autora, asi tanto que, “India Song”, terminó en un guion reescrito y transformado en libro en el 73. Varios de sus largometrajes y cortometrajes, resultaron textos que se publicaron con el nombre de “El navío Night” (1979).

Margarite en 1982, se enfrentó a la muerte por coma etílico. Siguió escribiendo, pero en 1988, una traqueotomía por fumadora la hospitalizó un años. Durante las desintoxicaciones, escribía. Siempre escribía. “El arrebato de Lol V. Stein”, su novela más compleja en el estilo , cuenta que la desarrollo mientras quería dejar el alcohol: “Yo estaba desintoxicándome cuando la escribí. Y siempre asociaré el libro al miedo de vivir sin alcohol. Es una novela en sí, la historia de una mujer que se vuelve loca por un amor latente, que no enuncia nunca, que no pasa al acto”. Duras vivió su final junto a Yann Andréa, homosexual, 40 años menor que ella. “Todos los hombres son homosexuales en potencia, solo les falta saberlo”, dijo ella. Vivían en París, la ciudad que le permitía ser, la que la iluminaba.

Marguerite Duras es la escritura, no importa cómo, no importa qué y no importa cuando, y éste libro nos cuenta todo sobre ella.

Cuentos íntimos

Katherine Mansfield desarrolló, que suele ser considerada la rival literaria de Virginia Woolf, es una escritora singular, con una prosa tan propia que la transformó en la gran maestra de la subjetividad. En sus cuentos, incluidos los de esta antología, las emociones, los sentires de cada uno de los protagonistas, aquello que los conmueve, aparecen rompiendo barreras con lo cotidiano de una forma que estremece al lector. Sus tranche de vie, al mejor estilo Chéjov, que parecen espiar las escenas del día día conforman una sutil obra que tiene la debilidad necesaria para mostrar cuan feroz pueden ser los textos de esta escritora imperdible.

La obra Mansfield es una de las más interesantes y singulares de la literatura inglesa del siglo XX. Cuentos Íntimos es una antología que los va a acercar a esta autora que pudo demostrar que el centrismo heteronórmico de su época, en el que la mujer era sinónimo de intimidad, no podía evitar la transcendencia vital y libertaria de esa misma intimidad. t. Entre las mujeres de sus cuentos nos sorprenden las epifanías cotidianas, pequeños destellos domésticos llenos de fábula y de transformación, pero a la vez cuestiones indecibles, como si la rebelión invisible de todas y cada una de las mujeres del mundo fuera escrita por Mansfield.

Sus personajes femeninos dan batalla a los preceptos de la burguesía . La autora nos deja espiar el momento cultural en el que a las mujeres se les destinaba la pasiva intimidad. Mansfield dejó de ver a su madre (que había querido un hijo varón) en 1910 y se casó dos veces; primero con George Bowden, al que abandona la noche de bodas, y luego con el que fue su editor póstumo, el prolífico John Middleton Murry, que aceptó la relación amorosa de su mujer con Ida Baker. Antes, fue pareja de la poeta y crítica literaria Beatrice Hastings. Con Baker, recorrieron Europa y vivieron en San Remo, en Italia, en 1918, con el objetivo de tratar la tuberculosis que minaba la salud de la escritora. Por supuesto que no fueron tratamientos normados.

Sus cuentos narran las cuestiones de la emoción, todas: la angustia, la felicidad, el amor; los sinsabores de la vida. En su voz, estas humanidades se transforman en saltos extraordinarios. Sin recurrir a efectos ni a demasiadas situaciones en un relato, el interior, lo privado aparece en los personajes que parecen escritos en una posmodernidad increíble. Estructuralmente perfectos, sus relatos cuentan una y otra vez lo mismo, que no es nada menos que el mundo sensible de una persona contrastando con el mundo lleno de otros, la vida, que produce ese abismo del que no puede escapar, como lo dice su poema:

Un abismo de silencio nos separa

Yo estoy de un lado del abismo -tú del otro-

No puedo verte ni oírte -pero sé que estás allí-

Suelo llamarte por tu nombre infantil

y finjo que el eco de mi grito es tu voz.

Cómo podemos franquear el abismo -nunca hablándonos, tocándonos-

antes pensaba que podíamos llenarlo con nuestras lágrimas,

ahora quiero destrozarlo con nuestra risa

Pero si hablamos de este libro, el cuento «Felicidad» describe un desencuentro de una forma única, por ejemplo cuando Bertha dice: «como si se hubiera tragado un pedazo del sol de la tarde y ahora ardiera dentro suyo». Pero además el final del cuento, destruye lo construido en el transcurso y lo vuelve inconmensurable.

Mansfield es encasillada en lo extraño, sin embargo no usa la oscuridad, porque ella es una autora que escribe sobre relaciones prohibidas, pero vividas, sobre esos vínculos personales que no logramos reconocer por miedo, claro que usa la ironía, el humor, se mueve, se desplazada, mueve objetos, pero no por eso es extraña. Ella es una gran escritora, tiene una forma singular de ver, de crear nuevas posibilidades para un momento, una circunstancia, no pretende ser comprendida, tampoco se culpa. Es una autora que habla de vínculos, pero también nos muestra la sociedad y sus clases, y sale del centrismo de la época. Un tema terrible para los lectores, es que las traducciones no siempre respetan su fraseo, lleno de dudas, titubeante, que se cuestiona, y entonces obstaculizan el fluir de conciencia que sus personajes logran en idioma original.

No solo recomiendo Cuentos íntimos, del que adoré Películas, sino toda la obra de esta autora de la que no dejo de aprender. Siento como si hubiera perdido un mundo, el de Mansfield por nacer en otra época, tal vez un sueño me lleve a su cuarto italiano, y pueda soplar la vela de su mesa de luz.

Imperdible.

Vasectomía (una novela inconcebible)

No quiero tener hijos, ni pensar en la posibilidad de que ese (no) deseo vaya a cambiar, porque implicaría cambiar de pareja, algo que espero no me pase nunca.

Ariel Magnus

La novela trata de una pareja ya adulta, ella profesora de filosofía, él un actor alemán, que se van a hacer un aborto a Uruguay, algo común en el momento en que la escribió Magnus, allá por el 2016. En la novela se discute el tema del aborto en la intimidad de una pareja, y como un tema de a dos, que dista de como lo discutieron los congresales y de como se promulgó la ley. Las excepciones terrible ya estaban tipificadas, lo aclaro para no caer en golpes bajos que esta novela no merece. Habla de una cuestión personalísima, de elección privada, con todo lo que conlleva, miedos, contradicciones y también telúricas cuestiones de a pie, que Magnus maneja con una voz avezada, llena de ironía cotidiana e intelectual a la vez.

“La vasectomía (una novela inconcebible)” es una continuación de “El aborto (una novela ilegal)”. El fluir de consciencia de un actor alemán la noche previa a ir a la cirugía, es el nudo trágico y risueño de esta obra que fluye como debe ser. Tiene un diálogo muy interesante con el feminismo y lo hace desde las miradas de los dos integrantes de la pareja, hasta aparece una tercera persona en la historia que coquetea con la ridiculez de algunas cuestiones de las que las posturas inflexibles no están ajenas.

Vasectomía nos cuenta la historia de Lara y Tom, que viven hace años, cuarentones, y son felices solos, son hijos. El título nombra el procedimiento que equilibrará por fin el delgado hilo que pone en crisis a esta pareja, que no es otro que el de la anticoncepción, injustamente pesado para la mujer, que soporta hormonas, alambres y otras yerbas para que el hombre no se queje por la insensibilidad del profiláctico. No se discute la inequidad, sino que se concentra la novela en los detalles, que nos pasean por un montón de épocas que incluyen a los Castrati, aparecidos pro el temor al bisturí del protagonista.

Las propias preguntas que nos dejan la puerta abierta al racionalismo y las opiniones de terceras personas, van creando una filosofía argumental que echa mano a todo. Incluyendo el auto convencimiento y justificación forzada, enlechada y llena de puntos y comas, que no logran más que alargar esa noche previa a la vasectomía, en la que transcurre la historia.

Es de la editorial Tren en Movimiento, y es ágil, interesante, bien escrita, con la extensión justa para no volverse alegato. Es una historia íntima, una historia de amor, contada sin reparos, que deja atrás normas y vicios literarios para ser verdadera.

Tengo un cagazo padre. El último en su tipo, al menos, ya que a partir de mañana no voy a poder ser padre de nada. 

Gran autor, para leer.

Amuleto

“Esta será una historia de terror. Será una historia policía, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz”

Así da inicio Bolaño a su novela, que transcurre en lo cotidiano hasta que, haciendo honor a su propia pluma, se eleva a lo irreal, a lo imposible, hasta vestirse de verdes que son visiones y pasados y futuros ciertos.

Muy Bolaño. Muy bueno.

Los diferentes episodios deshabitan las leyes de la causalidad narrativa para cumplir con el entramado simbólico que el autor propone, y que parece montado a una relajada temporalidad. Esta obra es una oda a la generación de jóvenes latinoamericanos sacrificados por dictaduras, no solo en el país que transcurre la historia, México, sino en el continente, y para ello sus protagonistas tiene diferentes nacionalidades..

Auxilio Lacouture es una musa alegórica y verdadera, amiga de la poesía y de los poetas, tal vez es ella la poesía misma y es quien nos cuenta. El texto tiene concretos significantes (las relaciones de la protagonista con los poetas españoles León Felipe y Pedro Garfias, con la poeta Lilian Serpas, amante del Che, con espacios de una oscura muestra de la homosexualidad de la época); pero son solo hitos donde apoyar otra historia, la que subyace, la que vuela, como cuando hace referenica a Orestes y Erígone, iluminando así fábulas de amor , venganza y muerte.

Los vínculos con su escritura anterior aparecen con Arturo Belano, uno de los dos detectives salvajes de su celebrada novela , y obsesiones que repite en sus obras. La clave de orientación que da en el párrafo inicial Bolaño se explica al final de obra con un crimen que nos queda demasiado tiempo sin llegar, pero todo el libro carga una poética histórica, existencial, tal vez la propia mochila del autor, que necesita exorcizar en este Amuleto.

“Desde el lavabo de mujeres de la cuarta planta de la Facultad de Filosofía y Letras, mi nave del tiempo desde la que puedo observar todos los tiempos” anuncia Auxilio para contarnos que la cronología se rompe en la novela y une el episodio y las muertes que desde el baño de la facultad de Filosofía y Letras vive la protagonista en 1968 en México, hasta la onírica amistad con la muerta Remedios Varo.

La protagonista principal de esta obra es la noche de Tlateltoco. Bolaño reivindica así a las personas muertas en esa noche convirtiendo el canto de esos muertos en su amuleto. “Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer. Y ese canto es nuestro amuleto”.

No es el único autor en literatura hispanoamericana que ha tratado este tema. Elena Poniawtoska tiene titulada La noche de Tlateloco. Pero claro, Bolaño es Bolaño. Y es el autor que da nombre a mi sitio web, ese autor que une como nadie ficción y realidad, para encantarnos con su obra.

No les pienso adelantar más, porque quiero que lean Amuleto, que pasen por sus páginas anecdóticas y que se animen a continuar conociendo una historia, tal vez autobiográfica de este latinoamericano chileno, que en sus obras, se volvió sueño universal.

Yo era una mujer casada

“Por increíble que suene, el infierno sin atenuantes de mi matrimonio… podría haber sido peor. No puedo explicarlo bien, y menos podría describir qué sería eso ‘peor’, pero era algo que sentía cuando contemplaba la clase de violencia que él ejercía sobre mí. Era una violencia puramente física; no quiero decir que me pegara, aunque no creo que se hubiera resistido al impulso en caso de tenerlo…”  César Aira

 La historia la cuenta Gladys, una narradora del espanto irónico del que Aira hace gala. El relato parece asemejarse a una la confesión que la tal Gladys va perfilando sin preámbulos sobre una pareja que se asemeja al supuesto promedio de otras de de cualquier lugar del mundo: ese encierro encuarentenado de la vida doméstica que lleva a la eterna repetición de lo mismo.

Claro que aquí los supuestos abusos continuos a los que la protagonista se ve sometida por parte de un esposo que parece una figura sin tiempo atrapada en este siglo, un tipo distante y sarcástico preso de un embotamiento permanente, de droga y alcohol, tal como los personajes de Burroughs en Naked Lunch.Este drogadicto incierto no sabes si existe o si es una ensoñación propia de una mujer proletaria que no puede con su vida.

Las distorsiones del argumento van desde la claustrofobia hogareña de la protagonista hacia su deriva citadina; desde el descubrimiento de un parricidio que no es tal fraude hasta la extasis observatorio de la lucha alegórica entre La Recomendación y La Compasión en la terraza de un edificio.

Aira pulula sin temor al delirio y juega con la inverosimilitud en su historia descontrolada, de modo tal que en su ficción, no basta la realidad si no es para volverla parte de un laberinto irresoluto o de asombrosa resolución. Las sutilezas exclusivas del autor, sostienen sin temor a la rima poética, la extraña realidad del argumento.

Por momentos uno se siente dentro de una película de Buñuel, en otros, creemos caer en efectos psicotrópicos, pero nunca nos quedamos indiferentes ante este escritor inusual, único, definitorio.

Cierro la recomendación con la voz predominante de una mujer casada:  Ninguna clase de amanecer me era ajeno; con los años había llegado a conocerlos todos, los blancos, los amarillos, los rosados, con agua, nubes, sol, niebla, pesados o livianos, opacos o transparentes, con franjas, manchas, velados por las lágrimas, atorbellinados, llenos, vacíos…

No hay nada para decir, Aira es Aira.

A veinte años Luz

Los partos siempre nos marcan, y en ésta novela de Elsa Osorio hay varios. Algunos en circunstancias terribles y también nos muestra el parto de la propia Luz, que, a los veinte años, con la llegada de su primer hijo, en una especie de revelación de la memoria, comienza a dudar sobre su identidad.

La memoria emotiva sale a la superficie y siente que debe iniciar una búsqueda, en el camino comienza a pensar que podría ser uno de los niños nacidos en cautiverio en la última dictadura militar argentina.
Es entonces que Luz se lanza a una carrera incesante en pos de la verdad. La autora utiliza la investigación de la protagonista para contar las vidas y las peripecias de muchos personajes, la madre verdadera, una presa política secuestrada en 1976, su padre Carlos exiliado en España, Miriam, la amante de uno de los torturadores, y sin embargo alguien que lucha por ella.

Cada persona formó parte de la construcción tipo rompecabezas de un pasado personal que cuenta la historia argentina de los 70, tal vez sin la rigurosidad necesaria y tornándose por momentos en una densa y laberíntica justificación.

Lo interesante de la novela es ponerle voz a los niños no buscados, atreverse incluso a algunas críticas, que ella le hace al padre biológico en nombre de todos los chicos que nacieron sin que nadie sepa de ellos.
Continuas referencias a Abuelas de Plaza de Mayo y a los derechos humanos nos recuerdan que el amor y la justicia son búsquedas insoslayables.
A veinte años, Luz fue escrita antes de que algún nieto apropiado buscase su origen y fue publicada en España en 1998, al mismo tiempo que en Argentina una joven encontró su propia identidad. Terminó siendo una novela clásica en latinoamérica, por el tema de relevancia extrema, sin embargo, es innegable la escritura con matices de policial que Elsa Osorio logra, y que atrapa más allá de la conciencia social.

Valen la pena sus páginas. Ficción con historia siempre es atrayente. Ficción con historia reciente lo es más.

El Evangelio según Van Hutten

Llama la atención la desproporción que existe entre la literatura cristiana, la de los Padres, San Agustín o Santo Tomás, con la falta de noticias históricas, fehacientes, sobre la persona humana de Jesús. Los únicos testimonios que existen, los evangelios, apenas dan cuenta de dos o tres años de su vida. Se ha hallado la tumba de San Pedro. Se ha hallado una pared con el nombre de Poncio Pilato. Pero no hay un solo testimonio, fuera de los cuatro evangelios, que hable del paso de Jesús por la tierra. Abelardo Castillo 

Leer a un maestro, requiere una ceremonia, pero releerlo se puede transformar en culto. Por eso cuando decidí tomar el antiguo ejemplar de El Evangelio de Abelardo Castillo, también cambié mi ritmo respiratorio, puse pausa a otras lecturas secundarias y me dediqué más de una semana a descubrir nuevamente la obra.

Es una historia que puede ser leída como una novela, pero Abelardo Castillo, en la voz de Van Hutten, va acumulando a lo largo de la misma, una teoría particular: para él, los evangelios tienen antecedentes que datan de tiempos muy anteriores a los que comúnmente estudiamos o conocemos y además, considera que han sido corregidos, modificados, hasta traicionarlos.

Usa Castillo los mismos evangelios canónicos para demostrar que Jesús y sus apóstoles tuvieron un origen esenio-sectario- y actuaban como tales: el bautismo, la cena sagrada de pan y vino, el rechazo a toda riqueza material, la humildad y la pobreza de espíritu, la venida del Hijo del Hombre, que expiaría por los pecados de los demás.

El tema fundamental es la falsa traición de Judas, cosa que Van Hutten y el autor intentan demostrar desde lo mismos evangelios por todos estudiados.

La novela narrada como solo Abelardo narra, consta de dos partes, y uno puede ir y venir por sus páginas y de ellas a la biblioteca, tomar los Evangelios, profetizar con Van Hutten. No falta nada, todo nos atrapa y nos lleva a repensar, a exculpar a Judas, a cuestionar la palabra, para poder creer en ella.

No es que el autor se haya vuelto místico, es un recurso más del gran escritor argentino que tuve oportunidad de conocer, un recurso histórico que se atreve a cuestionar, que nos invita a investigar. Nos volvemos sus discípulos, mientras los otros discípulos, desconocen el pacto entre Jesús y Judas. Nos permite dudar, nos habla de pastores armados que hablan de Jesús, ¿son esenios?.

La parábola de Abelardo Castillo resulta más interesante que la de Pedro Simón y la búsqueda de una verdad recorre toda la novela. Vida, arqueología, historia, cuestión de fe. Tal vez el suspenso que delata El Evangelio según Van Hutten demuestre que ha sido escrito para ser hallado.

 Abelardo Castillo decía estar «fascinado” por Borges, pero tanto como por «ciertos cristales parecidos a flores. Como la profundidad fastuosa e hipnótica de un acuario o el sueño de un teósofo. Como ciertos teoremas o ciertos pájaros… Pienso, también, en catedrales de estalactitas, en bosques petrificados. En la frialdad.”  Sin embargo, en ésta novela se le parece, en ella mantiene cierta distancia, cierta frialdad, tal vez hoy la discutan en otro tiempo , el de los grandes, porque qué es una ¿reseña para pretender ser verdad?

Es más, ¿Hay una verdad posible?

PD: el encuentro entre el narrador y Van Hutten se da en La Cumbrecita, y no puedo dejar pasar la mirada del autor para narrar cada detalle del lugar, hasta transformarlo en un Edén.

Salir a la Nieve

«Es difícil entender lo que me genera la idea del cuento, pero tengo la sensación de que vivimos en un estado de alienación e incomprensión acerca de lo que nos sucede cotidianamente que nos deja desnudos ante la realidad, y eso se pone de manifiesto en las relaciones, en los vínculos, y es lo que aparece cuando escribo.»

Máximo Chehin

Este compilado de cuentos tiene la versatilidad de la vida cotidiana, que el autor mira con una levedad extraña y propia. Chehin, que además es autor de «Vista al río» y la novela «La vida interesante» fue galardonado por un jurado integrado por Luisa Valenzuela, Abelardo Castillo, Antonio Skármeta, Pablo De Santis y Daniel Divinsky, sin dudas un jurado que asegura literatura.

Salir a la Nieve es salir a un mundo donde lo incomprensible es real, ocurre y nos vemos formando parte de cuentos en los que la vida sucede. Es entonces que un juego de naipes puede ser la previa inocente de un asesinato que se logra con la paciencia; una pareja se rebela de a uno y a pesar de las alarmas de la vida, contra sus trabajos y contra todo aquello que significa la rutina proletaria, claro que como Beatles posmodernos lo hacen con la paz que las decisiones tomadas otorgan, estos héroes anti burguesía me encantaron, y es uno de mis cuentos preferidos; durante un vuelo a Barcelona es posible que la esposa de un pasajero desaparezca en el avión ¿existía esa pasajera? ¿la mente nos juega pasadas? o solo es una historia de vida más; el papel caído de un libro antiguo invita a investigar un procrastinado apocalipsis; los niños están presentes, un niño aprende el valor de la amistad en medio de la dictadura, sin comprender nada de lo que sucede y otra niña marca el destino de un hombre que puede perder su identidad vital en el juego perverso de la infancia. Nos vamos a Kosovo mientras allanan el departamento contiguo y podría seguir. Muchas interesantes historias que pueden contenernos están en la obra de Chehin.

Pero la estrella entre estos cuentos es Cosas que se caen y se rompen. un cuento que podemos describir como breve y magistral, en el que las privacidad y los vicios expuestos cambian la relación de una pareja, porque el amor a veces necesita mentirse, para seguir siendo amor. Cierro con el epílogo del cuento, que pertenece al gran Onetti: “Lo malo no está en que la vida promete cosas que nunca nos darán; lo malo es que siempre las da y deja de darlas. «

Para leer y releer.