Diario de Cuarentena: Prins

En esta costumbre encuarentenada, los domingos recomiendo alguna obra de algún autor, y este domingo de primavera lluviosa, que parece bendecir y salvar los humedales incendiados y las tierras de Códoba y la sequía del campo y las lágrimas sin agua ni sal que suspiramos, me decidí por la locura psicodélica de un autor de culto. Cesar Aira y su Prins.

En el eje de esta novela hay un escritor de novela gótica comercial, muy consciente de lo pueril de su obra, que decide dejar de escribir e invertir en el consumo de opio la media hora diaria que le permite esa decisión. Claro que el asunto no es simple, porque el opio que adquiere en un extraño local llamado La Antigüedad resulta ser un paralelepípedo blanco del tamaño de una lavadora, entregado a domicilio por un tipo decidido a instalarse en su casa por tiempo indeterminado. Encima, los antiguos ghostwriters del narrador, ahora desocupados, se convierten en una banda criminal que siembra la delincuencia en Buenos Aires siguiendo cada tip de los clásicos e inamovibles relatos góticos que antes producían en negro. Desde luego, este es un caso para el Doctor Aira, de modo tal que le permitirá escribir su irónica y casi psicodélica  Casa Tomada.

«Tras una sobria y concienzuda consideración me decidí por el opio», dice el narrador de Prins. Esta novela, tiene todo lo que Aira ofrece: un narrador que se nos ríe en la cara pero que nos divierte; personajes que parecen hologramas charlatanes que se proyectan espacial y temporalmente; lo poblacional, lo barrial y lo urbano; pero también filosofa sobre la necesidad de escribir; o de no escribir; o sobre la necesidad de drogarse. Sobre necesidades.»Me preguntaba cómo era posible que esa enorme cantidad de gente se las arreglara sin el opio», dice el narrador de Prins. «Eran vidas realistas; iban por los carriles de bronce de la realidad». Increíble parábola esta de carriles de bronce, adustos, quietos cuando deberían ser ágiles. Así es todo el texto que como en todas sus novelas, las fortalezas de Aira en Prinz pueden ser también sus flaquezas. Como la prosa pesada y rebuscada que se pone onanista y entonces cambia nuestra mirada del maestro y los hologramas son a veces de un papel glacé. Pero en realidad todo eso la vuelve verosímil y nos deja sabor a poco, como siempre con Aira uno termina con un hueco en el estómago, con un vacío intenso que solo se llena con más Aira. Y más Aira. Y más. Y más Aira. Sí, como una droga.

Diario de Cuarentena: Frutos extraños

La humildad no es algo que nos sobre a los juninenses, pero a ella sí. Como cada domingo, recomiendo un libro, hoy recurro a una vecina que además es autora y periodista de renombre, a la que admiro por su impecable prosa y por el oficio de muchos de sus libros, pero voy a dejar que sus palabras presenten este: Leila Guerriero, asegura que no hay nada «más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad». Frutos extraños es una antología que hace honor a lo que la autora piensa de la crónica, ella dice que debe tener «la forma de la música, la lógica de un teorema, y la eficacia letal de un cuchillazo en la ingle». Este libro nos descubre la cara más sensible, tensional e inquietante de una profesión que atraviesa tiempos difíciles, el periodismo.

La primera parte contiene dieciséis crónicas y perfiles de esos frutos extraños que a Leila la fascinan: un mago con un solo brazo, un gigante que supo ser de la NBA y ahora sobrevive aburrido en un pueblo olvidado, el baterista con síndrome de Down de una banda de rock indescriptible , la amable señora que que asesinó a sus amigas con cianuro en el té, la inmensa y pavorosa Patagonia. Cada crónica es un mundo, un exquisito estilo las construye, pero está asentado todo en un gran trabajo de investigación. En cada crónica abunda la buena escritura, la realidad o un cuidado acercamiento a la misma. La niña que escondió su embarazo y mató a su bebé no es una asesina despiadada o bruta, es una chica del interior con una inocencia probada por la vida que paga su condena, en una cárcel donde no la hay. El Rey de la Carne, tiene modales mafiosos, pero también es un padre amoroso y un buen vecino y de allí caemos en el retrato de un médico playboy que se hace pasar por Freddie Mercury. No es fácil el salto de una historia a otra que nos propone Guerriero. La tercera nos instruye “Sobre el periodismo” abarca cuatro reflexiones donde intenta explicar cómo hace lo que hace. Y comprendemos mejor lo que nos vino sucediendo con estos frutos de la realidad que nos cuenta.Como llevó la vida a Romina Tejerina,de niña a asesina: “Me voy a poner porno: lo difícil no es entender que una víctima puede no ser monolíticamente un santo, sino entender que un dictador puede no ser monolíticamente un hijo de puta”. Leila Guerriero es sólida, potente. Y lo es porque trabaja para ello.

“Discusiones”, contiene cinco ensayos breves donde controvierte costumbres que deben estar bien –y debemos aceptar– por corrientes: contra los guardianes de la salud, contra las chicas Cosmo, contra los city tours y la última es a favor de decir no. Son breves textos bien sostenidos por esta artesana del lenguaje, de la idea eureka y de la investigación obsesiva. Dice textualmente: “Erradicadas las pestes más o menos peores, la clase media occidental ha salido a buscar nuevos peligros, y los ha encontrado: carnes rojas, baños de sol” y “Las ciudades existen más allá de sus lugares comunes”.

Leila Guerriero es un orgullo para Junín y para cualquiera que ame la literatura, y Frutos extraños, otra de mis relecturas de cuarentena, lo demuestra.

Diario de Cuarentena: La débil mental

A casi 180 días de esta cuarentena que nos impide circular con libertad, y que está siendo utilizada con fines políticos y desprecio por nuestra salud, me siento con la mente obnubilada por el deseo diezmado y la alienación a la que me veo sometida. Y nadie como Ariana Harwicz para representar esa situación de locura y de arrebato en la que la vida nos somete. Aquí va mi libro recomendado este domingo: La débil mental.

Esta novela de la autora de Mátate amor, es un viaje a las entrañas profundas de los vínculos familiares, en especial a la aciaga relación entre madre e hija. Ariana Harwicz es profundamente perturbadora, leerla se transforma en una experiencia con intensidad extrema. En La débil mental , Harwicz nos arrastra a las entrañas más radicales de los vínculos de familia, a una relación casi animal entre madre e hija.

Escrita como un flujo de consciencia que recuerda la mejor tradición de la literatura moderna -Virgina Woolf, Nathalie Sarraute- se entremezcla con una violencia que se desata inevitable y que no vemos en la narrativa argentina. La débil mental es el relato de una continua pulsión sexual , del desamparo de una infancia llenas de preguntas irresolutas, de la historia contada de un cuerpo donde todo recuerdo se entierra.

La débil mental también inscribe el lugar de la escritura en ese lugar de la debilidad mental, de la carencia de suficiencia como el lugar propio de escritura. Hay en la obra una necesidad de elaborar otras representaciones, otras ficciones y otros imaginarios que permitan un despliegue como sujeto en
diferentes relaciones y fuerzas de la dependencia.

Narrada a través de desgarradoras escenas breves : madre con hija en clubes, con hombres, con whisky pero también madre e hija jugando , divirtiéndose, amándose; la novela a pesar de lo contado se aleja magistralmente de la sordidez, en cambio a pesar de la temática se acerca a lo poético y nos interpela respecto a la condición humana, a nuestro propio deseo, y la vida supeditada a los incumplibles mandatos familiares. No se la pierdan. La autora y la obra merecen lectura.

Diario de Cuarentena: Desde el Jardín

Conozco muy bien el jardín —dijo Chance con firmeza—. He trabajado
en él toda mi vida. Es un buen jardín y, además, lozano; sus árboles se
mantienen florecientes, lo mismo que los arbustos y las flores, siempre que
se los pode y riegue cuando corresponde. Estoy totalmente de acuerdo con
el Presidente: a su debido tiempo, todo volverá a medrar. Además, hay en
el bastante lugar para más árboles Y flores de todo tipo.

Como lo hago en la última etapa de estos cinco meses y medio de cuarentena, los domingos me remito a hablar de un libro. El de hoy lo leí en mi adolescencia y releí en ésta cuarentena. Es la nouvelle Desde el Jardín [1970] 2011) de Jerzy Kosinski en la que se nos presenta a Chance, un jardinero de gran simpleza con graves disfunciones cognitivas y una absoluta carencia de competencia pragmática, que se ve expulsado del jardín que ha constituido su único contexto social y laboral y es lanzado al gran mundo que desconoce.

El azar lo relaciona con miembros de la élite económica y política norteamericana, es tomado por uno de ellos y goza de un incomparable éxito a pesar de no comprender su nuevo contexto, ni mucho menos adecuarse a él. Precisamente, su fulgurante ascenso social, que lo llevará a ser proclamado candidato a la vicepresidencia de los Estados Unidos, se debe al modo en el que mantiene un discurso relativo a sus quehaceres de jardinería en lenguaje literal –completamente descontextualizado en su nueva situación– y su audiencia realiza una serie de relaciones implícitas que dan sentido a lo que dice—entextualizándolo—, interpretando solidariamente unas aparentes violaciones voluntarias de máximas griceanas, y viendo así en
su discurso un inspiradísimo uso del lenguaje figurativo desarrollado alrededor de la metáfora conceptual.

LA ECONOMÍA ES UN JARDÍN, que se muestra afín a los propios contextos y expectativas de estos. La obra de Kosinski se ha visto analizada desde un punto de vista literario por Lazar (2007) y Ozieblo Rajkowska (1984, 1986), pero no así desde una mirada discursiva y pragmática, a pesar de la vigencia de su exposición humorística del uso y abuso de una metáfora vegetal que en los últimos años no ha hecho más que
“crecer” y “florecer” en el discurso político y económico.

La novela se construye alrededor de situaciones siempre mal resueltas cuando se enfrentan a ambivalencias prácticas generales y lo que resulta atractivo identificarlas y exponerlas. En el caso de la metáfora, lo risible de las interpretaciones que se moldean entorno a las supuestas metáforas de Chance nos facilita un análisis crítico de su uso en el discurso público actual, que no debe obviar el hecho de que el fenómeno de la convencionalización de una metáfora provoca efectos en la cognición al desarrollar nuevas comprensiones en mentes alienadas por el fanatismo., su aplicación en el discurso económico-político,
y la actualidad que todo ello otorga a la propuesta de Desde el jardín, aturde y preconiza un universo político en decadencia que parece elevar a muchos Chances a la categoría de líderes.

Si bien irremediablemente “vivimos en metáforas” (Lakoff y Johnson, 1980), el estudio crítico de estas debería permitirnos analizar por qué vivimos en unas y no en otras. Como apuntó Bourdieu (2001: 327), el uso falaz del lenguaje es un instrumento en el abuso de poder que no consiste en simplemente decir lo falso, sino en decirlo con toda la apariencia lógica de lo verdadero, y que requiere de toda la pericia del
lógico para desenmascarar tal hecho. Probablemente, a través del análisis discursivo de la narración de Desde el jardín, o incluso de su lectura atenta, encontremos maneras de desacralizar mediante el humor metáforas reconocibles en nuestra sociedad que deberemos considerar si actúan a modo de traje
para nuevos o actuales líderes sin contenido. Muy recomendable de leer en un mundo convulsionado por palabras y juegos metafóricos y muy poca verdad.

Diario de Cuarentena: Así es como la pierdes

Como cada domingo del último tiempo de esta cuarentena que nos sorprende con su extensión hasta la primavera, aprovecho mi diario para recomendar un autor, hoy le voy a hablar de un libro sobre mujeres que quitan el sentido y sobre el amor y el ardor. Así es como la pierdes, de Junot Díaz, que ha escrito otras obras como La maravillosa vida breve de Oscar Wao (Premio Pulitzer 2008 y Premio National Book Critics Circle Award 2008) o Los Boys, es una obra de narrativa foránea sobre mujeres que quitan el sentido , sobre el amor y la pasión pero también sobre la traición, esa traición necesaria que ejecutamos sobre aquellos que amamos, y también es un libro sobre el suplicio que pasamos cuando nos damos cuenta del valor de lo perdido e intentamos recuperarlo..Nos habla sobre todo lo que creíamos que no queríamos, que no nos importaba. Estos cuentos nos enseñan las leyes fijas del amor: Esas cuestiones herenciales como la inevitable continuidad de la desesperanza de nuestros padres en nosotros, o la ley que indica que lo que les hacemos a nuestros ex amantes nos lo harán inevitablemente a nosotros, y «amar al prójimo como a uno mismo» no sería una premisa en el amor. Pero lo esencial de esta obra es el ardor, que siempre le gana a la experiencia, y en un sentido particular también hablan de la eternidad del verdadero amor. Los quiero introducir en la obra con palabras del autor: Le pregunta que si está enamorado de él y ella le responde que el amor es como los focos intermitentes del pueblo cuando anuncian un apagón: uno se queda sentado esperando la oscuridad, sin saber muy bien qué hacer, solo para confirmar que controlar lo que puede o no ocurrir jamás estará en nuestras manos. La luz no tiene dueño; el amor, tampoco.

Junot Díaz publicó Así es como la pierdes hace más de nueve años para darle continuidad a la vida de Yunior, su personaje predilecto desde mitad de los años noventa, un inmigrante dominicano en Estados Unidos, mujeriego y romántico que va por la vida incendiando colchones y corazones como método práctico para encontrar una mujer con la cual envejecer. El problema es que nadie es la misma persona a medida que pasa el tiempo. Y ahí es donde entran el sexo –inevitable–, ese personaje hablando de los apagones, otros personajes y otros incendios que iluminan estos nueve relatos independientes que son lazos de una temática ineludible para cualquiera de nosotros, y Yunior con su errática vida desde la adolescencia, es cada uno de nosotros, dominicanos o no. Así va de encuentro en encuentro: sexo con una profesora mayor. sexo con una mujer con un culo tan, pero tan grande que ocupa la cuarta dimensión. Sexo con la vecina con la que no debería tener sexo. Sexo con la chica insoportable y banal, que concibe la vida como un all inclusive.. Sexo con cincuenta mujeres mientras está en una relación de compromiso. Así es como la pierdes es el libro, que habla del fracaso de un sexo indiscriminado, pero esta vez la mirada que descubre el velo es masculina. A pesar de lo que acontece, el libro de Junot Díaz es una maratón emocional y afectiva profunda, y la búsqueda del amor real, ese que es cotidiano y que nos da miedo perder.

El autor lo deja claro con frases como “Nuestra relación no era el sol, la luna y las estrellas, pero tampoco era una mierda”; “Ahí es cuando sé que se acabó. Tan pronto empiezas a pensar en el comienzo, es el final”; o “Sabes dentro de tu corazón de infiel que a veces todo lo que podemos tener es un comienzo”. Es como si quisiera ahorrarle a la mujer la investigación sobre las cuestiones de sexo y amor, aclarándose en cada relato una de ellas. Pero sobre todo, estos cuentos nos recuerdan que el ardor siempre triunfa sobre la experiencia, y que el amor, si es amor, no muere con la vida.

Diario de Cuarentena: El amor en los tiempos del cólera

Cada domingo, una recomendación literaria, este domingo previo al día del lector, un clásico. Una de las novelas más logradas de García Márquez es “El amor en los tiempos del cólera”, escrita al tiempo de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, con fama alcanzada gracias a “Cien años de soledad”. Todo un reto literario que esta obra, sobrelleva con altura. Establece una punzante crítica a una sociedad -que parece sostenida en el tiempo- con inequidades sociales, urgencias específicas y bordes que permiten paralelismos con la realidad actual.

   El argumento es simple: una historia de amor no consumado entre Florentino Ariza, hombre sencillo y sin fortuna, y Fermina Daza, una joven de buena y adinerada familia. Lo interesante de la novela es el tiempo, que transcurre mostrando contextos y parámetros culturales, mientras Fermina sueña con Florentino, lo idealiza y cuando logra regresar a su pueblo, magistralmente llamado “moridero de pobres”, donde el cólera ha provocado la muerte de incontables seres y padece una epidemia incontrolable, intenta reunirse con él ese hombre al que ama, pero conocerá a un Florentino sombrío, encorvado y envuelto en una extrañeza que la aleja. Mientras tanto, y debido al cólera, vuelve al pueblo natal el notable doctor Juvenal Urbina, hombre educado, de alcurnia y un preciado soltero. Fermina inicia una relación que desencadena en matrimonio y un viaje de bodas de dos años por Europa. Otra vez el tiempo. Florentino se cree burlado y aunque lo que desea es dar a ella su amor virgen, termina refugiado en las prostitutas, pero determinado a conquistar a Fermina en un futuro incierto. 

   La fuerza, la tensión verdadera de “El amor en los tiempos del cólera” radica en el contexto social y político en que la historia se desarrolla. El cólera es consecuencia de la miseria de la clase trabajadora, que en esta obra paradójica, es metáfora de la pobreza. Cuando Gabo nos relata las circunstancias en que los personajes se conocen, nos muestra una epidemia de grandes dimensiones que ha dejado miles de muertos en el pueblo; los cuerpos apilados o flotando en los ríos. Cadáveres que hace notar que pertenecen a la masa trabajadora, a la que no pudo medicarse o enterrarse. El amor entre dos personas de distinta clase social en una sociedad conservadora es, improbable. Y ahí está la fuerza del amor de Florentino Ariza que esperará 53 años, siete meses y 11 días con sus noches para que Fermina Daza corresponda a su amor. La epidemia sigue su curso y continúa visitando al pueblo y provocando la muerte de incontables seres ante la indiferencia gubernamental, temporada tras temporada. Nos muestra que ese amor es probable que tenga condena, ante las divisiones de clases de la sociedad.

   Pero Gabriel García Márquez nos deja conclusiones: el amor no es más fuerte que los intereses económicos de la clase en el poder. A pesar de todo lo que sentía por Florentino, Fermina Daza acepta casarse con el doctor Juvenal Urbino, junto a quien permanece más de medio siglo. Por otro lado, la clase que ha ascendido al poder a través de corruptos manejos está representada por Florentino Ariza quien, en pos de su amor por Fermina,hace de todo hasta ser dueño de la compañía pesquera. Es decir esta clase humilde en definitiva sueña ser la clase que detesta, adquirir dinero y poder, que para Florentino y para Gabo lo representa Fermina.

   La maestría del autor en el final deja clara su calidad literaria: Cuando muere el doctor, Fermina recibe otra vez las cartas de Florentino Ariza y,las palabras escritas la vuelven a enamorar primero, e interminables horas de conversación, después. Se embarcan en un viaje a bordo de uno de los barcos de la compañía de Florentino para materializar su amor; lejos sin miradas sociales y lo prolongan indefinidamente. Saben que no podrán realizar su amor en tierra, se suben al bote sin regreso, en el que cuelgan una bandera amarilla (avisando que a bordo viajan enfermos de cólera) para disfrutar para siempre ese amor tardío.

Todo transcurre en Cartagena de Indias, Colombia, una ciudad que “seguía siendo igual al margen del tiempo: la misma ciudad ardiente y árida de sus terrores nocturnos y los placeres solitarios de la pubertad, donde se oxidaban las flores y se corrompía la sal, y a la cual no le había ocurrido nada en cuatro siglos, salvo el envejecer despacio entre laureles marchitos y ciénagas podridas”.

  García Márquez, nos hace vivir una historia de amor que se realiza en el fracaso, porque no pudo sobreponerse a lo social. Un amor que se vale de una epidemia para consumar deseos postergados en el tiempo. Valiosa, interesante e histórica novela, que propone un transcurrir que parece de otra época pero que puede establecer paralelas situaciones con lo que acontece en este nuevo siglo.

Diario de cuarentena: Todo queda en Casa

«Creo que escribo naturalmente de una manera fácil, sin pensar en que eso tenga que ser fácil» Alice Munro

Como cada domingo dedico el diario a recomendar autores que he leído y que representan lo que considero interesante en la literatura, sin dudas una de mis autoras preferidas es Alice Munro, que se consagrara como una escritora universal gracias al premio Nobel, y en Todo queda en casa la propia narradora canadiense selecciona los que considera sus mejores cuentos. Siendo una gran maestra del género, a quien la crítica señala como una «Chéjov contemporánea», y desde esa mirada, ha elegido los 24 cuentos que configuran ‘Todo queda en casa’ (Lumen), un millar de páginas que invitan a disfrutar del universo de una escritora que ha hecho de las emociones de las vidas sencillas la temática de su obra,maravillosa en las historias cotidianas que nos acercan a sus cuentos, porque nos reflejan.

Es también el resumen de una vida dedicada a la literatura y una suerte de despedida de la gran dama de las letras canadienses, que, con 89 años, cree cerrado su círculo como narradora. La edición incluye, a modo de prólogo, ‘Alice Munro en sus propias palabras’, la entrevista que sirvió de discurso de agradecimiento de la autora a la Academia sueca tras la concesión del Nobel y en la que se presenta como «un ama de casa que aprendió a escribir en los ratos libres». Maravillosa descripción de una escritora increíble que comprende el valor de la vida real a la hora de contar historias. La selección toma el título de un cuento que apareció en ‘Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio’ y abarca toda su carrera con cuentos que se publicaron originalmente en sus libros más celebrados: ‘Mi vida querida’, ‘Demasiada felicidad’, ‘La vida desde Castle Rock’, ‘Escapada’ y ‘El amor de una mujer’.

Munro, como Chéjov jamás dejan ver la estructura que sostienen sus cuentos, con una sencillez solo aparente sostenida en frases precisas y un sentido crítico sin juicios morales. Se centran siempre en las relaciones humanas sobre las que Munro enfoca su lente de la vida cotidiana, un registro en el que la propia escritora se declara deudora de antecesoras como Flannery O’Connor, Katherine Anne Porter, Eudora Welty o Carson McCullers.

«Quiero que mis cuentos conmuevan a las personas; no me importa si son hombres, mujeres o niños… Quisiera que el lector, al terminar un cuento, sintiera que es una persona distinta», asegura la autora, que admite no conocía la palabra ‘feminismo’, mientras sin dudas, lo ejercía. Sus relatos los protagonizan gentes sencillas, anónimas y con problemas reconocibles. A menudo madres e hijas, mujeres valientes, y decididas habitantes de pequeñas ciudades. En esos ámbitos despliega un mundo emocional en el que el placer y el dolor se agazapan a menudo bajo el hule de una mesa de cocina. Esas emociones y sentimientos de personajes comunes en parajes lejanos son el alma de unos cuentos que encierran lo mejor y lo peor de nosotros. Lugares como Clinton, en Ontario, y Comox, en la Columbia británica, entre las que hoy reparte su tiempo Alice Munro, voluntariamente alejada de las grandes metrópolis y de los cenáculos literarios. «Pienso que cualquier vida, cualquier entorno, puede ser interesante», afirma Munro, que jamás pensó «en la escritura como un don» y que acaso «no hubiera sido tan osada si hubiera vivido en una ciudad, compitiendo con personas».

Alice Munro nació en 1931 en Wingham (Canadá). Hija de una profesora y un granjero de religión presbiteriana, cursó periodismo y filología inglesa en la universidad de Ontario, aunque abandonó los estudios al casarse en 1951. Madre de tres hijas, abrió junto a su marido una librería en Victoria y escribía en secreto mientras cuidaba de su casa y su familia. Divorciada en 1972 del padre de sus hijas, se casó cuatro años después con Gerald Fremlin. Es autora de de doce volúmenes de relatos, una novela y tres antologías a lo largo de medio siglo, sus relatos se han traducido a una veintena idiomas. Todos caracterizados por su «sutil narración caracterizada por la claridad y el realismo psicológico» a los que la Academia sueca aludió para justificar el premio.

Para mí, como lectora, Alice es una de nosotras, sufre las mismas frustraciones y los mismos sueños, pero elige contar su historia a través de la historia de otros, que se nos parecen, tanto que al leer sus relatos, tomamos conciencia de que Todo queda en casa.

Leer en cuarentena: De Ingenieros a Cabezón Cámara

El confinamiento al que nos somete el virus también otorga oportunidades, pequeñas, aunque placenteras. La lectura es una de ellas. El encuentro con los clásicos es bienvenido, para releer las bondades de lo tradicional, y así redescubrir autores. Este es el caso de José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg.

Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En El Hombre Mediocre, Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insustanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter.

No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”. Estas definiciones que van desde el humor, dejando constancia que seriedad no necesariamente es pomposidad, hasta el acento final en la envidia, que, a mi humilde entender personal, se parece mucho a la horizontalidad; esa cuestión de igualarnos en una línea infinita donde todos debemos tener lo mismo, como si el mérito o el talento fueran cuestiones ominosas.

Se vislumbra en la obra de Ingenieros la importancia de la libertad de pensamiento, considerando que la mediocridad tiene lugar cuando nos dejamos influenciar por el medio, perdiendo de vista nuestro propio ideal. Esta lectura lleva a pensar nuevamente en la búsqueda de la perfección evolutiva que da sentido a la vida. En los procesos que los idealistas se permiten desde la fuerza de la juventud a la crítica madura y los mediocres sin evolución funcionando como quienes solo busca pertenecer. Podemos acordar o no con Ingenieros, pero lo que no permite es la indiferencia.

Y en este punto se une a una gran autora contemporánea, cuya novela Las aventuras de la China Iron es finalista del Premio Booker Internacional 2019 debido a que «(…) El jurado del Booker Prize lo definió con precisión: «maravillosa reelaboración feminista y querer de un mito fundacional americano (…) con un lenguaje y una perspectiva tan frescos que cambian 180 grados la idea de lo que una nueva nación americana podría ser”.

Se trata de Gabriela Cabezón Cámara, escritora y periodista argentina. Es considerada de una de las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana contemporánea, además de ser una destacada intelectual y activista feminista. “Las aventuras de la China Iron”, es una obra llena de intertextualidades que nos interpela como lectores y que sigue la línea iniciada por Kerouac en los cincuenta, contando un viaje transformador.

Desde el título, “Las aventuras de la China Iron” alude a otra obra literaria. Apenas leemos: “Me llamo China, Josephine Star Iron y Tararira ahora. De entonces conservo sólo, y traducido, el Fierro, que ni siquiera era mío, y el Star, que elegí cuando elegí a Estreya” ya hay algo más vislumbra la certeza de que se refiere a una obra fundacional. Cuando la autora se refiere a “la bestia de Fierro, mi marido” y dice que “se llevaron a la bestia de Fierro como a todos los otros” queda claro para un lector que se precie que hablamos del “Martín Fierro”. Desde ahí debe leerse la novela, para poder vivirla como la aventura que promete.

Cabezón Cámara se pasea en su narrativa por la profusión y el exceso, juega con la cómica popular en su lenguaje con la maestría suficiente para bordear el realismo grotesco de Bajtín sin consecuencias. El aprendizaje de la China Iron, más allá de las nuevas costumbres, lengua y ropas, atraviesa su cuerpo. Liz, la inglesa colorada y culta, la inicia y le abre a un universo inexplorado que es todo nuevo mundo.

Si tomamos a la “Intertextualidad” como “el conjunto de relaciones que un texto literario puede mantener con otros” y que algunas de sus formas son la cita explícita y la alusión implícita, entonces podemos convenir que “Las aventuras de la China Iron”, de Gabriela Cabezón Cámara es una de las grandes novelas intertextuales de los últimos tiempos. Esto se hace evidente con la aparición del mismísimo José Hernández y de su identidad discutida de autor/plagiador de Martín Fierro.

Como El Hombre Mediocre de José Ingenieros, Las aventuras de la China Iron se mueve en un territorio complejo y peligroso: el de proponer una cuestión de identidad. El primero nos invita a pensarnos como mediocres o idealistas, y Cabezón Cámara, se atreve a no temer que otros textos se coman el suyo, haciendo alarde de una voz propia y una originalidad excluyente. “La China Iron” supera con la claridad literaria de su autora a muchos textos conocidos, y dialoga con códigos propios y con los de otros, llevándonos como lectores a nadar en un mundo salvaje y despojado de prejuicios, poético y despiadado, que crea la escritora.

Leer en cuarentena no es tarea sencilla, el miedo impide a veces la concentración y los ruidos familiares promueven distracción, pero estas obras sin ninguna duda merecen el esfuerzo. Parafraseando a Borges, la lectura es una forma de felicidad.

Diario de Cuarentena

¿Sabés que es lo que me tiene preocupada? La quietud intelectual del país. Te cuento mientras me tomo un mate, le paso a LT20 una recomendación por el día internacional del libro y me acomodo las almohadas en la espalda. Hoy decidí escribir en la fiaca del cuarto.

Esta quietud de la que hablo se refleja en las direcciones de cultura calladas, en las instituciones silenciadas y en la calma falsa que genera el miedo. Deberíamos estar aprovechando la introspección obligada para pensar en la terrible dependencia estatal que vamos a tener. Y en el clientelismo que va a generar. La verdad es que no hace falta la olla popular si el estado funciona. Pero cuando planteo cuestiones similares en mi grupo de amigos o de confianza, me responden que no entiendo.

No es novedad para mí ir contra la corriente, porque la comodidad que genera la dependencia pública hace más de medio siglo en mi país hace que las personas hayamos pasado a ser gorriones que comen de la mano del salvador.

¿No te pasa que la mayoría de la gente que te rodea vive del estado? ¿Y entonces que futuro tenemos? Me siento con una bota en la cabeza, una llena de mentiras progresistas que pisa igual que la militar. Y me da mucha tristeza hablar de ésto en el día internacional del libro, siendo lectora compulsiva que en en mi mesa de luz, acá, pegado a mí, tengo a La china Iron de Cabezón Cámara, el amor es una catastrofe natural de Betina González, Décadas de Neuman, los cuentos de Cheever y Todo queda en casa de Alice Munro, abajo como siempre, Borges, todo para recomendarte.

Sin embargo, prefiero invitarte a la rebelión, y a exigir república y derechos y libertad. No te tortures con un bicho la posibilidad de vivir, porque te quedás sin vida. Cuando otro te cuida por vos, la garantía es el abuso. Dudemos de todo, como decía el gran Jorge Luis Borges: La duda es uno de los nombres de la inteligencia.