La Vaca

«Yo había permitido que la vaca me mirara y que me viera —esto nos hizo iguales—, y de golpe yo mismo me convertí en animal».

Witold Gombrowicz

La Vaca es un ensayo editado en un libro bilingüe, con prólogo de Alan Pauls, y con una serie fotográfica que ilustra, con la significación de la imagen, lo dicho en sus tres secciones: «Carne viva», «Carne cruda» y «Carne asada». Podría ser, como el mismo ensayo lo sugiere, una composición al mejor estilo escolar con La Vaca como título, pero Becerra lo transforma, incomoda, y sostiene a partir de la vaca, una serie de discusiones sobre nuestra identidad.

Comienza con una línea histórica respecto al origen biológico del animal, desde sus arribo al continente, pasa por una pormenorizada clasificación de las razas, técnicas de producción y de explotación desde el siglo XIX hasta la actualidad y en ese devenir. describe como nadie, con una prosa que no deja dudas. los espacios en los que el animal es transformado en carne, en todo tipo de carne, así nos cuenta de las jaulas de hacienda, los saladeros, los mataderos y los frigoríficos. Por supuesto en Carne Asada también hay un discurrir histórico hasta llegar al asado, un cacho de carne, un cacho de identidad, y esto es licencia personal. Juan José Becerra detalla gustos, maderas, puntos de cocción, sabores, pero la crudeza del matadero, Echeverría incluido,. impide que se nos haga agua la boca.

La pampa, hábitat vacuno, es uno de los puntos en que se detiene el autor a la hora de marcar argentinidad y cito su mirada sobre la llanura: «produce el extraño hábito de reflexionar sobre ella, de intelectualizar su oferta inabordable de espacio».

Todo el ensayo de Becerra nos permite la reflexión y nos llena de citas de grandes autores que tienen que ver con la evolución y el arraigo, además del nombrado Echeverría, encontramos a Borges, Sarmiento, Darwin, Martínez Estrada, por citar a algunos.

En La vaca abunda la barbarie, paralela al avance tecnológico, hay sangre, hay violencia. Pero no moraliza, nos deja solos con nuestra conciencia pensando nuestras propias conductas animales, la naturalización de la matanza, la canibalización de la identidad. Para mostrar, elige a Stevenson, cuando argumenta: «comemos bebés que, sencillamente, no son los nuestros», y aquí sí cae tal vez, en un anti carnívoro decreto. Con auto crítica, buscando pensar, historizar, y siempre sin salir de la línea del ensayo, el autor termina sosteniendo que el asado, pilar de la reunión, símbolo de la argentinidad «es menos una operación alimenticia que una bacanal de ex caníbales».

Nos muestra tres momentos de un mismo ser: la vaca. Un animal propio de una pampa sangrienta, que nos sostiene en lo económico pero también en la tradición. Un ‘mamífero pasivo de dos dedos’ que es nuestro más preciado alimento. La Vaca es un libro de Juan José Becerra que con buena prosa, contundente y a veces irónica, fiel a su estilo, juega a investigar, pero a mi juicio, ensaya el derrotero del animal que come el argentino, y como tales terminamos preguntándonos ¿Qué o a quién comemos?

Maniobras de evasión

«Hago como que corro con todos, pero siempre me siento al margen, soñando otra cosa, nunca me creo la vida, ese juego tan raro que practican los demás.»

Pedro Mairal

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970), autor entre otros, de  Una noche con Sabrina Love, libro que alguna vez reseñaré y que leí hace bastante más de quince años, es un autor interesante. No puedo decir que está entre mis favoritos, a veces noto una excesiva tendencia autobiográfica, o crónica en su obra, y esto lo digo desde lo personal, tal vez una mirada por demás subjetiva la mía. Pero me propuse leer y reseñar
Maniobras de evasión, que recoge textos escritos y publicados por revistas, otros que fueron parte de un blog del autor, llamado El Señor de abajo; y algunos escritos para el libro. 

Maniobras de evasión ha sido editado por la escritora juninense Leila Guerriero. Mairal en sus presentaciones, contó que Leila descartaba textos que Mairal quería que entraran en el libro, con una conciencia de selección muy ajustada. O le proponía escribir nuevos textos para volver sólidos algunos de los tema que se trataban.
En Maniobras de evasión, hay algunas secciones no definidas, tras una intro donde Mairal nos cuenta sus problemas para sentarse a narrar en concreto, el libro habla de infancia, adolescencia y una primera edad joven. Es evocativo, con la dureza que el autor habla de si mismo. Un niño que es elegido último para armar el equipo de fútbol, que simula jugar rugby, que esta primero en la fila. Un loser setentoso que nos vuelve cómplices en cada historia de los desaires sufridos.
En Maniobras de evasión se caracteriza por los finales de los textos, cada uno deja un cierre pulcro y consolidados. Grandes finales.

El sobrino de Bioy, es un texto de regodeo donde Mairal nos cuenta lo que significó ganar el premio premio Clarín, a los veintiocho años con Una noche con Sabrina Love. Adolfo Bioy CasaresAugusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante lo eligieron y por supuesto lo criticaron y decidieron los rumores volverlo sobrino de Bioy, yo lo quitaría del libro. Pero es el libro de Mairal, y una reseña es solo la impresión de un lector más o menos avezado sobre una obra.

La adolescencia y la juventud se coronan como tema hablando de la madre, y su terrible perdida de la memoria y el habla. Babas del diablo o Desde el camión  son producto de artículos encargados por diarios o revista. que muestran la voz de Mairal a la hora de narrar historias, íntimas, reales.
Uno de los temas del libro es el sexo, porque el autor aceptó encargos para hablar en un artículo sobre «tetas» y en otro sobre «culos». Son textos políticamente incorrectos, tal vez por eso me gustaron mucho, a pesar de lo limitados del tema y el humor.
Mairal escribe sobre el trasfondo, la periferia de los viajes literarios o ferias, donde el sexo, y las fiestas vuelven a tomarlo, y su desdén hacia la propia imagen de macho desdicen cualquier posición machista anterior. En Es Ahora nos incomoda con la urgencia, con la vida del hoy, suspendida en un tiempo que no admite la espera.
Otro tema es la continua lucha del autor con su texto. Los plazos impuestos como límite a la calidad, las idas y vueltas, las distracciones, las redes. Y me gustó mucho su respeto al lector, cierro esta reseña con sus palabras. «Aunque hay autores que confrontan al lector, y lo hacen bien, yo prefiero ir desplegando las escenas delante de los ojos, a la par del lector, sin obstruir el paisaje, prefiero hacerme a un lado, quedar hombro con hombro, escribir como quien va manejando un camión y lleva al lector de acompañante.»


 Maniobras de evasión es un libro coherente, con un Mairal en evidencia, que se acerca al lector. No me atrevo a pensarlo valioso, sin embargo lo leí de corrido y forzando la sonrisa.

Cuentos íntimos

Katherine Mansfield desarrolló, que suele ser considerada la rival literaria de Virginia Woolf, es una escritora singular, con una prosa tan propia que la transformó en la gran maestra de la subjetividad. En sus cuentos, incluidos los de esta antología, las emociones, los sentires de cada uno de los protagonistas, aquello que los conmueve, aparecen rompiendo barreras con lo cotidiano de una forma que estremece al lector. Sus tranche de vie, al mejor estilo Chéjov, que parecen espiar las escenas del día día conforman una sutil obra que tiene la debilidad necesaria para mostrar cuan feroz pueden ser los textos de esta escritora imperdible.

La obra Mansfield es una de las más interesantes y singulares de la literatura inglesa del siglo XX. Cuentos Íntimos es una antología que los va a acercar a esta autora que pudo demostrar que el centrismo heteronórmico de su época, en el que la mujer era sinónimo de intimidad, no podía evitar la transcendencia vital y libertaria de esa misma intimidad. t. Entre las mujeres de sus cuentos nos sorprenden las epifanías cotidianas, pequeños destellos domésticos llenos de fábula y de transformación, pero a la vez cuestiones indecibles, como si la rebelión invisible de todas y cada una de las mujeres del mundo fuera escrita por Mansfield.

Sus personajes femeninos dan batalla a los preceptos de la burguesía . La autora nos deja espiar el momento cultural en el que a las mujeres se les destinaba la pasiva intimidad. Mansfield dejó de ver a su madre (que había querido un hijo varón) en 1910 y se casó dos veces; primero con George Bowden, al que abandona la noche de bodas, y luego con el que fue su editor póstumo, el prolífico John Middleton Murry, que aceptó la relación amorosa de su mujer con Ida Baker. Antes, fue pareja de la poeta y crítica literaria Beatrice Hastings. Con Baker, recorrieron Europa y vivieron en San Remo, en Italia, en 1918, con el objetivo de tratar la tuberculosis que minaba la salud de la escritora. Por supuesto que no fueron tratamientos normados.

Sus cuentos narran las cuestiones de la emoción, todas: la angustia, la felicidad, el amor; los sinsabores de la vida. En su voz, estas humanidades se transforman en saltos extraordinarios. Sin recurrir a efectos ni a demasiadas situaciones en un relato, el interior, lo privado aparece en los personajes que parecen escritos en una posmodernidad increíble. Estructuralmente perfectos, sus relatos cuentan una y otra vez lo mismo, que no es nada menos que el mundo sensible de una persona contrastando con el mundo lleno de otros, la vida, que produce ese abismo del que no puede escapar, como lo dice su poema:

Un abismo de silencio nos separa

Yo estoy de un lado del abismo -tú del otro-

No puedo verte ni oírte -pero sé que estás allí-

Suelo llamarte por tu nombre infantil

y finjo que el eco de mi grito es tu voz.

Cómo podemos franquear el abismo -nunca hablándonos, tocándonos-

antes pensaba que podíamos llenarlo con nuestras lágrimas,

ahora quiero destrozarlo con nuestra risa

Pero si hablamos de este libro, el cuento «Felicidad» describe un desencuentro de una forma única, por ejemplo cuando Bertha dice: «como si se hubiera tragado un pedazo del sol de la tarde y ahora ardiera dentro suyo». Pero además el final del cuento, destruye lo construido en el transcurso y lo vuelve inconmensurable.

Mansfield es encasillada en lo extraño, sin embargo no usa la oscuridad, porque ella es una autora que escribe sobre relaciones prohibidas, pero vividas, sobre esos vínculos personales que no logramos reconocer por miedo, claro que usa la ironía, el humor, se mueve, se desplazada, mueve objetos, pero no por eso es extraña. Ella es una gran escritora, tiene una forma singular de ver, de crear nuevas posibilidades para un momento, una circunstancia, no pretende ser comprendida, tampoco se culpa. Es una autora que habla de vínculos, pero también nos muestra la sociedad y sus clases, y sale del centrismo de la época. Un tema terrible para los lectores, es que las traducciones no siempre respetan su fraseo, lleno de dudas, titubeante, que se cuestiona, y entonces obstaculizan el fluir de conciencia que sus personajes logran en idioma original.

No solo recomiendo Cuentos íntimos, del que adoré Películas, sino toda la obra de esta autora de la que no dejo de aprender. Siento como si hubiera perdido un mundo, el de Mansfield por nacer en otra época, tal vez un sueño me lleve a su cuarto italiano, y pueda soplar la vela de su mesa de luz.

Imperdible.

Fantasmal

En la vida pretendemos saberlo todo, como si lo justo fuera realmente fehaciente y como si el bien o el mal pudieran despegarse uno del otro. Es que no podemos dejar de ser materialistas dialécticos obsesionados con categorizar todo, y como buenos proletarios nada nos resulta más temible que lo incomprensible del mundo. Damos tanto por sentado, que cuando algo nos trae de los pelos cuestionando la lógica nos damos cuenta de que la mayoría de las cosas por las que nos preocupamos pueden ser despreciadas. Otra cosa es hablar de fantasmas, en especial de los fantasmas tal como nos los pintaron en el siglo pasado.

Este pequeño cuadernillo violeta, sencillo, valioso, consta de dos cuentos sobre fantasmas. Esos que nos ponen a prueba, los que nos interpelan porque son simples como los textos, y así de inexorables.

Los fantasmas (del griego φάντασμα, «aparición»), en el folclore de muchas culturas, son supuestos espíritus o almas errantes de seres muertos (más raramente aún vivos) que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo; visual, a través de sonidos, aromas o desplazando objetos —poltergeist—), principalmente en lugares que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercana.

Pero esas definiciones no abarcan a los propios fantasmas, o a los que adquirimos con muebles, objetos, o elecciones.

El cuento de Anahí nos pone en juego el valor histórico (fantasmagórico) de nuestras cosas, para unir rutinas, para acompasar momentos. El de Maumy nos pone en el paralelo del doble plano, del espacio como espejo, de esa infinitud que aparece con el miedo, y con el peor de todos, que es el justificado.

No se pierdan estas historias que nos harán sentir el frío de presencias, que tal vez tengamos en nuestro entorno, sin reconocerlas.

Los cuentos de Anahí Flores y de Maumy González nos traen dos vidas, con todo lo que acarrean, que se vuelven fantasmales en el transcurso del relato, y lo que acontece es verosímil, tensiona, incomoda, y nos deja girando el rostro o intentando discernir un minúsculo sonido por varios días.

Al fin y al cabo, citando a Stephen King: Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan.

Políticas del discurso. Intervenciones filosóficas en la escuela

Las aventuras son posibles cuando el conocimiento empieza a temblar.

Diego Singer

Cuando compré el libro que reseño, tardé en leerlo, tal vez porque María me dijo: no sé si acordarás con sus posturas. Esta semana decidí probar con unas páginas y lo terminé rapidísimo. Claro que ella me conoce y es cierto, hay mucho que discutiría con el autor sobre algunos discursos que tienen que ver con la historia de nuestro pueblo, con la memoria que se va generando selectivamente, con lo que se olvida. Pero sin embargo, agradezco su recomendación y agradezco a Singer su libro, que llena de preguntas, que invita a la reflexión y que propone como línea de acción a la palabra. Nada más interesante.

También es cierto que, en algunos puntos, lo que este autor atribuye al neoliberalismo yo lo atribuiría al populismo, con sus mismos argumentos, y eso me lleva a pensar que al final, tenemos fines similares y terminamos discutiendo qué. Por qué nos atenemos a creencias o relatos preconcebidos por otros, en vez de animarnos a repensar, a resignificar la historia desde los propios saberes. Dice Singer:

“No existe comunidad que pueda vivir en la simple igualación de todo, necesitamos orientación y formas de valorar: mejor o peor, justo o injusto. Y efectivamente, esas jerarquías se han articulado de forma terrible, pero no sabemos cómo articular otras”

¿Quién podría estar en desacuerdo? me parece magnífica su introducción, la posibilidad que evidentemente brinda a los jóvenes de cuestionar en libertad, la búsqueda fresca que recobra la potencia de la palabra como territorio. Sus intervenciones atraen a pensar. Y qué importa si uno piensa distinto, ahí está la palabra para expresarlo, para poder desconocer y conocer, para atravesar destinos y comprender que un pueblo es pueblo si es diverso, y en esa diversidad está puesta también la ideología.

Los párrafos en los que cita la voz de sus alumnos, deslumbran, cuestionan, interpelan. Muy buen primer libro. Interesante, disparador. Este filósofo y docente autor de Políticas del discurso, Intervenciones filosóficas en la escuela es además realizador del ciclo Filosofía a la gorra, que circula por espacios culturales hace aproximadamente diez años y que hoy continúa virtualmente, se pregunta en su libro:

¿Qué potencia tiene la palabra para ir más allá de la experiencia propia del aula escolar y abrir otro tipo de escucha? ¿Qué capacidad tiene la filosofía para dislocar el sentido común que articula el orden del discurso? Hay un entramado que enlaza lo que sucede entre filosofía y educación: el uso de la palabra como práctica de transformación subjetiva.


Singer, se vale de discursos escolares, cartas y otras formas de la escritura que pretenden revitalizar la dimensión material de la palabra y se transforman en un campo donde lo emocional es posible. Pone en cuestión lo que se supone debemos decir y callar, e invitan a revisar conceptos centrales de nuestra cultura, me interesa el especial hincapié en el 24 de marzo, y revalué, tras la lectura, muchas de las cuestiones respecto a la sociedad civil y su papel en los golpes de estado. Claro que siento que no se pone ningún interés en cuestiones anteriores que derivaron en esa actuación social lamentable, y que también fueron fracciones de esa misma civilidad las que la originaron. Me atrevo a disentir porque creo que sería irrespetuoso con el autor no hacerlo. En su obra la honestidad intelectual es una bandera a enarbolar, la historia hegemónica que hoy también estamos viviendo en otras facetas, y que se cuenta siempre sin pensar en la verdad, ni en la justicia, debe cuestionarse, y no lo estamos haciendo, tal vez por esa pérdida del valor de la palabra que viene sucediendo en la trama social.

Cierro con su propia voz, y recomiendo, es un autor para leer, porque convida al crecimiento, y en un tiempo líquido y decadente como el nuestro, es mucho.
«El discurso puede aparecer como una de las formas más autoritarias de la enseñanza, como uno de los residuos que todavía sobreviven de la escuela decimonónica, disciplinaria y homogeneizante. Obligaría a los alumnos a permanecer en silencio, como pasivos receptores de una palabra a la que no se puede cuestionar, ni criticar. Pero es verdad también que permite dar nuevamente un valor a la palabra, allí donde circulan y nos atraviesan infinitos datos, informaciones y otros modos de la banalidad discursiva.
Ese valor es posible de instaurar si somos capaces de hacer que el discurso abra una escucha generosa, se dirija a sus interlocutores sin subestimarlos, se comprometa con la propia subjetividad exigiendo una franqueza que implica un riesgo, dispute los sentidos de lo que se dice y lo que se silencia, enlace sus interrogantes con una memoria viva, e interpele a toda una comunidad de enseñanza incluyendo la institución en la que esa comunidad se encuentra. Entonces el discurso podrá erigirse en una forma de enseñanza especialmente antiautoritaria, desarticulando la política del discurso unívoca y totalizante que caracteriza a todo autoritarismo.»

Pd: Lo pueden encontrar en la Editorial Nido de Vacas o en #188 ruta editorial.

El árbol de botellas de whisky

Los 21 relatos que conforman El árbol de botellas de whisky, de Katharina Bendixen, brotan página a página para llenarnos de espinas. La economía de sus textos, que no miden a la hora de narrar, se componen de la más vieja de las instituciones: la familia.

Katharina Bendixen nació en Leipzig, Alemania, en 1981. Luego de pasar su infancia en Laos y de finalizar sus estudios secundarios en el colegio Humboldt de Leipzig, Bendixen estudió bibliología y filología hispánica en Alicante y Leipzig. Publicó en revistas literarias y antologías. Actualmente vive en Leipzig y trabaja como autora, traductora de inglés de literatura infantil y juvenil y periodista. Sus dos libros de relatos (Der Whiskyflaschenbaum y Gern, wenn du willst) fueron editados por la editorial Poetenladen en 2009 y 2012 respectivamente. Ha recibido hasta el momento numerosas distinciones y subsidios en Alemania.

En su libro, madres, padres, hijos, hermanos, abuelas, personas sin nombres, son la casta universal que Bendixen nos va mostrando, austera, humana y limítrofe. Pero eso no significa que el contenido se pierda, al contrario, se hace raíz en la voz del lector. Duelen, muestran, nos asfixian, tanto el apilamiento de un joven que engendra hijos sin parar, la incomunicación de El perro come carne fría, la siniestra simpleza de lo inefable en el bebé de El asunto con la Alfombra, la muerte accidental de un hijo en manos del tractor que maneja su padre en La Gramínea, como el miedo a la partida de los hijos y a no tener qué decir en Historia de ciudad…. o en África postal, en las que el silencio se elige para no saber, para no morir, o matar.

Esta autora de breves relatos tiene mucho simbolismos sin metáforas. Es tan cruel su manera de ponernos la historia frente a nuestros ojos que no podemos dejar de hacernos cargo. Ni podemos evitar ver que hay padres que desean que sus hijos vuelen, bebés que nacen para tomar propiedades, mujeres prisioneras de otros y de sí mismas, esposos que elijen su perro aún ante una esposa moribunda. El cuento que le da nombre al libro habla de la familia y sus roles, los que aceptamos y los que disimulamos. Hay mucho femenino en sus cuentos, pero pulula César Aira en los desvaríos de sus personajes, en el desconcierto, la culpa, ese dolor escondido tras la ironía. Sus personajes pasan a la acción y lo hacen de un modo inesperado. Y digo Aira, porque sé que la autora lo ha leído.

Aún en los cuentos más desconcertantes siempre aparece, sin embargo, un mínimo de humanidad, un sentir, algo prohibido pero sensible que nos cala para siempre. Los ambientes que crea, tienen que ver con un halo primigenio que Bendixen implanta en sus historias. Lo objetivo se lo deja a sus seres reales que en cocinas, patios, fábricas o calles de pueblo, accionan siempre.

Lo exterior es normal, lo privado abruma, perturba, incomoda.

Se agradece la buena traducción, que no nos impide la distancia que la autora impone a sus relatos, raros, fríos, únicos.

A veinte años Luz

Los partos siempre nos marcan, y en ésta novela de Elsa Osorio hay varios. Algunos en circunstancias terribles y también nos muestra el parto de la propia Luz, que, a los veinte años, con la llegada de su primer hijo, en una especie de revelación de la memoria, comienza a dudar sobre su identidad.

La memoria emotiva sale a la superficie y siente que debe iniciar una búsqueda, en el camino comienza a pensar que podría ser uno de los niños nacidos en cautiverio en la última dictadura militar argentina.
Es entonces que Luz se lanza a una carrera incesante en pos de la verdad. La autora utiliza la investigación de la protagonista para contar las vidas y las peripecias de muchos personajes, la madre verdadera, una presa política secuestrada en 1976, su padre Carlos exiliado en España, Miriam, la amante de uno de los torturadores, y sin embargo alguien que lucha por ella.

Cada persona formó parte de la construcción tipo rompecabezas de un pasado personal que cuenta la historia argentina de los 70, tal vez sin la rigurosidad necesaria y tornándose por momentos en una densa y laberíntica justificación.

Lo interesante de la novela es ponerle voz a los niños no buscados, atreverse incluso a algunas críticas, que ella le hace al padre biológico en nombre de todos los chicos que nacieron sin que nadie sepa de ellos.
Continuas referencias a Abuelas de Plaza de Mayo y a los derechos humanos nos recuerdan que el amor y la justicia son búsquedas insoslayables.
A veinte años, Luz fue escrita antes de que algún nieto apropiado buscase su origen y fue publicada en España en 1998, al mismo tiempo que en Argentina una joven encontró su propia identidad. Terminó siendo una novela clásica en latinoamérica, por el tema de relevancia extrema, sin embargo, es innegable la escritura con matices de policial que Elsa Osorio logra, y que atrapa más allá de la conciencia social.

Valen la pena sus páginas. Ficción con historia siempre es atrayente. Ficción con historia reciente lo es más.

El Evangelio según Van Hutten

Llama la atención la desproporción que existe entre la literatura cristiana, la de los Padres, San Agustín o Santo Tomás, con la falta de noticias históricas, fehacientes, sobre la persona humana de Jesús. Los únicos testimonios que existen, los evangelios, apenas dan cuenta de dos o tres años de su vida. Se ha hallado la tumba de San Pedro. Se ha hallado una pared con el nombre de Poncio Pilato. Pero no hay un solo testimonio, fuera de los cuatro evangelios, que hable del paso de Jesús por la tierra. Abelardo Castillo 

Leer a un maestro, requiere una ceremonia, pero releerlo se puede transformar en culto. Por eso cuando decidí tomar el antiguo ejemplar de El Evangelio de Abelardo Castillo, también cambié mi ritmo respiratorio, puse pausa a otras lecturas secundarias y me dediqué más de una semana a descubrir nuevamente la obra.

Es una historia que puede ser leída como una novela, pero Abelardo Castillo, en la voz de Van Hutten, va acumulando a lo largo de la misma, una teoría particular: para él, los evangelios tienen antecedentes que datan de tiempos muy anteriores a los que comúnmente estudiamos o conocemos y además, considera que han sido corregidos, modificados, hasta traicionarlos.

Usa Castillo los mismos evangelios canónicos para demostrar que Jesús y sus apóstoles tuvieron un origen esenio-sectario- y actuaban como tales: el bautismo, la cena sagrada de pan y vino, el rechazo a toda riqueza material, la humildad y la pobreza de espíritu, la venida del Hijo del Hombre, que expiaría por los pecados de los demás.

El tema fundamental es la falsa traición de Judas, cosa que Van Hutten y el autor intentan demostrar desde lo mismos evangelios por todos estudiados.

La novela narrada como solo Abelardo narra, consta de dos partes, y uno puede ir y venir por sus páginas y de ellas a la biblioteca, tomar los Evangelios, profetizar con Van Hutten. No falta nada, todo nos atrapa y nos lleva a repensar, a exculpar a Judas, a cuestionar la palabra, para poder creer en ella.

No es que el autor se haya vuelto místico, es un recurso más del gran escritor argentino que tuve oportunidad de conocer, un recurso histórico que se atreve a cuestionar, que nos invita a investigar. Nos volvemos sus discípulos, mientras los otros discípulos, desconocen el pacto entre Jesús y Judas. Nos permite dudar, nos habla de pastores armados que hablan de Jesús, ¿son esenios?.

La parábola de Abelardo Castillo resulta más interesante que la de Pedro Simón y la búsqueda de una verdad recorre toda la novela. Vida, arqueología, historia, cuestión de fe. Tal vez el suspenso que delata El Evangelio según Van Hutten demuestre que ha sido escrito para ser hallado.

 Abelardo Castillo decía estar «fascinado” por Borges, pero tanto como por «ciertos cristales parecidos a flores. Como la profundidad fastuosa e hipnótica de un acuario o el sueño de un teósofo. Como ciertos teoremas o ciertos pájaros… Pienso, también, en catedrales de estalactitas, en bosques petrificados. En la frialdad.”  Sin embargo, en ésta novela se le parece, en ella mantiene cierta distancia, cierta frialdad, tal vez hoy la discutan en otro tiempo , el de los grandes, porque qué es una ¿reseña para pretender ser verdad?

Es más, ¿Hay una verdad posible?

PD: el encuentro entre el narrador y Van Hutten se da en La Cumbrecita, y no puedo dejar pasar la mirada del autor para narrar cada detalle del lugar, hasta transformarlo en un Edén.

Pájaros poetas

Nadie está donde su cuerpo pisa

Juan Pablo Krekun

Después de una semana gris, decidí homenajear al otoño reseñando poesía. Y elegí a Krekun y sus Pájaros poetas porque representa la unión del rock y el poema, la mágica trascendencia de la música, el patriotismo salvaje del amor y la innegable influencia que los grandes como Spinetta o Cerati dejan en nosotros. Aunque no pisen.

El autor es músico y abogado. Comprende entonces las generales de la vida, que no siempre resultan lineales, y se mete de lleno en los lados A y B en un libro que no pretende, que es.

Para tentarlos les dejo versos que no están juntos, me encapricho como el autor en ese atrevimiento para torcer lo que que está destinado y los elijo. Libre.

Hay gente que anhela

,más que nada

una noche sin consecuencias.

Aspirábamos el cielo

obtuvimos barro.

Nada puede detener al olvido.

Nos alejamos ahí mismo del adiós.

Es de noche y amanece sin piedad,

no lo puedo parar.

En este país, nadie piensa en las perdices.

Deseo alas en mi voz,

para que llegue donde deba llegar.

Considero poetas a quienes no temen el ridículo, ni aspiran resolver las insanias, son aquellos que nos cuentan como especian la vida, como la huelen, la recorren, como la carcajean o la matan, sin poder evitarlo. Un poeta no intenta, es. Se zambulle sin miedo y narra el sentir, habla de amor, de muerte, de lo inevitable, se atreve al ridículo y usa el conocimiento de otros para reflejar sentidos. Un poeta es música. Y Juan Pablo Krekun lo refleja.

Este libro editado por MATICA CRNOGORSKA debería leerse, despacio, yendo y volviendo en su páginas dibujadas con poemas que no son únicos, ni deslumbrantes, ni difíciles ni pretenciosos, por eso mismo nos reflejan. Para un finde de buena música y Pájaros poetas.

La casa de los conejos

«En el momento en que no reconoces a tu propia madre, no hay más puntos de referencia. Nada está fijo y no hay nada a lo que aferrarse, ni siquiera el rostro materno»

Laura Alcoba

La casa de los conejos es una autobiografía ficcional que describe el silencio y el alerta continuo de una niña, hija de activistas en la guerrilla montonera, que tras ir de lo de sus abuelos a casas tomadas, en autos robados y después decaer preso el padre, pasa a la clandestinidad junto con su madre durante los violentos meses que anteceden al llamado «proceso de recuperación nacional». Se mudan a una casa donde se supone que se crían conejos, en la que funciona la imprenta del periódico de oposición «Evita Montera», sus padres eran periodistas del diario El Día hasta que debieron ocultarse por la militancia.

´Mi padre y mi madre esconden ahí arriba periódicos y armas, pero yo no debo decir nada. La gente no sabe que a nosotros, sólo a nosotros, nos han forzado a entrar en guerra. No lo entenderían. No por el momento, al menos´, dice la protagonista siendo una niña de apenas siete años. Es conmovedora la estoicidad que logra la autora en esta voz primordial para contar la historia. Lo mejor, a mi juicio, es la construcción del personaje, que a pesar de vivir en un mundo de adultos, en ocasiones siniestro, no pierde nunca la inocencia y la percepción mágica de la vida que todo niño tiene.

La prosa es simple, no deslumbra, pero el personaje está tan bien logrado que no necesita más. Laura Alcoba nos mete en la historia argentina vista con ojos de niña alerta, niña que debe mirar para atrás, que sabe que una mujer tejiendo en un auto es un peligro, que conoce la cárcel y sus abusos a través de la visita a su padre, que se relaciona con gente violenta y logra preservarse. No cae en lugares comunes ni en sentimentalismos. Nos cuenta, nos muestra, y fija constancia de lo que ella vivió de la etapa argentina del 1975 en adelante. Y nos deja llenos de preguntas. ¿Cómo obligar al silencio a tu propia hija? ¿Cómo pudo con tanta muerte esa niña? La autora no revela juicios, muestra hechos, los hechos de su vida.

Sin dudas es un relato de historia nacional, que sin pretenderlo, nos cuenta una historia que no comenzó en esa fecha, sino antes, tal vez en el 72/73 pero que pocos quieren recordar. Esta visión selectiva de la memoria no funciona así en La casa de los conejos, una novela de voz clara, directa, brutal, y que nos muestra un retazo de vida de la guerra desatada entre militantes y estado.

Las memorias de Laura Alcoba conforman el primer relato de una menor de padres militantes, nos cuenta la vida escondida en una casa de seguridad mientras el rostro de su madre, una que ya había cambiado su fisonomía, aparecía en avisos de «buscada«, esta niña tuvo que ser otra, con otro nombre a los siete años y debía cargar con el silencio y el miedo de que «todo» lo que ella dijera pudiera delatar a su madre y la podría ver asesinada. Ni aunque le claven clavitos en las rodillas hablaría, ni aunque la corten con pequeños vidrios ahí, no podía hablar. No podía decir.

Laura Alcoba exorciza a esa niña en la Casa de los Conejos, que es una lectura necesaria para comprender el horror, el miedo y la persecución a la que ella fue sometida . Y ella fue una de muchas.

La autora lo describe así: «Puede parecer extraño, pero para una niña en esa situación, estar escondida se convierte en parte de la vida cotidiana». «Ella aprende muy rápidamente que en invierno hace frío, el fuego arde y nos pueden matar en cualquier momento. Pero es abrumador para una niña pequeña debido a la seriedad de cualquier pequeño error que pueda hacer que pueda poner al grupo en peligro. No siempre maneja lo que se supone que debe decir y no decir. Es como si estuviera en un disfraz que es demasiado difícil de usar «