La casa de los eucaliptus

La casa de los eucaliptus

Luciano Lamberti, autor de San Francisco Córdoba, viene construyendo una obra que entreteje historias en cuentos, poemas, nouvelle , y algunas variantes renovadas que parecen ser la punta de un ovillo interminable donde Lamberti se enreda maravillando lectores. La Casa de los Eucaliptus no escapa a la robusta iniciación de este autor que representa el interior, sus paisajes, pero concebidos como una construcción de lo social, y nos zambulle en historias de un terror primario, verosímil, pero teñido de la más colorida intrepidez. Los cuentos narran la extrañeza de lo diario, el miedo, los presagios, las burbujas que tenemos en las zonas oscuras, juega contra lo público y se vuelven secreto entre autor y lector. La contundencia de su voz hace que nos volvamos niños, que sintamos otra vez esa inocencia morbosa que va reflejando en cada historia como en “Los caminos interiores”; “El tío Gabriel” aparece el típico velorio accidentado con su muerto viviente, que termina pudriéndose solo en el mismo mundo que creció ;“Los chicos de la noche” me resultó uno de los más interesantes, sus voces, ese diablo dientes afilados con todos sus simbolismos pero de la mano de un joven skater desconsolado, “ “El espíritu eterno”, con aires político sociales y crítica incluida, es la voz peronista vuelta eco, y la imposibilidad de acción del poder es lo que aterroriza. Los lugares comunes de la vida de todos, los pasillos, los sótanos, los altillos y hasta la calle pueden volverse siniestros en la trama que propone Lamberti, especulando siempre al borde, siempre sin.

El autor estruja las doble historias de sus cuentos con maestría, aprieta y calma la sed. Hay acción. Pasan cosas, las historias nos interpelan y nos quitan el aliento. El cuento que da nombre a la colección, es duro, porque Renato, su protagonista, es un tipo común, docente, padre, esposo, vecino, deportista, que se vuelve un salvador de almas impuras, un femicida que cuestiona a la mujer como ente a purgar, como autora de las depravaciones de la lujuria, en esa trágica conversión que la Visita hace de Renato, su familia también es víctima. Podemos horrorizarnos puritanos o comprender la acción del personaje que no apela a eufemismos en pos de mostrarnos su hacer. Elijo lo segundo, como escritora, como lectora, y como parte del mundo de la cultura. Cuando nuestros personajes pasan a ser juzgados por los que los creamos, dejan de ser creíbles. La verosimilitud de Renato en La casa de los eucaliptus radica en su libertad para decir aberraciones como ella necesitaba esa violación.

En “Carolina baila”, la atracción y la histeria juegan fuerte en el relato. En “Muñeca” Lamberti descontrola y la sangre suma horror a la historia, hasta podemos oírnos tratando de ayudar, de salvar (¿salvarnos?) sin éxito. “La ventana” abre otra de las puertas propuestas, la mágica y nos narra la posibilidad de ser chupados por una ventana ciega. En “Santa” se hace presente la crónica de lo sagrado, subyugándonos, descubriendo nuestras propias creencias con su historia.

Un gran libro de cuentos oscuros, escrito por un gran autor argentino, que siento que comienza a cambiar el eje de la literatura, que va a romper con lazos preexistentes. Después de El loro que podía adivinar el futuro, lo intuía, con La casa de los eucaliptus no me quedan dudas. Lean a Lamberti, será un clásico.

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